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DESDE ADÁN Y EVA...
 

p Existe una gran divergencia de opiniones sobre qué es, en rigor, la Inquisición y cuáles son sus límites cronológicos.

p Si se entiende por Inquisición la condenación y persecución de los apóstatas por la Iglesia dominante, entonces habrá que extender sus límites cronológicos a toda la historia de la Iglesia cristiana—desde su surgimiento hasta la actualidad—, ya que los obispos vienen usurpando, a partir de la fase inicial del cristianismo, el derecho a condenar y excomulgar a los creyentes que consideren herejes.

p Algunos investigadores abordan esta cuestión con un enfoque aún más amplio, estimando que la Inquisición es un atributo típico no sólo del catolicismo, sino también de las iglesias protestante y ortodoxa.

p Si la Inquisición se concibe en sentido más estrecho, entendiendo por este término la actividad de los tribunales especiales de la Iglesia Católica que perseguían a los herejes, los límites cronológicos de la misma se reducen al período que abarca desde los siglos XII—XIII (surgimiento de dichos tribunales) hasta la primera mitad del siglo XIX (su liquidación total). Pero la congregación inquisitorial (Congregación del Santo Oficio) existió en el sistema de la curia romana hasta 1966.

p Las interpretaciones “amplia” y “estrecha” de la Inquisición tienen sus partidarios tanto entre los historiadores eclesiásticos como seglares.

p El primero en formular el punto de vista "amplio" 24 sobre la historia de la Inquisición fue Luis Paramo, inquisidor siciliano de origen español. Su tratado en latín De Origene et Progressu Officii Sanctae Inquisitionis, publicado en 1598 en Madrid, se considera como el primer trabajo sobre la historia de la Inquisición escrito con arreglo a la doctrina oficial de la Iglesia Católica. Ese tratado fue una especie de respuesta a las publicaciones protestantes en que se denunciaban los horrores de la Inquisición. Acuciado por el deseo de justificar la actividad del “santo” tribunal, Paramo afirmó que esa institución existía casi desde la "creación del mundo”. Según él, Dios fue el primer inquisidor, y Adán y Eva, los primeros herejes. La versión de Paramo es esta: Dios expulsó del paraíso a los primeros seres humanos después de someterles a un interrogatorio y juicio secretos. "Los inquisidores—sugirió—siguen el mismo procedimiento, imitando al propio Dios"   [24•52 .

p En opinión de Paramo, el vestido que Adán y Eva se pusieron para cubrir su desnudez después de haber gustado impúdicamente el fruto prohibido era el primer sambenito, ropaje afrentoso que la Inquisición obligaba a llevar a los penitenciados, y la expulsión de ambos del paraíso representaba el primer castigo, la privación de la "bienaventuranza eterna”, prototipo de las confiscaciones posteriores por la Inquisición de los bienes de sus víctimas.

p Pero Dios no se dio por satisfecho con ello; condenó a los seres humanos a padecer, hasta el "juicio final”, las incontables enfermedades y epidemias, los diluvios y terremotos, el frío, el hambre y las guerras; a sufrir los dolores de parto, a ganarse la vida con el sudor de su frente y a experimentar el horror a la muerte. La vida terrenal, incluso de los devotos, abunda en tormentos, penalidades y pruebas de todo género.

p Los apologistas medievales de la Inquisición discurrían de la manera siguiente: Dios se mostró muy cruel para con los fundadores del género humano y los devotos, pero los descendientes de Adán y Eva suscitaron en él una ira sin límites. ¿Acaso no aniquiló por medio de un diluvio a toda la humanidad, dejando con vida sólo a Noé y sus familiares?; ¿no quemó vivos a todos los habitantes de Sodqma y Gomorra (“llovió del cielo sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego"  [24•53 ; 25 o bien arrojando una bomba atómica, según algunos intérpretes ultramodernos de la Biblia)?; ¿no aniquiló a 14.700 seres humanos, que habían osado manifestar disgusto contra Moisés durante las peregrinaciones de los judíos en el desierto? ¿Acaso, no envió serpientes abrasadoras contra los que empezaban a "enfadarse del viaje"  [25•54 ? ¿No mató a los 50.070 habitantes de la ciudad de Betsames, por la única culpa de haber echado una ojeada dentro del arca del Señor?

p En comparación con esas degollinas perpetradas por el Dios bíblico (hemos mencionado sólo unas cuantas), los crímenes del inquisidor Torquemada se presentan como juegos de niños.

p Además de ser en extremo cruel e implacable para con los que se apartaban de sus mandamientos o interpretaban erróneamente sus misteriosos "caminos inescrutables”, exigió a sus partidarios que se comportasen de manera análoga, que tratasen con crueldad e implacabilidad a todos los apóstatas, especialmente a quienes hubieran intentado “desviar” a los ortodoxos. Aleccionó así a sus adeptos, en el Antiguo Testamento: "Si un hermano tuyo, un hijo de tu madre, si tu hijo o tu hija..., quisiera persuadirte, y te dijere en secreto: vamos y sirvamos a los dioses ajenos, no conocidos de ti, ni de tus padres... No condesciendas con él, ni le oigas, ni la compasión te mueva a tenerle lástima, y a encubrirle. Sino que al punto le matarás: tú serás el primero en alzar la mano contra él, y después hará lo mismo todo el pueblo"   [25•55 .

p Según Paramo, Jesucristo fue "el primer inquisidor del Nuevo Testamento. Asumió las funciones de inquisidor dos días después de nacer, al anunciar su aparición en el mundo a través de tres reyes magos y matar, posteriormente, a Herodes, haciendo que lo devoraran los gusanos... Después de Jesucristo desempeñaron el cargo de inquisidor San Pedro, San Pablo y otros apóstoles, y lo legaron a los papas y obispos posteriores"   [25•56 .

p Así pues,—anotaba complacido Paramo—, "el árbol de la Inquisición verdeaba y florecía, extendiendo sus raíces y ramas por el mundo entero y reportando frutos dulcísimos"   [25•57 .

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p Está claro que semejantes referencias a la Biblia permitían a los eclesiásticos probar el origen “legítimo” y “divino” del “santo” tribunal, e insistir a la vez en su carácter sempiterno.

p Las autoridades clericales se empeñaron en parafrasear en todos los tonos, durante siglos, el punto de vista de Paramo sobre la Inquisición. Lo repitió entre otros Marino Marini, uno de los ayudantes más próximos del Papa Pío IX, en un tratado sobre el santo proceso inquisitorial promovido a Galileo. Dijo así: "El tribunal inquisitorial es tan antiguo que debe considerarse como su fundador y legislador al propio Jesucristo"  [26•58 .

p Los panegiristas modernos de la Iglesia reconocen a su vez que ésta persiguió durante toda su historia las herejías y a los herejes. Según el ya citado W.Th. Walsh, la Iglesia "durante dos mil años ha sido intolerante con toda clase de error, donde quiera que haya aparecido, especialmente con el error que ofendía a la Majestad de Dios... Así pues, la intolerancia no es su característica más distinguida y esencial, sino sencillamente un arma defensiva confiada a ella junto con su divina misión"  [26•59 . E. Vacandard sustentaba posiciones análogas. Fechó en los siglos IV—V de n.e. el primer período de la Inquisición, en que los obispos, siguiendo el ejemplo de Pedro y Pablo, excomulgaron y anatematizaron a los cristianos que se hubieron apartado de las doctrinas oficiales.

p Bien entendido que, inicialmente, la Iglesia no estaba en condiciones de ensañarse con los presuntos apóstatas. Sólo en el siglo IV, al implantarse en el Imperio Romano el cristianismo como religión dominante, pasó de las “palabras” (excomuniones) a los “hechos” (violencias).

p El mismo enfoque “amplio” de la historia de la Inquisición es propio también de algunos historiadores laicos. Así, en el artículo de la Enciclopedia Británica dedicado a la Inquisición se dice: "Es incorrecto decir que la Inquisición apareció en forma acabada, con todos sus principios y órganos, en el siglo XIII. Fue resultado de una evolución o, más exactamente, de un avance de este proceso, cuyo comienzo se remonta por lo menos al siglo IV"  [26•60 .

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p El autor del artículo divide la historia de la Inquisición en dos grandes períodos: el episcopal (siglos IV—XIII), en que los herejes fueron perseguidos por obispos, y el monacal (siglos XIV—XIX), cuando actuaron los tribunales inquisitoriales dirigidos por monjes dominicos y franciscanos.

p En la historiografía rusa de antes de la revolución, los períodos de la Inquisición se delimitaban de la misma manera. Entre los adeptos de esa delimitación figuraron M. Pokrovski  [27•61  y el conocido hispanista V. Piskorski. Este último distinguía, además de las inquisiciones episcopal y monacal, la española (a partir de 1480, año en que empezó a funcionar con el nombre de Suprema)  [27•62 .

p En la historiografía soviética de los años veinte predominó una interpretación amplia de la historia de la Inquisición. Este punto de vista ha sido formulado así, en unas notas de conclusión para el libro La Santa Inquisición, de S. Lozinski: "El comienzo de la Inquisición (en otra forma y con un nombre distinto) coincide con el de la propia Iglesia cristiana. De la misma manera es incorrecto limitar cronológicamente la Inquisición a los siglos medievales, pues subsiste hasta ahora. Entre los órganos de administración pontificial en Roma sigue existiendo la Congregación del Santo Oficio. Si bien, actualmente, la Iglesia no promueve juicios contra sus enemigos, no los tortura ni los quema, esto se explica exclusivamente por la circunstancia de que las autoridades laicas no obedecen a la Iglesia cuando exige ejecutar los veredictos de sus tribunales"  [27•63 .

p Por supuesto que la Inquisición no surgió en el vacío. La fundación de los “santos” tribunales iba precedida por la lucha secular de las altas jerarquías eclesiásticas contra las herejías, en el curso de la cual cristalizaron los argumentos teológicos en pro de la necesidad de someter a los herejes a toda clase de violencias, incluyendo la muerte. No fue una tarea fácil, puesto que para justificar la Inquisición, los teólogos se vieron precisados a suplantar la "religión del amor”, que dice ser el cristianismo, por la "religión del odio”. Esa metamorfosis tardó siglos en consumarse.

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p El obispo francés Célestin Douais, que ya es conocido por el lector, afirmó lo siguiente (sin negar que la Iglesia se manifestaba siempre contra los disidentes): el rasgo distintivo de la Inquisición no es tanto el carácter del crimen sometido a su consideración, el procedimiento judicial o la forma de castigo, como la presencia de un juez permanente autorizado para perseguir a los herejes  [28•64 . A. Shannon, sacerdote e historiador norteamericano de la Inquisición, compartía enteramente esta opinión. "La Inquisición propiamente dicha—señaló—fue una institución establecida por la Santa Sede en la que los jueces estaban designados especialmente para investigar, procesar y pronunciar sentencias a los herejes"  [28•65 . Dijo que el propio término “inquisición” se emplea en la terminología eclesiástica sólo desde el surgimiento de los tribunales inquisitorios.

p No se puede estar de acuerdo con el inquisidor Paramo, quien asociaba el comienzo de la Inquisición a la dura acción del Altísimo contra Adán y Eva, ni tampoco con el obispo Douais, inclinado a reducir la historia del Santo Oficio a la actividad de los “santos” tribunales. El caso es que desde los albores de la Iglesia cristiana, los obispos, comprendidos los pontífices romanos, estuvieron investidos de los poderes inquisitoriales (del derecho a inquirir, juzgar y castigar a los herejes) y usaron de ellos durante toda la historia de la misma. Así ocurre también ahora, conforme al Derecho Canónico vigente, aunque la Congregación del Santo Oficio ha sido disuelta. Los concilios ecuménicos han gozado y gozan de derechos análogos. Estos hechos obligan a reconocer que los “santos” tribunales no eran, ni mucho menos, la única forma de Inquisición.

p Los períodos de la Inquisición y la sistematización de su historia revisten una forma más desplegada en la concepción del historiador progresista italiano Riccardo Longone, quien destaca en la historia del Santo Oficio las etapas siguientes: la Inquisición “primitiva”, que existió en la fase inicial del cristianismo; la imperial, que ejercían los prefectos y gobernadores romanos por indicación de los emperadores cristianos; la episcopal, desde la descomposición del Imperio Romano hasta el siglo XIII; la Inquisición propiamente dicha (“santo” tribunal), encabezada por el Papa y administrada 29 directamente por los dominicos y los franciscanos; la estatal, que existió en la misma época y fue ejercida conjuntamente por las autoridades laicas y eclesiásticas (por el príncipe, rey o emperador) con el apoyo de la jerarquía clerical; la española, bajo el mando del gran inquisidor, nombrado por el rey y aprobado en su cargo por el sumo pontífice; la colonial (española y portuguesa) y, por último, la general o ecuménica, denominada también romana -es decir, la Congregación del Santo Oficio-, que existió desde 1542 hasta la época contemporánea  [29•66 .

p Sin embargo, es difícil establecer aquí límites fijos. En la intrincada historia multisecular de la Iglesia Católica, no es siempre posible delimitar la actividad inquisitorial de los obispos y la efectuada por los “santos” tribunales. Se sabe que, aun cuando existía la Inquisición, la Iglesia se valió de obispos u otras instancias eclesiásticas para aniquilar a sus adversarios ideológicos, como sucedió en el caso de Lutero o en el de la ejecución de Juan Hus por orden del Concilio de Constanza, que hizo las veces de tribunal inquisitorio. También hubo casos en que el “santo” tribunal transmitía sus funciones y poderes inquisitoriales a obispos o a los delegados de órdenes monacales. Así, poco después de la aparición de las colonias de España en América, la Inquisición española delegó su potestad en los jerarcas clericales de aquéllas. Una vez suprimidos los tribunales inquisitorios, en el siglo XIX, volvieron a asumir sus funciones los obispos, que seguían castigando a los apóstatas por medio de penitencias y excomuniones, si bien la falta de apoyo por parte de las autoridades laicas les impedía reprimir físicamente a los desobedientes.

p Los historiadores clericales contemporáneos, por causas harto comprensibles, tienden a considerar el tribunal inquisitorio como fenómeno típico sólo para algunos países cristianos y ajeno a la Iglesia en su conjunto. Pero varios investigadores prestigiosos sustentan el punto de vista contrario. Así, el científico francés Jean Guiraud estima que "la Inquisición no era propia de una sola nación o un solo país; actuó en casi todos los países cristianos donde la herejía se levantaba contra la Iglesia... La amplitud de sus acciones varió según las circunstancias y los países"  [29•67 .

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p En la historiografía es discutible también la fecha del surgimiento de los tribunales inquisitorios. Los investigadores divergen sobre este particular.

p El conocido historiador alemán del siglo XIX, F. Ch. Schlosser, autor de una historia universal en 18 tomos, de la que hizo extractos Marx, fechó el comienzo de la Inquisición en el período comprendido entre los años 1198 y 1230. En los célebres Extractos cronológicos de Marx, los puntos de vista de Schlosser se exponen de la manera siguiente:

p “1198: Inocencio ///se hace Papa; en seguida establece una comisión de investigación y persecución de la herejía, nombra sus legados a un monje cisterciense y a otro, de la misma orden: Pedro de Castelnau; les entrega mandatos escritos, en los que se contienen todos los elementos de los procesos judiciales posteriores contra los herejes (es decir, de la Inquisición)...

p La persecución de los herejes arrecia desde que se asocian a los legados papales el venerable “santo” (perro) Domingo (fundador de la orden dominica) y otros eclesiásticos españoles fanáticos, que incitan a intervenir también al rey de Aragón...

p 1229: Gregorio IX implanta, con aprobación del “santo” Luis IX, los tribunales religiosos o inquisitoriales contra los herejes... (se hacía comparecer ante esos tribunales, independientemente del estado social, al que hubiera ofrecido amparo o protegido a herejes, o bien hubiera negado ayuda a sus persecutores).

p 1230: el poder terrible de esos tribunales se quita a los obispos para encomendarlo a la orden dominica mendicante, fundada hace veinte años; por acuerdo del Concilio, los sacerdotes, amenazados con la destitución, se convierten en servidores policíacos de la Iglesia (espías) y verdugos de sus parroquianos. En el país se producen en uno que otro lugar insurrecciones, en algunas ciudades se expulsa a los inquisidores, etc.”  [30•68 .

p En las publicaciones anteriores a la revolución y en las soviéticas existen puntos de vista diversos sobre este particular. Ajuicio de M. Pokrovski, la Inquisición "se formalizó" entre 1184 y 1252. "En 1184 -dijo-, Lucio III ordenó poner a disposición de las autoridades laicas a los herejes para su 31 castigo, pero la investigación previa incumbía al obispo local; esto suponía una gran ventaja para el acusado, porque los obispos estaban ligados a la población local por lazos demasiado estrechos para provocar su descontento con actos de crueldad. Los papas, según parece, trataron de ser moderados en la medida de lo posible; Inocencio III aún prohibía aplicar a los herejes las pruebas del agua y del hierro candente. En 1232, Gregorio IX delegó enteramente en los dominicos la persecución de los sectarios. Dicha orden, formada y desarrollada en las batallas con los herejes y exenta de cualesquiera ideas y preocupaciones mundanas, fue tanto más inexorable que el obispo como superior a él en el aspecto ascético. Hay razones muy fundadas para considerar la sustitución de la Inquisición episcopal por la dominica como nuevo paso en la escalada de la intolerancia. En 1252, habiendo permitido Inocencio IV torturar a los sospechosos de herejía, el proceso inquisitorial cobró su forma definitiva"  [31•69 . A continuación se lee en la citada obra de M. Pokrovski: "Lo mismo que el celibato, la Inquisición no se implantó de la noche a la mañana. Pero una vez aprobados por la Iglesia, ésta no desistió del primero ni de la segunda. Únicamente cuando el catolicismo se había visto privado del apoyo material de las autoridades laicas, la persecución cesó por hacerse imposible físicamente"  [31•70 .

p En opinión del historiador soviético B. Ramm, la Inquisición como tribunal se formó en el período comprendido entre fines del siglo XII y 1232, año en que Gregorio IX transmitió las funciones inquisitoriales a los dominicos  [31•71 . Pero en la misma Historia de la Edad Media de que forma parte el trabajo de B. Ramm, en el cuadro cronológico (compuesto por V. Románova), se señala que "la Inquisición se organizó" en 1209.

p I. Enguelgardt estima que la Inquisición "fue establecida en la época de las guerras albigenses por el Papa Inocencio III (1198—1216)" y se institucionalizó definitivamente en tiempos de Gregorio IX (1227-1241)  [31•72 .

p Jean Guiraud asocia el surgimiento de la Inquisición con los años 1227—1229, cuando los dominios del conde de Tolosa pasaron a la corona francesa y "las autoridades eclesiásticas 32 y seculares empezaron a colaborar con fines de búsqueda y castigo de los herejes"  [32•73 .

p El clérigo norteamericano Shannon supone que la Inquisición "no tenía el día de nacimiento”, pero fecha su comienzo en 1231, año en que sobre la base de un edicto de Gregorio IX, que excomulgaba a todos los apóstatas, se nombraron en Roma inquisidores autorizados no sólo para inquirir, sino también castigar a los herejes  [32•74 .

p Esa disparidad de fechas se explica probablemente por la gran abundancia de documentos papales de todo género, enfilados contra los herejes y muy afines por su contenido, que se editaron en los siglos XII y XIII. Nosotros nos inclinamos a considerar que la Inquisición en forma de tribunal especial cristalizó en la primera mitad del siglo XIII.

p Tan sólo uno de los investigadores—el norteamericano Henry Charles Lea (1825—1909)—trató de escribir una historia general de la Inquisición con todas sus etapas y ramificaciones, pero no logró realizar enteramente su propósito. La actividad de la Congregación del Santo Oficio (Inquisición papal) quedó sin dilucidar en su trabajo, tal vez porque le faltara tiempo, o bien por falta de documentación u otras causas que ignoramos.

p El hecho de que Lea y otros historiadores -en particular, Jean Guiraud  [32•75 —que trataron de abarcar toda la historia de la Inquisición hicieran caso omiso de dicho tema, prepara, a nuestro juicio, una especie de coartada para los papas respecto a los crímenes de la Inquisición. Se crea así la falsa impresión de que la Santa Sede no tenía nada que ver con la actividad de los tribunales inquisitoriales, aunque en realidad fue la principal inspiradora y organizadora de la Inquisición a escala universal, variando en el curso de los métodos y formas de su actividad, así como los objetos de persecución.

p Otro defecto no menos sustancial (propio de muchos historiadores laicos de la Inquisición) consiste en considerarla únicamente como una institución medieval que defendía los intereses de la Iglesia feudal y del feudalismo en general. Mas la historia de la Inquisición termina en el siglo XX.

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p Las historiografías burguesa y eclesiástica son incapaces de explicar la Inquisición, sus orígenes, las diferentes formas de su acción, las causas de su longevidad. Los historiadores anticlericales declaran que la Inquisición es fruto de la “viciosidad” orgánica de la Iglesia Católica, de la intolerancia como rasgo típico del catolicismo, desatendiendo que las iglesias cristianas protestante, ortodoxa y otras, como asimismo otras religiones, persiguieron a sus adversarios con no menor encono. Los abogados clericales modernos de la Inquisición, lamentando hipócritamente sus “excesos”, la presentan sin embargo como instrumento de "providencia divina”, valiéndose del cual la Iglesia impidió la descomposición de la sociedad, y en el caso de España, contribuyó a la cohesión y unidad nacionales.

p El surgimiento de las herejías y la Inquisición que las perseguía pueden explicarse científicamente sólo en base a la concepción marxista de la historia. La clave de esos fenómenos debe buscarse en la lucha de clases, que desgarraba la sociedad feudal, y en la posición ocupada allí por la Iglesia Católica que, según la expresión certera de Engels, rodeaba "a las instituciones feudales del halo de la consagración divina"   [33•76 . Marx y Engels fueron los primeros en revelar el intríngulis social de las herejías medievales. Engels mostró que "todos los ataques expresados en forma general contra el feudalismo, y en primer lugar los dirigidos contra la Iglesia, todas las doctrinas revolucionarias—sociales y pol’ticas— debieron ser simultáneamente, por excelencia, herejías teológicas"   [33•77 .

p En el período de descomposición del régimen feudal, los “santos” tribunales, como señaló Marx refiriéndose a la Inquisición española, pasan a servir, bajo el absolutismo, de poderoso medio de represión de sus adversarios. Desde comienzos del siglo XVI, España y Portugal se valen de la Inquisición para reprimir el movimiento liberador de los pueblos de América y Asia contra el yugo colonial; durante el Renacimiento, la Inquisición combate la concepción humana y realista del mundo; en el siglo XVIII declara la guerra a los representantes de la Ilustración y filósofos materialistas, y en el siglo XIX, 34 a los patriotas ansiosos de emancipar las colonias, a los luchadores por la unificación de Italia y por las reformas democráticas en España; la Congregación del Santo Oficio se opone al movimiento obrero naciente, al socialismo, anatematiza la revolución de 1848 y la Comuna de Par’s; por último, en el siglo XX, ve a su enemigo principal en el comunismo, en la Unión S viética y otros países del campo socialista.

p Así pues, durante toda su historia multisecular, la Inquisición estuvo al servicio del feudalismo y el absolutismo, del colonialismo y el capitalismo. En la Edad Media, su actividad se asociaba con las mazmorras, las torturas y los autos de fe; en las épocas moderna y contemporánea, habiendo sido privada de esas funciones de verdugo, recurrió a métodos más refinados, utilizando como armas los anatemas, las excomuniones y los índices de libros prohibidos, entre los que figuran las obras de muchos científicos y pensadores progresistas de renombre.

p Lenin hizo constar que "todas las clases opresoras sin excepción necesitan, para salvaguardar su dominación, dos funciones sociales: la función del verdugo y la función del cura"   [34•78 . La Iglesia, a través de la Inquisición, compaginaba en sí ambas funciones, hasta que la burguesía le quitó, junto con la propiedad territorial, la función del verdugo, dejándole sólo la del cura.

p Así es, dicho brevemente, la contextura histórica de la Inquisición, que arremetió contra los herejes y apóstatas medievales, los enemigos personales de los papas y de otros jerarcas clericales, la población convertida por la fuerza al catolicismo, los pueblos sojuzgados de las colonias, los humanistas que censuraban el oscurantismo religioso, los enemigos del poder absolutista, los ilustradores y filósofos materialistas, los grandes sabios, los patrióticos luchadores por la independencia de las colonias, los partidarios de la separación de la Iglesia del Estado, los escritores realistas, los primeros dirigentes obreros, los socialistas, los comunistas y los pensadores progresistas de nuestra época. La Inquisición siempre defendió los intereses de las clases gobernantes. En ello, precisamente, se debe buscar el por qué de la tan larga existencia de esa institución terrorista, asombrosamente 35 vital, pero también en ello, como verá a continuación el lector, residen las causas de su caída.

p Después de que en Rusia, potencia mundial, bajo los poderosos embates de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se derrumbara por primera vez en la historia del género humano el régimen de injusticia social y de dominio de los explotadores, consustancial a la Iglesia, y se abriera para la humanidad el camino de la construcción de una sociedad justa en la tierra, la Congregación del Santo Oficio se opuso con redoblado furor a las ideas progresistas, al marxismo-leninismo. Pero esta vez se trató de convulsiones postreras. Por cierto que la agonía penosa de la Inquisición duró mucho tiempo, pero ningún “milagro”, ningún exorcismo místico ni, menos aún, la desbocada prédica anticomunista, podían restituirle su antiguo poder. La propia Iglesia firmó la sentencia de muerte al Santo Oficio. Al fin y al cabo, en 1966, ese monstruo decrépito, hijo de supersticiones y prejuicios seculares, mimado por la Iglesia y los todopoderosos, exhaló su último suspiro.

Este suceso pasó casi desapercibido en el mundo, que desde hacía ya mucho tiempo lo consideraba cadáver al recién fallecido. Así se cerraron los anales multiseculares de la Inquisición, cuya actividad represiva no pudo, en última instancia, impedir la marcha ascensional de la historia.

* * *
 

Notes

[24•52]   Citado según Le Manuel des Inquisiteurs, á l’usage des Inquisitions d’Espagne et de Portugal. Lisbonne, MDCCLXII, pp. 182-183.

[24•53]   Biblia. Génesis, cap. 19, verso 24.

[25•54]   Biblia. Los Números, cap. 21, versos 4, 6.

[25•55]   Biblia. Deuteronomio, cap. 13, versos 6, 8 y 9.

[25•56]   Le Manuel des Inquisiteurs..., p. 190.

[25•57]   Ibid., p. 191.

[26•58]   M. Marini. Galileo e l’lnquisizione. Memorie storico-critiche dirette alia Romana Accademia di archeologia. Roma, 1850, p. 11.

[26•59]   W. Th. Walsh. Personajes de la Inquisición, p. 331.

[26•60]   Encyctopaedia Britannica, v. 12. Chicago, 1947, p. 377.

[27•61]   M. Pokrovski. Las herejías medievales y la Inquisición. En: Crestomatía de historia de los siglos medievales, fase. 2. M., 1897, p. 681.

[27•62]   V. Piskorski. Inquisición. Diccionario enciclopédico de Brokgauz y Efrón, t. XIII, Spb, 1894, p. 180.

[27•63]   S. G. Lozinski. La Santa Inquisición. M., 1927, p. 298.

[28•64]   Véase C. Douais. L’¡nquisition, ses origines, sa procédure, p. 40.

[28•65]   A. C. Shannon. The Popes and Heresy..., p. 48.

[29•66]   Véase R. Longone. Uccideteli luíti poi dio riconoscera i suoi. En: Vie Nuove. Roma, 1961, N° 27, p. 24.

[29•67]   J. Guiraud. Histoire de l’lnquisition..., v. I, p. VIII.

[30•68]   Archivo de Marx y Engels, t. V. M., 1938, pp. 235, 240-241.

[31•69]   M. Pokrovski. Las herejías medievales v la Inquisición, p. 681.

[31•70]   Ibíd., p. 682.

[31•71]   Véase Historia de la Edad Media, t. I. M., 1966, p. 495.

[31•72]   Véase Enciclopedia histórica soviética, t. 6. M., 1965, p. 36.

[32•73]   J. Guiraud. Histoire de l’Inquisition..., v. I, p. 419.

[32•74]   A. C. Shannon. The Popes and Heresy..., pp. 60—61.

[32•75]   J. Guiraud califica la Congregación del Santo Oficio y la Inquisición española, establecida en 1481, de inquisiciones de la "época moderna”, a diferencia de la medieval de los siglos XII—XV, que se investiga en su trabajo (J. Guiraud. Histoire de l’Inquisition..., v. I, p. IX).

[33•76]   F. Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico. Prólogo a la edición inglesa. C. Marx y F. Engels. Obras, ed. en ruso, t. 22, p. 306.

[33•77]   F. Engels. La guerra campesina en Alemania. C. Marx y F. Engels. Obras, t. 7, p. 361.

[34•78]   V. I. Lenin. La bancarrota de la II Internacional. Obras Completas, 5a ed. en ruso, t. 26, p. 237.