p Desde el segundo cuarto del siglo XVI los portugueses comenzaron a establecer colonias en el litoral brasileño y no tardaron en ascender al extremo oriental de la Meseta del Brasil, pero sin alejarse mucho del Atlántico. Sólo en el siglo XVII los colonos portugueses y sus descendientes, denominados “mamelucos”, de matrimonios mixtos con indias comenzaron a penetrar más y más en la Meseta del Brasil y cruzarla en todas las direcciones a la caza de esclavos indios para sus plantaciones y a la busca de yacimientos de oro y diamantes.
p En cambio, los colonos portugueses del confín septentrional del Brasil (Para) hicieron mucho en el siglo XVII para explorar el sistema del Amazonas. Para llevar a cabo sus correrías se unían tanto los meridionales como los septentrionales en destacamentos, o “bandeiras”; y fueron precisamente esos “bandeirantes” los que llevaron muy lejos, al oeste, las fronteras de las colonias portuguesas, afianzándose en toda la Meseta del Brasil y en los puntos meridionales del valle del Amazonas, exceptuada su parte occidental, superior, conquistada por los españoles.
p De la franja costera del norte del Brasil y de la meseta de las Guayanas dieron algunos datos fidedignos en la segunda mitad del siglo XVI y en el siglo XVII los franceses, holandeses e ingleses que fueron atraídos primero por las leyendas de las fabulosas riquezas del inexistente "Imperio guayano”.
p Merced a las cuentas rendidas de los conquistadores y los funcionarios de las colonias, así como a los interrogatorios de los bandeirantes y los oficiales de las partidas punitivas que eran enviadas a las regiones “salvajes”, entre los siglos XVI-XVIII se reunió en los archivos españoles y portugueses una inmensidad de escritos y datos geográficos de Latinoamérica; pero eran secretos, por regla general; por aquellos siglos sólo una pequeña parte fue estudiada y publicada, principalmente, fuera de España y Portugal. El Vaticano y los ministros de las órdenes religiosas tenían en secreto también las cuentas rendidas de las misiones y otros escritos de valor geográfico y etnográfico que reunían los franciscanos, los dominicos y, sobre todo, los jesuítas. La consecuencia fue que gigantescas zonas interiores de Sudamérica, cruzadas por españÂóleseos portugueses y los bandeirantes en todas direcciones, resultaban luego, en el aspecto geográfico, inmensas lagunas en 388 los mapas. Y los adelantos de los dirigentes de una serie de expediciones europeas (por ejemplo, la de La Condamine y la de Humboldt), que lograron en el siglo XVIII y comienzos del XIX vencer la desconfianza supina de las autoridades coloniales y rellenar varias lagunas de los mapas, eran considerados por los geógrafos como un "segundo descubrimiento de las Américas”.
p No se produjo ningún viraje brusco en la marcha y carácter del estudio de las zonas interiores de Hispanoamérica hasta el segundo cuarto del siglo XIX, después de la guerra de independencia. En el Brasil ese viraje apuntó algo antes, durante la estancia de la corte real, que huyó (en 1807) de la invasión francesa de Portugal. Mas también se inició aquí el estudio intenso más tarde, cuando se formó el Imperio brasileño, independiente de Portugal.
p Los nuevos Estados de América Latina no disponían, al menos durante los primeros decenios de su existencia, de personal científico competente e ingenieros propios. Por eso los gobiernos del Brasil imperial y de las repúblicas hispanoamericanas abrieron de par en par las puertas a los especialistas europeos (y luego a los norteamericanos). Algunos de ellos hicieron una aportación estimable a la exploración de las mesetas y llanuras de Latinoamérica.
p Fueron muchos los hombres de ciencia extranjeros que se establecieron en las universidades e institutos de investigaciones científicas de Latinoamérica. Mas tampoco hay que exagerar el papel desempeñado por los extranjeros en la exploración de América Latina en los siglos XIX y XX, como lo hacen algunos historiadores europeos y estadounidenses de la agrología; muchos hombres de ciencia latinoamericanos reunieron y estudiaron valiosos datos de geografía tanto de su patria como de los países vecinos, y los nombres de los investigadores y exploradores nacionales más insignes han sido mencionados varias veces en los últimos capítulos de este libro.
p Casi toda la costa continental de Latinoamérica y la inmensa mayoría de las islas fueron descubiertas por navegantes españoles, es decir, por marinos que navegaban en barcos españoles. Sólo un trecho, cierto es que no pequeño, de la costa del Brasil, aproximadamente comprendido entre los 10° y los 25° de latitud sur, fue descubierto por los portugueses, con los que navegaba el italiano Américo Vespucio, y una parte de las islas subantárticas de Sudamérica, por navegantes ingleses y holandeses.
p Los conquistadores españoles del siglo XVI fueron los primeros en penetrar en todas las regiones interiores de México y América Central, en los países sudamericanos bañados por el Pacífico y en la cuenca del La Plata. Españoles fueron también los que 389 pusieron comienzo a la conquista de las zonas septentrionales de Sudamérica bañadas por el Caribe, pero en Venezuela rivalizaron con ellos en el segundo cuarto del siglo XVI alemanes pagados por bancos de su país. Españoles fueron los que por primera vez tramontaron por diversos lugares los Andes, avanzando de oeste a este, desde el Océano Pacífico hasta las regiones interiores de Sudamérica, y, siguiendo de sudeste a noroeste, desde el La Plata hasta Perú. El resultado de las campañas de rapiña de los conquistadores fue que la corona española extendió su poder a todo México, al istmo de Centroamérica y a la mitad, aproximadamente, del territorio de América del Sur: fueron colonias españolas todos los países de América del Sur bañados por el Pacífico y el Caribe, las cuencas del Orinoco y del Amazonas superior, la mayor parte (occidental y meridional) de la cuenca del La Plata y toda Patagonia. Españoles fueron también los primeros que recorrieran todo el curso del Amazonas, desde las fuentes hasta la desembocadura. Sólo las mesetas del Brasil y de las Guayanas quedaron a un lado de las rutas fundamentales de la expansión española.
p A comienzos del siglo XX los geógrafos resumieron los éxitos de la agrología científica durante el siglo anterior y señalaron que en Sudamérica, exceptuado Chile, casi todas las regiones interiores estaban poco estudiadas. Hasta en México y en Centroamérica había bastantes lagunas a principios de siglo. Las expediciones arqueológicas del siglo XX que estudiaron las antiguas culturas indias hicieron también mucho para la geografía de varias zonas interiores de México, Guatemala y Honduras. En cuanto a la exploración geográfica de las otras repúblicas centroamericanas, fue culminada principalmente durante los trabajos realizados en las postrimerías del siglo XIX y en los albores del XX, trabajos relacionados con diversos proyectos de construcción de canales navegables que abrieran paso del mar Caribe al Océano Pacífico (los dos proyectos fundamentales que rivalizaban eran el del canal de Panamá y el del canal de Nicaragua).
p Aún no se han aclarado, ni muchísimo menos, los pormenores esenciales del gigantesco sistema de los Andes, que se prolonga más de 9.000 kilómetros desde el Caribe hasta el estrecho de Magallanes. Cambian, por ejemplo, las mediciones de las alturas, hasta la del pico más elevado de todo el sistema. En efecto ¿cuál es el pico más alto del hemisferio occidental, el Illampu, en la Cordillera Real, que mide, como se indica en los mapas de los años 50 y 60 de nuestro siglo, 7.014 metros, o el Aconcagua, que según la medición de antes tiene 7.035 metros, y según la de los mapas de 1960 sólo 6.960 metros?
390p Mucho peor exploradas aún están las vertientes de la Cordillera Oriental (Yungas y La Montaña en Bolivia y Perú) encaradas al valle del Amazonas, el macizo de Fardaos (en Colombia), el macizo de las Guayanas y sobre todo la Meseta del Brasil. Se ve un progreso notable, por regla general, sólo en las nuevas regiones mineras y en las partes de las mesetas donde se han llevado a cabo trabajos de demarcación de fronteras, tanto entre repúblicas como entre zonas interiores, por ejemplo, los Estados brasileños. La existencia de lagunas por llenar se explica con la vivencia de las leyendas de los "mundos perdidos" y de pueblos enigmáticos, a cuya búsqueda se dedicaron, por lo menos hasta mediados de nuestro siglo, gentes crédulas o fantaseadores como Percy Fawcett.
p Unos trabajos de topografía organizados en serio y con amplitud en diversas zonas de la Meseta del Brasil cambiarían sin duda la idea que tenemos del relieve de la parte central del continente: baste recordar los grandes resultados geográficos logrados por Rondón, que operaba con escasos recursos y una pequeña misión en un territorio reducido. Al este de las altiplanicies exploradas por Rondón, entre el Juruena y el Tocantins, hay muchas sierras y montes cartografiados sólo con cierta aproximación y, cuando se editan mapas nuevos, cambian sus contornos, dirección y altura.
De los tres grandes valles sudamericanos, el mejor estudiado es el del La Plata, menos el del Orinoco, y en cuanto al del Amazonas, se conoce bien sólo en las zonas por donde pasan los ríos MarañÂón y Ucayalí, que lo forman, y los afluentes navegables fundamentales: el Madeira y el Río Negro. Numerosos ríos grandes de su sistema están dibujados en los mapas con alguna aproximación, la longitud de su curso se desconoce (distintas fuentes divergen a veces en centenares de kilómetros), y las superficies comprendidas entre los ríos "son conocidas" sólo de oídas. Por ahora nos parece acertado el pronóstico pesimista de algunos geógrafos de comienzos de nuestro siglo: al ritmo actual de los trabaj os, habrá que seguir afanándose hasta fines del siglo XX antes de que se pueda levantar un mapa físico exacto de la Meseta del Brasil y del valle del Amazonas.
Notes
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