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LOS ANDES
DEL NORTE Y CENTRALES
 

[introduction.]

p Las repúblicas sudamericanas recién proclamadas, que no disponían de personal científico y técnico propio para explorar las riquezas de sus países, abrieron de par en par las puertas a extranjeros. Entre éstos había ingenieros de minas, geodesistas, hidrógrafos, naturalistas, etnógrafos, arqueólogos, sobre todo particularmente interesados en las antigüedades peruanas, y viajeros curiosos sin especialidad científica determinada.

Los historiadores de la agrología y los autores de trabajos especiales sobre Sudamérica mencionan, en total, varios centenares de nombres, que ellos consideran insignes por diversas causas, de exploradores de los Andes del Norte y Centrales en los siglos XIX y XX. Por supuesto, aquí se precisa una minuciosa selección, y en adelante hablaremos sólo de aquellos cuyos trabajos dieron un impulso notable al estudio de la geografía de las regiones montañosas de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

LOS EXPLORADORES DE LA PRIMERA MITAD
DEL SIGLO XIX

p El francés Juan Bautista Boussingault entró en la historia de la ciencia como uno de los fundadores de la moderna química agronómica y recibió la preparación previa en Sudamérica, adonde fue como ingeniero de minas de profesión y como botánico y climatólogo de vocación.

p Entre 1822 y 1828 Boussingault viajó por los países ^andinos, adhiriéndose a menudo a los destacamentos de Simón Bolívar. Expuso sus observaciones de la naturaleza de los Andes en numerosos artículos, reunidos luego en el libro Viajes científicos a los Andes Ecuatorianos, que se editó en español en París en 1849. Boussingault hizo una gran aportación a la geografía de los Andes, pero sus viajes están ligados con sus trabajos últimos.

p Entre 1826 y 1833 viajó por América del Sur el naturalista francés Alcides d’Orbigny, quien reunió datos y colecciones para el Museo de Historia Natural de París. Comenzó por el Brasil, donde trabajó en el sudeste y el sur del país hasta 1828, y luego estudió la Pampa y el norte de Patagonia. Obtuvo los mayores resultados geográficos en los países andinos, sobre todo en Bolivia. Guillermo Sievers lo caracteriza así: “D’Orbigny recorrió entre 341 1830 y 1833 la costa occidental, sobre todo el macizo, y también los llanos de Mojos y Chiquitos  [341•4 . Puede considerarse el fundador de la geografía física de Bolivia”.

p D’Orbigny se interesaba por muchas materias: descolló como geógrafo, como geólogo, como paleontólogo  [341•5  y como etnógrafo. Al estudiar las tribus indias, reunió datos que ayudaron a los científicos posteriores a destacar como grupos étnicos peculiares, en las sabanas del este del Brasil, a los ges; en las zonas selváticas del noreste de Bolivia, a los mojos ya los guarayos, y en la zona sur de la Pampa Húmeda y Seca, a los puelches. Con este nombre, que se ha conservado en los libros de ciencia, D’ Orbigny agrupó a las tribus de cazadores que se hicieron "indios de a caballo" y se desplazaban por una vasta zona al suroeste del La Plata y en las cuencas de los ríos Colorado y Negro hasta el Chubut, al sur.

p El naturalista alemán Eduardo Federico Póppig desembarcó en 1827 en la costa de Chile. Primero se dedicó a reunir colecciones de plantas e insectos en la zona poblada de Chile Medio, en el Valle Longitudinal, y en 1828 fue por mar a la ciudad de Concepción, en Chile Austral. Pasó varios meses en el río Laja, gran afluente derecho del Bío-Bío, cerca del volcán activo de Antuco (2.290 m), que él escaló hasta el cráter. En el valle de Antuco, bañado por el río Laja, estacionábanse entonces los indios nómadas pehuenches (una de las tribus araucanas que se distingue mucho de las otras de la misma rama). Póppig describió bien la vida de estos indios y sus relaciones con los colonos chilenos: "Los moradores de Antuco son gente sencilla y honrada... pero tratan a los indios con crueldad inhumana”. Los indios respondían a ese trato llevándose de los prados los caballos de los colonos. Estando allí Póppig, se marcharon a la Pampa Seca argentina, huyendo de las persecuciones de los chilenos.

p En mayo de 1829 Póppig pasó por mar de Concepción al Callao. De Lima fue al centro minero de Cerro de Pasco, situado cerca del nacimiento del Huallaga y descendió por el valle de este río a Huánuco. Esta ciudad está en el centro de un fértil oasis de regadío que Póppig denomina "valle de la primavera eterna”, y los peruanos "pradera de los ancianos”. Pero, como naturalista, le atraía la selva y se instaló en un cálido y húmedo valle de las 342 afueras, al noreste de Huánuco, en una plantación de coca que "atraía a la gente y daba a los terrenos un valor que, dijérase, no merecían”. Con cuatro indios a jornal y "un blanco, que era un vagabundo cocainómano”, se construyó una vivienda de madera, donde residió nueve meses en "un paraíso para buscadores de plantas”, sufriendo sobremanera, y no del calor (la temperatura rara vez pasaba de 28° C), sino de la humedad: en el período de las lluvias, sólo treinta y dos días en cinco meses no hubo aguaceros, y en febrero la lluvia no cesó en veintiún días seguidos. Ahora bien, apenas si hubo mosquitos, pero abundaban las hormigas, "uno de los tormentos más atroces, sobre todo para los naturalistas... Tenía que preocuparme todo el tiempo de resguardar los frutos de mi trabajo—-"

p A fines de mayo de 1830 Póppig comenzó, con seis indios de la misión cercana, un viaje por el Huallaga. Iban unas veces a pie, otras en una canoa grande (de 15 metros de longitud), pero muy insegura, y otras en pequeñas balsas que los indios conducían por los rápidos o abandonaban al llegar a peligrosos reciales. Un día abrióse una brecha en la vieja canoa, ésta se fue a pique, por fortuna en un bajío, y lograron sacarla a flote, pero, debido a este accidente, Póppig perdió gran parte de las colecciones que había reunido por el camino y todos los aparatos. Tras de explorar el Huallaga a lo largo de unos 1.000 kilómetros desde sus fuentes, se detuvo a estudiar la naturaleza del confín occidental de la llanura del Amazonas y la vida de los indios de la misión de Yurimaguas (poco más o menos, a 125 km más arriba de la desembocadura del Huallaga). Allí vivió ocho meses y reunió colecciones tan abundantes que no cabían en la canoa. Construyó una balsa grande con una alta tarima de caña para que las olas no la inundasen, y sobre la tarima extendió un tendal doble de espesas hojas.

En esa balsa Póppig con un criado mestizo y cuatro indios, además de una canoa pequeña, convertida en cocina, descendió a fines de julio de 1831 por la corriente del Huallaga al Amazonas. El 20 de agosto la balsa arribó a Tabatinga, primer puerto del territorio brasileño. "Volvió a adquirir valor el dinero, con el que no se puede hacer nada desde Huánuco hasta la misma frontera oriental del Perú”. Unos remeros indios del Perú accedieron a seguir la navegación con Póppig, pero más allá de la frontera desconocían por completo el río. "...La navegación cobró carácter de aventura, recordando una expedición de los primeros descubridores. Como desconocíamos los innumerables brazos del río, tan pronto nos metíamos en uno como en otro, eludiendo los canales estrechos y procurando encontrar poblados, donde 343 pudiéramos preguntar por el camino y obtener algún guía...” La balsa arribó a Ega (Tefe), donde Póppig, tras de enviar a los remeros a sus pueblos, vivió hasta marzo de 1832. Luego descendió por el Amazonas hasta Belem en un velero. En agosto de 1832 se fue de Sudamérica. Su libro Viaje por Chile, Perú y el río Amazonas (1835-1836) ha entrado en el fondo de oro de la bibliografía alemana de Geografía. Y en la historia de la Geografía, Póppig entró como el primer explorador científico del Huallaga, que él recorrió desde el nacimiento hasta la desembocadura, dando una espléndida descripción de su naturaleza y de sus pobladores autóctonos.

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p Desde 1825 trabajó en Bolivia el naturalista irlandés José Burkeley Pentland, que ejerció allí a fines de los años 30 de cónsul británico. Viajó por los países andinos desde el Ecuador hasta Chile Medio y fue uno de los primeros europeos que reunió entre 1826 y 1828 muestras de la flora de la Puna de la Cordillera Central de los Andes, del lago Titicaca y datos de la dirección 344 general, configuración y cimas de las Cordilleras Occidental y Oriental entre los 10° de latitud sur y el trópico de Capricornio.

Entre 1834 y 1836, los geógrafos ingleses W. Smuth y F. Lowe exploraron los ríos peruanos, especialmente con el fin de averiguar su navegabilidad hasta la salida de los Andes a la llanura. Fueron de Lima a Huánuco y exploraron el Huallaga hasta el desfiladero por el que se abre paso a través de la Cordillera Oriental. Cruzaron la Pampa peruana (región de Santa Catalina) hacia el este, en dirección al Ucayalí, procurando navegar en canoa cuanto pudieron por los cortos y poco caudalosos afluentes de los dos ríos grandes. Por el Ucayalí se remontaron hasta la desembocadura del Pachitea a 10° de latitud sur, suponiendo que este río también era navegable y que se podría establecer por él una comunicación cómoda del Amazonas a la zona central del Perú situada al oeste de La Montaña. Pero no lograron subir tanto y descendieron por el Ucayalí y el Amazonas al mar. Así y todo, fue un notable progreso el haber cartografiado con relativa exactitud varios ríos de la cuenca superior del Amazonas y su curso principal hasta la desembocadura del Río Negro.

LOS EXPLORADORES DE LA SEGUNDA MITAD
DEL SIGLO XIX

p En 1850 el geógrafo y topógrafo italiano Antonio Raimondi llegó al Perú, donde vivió cuarenta años, hasta su muerte (1890). En esos cuarenta años recorrió en todas las direcciones los Andes peruanos y sus estribaciones orientales, La Montaña. En los años 50 y 60 realizó una ingente labor para cartografiar el centro del Perú, labor que prosiguió, avanzando al norte, al sur y al este en los años 70. Sus trabajos cartográficos fueron muy apreciados por sus contemporáneos y siguen siéndolo hoy también por los historiadores y geógrafos. En 1876 publicó una descripción geográfica general del Perú, y en 1889 un mapa de este país a escala de 1 :500.000.

p De los trabajos zonales de Raimondi reviste importancia la exploración de la zona de Ancash, situada entre el curso alto del MarañÂón y el océano. Dejó sentado que allí se encuentran los picos más altos de los Andes tropicales a ambos lados del Ecuador (Cordillera Blanca) con glaciares y formas alpinas muy desarrolladas del relieve (el pico de Huascarán tiene 6.768 m de altura). Exploró también la Cordillera Negra, paralela a la Blanca y relativamente baja, a lo largo de la costa, y el río Santa, que fluye al norte entre las dos cordilleras por un valle longitudinal y desagua en el Océano Pacífico.

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p En las zonas montañosas de Colombia y El Ecuador descollaron por sus trabajos los vulcanólogos y geólogos alemanes Alfonso Stübel y Guillermo Reiss. Llegaron a Colombia en 1868, subieron por el Magdalena hasta sus reciales y fueron desde el embarcadero de Onda a la ciudad de Bogotá. Exploraron juntos los sectores meridional y medio de la Cordillera Oriental, luego Stübel estudió la Cordillera Central (margen derecha del Cauca), y Reiss la Cordillera Occidental (margen izquierda del mismo fío).

p A fines de 1869 se encontraron en la ciudad de Pasto, en el curso alto del río Patía, al suroeste de Colombia, y a comienzos de 1870 pasaron al Ecuador. En esta "tierra prometida" para los vulcanólogos, donde en un territorio montañoso relativamente poco extenso hay más de treinta volcanes, pasaron más de cuatro años y medio, trabajando en parte por encargo del Gobierno de la República de Colombia. Los dos años primeros exploraron la zona montañosa septentrional del Ecuador cuyo centro es Quito; Stübel realizó los trabajos geológicos, en tanto que la cartografía corrió a cargo de Reiss. Dedicaron la mayor atención a la zona de la Cordillera Oriental, fronteriza con las provincias de Quito e Imbabura, donde se elevan los volcanes de Cayambé (apagado, 5.796 m) y Antisana (activo, 5.704 m). En 1872 pasaron a la parte central de la zona montañosa, donde trabajaron más de dos años. Reiss estudió principalmente la Cordillera Oriental y, además, fue el primero en escalar el volcán activo más alto del mundo, el Cotopaxi (5.895 m). Stübel exploró principalmente la Cordillera Occidental y escaló también el Cotopaxi. En suma, los dos cartografiaron todos los picos principales de los Andes Ecuatorianos  [345•6 .

p En octubre de 1874 pasaron al Callao a través de Guayaquil. En el Perú se dedicaron en 1875 a hacer excavaciones en los "Campos de los Muertos”, enterramientos que hay junto al poblado de Ancón, al norte de Lima. Luego fueron por mar del Callao al norte, hacia el puerto de Pacasmayo, desde donde, siguiendo al este, cruzaron la Cordillera Central. En 1876 descendieron en barco por los ríos Mayo, Huallaga, MarañÂón y Amazonas a Belem, dando fin al cruce, ya habitual, del continente por la zona ecuatorial. Reiss regresó a su patria. Stübel se fue por mar al La Plata, y luego cruzó por segunda vez el continente, pero de este a oeste, por la zona subtropical, vía Buenos Aires—-Santiago. A continuación fue al oasis de Tacna (en el extremo 346 suroeste del Perú), y desde allí subió a la Puna de la Cordillera Central, donde conoció la Cordillera Real, que se extiende al sudeste del lago Titicaca. En esa exploración circundó el macizo de Illimani. Hay que decir, no obstante, que en 1876 y 1877 Stübel fue más turista que explorador. En el mismo año de 1877 regresó a Alemania, pasando por los EE.UU.

p Stübel y Reiss reunieron una inmensidad de datos de geografía y geología d*e los Andes del Norte y, sobre todo, de los Ecuatorianos. El estudio de esos datos duró casi veinte años; fueron publicados con el título de Viaje por América del Sur (siete volúmenes aparecidos entre 1886 y 1902). Ampliaron mucho los conocimientos geográficos y geológicos que se tenían de los países andinos, principalmente del Ecuador.

p Pero Stübel y Reiss operaron sólo en las altas zonas montañosas, sin llegar siquiera a las estribaciones orientales de los Andes Ecuatorianos ni a la parte, perteneciente al Ecuador, del valle del Amazonas; en el oeste estuvieron de paso, cuando se marchaban del Ecuador.

p En los años 80 Teodoro Wolf dirigió, por encargo del Gobierno ecuatoriano, una gran expedición que levantó el mapa del Ecuador, para el cual hizo el propio Wolf en muchos lugares los trabajos preparatorios, especialmente en la zona oeste del litoral. Y esta zona, la de la Costa del Ecuador, en la que está incluida la depresión de Guayaquil, es en el aspecto económico la más importante de la república. Wolf sintetizó sus investigaciones en el libro Geografía y Geología del Ecuador (1892).

p La exploración científica de los Andes del Norte y de las alturas adyacentes fue proseguida por el ingeniero y topógrafo inglés F. Simons. Entre 1878 y 1880 exploró Sierra Nevada de Santa Marta y fue el primero en señalar las particularidades de la estructura de esta “sierra”, definida hoy como un macizo rocoso aislado que linda con las últimas estribaciones septentrionales de los Andes, denominadas Sierra de Perijá. Simons hizo una descripción previa del macizo en varios artículos publicados entre 1879 y 1881, lo delimitó y levantó un mapa que Sievers, continuador y rival del explorador inglés, calificó de "primer mapa aceptable" de este macizo. En 1884 Simons expleró la península de Goajira, poblada por numerosas tribus de goajiros. Recorrió las "despobladas y acantiladas costas" de la península, penetró en su interior, describió sus "núcleos montañosos”, tres macizos de colinas de escasa altura (menos de 900 m). Hasta el siglo XX se discutió si estaban ligados con Sierra Nevada o eran estribaciones de los Andes. Cruzó la semidesértica península a lo largo y a lo 347 ancho (12.000 km2) y llegó hasta el cabo de Gallinas, que es la punta más septentrional de Sudamérica (12°25’ de lat. N.).

p El alemán Alfredo Hettner exploró entre 1882 y 1884 en Colombia la parte central y más ancha de la Cordillera Oriental de los Andes del Norte, de más de 400 kilómetros de longitud por la cresta, altiplanicies que se encuentran a la altura de más de 2.500 metros, entre los 4°20’ y los 8° de latitud norte, y la cima de la Cordillera Oriental, que es Sierra Nevada de Cocuy (5.600 m). Hizo un segundo viaje entre 1888 y 1890 por las regiones montañosas tropicales del oeste de Sudamérica y estuvo en los Andes Peruanos y en los Centrales, donde, entre otras cosas, exploró los escalonamientos ribereños del lago Titicaca y, al sudeste del mismo, la Cordillera Real  [347•7 .

p El alemán Guillermo Sievers operó en 1884 y 1885 en el oeste de Venezuela, explorando la Cordillera de Mérida, ya que era, según palabras suyas,, "casi desconocida”. Fue el primero en certificar que "las montañas de Mérida... pertenecen al sistema de la Cordillera" y son estribaciones nororientales de los Andes. Determinó su dirección principal, su longitud (unos 550 km) y el pico más alto, La Columna (Pico Bolívar), pero rebajó en 300 metros su altura (según los últimos datos, 5.002 m). Luego pasó a Colombia, al macizo de Sierra Nevada de Santa Marta. Remitiéndose a Elíseo Reclus  [347•8  y F. Simons, predecesores suyos, conceptúa así el trabajo realizado en esta zona: "En 1886 logróse al fin... escalar la altura de 4.700 metros en la Nevada desde el sur y el norte, reunir datos más exactos de ella y levantar un mapa más detallado”. Al explorar la Sierra de Perijá, fronteriza entre Colombia y Venezuela, Sievers supuso con tino que era una estribación septentrional de la Cordillera Oriental. La recorrió en toda su longitud (más de 300 km) desde las fuentes del río Catatumbo, al sur, hasta la península de Goaj ira y marcó sus cumbres, pero determinó su altura en unos 3.000 metros (en realidad es mucho mayor, de 3.490 a 3.750 m).

p En 1892-1893 Sievers recorrió el norte de Venezuela y estuvo en los Llanos del Orinoco. Supuso acertadamente que había 348 conexión entre el sistema del Caribe y las cordilleras del litoral pacífico de Sudamérica. Esas montañas reciben hoy el nombre de Andes del Caribe.

Sievers cobró en Alemania renombre de entendido en geografía política, económica y administrativa. Redactada por él, se publicó una Geografía Universal, en seis tomos, y para esta serie escribió de su puño un volumen: América Central y del Sur. Sin embargo, ni por la abundancia de datos ni por los méritos literarios puede compararse el libro de Sievers con la obra en tres tomos de Eliseo Reclus sobre Latinoamérica, con la que este geógrafo culminó su gran serie de diecinueve volúmenes de Geografía Universal, titulada La Tierra y los hombres (tt. 17-19). Pero lo principal que faltó a Sievers fue sentida piedad por los pueblos oprimidos de América Latina, rasgo que preside toda la obra de Reclus, participante de la Comuna de París.

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Notes

[341•4]   Zonas de las vertientes orientales de los Andes Centrales, en los cursos superiores del Beni y el Pilcomayo, donde habitaban a la sazón las tribus de mojos y chiquitos.

[341•5]   Debe decirse que en los trabajos y discursos últimos, D’Orbignys propugnó las reaccionarias teorías de su maestro Jorge Cuvier.

[345•6]   El volcán apagado de Chimborazo, que es el pico más alto (6.272 m), y otros volcanes no se lograron escalar hasta 1880, cuando lo hizo por primera vez el inglés Eduardo Whymper; éste introdujo correcciones importantes en las mediciones de las alturas que hicieron los geólogos alemanes.

[347•7]   En 1898 visitó la Cordillera Real el inglés Guillermo Martin Gonway, que se hizo famoso antes (en 1892) por haber escalado la cima de 6.890 metros de la cordillera de Karakorum, Asia Central, subiendo al pico de Illimani (6.882 m).

[347•8]   Eliseo Reclus vivió dos años de su juventud en el sur de los EE.UU., de donde pasó a Colombia, soñando con realizar largos viajes para ver con sus propios ojos los volcanes y las montañas de Sudamérica. Pero la escasez de recursos lo obligó a permanecer casi dos años (1855-1857) en la zona de Sierra Nevada de Santa Marta.