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EXPLORACIÓN
DEL AMAZONAS EN LOS SIGLOS
XVII Y XVIII
 

LOS PORTUGUESES EN EL DELTA DEL AMAZONAS.
DESCUBRIMIENTO DEL RIO PARA

p A comienzos del siglo XVII el gran delta del Amazonas aún era totalmente una laguna en los mapas. Gentes de varias potencias marítimas rivales establecieron algunos puntos fuertes de colonización al norte del delta, en la costa guayana, y más al este del delta, en la costa septentrional del Brasil. Los españoles no pretendían a la desembocadura del Amazonas, ya que en los mapas estaba señalada al este de la línea de demarcación de 1494. Podían emprender las búsquedas de las imaginarias riquezas de los países del "río de Orellana" desde el oeste, bajando por el Marañón o por uno de los afluentes andinos del Amazonas. Pero los resultados de las expediciones fluviales en modo alguno podían animar a los españoles, y, por lo que sabemos, sólo en los años 30 del siglo XVII volvieron a pasar de los Andes al océano por la ruta de Orellana.

p Los portugueses tampoco creerían en la existencia de "vastos, ricos y hermosos imperios junto al río de las Amazonas”. Hasta mediados del siglo XVII, les interesaba mucho más la suerte de la costa septentrional del Brasil que intentaron ocupar los franceses, los ingleses y los holandeses. Eso es lo que movió a los portugueses a acometer allí enérgicas acciones.

p En 1615, Francisco Caldeira llevó al Brasil refuerzos para combatir a los franceses. En noviembre, los portugueses se afianzaron en la isla Maranháo (véase el cap. 32), y el 25 de diciembre Caldeira comenzó una exploración por mar hacia el delta del Amazonas con un destacamento de 200 hombres. Costeando hacia el noroeste una distancia de más de 500 kilómetros, entró en una ensenada que resultó ser la desembocadura del caudaloso río Para. Remontó la corriente de este río a lo largo de más de 100 kilómetros del mar y desembarcó en la orilla oriental, junto a la confluencia del río Guama, y a comienzos de 1616 inició las obras de una fortaleza, en torno de la cual se construyó luego una villa que recibió el nombre cristiano de Belem y el de ciudad de Para  [274•20 . 275 Poco después de la fundación de Belem, los colonos descubrieron a 100 kilómetros, corriente arriba, la desembocadura del ancho río Tocantins, que fluye desde el sur y lleva su caudal de agua oscura y transparente a la turbia y amarillenta del Para.

p La colonización "allí se comenzó en medio de toda clase de acusaciones y discordias... Caldeira... entró en conflicto con la tropa, y fue depuesto y apresado... Pero las disensiones no cesaron. .. Dos hombres destemplados, pero firmes, se alternaron (desde 1620) en el gobierno de la colonia.. .”  [275•21 

p En 1623, un destacamento enviado de Belem al oeste remontó el Para hasta un lugar donde el río se desborda, formando muchos islotes, y desemboca en él, por el norte, una maraña de riachuelos. Siguiendo, sin duda, las indicaciones de los indios locales, el destacamento fue a dar desde este laberinto fluvial en el Amazonas, que allí corre al noroeste. Así se acabó de demostrar, por si antes lo ponían en duda los colonos, que el territorio adyacente al Para por el norte no es continental, sino una gran isla, la Marajo, que mide 48.000 km2 de superficie. El destacamento se remontó desde esta isla hasta la desembocadura del Xingú, donde los holandeses habían levantado un fuerte y los desalojó de allí.

p La franja de litoral explorada entre 1615 y 1623 por los portugueses se extendía desde la isla de Maranháo hasta la de Marajo. El territorio era extenso y exuberante, pero allí reinaba un gran desorden. Rocha Pombo explica este “desorden” por la presencia en la costa de "unos aventureros que hacían con los salvajes largo tráfico... Por allí se acumulaban hordas insumisas que los portugueses habían acosado desde el sur, y el odio antiguo de los indígenas se recrudeció con la astucia de los traficantes... Hubo un momento en que desde la Maranháo hasta el Amazonas se desencadenó una verdadera guerra por los ríos y las selvas"  [275•22 .

Dicho con otras palabras, los “astutos” rivales europeos de los portugueses aprovecharon en beneficio de sus intereses comerciales el legítimo odio de los indios del noreste del Brasil a los colonizadores, que habían reducido a la esclavitud a parte de los aborígenes, exterminando o acosando hasta la selva del Amazonas inferior a los insumisos.

LA EXPEDICIÓN DE TEXEIRA Y AGOSTA
AL AMAZONAS

p Por lo visto, los habitantes de Belem encontraron un lenguaje común con los contrabandistas. La importancia comercial de la 276 ciudad iba en aumento, pues se encontraba muy bien situada en el centro de una zona ribereña sin colonizar por los portugueses que, además, controlaba la salida de toda la “Amazonia” al mar. Los paraenses (así eran denominados hasta el siglo XIX los habitantes de Belem, por entonces único centro comercial de importancia en la depresión ecuatorial) mostraron interés por el gran río en cuyo delta se habían establecido. Se necesitaba un impulso para que los prósperos habitantes de Belem dedicasen cuantiosas sumas a organizar una gran expedición exploradora. Ese impulso fue la llegada a la ciudad, en 1637, de siete españoles de Quito, entre los que se encontraban dos frailes franciscanos que, en la búsqueda de Eldorado, habían cruzado la Cordillera Oriental y descendido por el Ñapo y el Amazonas, realizando así la tercera travesía del continente, después de Orellana y Aguirre. Si eso hubiera sucedido en el siglo XVI, los portugueses habrían ahorcado o dejado pudrir en mazmorras a los españoles que se internaron en sus posesiones. Pero desde 1581 hasta 1640 la propia Portugal pertenecía a España. Por otra parte, las autoridades locales sudamericanas velaban por que los portugueses no fueran demasiado lejos al oeste, ni los españoles al este.

p Según palabras de Rocha Pombo, encabezaba la expedición portuguesa Pedro Texeira, un hombre "destemplado, pero firme”. Fue designado piloto mayor Bento Acosta, que llevaba el diario de la expedición. Por lo visto, conocía a la perfección desde antes el curso bajo del Amazonas, pues condujo magistralmente la flotilla de Belem al Amazonas por el Para y la maraña de riachuelos. La flotilla era grande: Texeira disponía de más de 45 embarcaciones con 70 soldados portugueses y, según diversos cálculos, entre 900 y 1.200 guerreros indios y remeros y otras tantas mujeres y niños a bordo.

p A fines de julio de 1637 la expedición de Texeira comenzó a remontar el Amazonas. Los paraenses se habían formado ya por entonces y transmitido a sus descendientes una idea del río que, pasados más de tres siglos, comprobó con una experiencia de once años y corroboró el famoso naturalista inglés Henry Walter Bates.

p “Los paraenses denominan con orgullo el Amazonas el Mediterráneo de Sudamérica... no sólo porque el propio río y sus afluentes principales tienen un caudal inmenso de agua que baña extensas y variadas regiones, sino porque hay por todas partes un sistema de brazos unidos con los ríos principales por estrechos riachuelos que forman juntos varios lagos (largos)... Por eso todo el valle del Amazonas está cubierto de una red de aguas 277 navegables que más bien constituyen un inmenso mar dulce interior con infinitas ramificaciones que un río"  [277•23 .

p Según palabras de Acosta, la “Amazonia” es un mundo singular de mayores proporciones que cualquier otro país descubierto en América. La navegación aguas arriba del gran río y su tributario, el Ñapo, duró cerca de diez meses. Por orden de Texeira, el piloto no se limitaba a buscar cómodos atracaderos en el propio Amazonas, sino que remontaba a cierta distancia sus grandes afluentes, empleando en ello dos o tres días. Sin eso, según el parecer de Acosta, el río puede remontarse en dos meses.

p Entre los importantes datos geográficos insertos en la cuenta rendida de Texeira hay una mención directa a la bifurcación del Orinoco. Por las respuestas de los indios de Río Negro, Acosta dedujo que este río se comunica por un lado con el Amazonas, y por el otro con la "mar del Norte" (Océano Atlántico), a la vista de la isla de Trinidad, mediante un caudal "que se cree es el famoso Orinoco”. La expedición de Texeira finalizó en las primeras fechas de agosto tras de navegar el curso alto del Ñapo y pasar a Quito por un elevado puerto.

p Entonces les llegó el turno de alarmarse a los gobernantes españoles del Perú, quienes tampoco se atrevieron a tomar represalias contra los subditos de un rey común, pero ordenaron a los portugueses que retornaran a Belem, enviando con ellos de observadores a dos jesuítas. Uno era Cristóbal de Acuña, quien comenzó luego el libro Nuevo descubrimiento del gran río Amazonas y lo terminó de escribir en Madrid en 1641. Para ello, Acuña utilizó sus observaciones personales, la cuenta rendida de Texeira (si es que no la compuso él mismo) y el diario y los relatos de Acosta, de quien dio testimonio de ser un hombre muy ducho en descubrimientos de este género que navegó tanto por el Amazonas como por sus tributarios, exploró el país hasta llegar a Quito e hizo notar cuan extenso era el país y numerosa su población.

p Este elogio va incluido en un texto que permite dudar de la veracidad de Acosta o del propio Acuña. Por lo visto, el jesuita tenía algún motivo para infundir a los lectores la opinión de que la “Amazonia” estaba muy poblada. El mismo realizó la navegación río abajo y, por lo tanto, debió ver también cómo estaban pobladas sus márgenes. Pero de eso no dice nada, pues podía ser culpado de faltar él a la verdad; en cambio, atribuyó a Acosta el parecer, que se formó durante la navegación corriente arrifa a, de que toda la región del río "de las Amazonas" estaba 278 poblada por un número tan incontable de indios que Bento Acosta llegó a decir que si se disparaba una flecha desde el cielo, daría ineludiblemente en la cabeza de algún indio, y que de indios no sólo pululaban las orillas del Amazonas, sino las de sus tributarios, por los cuales había navegado durante tres o cuatro días el piloto y, según palabras de éste, era un reino densamente poblado.. .

p Aun así, y a despecho del escepticismo despertado por la descocada mendacidad de Carvajal y los amaños de Acuña, no puede ponerse en duda que el valle del Amazonas estaba a la sazón mucho más poblado que en los siglos XVIII y XIX, cuando fueron allá científicos y destacaron que muchas zonas adyacentes al río estaban despobladas y las otras muy poco pobladas: ésas fueron las consecuencias de las incursiones de los colonizadores, que llevaron a los indios enfermedades, el cautiverio y el exterminio en masa.

p La expedición de Texeira, con los jesuítas impuestos, partió de Quito el 16 de febrero de 1639 y llegó a Belem el 12 de diciembre del mismo año, empleando casi el mismo tiempo en remontar y descender la corriente del Amazonas. No cabe duda de que Acosta exploró también durante el descenso el curso bajo de los tributarios del Amazonas. "El éxito de esta notable empresa dejó bien sentado que ya por aquellas tempranas fechas era fácil la navegación por el río, accesible el país y buena la disposición de los aborígenes"  [278•24 .

Pedro Texeira falleció poco después (en 1640). Pero los destacamentos de paraenses siguieron desde entonces navegando por el Amazonas hasta la desembocadura del Río Negro para traficar con los indios y reducirlos a la esclavitud. Por aquellos años, aproximadamente, un grupo de paraenses ascendió por el Tocantins, cruzando sus reciales, hasta los 6° de latitud sur, descubriendo al paso, más allá de los 5° de la misma latitud, la desembocadura del Araguaya, el mayor afluente del Tocantins.

EL JESUÍTA FRITZ EN EL AMAZONAS

p Los jesuítas comenzaron a actuar ya por el curso alto del Amazonas en beneficio de la Corona española y de su compañía religiosa desde fines del siglo XVI. En los primeros años del XVII pasaron de Quito a la parte noroeste del valle del Amazonas y, luego de varias exploraciones, fundaron allí la primera misión entre los indios de esta zona (1638). De las regiones centrales del Perú pasaron al curso bajo del Huallaga y descendieron 279 a mediados del siglo XVII a la desembocadura del Ñapo, uniendo así las rutas de los misioneros septentrionales con las suyas.

p Los misioneros franciscanos se abrieron por entonces camino al este de Lima. Siguiendo los pasos de los buscadores de Eldorado y de los entendidos en minerales, “civilizaban” La Montaña peruana, cruzada por el Ucayalí, que fluye hacia el norte.

p Más al sur, por el lado del lago Titicaca, los buscadores españoles de Eldorado tramontaron la Cordillera Oriental y descubrieron la meseta Yungas, surcada hacia el noreste y el norte por caudalosos ríos, incluido el Beni (1670). Posteriormente se demostró que, al confluir, estos ríos forman el inmenso Madeira, cuya desembocadura era bien conocida ya en el siglo XVI. Los franciscanos y los jesuitas que ’seguían a los aventureros comenzaron a “civilizar” a los indios de la meseta Yungas y del extremo suroccidental de la depresión del Amazonas.

p De entre los jesuitas que actuaron en el siglo XVII en la depresión del Amazonas destaca el checo Pedro Samuel Fritz (nació en 1654). En 1684 fue enviado a Quito y, de allí, al Amazonas superior. Descendiendo poco a poco por la corriente del río, Fritz fundó a sus orillas y en los cursos bajos de sus afluentes poblados de indios bautizados que recibieron el nombre de reducciones. En 1688 pasó al Solimoes, sito entre las desembocaduras del Iza y del Río Negro. Para fundar la reducción más alejada de los Andes eligió en el centro del Solimoes un paraje muy cómodo del Amazonas: el lago Tefe, en cuya orilla derecha, enfrente de la desembocadura del Japurá, fundó el pueblo de Ega (hoy Tefe).

p Para atraer a los indios a las reducciones, Fritz recorrió en barca los poblados contiguos y distantes y estudió detenidamente la vida y las costumbres de las tribus residentes junto a los ríos. Sus descripciones tienen gran valor histórico, ya que algunas tribus del Alto Amazonas y del Solimoes desaparecieron posteriormente como consecuencia de la “benéfica” labor de los propios jesuitas y de las correrías de los portugueses y brasileños, sobre todo paraenses, tratantes de esclavos.

p En 1689 Fritz enfermó de gravedad y fue a curarse a Belem. Mas, rota la unión hispano-portuguesa en 1640, los paraenses ya no tenían motivos para apiadarse de quienes ellos tenían por espías españoles, fueran seglares o religiosos; contra los jesuitas alimentaban un odio especial. Encarcelaron a Fritz, y fue precisa la intercesión de la Compañía de Jesús, muy influyente en ambas metrópolis, para que lo pusieran en libertad. Fritz regresó al Solimoes en 1691 y gobernó sus reducciones hasta el último suspiro (1725).

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Así, Fritz se pasó en el Amazonas cerca de medio siglo. Ya en los primeros años de su labor estudió bien el Amazonas superior y el Solimóes, y durante su navegación de ida y vuelta a Belem conoció, si bien someramente, el bajo Amazonas. Eso le permitió levantar el primer mapa, relativamente exacto, de este río (1691) desde la desembocadura del Ñapo hasta el delta, pero no pudo hacer el de varios de sus grandes afluentes, ya que, probablemente, sólo visitó los cursos bajos de los mismos. Dos años antes, como vemos, había culminado en Belem la quinta travesía que ha llegado a nuestro conocimiento, de Sudamérica por la zona subecuatorial  [280•25 . Y a partir del siglo XVIII, el cruce del continente por las vías fluviales del sistema del Amazonas se repitió con tanta frecuencia que, en adelante, las mencionaremos sólo en el caso de que tengan relación con grandes conquistas científicas.

DESCIFRADO DEFINITIVO DE LA INCÓGNITA
DE LA BIFURCACIÓN DEL ORINOCO

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p La mención de Bento Acosta de que el Amazonas y el Orinoco se comunican dejó huella en la cartografía europea. Sirva de ejemplo el mapa de I. B. Homann, hecho en 1716. En este mapa, el Río Negro fluye casi en la dirección de los meridianos y va a morir en el Amazonas al sur del Ecuador, confluyendo el norte con otro río (indudablemente, el Orinoco), que discurre de oeste a este. Homann tomó por el Orinoco superior uno de sus grandes tributarios izquierdos (tal vez el Meta). En los otros aspectos, el mapa de Homann es una prueba más de lo poco que en la Europa del otro lado de los Pirineos se sabía a comienzos del siglo XVIII de la orografía y la hidrografía de Guayana y de la parte noroccidental de Sudamérica. Mas incluso entonces se tenía una idea acertada de Guayana y se la tomaba por una inmensa isla bañada al norte y el este por el Océano Atlántico, y al sur por el bajo Amazonas, y separada de tierra firme al oeste por el Río Negro, que comunica con el Orinoco.

En 1725, una partida de paraenses, que iba a la captura de esclavos, remontó el Amazonas y el Río Negro hasta sus fuentes y entró en el Orinoco por el Casiquiare. Esa misma ruta la siguieron posteriormente en ambas direcciones cazadores de esclavos, militares y misioneros hasta que la recorrió un jesuíta cuya cuenta rendida por escrito debía disipar, al parecer definitivamente, las dudas. Este misionero fue fray Manuel Ramón, que se encaminó al sur desde Venezuela y encontró un destacamento de paraenses que iba a la caza de esclavos al curso bajo del Guaviare. De grado o por fuerza, ascendió por el Orinoco desde la desembocadura del Guaviare hasta el Casiquiare y luego bajó por este río, por el Río Negro y el Amazonas hasta el Para.

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Notes

[274•20]   Oficialmente, este nombre se adjudicó luego a toda la provincia de Para, surcada por el Amazonas inferior (hoy es el Estado de Para, tiene más de 1.200.000 kilómetros cuadrados).

[275•21]   Rocha Pombo. Historia do Brasil, Sao Paulo, 1963, págs. 146-147.

[275•22]   Rocha Pombo. Op. cit., pág. 146.

[277•23]   H. Bates. Un naturalista en el Amazonas, 1962, págs. 21-22.

[278•24]   H. Bates. Op. cit., pág. 132.

[280•25]   La cuarta travesía la hizo Acuña.