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HERNÁN CORTES
Y LA CONQUISTA
DE MÉXICO
 

CAMPAÑA MARÍTIMA DE HERNÁN CORTES

p Diego Velázquez empezó a armar sin pérdida de tiempo varios navios para la conquista de México. Como temía designar jefe a Grijalba, que disfrutaba del afecto de los soldados, el gobernador puso al frente de la expedición a otra persona, inexperta al parecer en las cosas militares, al "bizarro hidalgo" extremeño Hernán Cortés, apuesto y desprendido. "Tenía poco dinero, pero muchas deudas”, dice Bernal Díaz del Castillo, que se disponía por tercera vez a ir a oeste en busca de fortuna.

p Cortés hipotecó su hacienda, proporcionándole los usureros una considerable suma, y empezó a reclutar soldados. Prometió a todos participación en el botín y una hacienda con siervos mexicanos. Reunió una tropa de 508 hombres, sin contar más de 100 marineros, y embarcó varios cañones y 16 caballos. Cifraba grandes esperanzas en los caballos, pues los mexicanos, igual que los isleños, jamás habían visto estas “espantosas” bestias y, en general, no conocían animales domésticos.

p El éxito del reclutamiento alarmó al suspicaz gobernador. Además, los allegados de éste se esforzaron por persuadirle de que Cortés se proponía conquistar a México para él solo. Velázquez mandó una orden escrita de destituir a Cortés y entregar el mando a otro. Cortés le suplicó en respetuosa e irónica respuesta que no diese oídos a soplones y mandó a su tropa que aprestase las armas. Entonces Velázquez ordenó detener la flota y apresar a Cortés. Este le respondió con buenos modales, haciendo honor a su nombre, "que a otro día se haría a la vela y que le sería servidor”.

p El 10 de febrero de 1519 zarparon de la Habana 9 navios. Conducía la flotilla Antón Alaminos. En la isla Cozumel, donde estaba el templo adorado por los mayas, Cortés se presentó en el nuevo papel de apóstol del cristianismo. Ordenó derribar los ídolos de los altares, hacerlos pedazos y poner en el templo un altar cristiano. En Cozumel sumóse a la expedición Jerónimo Aguilar. Este, que hablaba con soltura en “yucatano”, fue de mucha utilidad a Hernán Cortés en las provincias occidentales, donde estaba muy extendida la lengua de los mayas.

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p Se dio el primer combate a los indios en el país de Tabasco, pasado Yucatán. Rota la resistencia de los indígenas, Cortés se apoderó de una población costera y envió tres destacamentos al interior. Estos destacamentos toparon con numerosos guerreros indígenas y retrocedieron con muchas pérdidas. Cortés lanzó contra los atacantes toda su tropa. Los indios peleaban con gran denuedo, no temían siquiera a los cañones, pero huían hacia unos espesos montes cuando les embestía por detrás un pequeño grupo de caballería, pues "creyeron los indios que el caballo y el caballero eran todo uno, como jamás habían visto caballos”.

p Días después, los caciques locales enviaron a Hernán Cortés víveres y veinte mujeres jóvenes. Cortés mandó bautizarlas y luego repartió "las primeras cristianas que hubo en la Nueva España" entre sus capitanes. Una de ellas, la ensalzada por los cronistas doña Marina, "como era de buen parecer y entremetida y desenvuelta”, Cortés la entregó a un linajudo capitán, y cuando éste se fue a España, se quedó él con ella. Marina fue traductora y consejera de Cortés y prestó inmensos servicios a los conquistadores. Como estaba enterada de las cosas de México mucho mejor que los españoles, que pretendían someter un país inmenso y desconocido, de variada composición étnica, Marina decía a Cortés en qué pueblos podía apoyarse en la lucha contra los jefes supremos de los aztecas, opresores de esos pueblos. Natural del istmo de Tehuantepec, era bilingüe y hablaba con la misma soltura la lengua de los aztecas y la de los mayas, extendida en Yucatán.

Bernal Díaz, que conocía personalmente bien a Marina y llegó a conocer en 1523, durante la campaña de Honduras, a la madre y al hermano de madre de Marina, narra que su padre y su madre eran caciques de un pueblo que estaba a ocho leguas del río Coatzacoalcos. El padre murió cuando ella aún era pequeña, y la madre se casó con otro cacique, del que tuvo un hijo. Entregaron en secreto la niña a unos indios, y dijeron a los convecinos que había fallecido. La niña fue a parar luego a manos de los habitantes de Tabasco, y éstos la entregaron a Cortés. Hernán Cortés llevaba a todas partes a "doña Marina"  [138•7 , que traducía del “mexicano” al “yucatano” para que Aguilar, a su vez, tradujera al castellano para Cortés.

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LOS CONQUISTADORES EN EL LITORAL MEXICANO

p La flotilla abandonó a Tabasco; al cabo de tres días de navegación, arribó a la isla de San Juan de Ulúa y ancló entre la isla y la tierra firme (el 21 de abril de 1519). Los mensajeros de Moctezuma, que tenían al corriente del movimiento de la flotilla a su soberano, dieron la bienvenida a los llegados. Al día siguiente los españoles desembarcaron en tierra firme, con los caballos y los cañones, y los colocaron en lo alto de las dunas. Para los capitanes se construyeron barracas techadas, y los soldados se hicieron chozas de ramas. En lo sucesivo, los aztecas les ayudaban en todo y les llevaban provisiones en abundancia, pero sólo para los capitanes.

p Al cabo de dos días llegaron al campamento dos altos dignatarios con gran séquito. Eran unos embajadores de Moctezuma que traían en nombre de éste a Cortés ricos regalos, entre los que había bellos objetos de oro en buena ley, diez cargas de tela blanca de algodón y prendas de pluma, de muy buen ver. Cortés regaló a los embajadores y a su séquito cuentas de cristal, y para el propio Moctezuma les entregó regalos más valiosos.

p Entre los aztecas llegados había dibujantes que pintaron a Cortés y a todos los capitanes y soldados, a Marina y Aguilar, los navios, los caballos, los perros, los cañones y las armas. Un dignatario se quedó en la costa para cuidarse de que los habitantes del país siguieran llevando víveres a los capitanes y preparándoles de comer. Los soldados, por su parte, se alimentaban de lo que les daba el mar y establecieron un trato mudo, recibiendo alimentos, y a veces objetos de oro, a trueque de bagatelas.

p Pasada una semana, vino otra embajada con variados y ricos presentes de Moctezuma, que excitaron más aún la codicia de los conquistadores, pues entre los presentes había discos enormes de oro y plata como el sol y la luna con muchas figuras en ellos, y un casco lleno de pepitas de oro, fehaciente prueba de que en aquel país había buenas minas.

p Cortés les solicitó tres veces una entrevista con Moctezuma, pero obtuvo sendas negativas. Días después, cuando se marcharon los embajadores, todos los indios abandonaron el campamento con sigilo a la noche.

p Como el fondeo de los navios en San Juan de Ulúa era muy inseguro, y el lugar para acampar habíase elegido con poco acierto, Cortés envió de exploración hacia el norte dos naves capitaneadas por Francisco de Montejo y Antón de Alaminos, quienes 140 alcanzaron el río Panuco, pero no hallaron fondeadero más seguro ni paraje más cómodo para acampar cerca del primero.

p La situación era inquietante. Pero un buen día acudieron a Cortés cinco indios, aprovechando la retirada de los aztecas, a quienes temían. Su atuendo y habla eran muy diferentes de los que usaban los aztecas. "Y traían unos grandes agujeros en los bezos de abajo, y en ellos unas rodajas de piedras pintadillas de azul, y otros con unas hojas de oro delgadas, y en las orejas muy grandes agujeros, en ellas puestas otras rodajas con oro y piedras. . . Y como doña Marina y Aguilar las lenguas, oyeron aquello de Lope Luze, no lo entendían. Dijo la doña Marina en la lengua de México.. . y respondieron los dos de aquellos cinco que sí, que ellos la entendían.. . Y de plática en plática supo Cortés cómo tenía Montezuma enemigos y contrarios, de lo cual se holgó, y con dádivas y halagos que les dio despidió aquellos cinco mensajeros”.

p Los hidalgos partidarios de Velázquez, poseedores de haciendas en Cuba, se insubordinaron y empezaron a soliviantar a los soldados, exigiendo el repliegue. Cortés hizo como si se sometiera y puso en juego una farsa de motín.. . contra sí mismo. Los “ amotinados” exigieron que no se marchara nadie a Cuba y eligieron a Cortés por Capitán general y justicia mayor, independiente de Velázquez. Cortés fingió someterse contra su voluntad, y puso grilletes durante varios días a los .celosos adictos de Velázquez. Entre ellos estaba Diego de Ordaz, quien, dicho sea de paso, no tardó en hacerse fervoroso defensor de Cortés. Este logró atraerlos a su lado "con el oro, que lo amansa todo”.

p Para proteger su retaguardia durante la marcha por el país, los españoles construyeron la ciudad de V e r a c r u z  [140•8 .

p He aquí, según cuenta Bernal Díaz, cómo pusieron los conquistadores comienzo a la primera ciudad en Nueva España: "Y luego ordenamos de hacer y fundar y poblar una villa que se llamó la Villa Rica de la Vera Cruz... Y fundada la villa, hicimos alcaldes y regidores... y diré cómo se puso una picota en la plaza y fuera de la villa una horca...”

p Así pues, aquí vemos los tres instrumentos de los conquistadores para adueñarse de nuevos países: la cruz, la picota y la horca.

p La primera marcha al interior del país, pero sin rebasar aún 141 los límites de la depresión marítima, se emprendió bajo el mando de Pedro de Alvarado, quien se puso en camino con un gran destacamento en busca de provisiones hacia el sudoeste de Veracruz, subiendo por el valle del río Cotaxtla. Los indios residentes en sus orillas huían, pero los soldados hallaban en sus viviendas muchas aves, maíz y hortalizas. Alvarado veía en los templos cadáveres de hombres y muchachos sacrificados, las paredes y los altares salpicados de sangre, y los corazones de las víctimas presentados a los ídolos, testimonio de que los mexicanos se disponían a combatir a los conquistadores y ofrendaban holocaustos al dios de la guerra.

p Aprovisionada de víveres, la tropa de Cortés avanzó por el litoral hacia el norte, a los parajes de donde vinieron los indios enemigos de Moctezuma, y entró en la región de Zempoala, poblada por los totonacos, muy numerosos a la sazón y esclavizados por los conquistadores aztecas. También aquí corrían los habitantes al ver a los españoles y, sobre todo, sus caballos. En los templos de los totonacos, además de los altares rociados de sangre y otros objetos del culto, los conquistadores hallaron " muchos libros de su papel”.

p Luego los soldados españoles torcieron al oeste y entraron en la ciudad totonaca de Zempoala, que les pareció un vergel maravilloso, llenas las calles de gente que salía a verlos. El cacique de Zempoala se quejó amargamente a Cortés de los gobernantes aztecas y le dio en ayuda a varios centenares de cargueros. A partir de este momento, y aconsejados por Marina, los españoles exigían por donde pasaban esta ayuda. Y Cortés prometió a los totonacos librarlos del yugo azteca.

p A la siguiente ciudad totonaca, al norte, llegaron tras los españoles cinco recaudadores aztecas de tributos. Cortés ordenó a los caciques que detuvieran a los cinco recaudadores, pero les puso guardia española, y por la noche dio en secreto libertad a dos de ellos, asegurándoles que se acababa de enterar de su detención; les mandó regresar, deshaciéndose en votos de lealtad a Moctezuma y prometiéndoles la libertad de los otros tres. Pero cuando los totonacos le anunciaron que habían desaparecido dos recaudadores, Cortés fingió montar en cólera contra los centinelas, mandó poner grilletes a los otros tres detenidos y llevarlos, para mayor custodia, a uno de sus navios, donde les quitó en el acto los hierros y les dio esperanzas. Fue la primera manifestación de la falaz política que Cortés, maestro del embuste y la hipocresía, aplicó durante la conquista de México hasta la muerte del jefe supremo de los aztecas.

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p Por la “represalia” contra los recaudadores de tributos, Cortés propuso a los caciques totonacos que concluyeran una alianza con él y se subordinaran al rey español, a lo que ellos accedieron en el acto, máxime no habiéndose hablado por el momento una palabra de tributos. Los totonacos ayudaron a los españoles a construir y fortificar Veracruz. Moctezuma, por su parte, dio crédito a Cortés y le envió más regalos, bien es verdad que mucho menos valiosos que antes. Este puso en libertad a los recaudadores de tributos y les mandó decir a Moctezuma que iría personalmente a visitarlo a su capital, que los españoles denominaban M é x i c o, y los aztecas Tenochtitlán.

p Desde Zempoala, Cortés salió con su numerosa tropa y dos mil guerreros totonacos, y subió por primera vez a la Meseta de México; tras una marcha de tres días, entró en una región poblada por indios hostiles a los totonacos, pero, lo mismo que ellos, oprimidos por los aztecas. Se alió con ellos, los reconcilió con los totonacos y volvió a Zempoala.

p En Zempoala Cortés adoptó el papel que le era ya habitual de cristianizador del país: mandó un piquete de soldados a la cúspide de un templo piramidal a derrocar los ídolos, que cayeron rodando, hechos pedazos, escalones abajo. Los arqueros aliados se dispusieron a disparar. Pero Cortés ordenó prender a los caciques y sacerdotes que tenía al lado, y Marina les tradujo que serían muertos si daban la señal de disparar. Y como Marina les había recordado antes la amenaza que pesaba sobre ellos por parte de Moctezuma, no empezaron el combate. Los sacerdotes quemaron los despojos de los ídolos y ayudaron a limpiar y blanquear el adoratorio que, después de la consagración, convirtióse en iglesia. Algunos de ellos quedaron como servidores del templo. Los españoles empezaron los bautizos por las mozas indias que les habían llevado y, lo mismo que antes, las nuevas cristianas fueron repartidas en el acto entre los capitanes.

p Cuando Cortés retornó a Veracruz, decidió enviar la mayor parte del oro obtenido a España en forma de quinto real para exagerar así la magnitud del botín. Empleó también mucho oro en sobornos de altos dignatarios. Encargó llevar el oro directamente a España, con un informe y una carta al joven rey Carlos I, a dos capitanes de los más intrépidos y noble alcurnia; para mayor seguridad, nombró piloto del navio a Alaminos, prohibiéndole que entrara en puertos cubanos. Pero Francisco de Monte jo, uno de los hombres de confianza de Cortés, persuadió a Alaminos de que se acercaran a su hacienda de Cuba para surtirse de provisiones frescas, y por la noche, mientras estuvieron 143 fondeados, envió a un marinero con cartas para Diego Velázquez.

p Como se ve por esta acción y las siguientes de los capitanes conquistadores, confirmadas por documentos, era muy peregrino el concepto que los hidalgos españoles de la época de la conquista (y no sólo de esta época) tenían del honor caballeresco.

Cuatro días después de haber zarpado ese navio para España, un grupo de partidarios de Velázquez intentó sin fortuna evadirse en otra nave a Cuba. Dos instigadores fueron ahorcados, al piloto le cortaron una pierna, y cada marinero recibió doscientos azotes. Hernán Cortés temía que se repitieran esas intentonas en su ausencia; por eso, cuando se preparaba para la marcha a México, ordenó desmantelar los barcos y embarrancarlos. Poco después fueron destruidos por las olas. Los marineros, que serían unos cien, engrosaron su ejército. Y para eludir la responsabilidad financiera por la destrucción de las embarcaciones, el calculador capitán de los conquistadores presentó las cosas como si lo hubieran exigido los soldados y él se sometiera a su deseo.

MARCHA DE HERNÁN CORTES A TLAXCALA

p A mediados de agosto de 1519, cuatrocientos soldados de a pie y quince de a caballo, acompañados por más de dos mil indios aliados (cerca de la mitad de los cuales eran cargueros que llevaban a lomo los cañones y las provisiones) salieron de Zempoala hacia el oeste. Cuando hubieron subido a la Meseta de México, cruzaron la ciudad de Jalapa, y fueron a una fortaleza montañosa del macizo de Nauhcampantepetl (con cima de 4.282 m), la rodearon y poco después llegaron a un paraje casi despoblado, donde los españoles, habituados al clima tropical de Cuba, y, sobre todo, los indios del litoral mexicano, pasaban mucho frío, azotados por el fuerte viento.

Pasado un puerto montañoso, cuando la tropa llegó a la ciudad de Xonacatlán, pareció a los españoles que habían venido a parar a un país completamente distinto; era también distinto el aspecto de las ciudades: "Y desde que vimos blanquear azoteas y las casas del cacique y los cues y adoratorios, que eran muy altos y encalados, parecían muy bien, como algunos pueblos de nuestra España.. . Acuerdóme que tenía en una plaza, adonde estaban unos adoratorios, puestos tantos rimeros de calaveras de muertos, que se podían contar, según el concierto como estaban puestas, que al parecer que serían más de cien mil, y digo otra vez sobre cien mil; y en otra parte de la plaza estaban otros tantos rimeros 144 de zancarrones, huesos de muerto, que no se podían contar, y tenían en unas vigas muchas cabezas colgadas de una parte a otra... de lo cual tuvimos que mirar más después que entramos bien la tierra adentro, en todos los pueblos estaban de aquella manera...”

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p Los totonacos aconsejaron avanzar a través del país de Tlaxcala, cuyos habitantes odiaban a los aztecas. Pero cuando los tlaxcaltecas se enteraron de que con la tropa española iban muchos tributarios de Moctezuma, creyeron que se trataba de enemigos, reunieron contra ellos miles de guerreros y les dieron tres batallas, matando a algunos españoles e hiriendo a muchos. " Dábanos que pensar qué fin habríamos en estas guerras—confiesa sinceramente Bernal Díaz—. .. entrar en México teníamoslo por cosa recia... y decíamos que cuando aquellos de Tlaxcala nos han puesto en aquel punto. . . cuando nos viésemos en la guerra con los grandes poderes de Montezuma que qué podríamos hacer... Digamos cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra, qué esfuerzo tan varonil tenía, que con oír cada día que... todos estábamos heridos y dolientes, jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer”.

p Se optó por poner en libertad a los tlaxcaltecas prisioneros y enviarlos a explicar a los caciques que los españoles no eran aliados de Moctezuma y proponerles la paz. Y como los tlaxcaltecas habían sufrido cuantiosas bajas, concertaron la paz con Cortés, suministraron comestibles a sus soldados y los invitaron a entrar en la capital de ellos. En esos precisos momentos llegaron al campamento mensajeros de Moctezuma con la noticia de que estaba dispuesto a pagar cualquier tributo con la condición de que las 145 tropas de Cortés no entraran en México. Los tlaxcaltecas se quejaban de las abrumadoras contribuciones que les hacían pagar los aztecas, y éstos procuraban convencer a Cortés de que aquéllos eran unos traicioneros y querían atraer a los españoles a su capital para exterminarlos mejor. Tras de aguardar una semana, posiblemente para recibir noticias exactas de la seguridad de su retaguardia, Cortés entró en la ciudad de Tlaxcala (23 de septiembre de 1519), a despecho de todo y pese a la segunda advertencia de Moctezuma, que esta vez le envió ricos regalos.

p Los tlaxcaltecas recibieron con solemnidad a los españoles, y desde este momento fueron los aliados más leales de sus futuros opresores, más crueles aún que los aztecas.

p Cortés quiso bautizar sin demora a todos los vecinos de la ciudad, pero lo detuvo el capellán castrense, padre Olmedo, persuadido por la experiencia de Zempoala de que no tenía objeto derrocar los ídolos de un templo si los indios los trasladaban acto continuó a otro. Cortés accedió. Se bautizó únicamente a cinco hermosas jóvenes, traídas al campamento por sus padres caciques con las consecuencias que el lector ya conoce.

p Cortés recibió de los caciques tlaxcaltecas, a través de Marina  [145•9 , datos exactos del poderío militar de Moctezuma, de su táctica, de la dislocación de sus guerreros y de los asuntos internos de México. Los caciques le explicaron que su pequeña provincia había podido resistir más de un siglo a los aztecas porque en todas las otras que Moctezuma había puesto bajo su dominio odiaban a los aztecas y peleaban a desgana a su lado.

p Para Hernán Cortés, astuto militar, esta información fue de gran importancia. Pero produjeron la mayor impresión a todos los conquistadores las referencias que daban los caciques de la majestuosidad de la capital de los aztecas, del enorme tributo que las provincias sometidas pagaban a Moctezuma en oro, plata, piedras preciosas, plumas, tejidos y algodón, de que Moctezuma distribuía personalmente la contribución, y sus casas estaban llenas de tesoros.

p En una descubierta por el terreno del sudoeste de Tlaxcala, un destacamento español mandado por Diego de Ordaz entró en el poblado de Huejotzingo. A 30 km al oeste del poblado se elevaban dos majestuosas montañas hermanas: la Ixtaccihuatl (5.286 m) al norte y la E,o pocatepetl (5.452 m) al sur. Esta 146 última era un volcán activo, y poco después de la llegada de Ordaz comenzó una erupción. Ordaz subió con dos soldados al cráter y, desde aquella altura, vio al noroeste la inmensa ciudad de Tenochtitlán, el lago y todos los suburbios de la capital.

p Al este del volcán y al sur de Tlaxcala, más allá de los límites de esta provincia, estaba la gran ciudad de Cholula. Los caciques locales dejaron entrar a los españoles, y Cortés, al cuarto día, "les dio una mano que se les acordará para siempre, porque matamos muchos de ellos... y otros fueron quemados vivos"  [146•10 .

p Según el parte que Cortés envió a Carlos I, murieron 3.000 indios de Cholula, aparte de los que cayeron víctimas de los tlaxcaltecas, que irrumpieron en la ciudad.

Siguió a la matanza un saqueo general. Cortés pagó a sus soldados y a los tlaxcaltecas a expensas de los habitantes de Cholula. Se cuidó de poner a buen recaudo a los mensajeros aztecas presentes en la ciudad durante la matanza, y luego los envió de regreso, mandándoles "blanda y amorosamente... decir al gran Moctezuma" del complot y del castigo de los de Cholula "que querían ponerlo por obra" y participarle que emprendería inmediatamente con sus hombres el camino hacia México para entregar en persona a Moctezuma el encargo de su rey.

PRIMERA CAMPAÑA DE TENOCHTITLÁN (MÉXICO)

p Como vemos, Moctezuma intentó primero sobornar a Cortés para que éste renunciara a la marcha sobre su capital. Pero cuanto más oro y joyas enviaba a Cortés, tanto más ansiaban los conquistadores apoderarse de Tenochtitlán. Moctezuma procuraba detener a los españoles con ayuda de los pueblos de México oriental, sometidos a él, pero obraba sin energía; mandaba a éstos que ofrecieran resistencia armada a la tropa española, y si sufrían reveses, no los socorría, llegaba incluso a renegar de ellos. Por último, cuando se enteró de lo ocurrido en Cholula, consintió dejar entrar a los españoles en su capital. Los caciques tlaxcaltecas ofrecieron a Cortés gran ayuda militar, pero éste discernió con razón que tal ayuda alarmaría a Moctezuma, por lo que llevó únicamente a mil indios sin armas que hiciesen de cargueros, leñadores, etc.

p La tropa avanzó por el paso que hay entre las montañas de Ixtaccihuatl y Popocatepetl y vino a salir a una meseta, en cuyo 147 extremo occidental estaba Tenochtitlán. Moctezuma intentó una vez más detener el avance, prometiendo pagar al rey una contribución inmensa y ofreciendo personalmente a Cortés: ”. .. para ti te daré cuatro cargas de oro, y para cada uno de sus hermanos una carga...” Al recibir una rotunda negativa, Moctezuma cambió de táctica y preparó a los españoles un suntuoso recibimiento.

p La capital estaba erigida en una isla, en el centro de un inmenso lago salado artificial, circundado de grandes ciudades y poblados.

p “Y otro día por la mañana llegamos a la calzada ancha y vamos camino de Estapalapa  [147•11 . Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblazones... nos quedamos admirados... Y después que entramos en aquella ciudad de Estapalapa, de la manera de los palacios donde nos aposentaron, de cuan grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima, y la madera de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios y cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodón. Después de bien visto todo aquello, fuimos a la huerta y jardín, que fue cosa muy admirable verlo y pasearlo... que podían entrar en el vergel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenían hecha... y de las aves de muchas diversidades y raleas que entraban en el estanque  [147•12 ... Luego otro día de mañana partimos de Estapalapa. .. íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México... toda iba llena de aquellas gentes. . . que no nos podíamos rodear de tantos como vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en las canoas y de todas partes de la laguna. .. Y de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir. . . que por una parte en tierra había grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México; y nosotros aún no llegábamos a cuatrocientos soldados... ¿qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento tuviesen?”

p El propio Moctezuma recibió a los españoles a las puertas de la capital. Su atuendo y calzado estaban cuajados de piedras preciosas y perlas. Rodeábalo esplendoroso séquito. Sobre su cabeza alzábase un baldaquín reluciente de oro y piedras preciosas. Moctezuma dio unos pasos hacia Cortés, y el séquito extendió en 148 el suelo caros tejidos para que su sagrado pie no rozara la tierra desnuda. Cortés bajó del caballo y se acercó a Moctezuma. Intercambiaron breves saludos. Luego se llevaron al monarca de los aztecas, lo mismo que lo habían traído, en silla de manos.

p Toda la tropa española se aposentó en un edificio inmenso. Los soldados lo registraron y hallaron una puerta emparedada. Cortés ordenó abrirla y se descubrió un cuarto oculto, en el que había un riquísimo tesoro de piedras preciosas y oro. Pero los españoles se percataron de que estaban encerrados y cercados por todas partes de enemigos en una ciudad enorme. Y decidieron capturar a Moctezuma en rehén.

p La noticia de que un destacamento mexicano había atacado a los españoles en Veracruz dio motivo a Cortés para obrar con resolución. Se presentó con cinco oficiales en el palacio de Moctezuma y lo convenció de que pasara inmediatamente a vivir en el aposento de la tropa española, advirtiéndole amablemente que si promovía alboroto, sería muerto en el acto. Luego le exigió la entrega de los caudillos aztecas que participaron en la batalla contra la guarnición de Veracruz y los quemó en una hoguera; y a Moctezuma, para atemorizarlo, lo aherrojó de momento. Este expresó en un principio su indignación por la violencia que le hacían, pero luego se sometió.

p A partir de ese momento, Hernán Cortés dispuso a su albedrío en todo el país en nombre de Moctezuma. Obligó a los jefes aztecas a prestar juramento al rey de España, y luego les exigió, como vasallos, que pagaran tributo en oro. El tesoro de Moctezuma era tan grande que se necesitaron tres días para revisarlo. Todo el oro, hasta los objetos de arte, fue fundido en lingotes cuadrados y apilado en tres grandes montones. La mayoría de los capitanes de los conquistadores exigió el reparto inmediato, ya que "cuando se deshacía de las piezas del tesoro de Montezuma estaba en los montones mucho más oro... que lo tomaban y escondían, así por la parte de Cortés como de los capitanes. ..”, y Cortés accedió.

p “Y diré cómo lo repartieron... Lo primero, se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen a él otro quinto como a Su Majestad... Luego tras esto dijo que había hecho cierta costa en la isla de Cuba, que gastó en la armada, que lo sacasen del montón; y demás de esto, que se apartase del mismo montón la costa que había hecho Diego Velázquez en los navios que dimos al través, pues todos fuimos en ello; y tras esto, que para los procuradores que fueron a Castilla, y demás de esto, para los que quedaban en la Villa Rica (Veracruz: N. de la Edit.) que eran 149 setenta vecinos, y para el caballo que se le murió. .. pues para el fraile de la Merced y el clérigo Juan Díaz, y los capitanes, y los que traían caballos dobladas partes, y escopeteros y ballesteros por el consiguiente y otras sacaliñas, de manera que quedaba muy poco de parte, y por ser tan poco, muchos soldados hubo que no lo quisieron recibir, y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podíamos hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era por demás; y otros soldados hubo que tomaron sus partes a cien pesos, y daban voces por lo demás, y Cortés secretamente daba a unos y a otros, por vía que les hacía merced, por contentarlos, y con buenas palabras que les decía sufrían.. .”

p Subió de punto la alarma de los conquistadores cuando les llegó la noticia del arribo a Veracruz de una gran escuadra (18 navios con una tripulación de unos 1.500 hombres) bajo el mando de Panfilo de Narváez. La escuadra venía enviada por Velázquez con el fin de capturar "vivos o muertos" a Cortés y sus soldados. Ante el peligro común, aplacóse la discordia motivada por el reparto del botín. Cortés dejó en México a los más inseguros, encomendándoles la custodia de Moctezuma, y se puso en camino con sus hombres hacia Veracruz.

p Reagrupado con la guarnición de Veracruz, Cortés contaba con 260 soldados y 200 indígenas armados con picas largas. A despecho de ello, decidió atacar a la tropa llegada, el triple más numerosa que la suya. Pero envió delante, para parlamentar con Narváez, a varios capitanes, mandándoles que se pusieran muchas joyas de oro para demostrar con cuánta riqueza vivían los hombres a las órdenes de Cortés. Así sembró la discordia en la tropa enemiga, y luego la atacó de improviso. La gente de Narváez peleaba a desgana y se pasaba en grupos al lado de Cortés. Narváez, que perdió un ojo en la refriega, fue hecho prisionero y aherrojado. Sus capitanes, en parte sobornados por Cortés, y los soldados se entregaron a la merced del vencedor. Algunos navios de Narváez fueron desmantelados para que nadie pudiera llevar la noticia de la derrota de su expedición. Los restantes fueron enviados bajo el mando de capitanes seguros al norte para explorar el litoral mexicano. Al cabo de unos días Cortés, pese a las protestas de sus hombres, ordenó devolver las armas, caballos y objetos de valor arrebatados a los enemigos después del combate y se los ganó con dádivas y promesas.

Entre los hombres de Narváez había un enfermo de viruela. La espantosa dolencia, desconocida en México, se propagó por todo el país y se llevó a gran cantidad de habitantes.

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SUBLEVACIÓN DE TENOCHTITLAN Y DERROTA
DE LOS ESPAÑOLES

Por este tiempo habíase sublevado casi todo México. Las fortificaciones españolas construidas por el país fueron derruidas o incendiadas, y la guarnición de la capital quedó sitiada por los mexicanos. Cortés, después de adherírsele la tropa de Narváez, contaba con 1.300 hombres, unos 100 jinetes y 150 escopeteros. Los indios vecinos, enemigos mortales de los aztecas, le enviaron 2.000 guerreros. Con ese ejército, Cortés entró sin obstáculos en la capital y levantó el sitio a la guarnición. No obstante, la sublevación se reanudó con redoblada fuerza. Los mexicanos atacaban rabiosamente todos los días a los españoles, entre los que cundió el hambre, el abatimiento y la discordia. Cortés exigió a Moctezuma que subiera a la azotea de la mansión y ordenara a sus “subditos” parar el asalto, pues los españoles convenían en abandonar de grado la ciudad. Los mexicanos respondieron a esa orden con una granizada de piedras y flechas. El jefe supremo de los aztecas recibió una herida mortal y falleció entre los españoles, pero sin manifestar deseo de adoptar el cristianismo.

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p Cada día crecían las fuerzas de los enemigos y menguaban las de los españoles. Consumíanse las reservas de pólvora y las provisiones. Agua ya no tenían. La paz que los españoles ofrecían era rechazada con desdén. En julio de 1520 los españoles decidieron, en junta general, salir por la noche de la ciudad. Cortés apartó del botín el quinto real, compuesto de grandes lingotes de oro. Luego permitió a cada uno que tomara todo el oro que quisiera. Los soldados de Narváez arramblaron con tanto, que apenas si podían caminar. Aleccionados por la experiencia, la mayoría de los hombres de Cortés tomaban piedras preciosas, que pesaban poco. Con los fardos pesados cargaron los indios y tí’-,-: *4;! los caballos heridos. Los españoles 151 salieron del aposento fortificado, bien cerrada ya la noche, pero los mexicanos los atacaron en el acto y les tiraron el pontón que habían preparado para cruzar el canal. Empezó el pánico. Los que no sabían nadar, se ahogaban. Muchos fueron capturados desde canoas, atados y llevados inmediatamente a inmolar. "Cortés y los capitanes y soldados que pasaron primero a caballo por salvarse y llegar a tierra firme y asegurar sus vidas aguijaron por la calzada adelante. ..”

p Los españoles llegaron finalmente a la orilla del lago que rodeaba a México. Se replegaron hacia la aliada Tlaxcala, repeliendo a duras penas a los guerreros enemigos que los acosaban. En los cinco días de la retirada perecieron entre ahogados, muertos en combate o prisioneros, inmolados luego, unos 900 españoles y 1.300 indios aliados suyos. Cayó mucha gente, sobre todo de los que habían cargado con mucho oro, durante el mismo comienzo de la retirada, en aquella "fatídica noche”, al cruzar el lago. Además, perdieron todos los cañones, casi todas las armas de fuego y 80 caballos.

Salvaron a los españoles en aquellos momentos de gravedad los tlaxcaltecas, que odiaban a los aztecas y temían su venganza. Dieron posibilidad a los conquistadores de que se repusieran de su derrota y les entregaron en ayuda miles de guerreros. Apoyándose en ellos, Cortés realizaba expediciones punitivas contra los indios que habían atacado a los españoles durante su retirada. Estos indios poseían poco oro, pero Cortés, después de ordenar que degollaran a los hombres  [151•13 , mandaba reunir en un lugar a las mujeres y los niños para “legalizar” el botín, o sea, para herrarlos como esclavos y sacar el quinto del rey y, de paso, otro quinto en su provecho. Los soldados se quejaban de que los capitanes "habían ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció allí ninguna buena, y al tiempo de repartir dábannos las viejas y ruines. . .” Simultáneamente Cortés capturaba junto a las costas de México los navios sueltos que Velázquez enviaba en ayuda de Narváez (en Cuba aún se desconocía la suerte de su expedición).

SEGUNDA CAMPAÑA Y CAÍDA DE TENOCHTITLAN

p Reforzada la tropa con diez mil indios aliados y pertrechos, Cortés emprendió otra ofensiva, bien planeada, contra México. Ordenó construir grandes embarcaciones de fondo plano para 152 dominar el lago, cercar la capital azteca y tomarla por extenuación. Prohibió a los indios de los contornos que enviaran parte de su cosecha a México en pago de tributos y les prestaba ayuda cuando las partidas armadas de los aztecas iban a cobrarlos. Permitió a los tlaxcaltecas saquear los poblados aztecas y les cedía parte del botín para que la fama de su justicia se propagase por todo el país. En suma, que este hidalgo desaprensivo, pero de talento, resultó ser "todo un hombre que supo estar en su sitio" en los momentos de mayor peligro.

p La situación cambió de raíz: la fuerza de los españoles y el número de sus aliados iban en aumento, mientras la de los aztecas disminuía. Cuando las embarcaciones construidas por orden de Cortés estuvieron en el lago, se puso sitio a la capital, que se defendió a la desesperada más de tres meses. Los españoles destruyeron la conducción del agua que abastecía a la ciudad, y sus habitantes sufrieron sed, además de hambre. En agosto de 1521 los españoles irrumpieron en sus calles y cegaron los pozos que surtían a los aztecas después de haber sido destruida la conducción de agua. Pero los aztecas, que aguantaron aún varios días, muriéndose de sed, mantenían en sus manos algunas barriadas.

p Cuando la ciudad fue rendida, "todas las casas y barbacoas de la laguna estaban llenas de cabezas y cuerpos muertos. .. pues en las calles y en los mismos patios. . . no había otra cosa, y no podíamos andar sino entre cuerpos y cabezas de indios muertos... porque faltaron en esta ciudad tantas gentes, guerreros que de todas las provincias y pueblos sujetos a México que allí se habían acogido”. Cortés sacó a la tropa de la pestilente ciudad y permitió a los supervivientes que la abandonaran. "Digo que en tres días con sus noches en todas tres calzadas, llenas de hombres y mujeres y criaturas, no dejaron de salir, y tan flacos y amarillos y sucios y hediondos, que era lástima de verlos. ..” Cuando cesó la evacuación, Cortés envió una partida de soldados de descubierta a la ciudad. Entre los cadáveres encontraban a enfermos y débiles que no podían sostenerse en pie. El agua de los pozos estaba salada y amarga. Los últimos días del sitio, los habitantes se alimentaban de raíces que arrancaban en las calles, plazas y corrales y de cortezas de árboles. A pesar de todo, "no comían la carne de sus mexicanos, sino eran de las nuestras... que apañaban. ..”

México fue sometido. Los vencedores se apoderaron de todos los tesoros que los aztecas habían reunido en las ciudades mexicanas. La población indígena fue obligada a trabajar en las 153 haciendas españolas que se montaban. Parte de indios fue reducida a la esclavitud, pero la otra parte, en régimen de servidumbre, se encontraba de hecho en la posición de esclavos. Centenares de miles recibieron muerte o fallecieron de extenuación, hambre, viruela y otras enfermedades infecciosas importadas de Europa. Los conquistadores pusieron el nombre de Nueva España a este país arruinado, esclavizado y cristianizado a la fuerza.

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Notes

 [138•7]   En varios dibujos aztecas de la época de la conquista que nos han llegado está representada Marina (“Malintzin”) al lado de Cortés, que era llamado “Malinche”, por aplicársele el nombre de ella.

 [140•8]   Posteriormente, Veracruz se trasladó dos veces de lugar, hasta que volvió al primero, frente a la isla de San Juan de Ulúa. "Por lo demás, era bastante difícil elegir en una costa tan poco hospitalaria, sembrada de escollos" (Elíseo Reclus).

 [145•9]   Fueron los tlaxcaltecas quienes empezaron a llamarla Malintzin, y a Cortés, Malinche. En su honor se dio el nombre de Malintzin a una montaña (4. 461 m) al este del Estado de Tlaxcala.

 [146•10]   Las palabras subrayadas del manuscrito de Bernal Díaz están tachadas, probablemente por él mismo, a juzgar por su polémica con Las _ Casas, que condenaba las crueldades, cometidas, por otra parte, sin causa ninguna.

[147•11]   Correctamente, Ixtapalapa: suburbio meridional de Tenochtitlán.

[147•12]   Ahora todo está por el suelo, perdido, que no hay cosa”, explica Bernal Díaz en una nota de su Historia verdadera, escrita medio siglo después de la conquista de México.

 [151•13]   "Que hombres de edad no curábamos de ellos, que eran malos de guardar...”