p Ustedes saben, a través de la experiencia, que ningún fenómeno surge sin causa, "de por sí”, sino que lo engendran el desarrollo precedente de dicho fenómeno u otros fenómenos. De la nada no surge nada. Todo fenómeno tiene su origen, lo que lo engendra. Es precisamente lo que se llama “causa”. Lo que crea, produce o da vida a otro fenómeno recibe el nombre de causa. Lo que surge bajo la acción de la causa se denomina efecto.
Así, pues, las categorías filosóficas de “causa” y “efecto” expresan la relación existente entre dos fenómenos, de los cuales uno, llamado causa, produce ineluctablemente el otro, denominado efecto; esa relación recibe el nombre de relación causal (o de causa y efecto).
Rasgos principales de la causalidad
p Cuando el vapor hace girar la rueda móvil de la turbina, la relacion que surge entre la tuerza del vapor y la rueda móvil existe independientemente de nuestra conciencia, en la propia realidad, en la naturaleza. Este y otros ejemplos semejantes muestran que cualquier relación causal es originada por cosas con existencia real. Por eso, uno de los rasgos nías importantes de la relación de causa y efecto es su carácter objetivo.
p Los filósofos materialistas anteriores a Marx (por ejemplo, Demócrito en la Grecia antigua, Wang Chung en la China antigua y Espinosa, Hobbes y Chernishevski en un período posterior) defendieron, en lucha con el idealismo, la importantísima tesis materialista del carácter objetivo de la causalidad y de la condicionalidad causal universal de los fenómenos de la naturaleza.
p Los pensadores que sustentan la opinión de que en la naturaleza y en la sociedad existe la condicionalidad causal universal de los fenómenos, la necesidad, la ley objetiva, independiente del hombre, se llaman deterministas. Los deterministas consideran que todos los fenómenos de la naturaleza "vienen condicionados por una u otra causa, por unas u otras leyes. Todo lo que ocurre en el mundo es necesario precisamente porque está determinado, como dicen los filósofos.
p Los deterministas han luchado a lo largo de toda la historia de la filosofía contra la negación idealista de la 149 causalidad, contra el indeterminismo. Los idealistas de las distintas corrientes y tendencias parten ríe que el hombre crea la categoría de causalidad para mayor “comodidad”, para "ahorrar pensamiento”, para poner orden en "el caos de fenómenos de la naturaleza”. Así, el idealista subjetivo Berkeley intentó refutar incluso la idea de la causalidad. Lo mismo pretendieron hacer, en el fondo. Hume y Kant, que negaron la existencia objetiva de la causalidad.
p Ambos filósofos argumentan como sigue su tesis del carácter subjetivo de la causalidad. Una vela encendida, afirma Hume, quema cada vez que la tocamos. Pero de eso no se desprende, según él, que en lo sucesivo cause ineludiblemente una quemadura. Un millón de veces ha ocurrido así, pero la vez millón y una puede ocurrir algo completamente distinto. El hecho de que la quemadura haya sido originada hasta ahora’ por la vela encendida no significa que ésta sea la causa.
p Se quiere hacer creer que estos dos fenómenos —la vela encendida y la quemadura— coexisten simplemente, pero que de ahí no puede deducirse que exista entre ellos relación causal. Hume, naturalmente, no tiene razón. No juzgamos de las causas tomando como base únicamente las observaciones. Las estudiamos sobre la base de la experiencia, de la práctica, las cuales revelan convincentemente por qué, en virtud de qué, por ejemplo, el fuego quema necesariamente. La práctica, la experiencia, pone de manifiesto la dependencia causal de los fenómenos.
p La forma en que Hume y Kant entendían la causalidad ha sido resucitada por los filósofos reaccionarios de la época del imperialismo: Mach y sus seguidores contemporáneos. Los pragmatistas de nuestros días, siguiendo la linea filosófica machista, rechazan la objetividad del mundo exterior y, a la par, la objetividad de las relaciones de causa y efecto.
p Niegan también la causalidad los "idealistas físicos" de nuestros días, entre ellos Hcisenberg, Bohr, Jordán y otros. Por ejemplo, el físico germano-occidental Ilennemann dice que "la ley de la causalidad, en su fórmula clásica, no es aplicable en todos los terrenos".
p ¿Por qué, preguntarán ustedes, arremeten así los filósofos burgueses contra el principio materialista Je la causalidad? Porque de él dimanan conclusiones científicas, 150 ateístas. Si todo lo que ocurre en el mundo es originado por causas naturales, Dios no tiene absolutamente nada que hacer en él: nada ocurre por voluntad divina, sino sobre la base de las causas correspondientes. Los idealistas, indicaba Lenin, niegan las leyes de la ciencia para que les sea más fácil pasar de contrabando las leyes de la religión.
p Otro rasgo de la causalidad consiste en que tiene carácter universal, y la ley de la causalidad es ley universal del mundo material. Esto significa que no existe un solo fenómeno que no esté subordinado a dicha ley, que no existe un solo fenómeno que haya surgido en contra de la ley de la causalidad y no tenga su correspondiente fuente material. Ustedes saben, sin duda, por experiencia propia que la ley de la causalidad no conoce excepciones. Si ha ocurrido algo, busque la causa: sin ella no surge nada en el mundo. No es casual que el pueblo diga: "Donde fuego se hace, humo sale”, "Gallo que no canta, algo tiene en la garganta”, etc.
p En la vida práctica buscamos siempre las causas de los acontecimientos. Por ejemplo, si se descubren serios defectos en la calidad de la producción, buscamos sus causas. Suprimir las causas significa suprimir también los defectos originados por ellas: la mala calidad de la producción.
p De la propia esencia de las relaciones causales dimana otro rasgo: la causa tiene un carácter activo. Cuanto hemos dicho antes les ayudará a comprenderlo con facilidad: puesto que la causa provoca el efecto, es un principio activo. Mas esto no significa que el efecto sea pasivo y no participe de ninguna manera en el proceso del desarrollo. Si la energía del Sol, el calor, actúa sobre un trozo de lienzo mojado, el resultado es uno: el lienzo se seca. Si esa misma energía actúa sobre la cera, el resultado es otro: la cera se derrite. Si la energía solar actúa sobre una planta, el resultado será también distinto: bajo su acción se producirán procesos de importancia vital en la planta. De modo que la causa origina efecto determinado sólo en su relación con otras cosas y fenómenos. Por eso precisamente hablamos de relación causal.
En el mundo se establecen relaciones causales en cantidad infinita, pero no todas desempeñan el mismo papel. Entre ellas existen las principales, las esenciales, que deben ser destacadas en primer término.
151Causas esenciales y no esenciales
p Aduzcamos un ejemplo. Se ha descubierto producción de mala calidad. Buscamos las causas. Puesto que en la producción son múltiples los nexos y las relaciones, las causas son también, de ordinario, muchas. Sin embargo, el análisis muestra siempre que existen causas esenciales, principales, es decir, que determinan todas las demás causas. En nuestro ejemplo pueden ser la baja disciplina tecnológica y de producción, el insuficiente nivel de organización de la producción, el trabajo arrítmico, etc. En efecto, son ellas precisamente las que determinan todas las demás: los trabajadores negligentes que entregan artículos defectuosos surgen donde la disciplina de la producción es baja. El trabajo arrítmico es también causa de muchos males.
Tiene importancia aclarar la causa esencial porque ello permite influir de modo decisivo sobre el efecto dado. Mas esto no significa en modo alguno que se puede prescindir en mayor o menor grado de las causas no esenciales.
Interacción de causa y efecto
p Puesto que la causa provoca el efecto, entre ellos existe un nexo determinado. Pero los metafísicos lo entienden de manera unilateral: sólo como la influencia de la causa en el efecto. Ahora bien, ¿influye el efecto en la causa? Los metafísicos no pueden responder acertadamente a esta pregunta porque separan los contrarios: la causa y el efecto.
p Un fenómeno, razonan, puede ser o causa o efecto. Si actúa como causa, no puede ser ya efecto. El metafísico, según la expresión de Engels, ve aquí la causa y allá el efecto, pero al margen de su relación mutua, al margen de la unidad dialéctica.
p Es claro que los metafísicos no tienen razón. Entre la causa y el efecto se establece la interacción. ¿En qué consiste? Veámoslo con un ejemplo. La materia, la existencia, origina la conciencia; pero la conciencia, a su vez, influye en la existencia, actúa sobre ella, como hemos visto ya en la charla cuarta. Por tanto, la interacción consiste en la interdependencia de la causa y el efecto, en que influyen la una sobre el otro, y viceversa.
p "Pero —preguntarán ustedes— ¿no significará eso que la causa y el efecto se condicionan mutuamente en igual 152 medida?" No, pues la causa desempeña siempre el papel decisivo en la relación de causa y efecto. Es precisamente la causa la que determina esa relación, en tanto que el efecto desempeña un papel importante, pero, de todos modos, secundario. Tiene gran importancia comprender esto. No es indiferente considerar cuál es la causa de una determinada relación causal y cuál es el efecto, de la misma manera que no es indiferente, por ejemplo, para la ciencia el problema de si es la materia la que determina la conciencia o viceversa. Mas esto no significa tampoco que se pueda menospreciar la influencia del efecto sobre la causa.
p Además de cuanto queda dicho, el concepto de interacción tiene un segundo sentido, como verán por el ejemplo siguiente. La causa de la corriente eléctrica en el generador es la energía mecánica de la rotación, transformada en energía eléctrica. Pero la energía mecánica tiene también, a su vez, una causa. Esta consiste, digamos, eri la fuerza de la caída del agua. Resulta, pues, que la energía mecánica de la rotación es, en un caso, causa y, en otro, efecto de otra causa: la fuerza de la caída del agua. Ahora bien, la fuerza del agua, que actúa en este caso como causa, es también efecto. Ha sido provocado por la circulación del agua que tiene lugar en la naturaleza, gracias a la cual se mantiene un determinado nivel del agua en el río en que se encuentra la central eléctrica, etc.
p Analicen con detenimiento esta cadena de relaciones de causa y efecto y verán que es una cadena de fenómenos no aislados, sino concatenados. Cada causa o efecto no deben ser examinados aisladamente, sino en conexión con los fenómenos que los han originado o que han originado ellos. Entonces, un mismo proceso u objeto es a la vez causa y efecto. Es causa con relación al fenómeno que ha provocado. Pero es ya efecto con relación al fenómeno que lo ha originado. Con esta concepción, la causa y el efecto no son ya polos aislados, opuestos, sino eslabones de una compleja cadena de objetos y fenómenos en interacción. Así, pues, dicho con palabras de Engels, en el mundo existe la interacción universal, consistente en que las causas y los efectos cambian constantemente de sitio; lo que aquí o ahora es causa, se convierte allá o luego en efecto, y viceversa.
153La doctrina marxista-leninista de la causalidad tiene gran importancia para refutar las supersticiones de todo género.
La causalidad refufa las supersticiones
p No se puede considerar que un fenómeno es causa de otro por el solo hecho de que lo preceda en el tiempo. Sin embargo, este error es bastante frecuente. Y todas las supersticiones se basan en él.
p Los supersticiosos vinculan los fenómenos con la relación de causa y efecto, partiendo de los rasgos externos, basándose únicamente en que existe entre ellos cierto nexo en el tiempo. Si un gato negro cruza la calle delante de una persona y ésta sufre después algún contratiempo, se saca la conclusión de que el gato es la causa del contratiempo. Este último se ha producido después- de aparecer el gato, y de ello se llega a la errónea conclusión de que el contratiempo es efecto de la aparición del gato, aunque entre estos dos fenómenos no haya ninguna relación interna, profunda, y sólo se trate de una simple coincidencia en el tiempo. Es decir, los supersticiosos hablan de relación causal entre los fenómenos allí donde no existe en absoluto.
p Nicolás Chernishevski cita el siguiente ejemplo de la historia: "¿En qué se basaban los auspicios (predicción por el vuelo de las aves) de los antiguos romanos? —pregunta—. Cierto día, antes de una batalla, escucharon el graznido de una corneja en el lado derecho, y perdieron la batalla; en otra ocasión, escucharon el graznido de una corneja en el lado izquierdo, y ganaron la batalla. La cosa está clara. . . coincide, por consiguiente, existe una relación causal: el graznido de la corneja en el lado derecho provoca la derrota de las tropas, y en el lado izquierdo, les da la victoria.
p Todas las supersticiones se basan en esta forma de deducción”.
p En el hombre desaparece el miedo, y junto con él la superstición; únicamente cuando comprende las causas reales, y no supuestas, de los fenómenos. Un ejemplo. En su tiempo, los exploradores de África afirmaban haber visto "en el cielo" los jardines del Paraíso, inmensamente 154 extensos. A veces decían que habían visto en el cielo una nave aérea con marinos-fantasmas. Después desaparecía todo. ¿Qué podría ser? Mientras se desconoció la causa, se hicieron toda clase de cabalas, a cual más falsa. Pero los hombres de ciencia descubrieron más tarde las causas de tan inusitados fenómenos. Resulta que en los países tórridos, cuando el tiempo es tranquilo, el aire se hace más denso y forma algo así como un espejo gigantesco. Y en este “espejo” se reflejan los objetos que hay en la tierra o en el mar: jardines, buques, etc. Por eso, lo que vieron los exploradores no fueron los jardines del Paraíso, sino el reflejo de jardines existentes realmente en la tierra; no vieron una nave aérea, sino el reflejo de buques que surcaban el mar. Bastó con encontrar las causas de estos fenómenos para que desapareciera el miedo supersticioso ante ellos.
p De este modo, el conocimiento de las causas desembaraza al hombre de las supersticiones.
El estudio de las causas nos ayuda asimismo a comprender uno de los fenómenos más interesantes de la naturaleza: la conformidad existente en ella.
Causalidad y conformidad
p Basta con echar una rápida ojeada al mundo circundante para descubrir en él una armonía, un ajuste maravilloso. No es casual que se compare el mundo con el funcionamiento de un organismo perfecto. Sorprende, sobre todo, la conformidad de la naturaleza viva. He aquí algunos ejemplos. Muchas flores se abren al amanecer, y eso conforma muy bien con el fin: los insectos pueden recoger durante el día el néctar o el polen. Pero lo más sorprendente en este caso es que dichas flores se abren poco antes de despuntar el alba, como “sabiendo” que unas horas después habrá de salir el Sol. Parece como si las plantas poseyeran una especie de “memoria” del tiempo. Incluso si se las tiene durante cierto tiempo en la oscuridad, siguen, de todas maneras, cerrándose al anochecer y abriéndose al amanecer. La flor parece saber cuándo sale el Sol.
p La conformidad, la .“racionalidad” de la naturaleza se manifiesta también en la capacidad de adaptación de los animales y las plantas a sus condiciones de vida, al medio ambiente. Es sabido que las aves pasan en el aire la mayor 155 parte del tiempo. Y toda la estructura de su cuerpo está adaptada para ello. Como si la naturaleza se hubiese señalado la tarea de cubrir el cuerpo de las aves de modo que no aumente demasiado su peso y, a la vez, esté bien defendido del frío. Toda la estructura de las aves está adaptada a facilitar su vuelo.
p Hemos señalado únicamente algunos ejemplos de la conformidad de la naturaleza. El hombre no ha podido dejar de observarlos, pues saltan a la vista. Por eso, la humanidad se pregunta desde tiempos inmemoriales: ¿Cómo explicarse estos sorprendentes fenómenos de la naturaleza? ¿Cuál es su origen?
p Los idealistas, igual que los clericales, son incapaces de explicar los hechos de conformidad y orden que encontramos a cada paso en la naturaleza. Por eso afirman que el surgimiento y desarrollo de todas las cosas de la naturaleza no está determinado por causas materiales, por las leyes de la propia naturaleza, sino por el objetivo al que sirven, por el fin para el que están destinadas, por el porgué y el pora qué de su existencia.
p Este punto de vista se denomina ideológico (del griego téleos, fin).
p Los clericales llegan de ahí a la siguiente conclusión. Cualquier orden, el logro de cualquier objetivo mediante el empleo de determinados medios presupone la razón. La naturaleza representa, en efecto, un orden, en ella se consiguen determinados fines. La conformidad, la sabiduría de la naturaleza se explica porque existe el sapiente Dios. Es el "gran maestro" creador del gran mecanismo. Engels señala, ridiculizando semejantes afirmaciones, que, según la concepción teleológica del mundo, "los gatos han sido creados para comerse a los ratones; los ratones, para ser comidos por los gatos, y toda la naturaleza, para demostrar la sabiduría del creador".
p La conformidad con que está organizado el mundo sirve de base a los clericales para juzgar de la "fuerza racional" que lo ha “creado”. Esta "demostración" sigue s’iendo utilizada en nuestros días por los idealistas y clericales. Por ejemplo, en la Enciclopedia Americana se dice: "Al observar todos los fenómenos de conformidad en la estructura de los seres vivos es casi imposible creer que hayan podido surgir sin la participación del Creador".
156p ¿Es así, sin embargo? ¿Tiene la teleología algún sentido científico, por pequeño que sea? Vamos a verlo.
p Es preciso tener en cuenta, ante todo, que por mucho que insistamos en la pregunta de para qué, con qué fin ha surgido uno u otro fenómeno, no daremos un solo paso adelante en el descubrimiento de su esencia. Para comprender un fenómeno hay que saber en virtud de qué causas ha surgido, qué es lo que lo ha engendrado, a qué está vinculado. Sólo formulando la cuestión de por qué, en virtud de qué causas tiene lugar la sorprendente conformidad que existe en la naturaleza, podremos comprender la esencia de los fenómenos que se producen en el mundo. Pero el punto de vista teleológico está enfilado precisamente contra esta explicación científica, causal, de los fenómenos de la naturaleza.
p Cuando se descubren las causas verdaderas, objetivas, de los fenómenos que se producen en el mundo queda demostrado de manera convincente que en la naturaleza no existe ningún fin interno misterioso, ningún designio divino, ninguna fuerza racional superior.
p He aquí un ejemplo evidente. ¿Quién no ha visto en verano, a la orilla del mar, insectos que saltan habitualmente entre los guijarros húmedos? Pero de pronto se alejan del agua. Y no es casual: algún tiempo después se desencadena una tempestad. Parece como si lo “supieran” de antemano. Los peces, antes de empezar la tempestad, tratan de alejarse de la zona costera para no ser arrojados a tierra. Desaparecen también las medusas.
p Al analizar semejante conducta de los seres vivos resulta difícil rechazar la idea del carácter “milagroso” de tales fenómenos. Mas cuando la ciencia descubre sus causas naturales, todo se pone en claro. Se ha comprobado que cuando empieza una tempestad lejos de la costa, llegan a ésta ondas sonoras, que se propagan a varios miles de kilómetros, pero que el oído humano no puede captar. Por eso, la tempestad, iniciada muy lejos, se deja sentir mucho ’antes de llegar a la costa. Los animales marinos, a diferencia del hombre, captan dichas ondas, por lo que "presienten" la tempestad y se refugian en lugares fuera de peligro. La “racionalidad” se basa en este caso en causas reales, naturales. No hay en ello nada de sobrenatural. Cuanto liemos dicho muestra que los hechos de la conformidad 157 puede explicarlos únicamente la ciencia, pero no la religión.
p Veamos ahora el valor que puede concederse a la afirmación de los clericales de que, por cuanto en el mundo existe un orden, debe haber también un principio “rector” supremo. ¿Puede haber orden en el mundo si no existe ese principio? ¡Puede!, responde la filosofía materialista, en correspondencia plena con la ciencia, pues el desarrollo del mundo tiene por base causas naturales, las leyes objetivas de la naturaleza. En el mundo no hay caos ni desorden precisamente porque está subordinado a determinadas leyes, al orden natural, porque se desarrolla de acuerdo con las leyes de la materia en movimiento.
p ¿Cómo explicar, por ejemplo, la conformidad de la naturaleza viva? Darwin demostró que se efectúa por vía natural. Sobre la base de las leyes de la naturaleza, de las causas naturales, en el proceso de la evolución secular ha ido formándose esa conformidad, ese ajuste en la naturaleza viva que tanto sorprende.
p En lugar de ocuparse de los razonamientos estériles acerca del fin perseguido por el “Creador”, Darwin se dedicó a estudiar las causas y leyes verdaderas, objetivas, del desarrollo del mundo animal. Y consiguió descubrir el secreto de la conformidad del mundo orgánico. La teoría de la selección natural de Darwin es la clave para comprender ese secreto. En la naturaleza perecen millones de organismos por cada uno que se conserva. ¿Quién sobrevive? ¿Qué es lo que decide el destino de los seres vivos? ¡La naturaleza misma! Sin la ingerencia de "fuerzas supremas”, sobre la base de las leyes inmutables del desarrollo de la propia naturaleza, se resuelve el problema de quién debe vivir y reproducirse y quién debe perecer en la lucha por la vida. Resulta, según la expresión de Darwin, una selección natural, pues se realiza sobre la base de causas y leyes naturales. Sobreviven los animales y las plantas que se adaptan mejor a las condiciones del mundo circundante.
p Por tanto, la lucha por adaptarse mejor a las condiciones de vida, o, lo que es lo mismo, la lucha por la existencia, tiene como resultado la conservación ineludible de lo más perfecto, de lo que se adapta mejor a las condiciones de existencia. De esta forma, a lo largo de centenares de miles de generaciones surgen especies de animales y 158 necesidad, de la ineluctabilidad de ia victoria del socialismo y del comunismo: "¡A pesar de todo!"
p ¿En qué se basa esta seguridad, que llena de espanto a los enemigos del comunismo? En el conocimiento de las leyes. No dudamos de que la noche durará varias horas, luego saldrá el Sol y llegará la mañana. No dudamos tampoco de que, por crudo que sea el invierno, vendrá la pri mavera, la época de la renovación de la naturaleza. Semejante seguridad se basa en la práctica, en la experiencia secular, en el conocimiento de las leyes de la naturaleza y de la sociedad. La sucesión del día y de la noche es debida al movimiento de la Tierra alrededor de su eje, y la sucesión de las estaciones del año, al movimiento de la Tierra alrededor del Sol. La victoria del comunismo tiene su origen en las contradicciones internas que corroen al régimen capitalista, llevan a su muerte inevitable y a su sustitución con el régimen socialista. Como se dice en el Programa del PCUS, "el socialismo sustituirá inevitablemente por doquier al capitalismo. Es ésta una ley objetiva del desarrollo social. El imperialismo es impotente para detener este invencible proceso emancipador" [158•1 .
p La categoría filosófica de la necesidad sirve precisamente para designar esta interdependencia constante de los fenómenos. Es necesidad no lo que existe, pero puede no existir, sino lo que debe existir obligatoriamente, ya que es originado por causas y nexos profundos y, por ello, dimana de la propia naturaleza interna del fenómeno, de su esencia.
Por cuanto en el mundo todo es necesario, ¿existen las casualidades? Será bueno, también en este caso, empezar con un ejemplo.
??Existen las casualidades?
p En una fábrica enferman al mismo tiempo varios obreros. La casualidad frustra el cumplimiento del plan de producción. Un hombre es víctima de una catástrofe automovilística: un accidente absurdo corta su vida. ¿Por qué calificamos de casuales semejantes fenómenos?
p Comparen estos hechos con los que hemos mencionado antes y denominado necesarios. Mientras que el fenómeno 159 160 161 162 necesario es preparado y provocado por toda la marcha interna del desarrollo, en virtud de lo cual no puede dejar de producirse (recuerden la frase de Liebknecht: "¡A pesar de todo!”), cuando nos referimos a fenómenos casuales, hablamos, a la inversa, de algo esporádico, pasajero, que no tiene nada de inevitable.
p El acontecimiento casual puede producirse, pero puede también no producirse. ¿Era obligatorio, por ejemplo, que enfermaran al mismo tiempo varios obreros de un mismo taller? ¿Es^que la vida del hombre conducía a que se viera cortada inevitablemente por una catástrofe automovilística? No, naturalmente. Tales hechos no pueden ser calificados de necesarios. Son casualidades. Toda la marcha interna del desarrollo de dichos fenómenos no condujo a lo que sucedió.
p Cuando la Unión Soviética abrió por vez primera en la historia el camino del Cosmos al lanzar en octubre de 1957 el primer satélite artificial de la Tierra, algunos propagandistas burgueses de Occidente afirmaron que lo ocurrido era resultado de un éxito casual y esporádico. ¿Es así, en realidad? ¡Claro que no! Este éxito tiene su origen en el propio régimen socialista, en la atención que el Partido Comunista y el Gobierno de la URSS han prestado siempre y siguen prestando a la ciencia.
p El vuelo del sputnik prueba la madurez de la técnica, las grandes conquistas de la ciencia soviética en ramas tan decisivas como las matemáticas, la física, la química y la metalurgia. ¿De qué casualidad puede hablarse, entonces? Un fenómeno es casual precisamente porque no dimana de la naturaleza del proceso dado. El sputnik, en cambio, es resultado de toda la historia del desarrollo del País Soviético.
p Por consiguiente, para responder a la pregunta de si un fenómeno es casual o necesario, hay que aclarar si ha sido provocado por causas internas o externas.
p Por ejemplo, ¿es casual o necesario que una granizada arrase un trigal sembrado y cultivado de acuerdo con todas las reglas agrotécnicas? Es claro que el granizo tiene sus causas. Pero ¿son elLis las que han conducido inevitablemente a la pérdida del trigo en esa parcela? No, y veamos por qué.
163p El granizo no cae sin causas. Mas para esa parcela, fueron causas externas, pasajeras, no dimanantes de las condiciones esenciales del desarrollo del trigo. Por eso, el propio fenómeno es casual. La pérdida de la cosecha no era en modo alguno obligatoria. La acción del granizo con relación a la parcela en cuestión es casual.
Cuanto queda dicho muestra que la casualidad y la necesidad son contrarios. Ahora bien, ¿se puede sacar de ahí la conclusión de que la casualidad y la necesidad no tienen nada de común?
Qué hay de común entre la necesidad y la casualidad
p Los metafísicos razonan aproximadamente así: lo que es necesario no puede ser casual, y lo que es casual no puede ser necesario. Incluso el sentido común ordinario parece sugerir esa conclusión. ¿Es así, sin embargo? Pensemos un poco.
p Recordemos el ejemplo aducido antes. La quemadura que recibió Becquerel fue, en efecto, casual, pues si no hubiese colocado en el bolsillo el tubo con radio, no habría habido quemadura. Pero veamos lo que se oculta tras esa casualidad. El radio se encontraba antes en cantidad insignificante en el mineral de uranio. Por eso, su radiactividad podía ser descubierta con grandes dificultades. Las cosas cambiaron cuando los esposos Curie extrajeron radio puro del mineral. Entonces, su acción sobre el tejido vivo debía ya manifestarse, tarde o temprano. Y se manifestó en el caso de Becquerel. De no haberse producido este caso, se habría producido otro. Resulta, pues, que en la vida, en la realidad, hay mucho de común entre la casualidad y la necesidad, que ambas están estrechamente vinculadas. Es imposible separarlas.
p El nexo entre la necesidad y la casualidad se manifiesta también en que, en determinadas condiciones, pueden transformarse la una en la otra. En un animal puede aparecer un nuevo rasgo (por ejemplo, lana más espesa) de modo casual. Esta casualidad resulta muy útil en la lucha’ por la existencia: ayuda al animal que vive en el Norte a adaptarse mejor a las condiciones circundantes. Este rasgo adquirido casualmente, se transmite después por herencia y al cabo de varias generaciones surge un nuevo tipo de animales con la lana más espesa. Y entonces, ese rasgo de la especie se transforma de casual en necesario. Por 164 eso dice Engels que la casualidad es la forma en que se manifiesta y completa la necesidad.
Tras la casualidad hay que saber descubrir siempre la necesidad, las leyes que sirven de base a su surgimiento. Ni en la naturaleza ni en la sociedad existen fenómenos casuales que no estén respaldados por uno u otro proceso necesario, sujeto a leyes.
p ,
p De lo dicho se deduce que en la naturaleza y en la sociedad no hay "sólo" fenómenos necesarios o "sólo" fenómenos casuales. En la vida real, unos y otros coexisten, se penetran mutuamente. La necesidad se manifiesta siempre bajo la forma de casualidad. En el crecimiento de un árbol se manifiestan determinadas leyes de la botánica. Pero el hecho de que tenga un número concreto de hojas y, además, de que cada una de ellas presente cierto tamaño y cierta forma depende de multitud de fenómenos casuales: cuántas gotas de agua han caído sobre él durante el verano, qué vientos lo han soplado, etc. Resulta que lo casual y lo necesario se entrelazan.
p "Entonces —preguntarán— ¿no hay ninguna diferencia entre la necesidad y la casualidad?" Sí, hay diferencia, P,ero hay que explicarla correctamente. Los metafísicos ven esa diferencia en que un proceso necesario tiene una causa, en tanto que una casualidad carece de ella. Mas ustedes saben ya que ningún fenómeno puede producirse sin causa. Y el fenómeno casual tiene también su causa. ¿En qué consiste, pues, la diferencia?
p Ya Hegel decía que la causa actúa en un proceso necesario como algo interno que le es inherente. Para lo casual, en cambio, la causa es algo externo con relación a ello. Pongamos un ejemplo. En los años 30 se desencadenó en el Japón, como en todo el mundo capitalista, una crisis económica. Al mismo tiempo, el Japón sufrió un fuerte temblor de tierra que empeoró también la situación económica del país. En este caso, causas económico-sociales provocaron la crisis con carácter necesario. El terremoto, en cambio, actuó como un fenómeno casual, externo, con relación a un fenómeno social como es la crisis.’ Pero con relación a los fenómenos que lo suscitaron era un fenómeno necesario.
p La necesidad del fenómeno casual dado, su condicionalidad casual, residía en otra esfera del mismo: en la 165 geológica. Por eso se dice que lo casual es necesario con relación a los fenómenos, a las causas que lo originan. La necesidad y la casualidad son conceptos relativos.
p Así, pues, la concepción dialéctica de la casualidad, aun reconociendo que en el mundo todo tiene causa, exige, sin embargo, que se diferencie entre causas fortuitas o casuales, es decir, que podrían no existir, y causas necesarias, es decir, que dimanan de los procesos internos de desarrollo de los fenómenos dados. De ahí que no todo fenómeno condicionado causalmente sea necesario, como pensaban los deterministas metafísicos. El determinismo dialéctico, al reconocer que en el mundo todo está condicionado causalmente, reconoce también la casualidad.
p De lo dicho puede hacerse otra deducción muy importante. La necesidad determina la dirección principal, la tendencia del desarrollo. La casualidad, por su parte, completa la necesidad en cada proceso con una serie de rasgos y peculiaridades específicas y, por ello, engendra la forma en que se manifiesta. La ciencia dedica la atención principal a Ja manifestación de la necesidad, de las leyes a que se ajustan los fenómenos en desarrollo, precisamente porque está llamada a revelar la tendencia de su desarrollo.
p La ciencia no puede darse por satisfecha únicamente con descubrimientos casuales. El científico debe investigar de modo que no dependa de la casualidad, sino que llegue sin falta al resultado apetecido, no debe actuar a tientas, sino con conocimiento de causa.
p El eminente biólogo soviético Iván Michurin criticó acerbamente a los científicos que confiaban en la casualidad y no en el estudio de las leyes del desarrollo de la naturaleza. Decía que no deben esperarse mercedes de la naturaleza, sino que la tarea de la ciencia consiste en arrancárselas. Esperar a que la naturaleza produzca casualmente lo que puede ser útil para el hombre significa confiar en la casualidad, en el hallazgo de un tesoro.
p Es interesante, a este respecto, el siguiente ejemplo. Los hombres de ciencia no pudieron descifrar durante muchos años la escritura de los mayas, antepasados indios de los pueblos de Guatemala y México. Sabemos por la historia de la ciencia que una casualidad ayudó a descifrar los jeroglíficos del antiguo Egipto: se encontró una piedra con una inscripción del mismo contenido en griego y egipcio. 166 Después de eso fue ya fácil descifrar las inscripciones egipcias mediante la confrontación de los signos de las dos lenguas. En una feliz casualidad del mismo tipo confiaban los científicos extranjeros dedicados a estudiar la lengua maya. Pero la casualidad no se dio y su trabajo resultó estéril.
p El joven científico soviético Y. Knórozov siguió un camino completamente distinto. Emprendió el estudio de las leyes comunes del egipcio, el chino y otros idiomas basados, como el maya, en los jeroglíficos. De esta forma, paso a paso, descifrando un enigma tras otro, hizo un descubrimiento de importancia universal: encontró el modo de leer las inscripciones mayas. Triunfó porque no esperó una feliz casualidad, sino que caló hondo en la esencia del asunto estudiado.
p Cualquier geólogo sabe que los hombres de ciencia no habrían podido hacer muchos descubrimientos si hubieran realizado las exploraciones a la ventura. Para que la prospección geológica se vea coronada con el éxito es indispensable estudiar las leyes de la estructura de la corteza terrestre y regirse por ellas en la actividad práctica. Entonces no se depende de la "feliz casualidad" y el éxito es indudable.
El nexo dialéctico de la casualidad y la necesidad nos permite comprender una importante cuestión de la lucha contra el indeterminismo contemporáneo, relacionada con las llamadas leyes dinámicas y estadísticas.
Leyes dinámicas y estadísticas
p Es costumbre diferenciar en la ciencia dos tipos de leyes: las dinámicas y las estadísticas. Las primeras las encontramos en física. Tales son, por ejemplo, la conocida ley de Galileo de que "todos los cuerpos caen a la Tierra con la misma velocidad" o la segunda ley de Newton: "La variación de la cantidad de movimiento es igual a la fuerza motriz aplicada y sigue la dirección rectilínea en que actúa ésta".
p ¿Qué es lo peculiar de semejantes leyes? Que son aplicables no sólo a algunos fenómenos o a la mayoría de ellos, sino a todos los que caen bajo su acción. De ahí que sea posible predecir sin temor a equivocarse la llegada de determinado fenómeno si se conocen las condiciones y las causas que lo originan.
167p La astronomía nos brinda sorprendentes ejemplos de ello al predecir los eclipses de Sol o de Luna con muchos decenios de antelación. La física clásica permite determinar el lugar de emplazamiento de un cuerpo en cualquier momento si se conocen la velocidad de su movimiento y el sitio en que se encuentra en un instante dado. Si sabemos que un tren avanza a una velocidad, pongamos por caso, de 60 kilómetros por hora, podremos saber de antemano dónde se encontrará dos, tres, etc., horas después.
p En la mecánica clásica, el movimiento de cada cuerpo aparecía, por tanto, estrictamente determinado respecto a la acción por las correspondientes causas, que originaban la dirección necesaria e inevitable del movimiento del cuerpo dado. Este proceso necesario puede ser pronosticado con toda exactitud.
p El estudio de las leyes del movimiento mecánico hizo surgir en la mecánica clásica el concepto de ley dinámica (del griego “dynamikos”, que significa engendrado por la fuerza, activo).
p Pero la ciencia conoce también hechos cuyo curso está subordinado a leyes estadísticas, y no dinámicas. Para comprender su esencia hagamos un pequeño experimento. Arrojen al aire una moneda. Es imposible predecir qué saldrá: cara o cruz. Mas si arrojan la moneda 5.000 veces, por ejemplo, se abrirá paso una ley determinada: unas 2.500 veces saldrá cruz y otras 2.500 cara. Y será un resultado sujeto a leyes. De un gran número de experimentos semejantes resultará siempre, de manera constante, que en la mitad de los casos saldrá cara, y en la otra mitad, cruz. Así surge, de fenómenos casuales, una ley de toda una colectividad: la denominada ley estadística.
p No se trata de que no podamos prever por principio si saldrá en cada caso cara o cruz. Cuando aprendamos a determinar todas las condiciones que llevan al resultado dado, será posible también predecir el propio resultado. Empero, en un pequeño número de experimentos no existe la ley. Esta se revela sólo con un gran número de experimentos, es decir, estadísticamente.
p Nos encontramos con bastante frecuencia ante la necesidad de estudiar las leyes de todo un conjunto de fenómenos casuales, esporádicos, es decir, las leyes estadísticas. Las estudia, según sea el carácter de los fenómenos, la 168 teoria de la relatividad o la estadística social. Las casualidades están subordinadas también a determinadas leyes: a las leyes de la casualidad.
p He aquí algunos ejemplos.
p Sabemos por la física que el movimiento de las moléculas de cualquier gas es caótico. Es imposible de todo punto prever la dirección y la velocidad del movimiento de cada molécula. Al chocar con las paredes del recipiente y entre sí, las moléculas cambian constantemente la velocidad y la dirección de su movimiento. Es casual el número de veces que una u otra molécula choca con determinada pared del recipiente durante cierto lapso de tiempo, por ejemplo, un minuto. Pero la presión del gas sobre la pared del recipiente es una magnitud mensurable. Y como se sabe, la presión del gas se determina por el número y la fuerza de los choques de las moléculas con la pared del recipiente, es decir, ¡precisamente por esos movimientos casuales y caóticos de las moléculas!
p Este ejemplo nos muestra claramente que el movimiento de cada molécula del gas es casual. Si se observa cada molécula por separado, no se verá ningún orden, ninguna ley. Pero en la presión de todo el gas sobre la pared del recipiente existe una ley: en determinadas condiciones, la presión es una magnitud constante. Manifiéstase en ello la acción de las leyes estadísticas.
p Tomemos otro ejemplo.
p ¿Quién ha de nacer: un niño o una niña? A primera vista parece que esto no está sometido a ninguna ley. En unas familias pueden nacer sólo niños, y en otras, sólo niñas. Sin embargo, la observación de un gran número de familias ha revelado una ley determinada: por cada 100 niñas nacen 105 niños.
p ¿Qué prueban estos hechos? Que el orden, la sujeción a leyes de los fenómenos casuales pasan inadvertidos cuando el número de observaciones es pequeño, pero salen a la superficie cuando el número de hechos es bastante grande y son estudiados en masa’.
p Estas leyes han recibido la denominación de leyes estadísticas, es decir, que abarcan toda una clase de fenómenos casuales. El método estadístico permite descubrir las leyes de toda una clase de fenómenos casuales.
169p Este hecho se ha convertido precisamente en palestra de enconada lucha entre el determinismo y el indeterminismo.
p A comienzos del siglo XX, los hombres de ciencia descubrieron que el movimiento de las micropartículas del átomo está subordinado cabalmente a las leyes estadísticas y no a las dinámicas. Se comprobó que, en principio, es imposible señalar la situación de las micropartículas basándose en las leyes de la física clásica. Esto significa que en su movimiento no existe una determinación rigurosa. No se consigue determinar el movimiento futuro del efectrón, pues puede aparecer en cualquier parte, en los lugares más inesperados. El electrón carece de una vía rigurosamente determinada de movimiento o, como suele decirse, de trayectoria. Comparen este hecho con lo que hemos dicho antes acerca del movimiento de los planetas, subordinados a leyes dinámicas y con trayectorias estrictamente definidas, y verán que la diferencia es, en efecto, inmensa.
p ¿A qué conclusión llegaron, a la vista de estos hechos, los científicos burgueses contemporáneos? Razonaron asi: Puesto que no podemos conocer de antemano la dirección del movimiento del electrón, ello significa que no está condicionado por causas. Si su movimiento estuviera condicionado causalmente, podríamos determinarlo con antelación, ya que una causa concreta tiene siempre un efecto concreto. Pero el electrón carece de una acción determinada, lo que significa que no tiene una causa. El electrón posee "libre albedrío”, es decir, la’ posibilidad de moverse "hacia donde se le antoje”, su movimiento no está limitado por ninguna causa, no está determinado, debido a lo cual no se halla sujeto rigurosamente al movimiento en una sola dirección.
p Estos y otros razonamientos del mismo carácter llevaron a los científicos que sustentan las posiciones del idealismo filosófico a una conclusión: la "bancarrota del determinismo".
p Ahora bien, ¿es válida esa conclusión?
p Debemos tener presente, en primer lugar, que aunque en el micromundo no se ha conseguido encontrar las leyes a que se ajusta el movimiento de una partícula tomada por separado, se conocen, en cambio, las leyes que rigen el 170 movimiento de toda una colectividad de ellas, es decir, las leyes estadísticas. ¿Significa, sin embargo, la existencia de estas leyes el triunfo del indeterminismo, como intentan demostrar los idealistas contemporáneos occidentales? ¿Confirma la existencia de estas leyes "la bancarrota del determinismo" ?
p Ni mucho menos. Los nuevos datos de la física, lejos de confirmar las anticientíficas conclusiones indeterministas, vienen a refutarlas, son la mejor confirmación del determinismo materialista dialéctico.
p Los filósofos idealistas arrancan de que el movimiento de un electrón aislado es indeterminado, casual. Pero no es así. Lo casual, como saben ustedes, tiene también su causa, está también condicionado y determinado. Eso es, precisamente, lo que revelan las leyes estadísticas. Lo que aparece como movimiento casual de la masa de partículas elementales del átomo tiene, en realidad, un profundo nexo interno que puede ser calculado matemáticamente con ayuda de las leyes estadísticas.
p La colectividad estadística está compuesta de micropartículas singulares. Entre esa colectividad y las micropartículas, no mismo que entre el todo y sus partes o entre lo universal y lo singular, existe un profundo nexo dialéctico. Por ello es erróneo pensar que la colectividad en su conjunto se encuentra supeditada a la acción de determinadas leyes y que cada micropartícula por separado no debe tener, por principio, ninguna ley, es “libre” y no está condicionada causalmente. Ocurre precisamente lo contrario.
p Ustedes saben ya que lo universal está vinculado siempre a lo singular. Por eso, al estudiar las leyes del todo, de lo universal (de la colectividad de micropartículas), descubrimos al mismo tiempo las leyes de lo singular, de lo parcial (de cada micropartícula). El hecho de que sea imposible estudiar la conducta del electrón con los métodos habituales de la mecánica clásica y haya que recurrir a los métodos estadísticos no prueba, ni mucho menos, que no existan en este caso relaciones de condicionalidad causal. Prueba nada más que el mundo es complejo y contradictorio, que no se puede estudiar con un solo método todas las formas de la materia en movimiento ni reducir todas las leyes únicamente a la dinámica.
171p Los idealistas presentan la existencia de leyes estadísticas como una prueba del intedeterminismo, como una prueba de que el principio de la causalidad ha fracasado en la microfísica. Pero la realidad es que las leyes estadísticas demuestran precisamente lo contrario: demuestran de modo convincente la existencia de causas determinadas. He aquí un ejemplo típico. Todo el mundo sabe que en la panadería no adquieren pan compradores “fijos”, sino distintos. Parecen fenómenos casuales. Mas si se analizan las operaciones de la panadería durante todo un día o una semana, será fácil convencerse de que la cantidad de artículos vendidos es casi constante. La ley estadística se abre paso sobre la base de un gran número de hechos. ¿Y qué prueba esa ley? ¿Prueba la falta de causas o, por el contrario, que precisamente causas determinadas conducen a ese resultado? Examinémoslo, porque es de gran importancia para comprender la esencia del problema.
p Coincidan con nosotros en que cada distrito tiene un número determinado de habitantes con determinados gustos y deseos ya formados. La cantidad constante de artículos de panadería vendidos prueba precisamente que, en este caso, actúan determinadas causas y condiciones generales constantes. No se las ve al analizar cada caso por separado; al proceder así no se observa orden ni continuidad, sino, por el contrario, oscilaciones casuales. Pero basta con analizar un gran número de hechos para que la ley se abra paso y, junto con ella, las causas y condiciones generales que originan dichos hechos.
p La existencia de leyes estadísticas prueba que por cuanto los fenómenos casuales están subordinados en su conjunto a una" ley determinada, no puede ni hablarse de ningún caos de los fenómenos mismos. Con ello quedan demostrados con toda evidencia el orden y la regularidad en el micromundo (que son rasgos característicos del desarrollo, sujeto a leyes, de los fenómenos objetivos). Estas leyes pueden descubrirse con el método estadístico únicamente porque los fenómenos casuales están supeditados a la ley objetiva que les sirve de base.
p Por consiguiente, las leyes estadísticas son una confirmación científica de la verdad de la doctrina materialista dialéctica de la concatenación universal, de la condicionalidad causal de los fenómenos del mundo objetivo. Re- 172 presentan un triunfo, y no una "refutación”, del deterin ini sino.
Muchas casualidades son favorables para el hombre; pero hay otras, en cambio, que acarrean penalidades y sufrimientos: vientos tórridos y secos, inundaciones y otras calamidades de la naturaleza. La ciencia, tomando como base el estudio de la necesidad, de las leyes, trata de limitar la acción do esas casualidades indeseables.
La lucha contra las casualidades indeseables
p "Pero —objetarán ustedes—, ¿es posible hacerlo? Porque la casualidad es una categoría objetiva. ¿Cómo se puede limitar la acción de lo que no depende del hombre?" En efecto, no siempre ni mucho menos, se consigue suprimir la casualidad, pero se puede y se debe suprimir sus efectos indeseables. Por ahora no es posible, pongamos por caso, suprimir las casualidades relacionadas con los caprichos de la naturaleza, que pueden conducir a la pérdida de la cosecha e incluso a la destrucción de los sembrados. Mas se puede limitar los efectos indeseables de las casualidades, partiendo de que estos efectos dependen de las condiciones en que se manifiestan. De ahí que sea necesario crear condiciones en las que la acción funesta de las casualidades se reduzca al mínimo o se excluya por completo.
p El Estado soviético y el Partido Comunista realizan en este sentido una labor verdaderamente gigantesca. En el Programa del PCUS se subraya que el desarrollo de las fuerzas productivas en la agricultura durante el período de transformación gradual del socialismo en comunismo conducirá a que "la agricultura dependerá mucho menos de los caprichos de la naturaleza y, con el tiempo, esta dependencia se reducirá al mínimo" [172•1 .
p A este fin, en el Programa del PCUS se prevé una serie de importantísimas medidas de carácter económico: aplicar un sistema, fundamentado científicamente, de medidas de cultivo de la tierra y de cría de ganado; efectuar una especialización más estable y profunda de la economía agropecuaria; llevar a cabo la quimización racional y total de la agricultura; utilizar ampliamente las realizaciones de las ciencias biológicas; cumplir un vasto programa de 173 construcción de obras de riego: ampliar los trabajos de plantación de cortinas arbóreas, construcción de estanques y alumbramiento de aguas en los pastizales; combatir de modo sistemático la erosión del suelo por el agua y el viento.
p El Partido Comunista y el Estado soviético hacen todo lo necesario en su actividad práctica para que ninguna casualidad pueda pillar desprevenido al país. Esto atañe tanto a la vida interior de la URSS como a su situación en el palenque internacional. El Gobierno soviético ha advertido en repetidas ocasiones que cualquier casualidad absurda — una avería en los aparatos de gobierno de un avión portador de bombas de hidrógeno o el estado síquico morboso del piloto que empuña los mandos— puede provocar el incendio de una guerra: mundial. No puede permitirse que el problema de que haya guerra o paz dependa de una casualidad ciega.
p El Gobierno soviético ha propuesto el desarme general y completo bajo riguroso control internacional, pues un mundo sin armas es la mejor garantía contra todas las sorpresas y casualidades de tal género. Pero cabalmente porque, en las condiciones actuales, la guerra puede estallar de modo casual, la vigilancia de los pueblos del mundo entero tiene particular importancia. Los comunistas de todos los países han exhortado calurosamente a los pueblos a luchar sin desmayo para conseguir la solución del problema más candente de nuestro tiempo: problema de la paz.
p "Bueno —dirán ustedes—, esas casualidades pueden, en efecto, ser conjuradas. Pero ¿cómo impedir que enfermen al mismo tiempo varios obreros, como en el cjemplo-anles aducido? ¿O cómo evitar los accidentes casuales?" También estas casualidades pueden ser reducidas al mínimo: lo único que hace falta es crear condiciones en las que se reduzcan al mínimo estos casos o sus funestas consecuencias. El nuevo Programa del PCUS prevé amplias medidas de este tipo. "En todas las empresas —se dice en él— se introducirán medios modernos de seguridad del trabajo y se garantizarán condiciones higiénico-sanitarias que eliminen los accidentes del trabajo y las enfermedades profesionales" [173•1 .
174p En distintos dominios de la ciencia y de la producción hay que tener en cuenta, con frecuencia singular, la acción de las casualidades. Por ejemplo, durante la construcción de un dique o de puentes ferroviarios tiene importancia conocer el nivel máximo del agua del río: el dique o el puente deben tener la altura y la resistencia correspondiente para que no sean destruidos por un desbordamiento.
p Sin embargo, no es tan fácil calcular ese nivel máximo del agua, ya que depende de muchas circunstancias casuales: la posible cantidad de precipitaciones durante el invierno, la rapidez y simultaneidad del derretimiento de la nieve, la existencia de bosques en las cercanías, el carácter de esos bosques y del terreno de la zona colindante, la dirección y la fuerza de los vientos en el período de derretimiento, etc. Y sólo con una concurrencia desfavorable de estas circunstancias puede tener lugar el desbordamiento. Puede producirse cada cincuenta o, quizá, cada cien años. Pero se ignora si ocurrirá mañana, dentro de un año o de un siglo. Al levantar un dique de la resistencia correspondiente, el hombre reduce a la nada la fuerza destructora de la acoión de esas casualidades.
p Así, pues, el hombre no es impotente ante la acción de las casualidades indeseables. Tiene la posibilidad de paralizar o reducir al mínimo su fuerza destructora.
Hay otro problema estrechamente vinculado a la categoría de la necesidad: es el problema de la libertad.
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