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LA MESETA
DEL BRASIL Y EL VALLE
DEL AMAZONAS
 

COMIENZO DE LA EXPLORACIÓN CIENTÍFICA
DEL BRASIL

p El 29 de noviembre de 1807, el ejército francés entró en Portugal y se acercó a Lisboa. Toda la familia real, y con ella unas quince mil personas de la nobleza, huyeron el mismo día al Brasil. Allá por el veinte de enero de 1808, la flota real ancló delante de Salvador, en la baía de Todos los Santos, y el Brasil hízose temporalmente la metrópoli de todas las posesiones portuguesas.

p En la nueva situación, el Gobierno brasileño-portugués aflojó su desconfianza tradicional de todos los extranjeros, sobre todo de cuantos mostraban interés por la geografía, la geología y otras ciencias naturales, tan peligrosas para la monarquía absoluta como para la Iglesia.

p El primer extranjero que inscribió su nombre en la historia de las exploraciones del Brasil en el siglo XIX fue el ingeniero de minas alemán Guillermo von Eschwege, invitado en 1809 por el Gobierno a su servicio, y se quedó para siempre en el país. Eschwege puso comienzo a la exploración geológica de San Paulo y Minas Gerais. Por ese tiempo, los placeres auríferos estaban ya totalmente agotados, y los afanosos de oro abandonaban en tropel la zona de Serra do Espinhaco, y su centro, Ouro Preto, decayó. Eschwege dedicó especial atención a Serra do Espinhaco y se percató de que allí aún debía haber yacimientos de oro y diamantes sin explotar. Pero lo que importa desde el punto de vista geográfico es que Eschwege reunió datos que luego ayudaron a poner muy en claro los rasgos típicos de Serra do Espinhaco, divisoria meridional que se prolonga al este, desde las fuentes del San Francisco, unos 600 kilómetros entre los 21° y 16° de latitud sur (su punto más alto es el pico Itambé, de 2.033 metros, que se eleva a los 19°30’ de latitud sur, allí donde linda con las estribaciones de Serra do Gaiváo). El libro de Eschwege La riqueza brasileña (Pluto Brasiliensis, 1883) es una importante fuente de la historia del descubrimiento y explotación de las zonas mineras del Brasil.

p Entre 1815 y 1817, el príncipe alemán Maximiliano Weid Neuweid viajó por el este del Brasil, principalmente por la región de Bahía, llevando por consejero a Eschwege. El príncipe publicó 350 desde 1819 hasta 1833 seis tomos de descripciones de sus viajes por el Brasil. Los zoólogos conceden cierto valor a los datos aducidos de ornitología del país; y los etnógrafos, a las observaciones de la vida de los botocudos, cazadores y recolectores de frutos silvestres.

Entre 1816 y 1822 viajó por el este del Brasil el académico francés y zoólogo Geoffroy Saint-Hilaire. No se internó en el continente más allá de la parte central de Minas Gerais, pero aun así reunió valiosos datos de historia natural, principalmente, como es lógico, de zoología. La descripción de su viaje no se publicó hasta después de su muerte, acaecida en 1847.

LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA AUSTROBAVARA.
SPIX, MARTIUS Y OTROS

p En 1817 arribó a Río de Janeiro la denominada expedición científica austrobávara. Los participantes que más se destacaron fueron dos naturales de Baviera: el botánico Carlos Federico Martius y el zoólogo Juan Bautista Spix. Por más que ambos tenían vastos conocimientos de otras ciencias, como geografía, geología y etnografía. De Río de Janeiro fueron a San Paulo, desde donde comenzaron la marcha al norte. Cruzaron consecutivamente las provincias de Minas Gerais, Bahía, Piaui y Maranháo y dieron fin al viaje en la ciudad de San Luis en 1818. Su ruta fundamental pasó por la margen derecha del San Francisco, desde Ouro Preto, es decir, desde el extremo sur de Serra do Espinhaco, hasta la ciudad de Juázeiro, en el curso bajo de este río. Pero se desviaron también mucho al oeste, llegando a la divisoria (Serra Geral de Goyaz), y al este, hacia el océano, para visitar Salvador. En el último tramo de su ruta, en dirección al noroeste de Juázeiro a San Luis, cruzaron el río Parnaíba y descendieron de la meseta a la depresión del litoral. Durante este viaje, Spix y Martius atravesaron zonas pobladas o, en todo caso, visitadas por brasileños, pero fueron los primeros especialistas bien instruidos que estudiaron la geografía, la flora y la fauna de la vasta franja oriental de la Meseta del Brasil, principalmente de la cuenca del San Francisco.

p En 1819 y 1820 Spix y Martius estudiaron otra zona del valle del Amazonas casi deshabitada e inexplorada por naturalistas. Remontaron este río hasta el poblado de Ega y allí se separaron: Spix siguió navegando Amazonas arriba hasta la desembocadura del Javary; Martius remontó el Japurá hasta los rápidos de Araracuara. Según sus palabras, llegó hasta la falda del monte Araracuara, que se eleva en el centro del continente austral y está 351 separada de Quito sólo por las cordilleras  [351•9 . De regreso a Ega, ambos científicos descendieron la corriente del Amazonas, explorando a su paso los cursos bajos del Río Negro (hasta la lat. S. de 1°) y del Madeira. Claro que tampoco fueron allí los primeros exploradores. Pero "leyeron de otra manera este libro”. Por ejemplo, a todos los que descendieron antes de ellos al mar por el Amazonas les saltó a la vista la cadena de altas colinas de la orilla izquierda que comienza más abajo de la desembocadura del Tapajoz. Pero Spix y Martius describieron por primera vez esta cadena de altiplanicies con abruptas vertientes, unas veces aisladas y de forma de pirámide truncada y otras como lomas de varias millas de longitud, peladas al oeste y cubiertas de bosque al este, donde acaban en una serie de cerros redondos frente a la desembocadura del Xingú. Fueron además los primeros en adivinar que esas colinas son las estribaciones más meridionales del macizo de las Guayanas.

p Las observaciones de Spix y Martius y las colecciones que reunieron brindaron datos para varias obras especiales y para una descripción general en tres tomos de las dos expediciones con el título de Viajes al Brasil (Munich, 1823-1831). Spix falleció en 1826 sin ver el fin de la obra; el tercer volumen lo escribió Martius solo. Enrique Bates, autor del famoso libro Un naturalista en el río Amazonas, calificó así, en 1863, la obra de estos dos alemanes: "Estos dos viajeros instruidísimos pasaron once meses en el país... y remontaron el río hasta las fronteras del territorio brasileño. Las cuentas rendidas que publicaron sobre la geografía, la etnografía, la botánica, la historia y la estadística de la región del Amazonas son las más completas de las que han quedado en el patrimonio de todo el mundo”. Esta caracterización de los trabajos de Spix y Martius en el Amazonas, emitida hace cien años por el mejor conocedor de la naturaleza del gran río, no requiere enmiendas ni salvedades en nuestros días.

Otros dos participantes de la expedición científica austrobávara fueron el checo Juan Manuel Pohl y el austríaco Juan Natterer. Desde la provincia de Minas Gerais pasaron al noroeste a la cuenca del curso superior del Tocantins, donde se separaron. Pohl optó por la margen derecha del Tocantins y siguió la mayor parte 352 de su corriente, desde los 16° de latitud sur hasta los 7° de la misma latitud, es decir, cruzó en dirección meridional la provincia de Goyaz. Natterer fue del curso alto del Tocantins al oeste, hacia las fuentes del Araguaya, se internó en la provincia de Mato Grosso y la cruzó en sentido latitudinal hasta el^ curso alto del Guaporé. Y descendiendo por los cursos de este río, del Mamoré y del Madeira, llegó al Amazonas y luego, por éste, al mar (1820).

LA EXPEDICIÓN MIXTA RUSA DE LANGSDORFF

p El alemán Jorge Enrique Langsdorff, médico y naturalista, fue admitido a bordo de la nave Nadezhda ^Esperanza"} en 1803 por la primera expedición rusa de I. Kruzenshtern alrededor del mundo e hizo en 1804, con una embajada rusa, la travesía en torno al cabo de Hornos a Petropávlovsk Kamchatski, acompañando luego la embajada rusa al Japón y al noroeste de América y ^ regresando a San Petersburgo por Siberia tras de haber dado así la vuelta al mundo. Langsdorff fue elegido adjunto de la Academia de Ciencias de San Petersburgo y destinado al Ministerio de Relaciones Exteriores. En 1810 fue enviado con un cargo diplomático al Brasil. En 1812 fue nombrado cónsul general de Rusia en el Brasil y ejerció este cargo hasta 1820. En 1821 fue elegido miembro de número de la Academia de Ciencias de San Petersburgo y encabezó la expedición mixta rusa en el Brasil.

p Los participantes en la expedición de Langsdorff exploraron primero el litoral, principalmente en la provincia de la capital (1822-1823), y luego en la de Minas Gerais (1824). En 1826 la expedición bajó desde San Paulo por los ríos Tieté y Paraná hasta la confluencia de su tributario derecho Río Pardo. Desde aquí siguió por la vieja ruta comercial que abrieran los bandeirantes paulistas Río Pardo arriba, remontante su afluente Inhandui, tramontando luego la Serra do Maracajú, bajando por el Miranda hasta su desembocadura y subiendo a continuación por los ríos Paraguay y Guiaba hasta la ciudad del mismo nombre, situada en el extremo meridional de la meseta de Mato Grosso, donde permaneció casi un año para reunir colecciones.

p En 1827 Langsdorff dividió la expedición en dos partidas. El astrónomo Néstor Rubtsov y él salieron de Guiaba al norte, hacia las fuentes del Paraguay, y cruzaron la corta y accesible divisoria hacia las fuentes del Arinos (sistema del Amazonas). Descendieron por el Arinos hasta el Juruena, y luego hasta el Tapajoz, por el que vinieron a salir al Amazonas (1828). Ese fue el primer cruce de la parte occidental de la Meseta del Brasil por científicos 353 europeos y la primera exploración científica de un río tan grande como el Tapajoz desde las fuentes del Arinos hasta la desembocadura (unos 2.000 km). Langsdorff y Rubtsov hubieron de sortear unos veinte reciales y saltos de agua. En 1829 descendieron por el Amazonas hasta Belem, recorriendo por las vías fluviales interiores unos 5.000 kilómetros, y regresaron a Río de Janeiro. En el Tapajoz Langsdorff contrajo una forma aguda de paludismo tropical, que tuvo por complicación una dolencia síquica incurable. Húbose de poner fin a la expedición, y los participantes llevaron a Langsdorff a Alemania (1830). La salud de Rubtsov quedó totalmente quebrantada, falleciendo éste poco después de retornar a Rusia.

p La segunda partida iba encabezada por el botánico Luis Rídel. En 1828 salió del Guiaba a través de la meseta de Mato Grosso al oeste, cruzando los cursos altos del Paraguay y, quizás sin advertir siquiera la divisoria, se vio en las fuentes del Guaporé. Descendiendo por este río se ahogó un compañero, dibujante. En este mismo año navegó por el Mamoré, el Madeira y el Amazonas hasta Belem, cubriendo un trayecto de más de 6.000 km. Rídel arribó por mar a Río de Janeiro, y en 1830 regresó a San Petersburgo con los otros expedicionarios. Trajo para el Jardín Botánico de la capital ochenta y cuatro cajones de plantas vivas.

Las colecciones y datos reunidos por la expedición siguen teniendo hasta hoy gran valor científico, sobre todo los de etnografía, ya que en los siglos XIX y XX algunas de las tribus descritas por Langsdorff y sus compañeros fueron exterminadas o absorbidas por los colonos brasileños. Sin embargo, debido a la enfermedad de Langsdorff y a la muerte de Rubtsov, se analizó sólo una pequeña parte de los datos y apenas si hubo publicaciones de los resultados científicos de la expedición. La meseta de Mato Grosso y sobre todo la cuenca superior del Tapajoz seguían siendo para los europeos una laguna geográfica.

LA EXPEDICIÓN FRANCESA DE CASTELNAU

p En 1843 desembarcó en Río de Janeiro una expedición mixta gubernamental de Francia dirigida por Francisco de la Porte Castelnau. En 1844-1845 la expedición subió a la Meseta del Brasil, cruzó Minas Gerais, adentrándose en la provincia de Goyaz y el curso alto del Araguaya, exploró el valle de este río hasta su desembocadura y luego ascendió por el valle del Tocantins hasta sus fuentes. Así cruzó dos veces, si bien no del todo, la Meseta del Brasil en la dirección del meridiano.

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p Luego de torcer al oeste y siguiendo el cruce, antes iniciado, de la meseta en sentido latitudinal, la expedición entró en la provincia de Mato Grosso, exploró su meseta y pasó de la ciudad de Guiaba, al norte, hacia la mina Diamantina, ya en decadencia, esclareciendo que uno de los riachuelos, junto al que se hubo edificado este poblado de yacimientos de diamantes, es la fuente del Paraguay. Prosiguiendo su camino al oeste, la expedición de Castelnau llegó a las fuentes del Guaporé y se detuvo en la población de Mato Grosso, que para entonces se encontraba ya en completa decadencia. Torció luego al suroeste y cruzó el Chaco Boreal, la zona más despoblada y menos explorada del Gran Chaco. Cruzó trechos pantanosos y semidesérticos, sabanas y tierras cubiertas de matorrales y bosque ralo de hoja perenne y estacional. Se elevó a la Puna central y visitó las ciudades de Sucre y Potosí, torció después al noroeste, bordeando en el camino a Cuzco los lagos Poopó y Titicaca, tramontó los Andes Peruanos y, siguiendo al noroeste, vino a salir al Océano Pacífico junto a Lima.

p La expedición de Castelnau recorrió desde Río de Janeiro hasta Lima más de 10.000 km, realizando una travesía sin par del continente: sus predecesores habían navegado principalmente por los ríos del sistema del Amazonas, en tanto que los franceses transitaron extensiones inexploradas a caballo o a pie; además, Castelnau eligió a sabiendas desde el curso alto del Paraguay la ruta más difícil.

La expedición tornó en 1846 de Lima a Cuzco, por cuyas cercanías fluye el Urubamba, que es una de las fuentes del Ücayalí. Descendiendo por los valles de estos ríos, los franceses llegaron al lugar donde el Ücayalí es navegable, y luego bajaron hasta la desembocadura del Amazonas, culminando así el segundo cruce del continente y habiendo recorrido desde Lima hasta Belem unos 8.000 kilómetros más. Regresaron a Francia en 1847. Es de lamentar que parte de los diarios se perdiera después del asesinato del miembro de la expedición que los guardaba  [354•10 .

PRIMERA EXPLORACIÓN DE MADRE DE DIOS

p Por las húmedas laderas de los Andes Peruanos y Centrales, bañando las regiones de La Montaña y Yungas, fluyen innumerables torrentes que se unen, formando ríos y llevando sus aguas hacia el noreste o el norte, al Atlántico, cosa que ya tenía clara el 355 cronista que narró la conquista del Perú. Después del descubrimiento del Amazonas, y más aún en el siglo XVII, muchos suponían que todos los ríos de La Montaña y Yungas pertenecían al sistema del Amazonas, pero algunos admitían la existencia de otro río que fluyese en dirección latitudinal más al sur del Amazonas. En los siglos XVIII y XIX ya no había ningún geógrafo que lo dudara, y la discusión giraba ya en torno a cuál de los dos grandes tributarios derechos del Amazonas, cada uno de los cuales tiene más de 3.000 kilómetros de longitud, reúne las aguas de los ríos que cruzan La Montaña y Yungas: ¿el Purús o el Madeira? Este segundo era más conocido, ya que por él pasaba la importante ruta que unía a Mato Grosso con el Amazonas por el Guaporé y por breves trechos inferiores del Mamoré y el Beni. Pero el laberinto fluvial al oeste del Guaporé, incluso los tramos medios y superiores del Mamoré y el Beni, seguían sin explorar y era un enigma toda la corriente del río Madre de Dios. El "río Serpentino" de los indios, descubierto por anónimos españoles que bien pudieran ser buscadores de oro o simples vagabundos fugitivos de presidio o del patíbulo, y denominado Madre de Dios por unos misioneros desconocidos, no atrajo la atención de los geógrafos hasta el siglo XIX. Nace este río en varios manantiales al noreste de Cuzco, tras la Cordillera de Carabaya, y fluye al este a través de La Montaña entre los 12° y 13° de latitud sur. Como ya se sabe hoy, las fuentes del Purús se encuentran por encima de los 11° de latitud sur, pero entonces se desconocían sus orígenes y su curso. Muchos geógrafos tomaban al Madre de Dios por uno de los grandes ríos que forman el Purús y negaban la posibilidad de su unión con el Madeira.

p Allá por el año 1850 se puso en camino hacia el río Inambari, cuyas fuentes se hallan a 100 kilómetros al norte del lago Titicaca, una expedición compuesta de "ocho dignos jóvenes”. Nos ha llegado sólo el nombre de uno de ellos, Faustino Maldonado. Construyeron en el Inambari una balsa y descendieron por su corriente hacia el norte y el noreste hasta que arribaron a un caudaloso río que identificaron con acierto por el Madre de Dios. Luego de recorrer un largo camino de más de 1.000 kilómetros, los exploradores salieron a un inmenso río que resultó ser el Madeira. En uno de los rápidos perecieron cuatro expedicionarios, entre ellos Maldonado. Los supervivientes descendieron hasta el Amazonas y. remontando la corriente de éste, arribaron a la ciudad de Barra (Manaus).

Ni en el Brasil, ni en el Perú, ni en Bolivia se creía a la sazón que podía subirse desde el Amazonas por el Madeira y el Madre 356 de Dios hasta la misma falda de la Cordillera de Carabaya, y por el Inambari hasta la zona próxima al lago Titicaca. Se dudaba incluso de que la flotación de madera se hubiera hecho por el Madeira, y no por el Purús, hasta que en 1884 el misionero boliviano N. Armentia se interesó por la historia de Maldonado, repitiendo su navegación y publicando el libro Navegación por el río Madre de Dios.

LOS NATURALISTAS WALLACE Y BATES
EN EL AMAZONAS

p Dos ingleses jóvenes y pobres, los naturalistas aficionados Alfredo Russel Wallace y Enrique Walter Bates, tras de reunir una pequeña suma, se embarcaron en 1848 en un velero que zarpaba rumbo a Sudamérica. Al cabo de dos meses arribaron a la ciudad de Belem. Vivieron dos años en el delta del Amazonas, haciendo reiteradas excursiones (de 200 km) por los ríos Para y Tocantins, cuyo curso remontaron los dos naturalistas en agosto-septiembre del mismo año hasta los rápidos del Guariba (4°10’ de lat. S.). El “capital” reunido por los dos compañeros se esfumó en los primeros meses; obtenían los medios necesarios para vivir en Belem, reunir colecciones y proseguir sus excursiones, enviando a Inglaterra dobles de los ejemplares coleccionados de plantas, mariposas y otros insectos raros o desconocidos antes por los naturalistas. En septiembre-octubre de 1849 fueron en un velero contra la corriente del Amazonas hasta Barra do Río Negro (Manaus), y allí se separaron (marzo de 1850).

p En 1850-1851 Wallace estudió la naturaleza de Río Negro, y en 1852 pasó por el Casiquiare al Orinoco, pero al cabo de un mes enfermó y se embarcó en Venezuela rumbo a Europa. Durante la travesía se declaró un incendio, y el barco se fue a pique. Los pasajeros y la tripulación se salvaron en botes, pero ardieron todas las colecciones y los diarios de Wallace; diez días después los náufragos fueron recogidos por un barco. Pese a la pérdida de los diarios, Wallace describió de memoria su vida y labor en Sudamérica en el libro Viaje por el Amazonas y Río Negro (1853)  [356•11 .

p Bates ascendió por el Amazonas hasta la desembocadura del Japurá y vivió más de un año en el poblado de Ega (junto al lago Tefe). Según sus palabras, ese año (1850) fue el más duro para él, pues estuvo solo y cayó enfermo debido a la inhabitual y mala 357 alimentación. Sus prendas de vestir se convirtieron en harapos, el calzado también quedó inutilizable y andaba descalzo, se gastó casi todo el dinero y se vio obligado en 1851 a tornar a Belem. Allí le aguardaban cartas y giros postales de los agentes comerciales que vendían en Europa los dobles de las plantas y principalmente insectos que él enviara.

p En noviembre de 1851 Bates subió por el Amazonas hasta la desembocadura del Tapajoz y tomó por base hasta 1854 el poblado de Santarem, desde donde hacía excursiones. Ofrecen sumo interés para la geografía sus exploraciones del curso bajo del Tapajoz. En junio-agosto de 1852 Bates navegó en una barca de vela y dos palos, con una “tripulación” de dos hombres, corriente arriba del Tapajoz a una distancia de 150 kilómetros de su desembocadura y exploró el Cunaní, afluente derecho poco ancho, pero caudaloso, del primero, hasta los rápidos (unos 130 km). El Cunaní fluye por un valle hondo, estrecho y muy húmedo. "La impresión de exuberancia vegetal y pasmoso fausto crece a cada paso... Tenemos frecuentes lluvias, mientras que en Aveiros (curso bajo del Tapajoz) todo estaba calcinado por el sol”. Cerca de los rápidos, el nivel del agua subía a medio día varios centímetros en comparación con el de la mañana, y Bates sacó la atinada deducción de que la causa eran las mareas: ".. .a 530 millas de distancia de este lugar, el océano tiene el primer choque con el caudal de agua dulce en la boca del Amazonas”. (Posteriormente se averiguó que las mareas se notan en el Amazonas mucho más lejos del océano, hasta 1.440 kilómetros de la desembocadura.)

p En junio de 1854 Bates volvió por segunda vez al lago Tefe, al poblado de Ega, y trabajó allí más de cuatro años. A partir de 1853 comenzaron a cursar barcos de vapor por el Amazonas, y Bates aprovechó este medio de transporte dos veces (en 1856 y 1857) para conocer el curso alto del río.

p Atraído por la abundancia de insectos de nuevas variedades, Bates estuvo en el curso bajo del Iza y permaneció seis semanas cerca de la confluencia del Juruá en la deplorable aldehuela de Fonte Boa, "cuartel general de los mosquitos”, en el centro del distrito donde "en la temporada de las lluvias todo queda convertido en un pantano intransitable y cenagoso”.

p Más arriba, por el Amazonas, realizó también estudios en la desembocadura del Jutaí y luego fue al poblado de San Paulo de Olivera, donde permaneció cinco meses, si bien, a juicio suyo, "cinco años hubieran sido pocos para agotar los tesoros de sus contornos en materia de zoología y botánica”. Una dolencia obligó a Bates a retornar a Ega, y en febrero de 1859, gravemente 358 enfermo (de paludismo tropical), descendió a Belem, abandonando para siempre el Brasil el 2 de junio del mismo año.

En once años de trabajo en la cuenca del Amazonas, Bates reunió unas 14.000 variedades de insectos y otros artrópodos, no menos de 8.000 de los cuales eran desconocidos por la ciencia. Reunió también una colección de más de 700 variedades de otros animales (incluidas 360 aves, 140 reptiles y 52 mamíferos), en parte también desconocidas antes. Bates amplió considerablemente el volumen de conocimientos científicos del reino animal del Amazonas y acopió asimismo valiosos ejemplares del reino vegetal y datos de etnografía y de la estructura geológica de la llanura del Amazonas. Carlos Darwin convenció a Bates de que describiera sus viajes, y en 1863 salió a la luz el libro, que se hizo famoso, Un naturalista en el río Amazonas.

WELLS EN EL NORTE DEL BRASIL

Estando al servicio del Brasil entre 1868 y 1884, el ingeniero topógrafo inglés Jacobo Wells recorrió la zona oriental del país y exploró la cuenca del San Francisco  [358•12 . Pero aún son de mayor importancia los trabajos realizados por este topógrafo al norte de la Meseta del Brasil en una ancha franja limitada al sur aproximadamente por el paralelo 12, entre el San Francisco y el Tocantins. Es difícil referir por orden cronológico la labor de Wells, que se prolongó muchos años, y tampoco hay ninguna necesidad de hacerlo así. Basta con enumerar por orden lo que hizo en el norte del país. Entre 1873 y 1875 exploró la cuenca de Río Grande, el mayor tributario izquierdo del San Francisco (unos 600 km), y siguió todo el curso de Río Preto, afluente izquierdo de Río Grande, y desde el Sapáo, fuente de Río Preto, cruzando la divisoria, imperceptible en la temporada de las lluvias, donde junto a los 10° de latitud sur se forma un lago, pasó al Somno (unos 500 km), tributario derecho del Tocantins. En ese recorrido averiguó que los sistemas del San Francisco y el Tapajoz están separados en su curso medio de las fuentes del Parnaíba por cuatro sierras bajas (650-900 m) y una chapada (meseta). Terminada la exploración de esa larga divisoria (unos 1.000 km), Wells exploró otra (de unos 600 km) a los 7° de latitud sur, entre los cursos inferiores de los tributarios derechos del Tocantins y el río Grajaú, considerado 359 antes como un río independiente, pero resultó ser un tributario izquierdo del Mearim. Wells descendió por el Grajaú y el Mearim al mar. Calculó en unos 5.000 kilómetros la longitud del camino que recorrió por el interior del Brasil.

CHANDLESS Y OTROS EXPLORADORES
DEL PURUS Y EL MADEIRA

p El hidrógrafo inglés Guillermo Chandless comenzó en 1860 a trabajar en la cuenca del curso alto del Tapajoz y levantó los planos del Juruena y del Arinos, su tributario más importante. El mismo año, el brasileño Manuel Urbano remontó la corriente del Purús a gran distancia de su embocadura, y los resultados de su viaje llegaron a conocimiento de Chandless. El 1864 y 1865 éste comenzó a cartografiar sistemáticamente el Purús desde su boca hasta sus orígenes (unos 3.200 km) y averiguó que nace en La Montaña, fluye mansamente al noreste, serpenteando por el suroeste del valle del Amazonas, totalmente cubierto de selva, no tiene rápidos y es navegable para vapores en una distancia aproximada de 3.000 kilómetros de la desembocadura. No obstante, las márgenes del Purús están casi despobladas y, en opinión de Chandless (emitida en varios artículos publicados en 1866), transcurrirían siglos antes de que se levantaran poblados, ya que allí la vida es casi imposible a causa de las miríadas de mosquitos diurnos y nocturnos. Mas resultó mal profeta, y por su propia culpa: dio noticia de la inmensidad de árboles cauchíferos que crecían en la cuenca del Purús, y allá se abalanzaron en tropel, sin pérdida de tiempo, codiciosos empresarios.

En 1886 Chandless exploró los tributarios derechos del curso alto del Purús, incluido el Acre, que también es navegable en casi toda su longitud (unos 600 km). Como no conocía o no le merecía confianza la expedición de Maldonado, el mismo año buscó una vía fluvial desde el Acre al sur o al sudeste, hacia el Madre de Dios. Al fracasar en su intento  [359•13 , púsose en 1867 a cartografiar el Juruá y se remontó sin obstáculos por él desde la confluencia con el Amazonas "a 1.814 km, contando todos los meandros”. Allí la profundidad era de 10 metros y la anchura de 120 metros, se parecía mucho en todos los aspectos al Purús y descendía también 360 de La Montaña. Chandless se enteró de que más allá, río arriba, vivía una "tribu peligrosa" y se dio la vuelta sin dar fin a la exploración del Juruá.

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p En 1868 Chandless describió el río Canumán (unos 1.000 km), abundoso en rápidos, que nace en la Meseta del Brasil a los 9° de latitud sur al oeste del curso bajo del Juruena y fluye (con distintos nombres) hacia el norte. Pasado el paralelo 4, el Canumán tuerce al noreste y se divide en varios brazos que desaguan en el Madeira cerca de la confluencia de éste con el Amazonas, formando una “isla” pantanosa y, siendo más exactos, el archipiélago de Tupinambaranas. Chandless describió también los tributarios del Canumán (el Abacaxis y el Maués-Assú). En 1869 ascendió por el Madeira al Beni, pero no logró describir más que una parte de este segundo río, volviendo a dejar a un lado el Madre de Dios.

p En eso acabaron las exploraciones hidrográficas, de sorprendente amplitud, de Chandless, quien recorrió de 1860 a 1869, 361 describiendo ríos, en su mayor parte totalmente inexplorados, unos 11.000 kilómetros en canoa y balsa, y más de tarde en tarde en pequeños veleros. Sus mapas de los ríos son muy exactos para el tiempo en que se hicieron.

p Lo que no pudo hacer Chandless en la cuenca superior del Madeira lo realizaron otros dos ingleses. En 1875 y 1876 Jorge Churchs cartografió el Madre de Dios hasta su confluencia con el Inambari (este segundo río era tenido por tributario del primero). En 1880 y 1881 R. Heath exploró el Beni desde la embocadura hasta los cerros de Bala, por donde sale a un valle, y luego hasta sus fuentes, comenzando por la ciudad de La Paz. Heath describió también el Madidi, tributario izquierdo del Beni, desde donde pasó al curso alto del Madre de Dios. Un afluente derecho de éste, por el que posteriormente se trazaron 200 km de la frontera peruanoboliviana, fue denominado Río Heath.

p En los años 80-90 se dedicaron a explorar los ríos del Amazonas que cruzan Bolivia los propios bolivianos. Uno de ellos, A. Pereira Labre, codicioso empresario, fundó en 1871 el poblado de Lábrea en el curso bajo del Purús y, en sus búsquedas de parajes cauchíferos, resultó "un explorador de los más activos de la cuenca alta del Purús" (E. Reclus). Pero exploró ya este sistema con los barcos de vapor que estaban al servicio de los mercaderes del caucho. Del sistema del Purús, Labre pasó a buscar caucho al Madre de Dios (1891).

p En un vapor de una compañÂía cauchera recorrió en 1889 casi todo el Purús el etnógrafo Pablo Ehrenreich, pero hizo poco para la geografía de La Montaña y el suroeste de la llanura del Amazonas. Le extrañÂó, como pasajero, "la fatigosa monotonía del camino, pues no se ve más que agua y selva”. No obstante, dio una característica breve, que se hizo clásica, del Purús, característica que puede referirse también al Juruá: "Formando un sinfín de meandros, fluye por un llano un río del color de la arcilla que arrastra densas masas de hierba flotante e inmensos árboles que de noche suponen un peligro hasta para barcos grandes”.

p Después de Pereira Labre exploró el curso alto de la cuenca del Madeira José Manuel Pando, luego presidente de Bolivia. Este líder del partido liberal burgués-terrateniente, cuando Bolivia fue derrotada por Chile y perdió, en consecuencia, la salida al Océano Pacífico, comenzó a buscar otra por el Amazonas a través de los sistemas del Purús y del Madeira. Era de singular trascendencia la comunicación con el Amazonas para las nuevas regiones cauchíferas de Bolivia y Perú. Además, aún no estaban demarcadas a la sazón las fronteras de estos países con el Brasil, y el 362 extenso territorio de los cursos altos del Juruá y el Purús, la mayor parte de las cuencas del Madre de Dios y del Beni, era objeto de enconados litigios entre las repúblicas vecinas.

En 1892 y 1893 Pando dirigió la cartografía de los ríos montañosos del sistema del Madre de Dios, sobre todo del Inambari y del Tambopata, que nacen en los Andes Centrales al norte del lago Titicaca y discurren hacia el norte casi paralelos, por lo que Pando, igual que otros geógrafos de fines del siglo XIX, los confundía. En 1893 pasó del Acre y el Purús al norte para explorar los ríos fronterizos del llano. En 1894 llevó los trabajos hidrográficos más al norte del territorio indiscutiblemente boliviano, al Juruá e incluso al Javarí (curso de unos 1.050 km), que atraviesa el valle del Amazonas entre los 7° y 4° de latitud sur. Allí Pando fue el primer explorador; pero el Javarí, por el que en el siglo XX se trazó un largo trecho de la frontera boliviano-peruana, pasa demasiado lejos de Bolivia y no podía servirle de salida cómoda al Amazonas. Por eso tornó en 1897 al curso alto del Madre de Dios. Su elección para presidente de la república (1899-1904) puso fin a su participación directa en los trabajos hidrográficos.

STEINEN EN EL RIO XINGU

p De los grandes tributarios del Amazonas que cruzan de sur a norte el centro de la Meseta del Brasil a un lado de las rutas comerciales y, por lo mismo, casi inexplorado, excepto sus cursos bajos, quedaba el río Xingú, que fluye entre el Tapajoz y el Araguaya-Tocantins. Fue precisamente el desconocimiento del Xingú lo que atrajo la atención de los etnógrafos, que esperaban encontrar en sus orillas tribus aún desconocidas.

p El etnógrafo alemán Carlos von den Steinen se puso en camino en 1884 hacia la cuenca del Xingú, que parecía y resultó ser un “paraíso” para los etnógrafos: allí encontró a tribus pertenecientes a cuatro grupos lingüÂísticos: caribe, arruaca, ges y tupí-guaraní. Algunas se hallaban aún en un grado muy bajo de civilización. Steinen ascendió de la ciudad de Guiaba por el río del mismo nombre hasta sus fuentes, cruzando el extremo oriental del macizo de Mato Grosso. Tras de tramontar el bajo macizo, Steinen vio al otro lado, a los 14° de latitud sur, varios ríos que fluían hacia el norte. Optó por el de en medio, el Batovi, que, pasados los 12° de latitud sur, lo llevó a un caudaloso río que recibía las aguas de otros dos: el Ronuro, por la izquierda, y el Culuene, por la derecha. Desde las confluencias de éstos con el Batovi es donde comienza el Xingú. Steinen sabía que se encontraba poco más o 363 menos a 1.100 kilómetros, en línea recta, de la desembocadura, conocida ya desde el siglo XVII. Pero el curso del Xingú, contando desde la confluencia de dichos tributarios hasta el punto donde entrega sus aguas, resultó mucho más largo, de unos 1.700 km (y contando el Batovi, de unos 2.000 km)  [363•14 , ya que el Xingú da muchos rodeos. El viajero hubo de vencer multitud de rápidos, habitual fenómeno en los ríos de la Meseta del Brasil, y salió al Amazonas al cabo de cinco meses, habida cuenta del tiempo empleado en el camino desde las fuentes del Batovi. Claro que se trataba sólo de una exploración superficial del gran río.

p En 1887 Steinen volvió al curso alto del Xingú y exploró (no en toda su longitud) su tributario derecho Culiseiu-Culuene. Pasó varios meses de este año en Batovi y el Culuene principalmente para reunir datos de etnografía.

La fuente occidental del Xingú, el río Ronuro, no se exploró hasta fines del siglo XIX, cuando lo hizo el alemán Germán Meyer, quien visitó dos veces esta zona (1895-1896 y 1898-1899). Meyer descubrió también un afluente izquierdo del Ronuro y lo denominó Esteinen para perpetuar el nombre de su predecesor (suele conocerse también por río Firma). Debido al caudal de agua, Meyer creyó que el tributario principal del Xingú era precisamente el Ronuro y no el Batovi. Luego las exploraciones fueron suspendidas. Hasta el primer cuarto del siglo XX seguían casi totalmente desconocidos los grandes tributarios del Xingú y eran trazados en los mapas con líneas punteadas o continuas, pero absolutamente imaginarias.

LOS EXPLORADORES DE LA CUENCA
DEL AMAZONAS EN EL SIGLO XX

p A partir de 1907, en la parte noroeste de la cuenca del Amazonas, dividida entre el Brasil y Colombia, trabajó Hamilton Rice. Cartografió el río Vaupés, abundante en rápidos, hasta su confluencia con el Río Negro, y en 1912 y 1913 hizo otro tanto con Icana, afluente derecho del curso alto del Río Negro. En 1917 culminó la cartografía del propio Río Negro hasta el Casiquiare, explorando así hasta el fin la zona de la bifurcación del Orinoco. Por último, en 1924-1925 exploró el sistema del Río Branco, caudaloso tributario septentrional del Río Negro, y demostró que todos los ríos de este sistema están separados de la cuenca del 364 Oriñoco por las altas divisorias de la sierra Pacaraima. Después de los trabajos de Rice, las fronteras septentrionales de la cuenca del Amazonas quedaron definitivamente esclarecidas e incluidas en mapas exactos.

p El coronel Percy Fawcett, un excéntrico que se creyó conquistador en el siglo XX, dirigió entre 1906 y 1910, al servicio de Bolivia, los trabajos de la comisión demarcadora de las fronteras de este país con el Brasil y realizó importantes exploraciones de la cuenca del alto Madeira. Allí precisamente fue donde le dio su manía. He aquí lo que escribió en 1910: "Si se tiene la posibilidad de llevar un nutrido destacamento armado, hay que repetir la dura marcha de Gonzalo Pizarro desde Quito al Amazonas. Y habrá que buscar aproximadamente lo mismo, pues desde los tiempos de las búsquedas de esa enigmática civilización india no han cesado los rumores de que en las zonas interiores de Sudamérica vive una tribu extraordinaria”.

p Fawcett reunió durante largo tiempo leyendas y tradiciones indias.que eran transmitidas de generación en generación por "los descendientes de los conquistadores”, las interpretó a su manera y creyó que tenían por fundamento un hecho real: la existencia de un pueblo desconocido de antigua civilización en la cuenca del Amazonas. Para comprobar y reunir pruebas fehacientes a favor de su hipótesis, emprendió en 1925 la búsqueda de ese pueblo, llevando consigo a su hijo y a un joven y confiado “amigo”. Antes de ponerse en camino, dio a conocer el itinerario que seguiría y los medios de transporte que utilizaría desde Guiaba hacia el "mundo perdido": al norte, hasta los 10° de latitud sur, en muías y canoas por los ríos del sistema del Tapajoz; luego a pie, para cruzar el Brasil Central por el paralelo 10 en dirección este y salir al río San Francisco, en el lugar de la confluencia con el Río Grande, junto a la ciudad de Barra. Fawcett y sus jóvenes acompañantes desaparecieron en circunstancias desconocidas. Jorge Duault salió en su busca con un destacamento en 1928 y atravesó el Brasil Central por la ruta de Fawcett hasta el río Xingú. No encontró ni rastro de ellos, en cambio levantó el primer mapa exacto de varios tributarios importantes del Xingú: el río Fresco y el Pacajá Grande, por la derecha, y el Iriri, muy caudaloso, por la izquierda.

p En 1907, el ingeniero militar brasileño Cándido Mariano da Silva Rondón recibió la misión de tender una línea telegráfica entre las cuencas superiores del Juruá y el Purús, por un lado, y Río de Janeiro, por el otro, a través de la ciudad de Guiaba. El primer tramo de la proyectada línea, desde Guiaba al noroeste, al 365 embarcadero de Porto Velho, en el Madeira, debía cruzar la parte menos explorada de Serra dos Parecís, "la gran divisoria del La Plata y el Amazonas": en los mapas de comienzos de nuestro siglo, ambos ríos, que fluyen desde la divisoria hacia el norte, estaban señalados con trazos punteados, se sabía poco de la propia divisoria, y de las tribus locales nada más que los nombres, y a menudo deformados. Rondón exploró más de 650 kilómetros del territorio al norte de Guiaba.

p Junto al “enigmático” Juruena, cuyo curso superior (más arriba del Arinos) era casi desconocido por entonces, Rondón halló una de las tribus más atrasadas, la de los nambicuara. Estos indios tenían fama de antropófagos y, cuando dispararon varias flechas contra el campamento, Rondón retrocedió. En 1908 volvió a este lugar y entabló relaciones amistosas con los nambicuara. Mientras tendía la línea telegráfica, exploró el territorio comprendido entre el curso superior del Juruena y el Aripuaña y determinó la divisoria, apenas perceptible, de los sistemas del Tapajoz y del Madeira, a la que puso el nombre de Serra do Norte.

En 1909 Rondón fue por tercera vez al otro lado de la "gran divisoria" y, tras de recorrer en esta ocasión unos 1.300 kilómetros desde Guiaba, cruzó la ancha franja que separa al Aripuaña del Madeira, descubriendo un gran tributario izquierdo del Aripuaña, que él denominó luego Teodoro Roosevelt, el Ji-Paraná y otros afluentes derechos del Madeira, donde acabó el tendido de la línea telegráfica. Como resultado, rellenó la inmensa laguna que existía en el mismo centro de Sudamérica: la zona de la Meseta del Brasil hacia el este entre los ríos Teles Pires (sistema del Tapajoz) y Xingú, que en los mapas de los años 20 de nuestro siglo aún se indicaba con la inscripción de “inexplorada”. La parte occidental de ese inmenso territorio, explorado por Rondón, formó una unidad administrativa aparte. En los años 50 recibió oficialmente el nombre de Rondonia  [365•15  en honor del gran viajero y explorador nacional del Brasil.

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Notes

[351•9]   El Caquetá-Japurá toma comienzo en la Cordillera Central de los Andes del Norte y, tras de salir al valle, fluye a lo largo del extremo sudoeste del macizo de las Guayanas, que acaba abruptamente en el valle del río. El Araracuara es sencillamente uno de los puntos altos del macizo y pudo producir la impresión de ser una montaña sólo después del largo viaje por una llanura infinita.

[354•10]   Los resultados de la expedición fueron publicados en la obra Expédition dans les parties centrales de l’Amerique du Sud (en 6 tomos con atlas, 1850-1861).

[356•11]   En 1854 Wallace comenzó el viaje por Indonesia, que duró seis años y lo cubrió de gloria como naturalista.

[358•12]   En el sentido geográfico, el río San Francisco fue explorado por el alemán al servicio brasileño H. Halfeld (entre 1852 y 1854) quien publicó el Atlas y cuenta rendida de la exploración del río San Francisco (1860). Este trabajo lo completó y corrigió en 1862 el francés Manuel Lieu.

[359•13]   Para los años 90 quedó demostrado que los cursos altos de algunos tributarios derechos del Purús (el Acre, el Ituxi y otros) se unen, durante el período de las grandes crecidas, con el sistema del Madeira superior mediante los tributarios izquierdos del Beni y del Madre de Dios; y que el Madre de Dios se une con el Ucayalí a los 12° de latitud sur.

[363•14]   El curso bajo del Xingú, a 500 km de su desembocadura, lo exploró el príncipe Alberto de Prusia en 1842; Steinen exploró los cursos medio y superior, en una longitud de 1.500 km (incluido el Batovi).

[365•15]   Tiene una superficie de 243.000 km2 y unos 60.000 habitantes.