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Cuarta parte
EXPLORACIÓN
DE SUDAMERICA
Y CENTROAMERICA
DURANTE
EL PERIODO COLONIAL
(I55O-I8IO)
 
27
MÉXICO
 

MARCHA GENERAL DE LA EXPLORACIÓN
DE NUEVA ESPAÑA EN LOS SIGLOS
XVI Y XVII

299-5.jpg 248 249

p En Hispanoamérica había muy pocos españoles: aunque en la metrópoli existían estímulos económicos para la emigración en masa de trabajadores, sobre todo de campesinos, se necesitaba permiso del rey para entrar en las colonias. Por eso llegaban allá, principalmente, hidalgos arruinados, funcionarios, sacerdotes, frailes, soldados, mercaderes y usureros, en suma, gente ociosa y propensa a lucrarse sin esfuerzo. Constituían una insignificante capa frente a los millones y millones de población indígena. Salvo raras excepciones, los inmigrados españoles se alojaban en las ciudades, cuyos habitantes eran en su mayoría elementos parasitarios y criados suyos. En las zonas rurales de Nueva España y el virreinato Peruano residían casi exclusivamente indios, ya que, a diferencia de las Antillas, la franja meridional de Sudamérica y el Brasil, allá se llevaba a muy pocos esclavos negros. De haber proseguido el exterminio en masa de la población, la mayor parte de Hispanoamérica hubiera quedado casi despoblada y habría perdido su valor para la metrópoli. Eso dio motivo a la ley de Carlos I del 20 de noviembre de 1542 que exigía un trato más humano con los indios. Esta ley no obedecía, naturalmente, a sentimientos humanitarios, sino a causas políticas. Pero entonces planteóse una nueva cuestión: ¿cómo gobernar los países donde a unos miles de españoles se enfrentaban millones de indios? "El problema de la dominación de unos pocos sobre muchos lo resolvió en América Latina la Iglesia, que mantenía sumisos a los indios a cambio de prometerles protección. Y si bien no siempre ni en todo lugar podía mediar entre los elementos hostiles, la Iglesia constituyó el cimiento del dominio colonial español"  [249•1 .

p La organización religiosa que desempeñó el papel más importante en la historia de Hispanoamérica, lo mismo que del Brasil portugués, fue la orden de los jesuítas. Mas tampoco debe exagerarse su contribución a la causa de explorar la geografía de toda América Latina. Entre los centenares de descubridores y destacados exploradores de Latinoamérica hubo muchos jesuítas, y los 250 datos que ellos reunieron, elaborados y publicados principalmente en los siglos XIX y XX, tienen valor, en lo fundamental, para los etnógrafos, mas no para los geógrafos.

p El primer estudio, superficial naturalmente, de la geografía de México, hecho por los españoles, estuvo relacionado con la Conquista y se le dio fin, a grandes rasgos, a mediados del siglo XVI. Entonces fue cuando se empezó a cartografiar su territorio y reunir descripciones de distritos, relaciones de las marchas y resultados de las campañas militares. Los gobernantes coloniales de todas las jerarquías rendían anual o periódicamente cuentas que eran enviadas en original o en copia por la cancillería del virreinato de Nueva España a la metrópoli.

p Los manuscritos y los mapas que se guardan en los archivos españoles y mexicanos evidencian que las exploraciones geográficas se prosiguieron a lo largo de todo el período colonial, desempeñando en ello los españoles nacidos en Europa (sólo ellos podían ocupar altos cargos en las instituciones coloniales), por regla general, el papel de cursantes de expedientes, en tanto que los verdaderos ejecutores de las exploraciones eran oriundos locales: criollos, mestizos e indios. Pero los datos geográficos que ellos reunían solían ser sólo supervisados por las instancias superiores para quedar luego sepultos en los archivos de la metrópoli o de las colonias; sólo una pequeña parte hacíase "de contrabando" patrimonio de los geógrafos y cartógrafos nacionales y extranjeros  [250•2 . Otro tanto puede afirmarse de los datos reunidos por los misioneros; pero estos escritos seguían otros derroteros, pasaban por las instancias eclesiásticas para ser sepultados en los archivos de los monasterios, de las órdenes religiosas o de Roma.

p En la primera mitad del siglo XVI, los conquistadores no mostraron interés por la parte interior nororiental de México, puesto que esta zona tórrida y árida estaba poblada, según datos de encuestas, por tribus muy atrasadas de cazadores y recolectores de frutos y plantas silvestres: sus tierras eran poco fértiles o casi yermas. Los españoles no penetraron hasta los años sesenta del siglo XVI en la enorme hondonada del Bolsón de Mapimí (denominado por los geógrafos del siglo XIX "Sahara mexicano”), tras la que se encontraba, supuestamente, la mítica Sierra de la Plata. En el extremo sudoriental de este semidesierto y en el confín septentrional de Sierra Madre Oriental construyeron, allá para los años 90 del siglo XVI, las ciudades de Saltillo y Monterrey; y en el extremo oriental, en un pequeño oasis del 251 nacimiento del río Salado (afluente derecho del Río Bravo), se emplazó la ciudad de Coahuila (hoy Monclova), puesto fronterizo contra los indios que en el siglo XVII comenzaron a formar escuadrones de a caballo, abandonando las formaciones de a pie y convirtiéndose en una fuerza mucho más móvil y peligrosa para los colonizadores. En el siglo XVII los españoles fueron ampliando lentamente sus conocimientos de la margen derecha del Río Bravo del Norte, o Río Salado, Conchos y los otros que se secaban sin llegar al Río Grande (segunda denominación del Río Bravo).

Al noroeste de México los conquistadores españoles exploraron las dos vertientes de Sierra Madre Occidental. Atravesaron ya en la primera mitad del siglo XVI la región costera de Sonora en sus búsquedas de las fantásticas "Siete ciudades" y “Quivira”; mas la región continental de Chihuahua con sus lagos cerrados fue casi un gran lunar ignoto hasta fines del siglo XVI: sólo en 1585 fundaron los misioneros franciscanos en su extremo septentrional, sobre la margen derecha del Río Bravo, el poblado de Paso del Norte  [251•3 .

LOS JESUÍTAS EN EL NOROESTE DE MÉXICO

p Los jesuitas llegaron a Nueva España en 1590, más tarde que a otras tierras de Hispanoamérica, y encontraron allí una organización eclesiástica acabada. Las posiciones clave y las altas jerarquías religiosas estaban ya ocupadas, principalmente por dominicos y franciscanos. En las zonas de tierra firme conquistadas y pobladas por los españoles, los indios subyugados estaban ya considerados formalmente como cristianos. Por eso los jesuitas se especializaron en convertir al cristianismo a los “salvajes”, es decir, a los insumisos indios del norte de México, principalmente de la cuenca del Río Bravo del Norte, y a los del noroeste, de las zonas costeras de tierra firme y de la península de California.

p En 1600 los jesuitas fueron más allá del río Sinaloa, que va a morir a la parte meridional del golfo de California; en 1610 sojuzgaron al pueblo mayo, que residía en la cuenca del río Mayo. Allí reunieron datos del contiguo país del pueblo y a q u i  [251•4 , bañado por el río del mismo nombre que nace en varias fuentes 252 de los dos declives de Sierra Madre Occidental y desagua en el centro del golfo de California (28° de lat. N.).

p La misión religiosa entre los mayo fue durante más de un cuarto de siglo el puesto noroccidental más avanzado del "mundo cristiano" de América. Hasta 1638 no pudieron los jesuitas poner bajo su poder espiritual, es decir, sojuzgar, a parte de los yaqui y se establecieron en el valle del curso medio del río Sonora, que desemboca en el golfo de California algo más al norte, enfrente de la isla Tiburón (29° de lat. N.). Mas la tentativa de fortificarse en el curso bajo del Sonora, especialmente en la isla Tiburón, chocó con tamaña resistencia de los s e r i s (supónense afines a los sioux norteamericanos) locales que la isla y el sector frontero de la costa continental conservaron prácticamente la independencia hasta el siglo XIX. Posteriormente estos indios fueron casi exterminados: en la isla Tiburón quedarían a mediados del siglo XX unos ciento cincuenta.

p En 1641 los jesuitas partieron del Sonora medio y se adentraron hacia el noreste del país; en el río Moctezuma (afluente del Yaqui) establecieron una misión entre los t a r a h u m a r a  [252•5 , agricultores primitivos. El poblado de Moctezuma fue proclamado centro de la provincia jesuítica especial y recibió el prometedor nombre de San Juan Bautista. Por boca de su sabio  [252•6 , proclamaron la fundación de esta provincia como "victoria del cristianismo en la costa del Océano Pacífico”. Lo mismo que en las otras partes de América, los éxitos de los jesuitas en la conversión al cristianismo de los pobladores de la provincia que se extendía desde el Conchos inferior, afluente derecho más caudaloso del Río Bravo, hasta el golfo de California, tuvieron por consecuencia la muerte en masa de los indios. La mayor parte dé los tarahumara pereció, y los supervivientes fueron arrinconados en distritos poco fértiles de Sierra Madre Occidental. Para 1687, la frontera de la provincia jesuítica fue alejada hasta el río Concepción, último del norte de México que fluye al oeste desde la meseta y desagua en el golfo de California.

p Los conquistadores que atravesaron el noroeste de México en distintas direcciones desde los años 30 del siglo XVI, lo mismo que los demás “seglares” que iban a parar allí por casualidad, no eran (en las regiones de Sonora y Chihuahua) más que un mal temporal para los indígenas. Los jesuitas, que mandaron a su 253 antojo en la remota provincia suya durante muchos decenios (hasta que fueron expulsados en 1767), eran un mal permanente.

p Sierra Madre Occidental era la zona menos explorada de México. Su vertiente oriental tiene poco declive y se eleva sobre bolsones semidesérticos; pero la occidental es un saliente alto y abrupto, “cercenado” por ríos y hondos desfiladeros. La exuberante vegetación arbórea y herbácea ofrecía refugio y alimento a muchos animales, que eran el sustento de las tribus de cazadores nómadas. Y en los trechos más anchos de los valles montañosos, las tribus sedentarias de los p i m a s, los ópatas y otras se dedicaban a la agricultura intensiva con empleo del riego artificial. Sierra Madre Occidental era una zona donde se escondían los pueblos débiles que huían de los conquistadores aztecas. Utilizando el nombre del pueblo pima, relativamente culto, los españoles pusieron el nombre de Pimeria Alta a la parte septentrional de esta sierra.

p A lo largo del golfo de California se extiende una depresión de 15 a 80 kilómetros de anchura. Los pocos pobladores, que se dedicaban a la caza y a la pesca, se desplazaban de un lugar a otro en pequeños grupos. Los primeros conquistadores, que bajaron de la Mesa Central a la costa del golfo de California, hallaron allí tribus de distinto nivel cultural. Unas practicaban la agricultura intensiva con tierras de regadío artificial, sobre todo en la región de Sinaloa, al sur. Pero ellas eran pocas, y sus tesoros de objetos de oro y plata no eran tan abundantes como para atraer allí a muchos colonos.

p Los indios sedentarios de la región de Sinaloa, igual que los de Nayarit, región contigua al sur, habían sido arruinados por los primeros destacamentos de conquistadores que llegaron donde ellos a comienzos de los años 30 del siglo XVI, y se repartieron sus tierras. La ciudad de Culiacán, fundada por los conquistadores en 1531 (junto al río del mismo nombre, en el centro de Sinaloa), fue convertida en base de partida para la busca de esclavos hacia el norte y el sur. La caza de esclavos y las epidemias originaron la desaparición casi completa de los indígenas en la depresión litoral entre el Río Grande de Santiago y el río Fuerte (21° 30’—26° de lat. N.). El Fuerte, que baña la parte septentrional de Sinaloa, fue llamado así porque, en su curso bajo, se erigió la fortaleza más nórdica del siglo XVl.

p Antes de que llegaran los misioneros al noroeste de México, los indígenas, tanto sedentarios como nómadas, se esparcieron por el vastísimo territorio. "Los frailes introducían nuevos cultivos... y agrupaban a los indios en comunidades compactas. .. Por 254 desgracía, los resultados fueron desastrosos. Los pequeños poblados, atestados de gente, eran terreno abonado para la propagación de las enfermedades contagiosas importadas de Europa. En breve plazo, las epidemias de viruela, sarampión y otras afecciones contagiosas diezmaron la población de las misiones. Y tras las epidemias solía venir el hambre, porque los vecinos de las aldeas, contagiados durante la siembra o la recolección de la cosecha, no podían realizar las faenas del campo, y de ellas dependía su existencia. Cuando la población de una aldea disminuía tanto que ya no podía existir independiente, era abandonada, y los supervivientes pasaban a otras misiones"  [254•7 .

p No se trata de una diatriba de un sabio protestante contra los frailes católicos. De las espantosas condiciones de vivienda de los indios cristianizados, incluso en la más “próspera” misión jesuítica, nos habla también Antonio Sepp, de la Compañía de Jesús, que visitó en 1691 un Estado jesuítico modelo en Paraguay.

p Debido principalmente a la actividad de los jesuitas, desaparecieron totalmente de la faz de la tierra varios pueblos de las costas del golfo de California, de las orillas de los ríos que desaguan en el golfo y de las dos vertientes de Sierra Madre Occidental. Sólo algunos pueblos de los mencionados en las crónicas y cuentas rendidas de los jesuitas han pervivido hasta nuestros días. El número de habitantes de los tres pueblos de los mayos, los yaquis y los tarahumaras se ha reducido hasta 10.000-20.000; de los pimas no han sobrevivido más que 800.

Los historiadores suelen destacar a Eusebio Francisco Kino entre los jesuitas que exploraron el noroeste de México. Este misionero “civilizó” en los año 90 del siglo XVII a los indios que residían en las cuencas de los ríos Yaqui y Sonora. Luego, desde el río Concepción, bordeando el desierto de Gila fue hacia el río homónimo, y de éste pasó al Océano Pacífico, tornando al golfo de California (1698-1700). Falleció en 1711. Su nombre está perpetuado en la montaña Kino (1.307 m), que se eleva en el noreste de la península de California.

COLONIZACIÓN Y EXPLORACIÓN DE LA PENÍNSULA
DE CALIFORNIA

p Después del fracaso de Cortés, la semidesértica península de California estuvo casi siglo y medio al margen de la colonización. 255 Los españoles no comenzaron hasta los años 30 del siglo XVII la pesca de perlas en la costa sudoriental de la península, en la bahía de La Paz’(24° de lat. N.). En los años 80, los jesuitas fracasaron en sus intentos de establecerse allí. El poblado de Loreto, primero permanente, fue fundado sólo en 1697 por el jesuíta Juan Salvatierra en el centro de la península, a los 26° de latitud norte, enfrente de la isla del Carmen.

p En un principio, la cristianización de los indígenas transcurría allí de manera original. Los habitantes, que hablaban en distintas lenguas y se dividían en numerosas tribus, se enzarzaban en guerras ininterrumpidas y se capturaban prisioneros unos a otros. Los jesuitas recorrían sus futuros rebaños, rescataban a los cautivos, se los llevaban a sus lugares de residencia, los bautizaban y los obligaban a trabajar para ellos. Durante una de esas excursiones, caminando al oeste desde Loreto, Salvatierra tramontó la Sierra de la Giganta, que no se merece su nombre ni por la longitud (cerca de 300 kilómetros) ni por la altura (1.766 m), y llegó al océano.

p A comienzos del siglo XVIII, los jesuitas lograron fundar al fin en el sur el poblado de La Paz. No tardaron mucho en explorar el macizo meridional (altura máxima, Santa Genoveva: 2.406 m) y encontraron allí oro y plata. Entonces se levantaron varios poblados en la parte central de la península. Tras el período de organización, la cristianización de los indios californianos siguió los mismos derroteros que en el continente y llevó a los mismos resultados espantosos. "Las epidemias exterminaron casi totalmente a la población autóctona; muchas misiones fueron abandonadas, y los habitantes que sobrevivieron fueron reunidos en los pocos poblados que quedaron"  [255•8 .

p En la larga y estrecha península de California no hay ningún punto que diste más de 70 kilómetros del mar. Propiamente dicho, allí no hay zonas interiores; hay sólo dos franjas litorales: la oriental, que se corta abruptamente en el golfo, y la occidental, que desciende escalonada hacia el Océano Pacífico. Las dos se conocían antes ya de que llegaran los jesuitas gracias a los navegantes españoles (a los piratas extranjeros no les atraían mucho, pues estaban casi despobladas).

p Los españoles fueron quienes descubrieron Sierra Vizcaíno, corta (unos 200 km) y baja (entre 930 y 1.200 m). No obstante, de las denominaciones, tanto de la propia sierra como del golfo de Sebastián Vizcaíno, protegido del océano por la isla Cedros, no 256 debe deducirse que las descubriera el afamado navegante español Sebastián Vizcaíno, que costeó más de una vez México por el Pacífico entre 1595 y 1603. Y es que tanto el golfo de su nombre como la isla Cedros se muestran ya en el mapa de Castillo de 1541.

p Los marineros de Cortés vieron, sin duda, en los años 30 del siglo XVI los macizos meridionales. Sierra de la Giganta y varios macizos al norte de ésta los descubrió Francisco de Ulloa en 1539, cuando navegó a lo largo de la costa levantina de la península: anotó en el libro de a bordo todas las montañas del litoral. Pero no cabe duda que Ulloa tomó una hilera de islas altas de la costa por parte de una sierra larga, y por eso no puede afirmarse quién ni cuándo descubrió definitivamente algunas islas del "mar Bermejo”, casi paralelas a la sierra costanera, entre los 24° y los 30° de latitud norte  [256•9 . Probablemente fueran los jesuítas J. Ügarte y C. Guillen en el primer cuarto del siglo XVII. Hernando Gonzaga dobló California por el oeste y vio allí los contornos de las marismas. Pero las grandes depresiones adyacentes fueron descubiertas antes aún: la meridional, o Llano de la Magdalena, por los misioneros de la Paz; la septentrional, o desierto de Vizcaíno, por los misioneros de Loreto.

Mediado el siglo XVIII, los jesuitas establecieron en la península dieciséis poblados y sometieron a los indígenas de la costa que vivían de la pesca y la recolección de moluscos. Los dominicos, que sustituyeron a los jesuitas expulsados, abandonaron parte de las misiones del territorio meridional (al sur de los 26° de lat. N.); en el territorio septentrional, en cambio, fundaron varios poblados más y descubrieron la Sierra de San Pedro Mártir, alejada del mar. Su cima, La Encantada (3.088 m), es el punto más alto de la península.

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Notes

[249•1]   A. Supan. Die territoriale Entwicklung der europaischen Kolonien. Gotha, 1906, S. 40.

[250•2]   Los extranjeros tenían prohibida la entrada en las colonias.

[251•3]   Hoy Ciudad Juárez; pero la ciudad estadounidense sita en la orilla izquierda del río ha conservado el viejo nombre de El Paso.

[251•4]   Los mayos y los yaquis pertenecen al grupo lingüístico azteca, circunstancia que facilitó a los jesuitas la comunicación con ellos. Estos dos pueblos se sublevaron varias veces contra el gobierno colonial, y luego republicano, en los siglos XIX y XX.

[252•5]   El pueblo de los tarahumaras pertenece también al grupo lingüístico azteca.

[252•6]   El jesuíta español Rivas, autor, de Historia de los triunfos de nuestra santa fe entre los pueblos más bárbaros y feroces del Nuevo Mundo (1645).

[254•7]   Presten E. James. América Latina, pág. 620. El autor es un geógrafo norteamericano de renombre en los años 40 de nuestro siglo y partidario de la "política de buena vecindad" del presidente Franklin Roosevelt.

[255•8]   Preston E. James. Op. cit., pág. 622.

[256•9]   Mencionamos (de sur a norte) sólo las islas
de más de 200 km2 de superficie: Cerralvo,
Espíritu Santo, San José, Carmen y
Ángel de la Guarda, que es la
mayor (más de 1.000 km2)
y más alta (1.315 m).