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Tercera parte
DESCUBRIMIENTO
DE PATAGONIA,
LOS ANDES
Y LOS GRANDES RÍOS
DE AMERICA
DEL SUR
 
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DESCUBRIMIENTO
DE LA PLATA, PATAGONIA,
EL ESTRECHO DE MAGALLANES
Y LA TIERRA DEL FUEGO
 

SOLIS Y EL DESCUBRIMIENTO DE LA PLATA

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p Cuando falleció Américo Vespucio (1512), primer piloto mayor de Castilla, este nombramiento recayó en Juan Díaz de Solís. Tan pronto como llegó a España la noticia del descubrimiento de la "mar del Sur" en la zona tropical del hemisferio boreal, al otro lado de la cual suponíase en Europa con razón que se encontraban las verdaderas Indias, Solís, como piloto mayor, presentó un proyecto de buscar un paso marítimo en el hemisferio austral. A juicio de algunos cosmógrafos, ese paso debía encontrarse al sur del Brasil. Como los portugueses habían explorado ya en 1502 la costa brasileña hasta los 25° de latitud sur, por lo menos, y, según afirmara Vespucio, hasta los 32°, dicho paso a la "mar del Sur" debía buscarse más cerca aún del Polo.

p Se organizó una expedición de búsqueda en dos o tres naves, y el mando se confirió a Solís. En el último tercio de 1515 alcanzó el Brasil y, costeando el litoral hacia el sur y el sudoeste, cruzó los 25° de latitud sur. Luego comenzaba la costa aún sin explorar. Solís desembarcó varias veces y declaró oficialmente esta área del continente dominio de Castilla, ya que se encontraba, sin duda, al oeste de la línea del "reparto del mundo" hecho en 1494. Probablemente fue durante esta precisa navegación cuando se descubrió la isla costanera de Santa Catarina. Poco más o menos a unos 1.000 kilómetros de esta isla, el litoral tuerce bruscamente al oeste, y las carabelas de Solís entraron en 1516 en un inmenso bajío. El agua estaba turbia, no era ni azul celeste ni verde, como en alta mar, e iba enturbiándose más y siendo menos salada conforme se avanzaba hacia occidente. Así, a los 35° de latitud sur, Solís descubrió el "mar Dulce”, parecido al que en 1500 descubriera Vicente Pinzón junto al Ecuador. Tras un pequeño saliente (Montevideo), la costa doblaba al noroeste y, luego de avanzar otros 200 kilómetros, Solís se convenció de que en el "mar Dulce" desaguan dos ríos grandes que fluyen directamente desde el norte y noroeste (el Uruguay y el Paraná). Su desembocadura común recibió posteriormente el nombre de L a Plata.

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Poco después del descubrimiento del La Plata, Solís y el grupo de españoles que desembarcaron con él recibieron muerte de mano de los indígenas. No está muy claro el lugar donde perecieron, y por eso los historiadores discrepan en cuanto a la tribu culpable de la matanza, provocada probablemente por los españoles. Las carabelas de Solís tornaron a España en el mismo año de 1516. Según una versión, en la orilla del La Plata quedaron a la sazón varios caballos que se hicieron montaraces y, al cabo de varias decenas de años, se extendieron por toda la Pampa y la Patagonia hasta el estrecho de Magallanes  [176•1 .

MAGALLANES Y SU PROYECTO

p Fernán Magalháes, cuyo apellido rehicieron los españoles en Magallanes después de que éste pasara a su servicio, nació aproximadamente en 1480, en el norte de Portugal, en la provincia de Traz os Montes, en el hogar de un “fidalgo” pobre. Su primera navegación de altura, doblando el cabo de Buena Esperanza hacia el Asia Meridional, Magallanes la hizo como simple marinero de una escuadra enviada en 1504 ó 1505 a la conquista de la India, fue herido en 1507 y regresó a su patria. En 1509 navegó a Malaca, por lo visto ya graduado de oficial, y en 1511 participó en la conquista de dicha península. No más tarde de junio de 1512 llegó a Portugal, en 1513 fue con una expedición militar a Marruecos, recibió una herida en una pierna en combate con los marroquíes y quedó cojo. Cerca de 1516 Magallanes pidió a Manuel I que le aumentara el sueldo. El rey se lo denegó y declinó también su ruego de nombrarlo oficial de uno de los navios de altura, pero le permitió pasar al servicio de otro país.

p Hacia 1517 Magallanes fue a España, donde se asoció con el astrónomo portugués Ruy Palero, quien afirmaba que había en- _ contrado un método de calcular exactamente la longitud geográfica. Los dos se presentaron al Consejo de las Indias, en Sevilla. Palero declaró que las Molucas, ya a la sazón importantísima fuente de riquezas para Portugal, debían pertenecer a España, puesto que se encontraban, según sus cálculos, en el hemisferio occidental, o sea, en el español (según el "reparto del mundo" de 1494). Magallanes demostró de manera suasoria, remitiéndose a cierto mapa  [176•2 , que entre el Océano Atlántico y la "mar del Sur" 177 debía haber un estrecho hacia el sur del Brasil, que las Islas de la Especiería se encontraban en la misma "mar del Sur”, pero que había que acercarse a ellas desde el oeste para no despertar recelo o incluso no provocar hostilidades por parte de Portugal.

p El proyecto era seductivo, pero Magallanes y Palero exigían primero los mismos derechos y privilegios que se prometieran a Colón antes de su primera expedición. Los consejeros reales tuvieron un largo tira y afloja, arrancaron a la Corona algunas concesiones y, personalmente para ellos, una parte considerable de las ganancias que se esperaban obtener de la empresa. Carlos I sancionó el 22 de marzo de 1518 un tratado, según el cual se armarían a expensas del fisco cinco navios con provisiones para dos años.

Poco antes de zarpar la flotilla, Palero renunció a la empresa por la discordia que tuvo con su compañero, quedando Magallanes de "capitán general”, jefe unipersonal de la expedición. Izó su bandera en el navio Trinidad (110 Tm). A insistencia del Consejo de las Indias, capitanes de las otras naves fueron designados los españoles Juan de Cartagena para la San Antonio (120 Tm) que recibió asimismo atribuciones especiales para controlar toda la expedición (era familiar de Juan Fonseca, presidente del Consejo de las Indias); Gaspar de Quesada para la Concepción (90 Tm); Luis de Mendoza para la Victoria (85 Tm), y Juan Serrano para la Santiago (75 Tm). La dotación de toda la flotilla era (según los roles) de 239 personas; sin enrolar había a bordo 26 hombres, entre los que figuraban varios portugueses y el joven italiano Antonio Pigafetta, que posteriormente escribió el libro Relación del primer viaje alrededor del mundo. No era ni marino ni geógrafo, ni siquiera atento observador; su libro 110 ofrece suficientes datos para formarse una idea clara de la navegación de Magallanes por aguas americanas. No nos han llegado los diarios del propio Magallanes y de los otros destacados participantes en la expedición. Por suerte, se ha conservado el libro de a bordo de Francisco Albo, segundo piloto de la Trinidad, que llena algunas lagunas.

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DESCUBRIMIENTO DE PATAGONIA

p El 20 de septiembre de 1519, la flotilla salió de la desembocadura del Guadalquivir. Antes aún de hacerse a la mar, Magallanes ideó un buen sistema de señales, y los navios de su flotilla, de distinto tipo, no se diseminaron una sola vez al cruzar el Océano Atlántico. Tan pronto como la expedición abandonó las islas Canarias, Cartagena exigió que Magallanes consultara con él todo cambio de rumbo. El portugués respondió con calma y orgullo: "Usted está obligado a seguir de día tras mi bandera, y de noche tras mi fanal”. Pasados unos días, cuando Magallanes reunió a todos los capitanes en su nave, Cartagena volvió a plantear que se ejerciera en común el mando de la expedición. Entonces Magallanes, que, pese a su escasa altura, era muy fuerte, lo asió de ’improviso por la pechera y ordenó que lo tuvieran bajo vigilancia en la Victoria. Jefe de la San Antonio fue designado el participante supernumerario de la expedición Alvaro de Mesquita, pariente de Magallanes.

p A fines de noviembre la flotilla alcanzó el saliente oriental del Brasil, y hasta la primera década de enero de 1520 navegó rumbo al sur hasta la desembocadura del La Plata. Sin confiar, por lo visto, en las informaciones de los compañeros de Solís, Magallanes exploró ambas orillas del La Plata y envió la^ Santiago aguas arriba del Paraná. Como es natural, allí no había ningún paso marítimo. Parecióle a Pigafetta ver por primera vez a la orilla del La Plata "un indio de estatura gigantesca... cuya voz parecía el mugido de un toro”. Tras de explorar La Plata durante unas cuatro semanas, el 6 de febrero la expedición siguió bordeando la costa inexplorada del continente hacia el sur.

La flotilla navegaba muy despacio y con cautela y, aun así, al cabo de dos semanas la Victoria estuvo a punto de naufragar Debido a ello y a una tempestad, Magallanes prefirió mantenerse apartado de la costa y no volvió a aproximarse a ella hasta el 22 de febrero, cuando estuvo cerca de los 40° de latitud sur (según el libro de F. Albo). Si el cálculo de esta latitud está bien hecho, Magallanes arribó el 22 o el 23 de febrero a Bahía Blanca, pero, por lo visto, no fondeó en la isla Trinidad, tomándola, junto con las contiguas, por tierra firme. El 29 de febrero Magallanes descubrió a los 41° de latitud sur el golfo de San Matías, que se adentra bastante en la costa. Luego que lo hubo explorado y se hubo convencido de que allí tampoco había ningún paso marítimo, la expedición prosiguió las búsquedas al sur y pasó por delante de Golfo Nuevo, doblando la península de Valdés, y a lo 179 largo de la ’costa de otro golfo (de San Jorge), muy abierto al océano. Comenzó el otoño, y la flotilla se vio en la parte oceánica que recibiera en el siglo XIX la denominación de " rugientes latitudes cuarenta”.

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p "Continuando nuestro rumbo hacia el Polo Antartico, costeando ahora —escribe Pigafetta—-vinimos a dar con dos islas llenas de ansarones y de lobos marinos”. De "lobos marinos" habla también Albo. A los 48° de latitud sur hay una pequeña ensenada que, mucho más tarde, los pescadores de animales marinos denominaron Bahía Oso Marino. Algunos comentaristas identifican con este motivo, no muy convincente, los lugares en que ambos compañeros de Magallanes vieron los "lobos marinos" y la cercana desembocadura del río Deseado.

p Finalizaba ya marzo y se avecinaba el invierno. Este lugar no pareció a Magallanes un albergue bastante seguro. Algo más al sur se halló otra ensenada, la de San Julián, cuya situación determinó Albo con bastante exactitud para entonces (49°40’. En realidad, 49°15’ de lat. S.).

p Persuadido de que aquella ensenada podía ser un refugio contra las tempestades del invierno, Magallanes ordenó que fondearan en ella todas las naves menos la Trinidad que, por precaución, ancló delante de la entrada de la bahía.

p Los oficiales españoles decidieron obligar a Magallanes a "cumplir las instrucciones reales”, o sea, volver hacia el cabo de Buena Esperanza a fin de pasar hacia las Molucas por el rumbo oriental. Aquella misma noche estalló una sublevación. Cartagena fue puesto en libertad. Los amotinados se adueñaron de tres naves: la Victoria, la Concepción y la San Antonio; detuvieron a Mesquita, y Quesada hirió de gravedad al piloto de la San 180 Antonio que guardaba fidelidad a Magallanes. Encañonaron la 7 rinidad y exigieron que Magallanes compareciese ante ellos para negociar. Así pues, contra dos naves de Magallanes se enfrentaban tres sublevadas y listas a dar batalla. Pero los oficiales amotinados desconfiaban de sus marineros, y en una nave incluso hubo que desarmarlos.

p Magallanes mostró en aquellos graves momentos decisión y sangre fría. Envió a un alguacil que le era fiel, Gonzalo Gómez de Espinosa, y a varios marineros a la Victoria a invitar al capitán Mendoza a la ’Trinidad para conversar. Mendoza rehusó. Entonces el alguacil le clavó un puñal en el cuello, y un marinero lo remató. El portugués Duarte Barbosa, adicto y cuñado de Magallanes, se adueñó rápidamente de la Victoria y fue designado capitán de la misma. Los sublevados contaban ya sólo con dos naves, y para que no pudieran desertar, el precavido Magallanes ocupó de antemano, como se ha dicho antes, una cómoda posición junto a la salida de la bahía. La San Antonio intentó abrirse paso al océano, pero los marineros, después de la primera salva disparada desde la Trinidad, ataron a los oficiales y se entregaron. Lo mismo ocurrió en la Concepción.

p Magallanes trató con dureza a los capitanes sublevados: mandó decapitar a Quesada, descuartizar el cadáver de Mendoza y desembarcar en una costa desierta a Cartagena y un sacerdote confabulado. A los otros amotinados, incluido el vasco Juan Sebastián Elcano, subpiloto de la Concepción, que había encañonado a la Trinidad, los perdonó.

p A mediados de mayo Magallanes envió al sur, de reconocimiento, a Juan Serrano en la nave Santiago, pero ésta se estrelló contra una roca cerca del río Santa Cruz (50° de lat. S.), y la tripulación a duras penas logró salvarse (pereció sólo un marinero). Magallanes nombró a Serrano capitán de la Concepción.

p A la bahía de San Julián se acercaron indios de alta estatura, que fueron denominados patagones, y su país llámase desde entonces Patagonia. Pigafetta los describió de manera exagerada como verdaderos gigantones. A fines de agosto, los cuatro navios salieron de la bahía y navegaron hacia la desembocadura del Santa Cruz, donde los marineros permanecieron hasta mediados de octubre, aguardando la primavera.

p Antes de hacerse a la mar, Magallanes avisó a los capitanes que iba a buscar en el sur un paso a la "mar del Sur" y torcería al este únicamente en el caso de que no encontrase un estrecho antes de llegar a los 75° de latitud sur. Por consiguiente, él mismo dudaba de que existiera un estrecho de “Patagonia”, pero quería 181 proseguir la empresa hasta la última posibilidad. El 18 de octubre de 1520 la flotilla zarpó y navegó hacia el sur, bordeando la costa patagónica, que describe en esta zona, entre los 50 y los 52° de latitud sur, un gran arco (Bahía Grande). Esta bahía, angosta y muy enclavada en tierra, que podía ser y, en efecto, era la ansiada entrada al estrecho que une los dos océanos, se divisó al cabo de tres días, el 21 de octubre de 1520, pasados los 52° de latitud sur.

Para entonces, Magallanes había descubierto la costa oriental de América del Sur a lo largo de más de 4.000 km entre los 34 y 52° de latitud sur, tras de haber explorado, al paso, las costas de las cuatro bahías grandes, muy abiertas.

DESCUBRIMIENTO DE LA TIERRA DEL FUEGO
Y DEL ESTRECHO DE MAGALLANES

p Tan pronto como la flotilla dobló el Cabo Vírgenes, torció a occidente, y Magallanes envió dos naves a explorar si había por allí alguna salida a alta mar. Por la noche se levantó una tempestad que duró dos días. Los hombres enviados delante corrían peligro de muerte, pero en el instante más grave divisaron un angosto estrecho, se introdujeron en él y se vieron en una bahía relativamente ancha. Entonces los capitanes de las dos naves decidieron tornar y poner en conocimiento de Magallanes que, por lo visto, habían encontrado un paso que conducía a la "mar del Sur": "... Vimos aparecer ambas naos, inflado el velamen, y acercarse batiendo a la brisa sus banderolas. Ya junto a las nuestras, atronaron muchas bombardas y gritos; después, alineadas las cuatro, dando gracias a Dios y a la Virgen María, avanzamos en busca de más allá”.

p No obstante, aún faltaba mucho hasta la salida a la "mar del Sur”. Magallanes condujo cuidadosamente la flotilla por los angostos estrechos, hasta que encontró dos a los 53°30’ de latitud sur: "uno al sudeste, y otro al sudoeste" (junto a la isla Dawson). Envió la San Antonio y la Concepción al sudeste y llevó las otras dos naves por el estrecho del sudoeste.

“Recorriendo el estrecho detenidamente, llegamos a un río que llamamos "Río de las Sardinas”, según la gran cantidad de ellas en su barra; y fuimos entreteniéndonos en todo cuatro días, por tal de hacer tiempo en que se nos unieran las otras dos naos. Durante cuyos días enviamos una lancha bien acondicionada para que otease el cabo del otro mar. Volvió, anocheciendo el tercer día, y explicándonos que habían encontrado el cabo, sí, y el ancho 182 mar también. El capitán general lloró de alegría, designando a aquél "Cabo Deseado”, porque lo deseamos todos tanto tiempo. Volvimos atrás, en busca de las otras dos naves, pero no encontramos sino a la Concepción"’.

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p Las palabras de Pigafetta y las anotaciones de Albo no dejan lugar a dudas de que en estos días la Trinidad y la Victoria habían doblado el extremo meridional del continente americano, la p e n í n s u1 a que los hidrógrafos ingleses bautizaron con el nombre de Brunswick.

p Al sudeste, la Concepción entró en un estrecho sin salida, o bahía Inútil, y dio la vuelta. La San Antonio entró en otro estrecho sin salida (rama sudoriental del largo y angosto canal Whiteside). Al no ver, durante el regreso, la flotilla donde la habían dejado, los oficiales de la San Antonio volvieron a sublevarse, hirieron y aherrojaron a Mesquita, eligieron a otro por capitán y retornaron a España. Para justificarse, los desertores acusaron a Magallanes de traición y los creyeron. Mesquita fue detenido, y la familia de Magallanes, privada del subsidio fiscal. Su mujer y su hijo murieron en la miseria poco después.

p Pero Magallanes desconocía las circunstancias de la desaparición de la San Antonio y creía que habría naufragado, pues Mesquita era un. amigo suyo de verdad. Luego de perder en vano el tiempo buscando la nave perdida, siguió su navegación.

p Desde Brunswick, cruzando por el estrecho de “Patagonia”, que, pasada la península, se hacía muy angosto, Magallanes condujo cinco días más (del 23 al 28 de noviembre) las naves al 183 noroeste como si fuera por el fondo de un desfiladero. Las altas y acantiladas orillas parecían desiertas, pero al sur veíanse de día el humo, y, de noche, las llamas de hogueras. Magallanes denominó esta tierra meridional, cuyas dimensiones desconocía, Tierra de los Fuegos. Según otra versión, la denominó Tierra de los Humos (así figura en el mapa español de 1529). Pero Carlos I la denominó Tierra de los Fuegos ya que "no hay humo sin fuego”.

p Si Magallanes tomó realmente esta tierra por un saliente del "continente austral”, podía referirse únicamente a su parte oriental. Cuando las naves avanzaban por el oeste del estrecho, los marineros supusieron con tino que al sur de donde se hallaban no se extendía tierra continental, sino una hilera de islas: "Nos parecía oír—confesaron los compañeros de Magallanes que sobrevivieron—la resaca al otro lado de las rocas”. Mas la salvedad "nos parecía" es testimonio de que ellos mismos dudaban de que la conjetura fuera cierta, y Pigafetta representó la Tierra del Fuego en su mapa como un territorio continuo.

p Treinta y ocho días después de que Magallanes encontrara la entrada oriental del estrecho de “Patagonia”, dobló el Cabo Deseado (Pilar) junto a la salida occidental del mismo que, posteriormente, fue denominado de Magallanes (cerca de 550 km de longitud).

p Así, Magallanes salió finalmente el 28 de noviembre de 1520 a un océano sin nombre aún que él no tenía fundamento para identificar ni con la "mar del Sur”, descubierta por Balboa, ni con el "océano Oriental”, donde se encuentran las Molucas. Condujo sus naves al norte. El 1 de diciembre divisaron por última vez tierra al este, cerca de los 48° de latitud sur, probablemente una de las islas del archipiélago de Chile. Por regla general, se estima que las naves llevaban rumbo norte aproximadamente hasta los 30°30’ de latitud sur y luego lo cambiaron hacia el O.N.O. Magallanes sabía que las Molucas estaban cerca del Ecuador, y los historiadores no pueden comprender por qué cruzó el Ecuador y fue más allá de los 10° de latitud norte. Pero es que cerca de este paralelo se encuentra la "mar del Sur" que ya conocían los españoles, y es posible que Magallanes quisiera persuadirse de que era en realidad una parte del océano que acababa de descubrir.

Durante la travesía ininterrumpida por el océano, los marineros pasaron muchas fatigas y enfermaron de escorbuto debido a la falta de agua y alimentos. Pero el tiempo era excelente todos los días, y por eso el océano recibió el nombre de Pacífico (Pigafetta fue el primero en utilizar la expresión "la inmensidad del mar Pacífico”).

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DISCUSIÓN EN TORNO A LAS MOLUCAS
Y EXPEDICIÓN DE LOAYSA

p El 6 de septiembre de 1522, la carabela Victoria, capitaneada por Juan Sebastián Elcano, arribó a la desembocadura del Guadalquivir, luego de haber dado la primera vuelta al mundo en la historia. De las tres naves que zarparon hacia el Océano Pacífico, sólo la Victoria tornó a España: la Concepción, desvencijada, fue dada al fuego por la tripulación junto a las Filipinas, y la Trinidad, que después de la muerte de Magallanes (27 de abril de 1521) tuvo por capitán a Gonzalo de Espinosa, fue apresada por los portugueses cerca de las Molucas tras una infructuosa tentativa de regresar a América. Pero la Victoria trajo tantas especias que su venta no sólo resarció los gastos de la expedición, sino que dio cuantiosa ganancia. El resultado político fue muy importante. España obtenía el "derecho de primer descubrimiento" de las Filipinas, en el mar de China Meridional, muy cercanas a las Molucas.

p Así, quedó demostrado, y ya no en teoría, sino en la práctica, que a las "Islas de la Especiería" llevaban dos caminos en direcciones opuestas. ¿A quién, en tal caso, debían pertenecer las Molucas? Pues la línea de demarcación de 1494 estaba trazada sólo por el Océano Atlántico, y no se sabía cómo debía pasar por el lado opuesto del globo terráqueo, a través del Océano Pacífico. En una tentativa de dirimir pacíficamente el litigio, ambos gobiernos sometieron la cuestión al dictamen del Congreso de Badajoz, constituido según el principio de la paridad. El congreso sostuvo debates infructuosos durante 50 días. Entre otras cosas, las disensiones de ambas partes en la determinación de la latitud de las Molucas llegaban a 46°.

p Entonces los españoles decidieron no respetar abiertamente el monopolio portugués del comercio con las Molucas. Se armaron seis naves con una tripulación total de 450 hombres. Para jefe fue designado García Jofre Loaysa, y piloto jefe, Elcano.

p Loaysa izó su bandera en la nave Santa María de la Victoria (300 Tm), Elcano se encontraba en la Sancti Spiritus (200 Tm). Otras dos naves desplazaban más de 150 Tm cada una, y tres embarcaciones pequeñas eran de 50 a 80 Tm. A fines de julio de 1525, la flotilla se hizo a la vela.

p Loaysa no tenía experiencia de navegaciones de altura, y Elcano, buen capitán de la pequeña Victoria, resultó ser un mal jefe de la flotilla. Como ésta constaba de embarcaciones muy distintas, cruzaba el océano muy despacio. A fines de 1525 cerca de las 185 costas de Patagonia, pasados los 48° de latitud sur, una tempestad diseminó las naves, y Loaysa logró reunirse en enero de 1526 primero con dos de ellas, y en el cabo, junto al estrecho de Magallanes, encontró a un grupo de hombres del Sancti Spirilus, que se había ido a pique por culpa de Elcano. Resultó que el propio Elcano había pasado con algunos marineros a otra nave y entró en el estrecho con otras dos naves, dejando a la mayor parte de sus hombres en el cabo so pretexto de "recoger todo lo que se pudiera del naufragio”. Loaysa encontró en el estrecho las tres naves y ordenó a Elcano que tornara en el acto al cabo y trajera a la gente abandonada y los cargamentos salvados.

p El 8 de febrero se desencadenó otra tempestad sobre la flotilla. Con la particularidad de que la nave San Lesmes (80 Tm), mandada por Francisco de Hoces, fue arrastrada por un temporal muy lejos, al sur, hasta los 55° de latitud sur. En el parte rendido, Hoces dijo que había visto el "fin de la Tierra”, es decir, o el cabo sudeste de la isla principal de la Tierra del Fuego, o una de las islas meridionales, tras la que se extendía el mar. Este era un descubrimiento de importancia, pues resultaba que se podía pasar del Océano Atlántico al Pacífico sin entrar en el estrecho de Magallanes, sinuoso y lleno de peligros. A la sazón no se hizo gran caso del descubrimiento de Hoces, y él tampoco lo utilizó: dobló al norte, y a mediados de febrero encontró, en la desembocadura del río Santa Cruz, la nave de Loaysa y dos pequeñas embarcaciones (dos grandes habían desertado durante un temporal).

p Los marineros se pusieron a reparar las naves, muy vapuleadas. Se alimentaban principalmente con pescado y carne de foca. A fines de marzo de 1526, la flotilla levó anclas. Elcano pasó a la nave de Loaysa. El 5 de abril, la flotilla entró de nuevo en el estrecho de Magallanes y, tras de recorrerlo, levantando una detallada descripción de sus orillas, salió, al cabo de siete semanas, al Océano Pacífico. Tan pronto como viró al norte, cerca de los 51° de latitud sur una tempestad separó definitivamente las naves. Hoces y toda la tripulación del San Lesmes desaparecieron. Loaysa y Elcano murieron en el viaje; su nave arribó a las Molucas completamente destartalada, y la tripulación la abandonó. Otra nave, la Parral (80 Tm), arribó a las Filipinas y naufragó al sur de la isla Mindanao.

En la Santiago, la nave más pequeña (50-60 Tm), había pocas reservas de víveres. Por eso su capitán, Guevara, tomó rumbo al norte, probablemente con la esperanza de llegar al Panamá. La costa occidental de Sudamérica aún se desconocía a la sazón, pero Guevara confiaba en que no encontraría en toda la travesía al norte 186 grandes salientes de tierra que hubiera de bordear, afrontando riesgos y perdiendo tiempo. Sus esperanzas no se vieron defraudadas. Su navegación a la ventura sucedió sin novedad, y las corrientes y los vientos le fueron favorables. Luego de ocho semanas de travesía, Guevara llegó al istmo de Tehuantepec, y los marineros vieron sólo una vez, al este (a 3° de lat. N., dos semanas antes de dar fin a la travesía), cierta tierra. Esta travesía de cerca de 7.500 km, sin escala, rumbo al norte, por el océano, desde los 51° de latitud sur hasta los 16° de latitud norte, probó de manera suasoria que la parte meridional del continente no tiene grandes salientes al oeste y que, por tanto, su forma es triangular. En el mapa de Diego Rivera de 1529 América del Sur está representada, teniendo en cuenta la navegación de Guevara.

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Notes

[176•1]   Según otra versión, transmitida por Carlos Darwin, los primeros caballos fueron desembarcados en la orilla del La Plata veinte años después, o sea, en 1537.

[176•2]   Según dice Antonio Pigafetta, Magallanes tenía en cuenta el "mapa del tesoro del rey de Portugal, levantado por un varón tan ilustre como fue Martín Behaim”, cuando, tranquilizando a sus compañeros de viaje, afirmó que desde el estrecho de “Patagonia” había salida al oeste. No hay ningún otro dato de la existencia de ese mapa. Pudo haberse equivocado el propio Pigafetta o el propio Magallanes. Es posible, por último, que atribuyera conscientemente su mapa del Brasil al "ilustre varón" para dar más peso a sus argumentos ante el Consejo de las Indias.