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LAS EXPEDICIONES
MARÍTIMAS INGLESAS ANTE
LAS COSTAS DE PATAGONIA
Y TIERRA DEL FUEGO
 

EXPEDICIÓN DE KING EN LOS BARCOS “ADVENTURE”
Y "BEAGLE"

p Después de la guerra de la independencia, los primeros exploradores de Patagonia, Tierra del Fuego y el Archipiélago de Chile fueron los ingleses, que hicieron entre 1826 y 1830 una expedición en los barcos Adventure y Beagle con la misión de describir ambas costas de Sudamérica al sur del paralelo 10. Mandaba la expedición Felipe Parker King, capitán del Adventure.

p Lo primero que hizo fue cartografiar varios sectores de la costa patagónica desde la Bahía Blanca hasta el estrecho de Magallanes inclusive. Un activo participante de esta expedición fue Stokes, capitán del Beagle en un comienzo. En 1828 se suicidó y fue sustituido por Roberto Fitzroy.

p La expedición de King realizó también un gran trabajo para cartografiar las islas Falkland y, sobre todo, la Tierra del Fuego, descubriendo al paso en el sur del archipiélago, junto al paralelo 55, el canal de Beagle que separa la isla Navarino, a levante, de la isla Hoste, a poniente, tenidas antes por salientes meridionales de la isla principal. Basándose en sus observaciones personales, Darwin caracteriza el canal como "el rasgo peculiar más notable de esta, y quizás de cualquier otra tierra... Tendrá unas ciento veinte millas de longitud con una anchura media, de poca variación, de unas dos millas; y es en su mayor parte tan derecho... Cruza la parte meridional de la Tierra del Fuego de oeste a este, y por el centro se le une en ángulo recto, desde el sur, un sinuoso canal que ha recibido el nombre de Ponsomby”.

p King no exploró el canal de Beagle a todo lo largo. En cambio avanzó extraordinariamente la exploración de los sectores central y occidental del estrecho de Magallanes. Su expedición rodeó por el oeste la península de Brunswick, penetró en lo hondo de la bahía de Otway y demostró que dicha península está unida con la tierra firme sólo por un angosto istmo. Vio también que la bahía de Otway comunica al noroeste por un angosto canal con la quebrada bahía de Skyring (golfo de Seno) que posee una salida independiente al estrecho de Magallanes. Así dejó sentada la 369 existencia de la isla de Riesco, bastante grande y “separada” de tierra firme. Las islas meridionales del archipiélago de Tierra del Fuego estaban muy poco exploradas, si bien después del descubrimiento del cabo de Hornos pasaron por delante de ellas centenares de navios, muchos de los cuales se refugiaban durante largos días de tempestad o en espera de viento favorable en sus ensenadas. Los nombres de las islas cambiaban a menudo en las cartas de marear. Quedaron invariables, además de unas pocas denominaciones holandesas, principalmente las españolas y las inglesas; muchas de las últimas se deben a King y Fitzroy.

p En la parte sur del archipiélago de Tierra del Fuego y en las islas Wollaston, las naves que doblaban el cabo de Hornos encontraban a veces a hombres de lo más primitivos del mundo: eran fueguinos denominados yaganes por los etnógrafos. La primera descripción detallada de estos "indios de canoa" la dieron en sus cuentas rendidas King y Fitzroy, pero su característica más pintoresca pertenece a Darwin: ".. .Los habitantes, que se alimentan principalmente de moluscos, se ven obligados a mudar constantemente de residencia; pero, pasado cierto tiempo, vuelven a los lugares de antes, testimonio de lo cual son los enormes montones de conchas viejas... Los “wigwam” de los fueguinos parecen almiares por la forma y dimensiones. Consisten meramente de unas cuantas ramas secas clavadas en el suelo y mal cubiertas por un lado de hierba y juncos... Cerca de una de las islas Wollaston topamos con una canoa, en la que iban seis fueguinos. Eran los seres más míseros y deplorables que he visto en mi vida... Los hombres llevan aquí una piel o un retal cualquiera de piel de guanaco, foca u otro animal... que apenas les cubre la espalda hasta la cintura. Se la atan al pecho con cordones y, según de donde sople el viento, se la vuelven de un lado a otro. Pero los de la canoa iban en cueros vivos, hasta una mujer exhibía su desnudez. Caía una recia lluvia, y el agua de ésta le escurría por el cuerpo junto con las salpicaduras del mar. En otra ensenada... una mujer que daba de mamar a un niño se aproximó un día a nuestro barco y se quedó mirando embelesada, llena de curiosidad, en tanto que el aguanieve le caía encima y se derretía en sus desnudos pechos y en el cuerpo en porreta de la criatura”.

La expedición de King levantó el mapa de la costa suroeste de Chile, “separó” de tierra firme la gran isla de Wellington, inhabitable y montañosa (exagerando sus dimensiones a costa de las islas contiguas), descubrió los canales de Wide y Messie y, junto al golfo de Penas, vio "el glaciar más alejado del polo" que desciende al mar (46°50’ de lat. S.). Más al norte, pasada la 370 península de Taitao, pintaron en los mapas la bahía del Adventure y el estrecho de King junto al archipiélago de Chonos.

EXPEDICIÓN DE FITZROY Y DARWIN
EN EL “BEAGLE”. PATAGONIA

p DesempeñÂó un papel mucho más importante en la exploración de Patagonia y Tierra del Fuego la segunda expedición alrededor del mundo del navio Beagle, mandada por Fitzroy, merced a la participación de Carlos Darwin en ella. Su primera misión era precisar los trabajos de la expedición de King y proseguir la descripción de las costas de Sudamérica. De hecho, había que cartografiar la Patagonia aproximadamente desde el paralelo 13 del hemisferio austral hasta el estrecho de Magallanes, las costas pacíficas del continente desde los 12° de latitud sur, y los archipiélagos de Falkland, Tierra del Fuego y Chile.

p El navio Beagle era sólo un instrumento de la política británica de gran potencia: debía preparar las condiciones para que los barcos ingleses pudieran navegar sin peligro por aquellas aguas que, en el período colonial, estaban poco exploradas. Y para ello había que comprobar las viejas cartas de marear de las costas sudamericanas y hacer otras nuevas, más exactas, basadas en una serie de mediciones cronométricas de las longitudes. Así pues, las dos tareas encomendadas al capitán del Beagle en Ja segunda expedición, una hidrográfica y otra de "ciencia pura”, estaban ligadas entre sí.

p Fitzroy no contaba con subsidios para las investigaciones de historia natural, pero él estaba personalmente interesado en realizarlas y por eso invitó a colaborar en ellas a Carlos Darwin, que acababa de dar fin a sus estudios universitarios.

p Los oficiales del Beagle permanecieron en el Atlántico hasta el invierno de 1834, levantando nuevos mapas del La Plata y de Bahía Blanca, de los golfos de San Matías y San Jorge y de Bahía Grande. En ese tiempo Darwin hizo excursiones para estudiar la naturaleza del Uruguay, del bajo Paraná, de la Pampa y del noreste de Patagonia. A mediados de abril de 1834 el Beagle ancló en la embocadura del Santa Cruz, y Fitzroy decidió explorar el río’ en tres botes con una tripulación de veinticinco hombres, creyendo que con ese destacamento podría repeler hasta una gran partida de patagones, que no tenían ningún fundamento para mostrar simpatía a los europeos. Maravilló a los marineros la corriente, demasiado rápida para un río de llanura, como es el Santa Cruz, que llegaba a 7 y 10 km a la hora, y contra ella no se podía 371 avanzar ni a fuerza de remo ni a vela. Fitzroy ordenó atar los botes proa con popa, dejó en cada uno a dos marineros, y los restantes, sin excluirse él mismo, tiraban de ellas a la sirga en dos turnos, a razón de hora y media cada uno. Al declinar la tarde, se detenían a pernoctar en el primer sitio llano y poblado de arbustos que encontraban. De leña les servía el ramojo.

p “El río fluye por un cauce de grava igual que la extendida por las márgenes y los llanos circundantes—escribió Darwin—. La anchura del valle oscila entre cinco y diez millas y está limitado (a ambas partes) por laderas escalonadas que se elevan quinientos pies... La completa similitud de la naturaleza a todo lo largo de Patagonia es una de sus peculiaridades más asombrosas. Los lisos llanos de árida arenisca presentan las mismas plantas raquíticas y enanas, y en los valles crecen arbustos espinosos del mismo tipo. Por todas partes vemos las mismas aves e insectos... La maldita esterilidad gravita en la tierra, en las aguas que corren por cauces de grava”. Pero Darwin señala a renglón seguido la abundancia de diminutos roedores y "zorras pequeñas y finas" que se alimentan de ellos, da noticia de un rebaño de 50 a 100 cabezas de guanacos, de un puma que los sigue y de un cóndor y otras aves rapaces que vuelan tras el puma. Y donde había rebaños de guanacos, andaban patagones tehuelches, que ya se habían hecho "de a caballo" un siglo antes (vivían principalmente de la caza). Los ingleses vieron muchas veces huellas recientes de estos patagones y sus caballos, se alarmaban, ponían guardia de noche, pero en todo el tiempo no vieron a ninguno.

p Los exploradores remontaban la corriente del río con grandes esfuerzos a razón de 10 a 30 kilómetros al día. Al cabo de ocho días de camino, Darwin notó un cambio brusco en la estructura geológica de la planicie: ".. .vimos a la distancia de cinco a seis millas el agudo borde de una gran plataforma de basalto... el río se abre paso aquí entre peñascos desprendidos. En... veintiocho millas el cauce está lleno de esas rocas de basalto. Más arriba es lo mismo: numerosas peñas desprendidas de las rocas originarias... Cambia también el carácter del paisaje... Estas peñas con cavidades sirven de recipientes para el agua de las lluvias; y por eso, en el trayecto donde se juntan las rocas de origen eruptivo y sedimentario manan pequeñas fuentes (rarísimo fenómeno en Patagonia) ; pueden distinguirse a distancia por los manchones de hierba verde en derredor”. Al otro día el cauce del río era más angosto, muy sinuoso y estaba lleno de fragmentos de roca; la velocidad de la corriente aumentó hasta 11 kilómetros por hora. Resultaba muy pesado tirar de los botes, y por eso el avance se hizo 372 mucho más lento. "La planicie que rodea el valle se eleva casi 1.100 pies por encima del río y su carácter cambia mucho. Los cantos rodados de porfirio están entremezclados con múltiples fragmentos de agudas aristas de basalto y roca originaria”.

p La reserva de productos íbase agotando, y los hombres disminuyeron la ración de pan a la mitad. El 5 de mayo, cuando se encontraban a unos 260 kilómetros del Atlántico y a unos 110 del Pacífico, y delante se divisaba claramente la cadena nevada de los Andes Patagónicos, se dieron la vuelta. Los botes corrían curso abajo a más de 20 kilómetros por hora. Al cabo de tres días arribaron al Santa Cruz. "Todos, excepto yo, tenían motivos para estar descontentos—escribió Darwin—; a mí, la expedición me dio a conocer un interesantísimo corte de la gran formación terciaria de Patagonia”. La excursión, que duró tres semanas, por un río poco caudaloso facilitó al gran naturalista datos complementarios y muy importantes para hacer una síntesis de la estructura geológica de la escalonada meseta Patagónica.

p He aquí cómo describe Darwin su primera visita a la Tierra del Fuego: "El 17 de diciembre de 1832... entramos en el famoso estrecho de Le Maire. Nos manteníamos cerca de la costa de Tierra del Fuego, pero entre las nubes se perfilaban los contornos de la ruda e inhóspita Tierra de los Estados (isla de los Estados)... Anclamos en la bahía del Buen Suceso... medio rodeada por montes redondeados de escasa altura... poblados de tupido y sombrío bosque hasta el nivel del agua... A la mañana el capitán mandó una partida a entablar relaciones con los fueguinos... de raza muy distinta a la de los míseros y deplorables seres que residen al oeste; se parecen más a los famosos patagones del estrecho de Magallanes. Su única indumentaria consta de una túnica de piel de guanaco con la lana por fuera; esta túnica la llevan por encima de los hombros, tan pronto exponiendo como cubriendo la desnudez del cuerpo. Su tez es de un sucio color cobrizo”. Darwin describe aquí a los fueguinos o n a s, que se parecen en realidad a los patagones tanto por el tipo físico como por la lengua que hablan. Ocupaban la mayor parte oriental de la isla principal. Vivían principalmente de la caza de guanacos.

p El 23 de diciembre, cuando el Beagle se acercó por segunda vez al cabo de Hornos, éste presentaba ".. .su verdadero aspecto... envuelto en neblina, y sus difusas líneas estaban azotadas en derredor por un temporal de viento y agua. Negros nubarrones bogaban por el firmamento, y los chaparrones y granizadas caían sobre nosotros con tanta furia que el capitán resolvió buscar abrigo en la 373 bahía de los Wigwam... no lejos del cabo de Hornos"  [373•17 . "El terreno presenta el aspecto de un caos de rocas salvajes, altas montañas e inútiles bosques, y todo eso se vislumbra sólo a través de la niebla... El terreno habitable se reduce a las peñas de la costa; en las búsquedas de alimentos, los fueguinos se ven obligados a pasar continuamente de un sitio a otro, y la costa es tan abrupta que no pueden navegar cerca de ella más que en sus frágiles canoas”. "De noche, cinco o seis seres humanos de éstos, desnudos y apenas protegidos del viento y la lluvia... duermen en el húmedo suelo... Tan pronto como empieza el reflujo... han de levantarse para recoger moluscos en las rocas... Si matan una foca o encuentran en el mar el cadáver putrefacto de una ballena, tienen fiesta...”

p Luego de estar fondeado casi hasta fines de diciembre, debido al mal tiempo, en la bahía de los Wigwam, el Beagle se hizo a la mar y tomó rumbo oeste. Pero las tempestades, que se sucedían, y la impetuosa corriente opuesta desviaron el navio más allá del 58 paralelo. El 11 de enero de 1833 tornó a Tierra del Fuego, y otra tempestad le hizo volver proa al mar. El 19 de enero, cuatro botes con una tripulación de 28 hombres mandados por Fitzroy entraron en el canal de Beagle y, avanzando al oeste, arribaron al día siguiente a una zona poblada por indios yaganes. "Pocos serán, si hay alguno, de estos indígenas que hayan visto alguna vez un hombre blanco... En cada altiplanicie encendían hogueras... como si quisieran llamar nuestra atención y extender a la redonda la noticia de nuestra llegada”.

p Fitzroy y Darwin fueron el 28 de enero en dos botes a cartografiar la parte occidental del canal de Beagle a lo largo de la costa septentrional de la isla Haste. Para asombro de los ingleses, el día era caluroso, y la visibilidad excelente. ".. .Con tiempo tan bueno, la vista desde el medio del canal de Beagle era magnífica. Adondequiera que se mirase, nada encubría los dos extremos, perdidos en la lejanía, de este largo canal abierto entre montañas. La prueba de que era un brazo de mar fueron varias ballenas enormes que encontramos a nuestro paso”. Al día siguiente los botes arribaron al lugar en que el canal se bifurca, y el 30 de enero entraron en el brazo del norte, continuando su ruta al oeste. Aquí, costeando la isla principal de Tierra del Fuego, alzábanse abruptas montañas cubiertas de nieve perpetua y coronadas por un pico de 2.350 metros (pico de Darwin). El recién descubierto brazo 374 septentrional del canal de Beagle fue denominado por Fitzroy estrecho de Darwin.

Los marinos descubrieron delante de la salida occidental del estrecho de Darwin un grupo de islotes y, cruzándolos, arribaron a la isla de Stewart, tras de la cual se abre el océano. Retornaron al fondeadero del Beagle por el brazo meridional y luego por el estrecho de Ponsomby y el golfo de Nassau, o sea, que dieron la vuelta por el sur a la isla Navarino. Hacía mal tiempo, la mar estaba picada, los botes iban muy cargados, y la travesía resultó peligrosa. El 7 de febrero Fitzroy y sus compañeros volvieron al Beagle, habiendo recorrido en bote entre la ida y la vuelta unos 550 kilómetros y ampliando considerablemente los datos de la parte meridional del archipiélago de Tierra del Fuego. El 23 de febrero de 1833 el Beagle abandonó la Tierra del Fuego. Estuvo allí por segunda vez desde el 2 de febrero hasta el 5 de marzo de 1834.

EXTINCIÓN DE LOS INDIOS FUEGUINOS

p En los años 60 del siglo XIX habría de 3.000 a 4.000 fueguinos orientales. A partir de los años 70, cuando se dio comienzo a la colonización chileno-argentina de las partes oriental y central de la isla principal, más seca y aprovechable para la cría de ganado lanar, los colonos y los buscadores de oro desalojaron a los indios onas a las húmedas zonas forestales del sur, donde no había guanacos. Entonces los onas empezaron a cazar ovejas. Por eso los colonos mataban y estimulaban las matanzas de onas. Pagaban a peso de oro la cabeza de un indio sin distinción de sexo ni edad. En los años 90 se fundaron misiones en la isla Dawson, en el centro del estrecho de Magallanes, y en Río Grande, costa oriental de Tierra del Fuego. Los soldados chilenos "rebuscaban por todas partes, rodeaban a los indígenas y los metían, como si fueran rebaños, en las misiones. Las familias eran separadas sin piedad. La alimentación inhabitual causaba enfermedades...” (S. K. Lothrop)  [374•18 . Cuando la expedición chilena, en la que iba como misionero el etnógrafo M. Husind, exploró en los años 20 de nuestro siglo la Tierra del Fuego, quedaban en las dos misiones varias decenas de indios, y en los años 30 "una epidemia de viruela se llevó a los últimos onas...”

El territorio en que residían los fueguinos meridionales no atraía a los colonos. El número de estos "indios de 375 canoa" sería de unos 2.500 en los años 60 del siglo XIX. Pero, con la “civilización”, los marineros que doblaban el cabo de Hornos o pasaban por el estrecho de Magallanes les llevaban también enfermedades, que los fueron diezmando. A fines del siglo pasado quedarían ya unos trescientos, y a mediados del presente sobreviven sólo varios yaganes de pura sangre. El otro grupo occidental de los "indios de canoa”, los alacalufes, resultaron más resistentes, probablemente debido a que tenían menos contactos con los blancos. Por más que su número también disminuyó considerablemente, de 4.000 que eran poco más o menos, (en los años 60 del siglo XIX) a 100 (a mediados del XX).

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Notes

[373•17]   En esta zona precisamente, cerca de la isla de Wollaston, fue donde Darwin vio por primera vez a los fueguinos (véase más arriba).

[374•18]   Etnógrafo norteamericano, autor del libro Los indios de la Tierra del Fuego (1928).