DE LAS TIERRAS LEGENDARIAS
EN LA SEGUNDA MITAD
DEL SIGLO XVI
VIAJE DE URSUA POR EL HUALLAGA
Y EL AMAZONAS
p Los rumores de supuestas riquezas en las tierras bañadas por el "río de las Amazonas" corrieron como un reguero de pólvora por todas las posesiones españolas de ultramar. En el Perú los españoles mezclaron las dos leyendas de Eldorado y las amazonas. Luego de la ejecución de Gonzalo Pizarro, los soliviantados ánimos entre los conquistadores siguieron inquietando, como es natural, a las autoridades coloniales.
p El mejor medio de librarse de los elementos inquietos y ampliar, al paso, las fronteras del virreinato del Perú era organizar otra expedición, prometedora de rico botín, al este, hacia el Amazonas.
La primera expedición al "río de las Amazonas" con el vistobueno del virrey, después del viaje de Gonzalo Pizarro, corrió a cargo de Pedro de Ursúa. No está claro en qué parte del Perú se formó el nutrido destacamento de Ursúa. Desconócese también la ruta que siguió hasta que, mediado el año de 1560, apareció en el curso bajo del río Mayo, donde construyó balsas para surcar el caudaloso y navegable Huallaga, que fluye al norte, y, en septiembre, llevó a los conquistadores de las montañas a una llanura. El Huallaga desagua por la derecha (desde el sur) en el Mar anón, que corre al este, cruzando una selva interminable. Más abajo desemboca en el Marañón otro río aún mayor, el Ucayalí, muy ancho, haciéndole cambiar desde la confluencia la dirección hacia el noreste. Así fue navegando el destacamento hasta las bocas del Ñapo, y luego siguió Amazonas abajo por la ruta de Orellana. No se vio indicio alguno de países ricos. Cuando la flotilla se encontraba cerca de la desembocadura del Putumayo-Izá, el capitán cometió la imprudencia de dividir el destacamento, enviando a un grupo de descubierta, lo que fue aprovechado por los conquistadores descontentos para rebelarse contra Ursúa y darle muerte el 1 de enero de 1561.
264
AGUIRRE Y LA BIFURCACIÓN
DEL ORINOCO
p Tras varias confabulaciones y choques, tomó el mando del destacamento, en el que quedarían unos 700 soldados divididos en grupos hostiles, el vasco Lope de Aguirre.
p No se sabe qué camino siguió luego el destacamento. El propio Aguirre, en una carta que remitió a Felippe II, cuando la navegación (por el río o por el mar) quizás aún no había tocado a su fin, dice que descendieron por el Marañón durante más de diez meses y medio, cubriendo en cien días 1.500 leguas. "Es un río caudaloso y temible, tiene 80 leguas de agua dulce hasta la desembocadura, vastas barras y 800 leguas de parajes agrestes sin habitantes de ninguna clase... Tiene más de 600 islas. ¡Dios sabrá cómo salimos de ese pavoroso mar!”
p La carta de Aguirre, dictada por la desesperación, parece dar testimonio de que él descendió por el Amazonas al océano. Mas, si eso fuere así, no se comprende la última frase: "¡Dios sabrá cómo salimos de ese pavoroso mar!" Además, según otras fuentes, Aguirre y sus compañeros recorrieron todo el Amazonas abajo desde el Huallaga, buscaron Eldorado (si no el país de las Amazonas) en el Orinoco, y no remontándolo desde el mar, sino llevados por la corriente. Los conquistadores habrían podido recorrer ese camino sólo en el caso de que hubieran vuelto a remontar el Amazonas, desde su boca hasta el Río Negro [264•14 y subido por éste hasta la confluencia con su tributario Casiquiare. Y corno dicho afluente pertenece a ambos sistemas fluviales (es un brazo del Orinoco superior) únicamente el Casiquiare pudo surcar Aguirre para pasar del Amazonas al Orinoco si no quería o no podía hacer una travesía de cerca de 1.800 kilómetros por mar [264•15 . Y si Aguirre renunció en realidad a la vía marítima y no aprovechó las llanas confluencias, típicas de la región sudoccidental de la meseta Guayana, él y sus compañeros fueron los primeros europeos que demostraron en la práctica la bifurcación del Orinoco, es decir, la división de este río, por su parte superior, en dos cauces, uno de los cuales, el Casiquiare, va a morir a la cuenca del Amazonas.
p Después de errar por las cuencas de dos grandes ríos, el destacamento fue a parar, en fin de cuentas, al mar. Desde la 265 desembocadura del Orinoco pasó al mar Caribe, a la isla Margarita, donde Aguirre mató al gobernador español y a sus adeptos; luego se fue a la ciudad de Cumaná, llevándose a algunas personas libres y “amarrones”. Arrasó esta ciudad y varios poblados de la costa, al oeste de Cumaná, dobló la península de Goajira y entró a saco en Santa Marta. Desde aquí se internó en la provincia de Nueva Granada, donde, a fines de 1561, los españoles le infligieron una gran derrota. Para que los vencedores no ultrajasen a su hija, que le acompañaba en las exploraciones, Aguirre la apuñaló. Fue apresado y pasado por las armas. Según los relatos de sus compañeros, o de los participantes en otras campañas, o de los indios guáyanos, a fines del siglo XVI, los españoles o bien conocían la unión del Amazonas con el Orinoco o se la suponían. Por boca de ellos anotó el buscador inglés de Eldorado, Lawrence Keymis, en el mapa un gran lago salado entre el Orinoco (“Raleana”) y los afluentes del Amazonas. Pero transcurrirían aún otros 150 años antes de que se realizasen varias navegaciones fluviales, demostradas con datos históricos, del Amazonas al Orinoco.
Detrás de los conquistadores partieron del Perú al valle del Amazonas los misioneros. Estos no se contentaban con “civilizar” a los indios sojuzgados de las montañas. Avanzando al este por el Ñapo u otras rutas, cruzaron en los siglos XVII y XVIII la Cordillera Oriental y descendieron de los Andes a la gigantesca llanura en busca de las amazonas, sobre las que habían difundido rumores Orellana y Carvajal, para bautizarlas. Los frailes no las encontraron, pero en cambio “captaron” a tribus de las regiones ecuatorianas interiores y ayudaron a reducirlas a la esclavitud o a la servidumbre. Por regla general, recurrían a medios pacíficos de "civilizar a los paganos”. Valiéndose, cuando lo necesitaban para desplazarse, únicamente de los ríos, los misioneros estudiaron relativamente bien el enmarañado sistema del Amazonas y, en general, la naturaleza del país; pero, claro está, sólo a grandes rasgos. Y para obtener algún éxito, aunque sólo fuese aparente, tenían que conocer la vida y las lenguas de las distintas tribus esparcidas por un territorio más extenso que toda Europa occidental. Como no tenían instrucción especial ni un método verdaderamente científico de abordar el problema, los misioneros no podían analizar y sintetizar ellos mismos los datos que reunían; pero sus trabajos fueron utilizados por los investigadores posteriores del Amazonas, tanto, geógrafos como naturalistas, etnógrafos y lingüistas.
266EL "IMPERIO GUAYANO" DE WALTER RALEIGH
p En 1596 vio la luz en Londres el libro Descubrimiento del vasto, rico y hermoso Imperio guayano en 1595 por sir U). Raleigh con adición del relato de la magna y dorada ciudad de Manoa (que los españoles llaman Eldorado) y otros países y sus ríos. El autor era el propio Walter Raleigh, favorito en desgracia de la reina Isabel de Inglaterra, arruinado fundador de Virginia, primera colonia inglesa de emigrados en América del Norte (trasladada en 1585 a la isla Roanoke), desaparecida tres años después. Pero ni existió el "Imperio guayano”, ni la "ciudad dorada de Manoa”, que Raleigh menciona en su libro. Tampoco puede ni hablarse de que el autor descubriese tan siquiera una pequeña superficie del inmenso país que en el siglo XVI llamóse Guiana, o sea, del territorio limitado al norte y al oeste por el Orinoco y el Rio Negro, y al sur por el Amazonas inferior.
p Por más que el propio Raleigh pretende al descubrimiento geográfico de Guayana sólo en la portada del libro que, en el siglo XVI y posteriormente, hacía las veces de anuncio publicitario.
p El libro de Raleigh es una de las obras más raras que encontrarse pueda en el inabarcable acervo de la historia de los descubrimientos y exploraciones. Entremézclanse en él temas de lo más variados: jurídicos, históricos, geográficos, literarios, comerciales, industriales, políticos y muy personales. Es una mezcolanza sin par de discursos de abogado defensor y de las últimas palabras de un condenado, de datos históricos, confundidos a menudo, y pura invención de relato verídico de observaciones personales y relación, no cribada por la crítica, de narraciones orales, sueños fantásticos de imaginación febril, serenas instrucciones de experto colonizador y descarado autobombo de hombre de empresa arruinado.
p Los enemigos de Raleigh, y eran muchos, dudaban incluso de que hubiese navegado realmente a Sudamérica a fines del siglo XVI. Hoy no se pone en duda que Raleigh surcó en verdad los mares en 1595 rumbo a la isla Trinidad y luego entró en el delta del Orinoco, remontando la corriente hasta la desembocadura del Garoni, afluente derecho de ese río. Raleigh no fue el primer descubridor de nada: en todo el trayecto que recorrió por el Orinoco dio con puestos españoles e indios sometidos a los conquistadores españoles, con los que tenían un comercio esporádico, pues les suministraban productos. Por regla general, los historiadores dicen de Raleigh que no era un explorador siquiera, sino un 267 colonizador, un aventurero y emprendedor, un pirata y autor de un libro de mentiras escritas intencionadamente.
p Tratemos, sin embargo, de desbrozar las invenciones. Por suerte, no es difícil hacerlo, ya que Raleigh era un parlamentario ducho y buen conocedor de los procedimientos jurídicos por haber sido ya juez y acusado. Cuando miente, apela al testimonio de los presentes, ó a las declaraciones de enterados, o hace asertos gratuitos [267•16 ; y cuando dice la verdad, se remite a sus observaciones personales. Mas incluso entonces exagera, pero no es difícil recomponer la verdad en esos casos.
p Así pues, cuando Raleigh recibió la noticia de las inexistentes riquezas de Guayana y de que la "gran ciudad dorada de Manoa" estaba por el Orinoco, envió en 1594 de exploración a la desembocadura de este río a Jacobo Whiddon, quien debía "reunir datos sobre los pasos de Guayana”. El propio Raleigh arribó en 1595 con dos naves (una de ellas la mandaba Whiddon) a Trinidad, donde los ingleses derrotaron la guarnición española, prendieron fuego a la ciudad recién construida por los españoles y se llevaron prisionero al gobernador de la isla, Tomás Barrio y Oruña. Este Barrio fue una verdadera adquisición para Raleigh, pues atribuye a su prisionero la mayoría de las invenciones que llenan el libro; además, él fue quien le facilitó los datos de las vías fluviales y el emplazamiento de los puestos españoles en los accesos al "Imperio guayano" que el propio Barrio había buscado sin fruto.
p Por entonces arribaron a Trinidad otros dos navios ingleses; uno lo capitaneaba Lawrence Keymis. Raleigh pudo contar ya con gente suficiente para hacer la travesía fluvial Orinoco arriba y asegurarse, además, la retaguardia. Después de la descubierta de John Douglas de los cinco brazos del delta del Orinoco quedó claró que aquella ruta para pasar al río principal era practicable sólo para pequeñas embarcaciones o lanchas. Raleigh tomó a cien hombres, incluidos Whiddon y Keymis. El 22 de mayo la expedición entró en el brazo del Manamo y, días después, se remontó hasta el paraje en que el Orinoco queda dividido por la isla de Tórtola y otras islas en una serie de riatos. De guías por el laberinto de riatos del delta hicieron unos indios arruacos que venían al encuentro en piraguas con una carga de pan y otras mercancías a la isla de Margarita y fueron apresados. Más arriba Raleigh pidió guías a los caciques locales.
268p El 6 de junio los ingleses "vieron muy por delante las montañas de Guayana”, la Sierra Imataca y las bajas estribaciones nororientales del Macizo de las Guayanas. Unos días después llegaron a la desembocadura del Caroni, anunciada previamente por el "horrísono rugir y el ruido de la caída del río”. Allí Raleigh acabó su viaje Orinoco arriba. Fracasó en su tentativa de remontar en una barcaza la corriente del Caroni, se limitó a llegar al lugar, próximo a su desembocadura, donde el río se desploma desde una altura de 20 metros y ofreció una descripción literaria del majestuoso salto, el último y quizás más bajo de los “saltos” que en el siglo XX dieron fama al Caroni [268•17 . Los dos pequeños destacamentos enviados a pie Caroni arriba caminaron poco hacia el sur y retornaron con muestras de minerales. "Estas piedras eran muy bonitas, pero también había de las que se encuentran tiradas en el suelo, y en su mayor parte sin color, y no contenían oro”.
p En el curso bajo del Caroni, Raleigh y sus compañeros reunieron “datos” del gran lago Cassipa, en el que desaguan varios ríos auríferos. Este inexistente lago se muestra con distintos nombres (Manoa, Parima, etc.) al sur del Orinoco inferior en varios mapas de los siglos XVII y XVIII. Tampoco pudo Raleigh resistir a la tentación de narrar sobre personas "cuya cabeza no subía mucho de los hombros... en los que tenían los ojos, y la boca en mitad del pecho...” Esas gentes “residían” al oeste del Caroni, junto al río Caura. "No tiene tanta importancia el que eso sea verdad o no, ni pueden reportarme ninguna ventaja esas invenciones, pues yo no he visto personalmente a esos hombres—escribe Raleigh—. Pero estimo que es imposible que se ponga de acuerdo tanta gente para correr semejante rumor”.
p La crecida del Orinoco, las lluvias torrenciales y los fuertes vientos amilanaron a los hombres de Raleigh, y él, creído de que había perdido en vano un mes, se dio la vuelta, renunciando por el momento incluso a la conquista de la rica ciudad más próxima (“a cuatro jornadas de camino”), donde se hacían "todos los discos de oro que llevan a otros pueblos, remotos y cercanos...” Desde el vértice del delta del Orinoco, la expedición pasó al mar, probablemente por la boca de Macareo, que va a dar al estrecho de Boca de la Serpiente.
Así, hace pasar por el descubrimiento del "Imperio guayano" Raleigh la exploración de parte del delta del Orinoco y de un trecho del río entre el vértice del delta y la desembocadura del 269 270 Caroni (unos 100 km). Se alejó del mar no más de 200 kilómetros en línea recta (él mismo calcula que recorrió por los brazos del río y por la corriente principal 400 millas).
p Al alejarse de Trinidad, los ingleses saquearon la ciudad de Cumaná, pero no "encontraron ni un real de plata”. En agosto de 1595 Raleigh volvió a Inglaterra "extenuado y pobre”, lo que no fue óbice para que en 1596 enviase otra expedición mandada por Keymis, quien intentó penetrar por segunda vez en el fabuloso "Imperio guayano" por el Orinoco; pero los españoles habían construido un fuerte en el curso bajo del río. Entonces Keymis pasó al sudeste, a la desembocadura del Essequibo, y llevó a Inglaterra la noticia de que este río también podía servir de camino al "Imperio guayano”.
A fines de 1596 fue a Essequibo, en busca del fabuloso país, otra expedición inglesa. Los holandeses, que ya en 1581 habían intentado hacerse fuertes para comerciar con los indios y sacar ctoba a las orillas del río Demerara, se interesaron también por las búsquedas del "país dorado”, y el camino hacia él podía pasar por los ríos orientales Berbice, Surinam y Maroni; más al este, entre el Maroni y el Oyapoc aparecieron franceses (fundaron la ciudad de Cayena en 1604). En consecuencia, en el siglo XVII denominábase más y más a menudo “Guiana” un territorio relativamente limitado: la ancha franja de litoral comprendida entre los deltas del Orinoco y del Amazonas. En su extremo occidental se hicieron fuertes los españoles; en el oriental, los portugueses, y en el centro, los ingleses, los franceses y los holandeses.
Notes
[264•14] Según otra versión, de menos fundamento, Aguirre se valió del río Trompetas, para ir del Amazonas inferior al norte, y desde uno de los afluentes del primero pasó al valle del Essequibo, el mayor río guayano.
[264•15] Recordemos que disponía sólo de balsas y piraguas.
[267•16] Un ejemplo: "En este país hay mucho más oro que en las mejores zonas de la India o el Perú”.
[268•17] En 1935, el aviador venezolano D. Ángel descubrió en un río del sistema del Caroni el salto del Ángel, el más alto del mundo (1.054 m).