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EL BRASIL
Y LA AMPLIACIÓN
DE SU TERRITORIO
 

LOS FRANCESES EN EL BRASIL.
"FRANCIA ECUATORIAL"

p Los marineros franceses que navegaban desde comienzos del siglo XVI al Brasil en busca del apreciado palo del mismo nombre asaltaban en aguas sudamericanas las naves portuguesas que eran presa fácil. A mediados de dicho siglo, ese “tráfico” fue del agrado del caballero francés de la Orden de Malta Nicolás Durand de Villegagnon. Los hugonotes, expulsados de Francia a la sazón, soñaban con un refugio en ultramar. Y este monje caballero recabó la ayuda del almirante Gaspar de Coligny, cabecilla de los herejes, quien le prestó apoyo para organizar una expedición medio militar.

p En 1555 Villegagnon arribó a la bahía de Guanabara y empezó por fortificarse en la isla de la entrada que hasta hoy lleva su nombre. Los marineros hicieron la primera descripción detallada de Guanabara. En otra isla del interior de la bahía, Villegagnon comenzó a levantar una fortaleza. No logró entablar buenas relaciones ni siquiera con los desertores de la marina y los aventureros que se habían establecido en las costas de Guanabara y casado con indias, constituyendo la colonia "normanda libre”. Con los indios, que en un principio recibieron amigablemente a los llegados, el caballero no se ando con cumplidos y los obligó a ejecutar los trabajos más pesados de la construcción de la fortaleza. Sus marineros y soldados saqueaban los pueblos de los contornos. Los indios no tardaron en abandonar en masa la costa. Los franceses se vieron escasos de provisiones y comenzaron a desertar. Villegagnon volvió a pedir ayuda a Coligny, y éste le envió en 1557 un grupo de hugonotes de Ginebra. Los nuevos colonos también pasaron hambre y se marcharon varios meses después.

p Las quejas y denuncias de hugonotes y católicos obligaron a Villegagnon a retornar a Francia. Entonces una flotilla portuguesa que zarpó de Bahía al mando de Juan Mem de Sa destruyó la fortaleza francesa (1560) cuya guarnición pasó a la isla grande (Gobernador) del centro de la bahía, donde resistió siete años, ya que Mem de Sa abandonó apresuradamente Guanabara sin causa conocida. Sólo en 1565 envió un reducido destacamento 283 capitaneado por Estasio de Sa, quien fundó en tierra firme, junto a la entrada de la bahía, en la falda del monte Pan de Azúcar, la ciudad de Río de Janeiro. El propio Mem de Sa no retornó a la bahía hasta enero de 1567. Los franceses, derrotados en combate, abandonaron para siempre Guanabara. Estasio de Sa, herido de gravedad, falleció al cabo de un mes. Descontento del lugar, Mem de Sa desplazó la ciudad a la costa suroccidental, interior, de la bahía.

p La mayor parte de los franceses se marchó a la zona ecuatorial del Brasil. Junto a los 2° de latitud sur, al oeste de la desembocadura del Paranaíba, se extiende una gran franja de litoral que entonces era, de hecho, tierra "de nadie”. Los franceses exploraron minuciosamente un golfo practicable para grandes embarcaciones; resultó ser la desembocadura común de dos ríos: el Mearim (al oeste) y el Itapecurú (al este). Fueron los franceses quienes descubrieron en esta ancha desembocadura, sembrada de bajos islotes, la "isla grande" de Maranháo  [283•26  y se establecieron en ella. En el último cuarto del siglo XVI esta isla fue muy visitada por barcos “mercantes” franceses y, en ocasiones, por flotillas enteras de piratas. Los cronistas y los cartógrafos de aquella época (huelga decir que no los hispano-portugueses )denominaban con frecuencia toda esta franja septentrional del Brasil "Francia Ecuatorial”.

p El poblado de la isla Maranháo se convirtió en el centro de atracción de las grandes cuencas del Mearim y el Itapecurú. Los franceses, dedicados principalmente a la “industria” del mar, entablaron relaciones de buena vecindad con los indios. Penetraban sin obstáculo centenares de kilómetros en tierra firme por los ríos navegables y conocían por sí mismos la naturaleza y la población de las zonas interiores y del litoral, reuniendo en sus excursiones los datos que les facilitaban en sus respuestas los indios llegados de lugares distantes de la isla Maranháo.

En 1610 desembarcó en esta isla el hugonote protegido de la corte real Daniel la Touche la Revardiére. La zona de la isla Maranháo le pareció muy cómoda para establecer una gran colonia francesa. En 1612 llevó allá en tres naves 500 hombres, cambió el nombre de Maranháo por el de ciudad de San Luis y comenzó el establecimiento de la colonia. Dos años después los portugueses asediaron la ciudad, y en 1615 pusieron fin a la "Francia Ecuatorial”. Según las condiciones de la capitulación, se permitía 284 marchar libremente a los colonos que no deseaban hacerse subditos portugueses. Junto con otros franceses, abandonaron la isla los dos franciscanos que habían llegado a ser los historiógrafos de la expedición: Yves Evrais y Claude Abbeville, quienes reunieron datos de geografía y etnografía e hicieron valiosas descripciones del Brasil septentrional y de los usos y costumbres de los indios “marañanes”. Ofrece singular interés la obra de Evrais Viaje al Norte del Brasil.

LOS JESUÍTAS EN EL BRASIL ORIENTAL

p Cuando los seis primeros jesuítas desembarcaron, al frente de Manuel de Nóbrega, en Bahía (1549), los portugueses poseían realmente pocos puntos en la costa del Brasil, pero pretendían al gigantesco territorio extendido al este del "meridiano papal" que dividía las zonas casi inexploradas del continente.

p La inmigración portuguesa al Brasil era insignificante. Y los que se enrolaban al principio para inmigrar, procedían a menudo de las guaridas de malhechores y tabernas de Lisboa.

p “El único resultado, notable para la colonia, de la llegada de esos aventureros, marineros y delincuentes deportados fue el nacimiento de muchos mestizos de ambos sexos de las uniones libres de los inmigrados con mujeres guaraníes. Esta primera nobleza brasileña resolvía la cuestión india a su manera, con espantosa sencillez. El europeo comenzó a tener por algo sobreentendido que podía matar o reducir a la esclavitud a tantos pieles rojas como creyera conveniente. Los jesuítas pensaban de otra manera.. .”  [284•27 , escribe el historiador alemán H. Boehmer.

p Diseminados por una superficie inmensa, los indios, dedicados a una agricultura primitiva, a la pesca, a la caza o a la recolección de frutos y plantas silvestres, parecían someterse con gran facilidad a los misioneros, aceptaban en masa, con los jefes de sus clanes, el bautismo y se evadían con la misma facilidad del lado de los jesuítas, marchándose a otros lugares. Cuando, en 1558, Nóbrega se hubo persuadido de ello, comenzó a reunir a los indios conversos en reducciones vigiladas por religiosos de la Compañía de Jesús. Los colonos brasileños de todo el litoral tenían a los cristianos de nuevo cuño por la mano de obra más barata para las plantaciones, las talas de árboles y los "servicios domésticos”. Los jesuítas, por su parte, querían utilizar a los indios conversos en provecho de su Compañía y opinaban que alcanzarían su fin si 285 aislaban totalmente su rebaño de los colonos. Ambas partes intentaron legalizar en Lisboa sus posiciones. En 1574 los colonos consiguieron un permiso del rey para reducir a la esclavitud a los indios prisioneros durante las "guerras legales" y para vender y comprar esclavos. Bien es verdad que el Gobierno aclaró entonces mismo que todos los indios residentes en las misiones eran libres. Pero los colonos hacían caso omiso de esas aclaraciones.

p La lucha entablada entre jesuítas y colonos en el siglo XVII fue muy sañuda y hubo hasta choques armados. Por regla general, triunfaban los colonos, y así se iban desplazando más y más, a lo hondo del país, las fronteras del territorio que conquistaban.

p En 1655 los jesuítas recibieron de Lisboa el poder seglar, además del religioso, sobre los indios independientes del Amazonas y lograron, al parecer, magníficos resultados. En el delta de este río, en la isla Marajo, en los cursos bajos del Tocantins y del Xingú y en las orillas del Amazonas, más arriba del Xingú, los indios levantaban a millares sus moradas alrededor de las misiones. Se bautizaba en masa incluso a los habitantes, declarados “antropófagos”, quién sabrá por qué, de las cuencas del Paranaíba y otros ríos del Brasil nororiental que surcaban la árida zona tropical de Caatinga, cubierta de árboles enanos, arbustos y, sobre todo, cactos.

p Así, los jesuítas llegaron a conocer las cuencas del Mearim, del Paranaíba y de otros ríos menores del noreste del Brasil que cruzan la Caatinga y la depresión costera, "sometiendo espiritualmente" a sus moradores. Pero todas las conquistas de los jesuítas redundaban en beneficio de los colonos que se dedicaban a la captura y trata de esclavos o eran esclavistas. Tan pronto como los jesuítas apaciguaron a los indios de la selva y las sabanas del norte del Brasil, los reunieron en grandes grupos y los empezaron a explotar, los colonos de Maranháo y Pernambuco detuvieron a todos los miembros de la Compañía, los embarcaron y los deportaron "para siempre" de sus colonias. Y los indios recién bautizados que no murieron a causa de las enfermedades o del hambre que las acompañaba o no huyeron a la selva o a las sabanas fueron reducidos 3 la esclavitud por los colonos.

En 1685 el Gobierno consiguió la conformidad de los colonos del norte para que los jesuítas retornasen. Pero éstos habían perdido ya el monopolio de la conversión de los indios al cristianismo y el poder seglar en los territorios de las misiones. Además, se comprometieron a ceder a los colonos durante seis meses al año, por un pago “ordinario”, a todos los indios bautizados y aptos para el trabajo. En consecuencia, en el noreste y en el este del 286 Brasil disminuyó tanto el número de indios que los plantadores y los otros colonos hubieron de recurrir a la importación masiva de esclavos africanos.

LOS PAULISTAS.
DESCUBRIMIENTO DE MINAS GERAIS
Y DE TODA LA CUENCA DEL RIO
SAN FRANCISCO

p En 1554, aproximadamente a 50 kilómetros al noroeste de la isla de San Vicente, en el curso alto del Tieté, en tierra firme, los jesuítas establecieron una misión que denominaron San Paulo. Con sobornos y promesas bautizaron a los jefes locales, y éstos les ayudaron luego a poblar los contornos de la nueva misión con centenares de familias indias. Más cerca del mar habíanse establecido colonos “mamelucos” (mestizos) de San Vicente. Luego de “poblar” su zona con los métodos que les eran habituales ( asesinato en masa de indios y reducción de los supervivientes a la esclavitud), los “mamelucos” hicieron varias incursiones a la vecina misión jesuítica, se apoderaron de ella, expulsaron a los religiosos y convirtieron San Paulo en base principal suya para ir a las regiones interiores de la Meseta del Brasil. Han entrado en la historia del Brasil con el nombre de paulistas.

p Antes de comenzar este movimiento, "la miseria que remaba en San Paulo se hizo proverbial" (Rocha Pombo). Parte de los colonos regresó al litoral; los pocos que se quedaron hicieron plantaciones de caña de azúcar con dinero obtenido por medios ilícitos de toda clase. Los restantes paulistas se agruparon en bandeiras para robar a los indios, hacerlos esclavos y explorar las regiones internas del continente; lo mismo que los conquistadores españoles, los bandeirantes brasileño-portugueses buscaban yacimientos de oro, plata y piedras preciosas en todas partes. El núcleo de estos destacamentos armados estaba comúnmente compuesto por " mamelucos bilingües, mucho peores, si es posible, que sus padres blancos... un tropel desaforado, pero valiente, intrépido y emprendedor. . ,"  [286•28 

p Los paulistas, igual que los colonos del centro y del norte del litoral, se entrometían en las guerras intestinas de las tribus, "guerras que los propios cristianos provocaban con el fin de esclavizar a los vencidos"  [286•29 . En los primeros decenios de su actividad 287 en el Brasil, cuando aún no poseían los métodos peculiares de cristianizar a los indios, los jesuítas eran de la opinión de los gobernantes brasileños de que "sólo después de vencido y domado por la violencia se hace el indio, en el mayor número de los casos, apto para recibir el influjo de la doctrina"  [287•30 .

p Los bandeirantes paulistas devastaron en breve plazo la franja sureste costera de la Meseta del Brasil. Parte de ellos pasó de los ríos del sistema del Paraná superior que fluyen hacia el oeste, por divisorias apenas perceptibles, a las fuentes de otros ríos que corren al norte, y allí siguieron la captura de esclavos. Bajando luego a los valles de ríos con reciales, los paulistas vieron que estos ríos convergían, formando uno grande que cruzaba la zona de las sabanas (Campos) y era navegable a gran distancia. Este río, lo mismo que sus fuentes, mana al norte, pero aún se tardó mucho en averiguar dónde desemboca en el mar. Sólo cuando se encontraron en el río con partidas de cazadores de esclavos de Bahía y Pernambuco lo identificaron con el San Francisco, cuya desembocadura se conocía ya desde comienzos del siglo XVI, y su curso bajo desde mediados del mismo siglo (su longitud es de más de 2.800 km).

p El primer explorador, cuya obra nos ha llegado, de este río fue Gabriel Suárez de Souza, quien navegó varias veces de Portugal^a Bahía y recorrió de abajo arriba, en busca del "país del oro”, gran parte del valle del San Francisco, unas veces en barca y otras a pie enjuto por las orillas para sortear los reciales. En 1587 Suárez escribió el Tratado descriptivo del Érasil, en el que, además de referir el estado de la colonia, expone valiosos datos geográficos.

p Ya en 1590, en una de las sierras, al norte de San Paulo, se hallaron yacimientos de oro. Eran pobres, se agotaron pronto, pero despertaron las esperanzas de encontrar oro en regiones más alejadas. A S#n Paulo llegaron también rumores de que, en el norte, había verdaderas "montañas de esmeraldas”. En búsqueda de estas “montañas” dirigió el paulista Fernán Dias País Lemi su bandeira hacia las fuentes del San Francisco en 1673. Primero caminó valle abajo del Paraíba, totalmente devastado por él mismo poco antes de esta exploración, cruzó luego la Serra de Mantiqueira y fue a parar en 1674 al río Velhas (tributario derecho del curso alto del San Francisco), dónde pasó más de tres años. Pais Lemi recibió el sobrenombre de "Rey de las Esmeraldas”, probablemente en burla, ya que las piedras que encontró en distintos 288 lugares eran variedades de turmalinas de poco valor. Su partida se diseminó pese a las rigurosas medidas que adoptó contra los descontentos.

p En el mismo año de 1673, Juan Amaro, oriundo de Bahía y jefe de una bandeira, penetró desde el este en medio de la cuenca del San Francisco, derrotó a las tribus de los botocudos y las desalojó de allí. Corrió muy al oeste la frontera de su región hasta el Tocantins medio, pero no encontró allí ni oro ni esmeraldas.

Fueron más afortunadas las búsquedas de oro en el curso alto del San Francisco: los primeros placeres auríferos fueron hallados allí entre 1675 y 1680, y entre 1697 y 1698 se descubrieron unos grandes yacimientos de oro cerca de las fuentes del Velhas y del Doce, que desagua en el océano al noreste de Río de Janeiro (el famoso centro aurífero de Ouro Preto, en las fuentes de ambos ríos, se fundó en 1694). A comienzos del siglo XVIII, las fuentes del San Francisco y del Doce recibieron el nombre de Minas Gerais.

DESCUBRIMIENTO DE LAS REGIONES DE GOYAZ
Y MATO GROSSO POR LOS PAULISTAS

p Caminando desde el San Francisco al oeste entre montículos de cima plana y laderas abruptas de 1.000 a 2.000 metros sobre el nivel del mar y tramontando sierras de poca altura, los paulistas fueron descubriendo consecutivamente en la segunda mitad del siglo XVII otros ríos que fluyen al norte a través del país de los pacíficos indios g o y a z. Al confluir, forman dos ríos grandes: el Tocantins y el Araguaya, afluente izquierdo del primero.

p No se sabe cuándo fue descubierta la región de Goyaz. Según una versión, era conocida ya antes de 1670. Según otra, el primero que penetró en el Tocantins y lo “exploró” a gran distancia, es decir, saqueó y se llevó cautivos a los indios locales en 1672, fue Pascual Pais de Araujo, que falleció en ese país. Existe una tercera versión, según la cual el primero en penetrar allá fue, en 1682, Bartolomé Bueno, da Silva, apodado Añanguera (Genio del Mal), quien regresó varios años después a San Paulo con gran cantidad de oro (las indias goyaz llevaban discos de oro por aderezos) y muchos esclavos. Añanguera iba acompañado a la sazón por su hijo, un mozalbete llamado también Bartolomé. Pasados muchos años y tras de haberse ganado el apodo de Añanguera Segundo durante una campaña de tres años por el país de los goyaz, fundó 289 en 1722 al oeste del Tocantins, a 16° de latitud sur, en el curso alto del Río Bermelho (afluente derecho del Araguaya), un poblado que se convirtió en 1726 en el centro de la región aureominera que posteriormente recibió el nombre de Goyaz.

p Otras bandeiras de paulistas fueron más allá del Araguaya, a occidente, y en el primer cuarto del siglo XVIII se vieron en una elevación árida, calcinada por el sol y cubierta de rala vegetación, que entró en la historia del Brasil con el inadecuado nombre de Mato Grosso  [289•31 . Se extiende a lo ancho entre los cursos altos del Araguaya y del Madeira. "Cuando va uno por el camino ordinario a Mato Grosso, cuesta mucho comprender por qué se ha llamado así esta región—escribe el etnógrafo brasileño E. Roquette Pinto, contemporáneo nuestro—. Aquí ocupan una extensión inmensa las estepas. .. Quien cruza Mato Grosso, nota que los ríos del sistema del Amazonas, que fluyen al norte, y los del sistema del Paraguay, que fluyen al sur, nacen, como hermanos gemelos, unos al lado de los otros. Entre ellos no hay montañas, y cada cual sigue su dirección como si obedeciera a su capricho”.

p Los primeros paulistas llegaron allí por los ríos del sistema del Paraná. En 1719 Pascual Moreira Cabral encontró oro cerca de las fuentes del Guiaba, afluente izquierdo del curso alto del Paraguay, que cruza una extensa depresión pantanosa. Entonces fue cuando Antonio Peres Campos penetró en Mato Grosso y permaneció allí cinco años (desde 1718 hasta 1723), arruinó y devastó la poblada Serra dos Pareéis, país montañoso de los indios p a r e c í s. Su compañero Miguel Sutil encontró allí oro en 1720. Y el hijo de Campos (Antonio Peres hijo), según el parecer de E. Roquette Pinto, "hizo en su cuenta rendida de 1723 una descripción tan pintoresca del país de los pareéis y de sus habitantes que podría ser la envidia de un etnógrafo contemporáneo”.

En los años 20 del siglo XVIII se inició el movimiento hacia las regiones auríferas de Mato Grosso y Goyaz de nutridos grupos de paulistas que tenían por monopolio suyo el territorio de estas zonas recién descubiertas. Pero allá fueron también a raudales buscadores de oro de Bahía, el noreste del Brasil y Portugal. 290 Los paulistas consideraban “forasteiros” a los llegados de otros sitios y les hacían la vida imposible. Pero acabaron venciendo los “forasteiros”, pues eran más. Posteriormente, los “forasteiros” lograron de Lisboa que se creasen las provincias de Goyaz (1744) y Mato Grosso (1748)  [290•32  independientes de San Paulo.

LAS RUTAS DE LOS “FORASTEIROS”
AL AMAZONAS

p Para disminuir la dependencia en que Mato Grosso se encontraba de los paulistas, los “forasteiros” procuraban mantener sus relaciones comerciales fundamentales con el mundo exterior por los grandes afluentes del Amazonas que corren hacia el norte, y no por las rutas que iban a morir a Santos o Río de Janeiro. Las rutas- nórdicas de la provincia de Goyaz eran el río Araguaya y el Tocantins, que llevaban las flotillas de ligeras embarcaciones mercantes al Para. Mas el camino se hacía muy pesado debido a la multitud de reciales: los indios tenían que llevar a hombros las embarcaciones y las mercancías, bordeando peligrosos trechos de rabiones.

p Las rutas comerciales de la parte occidental de Mato Grosso, donde estaban los placeres auríferos, eran los ríos del sistema del Madeira y del Tapajoz. La ruta Arenas-Juruá-Tapajoz, abundante en reciales, fue utilizada más tarde  [290•33 . Este sistema fluvial, lo mismo que el del Tocantins, no desempeñó nunca un papel de importancia en el tráfico comercial; además había grandes trechos totalmente inexplorados.

p El descubrimiento de la ruta de Mato Grosso por los ríos del sistema del Madeira se atribuye al capitán “forasteiro” de una bandeira y frustrado buscador de oro Manuel Félix de Lima. Buscando oro, caminó en 1742 hacia el oeste desde el curso alto del Paraguay, cerca de los 15° de latitud sur, y llegó al río Guaporé, que fluye mansamente al noroeste. Tras de recibir una serie de afluentes y hacerse más y más caudaloso, el Guaporé desemboca a los 12° de latitud sur en el Mamoré, más caudaloso aún, que fluye derecho al norte y, una vez une sus aguas con las copiosas del Beni, se transforma en el inmenso Madeira, que se abre paso 291 al noreste por la selva. Luego Lima descendió por el Amazonas al Para; y en Belem, aunque no en seguida, apreciaron la ventaja de la ruta fluvial continua, si bien muy larga, entre el Para y la región aurífera de Mato Grosso. En 1749 hizo el camino de regreso la primera expedición que conocemos de Francisco Leme.

p Así se descubrió la mayor ruta fluvial de importancia comercial por el interior del Brasil. Era mucho más larga que la trazada por los ríos del sistema del Tapajoz, pero mucho más ligera y cómoda, ya que la navegación era posible en todos los tramos y, además, para grandes barcos fluviales.

p Así, las búsquedas del oro llevaron a los paulistas a las fuentes de los enormes tributarios meridionales del Amazonas y al mismo centro del continente. Los paulistas corrieron la frontera de la colonia portuguesa, a través de la Meseta del Brasil, hasta su saliente extremo occidental, más allá de la Serra dos Pareéis. Y los “forasteiros” unieron el Brasil Central con la depresión del Amazonas, dejando emplazados por este río puestos comerciales y de transbordo. Así, abonaron el terreno para la expansión al oeste del valle del Amazonas, expansión que ensanchó en el siglo XIX las fronteras del Brasil hasta las estribaciones orientales de los Andes peruanos y centrales: La Montaña y Yungas.

p A mediados del siglo XVIII el Brasil daba más de la mitad del oro que se obtenía en todo el mundo. En los años 60 empezó el descenso, y a comienzos del siglo XIX daba ya la mitad de Hispanoamérica. Las viejas rutas fluviales eran abandonadas, y los conocimientos hidrográficos degradaban. Muchos ríos del sistema del Amazonas, conocidos por los paulistas en el siglo XVIII, se volvieron a descubrir más tarde. Así, el río Xingú, cuya cuenca era para los geógrafos una laguna en el mapa hasta el último cuarto del siglo XIX y donde, ya en el siglo XX, algunos fantaseadores buscaban el "mundo perdido”, incluso ese Xingú está trazado con bastante exactitud en el atlas de Stieler de 1823. No fue nunca una ruta comercial, pero los cazadores de esclavos y los buscadores de oro, como es natural, lo visitaron, y algunos de ellos presentaron cuentas rendidas y mapas de itinerarios a las autoridades coloniales. En las oficinas de los centros provinciales y de Río de Janeiro se levantaban, completaban y corregían los mapas generales cuyas copias iban a parar a manos de los cartógrafos europeos. Hasta la segunda mitad del siglo XIX fueron también ríos “misteriosos” afluentes tan grandes del Amazonas como el Juruá y el Purús. No obstante, en este mismo mapa del 292 atlas de Stieler de 1823 su curso está bien reflejado en lo fundamental.

Ahora bien, no cabe duda que vanos ríos grandes del sistema del Amazonas, afluentes de segundo y tercer orden, quedaron al margen de la atención de los geógrafos del siglo XIX, aunque, indiscutiblemente, los conocieron en sus marchas al oeste los buscadores brasileños de fortunas del período colonial. Cuéntanse entre esos ríos olvidados, por ejemplo, los caudalosos Aripuaná y Teles Pires (San Manuel), afluentes, de más de 1.000 km de longitud, del Madeira y del Tapajoz respectivamente.

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Notes

 [283•26]   La isla de Maranháo divide la desembocadura común de los ríos Mearim e Itapecurú en dos canales: el Occidental, o bahía de San Marcos, y el oriental, o bahía de San José.

 [284•27]   H. Boehmer. Die Jesuiten, Leipzig-Berlin, 1913, S. 106.

 [286•28]   A. Supan. Op. cit., pág. 61.

 [286•29]   R. Pombo. Op. cit., pág. 98.

 [287•30]   R. Pombo. Op. cit., pág. 100.

 [289•31]   La denominación de Mato Grosso se encuentra por primera vez a mediados de los años 30 del siglo XVIII; se adjudicaba a un paraje de uno de los tributarios superiores del Paraguay cubierto en nuestros días de espesos matorrales.

 [290•32]   Minas Gerais se separó ya en 1720 de San Paulo, y eso estimuló a los forasteros a la lucha contra los paulistas.

 [290•33]   "En 1746, el sargento Juan Souza Acevedo pasó con enorme dificultad del valle del Arenas al Para. Su cuenta rendida pasma por lo modesta" (E. Roquette Pinto).