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EXTERMINIO
DE LA POBLACIÓN AUTÓCTONA
DE LAS ANTILLAS
Y BAHAMAS
 

MATANZAS DE INDIOS EN LAS
GRANDES ANTILLAS

p Bartolomé de Las Casas, conocido defensor de los indígenas, escribió airado en Breve relación de la destrucción de las Indias occidentales las atrocidades de los españoles:

p “Los cristianos con sus caballos, espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas y crueldades extrañas en ellos. Entraban en los pueblos, ni dejaban niños, ni viejos, ni mugeres... Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellos en los ríos por las espaldas... Otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, y todos cuantos delante de sí hallaban... Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de nuestro Redentor y de los doce Apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca, pegándoles fuego y así los quemaban. Otros... cortábanles ambas manos y de ellas llevaban colgando y decíanles: anda con cartas, conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que están huidas por los montes... Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras, huyendo de hombres tan inhumanos... enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos, que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo. .. Estos perros hicieron grandes estragos y carnicerías. Y porque algunas veces raras y pocas, mataban los Indios algunos cristianos con justa razón, hicieron ley entre sí, por que un Cristiano que los Indios matasen, habían los Cristianos de matar cien Indios”.

p La población autóctona de La Española desapareció con rapidez sin precedentes en la historia. Según testimonio de Las Casas, se opina que muy exagerado, Colón se proponía en 1495 imponer tributos al millón cien mil indios que había (O. Peschel supone que por entonces no habría más de trescientos mil indios). El exterminio en masa de los indígenas comenzó durante el 122 gobierno de Ovando, cuando apaciguó la región sudoeste de Haití, denominada por los cronistas Jaragua, según el nombre del gran lago (Enriquillo  [122•2 ) y sobre todo de la provincia sudeste de Higüey (allí los guerreros estaban armados, como los caribes, con arcos y flechas y ofrecieron mayor resistencia a los españoles).

p En 1510, Diego Colón, hijo del descubridor de América, gobernador de La Española a la sazón, que al fin logró ver restituidos sus derechos hereditarios (merced a los linajudos parientes de su esposa), dio orden de hacer un recuento. Según los datos del recuento, vivían entonces en la isla 46.000 indígenas, pero incluso esta cifra era, por lo visto, exagerada, ya que entonces había en total 20.000 personas en la isla, y en 1514 habría unas 14.000. En los años 40 del siglo XVI los cronistas ya no escriben de miles, sino de varios centenares de aborígenes (de 150 a 500 personas).

p Se empezó a llevar a La Española a esclavos “caníbales” de las Pequeñas Antillas, así como “salvajes” equiparados a los caníbales, o sea, indios aún no repartidos de Cuba, Jamaica y Puerto Rico. Cuando la población autóctona empezó a desaparecer allí también, inicióse la captura masiva de esclavos en Sudamérica, junto a las costas del mar Caribe. Luego, a iniciativa de Las Casas, se empezó a traer africanos a La Española. Sus descendientes, mezclados a menudo con españoles, fueron los que poblaron toda la isla de Haití.

p La primera población española (Baracoa) de Cuba se fundó en el extremo oriental en 1512, poco después de la llegada del gobernador Diego Velázquez (1511) con numerosas fuerzas. Desde aquí penetraron los conquistadores por mar y tierra en todas las regiones de la isla, la exploraron en busca de oro y, en dos o tres años, sometieron casi todo su territorio  [122•3 : los indígenas cubanos, casi totalmente inermes, ofrecieron a los españoles menos resistencia que los haitianos. En las inmensas haciendas que Velázquez repartió entre sus allegados durante los primeros años, los indígenas morían por millares a causa de los crueles tratos y de las enfermedades epidémicas del Viejo Mundo, sobre todo de la viruela y el sarampión. Los cronistas (Pedro Mártir, Las Casas y otros) refieren también matanzas en masa de 123 cubanos. Estiman que, en 1524, en Cuba había ya dos tercios menos de indígenas que al comienzo de la conquista, y en 1532 no quedarían ya más de 4.000.

p Los españoles se establecieron en Jamaica cerca del año 1509. El primer tiempo, mientras eran muy pocos, convivían con los indígenas. Pero cuando se nombró gobernador de la isla a Francisco Garay, hombre hacendado que llegó en 1514 con un numeroso grupo de mercenarios e hidalgos voluntarios, la situación cambió de raíz. La población autóctona fue desapareciendo con la misma rapidez que en las otras Grandes Antillas.

p En 1508, cuando el caballero Juan Ponce de León, participante de la segunda expedición de Colón, llegó a la isla al frente de una partida a colonizar Borinquén, esta isla, según testimonio de los descubridores, estaba más poblada que las restantes de las Grandes Antillas. Los cronistas españoles calcularon que, para el momento de la colonización, en la isla habría poco menos de un millón de habitantes; pero el estadounidense Preston James, sudamericanista del siglo XX, disminuye la cifra en diez veces por lo menos.

p Juan Ponce se estableció en la costa noreste de la isla, donde fundó en 1511 una ciudad que denominó San Juan Bautista de Puerto Rico en honor de su santo. Desde entonces, los españoles empezaron a llamar Puerto Rico la isla de Borinquén. Los conquistadores mataron a miles de sublevados.

“Puerto Rico era un paraíso para los indios, que recogían de sus fértiles tierras abundantes cosechas; y los españoles... creyeron que habían encontrado también un paraíso... Mas para el año 1515, las espantosas epidemias de las enfermedades importadas redujeron el número de indios a no más de 4.000" (Preston James).

BÚSQUEDA DE LA "ISLA DE LA PERPETUA JUVENTUD"
Y DESCUBRIMIENTO DEL GRUPO NOROESTE
DE LAS BAHAMAS

p Después de la fundación de la ciudad de San Juan (hoy capital de Puerto Rico), Ponce de León tenía más de cincuenta años y, tal vez, por eso, prestó atención a la leyenda india de la isla Bimini, donde brotaba "la fuente de la perpetua juventud”. Los borinqueños creían que esta bienaventurada isla estaba al norte de su patria.

p Ponce, limitado en sus acciones por Diego Colón, gobernador de La Española, zarpó rumbo a España a solicitar 124 atribuciones para descubrir a sus expensas y gobernar la "isla de la Perpetua Juventud”, o Bimini. La reina de Castilla era a la sazón Juana la Loca (después de la muerte de Isabel, su madre); pero el regente, debido a la enfermedad mental de la reina, era Fernando de Aragón, político muy cuerdo. Y este rey, sin extrañarse lo más mínimo, satisfizo la solicitud del fantaseador Ponce de León, concertando y firmando (en Burgos, el 23 de febrero de 1512) un convenio con él.

p Aduce los pormenores de esta extraordinaria expedición el cronista hispanoamericano Herrera en su Historia general de las Indias occidentales (1601). Aunque Herrera escribió casi noventa años después de la expedición, sus datos son muy fidedignos, ya que utilizó los diarios de a bordo de los pilotos de la flotilla de Ponce de León.

p Fueron aparejados tres barcos. Para piloto principal fue invitado Antón de Alaminos, participante de la cuarta expedición de Colón. Los navios salieron del puerto de San Germán (hoy Mayagüez), en la costa occidental de Puerto Rico, junto al canal de la Mona, el 3 de marzo de 1513 y tomaron rumbo noroeste. Pasaron por delante de las islas Turks (probablemente el 8 de marzo) y, yendo de isla en isla, visitaron del 9 al 14 de marzo Caicos, Mayaguana y Samana, donde, sin duda, habían estado ya, y más de una vez, los españoles. Visitaron asimismo Run Cay y San Salvador, descubiertas en 1492 por Colón. Tras de calafatear en San Salvador uno de los navios, la expedición siguió su ruta al noroeste, surcando una zona aún inexplorada del océano al este de las islas Bahamas.

p El 27 de marzo, el primer día de la Pascua de Flores, se divisó al oeste una tierra desconocida. Según la versión tradicional, era la península que Ponce de León llamó Florida en honor de la fiesta. Fue el primero en desembarcar en ella, en la zona del cabo Kennedy, y luego siguió al norte hasta los 30° de latitud norte. Durante el regreso, las naves dieron con una fuerte corriente cálida contraria que fluía hacia el océano entre la península y las islas Bahamas. Cuando la flotilla arribó al extremo sur de Florida, esta corriente contraria era tan impetuosa que desancló un navio y se lo llevó al océano.

p El gigantesco "río marino" de intenso azul, que resaltaba entre el azul verdoso del océano, fluía desde occidente, y junto al extremo sudeste de Florida torcía bruscamente al norte. Alaminos fue el primero en estudiar su dirección y posteriormente propuso utilizarla para regresar de la India occidental a España, suponiendo atinadamente que llegaba a las costas de Europa 125 occidental. Era la Corriente de Florida, el comienzo del gran "río marino" que, como hoy está demostrado, lleva decenas de veces más agua que todos los ríos de la Tierra juntos. Los españoles la denominaron posteriormente, cuando descubrieron y dibujaron en el mapa todo el litoral del golfo de México, Corriente del Golfo. Los europeos nórdicos la conocen con el nombre de Gulf Stream.

p Cuando el navio arrastrado por la corriente a alta mar se reunió, tras ímprobos esfuerzos, con los otros dos, la flotilla prosiguió su ruta al sur, y el 24 de junio tocó Cuba. Doblando luego al noreste, pasó por el canal de Florida aproximadamente por los 28° de latitud norte.

p Repusieron agua el 18 de julio en una isla del extremo occidental del Pequeño Banco de Bahama, donde hallaron a una india vieja y solitaria, por lo que dieron a la isla el nombre de La Vieja. Buscando Bimini, la expedición dio la vuelta en dos semanas al Pequeño Banco de Bahama, descubriendo la isla Gran Bahama. Herrera ofrece, basándose en los diarios de navegación, magníficas descripciones de las arboledas de mangles en las orillas y de los bancos, contraponiendo su color al del intenso azul de los estrechos sin fondo entre las islas.

p Volviendo a La Vieja, los españoles tornaron a navegar hacia el sur. En diez semanas descubrieron y exploraron, en busca de la "fuente de la perpetua juventud”, otra serie más de islas Bahamas. Un navio naufragó, pero la tripulación se salvó. Herrera, sin embargo, describió peor el retorno, y únicamente se puede suponer que, de las islas más grandes, se descubrieron entonces Gran Abaco, Eleuthera, Andros, poblada de espeso bosque, y, al norte de ésta, el pequeño archipiélago de Berry. La expedición regresó a Puerto Rico a mediados de octubre de 1513.

p Contristado de que la "fuente de la perpetua juventud" no manase en ninguna de las tierras descubiertas, Ponce de León decidió hacer la última tentativa y envió en busca de Bimini a sus pilotos Antón de Alaminos y Pérez Ortuvio. Estos retornaron varios meses después a Puerto Rico con la noticia de que habían encontrado la isla llamada por los indígenas Bimini. Si se trataba precisamente de los dos islotes que están en el extremo noroeste del Gran Banco de Bahama, y en nuestros mapas se llaman de Bimini, fue éste, sin duda, un descubrimiento deplorable. Pero eso no se puede demostrar, aunque tampoco refutar.

Por más que a Ponce de León le sobraba con las declaraciones de sus pilotos. Zarpó inmediatamente para España y no tardó 126 en obtener el título de "adelantado de Florida y Bimini”. Los documentos de sus derechos fueron firmados esta vez por la propia Juana la Loca el 27 de septiembre de 1514.

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p Por lo que sabemos, Ponce de León no se proponía colonizar las islas Bahamas. Pero la tentativa de conquistar Florida en 1521 acabó en la derrota de su destacamento, su grave herida y pronta muerte.

Según los últimos datos, en el archipiélago de las Bahamas hay 29 islas, 661 cayos y 2.387 arrecifes con una extensión total de 11.400 km2. La primera exploración de este peligroso laberinto de trozos de tierra dispersos en un amplísimo bajo fondo fue una verdadera proeza de navegación y un testimonio del elevado arte de navegar de los dos pilotos, sobre todo de Alaminos.

EXTINCIÓN DE LOS INDIOS BAHAMESES

p En 1509, el rey Fernando permitió esclavizar a los bahameses, si bien no podían ser incluidos entre los "crueles caníbales" que Colón recomendara reducir a esclavitud para "sacarlos de aquel estado de inhumanidad”. Fernando quiso favorecer a los propietarios de haciendas y minas y a los organizadores de la pesca de perlas en las Indias occidentales y legalizó la trata de esclavos que, de hecho, venía realizándose ya más de diez años. Las tripulaciones de los barcos españoles que zarpaban hacia aguas americanas hacían incursiones durante el primer decenio del siglo XVI al grupo sudoriental de las islas Bahamas, las más próximas a las colonizadas La Española y la Costa de las Perlas. Después de la expedición de Ponce de León, todo el archipiélago bahamés fue para los españoles un coto de caza de “lucayos”  [126•4  (indígenas bahameses).

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p La alimentación principal de los bahameses, magníficos nadadores y buceadores, conceptuados los mejores pescadores de perlas de todo el Mediterráneo americano, se componía de moluscos. Los patronos de la Costa de las Perlas y de las islas adyacentes (Margarita y Cubagua) pagaban por un esclavo “lucayo” hasta 150 ducados, suma muy elevada. En el segundo cuarto del siglo XVI las Bahamas, que no presentaban indicios algunos de existencia de metales preciosos, quedaron casi deshabitadas: los aborígenes fueron evacuados o perecieron, y los españoles no se establecían en ellas; por lo tanto, tampoco llevaban allí esclavos, ni indios del continente ni africanos.

p La misma suerte corrieron las Pequeñas Antillas, pobladas de pacíficos arruacos. Sólo donde habitaban los temibles caribes: en Santo Domingo, Martinica y algunas islas más, rara vez desembarcaban los españoles, como ya hemos dicho, pues podían atreverse a ^hacerlo únicamente partidas militares organizadas. Los caribes aún se sostuvieron durante mucho tiempo donde eran muchos y podían repeler a las dotaciones armadas de los barcos aparejados por tratantes de esclavos.

Las restantes Pequeñas Antillas y todas las Bahamas quedaron totalmente despobladas, y los españoles perdieron todo interés por ellas, si bien formalmente las incluían entre sus posesiones. Se convirtieron en territorios sin amo, en "cosa de nadie que pertenecía al primero que la recogiera”. Y esos primeros fueron los piratas de todas las naciones marítimas de Europa occidental que se quedaron a la luna de Valencia en el " reparto del mundo" entre españoles y portugueses.

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Notes

[122•2]   El lago Enriquillo ocupa el fondo de una hondonada entre las sierras de Neiba y Bahoruco. Se muestra ya con el nombre de “Jaragua” en el mapa del misionero francés Fierre de Charlevoix, de 1733.

[122•3]   Bernal Díaz del Castillo, pariente de Velázquez que llegó a Cuba en 1514, se quejaba de que se pasó tres años sin hacer nada, hasta que en 1517 se incorporó a una expedición enviada a descubrir tierras al oeste de Cuba.

[126•4]   La procedencia del término “lucayos” es confusa: no se sabe si viene del arruaco “luccu-cairi” (isleños) o del hispanoamericano "los cayos”.