DE LA PENÍNSULA DE YUCATÁN
Y DEL LITORAL ATLÁNTICO
MEXICANO
LOS PRIMEROS ESPAÑOLES EN YUCATÁN
p Diego de Landa, "primer historiador de Yucatán”, escribe en su libro Relación de las cosas de Yucatán (1566) que los primeros españoles que desembarcaron en esta península fueron Jerónimo de Aguilar y sus compañeros. En 1511 acompañaban a un tal Valdivia (no menciona su nombre) en la nave que Nunez de Balboa enviara a La Española. Valdma llevaba a Santo Domingo para los reyes un copioso quinto y debía informar allí, a Diego Colón, de lo que pasaba en el istmo, pero pintando los suceso?, como es natural, de color de rosa para Nunez ¿e Balboa y pedir refuerzos y provisiones. Pero la nave de Valdivia naufragó junto a Jamaica. Se salvaron diecisiete personas, me uidos Valdivia y dos mujeres, que "entraron en el batel sin velas, y con unos ruynes remos, y sin mantenimiento ninguno . Tasaron trece días en el mar, y algunos murieron de hambre.
p Al fin llegaron a la orilla de una tierra desconocida, que resultó ser Yucatán, el país de los mayas "Esta pobre gente vino a manos de un mal cacique el cual sacrificó a Valdivia y a otros quatro a sus Ídolos, y después hizo vanquetes de ellos a la gente. A los otros les perdonó la vida por el momento, pero los sometió a un trabajo extenuador. Aguilar contaba posteriormente que fallecieron todos sus compañeros menos uno, muy robusto llamado Gonzalo Guerrero. Entre los dos lograron evadirse al f territorio de otro cacique, "enemigo del primero y mas piadoso , que no se los merendó, pero los hizo esclavos. Este cacique no tardo en morir y su heredero fue más piadoso aun con los españoles.
p Guerrero, que aprendió a hablar en maya antes que Aguilar, se fue del lado de su amo a Chectemal (provincia del este de Yucatán, junto al gran golfo de Chetumal) "Allí le recibió un señor... el cual le dio a cargo de las cosas de la guerra... Enseñó a los indios pelear, mostrándoles hazer fuertes y bastiones y le casaron con una muy principal mujer, en que uvo hijos.’.. labrava su cuerpo, y criava cabelló, y harpava las orejas para traer &ctail;arcillos como los indios, y es creíble que fue idolatra como ellos”.
129Transcurrieron ocho años hasta que, en 1519, arribó a la isla de Cozumel, junto a la orilla noreste de Yucatán, la flotilla de Hernán Cortés, en ruta a México. Los caciques de Cozumel contaron a éste que en la península, a dos días de camino de la orilla, vivían dos españoles esclavos. Cortés envió a los cautivos, por conducto de los indígenas, una carta, y a su dueño el rescate. Aguilar hizo entrega del rescate, fue puesto en libertad, alquiló una canoa con seis remeros y llegó sin novedad a Cozumel. Pero Gonzalo Guerrero no quiso abandonar a su familia ni llevársela de allí. Posteriormente se batió al lado de los indios contra los colonizadores españoles y pereció en un combate contra ellos.
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Los esclavos españoles Aguilar y Guerrero fueron los primeros descubridores, si bien por casualidad y sin querer, de Yucatán. Vicente Pinzón y Juan Solís, que a comienzos de 1509 pasaron desde la cumbre de golfo de Honduras hasta los 18° de latitud norte, es decir, que estuvieron delante de la entrada del golfo de Chetumal, no hicieron sino rozar la costa sudoriental de la península. Pero Guerrero, que había llegado a conocer bien gran parte del litoral de Yucatán y las zonas del interior, no quiso contar a los conquistadores nada de lo que sabía, y Aguilar, en su «calidad de esclavo, sabía y había visto poco, pues vivió siempre en el mismo sitio. Los conquistadores no empezaron a conocer a fondo a Yucatán hasta 1517.
EXPEDICIÓN DE FRANCISCO HERNÁNDEZ DE CÓRDOBA
POR LAS COSTAS NORTE Y OESTE DE YUCATÁN
p En 1517, los hidalgos españoles sin fortuna, ansiosos de gloria y riquezas, que deambulaban sin ninguna ocupación por Cuba, formaron un destacamento, eligieron por capitán al acaudalado Hernández de Córdoba y decidieron probar suerte en la búsqueda de nuevas tierras. Iba entre ellos Bernal Díaz del Castillo, autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España y 130 participante invariable en las expediciones que descubrieron y conquistaron a México. Las citas que seguirán están tomadas de dicha Historia verdadera.
p Los conquistadores compraron y armaron con fondos propios, a escote, dos navios grandes. El tercer barco lo prestó Diego Velázquez, quien abasteció a la expedición de provisiones; además, los expedicionarios compraron, con dinero de ellos, cerdos y fruslerías para intercambiar con los indígenas. Contrataron a marineros y a tres pilotos, el principal de los cuales era Antón de Alaminos.
p Los navios costearon durante doce días a Cuba, luego navegaron por alta mar y tomaron rumbo oeste a la ventura.
p Se desencadenó una tempestad que duró dos días, y los barcos estuvieron en trance de naufragar. Cuando se hizo la calma, Alaminos cambió de rumbo, pero sólo al cabo de una semana se divisó tierra, que era la costa nororiental de Yucatán. A lo lejos, junto a un cabo, se vio un populoso poblado. A la mañana siguiente se acercaron a las naves diez piraguas grandes, a remo y vela, hábilmente hechas de enormes troncos huecos; en algunas cabían hasta cuarenta personas. Varias decenas de indios subieron a la nave capitana. Iban vestidos con camisas de algodón y paños en torno de las caderas. Por eso parecieron a los españoles gentes de civilización superior a la de los indígenas de Cuba. Los españoles los convidaron a pan y tocino y regalaron a cada uno una sarta de cuentas de vidrio.
p A la otra mañana acudieron más indígenas aún en doce piraguas. Su jefe dio por señas fe de amistad a Hernández de Córdoba y lo invitó a bajar a la orilla, repitiendo las palabras " cones cotoche”, es decir, "ven a mis casas”. De ahí que los españoles denominaran este lugar punta de Catoche. Hernández de Córdoba desembarcó con un piquete, reuniéndose en la orilla un gentío enorme. El jefe invitó a los inesperados huéspedes a adentrarse en el territorio y llegar al poblado. Los españoles decidieron ir, pero manteniéndose alerta. Cuando se aproximaron a unos cerros poblados de bosque, el jefe hizo una seña, y salieron los guerreros que estaban emboscados. Llevaban las cabezas adornadas con plumas, cubierto el pecho de petos de guata; muchos se protegían con escudos. Sus armas eran dardos, hondas, arcos y flechas. Tras de lanzar una nube de saetas, los indios se abalanzaron, blandiendo los dardos, sobre los españoles, pero éstos los rechazaron a sablazos y disparos de sus ballestas y escopetas. Dieron muerte a quince indígenas, pero de los suyos resultaron heridos otros tantos. Dos años después, 131 Bernal Díaz se enteró de la causa de la hostilidad de los indios. Aguilar le contó que, cuando se vieron los navios junto a la punta de Catoche, Guerrero, erigido en algo así como adalid, fue quien les aconsejó repeler a mano armada a los intrusos.
p No lejos del lugar de la escaramuza, los vencedores vieron una plaza con tres edificios de cal y canto. "Eran cues y adoratorios donde tenían muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios, y otros como de mujeres.. . y dentro, en las casas, tenían unas arquillas chicas de madera, y en ellas otros ídolos, y unas patenillas de medio oro y lo más cobre y unos pinjantes y tres diademas y otras piecezuelas de pescadillos y ánades de la tierra; y todo de oro bajo. Y después que lo hubimos visto, así el oro como las casas de cal y canto, estábamos muy contentos porque habíamos descubierto tal tierra”.
p Después de la refriega, los españoles tornaron a los navios, vendaron a los heridos y siguieron al oeste; al caer la noche, anclaron; mas, por precaución, no desembarcaron en ningún sitio. Así navegaron varios centenares de kilómetros. Alaminos guió por allí las naves a lo largo de la costa septentrional, baja y llana, de Yucatán, por lugares de poco fondo, primero bordeando un grupo de islotes (la punta de Catoche es el extremo oriental de uno de ellos), luego enfilando una larga y estrecha lengua de arena, tras la que se vio la desembocadura del Río Lagartos. Mas resultó ser una laguna de agua muy salada, y no un río. Tras ella se extendía la falsa ribera de Yucatán: dos largas y estrechas islas combadas de arena, separadas de la costa de verdad por “ríos” salados.
p Siguiendo a lo largo de la falsa ribera, la expedición torció hacia el sudoeste, y luego bruscamente al sur, y entonces Alaminos creyó que Yucatán no era continente, sino una isla. Luego de dos semanas de navegación, costeando Yucatán, los españoles vieron un poblado a lo lejos. Se les acababa ya el agua dulce, pues llevaban pocas cubas a bordo, y para colmo de males, agrietadas. Hubieron de arrimarse a la costa del país que los indios llamaban Campeche [131•5 .
p Acudió a los navios un grupo de indígenas bien ataviados con ropas de algodón. Señalaron con la mano al este, preguntando si venían de allá, y repetían la palabra “castilán”, pero los conquistadores no comprendían entonces qué significaba eso. Tal vez se refirieran a castellanos cautivos. O quizás la explicación fuera otra, que los mayas sabían de las atrocidades de los 132 españoles, contadas por los isleños evadidos en canoas o arrastrados casualmente a las costas orientales de Yucatán por los vientos y la corriente. Aquí eran reducidos a esclavitud, pasaban de un dueño a otro y llegaban hasta las costas occidentales, pobladas también por mayas (los cronistas españoles hablan de tales casos). Es natural que estos mensajeros de la desgracia no podían alentar la amistad de los mayas de Yucatán a los españoles, a quienes veían por primera vez, aunque su porte fuera pacífico. Así se explican los sucesos posteriores.
Los indios invitaron a los recién llegados a que fueran con ellos al poblado. "Lleváronnos a unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos y bien labradas de cal y canto, y tenían figurados en sus paredes muchos bultos de serpientes y culebras grandes, y otras pinturas de ídolos de malas figuras, y alrededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre.. .” Unos hombres vestidos con mantas rotas trajeron haces de carrizos secos y los amontonaron, viniendo al mismo tiempo dos piquetes de arqueros y honderos con petos de guata, escudos y dardos y se detuvieron cerca de nosotros. "Y luego en aquel instante salieron de otra casa, que era su adoratorio de ídolos, diez indios que traían las ropas de mantas de algodón largas, que les daban hasta los pies, y eran blancas, y los cabellos muy grandes, llenos de sangre revuelta con ellos, que no se pueden desparcir ni aun peinar si no se cortan; los cuales indios eran sacerdotes de ídolos... y con braseros de barro llenos de ascuas nos comenzaron a sahumar. .. y por señas nos dicen que nos vamos de sus tierras antes que aquella leña que allí tienen junta se ponga fuego y se acabe de arder; si no, que nos darán guerra y nos matarán. Y luego mandaron pegar fuego a los carrizos y se fueron los papas sin más hablar. Y los que estaban apercibidos en los escuadrones para darnos guerra comenzaron a silbar y a tañer sus bocinas y atabalejos. . . Tuvimos temor y acordamos con buen concierto de irnos a la costa. .. y levar anclas"
DESCALABRO DE LA EXPEDICIÓN DE HERNÁNDEZ
DE CÓRDOBA Y RETORNO A CUBA
p Los navios siguieron navegando hacia el sur, procurando no apartarse de tierra para proveerse de agua fresca. Al cabo de dos semanas y media se acercaron a la gran aldea de Champton, rodeada de maizales. Con Hernández de Córdoba a la cabeza, los españoles fueron en barcas por agua, pues vieron la desembocadura de un río, el primero de agua verdaderamente dulce 133 que encontraron en Yucatán. Acudieron allí muchos indios con armas y atuendos guerreros, pintadas las caras de blanco y negro, y volvieron a repetir la palabra “castilán” y señalar al este. Los españoles se pusieron a tomar agua, se cansaron, colocaron centinelas y se quedaron a dormir en la orilla para acabar su obra a la mañana. Toda la noche fueron llegando tropeles de guerreros. Hernández de Córdoba decidió dar una batalla, pues tornar a los navios era más peligroso, ya que, al subir a las barcas, podía tener muchas bajas, y era muy grande el menester de agua potable. Tras un combate de una hora, los españoles tuvieron más de cincuenta muertos, dos cayeron prisioneros, y los restantes, menos uno, resultaron heridos, muchos de gravedad, y luego, durante la vuelta, murieron cinco. Hernández de Córdoba, que había recibido diez heridas, se desangraba; Alaminos tenía una herida peligrosa en la garganta, pero se mantenía en su puesto. Dejando, con tremendos esfuerzos, las cubas de agua en la orilla, los españoles retornaron a los navios.
p Determinaron regresar a Cuba. Como quiera que casi todos estaban heridos y faltaban manos para gobernar los navios, se prendió fuego a uno de los tres. Mas, antes de zarpar, necesitaban agua. Fueron a buscarla al sudoeste, manteniéndose lo más cerca posible de tierra. Al tercer día vieron una bahía, en la que desembocaba un río, pero el agua era muy salada. Esta bahía del extremo sudoccidental de Yucatán (separada del golfo de Campeche por la isla del Carmen) fue denominada posteriormente por Alaminos Laguna de Términos, pues no perdía la esperanza de encontrar allí el fin de la imaginaria “isla”. Pero la costa torcía allí hacia el oeste y, atormentados por la sed, los españoles decidieron regresar sin agua, después de haber explorado todo el litoral norte y oeste de Yucatán (unos 700 kilómetros). Con objeto de acelerar la marcha, Alaminos propuso no costear Yucatán (pues en ese caso hubieran tenido que navegar todo el tiempo contra el viento y la corriente), sino aprovechar la corriente de Florida que él descubriera en 1513 y arribar a esta península.
En trance de muerte a causa de las heridas, Hernández de Córdoba aceptó el plan, y los dos navios españoles cruzaron por primera vez el golfo de México, recorriendo en cuatro días más de 1.200 km. Tras de una escaramuza con los indios en la costa de Florida, pero surtiéndose, a pesar de todo, de agua, los infortunados conquistadores volvieron a Cuba. Francisco Hernández de Córdoba falleció diez días después del regreso.
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EXPEDICIÓN DE JUAN DE GRIJALBA
Y DESCUBRIMIENTO DEL LITORAL MEXICANO
p Pese al espantoso descalabro de los españoles en las costas de Yucatán, los objetos de oro que trajeron de allá excitaron tanto la imaginación de los aficionados a las aventuras que al año siguiente, en 1518, se organizó en Cuba otra expedición más numerosa, encabezada por Juan de Grijalba. Tenía a su disposición cuatro navios (dos de ellos armados por Diego Velázquez) y una dotación de 240 soldados. El piloto mayor era el mismo Alaminos, Bernal Díaz también participó en ella. La flotilla navegó a occidente por la ruta de Hernández de Córdoba, pero la corriente la desvió hacia el sur, con lo que se descubrió la isla de Cozumel. Los isleños huyeron despavoridos, y los españoles siguieron su rumbo, costeando el litoral ya conocido de Yucatán.
p En primer orden, Grijalba decidió ajustar las cuentas a los habitantes de Champton por el ataque a la partida de Hernández de Córdoba. Debido al poco fondo, los navios anclaron en alta mar frente al poblado. Desembarcó un numeroso destacamento. Los guerreros indios ya lo esperaban. Al desembarcar, la mitad de los españoles fueron heridos, pero ya en la orilla se pusieron los petos de guata y arrollaron a los indios al precio de siete vidas y sesenta heridos, incluido Grijalba.
p Tras de considerar las pérdidas sufridas, los españoles decidieron comportarse pacíficamente. Siguieron con prudencia a occidente de la Laguna de Términos, enfilando una costa desconocida y, al cabo de varios días, arribaron a la desembocadura de un caudaloso río, denominado Tabasco [134•6 por los indios, pero bautizado río Grijalba por los conquistadores. En la orilla aparecieron grandes multitudes, y en el bosque se oía el ruido de árboles al caer. Eran los indios que levantaban barreras. Los españoles remontaron un trecho del río y desembarcaron, a pesar de todo. No tardaron en abordarlos numerosas piraguas de guerreros. Grijalba hizo saber a los jefes, por conducto de los indios prisioneros, que vinieran sin miedo a parlamentar. Ambas partes se hicieron ofrendas. Los indios trajeron víveres y extendieron en el suelo varias mantas y objetos de oro de baja ley labrados con arte, diciendo que no tenían más oro, pero que a poniente había un país de mucho oro. Los españoles siguieron su ruta en busca de aquel país.
135p Pasada la desembocadura de otro caudaloso río, el Coatzacoalcos, la costa doblaba hacia el noroeste. Desde los navios divisaron montañas nevadas y, junto al mismo mar, el volcán San Martín Tuxtla, llamado así por el nombre del soldado que lo vio el primero. El siguiente río grande y muy caudaloso recibió el nombre del capitán de la primera nave que entró en su desembocadura, Pedro de Alvarado, pero en los mapas de años muy posteriores prevaleció la denominación indígena de este río, Papaloapán, y sólo su estero se llama lago de Alvarado.
p Cerca de la desembocadura de otro río (¿Cotaxtla?), los navios toparon con una muchedumbre de indios, en cuyas largas lanzas ondeaban banderas blancas. Eran mensajeros de Moctezuma, jefe supremo de los a z t e c a s y soberano de México. Moctezuma estaba enterado de lo ocurrido en las orillas de Yucatán, del camino que seguían los extranjeros y de que buscaban oro; ordenó a sus subditos que les dieran objetos de oro a cambio de las “mercaderías” de allende el mar para saber adonde y a qué iban. Empezóse a traer de todas las poblaciones circundantes toscos aliños de oro de baja ley, pero en cantidades que los españoles aún no habían visto.
p Cumpliendo los requisitos reglamentarios, Grijalba tomó posesión del país, y la flotilla siguió su ruta hacia el noroeste. Poco después los españoles descubrieron un pequeño archipiélago y enviaron una barca de reconocimiento. En una isla encontraron varias casas de piedras con escalones, por los que se podía subir a los altares. "En aquellos altares tenían unos ídolos de malas figuras, que eran sus dioses. Y allí hallamos sacrificados de aquella noche cinco indios, y estaban abiertos por los pechos y cortados los brazos y los muslos, y las paredes de la casa llenas de sangre”.
p Como quiera que el litoral del continente estaba relativamente poco poblado en aquel paraje y los indios llevaron a los españoles muy poco oro, Grijalba decidió seguir navegando. Poco después los españoles desembarcaron en una orilla de arena y se construyeron viviendas en las cimas de las dunas, pues abajo no les dejaban vivir los mosquitos. Cerca de la orilla había una isla (la de San Juan de Ulúa). Los conquistadores encontraron en ella un templo, en cuyo interior había indios envueltos en mantas negras. "Y tenían sacrificados de aquel día dos muchachos, y abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos a aquel maldito ídolo. Y aquellos sacerdotes nos venían a sahumar con lo que sahumaron aquel su Tezcatepuca. .. y no consentimos que tal sahumerio nos diesen; antes tuvimos una gran 136 lástima de ver muertos aquellos dos muchachos, y ver tan grandísima crueldad”. Tampoco tardaron mucho los mexicanos en "tener gran lástima" de los inocentes que los cristianos quemaban en la hoguera "para mayor gloria de Dios”. Pero los mexicanos no conocían aún otro Dios de los extranjeros que al que se había de entregar en ofrenda oro en vez de personas.
p Grijaiba envió a Alvarado a Cuba con un parte, el botín de oro y la petición de que le mandaran hombres y provisiones, prosiguiendo la navegación hasta que entró en la desembocadura del gran río de Canoas, así llamado porque allí los indios atacaron los navios con dieciséis canoas grandes. Tal vez se trate del río Tuxpán, que desagua en el mar a los 21° de latitud norte. Una vez rechazado el ataque, los españoles siguieron rumbo al norte hasta llegar "a una punta muy grande, y era tan mala de doblar, y las corrientes muchas”, que no pudieron "ir adelante”. La única punta que penetra relativamente hondo en el mar en esa parte casi recta de la costa del golfo de México es el Cabo Rojo (21°36’ de lat. N.). Difícilmente pudo impedir que "fueran adelante”. Pero uno de los navios hacía mucha agua, los víveres se acababan, Velázquez no les enviaba más y, lo principal, entre los capitanes cundieron las discordias, los soldados estaban muy cansados de "andar por la mar”, y optaron por regresar.
La expedición de Grijalba descubrió un país nuevo de alta cultura: México, y exploró la costa occidental del golfo de México a lo largo de unos 1.000 km. Pero lo más importante para los españoles fue que Grijalba y sus compañeros habían traído mucho oro en objetos de orfebrería. La fama del riquísimo país se extendió por las Grandes Antillas y llegó a España.