DE CHILE Y PATAGONIA ENTRE
LOS AÑOS 40 Y 90
DEL SIGLO XIX
DOMEYKO
p Ignacio Domeyko participó en 1830-1831 en el movimiento polaco de liberación contra el Gobierno zarista y emigró después de la derrota de los sublevados. Se diplomó en la Academia de Minas de París, y en 1837 ésta lo recomendó al Gobierno chileno para catedrático de la Escuela Superior de Coquimbo, donde, a partir de 1838, enseñÂó química y física y realizó intensas exploraciones geológicas por el país, "convirtiéndose todos los años, durante los meses de vacaciones, en un viajero... Solía acompañarlo un indio que atendía la muía de carga y las caballerías de reserva”.
p En el aspecto geológico, casi todo el territorio de Chile era a comienzos de los años 30 una laguna. En 1838 y 1840 Domeyko exploró la Cordillera de la Costa, aproximadamente entre los 32° y 27° de latitud sur, y estuvo en las cordilleras de Ollita y Oliva (de una longitud total de más de 450 km; sus picos más altos miden 5.926 m y 6.380 m), que pasan por esta zona, de los Andes Argentino-Chilenos. Luego penetró en el desierto de Atacama por el sur. "Sus exploraciones de las riquezas minerales, de las fuentes, volcanes y terremotos del país tienen una importancia imperecedera”, escribió Günther. Posteriormente los geógrafos chilenos ensalzaron mucho la labor del primer científico que exploró durante varios años el Atacama. La cadena montañosa que se prolonga casi 500 kilómetros en dirección meridional a lo largo del extremo este del desierto fue denominada Cordillera de Domeyko (el pico más alto tiene 4.260 m).
p En los años 40, la Araucania era independiente de hecho, y Domeyko oía constantemente a los “liberales” chilenos hablar de las “crueldades” de los araucanos. Pero después de conocer la historia del país, no daba crédito a esas narraciones. "Cuando me he enterado del trato que los colonizadores han dado durante tres siglos, y los republicanos siguen dando a estos defensores de la tierra y la libertad, he decidido visitar las regiones que pueblan. ..” En 1844 Domeyko pasó varios meses en una región “ salvaje” cuyos moradores eran gentes de mucho amor propio, 377 corteses, hospitalarias y laboriosas, agricultores sedentarios que residían en limpias y espaciosas casas de madera y barro. Cuando regresó a Coquimbo, Domeyko se encontró con que, durante un gran incendio, había ardido también la casa que él habitaba, el laboratorio en que él trabajaba y gran parte de los materiales científicos que él había reunido en seis años. Pero escribió, con sus impresiones personales, el libro Araucania y sus habitantes, primera característica veraz de los araucanos hecha en el siglo XIX. Y lo escribió, según sus propias palabras, "con fines políticos, como defensor de los indios”.
Para resarcirse de la pérdida de los materiales científicos, Domeyko decidió quedarse varios años más en Chile. Pero se enfrascó en el estudio de los fenómenos volcánicos, luego le propusieron el traslado a Santiago y posteriormente trabajó en la capital con Philippi (padre). En resumidas cuentas, su permanencia en Chile no se prolongó varios años, sino varios decenios, hasta 1883, llegando a ser una insigne personalidad de la ilustración chilena [377•19 .
LOS EXPLORADORES DE CHILE EN LA SEGUNDA
MITAD DEL SIGLO XIX
p Amado Pissis, ingeniero de minas francés, llegó a Chile en 1848, y en 1849 recibió el encargo de encabezar la Dirección de Geografía, en la que estaban reunidos los servicios de topografía, geología y meteorología. Por entonces emprendió los trabajos de triangulación en Chile Central y los acabó quince años después. Dirigió el levantamiento del mapa topográfico y geológico a gran escala de Chile Central aproximadamente entre los 27° y 38° de latitud sur, desde el río Copiapó, al norte, hasta el río Imperial, al sur (publicado en 1875). Pissis conocía también perfectamente el norte de Chile, pues había hecho por lo menos dos viajes (en los años 70) al Atacama. y dedicado a este desierto un libro especial, en el que prestó singular atención a la geología.
p El botánico alemán Rodolfo Armando Philippi, catedrático de la Universidad de Santiago, fue nombrado en 1853 director del Museo Nacional de Historia Natural, que llegó a ser, bajo sus auspicios, una institución científica de primer orden de Chile. La labor de Philippi como explorador comenzó por el cruce del 378 Atacama en 1853 y 1854. El fue quien inició el estudio detenido del clima y la vegetación del propio desierto y de las cadenas montañosas que lo bordean. En materia geólogo-mineralógica se apoyaba principalmente en los trabajos de Domeyko. Por entonces ofrecían asimismo interés sus exploraciones de Chile Austral, concretamente, de la Cordillera de la Costa y de la isla de Chiloé (1858-1862).
p Philippi tenía por asistente a Carlos Ochsenius, geógrafo y geólogo, designado en los años 60 Director General de Minas de Chile. Interesaban especialmente a Ochsenius, por vocación y por obligación, el desierto de Atacama y, sobre todo, los inmensos yacimientos de salitre de las vertientes orientales de la Cordillera de la Costa.
p En los años 70 estudió fundamentalmente la geografía de la zona continental al sur del paralelo 40 el médico alemán E. K. Martin, que residía en la ciudad de Puerto Montt (centro de la provincia de Llanquihué, donde comenzaron a establecerse colonos alemanes desde la mitad del siglo XIX), en la costa del sur. Simultáneamente, desde 1877 hasta 1882 exploró la isla de Chiloé, el archipiélago de Chonos y los islotes diseminados por los golfos Corcovado y de Ancud.
p Lo menos conocido en el último cuarto del siglo XIX era el archipiélago de Chile y la estrecha franja frontera de tierra firme constituida por la vertiente pacífica de los Andes Patagónicos. Lo típico de esta franja son los sinuosos fiordos con un sinfín de ramificaciones tanto paralelas a la “cresta” de los Andes como perpendiculares o al través de la misma, formando con ella ángulos agudos y obtusos. Muchos fiordos calan hondo en el territorio de Chile y parecía posible que algunos de ellos llegasen hasta la Argentina. Seguían también sin explorar las cuencas de los ríos cortos, torrenciales y caudalosos que desembocan en los fiordos, con la particularidad de que las fuentes de algunos, y los chilenos así lo temían, podían estar en la parte argentina de la “cresta” de los Andes Patagónicos. Argentina, por su parte, no contenta con reivindicar sus derechos a los lagos de la falda oriental de los Andes Patagónicos, entre las fuentes del Limay y el Santa Cruz, envió allá grupos de colonos.
Los exploradores chilenos comenzaron los trabajos por el confín austral de la república, en la parte del Océano Pacífico. En 1870-1872 Enrique Simpson hizo el mapa del canal de Moraleda y su ramificación meridional, el fiordo de los Elefantes, que separa del continente el archipiélago de Chonos y la península de Taitao. A partir de 1875 la Dirección de Hidrografía de Chile 379 fue publicando los mapas de la costa, y en la historia de la exploración posterior del archipiélago de Chile y de las tierras magallánicas vemos ya apellidos de geógrafos chilenos al lado de extranjeros. De las expediciones hidrográficas extranjeras que trabajaron en las aguas del archipiélago de Chile destaca la alemana del Albatros, mandada por el capitán Pluddemann (1883- 1884), que "dividió la isla de Wellington en varias partes" (G. Sievers). En los años 90 se levantó un nuevo mapa del archipiélago de Chonos, "fraccionado en mil tierras por un laberinto de canales" (E. Reclus). Mas no pasaron muchos años hasta que este sinfín de islotes y arrecifes quedara recogido con exactitud en el mapa. Aún se prolongó más la descripción detallada de la parte sur del archipiélago de Chile, tanto de los jirones de tierra que rodean la isla de Wellington como de esa "vía Láctea" insular que valla el mar al norte de la salida principal del estrecho de Magallanes [379•20 .
VIAJES DE MUSTERS CON LOS PATAGONES
p “Se cuentan por decenas los naturalistas, geógrafos y meros curiosos que dedicaron su tiempo y su trabajo a explorar la Patagonia”, escribe Eliseo Reclus. Entraron en Patagonia por el este, desde tres o cuatro fuertes que construyeron los españoles en el siglo XVIII junto a las desembocaduras de los ríos patagónicos, por el sur, desde el estrecho de Magallanes, y por el oeste, desde Chile Austral. A mediados del siglo XIX Patagonia seguía tan poco explorada aún que incluso la cuenca del Chubut, el mayor río de la parte central de este territorio, era "tierra incógnita" en el lato sentido de la expresión.
p
El verdadero primer explorador de las zonas interiores de
Patagonia fue el inglés Jorge Musters. En 1866, a los 25 años de
edad, adquirió en el distrito de Montevideo un redil de ovejas.
En 1869 se puso en camino hacia Patagonia, presentándose tal
vez ante nosotros como uno de los prototipos de los "meros
curiosos" de que habla Reclus, si, por supuesto, no cumplía alguna
misión secreta del servicio de información inglés o de los capitalistas
interesados en fomentar la ganadería lanar en el territorio "de
nadie" a la sazón. Musters hizo por mar la travesía de Montevideo
a Punta Arenas, puesto fuerte chileno en el estrecho de
Magallanes, y desde allí comenzó la marcha por tierra a través de toda
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la Patagonia. En un principio, sin apartarse mucho de la costa
sureste del continente, a través de los cursos bajos de los ríos
patagónicos, ya conocidos e insertos en los mapas, Gallegos, Coyle
y Santa Cruz, hasta el totalmente inexplorado Río Chico, que fluye
381
desde el noroeste y desemboca en la bahía de Santa Cruz [381•21 .
Musters subió por el valle de este río hasta el extremo sur de la Gran
Altiplanicie Central, que es atravesada por su cauce. Allí topó con
los tehuelches, patagones de a caballo que recibieron al extraño
forastero con muestras de amistad y, como iban al norte, Musters
siguió el viaje con ellos.
p Desde Río Chico, cruzando la Patagonia Central, Musters recorrió hasta el lago Nahuel Huapí unos 800 kilómetros en línea recta, pero habiendo caminado en realidad muchos más, ya que erraba de un lado a otro, como un nómada, con los indios. No se puede indicar, ni aun de manera aproximada, el itinerario de Musters hasta el Nahuel Huapí: en las circunstancias en que se encontraba, no pudo hacer ningún plano del camino. Lo único que él tenía claro es que sus trashumantes compañeros de viaje no se alejaban de la falda de los Andes y cruzaron varios ríos que discurrían al este; pero no sabía cuáles entregaban sus aguas al océano y cuáles llegaban secos al llano. Tampoco sabía que casi todos los torrentes que encontraba en el camino, excepto la estrecha franja austral atravesada por los ríos del sistema del Deseado, pertenecían a la cuenca de un solo río, el Chubut, que además no era el más caudaloso.
p Llegó el año de 1870. Cuando hubieron ascendido a la parte superior del valle del Limay, los indios nómadas torcieron hacia el este y se detuvieron cerca del curso bajo del Río Negro. Allí Musters se despidió de esta tribu, según su propia característica, "honesta, cortés, amable y bondadosa”, y dio fin a su viaje en el poblado de Carmen de Patagones. Así pues, no rebasó en ningún sitio el paralelo 40, cruzó la Patagonia del Norte en sentido latitudinal y dejó al septentrión el arco formado por el Limay y el Río Negro, por el que ya operaban curso arriba y curso abajo a la sazón destacamentos armados argentinos.
p Según los cálculos de Musters, recorrió en total unos 2.000 kilómetros, y la mayor parte del camino lo hizo con los tehuelches, cazando con ellos, alimentándose como ellos casi de carne sola y durmiendo en las mismas tiendas que ellos, en pocas palabras, " sintiéndose entre los patagones como en su casa”. Así mismo tituló Musters la descripción de su viaje [381•22 .
382Musters pintó la Patagonia interior excepto las estrechas franjas adyacentes a los ríos como un desalentador semidesierto: "bajos y escuálidos arbustos, ruda hierba seca y, por aquí y por allá, desnudos rodales pedregosos”. Aun con todo, tras él fueron a la Patagonia “buscadores” que nadie llamaría "meros curiosos": militares, topógrafos, geógrafos, geólogos, botánicos y zoólogos que, de "tierra incógnita”, hicieron de la Patagonia una zona transitada y bien explorada.
VIAJES DE MORENO Y MOYANO POR PATAGONIA
p Difícilmente podría incluirse a los que viajaron por Patagonia en los años 70 entre los denominados por los historiadores y geógrafos del siglo XIX "desinteresados servidores de la ciencia": los primeros exploraban el país, abriendo camino a las tropas de los “caudillos” argentinos que sometían, mejor dicho, exterminaban a los patagones; los segundos iban en el séquito de esos generales; los terceros estudiaban las posibilidades de colonizar el centro y el oeste de la Patagonia; algunos trabajaron en la demarcación de la frontera argentino-chilena. En los años 70, al sur y más allá del Río Negro, hacia el interior del continente, los colonos argentinos, temerosos de las incursiones de los indios de a caballo, que se llevaban el ganado, no se atrevían a ir al sur más allá del Río Negro ni penetrar en el interior del continente. El Gobierno enviaba de exploración al sur a militares que mostraban prudencia, evitaban los choques con los patagones e incluso recababan su ayuda durante los viajes. La historia de la exploración de Patagonia no registra casos de muerte de ningún explorador por culpa de los indios.
p Al desplegar sus actividades en la cuenca del Río Negro y al sur del mismo, algunos argentinos ampliaron mucho los conocimientos que se tenían de Patagonia. Para Francisco Moreno, el encargo de explorar este rudo territorio fue obra de toda su vida: visitó por primera vez el curso bajo del Río Negro en 1873 y, al cabo de treinta años tomó activa parte en los trabajos para demarcar definitivamente la frontera de los Andes Patagónicos.
p En 1874, Moreno fue por la orilla del Río Negro hasta el Santa Cruz (unos 1.200 km en línea recta), sin alejarse mucho del océano, atravesando así los cursos bajos del Chubut, el Deseado y el Río Chico. Tornó a Buenos Aires por mar y, en 1875, partió de la capital argentina hacia el suroeste. Cruzó consecutivamente la Pampa Húmeda (oriental) y Seca (occidental) y, luego de pasar al otro lado del río Colorado, entró en el norte de Patagonia 383 por la cuenca alta del Río Negro. Subió por el valle del Limay y vino a salir a su fuente, el largo y angosto lago de origen glaciar Nahuel Huapí (544 km2). Acabando allí el cruce de las llanuras argentinas de una longitud de más de 1.300 kilómetros (en línea recta), exploró luego un trecho de los Andes Patagónicos desde los 39°30’ hasta los 42° de latitud sur. Al norte del Nahuel Huapí descubrió varias lagunas, entre ellas la de Huechulafquén, que surten de agua al Limay; pero las otras, tanto al norte como al sur del Nahuel Huapí, desaguan en el Océano Pacífico (son las fuentes de los ríos chilenos Calle-Calle y Puelo). En ese trecho de 275 kilómetros que él exploró no había ningún "muro andino”.
p En 1876 Moreno se puso en camino con un “principiante”, el joven argentino Carlos Moyano, y desde el curso bajo del Chubut fue a la desembocadura del Santa Cruz. En 1877 remontaron juntos el Santa Cruz y pusieron definitivamente en claro, casi al mismo tiempo que dos oficiales chilenos [383•23 llegados del estrecho de Magallanes, dónde están las fuentes de este río. Resultó que el Chubut nace en un lago grande, el Argentino (1.400 km2), que se encuentra a la altura de 187 metros, es de origen glaciar y en él desagua por el norte el río Leona, por el que comunica con otro lago grande, el Viedma (1.100 km2, a la altura de 245 m sobre el nivel del mar), también de origen glaciar. Y más al norte aún, a la altura de 285 metros, descubrieron un tercer lago, de forma de fiordo, que denominaron San Martín (1.010 km2) en honor del héroe de la guerra de la independencia; éste desagua en el Pacífico (por el fiordo Baker). Moreno hizo una importante deducción geográfica: los lagos Argentino, Viedma y San Martín "forman parte de todo un sistema lacustre paralelo a la Cordillera en la hondonada meridional”.
En 1877, el inglés J. Durnford fue por el Santa Cruz a la Patagonia Central, pasado el Río Deseado, al que mejor cuadra el nombre de Río Desecado, descubriendo dos grandes lagos comunicantes: uno lo denominó Musters, y el otro ha conservado su denominación indígena de Colhué Huapí. En 1878 Moyano cruzó esta cuenca lacustre, siguiendo el curso bajo del Senguer, uno 384 de cuyos brazos desagua por el sur en el lago Musters y el otro llega durante las crecidas al Colhué Huapí. De este último lago sale el Río Chico del norte, tributario derecho del Chubut inferior. En el verano de 1879-1880 Moreno cruzó de este a oeste la Patagonia Central por el paralelo 44. Antes de llegar a la falda de los Andes torció al norte y exploró una franja de las estribaciones hasta los 39° de latitud sur. Al verano siguiente Moyano remontó la corriente del Río Chico del sur hasta sus fuentes y, siguiendo al norte a lo largo de los Andes Patagónicos, descubrió el curso superior del Río Deseado, que nace a la altura de 1.500 metros en la vertiente del macizo de Ceballos (2.726 m). Y al norte de este macizo encontró a la altura de 215 metros el mayor lago patagónico, el de Buenos Aires (2.400 km2), de origen glaciar con desagüe, lo mismo que el San Martín, en el Océano Pacífico (por el río Baker). Avanzando al norte más allá del paralelo 46, Moyano entró en una "acogedora región de bosques y praderas, el oasis de la Patagonia”, que no era sino la cuenca del Senguer superior, el cual recoge las aguas de escurrimiento de la vertiente oriental de los Andes entre los 46° y 44° de latitud sur. Desde allí descendió por el valle del Senguer hasta los lagos Musters y Colhué Huapí, saliendo al mar por el Río Chico del norte y el Chubut.
LA DEMARCACIÓN ARGENTINO-CHILENA
EN LOS AÑOS 80-90
p En Buenos Aires concluyóse el Tratado argentino-chileno de demarcación de 1881, según el cual la "línea de división pasa por los puntos más altos de la cresta”. Indudablemente, el Gobierno chileno desconocía por entonces que, con esa fórmula, los cursos superiores de varios ríos que cruzan Chile Austral debían pasar a la Argentina. El Gobierno argentino, por el contrario, disponía de información bastante exacta para saber qué era la “cresta” de los Andes Patagónicos entre los 39° y 50° de latitud sur (latitud del lago Argentino). Al delimitarse las fronteras, comenzó una seria disputa: a despecho del tratado, evidentemente desventajoso para los chilenos, éstos insistían en que la frontera pasara por la divisoria de los ríos; y los argentinos, como es natural, insistían en el cumplimiento del tratado. Para reunir los datos que faltaban, los geógrafos chilenos comenzaron al fin un estudio serio de los Andes Patagónicos. En 1884-1885 exploraron los cursos bajos de los ríos que desembocan en los golfos Corcovado y de Ancud frente a la isla de Chiloé, incluido el Palena, y ascendieron por el valle del Puelo. Resultó que éste nace al otro lado de la “cresta” de los 385 Andes Patagónicos, no lejos de las fuentes del Chubut. El paso recién descubierto no era muy cómodo, mas tampoco muy difícil: el valle del Puelo al sur del pico Tronador (3.554 m) corta una planicie relativamente baja.
p En 1886 el argentino Luis Jorge Fontana exploró el Chubut hasta las fuentes, caminó luego al sur a lo largo de los Andes y descubrió junto al paralelo 45 el lago Fontana, fuente principal del Senguer. Quiso salir al Océano Pacífico por el valle de uno de los ríos chilenos que nacen al norte del lago recién descubierto, pero fracasó en la tentativa y descendió al Atlántico por el Senguer, explorando no obstante con mucho detalle los lagos Colhué Huapí y Musters. En el verano de 1887-1888 tornó a los Andes, halló a los 44° el lago General Paz y siguió por ambos lados de los Andes el curso del río Palena hasta su desembocadura.
p Entretanto fueron menudeando los incidentes fronterizos, y a comienzos de los años 90 la situación era peligrosa. Entonces, para reunir datos que contribuyeran a demarcar las fronteras, ambas partes recabaron los servicios de buenos especialistas en geografía, geología, hidrografía y topografía, enviándose expediciones enteras a los Andes Patagónicos. El Gobierno chileno envió en el verano de 1893-1894 dos destacamentos expedicionarios a la zona comprendida entre los 40° y los 44° de latitud sur. Los dirigentes científicos eran alemanes al servicio de Chile. Realizó una fructífera labor la segunda partida, que operaba al sur y estaba encabezada por Hans Steffen, quien ascendió con grandes dificultades por el valle del Palena, descubrió sus dos fuentes, la del norte y la del sur, y vio que la septentrional, la más importante, tenía su comienzo en el lado argentino de la "cresta de los Andes, en la meseta Patagónica, al este del lago del General Paz (Luis Fontana ya lo sabía). En el verano de 1894-1895 el destacamento de Steffen subió por el valle del Puelo hasta las fuentes del río y descubrió que allí, en un valle longitudinal del tipo de las pampas habíase establecido ya una colonia argentina (hoy El Bolsón).
p Francisco Moreno estudió entre 1882 y 1885 la vertiente oriental de los Andes Argentino-Chilenos (entre los 23° y 34° del lat. S.). En 1896, siguiendo a lo largo de esta vertiente, pasó al lago de Buenos Aires, y en 1897 puso fin a su ruta en el estrecho de Magallanes, habiendo recorrido en quince años los Andes en una longitud aproximada de treinta grados de meridiano, además, algunos trechos los visitó varias veces.
p En el verano de 1896-1897 Hans Steffen operó en el río Aisén Simpson (desagua en el mar, pasado el paralelo 45, al sur del estrecho de Moraleda), siguió su curso hasta las fuentes y otra vez 386 resultó que una de ellas (la del norte) manaba en la parte argentina de la “cresta” de los Andes. Lo mismo vio Steffen en el río Cisnes [386•24 , que él exploró en el verano de 1897-1898. Pero en el Macizo Patagónico no había a fines del siglo XIX colonias argentinas en las fuentes de ninguno de los dos ríos, y al delimitar la frontera, sus cuencas pasaron íntegras a Chile. Steffen avanzó en el verano de 1898-1899 más allá de los 46° de latitud sur a la parte más alta y menos accesible de los Andes Patagónicos que llegan hasta el estrecho de Magallanes. Estudió el macizo de San Valentín (el pico del mismo nombre, de 4.058 m, es el más alto de los Andes Patagónicos) y exploró al este del mismo el río Baker, que desagua en el mar a los 48° de latitud sur. Dejó sentado que el Baker es el río mayor y más caudaloso de Chile Austral, que su fuente septentrional es el lago de Buenos Aires, y la meridional, el lago Pueyrredon (Cochrane en los mapas ingleses), con el que colinda por el sur el macizo de San Lorenzo (3.700 m).
Como resultado de los trabajos de demarcación, a comienzos del siglo XX habíanse llenado ya casi todas las lagunas de los mapas de los Andes Patagónicos. Se puso en claro que éstos no son una cordillera ininterrumpida, sino una serie de macizos montañosos, y se determinó con exactitud la línea divisoria entre los ríos de las vertientes atlántica y pacífica. Además, fueron explorados en parte, y descubiertos en parte también, los lagos situados en cadena en la zona litigiosa. De los lagos grandes, el Nahuel Huapí (al norte), el Viedma y el Argentino pasaron íntegros a la Argentina, y el General Paz, el Buenos Aires, el Pueyrredon y el San Martín quedaron en coposesión argentino-chilena.
Notes
[377•19] En 1883, a los 80 años de edad, Domeyko regresó a Polonia con su esposa, chilena, y sus hijos, ya adultos. Pero en 1889 sintió nostalgia por Chile, adonde volvió y falleció poco después.
[379•20] Hoy la superficie de la isla de Wellington está calculada en 9.600 km2 (por lo visto, incluidas las islas contiguas).
[381•21] En Patagonia hay otro Río Chico, más septentrional, que es el mayor tributario, pese a su nombre, del Chubut.
[381•22] G. Ch Musters. At fióme with Patagonians (En casa con los patagones), Londres, 1871. Las observaciones de Musters de la vida de los patagones de a caballo, antes de que fueran exterminados, ofrecen sumo interés para los historiadores y los etnógrafos de Sudamérica.
[383•23] Ivar, chileno de pura cepa, y Rogers, inglés. Fueron desde Punta Arenas al norte y descubrieron en la vertiente atlántica del continente la meseta de La Torre, en el extremo sur de Patagonia, divisoria entre las cuencas de los ríos Gallegos y Coyle, y la meseta de los Guanacos, entre las cuencas del Coyle y el Santa Cruz: allí vieron miles de guanacos (según sus cálculos, más de 5.000 cabezas). Los exploradores de comienzos del siglo XX, cuando los guanacos ya habían sido casi exterminados, le pusieron otro nombre, que es el que ha quedado en los mapas: meseta de las Vizcachas, por la abundancia de estos roedores (de la familia de las chinchillas) en ella.
[386•24]
El Cisnes desemboca en el canal de Puyuguapi, que separa a la
isla Magdalena del continente. Es un río montañoso corto
que Steffen incluyó entre los "muy considerables"
probablemente porque creía que el canal
de Puyuguapi era un brazo del
río inundado por el mar.