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Necesidad y libertad
 

p Hemos dicho ya que el triunfo del socialismo sobre el capitalismo es una necesidad histórica. En las condiciones presentes, la coexistencia pacífica de los dos sistemas —el socialista y el capitalista— es una necesidad desde el punto de vista histórico.

p ¿Merece la pena, entonces, hacer esfuerzos para dar vida a lo que debe llegar ineluctablemente como resultado de una necesidad histórica natural?

p A veces se formula esta pregunta de otro modo, a saber: ¿Es posible en general la labor activa y libre allá donde todo es necesario y está sujeto a leyes?

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Durante siglos han venido discutiendo en torno a esla cuestión los llamados fatalistas y voluntáoslas.

Fatalismo y voluntarismo

p Los voluntáoslas atribuyen a la voluntad humana el papel decisivo en el desarrollo del mundo (y de ahí la denominación de “voluntarismo”). Dan de lado las condiciones y leyes objetivas, la necesidad histórica. Entienden la libertad como la ausencia de toda limitación de la voluntad humana. Mas semejante opinión es equivocada. En el mundo no surge ni actúa nada sin causa. Por eso, la voluntad humana no puede tampoco no depender de nada ni actuar a su arbitrio.

p Los fatalistas (de la palabra latina “fatalis”, que significa fatal) caen en el extremo opuesto. Creen en el desuno ineludible. Su fe se basa en la idea de que todo lo que ocurre en el mundo está predeterminado por Dios, y el hombre es impotente para cambiar nada.

p Las concepciones de los fatalistas condenan al hombre a la .inactividad. De atenerse consecuentemente al principio fatalista, los seres humanos deben permanecer cruzados de brazos, sabiendo que Dios lo ha previsto todo, lo ha creado todo en consonancia con su "armonía preestablecida”. Eso engendra un sentimiento de fatalismo. De ahí que semejante teoría mine la confianza de las masas trabajadoras en sus propias fuerzas, en la posibilidad de cambiar los regímenes reaccionarios explotadores.

p Un ejemplo nos mostrará hasta que extremo es perjudicial la actitud fatalista ante los fenómenos del mundo. En Occidente hay quien está interesado en “demostrar” la "fatalidad inevitable" de las guerras y de la carrera armamentista. A su juicio, el hombre es impotente ante esa fatalidad. Pero en realidad no es así. El Gobierno soviético ha declarado que la URSS está lejos de considerar ¡a competición en el terreno de los armamentos como una fatalidad que deba acompañar en todo momento las relaciones entre los Estados.

p Por tanto, ambos puntos de vista —el voluntáosla y el fatalista— son erróneos. Ambos enfocan de manera metafísica la solución del problema, reconociendo o la libertad o la necesidad. O todo se realiza en virtud de la actividad libre del hombre, en cuyo caso no puede haber necesidad, o todo es consecuencia de la necesidad, de las leyes, en 176 cuyo caso nú puede haber libertad. La libertad es incompa libio con la necesidad: tal es la base de semejante razonamiento.

¿Cuál es la solución justa del problema?

Qué es la libertad.
Su nexo con la necesidad

p En la vida cotidiana se entiende frecuentemente por “libertad” lo que no está sometido a restricciones ni prohibiciones. Por eso se piensa a veces que las leyes, la necesidad, excluyen la libertad: puesto que existe la necesidad, la sujeción á leyes, existen también “limitaciones”, "obstáculos”, por lo cual no puede haber libertad. Por consiguiente, resolver el problema de la libertad significa resolver el problema de si se puede ser libre sometiéndose a las leyes de la necesidad natural.

p Empecemos con un ejemplo. La conquista del Cosmos requiere que sea vencida la ley de la gravitación universal, que “encadena” al hombre á la Tierra. Pero ¿se puede hacer eso "sin tener en cuenta" dicha ley, en contra de ella, por así decirlo? No, naturalmente.

p Para que una nave espacial pueda ser puesta en órbita debe desarrollar una velocidad que haga su fuerza centrífuga mayor que la fuerza de atracción de la Tierra (como ocurre con una velocidad de unos ocho kilómetros por segundo). Los hombres de ciencia han logrado enviar naves al Cosmos no en contra de la ley de la gravitación universal, sino estudiando a fondo su acción.

p Cuando los científicos soviéticos lanzaron un cohete a la Luna, se apoyaron, como es natural, en la ley de la gravitación universal. Comunicaron al cohele una velocidad rigurosamente determinada, gracias a la cual venció la atracción de la Tierra. Después, la fuerza de atracción de la Luna obligó al cohete a “alunizar”. Reflexionemos sobre este ejemplo. Muestra convincentemente hasta qué punto carecen de razón quienes dicen: "Perderemos nuestra libertad si nos sometemos a las leyes, a la’ necesidad”, y traían de encontrar caminos que les permitan dar de lado dichas leyes, dar .de lado "la necesidad que restringe la libertad”. Quienes proceden de tal suerte entienden por libertad el liberarse de las leyes objetivas. Mas no es así.

p Nuestro ejemplo muestra que los hombres de ciencia no han actuado contra la necesidad, sino en consonancia 177 con ella, con las leyes de la naturaleza. Han adquirido su libertad, su poder sobre la naturaleza, porque han conocido y utilizado las leyes de ésta, la necesidad natural. Y han logrado éxilos notables. Francisco Bacon decía ya que a la naturaleza se la puede vencer únicamente sometiéndose a ella y a sus leyes.

p ¿Dónde, en qué caso se manifiesta la verdadera libertad: allá donde "no se reconoce" ninguna ley o allá donde las leyes son conocidas y utilizadas? La respuesta está clara: allá donde se conocen y utilizan las leyes. Lenin expresó esta idea con las siguientes palabras: la necesidad es ciega en lanío no es conocida. Pero si conocemos la necesidad, la ley, y sometemos su acción a nuestros intereses, entonces nos hacemos dueños de la naturaleza. Engels decía: "La libertad no reside en la soñada independencia ante las leyes naturales, sino en el conocimiento de estas leyes y en la posibilidad, basada en dicho conocimiento, de hacerlas actuar de un modo planificado para fines determinados"  [177•1 .

p Eslo es justo tanto respecto a los fenómenos de la naturaleza como a los de la vida social. Hasta el surgimienlo del marxismo se desconocían las leyes del desarrollo social. Los hombres seguían siendo esclavos de la necesidad histórica. El marxismo descubrió y conoció dichas leyes. Fue el primer paso para que los trabajadores, pertrechados con ellas, se convirtieran en dueños auténticos, en libres forjadores de su destino. La revolución socialista transforma esta posibilidad en realidad.

p Así, pues, la actividad libre de los hombres no consiste, como suponen los voluntaristas, en que no tengan en cuenta las leyes, los procesos objetivos, y procedan como les venga en gana. El marxismo considera la verdadera libertad como una necesidad comprendida. La libertad del hombre consiste en el conocimiento de las leyes del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, en la acertada utilización de estas leyes en la actividad práctica. La libertad del hombre no puede rebasar los límites de la necesidad.

p — ¿De qué actividad libre puede hablarse si está ”restringida" por la necesidad? —se pregunta a veces—. De todas maneras, en este caso domina la necesidad, pero el 178 hombre es libre sólo cuando puede elegir cualquier solu ción para su actividad sin tomar nada en consideración.

p Mas de eso se trata precisamente: de que tal libertad no existe. La siguiente parábola lo ilustra con claridad.

p Un día entablaron discusión la Veleta y la Aguja Imantada de la brújula.

p — Yo soy libre. Giro adonde quiero, hoy a un lado, mañana a otro —se jactaba la Veleta—. Pero tú. por muchas vueltas que se te dé, siempre te clavas en el mismo sitio.

p — ¡Qué libertad puedes tener tú! —objetó la Aguja Imantada—. No te mueves de un lado para otro por propia voluntad. Te empujan los vientos. Y por eso giras. Tu libertad es bien corta: de un viento a otro. Sobre ti influye el primer vienlecillo cercano, en tanto que yo apunto hacia la lejanía que me llama. Soy fiel a una atracción, a la cual responde invariablemente todo mi ser magnético. No dependo de los caprichos del tiempo y sigo siempre la misma dirección. Y por ella se encuentra en todas partes la ruta certera.

p Reflexionen sobre el sentido de lo que acabamos de decir y se convencerán de que la libertad no puede ser comprendida en modo alguno como la elección de cualquier solución para la actividad propia "sin tomar nada en consideración”. Porque también la Veleta considera que gira por su voluntad, aunque la realidad es que la empujan los vientos.

p En los países capitalistas hay intelectuales pequeñoburgueses que creen haber elegido con absoluta “libertad” su modo de pensar, que sus deseos y costumbres son resultado de la "libertad individual”. Pero, en realidad, son esclavos de las condiciones en que viven, de los instintos de propietario privado cultivados por todo el género de vida. No tienen ni un ápice de ."libertad individual" en el sentido en que la interpretan los científicos burgueses. Todo está sometido a la necesidad. En las condiciones propias del capitalismo, esta necesidad se manifiesta como fuerzas sociales ciegas. Por eso precisamente se las puede comparar con los vientos caprichosos de que se habla en la parábola citada.

Otra cosa es la libertad basada en el conocimiento de la necesidad en el socialismo. En él, las leyes no 179 actúan ya corno fuerzas sociales ciegas. La actividad de los hombres se basa en un profundo conocimiento de las leyes de desarrollo social.

La necesidad y la actividad humana

p Los enemigos del marxismo afirman que por cuanto éste considera el desarrollo del mundo como resultado de la acción de leyes objetivas, independientes de la voluntad y de la conciencia del hombre, conduce inevitablemente al fatalismo, a la negación de la actividad eficaz y libre de los seres humanos. Quieren decir con ello que los marxistas entienden el desarrollo del mundo como un proceso predeterminado fatalmente. Según ellos, cuando los marxistas hablan, pese a todo, de la actividad humana libre y eficaz, contradicen su propia doctrina.

p Si es inevitable el advenimiento del comunismo, dicen ¿para qué, entonces, luchar por él? Basta con esperar a que llegue. ¿Para qué, entonces, organizar partidos comunistas y preparar la victoria del comunismo? Porque, declaran, nadie funda partidos para hacer realidad la primavera y el verano.

p Los revisionistas de nuestros días hablan de la "transformación gradual" del capitalismo en socialismo, considerando que llegará pronto la "bancarrota automática" del capitalismo, es decir, una bancarrota al margen de la actividad revolucionaria de las masas.

p El marxismo no tiene nada que ver con tan vulgar concepción fatalista. Reconoce la necesidad de la victoria del socialismo, del comunismo, pero no en el sentido de que vaya a producirse automáticamente.

p Débese ello a que la necesidad de los fenómenos naturales se diferencia esencialmente de la necesidad de los fenómenos sociales. La necesidad en el desarrollo de la sociedad se realiza de manera distinta a como se suceden el día y la’ noche o llegan la primavera y el verano. Estos fenómenos se producen sin la participación del hombre.

p En la sociedad, en cambio, todo lo que existe es obra del hombre, de su actividad laboral, productiva y revolucionaria.

p "Entonces —preguntarán ustedes—, ¿resulta que la necesidad social depende de los hombres, que son ellos quienes la crean?" No. Los fenómenos sociales surgen al 180 margen de la voluntad y los deseos de los hombres, sobre la base de las leyes del desarrollo de la producción material. La necesidad en la sociedad es tan objetiva como la necesidad en la naturaleza. Pero, como lian visto ya, existe también una diferencia esencial. En la naturaleza, la necesidad no presupone la actividad de los hombres. En la vida social, en cambio, la actividad de los hombres figura entre las condiciones indispensables para que la necesidad se manifieste y realice.

p ¿Es posible, por ejemplo, evitar la guerra sin la lucha activa de las masas populares contra ella? Está claro que no. Si las fuerzas adictas a la paz se cruzan de brazos, las negras fuerzas partidarias de la guerra redoblarán su actividad ineluctablemente. Y la coexistencia pacífica se verá amenazada. De los propios pueblos, de su decisión y sus acciones enérgicas, depende que haya paz en la Tierra o que la humanidad se vea arrastrada a la catástrofe de una nueva guerra mundial.

p El reconocimiento de la fatalidad de la guerra aminoraría la actividad de los pueblos en la lucha por la paz, desmoralizaría a las fuerzas pacíficas. Y, a la inversa, la conciencia de que la guerra no es fatalmente inevitable contribuye a ampliar las filas de los partidarios de la paz y alienta a cuantos luchan por ella.

p Por consiguiente, la necesidad histórica no excluye sino que presupone la actitud activa ante los acontecimientos que se producen en el mundo. El marxismo concede la mayor importancia a la actividad libre y eficaz de los hombres. Esta actividad recibe también la denominación de factor subjetivo, es decir, de fuerza, causa, que depende de los sujetos, de las personas, de sus conocimientos, actividad y dotes organizativas.

p La vida de los soviéticos, que están creando la sociedad comunista, es intensa y combativa. Lo más peculiar que determina su esencia es, sin duda, la actividad consciente, orientada a un fin concreto.

p Pero si los soviéticos crean la base material y técnica del comunismo de una manera consciente y en consonancia con un plan trazado de antemano, ¿no significará ello que la edificación del comunismo ha dejado de estar determinada por las condiciones objetivas, por la necesidad, por las leyes? No, no significará eso.

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p La edificación del comunismo en la URSS se efectúa en consonancia estricta con las leyes del desarrollo social. Es un proceso históricamente necesario. La importantísima tesis relativa al carácter primario de las condiciones objetivas en el desarrollo de la sociedad es aplicable íntegramente al período de la edificación del comunismo en todos los frentes.

p — Entonces, si las condiciones objetivas tienen importancia determinante, ¿en qué consiste el papel de la actividad libre y eficaz de los hombres, del factor subjetivo?

p En el Programa del PCUS se fundamenta desde el punto de vista económico, con un análisis de las leyes del desarrollo social, la posibilidad de edificar el comunismo en el País de los Soviets. Los plazos históricos de creación de la base material y técnica del comunismo han sido fijados precisamente partiendo de los recursos materiales del país, de las posibilidades con que cuenta la producción socialista industrial y agropecuaria. Ahora bien, las tareas previstas en el Programa no se cumplirán por sí solas, de manera automática, sino que requerirán el trabajo entusiasta, verdaderamente creador, de millones de trabajadores.

El Programa del PCUS arranca de la concepción marxista de la correlación existente entre las condiciones objetivas y el factor subjetivo, de la importantísima tesis de la teoría marxista de que la sociedad comunista, a diferencia de todas las precedentes, no se forma de manera espontánea, sino como resultado de la actividad consciente y orientada a un fin de las masas populares, dirigidas por el Partido marxista-leninista. El papel del factor subjetivo, de la actividad libre y eficaz del pueblo durante el período de la edificación del comunismo en todos los frentes, se eleva en grado considerable y tierie importancia decisiva para el éxito de esta gran obra. Sin embargo, la propia actividad eficaz de los hombres se basa en las condiciones objetivas, surge de ellas.

El comunismo entroniza la libertad en la Tierra

p Los filósofos y sociólogos burgueses tergiversan el sentido del concepto de libertad. Reducen todo el problema al logro de la "libertad ideal del espíritu”. Aunque seas un esclavo encadenado, razonan, si no te consideras limitado espiritualmente por tu situación, eres libre.

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p En la sociedad burguesa todos son, supuestamente, libres. Nadie obliga al obrero a trabajar ni al capitalista a que le proporcione ocupación. El obrero puede trabajar para el capitalista, pero puede también no trabajar. Depende de su voluntad. Sobre esta “base”, los propagandistas burgueses declaran que con la implantación del capitalismo se ha resuelto el problema de la libertad. Los ideólogos del imperialismo han inventado incluso un término especial —"el mundo libre"— para los países capitalistas. Examinemos, no obstante, si este "mundo libre" es verdaderamente libre.

p Para que el hombre sea libre debe ser también dueño y señor de las condiciones de la vida social. ¿Puede serlo en la sociedad capitalista o en cualquiera otra basada en la explotación?

p En la sociedad dividida en clases antagónicas, la solución del problema de si el hombre es libre o no, depende, ante todo, de sus condiciones de vida, del lugar que ocupa en la sociedad. La experiencia histórica de toda sociedad compuesta de clases antagónicas prueba que la libertad de una clase significa la esclavitud de las demás. Lenin destacaba que la libertad es un privilegio de clase. De ahí que todo intento de buscarla fuera de las condiciones económiVas, fuera del análisis de la naturaleza de clase de un régimen económico-social determinado, sea un engaño o una ilusión.

p Tienen libertad quienes poseen los medios de producción. Donde existe la propiedad privada de los medios de producción y su secuela —la explotación del hombre por el hombre— no hay libertad para los trabajadores porque la libertad para el pueblo carece de una base objetiva real. En tales condiciones, la libertad tiene para el pueblo una importancia solamente formal, pues no puede gozar de ella. Los únicos que la disfrutan son los explotadores. El filósofo japonés de nuestro tiempo Janagida Kenjuro dice en su libro Filosofía de la libertad: "La libertad simple mente, como libertad en la idea, sin una base material, se asemeja a una flor sin raíces. Por bella que sea, pronto se marchitará y secará ineluctablemente”. Como enseña Lenin, en la sociedad basada en el poder del dinero, en la que las masas trabajadoras se hallan en la miseria y unos cuantos 183 ricachones viven como parásitos no puede haber una libertad real, verdadera.

p El capital monopolista, se dice en el Programa del PCUS, pone más y más al desnudo su esencia reaccionaria, nntidrmocrática. Ni siquiera admite ya las viejas y limitadas libertades democráüco-burguesas. Las porras y las balas policíacas ocupan un lugar cada día mayor en el arsenal de “argumentos” de la democracia burguesa.

p Por consiguiente, en la sociedad capitalista no hay ni puede haber verdadera libertad para los trabajadores. El "mundo libre capitalista" es un infundio de los propagan distas burgueses.

p El proletariado, el campesinado laborioso, todos los trabajadores adquieren la verdadera libertad sólo cuando conquistan la libertad social y edifican la sociedad socialista, pues el hombre se siente libre únicamente cuando tiene la base material necesaria para alcanzar sus fines y aspiraciones. Esta base se la proporciona a los trabajadores la sociedad socialista. Precisamente por ello, Engels decía que el socialismo es el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. Sólo en el socialismo puede el hombre someter a su control la marcha del desarrollo de la sociedad, transformar en libertad la ciega necesidad.

La experiencia histórica de la edificación del socialismo en la URSS y en otros países ha confirmado esta conclusión de Engels. En el socialismo, el hombre se emancipa del temor a perder el trabajo, de la inseguridad por el día de mañana, de la explotación. Todo esto ha sido conquistado ya por los pueblos de los países socialistas. Pero el avance de la sociedad humana por el camino de su liberación no acaba ahí. La edificación de la sociedad comunista será el peldaño superior de la emancipación del ’hombre respecto de las fuerzas espontáneas de la naturaleza. Se crearán todas las condiciones para el libre trabajo, creador, para el desarrollo de todas las facultades ij aptitudes ¡unnanax. Con ello, como señala el Programa del PCUS, será superada la última barrera en el camino de la humanidad hacia el auténtico reino de la libertad. Esto significa que el comunismo entroniza en la Tierra la verdadera libertad. De aquí no se deduce, naturalmente, que el individuo quede libre de toda obligación para con la sociedad, para con los miembros de la colectividad, y 184 de toda norma de conducta social. La libertad como necesidad comprendida está vinculada orgánicamente a la disciplina y la presupone.

Libertad y disciplina

p El Partido Comunista educa a los cuadros en el espíritu de la observancia estricta de la disciplina del Partido y laboral. La organización comunista del trabajo, indicaba Lenin, se asienta —y cuanto más tiempo pase más se asentará— en la disciplina libre y consciente de los propios trabajadores. "La producción comunista —se dice en el Programa del PCUS— requiere un elevada grado de organización, meticulosidad y disciplina, que no se asegurarán por la coerción, sino sobre la base de la comprensión del deber social, y vendrán determinados por todo el modo de vida de la sociedad comunista"  [184•1 .

p Lenin exigía de modo especial observar la disciplina del Partido. La unidad de voluntad, la disciplina férrea: tal es el cemento que cohesiona el Partido en un todo único y lo transforma en una fuerza invencible. El Partido Comunista expresa siempre las leyes y tendencias del desarrollo histórico. Su programa refleja las necesidades materiales de la sociedad y las aspiraciones del pueblo. Los Estatutos del PCUS señalan cómo debe actuar cada comunista para cumplir con éxito este programa.

p Así, pues, los militantes del Partido, guiándose por estos documentos, aunan conscientemente sus esfuerzos sobre la base de la disciplina del Partido y_ del Estado, tienen plena conciencia de que la política del ’Partido corresponde por entero a los intereses del pueblo, a las leyes del desarrollo social. Esta es la razón de que el comunista sea libre en sus actos. Para él, la disciplina es el reflejo de una necesidad histórica, sin cuya comprensión no hay verdadera libertad.

En resumen, la verdadera libertad no sólo es compatible con la disciplina, sino que se basa en ella. La sociedad socialista es fuerte por la unidad de los intereses de clase, por la unidad de acción y de voluntad, lo que engendra la disciplina consciente de sus miembros. Esta es la base de la auténtica libertad del individuo en el socialismo.

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La libertad del individuo. Humanismo verdadero y ficticio

p Hemos afirmado antes que el problema de la libertad, en el plano político-social, lleva implícita la pregunta de qué régimen social crea efectivamente las condiciones necesarias para la vida normal y feliz de los trabajadores; dicho con otras palabras, qué sociedad puede hacer realidad el principio de “¡Todo para el hombre!” Es ésta una cuestión importantísima, pues el desenlace de la emulación pacífica de los dos sistemas depende, en última instancia, de qué régimen puede satisfacer en mayor grado las necesidades materiales y espirituales del individuo.

p Los políticos e ideólogos burgueses afirman que esa sociedad es el tristemente célebre "mundo libre" de Occidente. Se atribuyen el papel de "verdaderos humanistas" y hacen juramentos de "amor absoluto a los semejantes”. Unos, los socialistas de derecha, por ejemplo, hablan de que quieren crear el "socialismo humano”. Otros tiñen el capitalismo de "humanismo económico”. Los clericales, por su parte, vinculan el humanismo a la fe en Dios. El hombre, afirman, es el colmo de la creación divina. Dios ha creado toda la naturaleza para el hombre. Y esto debe despertar sentimientos de bondad para con Dios y de gratitud para con la Iglesia por su “humanismo” y "filantropía".

p Semejantes consideraciones acerca del humanismo tienen por fin impedir que los trabajadores comprendan la naturaleza, antihumana en su esencia, del régimen capitalista, en el que todo está subordinado al sojuzgamiento del pueblo trabajador y no a sus intereses.

p En efecto, los partidarios del "humanismo económico" tratan de demostrar que la producción en los países capitalistas no tiene por fin obtener beneficios, sino satisfacer las necesidades del hombre. Pero se trata de un burdo fraude. En los países capitalistas, la economía no sirve en modo alguno al hombre. Su único objetivo y estímulo motriz es el lucro. Los explotadores necesitan hablar de "humanismo económico" para velar las contradicciones que desgarran a la sociedad basada en la explotación. Predican el amor universal a las personas de todas las clases —explotadores y explotados—, presentando ese amor como un rasgo típico del "humanismo absoluto".

p Por tanto, las llamadas teorías humanitarias de los 186 ideólugos burgueses carecen de toda base. p]l •’humanismo" (jue predican está llamado a encubrir la falla de derechos de los trabajadores en los países capitalistas.

p ¿En qué consiste la esencia del verdadero humanismo?

p El humanismo es, ante todo, el amor al pueblo trabajador, a las grandes masas populares, la lucha por su felicidad, por hacer que su vida tenga el mayor contenido y sea lo más fecunda posible. Esto jamás podrá conseguirse en una sociedad basada en la explotación y en el lucro individual. Hemos visto ya que el humanismo auténtico es posible únicamente con la victoria del socialismo y del comunismo. Por eso existe nn nexo orgánico entre el comunismo y el verdadero Jiumanismo. ¿En qué se manifiesta este nexo?

p El marxismo-leninismo arranca de que es preciso crear las condiciones materiales, objetivas, para el desarrollo armónico de la personalidad humana. El individuo es libre únicamente cuando la sociedad está libre de la explotación, de la inseguridad en el día de mañana. La sociedad no puede liberarse sin liberar a cada individuo. Por consiguiente, el libre desarrollo del individuo depende de las condiciones reales, objetivas, las cuales se crean en el socialismo, en el comunismo. Como señala el Programa del PCUS, "la sociedad soviética asegura la libertad efectiva del individuo. La manifestación suprema de esa libertad es que se ha liberado al hombre de la explotación"  [186•1 .

p El comunismo es un régimen en el que se expandirán y manifestarán plenamente las facultades y aptitudes del hombre libre, así como sus mejores cualidades morales. En las banderas de la sociedad comunista está escrito: "De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”. Y esto plasma en plena medida en la consigna del Partido: "Todo para el hombre, en aras del bien del hombre".

p El amor al hombre es un rasgo peculiar del comunismo. Pero no es el “amor” cristiano, estéril y abstracto, que se limita a las prédicas y los buenos cíeseos provechosos a los explotadores. Es un humanismo que llama a la acción, al cumplimiento de las tareas prácticas de la edificación del comunismo, que son precisamente las que permitirán llevar a la práctica la gran consigna: "¡Todo para el hombre!"

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p El comunismo es el florecimiento supremo de la humanidad y de la personalidad humana.

p De cuanto queda dicho se deduce que la sociedad comunista crea todas las condiciones necesarias para el desarrollo de la personalidad humana. E! marxismo, que ha elaborado la teoría y la práctica de la edificación del comunismo, es el verdadero humanismo: el humanismo de nuestro siglo. Y lleva consigo la verdadera libertad para los trabajadores.

El ejemplo de cómo se logra la verdadera libertad les habrá convencido de que ésta sólo puede convertirse en realidad cuando existen determinadas condiciones de importancia decisiva para cualquier proceso o fenómeno. A ello están vinculadas las categorías de posibilidad y rea lidad.

* * *
 

Notes

[177•1]   F. Engels, Anti-Dühring, ed. en ruso, 1957, pág. 107.

[184•1]   El camino del comunismo, ed. en español, Moscú, 1961, pág. 549.

[186•1]   El camino del comunismo, ed. en español, 1961, pág. 495.