22-29 DE DICIEMBRE DE 1920
DE TODA RUSIA Y DEL CONSEJO
DE COMISARIOS DEL PUEBLO SOBRE
LA POLÍTICA EXTERIOR E INTERIOR
22 DE DICIEMBRE
p (Exclamaciones: "¡Viva el camarada Lenin!" Atronadores aplausos. Clamorosa ovación.) Camaradas: Debo presentar un informe sobre la política exterior e interior del gobierno. Entiendo que mi informe no tiene por objeto enumerar los proyectos de ley y las medidas, ni siquiera los más trascendentales, del poder obrero y campesino. Creo que tampoco os interesaría, ni tendría importancia sustancial, que refiriese los acontecimientos ocurridos durante este tiempo. A mi juicio, debo tratar de sintetizar las enseñanzas principales que hemos recibido este año, no menos abundante en bruscos virajes políticos que los años anteriores de la revolución, y deducir de esa síntesis las más urgentes tareas políticas y económicas que tenemos planteadas; las tareas en las que más confía ahora el Poder soviético, a las que concede la mayor importancia y de cuyo cumplimiento espera grandes éxitos en nuestra edificación económica, tanto mediante sus proyectos de ley, sometidos a vuestro examen y aprobación, como mediante todo el conjunto de medidas suyas. Por eso, permitidme que me limite a hacer unas breves observaciones respecto a la situación internacional de la república y los principales resultados del año pasarlo en el ámbito de la política exterior.
p Todos sabéis, por supuesto, que los grandes terratenientes y capitalistas polacos nos impusieron la guerra, presionados e instigados por los países capitalistas de Europa Occidental, y no 505 sólo de Europa Occidental. Sabéis que en abril del año en curso propusimos la paz al gobierno polaco en condiciones incomparablemente más ventajosas para él que las de ahora, y sólo por necesidad extrema, tras el fracaso completo de nuestras negociaciones de armisticio con Polonia, nos vimos obligados a ir a una guerra que, pese a la durísima derrota sufrida por nuestras tropas en las cercanías de Varsovia a causa de su indudable extenuación por la contienda, ha terminado, no obstante, con una paz más ventajosa para nosotros que la que propusimos a Polonia en abril. La paz preliminar con Polonia ha sido suscrita, y ahora se sostienen negociaciones para la firma de una paz definitiva. No se nos oculta el peligro que representa la presión ejercida por algunos países capitalistas más obstinados y por ciertos medios contrarrevolucionarios rusos para impedir que estas negociaciones culminen en la firma de la paz. Pero debemos decir que la política de la Entente, dirigida a la intervención militar y a la derrota militar del Poder soviético, fracasa cada día más, y ganamos para nuestra política de paz a un número creciente de Estados que mantienen, sin duda, una posición hostil al Poder soviético. El número de Estados signatarios del tratado de paz aumenta, y es muy probable que dentro de poco se firme el tratado de paz definitivo con Polonia, con lo cual se asestará un nuevo y durísimo golpe a la alianza de las fuerzas capitalistas que intentan arrancarnos el poder por medio de la guerra.
p Camaradas: Vosotros sabéis también, por supuesto, que nuestros reveses temporales en la guerra contra Polonia y la gravedad de nuestra situación en ciertos momentos de la contienda se debieron a que teníamos que combatir a Wrangel, el cual había sido reconocido oficialmente por una potencia imperialista16a y recibía una colosal ayuda material, militar y de otra índole. Y para terminar cuanto antes la guerra, tuvimos que concentrar con rapidez las tropas, a fin de asestar a Wrangel el golpe decisivo. Vosotros sabéis, desde luego, el heroísmo sin par que reveló el Ejército Rojo al vencer obstáculos y fortificaciones que hasta los especialistas y las autoridades en materia militar consideraban inexpugnables. Una de las páginas más brillantes de la historia del Ejército Rojo es la victoria completa, decisiva y notablemente rápida conquistada sobre Wrangel. De este modo, la guerra que nos fue impuesta por los guardias blancos y los imperialistas ha sido liquidada.
p Ahora podemos emprender con mucha mayor confianza y firmeza el desarrollo económico, tan entrañable, necesario y sugestivo para nosotros desde hace tiempo, seguros de que los amos capitalistas no lograrán frustrar esta labor con tanta facilidad 506 como antes. Pero, desde luego, debemos estar alerta. No podemos decir en modo alguno que estemos ya garantizados contra una nueva guerra. Y esta falta de garantía no depende en absoluto de que no tengamos todavía tratados de paz oficiales. Sabemos perfectamente que los restos del ejército de Wrangel no han sido aniquilados, sino que están ocultos no muy lejos y se hallan bajo la tutela y protección de las potencias capitalistas, que les ayudan a reponerse; que las organizaciones de los guardias blancos rusos laboran intensamente con el propósito de formar de nuevo tales o cuales unidades militares y, junto con los efectivos de Wrangel, prepararlas para un nuevo ataque contra Rusia en un momento propicio.
p De ahí que, en todo caso, debamos estar preparados en el aspecto militar. Sin confiar en los golpes que hemos asestado ya al imperialismo, debemos conservar a toda costa nuestro Ejército Rojo en plena disposición de combate y aumentar su capacidad combativa. Esto no lo impedirá, por supuesto, el licénciamiento de una parte del ejército y su pronta desmovilización. Esperamos que la inmensa experiencia adquirida durante la guerra por el Ejército Rojo y sus dirigentes nos ayudará a mejorar ahora sus cualidades. Y lograremos, aun reduciendo los efectivos del ejército, conservar un núcleo fundamental del mismo que no representará una carga excesiva para la República desde el punto de vista de su sostenimiento. Por otra parte, con esta reducción del ejército sabremos asegurar mejor que antes la posibilidad, si es necesario, de poner en pie y movilizar una fuerza militar todavía mayor.
p Estamos convencidos de que todos los Estados vecinos, que han perdido ya mucho por el solo hecho de haber apoyado los complots de los guardias blancos contra nosotros, han aprovechado en grado suficiente la lección irrefutable de la experiencia y apreciado como es debido nuestro espíritu conciliador, que todos interpretaban como debilidad nuestra. Tres años de experiencia han debido convencerles de que, cuando damos pruebas del más firme espíritu pacífico, al mismo tiempo estamos preparados en el sentido militar. Y todo intento de guerra contra nosotros significará, para los Estados que se enzarcen en este conflicto, agravar las condiciones que habrían podido tener sin la guerra y antes de la guerra, en comparación con las que obtendrán como resultado de ella y después de ella. Esto ha quedado demostrado con relación a varios Estados. Y esto es una conquista nuestra, a la que no renunciaremos y que no olvidará ninguna de las potencias que nos rodean o que están en contacto político con Rusia. Gracias a ello mejoran sin cesar nuestras relaciones con los Estados vecinos. Vosotros sabéis que se ha firmado definitivamente la paz 507 con diversos Estados sitos en las fronteras occidentales de Rusia, que antes formaban parte del antiguo Imperio ruso y que han recibido del Poder soviético el reconocimiento incondicional de su independencia y su soberanía, de acuerdo con los principios fundamentales de nuestra política. La paz asentada en estas bases tiene todas las probabilidades de ser más sólida de lo que desearían los capitalistas y algunos Estados euroccidentales.
p En lo que concierne al gobierno letón, debo decir que en cierto momento nos amenazaba, al parecer, un empeoramiento de las relaciones, rayano incluso con la posible ruptura de las relaciones diplomáticas. Pero justamente el último informe de nuestro representante en Letonia muestra que se ha producido ya un cambio de política y han sido eliminados muchos de los malentendidos y motivos legítimos de descontento. Abrigamos la esperanza, bastante fundada, de que en breve tendremos estrechas relaciones económicas con Letonia, la cual, cuando se establezca el intercambio de mercancías con Europa Occidental, nos será, sin duda, más útil aún que Estonia y otros Estados limítrofes con la RSFSR.
p He de señalar también, camaradas, que nuestra política ha conquistado durante este año importantes éxitos en Oriente. Debemos aplaudir la formación y el afianzamiento de las repúblicas soviéticas de Bujará, Azerbaidzhán y Armenia, que, además de restablecer su independencia plena, han puesto el poder en manos de los obreros y campesinos. Estas repúblicas demuestran y confirman que las ideas y los principios del Poder soviético son comprensibles y factibles sin demora no sólo en los países desarrollados en el aspecto industrial, no sólo con el proletariado como punto de apoyo social, sino también con una base como el campesinado. La idea de los Soviets campesinos ha triunfado. El poder de los campesinos está asegurado; en sus manos se encuentran la tierra y los medios de producción. Las relaciones de amistad de las repúblicas soviéticas campesinas con la República Socialista de Rusia han sido refrendadas ya por los resultados prácticos de nuestra política.
p Podemos congratularnos también de la próxima firma del tratado con Persia. Las relaciones de amistad con ella están aseguradas por la coincidencia de intereses vitales de todos los pueblos que sufren la opresión del imperialismo.
p Debemos señalar asimismo que nuestras relaciones amistosas con Afganistán, y en grado mayor aún con Turquía, se perfeccionan y afianzan más y más. En lo que respecta a Turquía, los países de la Entente han hecho cuanto podían para imposibilitar las relaciones más o menos normales entre ella y los países de Europa Occidental. Esta circunstancia, unida al afianzamiento del Poder 508 soviético, asegura en grado creciente que, pese a la resistencia y las intrigas de la burguesía, pese a seguir existiendo países burgueses alrededor de Rusia, la alianza y las relaciones amistosas de Rusia con los pueblos oprimidos de Oriente se fortalecen. Porque un hecho importantísimo en toda la política es la violencia imperialista contra los pueblos que no tuvieron la suerte de figurar entre los vencedores, y esta política mundial del imperialismo suscita el acercamiento, la alianza y la amistad de todos los pueblos oprimidos. El éxito que hemos alcanzado en este terreno también en Occidente con respecto a los Estados más europeizados muestra que los fundamentos actuales de nuestra política exterior son acertados y que el mejoramiento de nuestra situación internacional tiene una base firme. Estamos seguros de que, si seguimos aplicando la política de paz y haciendo las concesiones que hacemos (y debemos hacerlas para eludir la guerra), pese a todas las intrigas y maquinaciones de los imperialistas—los cuales, como es natural, pueden siempre enemistar con nosotros a uno u otro Estado—; a pesar de todo eso, la línea principal de nuestra política y los intereses básicos dimanantes de la esencia misma de la política imperialista se imponen y obligan de modo creciente a la RSFSR a establecer relaciones más estrechas con un número cada día mayor de Estados vecinos. Y ello es garantía de que podremos dedicarnos a fondo al desarrollo económico, de que podremos trabajar con tranquilidad, firmeza y seguridad durante un período más prolongado.
p Debo decir también que en la actualidad sostenemos negociaciones con Inglaterra para firmar un acuerdo comercial. Lamentablemente, estas negociaciones se demoran mucho más de lo que quisiéramos, pero no tenemos la menor culpa de ello. Ya en julio, cuando las tropas soviéticas alcanzaban el éxito máximo, el gobierno inglés nos propuso oficialmente un texto de convenio que aseguraba la posibilidad de establecer relaciones comerciales. Respondimos con nuestro pleno acuerdo; pero, desde entonces, la lucha de tendencias en el seno del gobierno inglés y del Estado inglés ha frenado este asunto. Vemos las vacilaciones del gobierno inglés, las amenazas de romper por completo las relaciones con nosotros y enviar sin demora la flota contra Petrogrado. Hemos observado eso, pero hemos visto también que, en respuesta a esa amenaza, tocia Inglaterra se cubría de Comités de Acción ’fil. Hemos visto que los adeptos más radicales de la tendencia oportunista y sus jefes, presionados por los obreros, tenían que emprender este camino, el camino de una política completamente “inconstitucional”, que ellos mismos habían condenado la víspera. Ha resultado eme la fuerza de la presión y la conciencia de las 509 masas trabajadoras, a despecho de todos los prejuicios mencheviques que dominan incluso hoy en el movimiento sindical inglés, se ha abierto paso hasta tal punto que ha roto el filo de la política belicosa de los imperialistas. Y ahora, prosiguiendo la política de paz, nos apoyamos en el proyecto de julio propuesto por el gobierno inglés. Estamos dispuestos a firmar en el acto un convenio comercial. Y si este convenio no ha sido firmado hasta ahora, la culpa es exclusivamente de las tendencias y corrientes que se manifiestan en los medios gobernantes ingleses, los cuales intentan frustrar el acuerdo comercial y quieren—a despecho de la voluntad no sólo de la mayoría de los obreros, sino también de la mayoría de la burguesía inglesa—tener una vez más las manos libres para agredir a la Rusia Soviética. Eso es cosa suya.
p Cuanto más dure esta política en ciertos medios influyentes de Inglaterra, en los medios del capital financiero y de los imperialistas, tanto más agravará la situación financiera, tanto más retrasará el semiacuerdo, hoy indispensable, entre la Inglaterra burguesa y la República Soviética y tanto más hará comprender a los imperialistas que después deberán aceptar no un semiacuerdo, sino un acuerdo completo.
p Camaradas: Debo decir que este convenio comercial con Inglaterra plantea un problema principal de nuestra política económica: el de las concesiones. Entre las leyes más importantes promulgadas por el Poder soviético en el período del que rendimos cuenta figura la Ley de las Concesiones, del 23 de noviembre de este año. Todos conocéis, sin duda, el texto de esta ley. Todos sabéis que hemos publicado ahora documentos y datos complementarios, capaces de facilitar a todos los miembros del congreso de los Soviets la información más amplia respecto a este asunto. Hemos publicado un folleto que contiene el texto de este decreto y la lista de las concesiones principales, es decir: las concesiones alimenticias, forestales y mineras. Hemos adoptado medidas para que el texto del decreto promulgado llegue lo antes posible a los Estados de Europa Occidental, y esperamos que nuestra política de concesiones sea fructífera también desde el punto de vista práctico. No se nos ocultan en absoluto los peligros que encierra esta política en la República Socialista Soviética, país clébil y atrasado. Mientras nuestra República Soviética siga siendo una región periférica limítrofe con todo el mundo capitalista, sería una fantasía y una utopía completamente ridiculas soñar con nuestra total independencia económica y con la desaparición de estos o aquellos peligros. Por supuesto, mientras existan contradicciones tan radicales, subsistirán también los peligros, de los que es imposible escapar. Lo que debemos hacer es mantenernos firmes 510 para superarlos, saber discernir los peligros de mayor importancia de los de menor importancia y preferir los menos importantes a los que lo son más.
p Hace poco se nos ha informado que en el congreso de los Soviets del distrito de Arzamás (provincia de Nizhni Nóvgorod), un campesino sin partido dijo acerca de las concesiones: " Camaradas: Os delegamos al congreso de toda Rusia y declaramos que nosotros, los campesinos, estamos dispuestos a soportar tres años más el hambre, el frío y las prestaciones personales, pero no vendáis nuestra madrecita Rusia a los concesionarios.” Me congratulo con gran alegría de este estado de ánimo, que está muy difundido. A mi parecer, lo significativo para nosotros es precisamente que en la masa de los trabajadores sin partido, tanto obreros como campesinos, ha madurado en tres años una experiencia política y económica que permite y exige valorar más que nada la liberación del yugo capitalista; que impele a triplicar nuestra vigilancia y a acoger con suma desconfianza cada paso que acarree nuevos peligros posibles de restauración del capitalismo. Es indudable que prestamos oído muy atento a las declaraciones de ese tipo. Pero debemos decir que no se trata de vender Rusia a los capitalistas, sino de las concesiones. Además, cada tratado acerca de las concesiones está condicionado por un plazo fijo y por un convenio concreto; está respaldado por garantías de todo género, que han sido meditadas cuidadosamente, que serán analizadas y discutidas con vosotros más de una vez en este congreso y en todas las conferencias sucesivas. Estos acuerdos provisionales no se parecen a una venta, no tienen nada que ver con la venta de Rusia; pero representan cierta cesión económica a los capitalistas, a fin de obtener así la posibilidad de adquirir cuanto antes las máquinas y las locomotoras necesarias, sin las cuales no podemos restablecer nuestra economía. No tenemos derecho a menospreciar nada que pueda contribuir, por poco que sea, a mejorar la situación de los obreros y campesinos.
p Es preciso hacer lo más posible para restablecer con rapidez nuestras relaciones comerciales. Estas negociaciones prosiguen hoy en un marco semilegal. Hacemos pedidos de locomotoras y máquinas en cantidades que están lejos de ser suficientes, pero hemos empezado a pedirlas. Si sostenemos las negociaciones legalmente, desarrollaremos estas posibilidades en proporciones gigantescas. Con la ayuda de la industria conseguiremos muchas cosas y, por añadidura, en un plazo más corto; pero, aun en el caso de un gran éxito, este plazo se mide por años, por varios años. No debe olvidarse que si hoy hemos conquistado una victoria militar, si hemos obtenido la paz, la historia nos enseña, por otra 511 parte, que ni un solo problema importante, ni una sola revolución se resolvió de otro modo que no fuera una serie de guerras. Esta lección no la olvidaremos. Ahora hemos quitado a un nutrido grupo de grandes potencias las ganas de hacernos la guerra, pero no podemos garantizar que sea por mucho tiempo. Debemos prever que, al menor cambio de la situación, los rapaces imperialistas se lanzarán de nuevo sobre nosotros. Hay que estar preparados contra eso. De ahí que sea necesario, ante todo, restablecer la economía y darle una base firme. Pero es imposible hacer eso pronto sin utillaje, sin máquinas importadas de los países capitalistas. Y no debemos lamentar que los capitalistas obtengan a costa nuestra una ganancia suplementaria: lo esencial es conseguir ese restablecimiento. Es preciso que los obreros y los campesinos estén tan animados como, esos campesinos sin partido, que han declarado no temer ningún sacrificio ni privaciones. Conscientes del peligro de una intervención capitalista, no enfocan las concesiones con un criterio sentimental, sino que ven en ellas la continuación de la guerra, en la que la lucha implacable se desplaza a otro terreno; ven la posibilidad de nuevos intentos de la burguesía de restaurar el viejo capitalismo. Eso es magnífico, eso nos garantiza que la vigilancia y la defensa de nuestros intereses serán obra no sólo de los órganos del Poder soviético, sino también de cada obrero y de cada campesino. Y en este caso, estamos seguros de que sabremos organizar la defensa de nuestros intereses sobre una base tal que, incluso si cumplen los convenios acerca de las concesiones, no podrá ni hablarse de la vuelta del poder de los capitalistas. Y lograremos reducir al mínimo este peligro, lograremos que sea menor que el peligro de guerra, que dificulte la reanudación de la contienda y nos facilite la posibilidad de restaurar y desarrollar nuestra economía en un plazo más corto, en menor número de años (se trata de bastantes años).
p Camaradas: Las tareas económicas, el frente económico vuelve a ser ahora, una y otra vez, el más importante y fundamental para nosotros. Al examinar los documentos legislativos de que debo informaros me he convencido de que la inmensa mayoría de las medidas y disposiciones tanto del Consejo de Comisarios del Pueblo como del Consejo de Defensa"’^^4^^ son ahora medidas parciales, de detalle, a menudo minúsculas por entero, vinculadas a esta gestión económica. Vosotros, por supuesto, no esperáis que os enumere estas medidas. Sería sumamente aburrido y carecería de todo interés. Sólo quisiera recordar que no es la primera vez, ni mucho menos, que sacamos a primer plano el frente del trabajo. Recordemos la resolución que adoptó el CEC de toda Rusia el 29 de abril de 1918 ^^165^^. Era un período en el que la paz de Brest, que 512 se nos impuso, partió a Rusia en el aspecto económico y el tratado, exorbitantemente rapaz, nos colocó en condiciones duras en extremo. Entonces se entrevio la posibilidad de contar con una tregua que nos facilitara condiciones para restablecer la actividad económica pacífica. Y sin pérdida de tiempo—aunque ahora sabemos que la tregua fue muy breve—el CEC de toda Rusia, en la resolución del 29 de abril, centró toda la atención en este desarrollo económico. Esta resolución, que no ha sido anulada y sigue siendo ley para nosotros, nos ofrece perspectivas acertadas para enjuiciar cómo hemos abordado estas tareas y a qué debemos prestar ahora mayor atención en nuestro trabajo con objeto de llevarlo hasta el fin.
p Al analizar esta resolución se ve con claridad que muchos de los problemas que debemos afrontar ahora fueron planteados con plena precisión y firmeza, y con suficiente energía, ya en abril de 1918. Al recordarlo decimos: la repetición es el alma de la enseñanza. Y no nos inmuta tener que repetir ahora estas verdades fundamentales del desarrollo económico. Las repetiremos aún muchas veces, pero mirad qué diferencia hay entre la proclamación de principios abstractos hecha en 1918 y la labor económica iniciada ya en la práctica. Y pese a las gigantescas dificultades y a la constante interrupción de nuestros trabajos, nos aproximamos cada día más, y de manera más concreta, al planteamiento práctico de las tareas económicas. Nos repetiremos muchas, muchísimas veces. En la edificación es imposible pasarse sin una inmensidad de repeticiones, sin cierto retorno, sin comprobaciones, sin algunas enmiendas, sin nuevos procedimientos, sin poner en tensión las fuerzas para convencer a los atrasados y a los no preparados.
p El meollo del momento político consiste hoy en que vivimos precisamente un período crucial, de transición, cierto zigzag; un período en el que estamos pasando de la guerra al fomento de la economía. Esto lo hemos tenido también otras veces, pero no en proporciones tan amplias. Ello debe recordarnos una y otra vez cuáles son las tareas políticas generales del Poder soviético y en qué consiste lo peculiar de esta transición. La dictadura del proletariado ha tenido éxito porque ha sabido unir la coerción y la persuasión. La dictadura del proletariado no teme la coerción ni la manifestación brusca, enérgica e implacable de la coerción estatal. Porque la clase avanzada, la que fue más oprimida por el capitalismo, tiene derecho a ejercer esa coerción, pues la ejerce en nombre de los intereses de todos los trabajadores y explotados; porque posee medios de coerción y persuasión que no ha tenido ninguna de las clases anteriores, a pesar de eme disponían de 513 posibilidades materiales incomparablemente mayores que nosotros para la propaganda y la agitación.
p Si nos preguntamos qué resultados ha tenido nuestra experiencia de tres años (pues es difícil resumir la experiencia de un año en algunos puntos cardinales); si nos preguntamos qué es, en última instancia, lo que explica nuestras victorias sobre un enemigo mucho más fuerte que nosotros, habremos de responder: El hecho de que en la organización del Ejército Rojo se plasmaron magníficamente la consecuencia y la firmeza de la dirección proletaria en la alianza de los obreros y los campesinos trabajadores contra todos los explotadores. ¿Cómo ha podido ocurrir eso? ¿Por qué lo ha aceptado de tan buen grado una masa gigantesca de campesinos? Porque, aun siendo en su gran mayoría sin partido, estaba convencida de que su única salvación consistía en apoyar el Poder soviético. Y se convenció de eso, claro es, no por los libros ni por la propaganda, sino por la experiencia. La convenció la experiencia de la guerra civil, en particular, la alianza de nuestros mencheviques y eseristas, que es más afín a ciertos rasgos fundamentales de la pequeña hacienda campesina. La experiencia de la alianza de estos partidos de pequeños propietarios con los terratenientes y los capitalistas, así como la experiencia de Kolchak y Denikin, convencieron a la masa campesina de que no son posibles términos medios, de que la rectilínea política soviética es justa, de que la férrea dirección del proletariado es el único medio que salva al campesino de la explotación y la violencia. Y sólo porque hemos podido convencer de eso al campesino, sólo por eso, nuestra política de coerción, basada en ese convencimiento sólido y absoluto, ha tenido un éxito tan gigantesco.
p Ahora debemos recordar que, al pasar al frente del trabajo, tenernos planteada la misma tarea en otra situación, a escala más amplia; pero es la misma tarea que afrontamos cuando hicimos la guerra a los guardias blancos, cuando vimos un entusiasmo y una tensión de fuerzas de las masas obreras y campesinas que no ha habido, ni podía haber, en otros Estados en guerra alguna. En efecto, los campesinos sin partido, a semejanza del campesino de Arzamás cuyas palabras he citado hace poco, se convencieron por la observación y el conocimiento de la vida de que los explotadores son un enemigo despiadado y es imprescindible un poder implacable para aplastarlos. Y movimos a una masa del pueblo mayor que nunca a adoptar una actitud consciente ante la guerra y a prestarle una ayuda activa. Los obreros comunistas y sin partido y los campesinos sin partido (en su inmensa mayoría, los campesinos no tienen filiación política) jamás habían prestado, en 514 ningún régimen político, ni la décima parte de un apoyo tan general a una guerra ni demostrado tal comprensión de ella como con el Poder soviético. En eso radica la base de que, en fin fie cuentas, hayamos vencido a un enemigo fuerte. Con ello queda probado uno de los postulados más profundos del marxismo, que es, a la ve?,, uno de los más sencillos y comprensibles. Cuanto mayores son la envergadura y la amplitud de las acciones históricas, tanto más personas participan en ellas, y viceversa, cuanto más profunda es la transformación que deseamos hacer, tanto más se debe elevar el interés por ella y la actitud consciente ante ella, tanto más se debe convencer de esa necesidad a nuevos y nuevos millones y decenas de millones. En fin de cuentas, nuestra revolución ha dejado muy atrás a todas las demás porque, mediante el Poder soviético, ha incorporado activamente a la organización del Estado a decenas de millones de seres que antes no estaban interesados en esa labor.
p Enfoquemos ahora desde este lado el problema de las nuevas tareas que han surgido ante nosotros, eme han llegado a vuestro conocimiento durante este tiempo en decenas y centenares de disposiciones del Poder soviético, que han constituido las nueve décimas partes de la labor del Consejo de Trabajo y Defensa (de esto hablaremos después) y, probablemente, más de la mitad de la del Consejo de Comisarios del Pueblo; enfoquemos las tareas económicas: preparar un plan económico único y reorganizar las propias bases de la economía de Rusia, las propias bases de la pequeña hacienda campesina. Estas tareas requieren que se incorpore a todos los miembros de los sindicatos a una obra completamente nueva, que les era ajena bajo el capitalismo. Preguntad ahora si radica ahí la condición de la rápida victoria absoluta, que se creó durante la guerra y que consiste en incorporar a las masas al trabajo. ¿Están convencidos los miembros de los sindicatos y la mayoría de los sin partido de que son necesarios nuestros nuevos métodos y nuestras grandes tareas de fomento de la economía? ¿Están convencidos de todo eso igual que lo estuvieron de darlo todo para la guerra, de sacrificarlo todo en aras de la victoria en el frente de la guerra? Si planteamos así la cuestión, deberéis responder: Indudablemente, no. No están convencidos de ello, ni mucho menos, en el grado necesario.
p La guerra fue una cosa comprensible y habitual a lo largo de siglos y milenios. Los viejos actos de violencia y ferocidad de los latifundistas eran tan evidentes que resultaba fácil convencer, incluso a los campesinos de las regiones periféricas más cerealistas (los menos relacionados con la industria), incluso a esos campesinos, de que hacíamos la guerra en defensa de los intereses de los 515 trabajadores y, de esa manera, despertar un entusiasmo casi general. Será más difícil lograr que las masas campesinas y los afiliados a los sindicatos comprendan estas tareas ahora, comprendan que no se puede vivir como antes, que, por mucho que haya arraigado la explotación capitalista durante decenios, debe ser vencida. Es preciso conseguir que todos comprendan que Rusia nos pertenece; que nosotros, las masas obreras y campesinas, y sólo nosotros, podemos transformar las viejas condiciones económicas de existencia y convertir en realidad el gran plan económico con nuestra actividad y nuestra severa disciplina de trabajo. Sin eso no hay salvación. Nos rezagamos y nos rezagaremos de las potencias capitalistas, y seremos vencidos, si no logramos restablecer nuestra economía. Por eso no debemos limitarnos a repetir las viejas verdades que acabo de recordaros, las viejas verdades referentes a la importancia de las tareas de organización, la disciplina laboral y el papel inconmensurable de los sindicatos, completamente excepcional en este aspecto—pues no existe otra organización que agrupe a las grandes masas—; no debemos limitarnos a repetir estas viejas verdades, sino comprender muy a fondo que ha comenzado la transición de las tareas bélicas a las tareas económicas.
p Hemos tenido pleno éxito en el terreno militar, y ahora debemos preparar el mismo éxito para tareas más difíciles, que requieren entusiasmo y abnegación de la inmensa mayoría de los obreros y campesinos. Es preciso convencer de las nuevas tareas a centenares de millones de seres que han vivido de generación en generación en la esclavitud y la opresión, viendo reprimida toda iniciativa; a millones de obreros que militan en los sindicatos, pero que carecen aún de conciencia política y no están acostumbrados a sentirse dueños. Es necesario organizados, y no para que opongan resistencia al poder, sino para que apoyen y desarrollen las medidas de su poder obrero, para que las apliquen hasta el fin. Esta transición, que va acompañada de dificultades, no es una tarea nueva desde el punto de vista de la simple fórmula. Pero es nueva por cuanto la tarea económica se plantea ahora, por vez primera, a escala masiva y debemos comprender y recordar que la guerra en el frente económico será más difícil y más larga. Para vencer en este frente es preciso conseguir que el mayor número de obreros y campesinos sean activos, leales y tengan iniciativa. Y eso se puede conseguir—prueba de ello es la experiencia de desarrollo económico que hemos adquirido—porque las calamidades, el frío, el hambre y las privaciones de todo género, debidas a la escasez de fuerzas productivas, calan muy hondo en la conciencia de las masas. Ahora debemos centrar la atención en 516 trasladar toda la agitación y toda la propaganda de los intereses políticos y militares a la vía del desarrollo económico. Lo hemos proclamado multitud de veces, pero aún son pocas. Y creo que, entre las tareas que ha cumplido este año el Poder soviético, destacan, sobre todo, la creación de la Oficina Central de Propaganda de la Producción, adjunta al Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, su unión a la labor del Comité Principal de Educación Política de la República, la fundación de más periódicos estructurados según el plan de producción, no sólo trasladando la atención a la propaganda en el terreno de la producción, sino organizando dicha propaganda a escala de todo el Estado.
p La necesidad de organizar la propaganda a escala de todo el Estado dimana de las peculiaridades del momento político. Esta necesidad—ineludible por igual para la clase obrera, para los sindicatos y para los campesinos—es la más ingente de nuestra máquina del Estado, que hemos utilizado con ese fin en grado muy insuficiente. Sabemos cómo se debe dirigir la industria y despertar el interés de las masas; tenemos mil veces más conocimientos librescos de eso que aplicación práctica de los mismos. Debemos lograr que todos los afiliados a los sindicatos estén interesados en la producción y recuerden que la Rusia Soviética estará en condiciones de vencer sólo si se aumenta la producción, si se eleva el rendimiento del trabajo. Y sólo de esa manera reducirá en diez años las espantosas condiciones en que se encuentra ahora, el hambre y el frío que padece en la actualidad. Si no comprendemos esta tarea, podremos perecer todos, pues la debilidad de nuestro mecanismo nos obligará a retroceder, ya que los capitalistas pueden reanudar la guerra en cualquier momento, tras un breve descanso, y nosotros no estaremos entonces en condiciones de proseguirla. No estaremos en condiciones de revelar el empuje de los millones de personas que forman nuestras masas y seremos derrotados en esa última guerra. El problema está planteado precisamente así: hasta ahora, el destino de todas las revoluciones, de todas las revoluciones más grandiosas, lo decidió una larga serie de guerras. Nuestra revolución es también una gran revolución de ésas. Hemos terminado un período de guerras y debemos prepararnos para el segundo; no sabemos cuándo empezará, pero es necesario proceder de tal manera que, cuando empiece, podamos estar a la altura debida. De ahí que no debamos renunciar a las medidas coercitivas, y no sólo porque conservemos la dictadura del proletariado, que han comprendido va las masas campesinas y los obreros sin partido, que saben cuanto atañe a nuestra dictadura del proletariado, y no la temen, 517 no les asusta, ven en ella un apoyo y una fortaleza, o sea, lo que pueden oponer a los terratenientes y capitalistas y sin lo cual es imposible vencer.
p Esta conciencia y este convencimiento, que se han hecho ya carne de la carne y sangre de la sangre de las masas campesinas con respecto a las tareas militares y políticas, deben ser transferidos a las tareas económicas. Es posible que esta transición no se logre de golpe. Quizá no transcurra sin ciertas vacilaciones y recidivas del viejo relajamiento y de la ideología pequeñoburguesa. Es preciso emprender este trabajo con mayor energía y tenacidad, teniendo presente que convenceremos a los campesinos sin partido y a los militantes poco conscientes de los sindicatos, pues nos asiste la razón, pues es imposible negar que sin restablecer la vida económica no venceremos a nuestros enemigos en el segundo período de guerras.
p Esforcémonos, pues, para que millones y millones de personas adopten una actitud más consciente ante la guerra en el frente económico. En eso consiste la tarea de la Oficina Central de Propaganda de la Producción y del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia; en eso consiste la tarea de todos los funcionarios del partido y de todos y cada uno de los mecanismos del Poder soviético; en eso estriba la tarea de toda nuestra propaganda, con la que hemos alcanzado nuestros éxitos mundiales, pues nuestra propaganda siempre ha dicho y dice la verdad en el mundo entero a los obreros y los campesinos, mientras que toda otra propaganda les miente. Tenemos que orientar ahora nuestra propaganda a algo mucho más difícil: a lo que atañe al trabajo cotidiano de los obreros en el taller, por difíciles que sean las condiciones de ese trabajo y por vivos que estén los recuerdos del régimen capitalista de ayer, que inspiraba la desconfianza de los obreros y campesinos respecto al poder. Es preciso convencer a los obreros y campesinos de que, sin una nueva conjugación de fuerzas, sin nuevas formas de agrupación estatal y sin nuevas formas ligadas a esta coerción, no saldremos de la ciénaga, del abismo de ruina económica a cuyo borde nos encontramos, y del cual hemos empezado ya a salir.
p Camaradas: Paso a exponer algunos datos concernientes a nuestra política económica y nuestras tareas económicas, que, a mi parecer, caracterizan el momento político actual y toda la transición que tenemos a la vista. Debo mencionar, ante todo, nuestro proyecto agrario, el proyecto de ley del Consejo de Comisarios del Pueblo acerca del reforzamiento y desarrollo de la producción agrícola y de la ayuda a la hacienda campesina, que se publicó el 14 de diciembre del año en curso y de cuyas bases 518 fueron informados antes aún todos los funcionarios locales por medio de un radiograma especial que daba a conocer la propia esencia del mismo lhfi.
p Es preciso organizar en el acto las cosas de tal modo que este proyecto de ley—basándose en la experiencia local (y en ella se basa), en el plano local lo han sentido ya—sea discutido con la mayor minuciosidad en el congreso, así como entre los representantes de los comités ejecutivos locales y de sus secciones. Ahora no se encontrará, quizá, un solo camarada que dude de la necesidad de aplicar medidas especiales y singularmente enérgicas de ayuda no sólo en el sentido de estimular, sino también de coercer, a fin cíe elevar la producción agrícola.
p Eramos y seguimos siendo un país de pequeños campesinos, y el paso al comunismo nos será mucho más difícil que en cualesquiera otras condiciones. Requerirá una participación de los propios campesinos diez veces mayor que en la guerra. Esta pudo y debió exigir una parte de la población masculina adulta. Pero nuestro país, campesino y extenuado también ahora, debe movilizar a toda la población masculina y femenina de obreros y campesinos. No es difícil convencernos a nosotros, los comunistas, y a los funcionarios de las secciones de agricultura de que es necesario el trabajo general obligatorio para el Estado. Espero que, a este respecto, no habrá ni asomo cíe discrepancias de principios al discutir el proyecto de ley del 14 de diciembre sometido a vuestro examen. Debemos comprender otra dificultad: la de convencer a los campesinos sin partido. Los campesinos no son socialistas. Y confeccionar nuestros planes socialistas como si lo fueran, significa hacer castillos en el aire; significa no comprender nuestras tareas, no haber aprendido en tres años a conmensurar nuestros programas y llevar a la práctica nuestras iniciativas de conformidad con la mísera, y a veces indigente, realidad en que nos hallamos. En este terreno es preciso formarse una idea clara de las tareas que tenemos planteadas. Primera: unir a los funcionarios comunistas de las secciones de agricultura, sintetizar su experiencia, captar lo que se ha hecho a escala local e incluirlo en los proyectos de ley que se formularán en el centro en nombre de las instituciones estatales, en nombre del Congreso de los Soviets de toda Rusia. Confiamos en que lo haremos entre todos. Pero éste es sólo el primer paso. El segundo consiste en convencer a los campesinos sin partido, precisamente a los sin partido, porque son masas. Y también porque sólo aumentando en estas masas—que son de por sí activas y tienen iniciativa—el convencimiento de que es preciso poner manos a la obra, podremos hacer lo que estamos en condiciones de hacer. La 519 hacienda campesina no puede seguir como antes. Si pudimos salir del primer período de guerras, del segundo no saldremos con la misma facilidad, por lo cual debemos dedicar a este aspecto una atención singular.
p Es preciso que cada campesino sin partido comprenda esa verdad indudable, y estamos seguros de que la comprenderá. No ha vivido en vano estos seis años de sufrimientos y calamidades. No se parece al mujik de anteguerra. Ha sufrido mucho, ha reflexionado mucho y ha soportado tantas penalidades políticas y económicas que le han hecho olvidar mucho de lo viejo, “(reo que comprende ya por sí mismo que es imposible vivir como antes, que se debe vivir de otra manera, y debemos encauzar con urgencia todos nuestros medios de propaganda, todas las posibilidades de nuestro Estado, toda nuestra instrucción y todos nuestros recursos y fuerzas del partido a convencer al campesino sin partido. Y sólo entonces habremos dotado de una verdadera base a nuestro proyecto de ley agraria, que confío aprobaréis por unanimidad; lo aprobaréis, claro está, con las debidas enmiendas y adiciones. Será firme, como lo es nuestra política, sólo cuando convenzamos a la mayoría de los campesinos y la incorporemos a esta obra. Porque —como ha dicho con razón el camarada Kuráev en un artículo basado en la experiencia de la República de Tartaria—los campesinos trabajadores pobres y medios son amigos del Poder soviético, mientras que los holgazanes son enemigos suyos. Esa es la auténtica verdad, que no tiene nada de socialista, pero que es tan indiscutible y evidente que en cualquier asamblea rural, en cualquier reunión de campesinos sin partido, calará en la conciencia de la inmensa mayoría de la población campesina trabajadora y se convertirá en convicción suya.
p Camaradas: Ahora que hemos pasado del período de guerras al desarrollo de la economía, quisiera recalcaros, sobre todo, lo siguiente. En un país de pequeños campesinos, nuestra tarea principal y primordial es saber pasar a la coerción estatal para elevar la hacienda campesina, empezando por las medidas más necesarias e impostergables, al alcance por completo del campesino y plenamente comprensibles para él. Y podremos conseguirlo sólo cuando sepamos convencer a más millones de personas aún no preparadas para eso. A este fin debemos poner en juego todas las fuerzas y preocuparnos de que el mecanismo coercitivo, reanimado y vigorizado, tenga base y sea desplegado para dar mayor amplitud a la persuasión y entonces terminaremos victoriosos esta campaña militar. Ahora empieza una campaña militar contra los vestigios de rutina, ignorancia y desconfianza entre las masas campesinas. En este terreno es imposible vencer con las viejas 520 medidas. Pero venceremos con las medidas de propaganda, agitación e influencia organizada que hemos aprendido. Y lograremos que no sólo se promulguen decretos, se funden instituciones y se tramiten papeles—no basta con que vuelen las órdenes—, sino también que para la primavera todo esté mejor sembrado que antes, se obtenga cierta mejoría en la hacienda del pequeño campesino, aunque sea la más elemental—cuanto más prudente, tanto mejor—, pero, cueste lo que cueste, a escala masiva. Si comprendemos bien nuestra tarea y dedicamos toda nuestra atención al campesino sin partido, si centramos en ello todo nuestro arte y toda la experiencia adquirida durante tres años, venceremos. Sin esa victoria, sin el mejoramiento efectivo de la hacienda del pequeño campesino en masa, no tendremos salvación: sin esa base será imposible todo fomento de la economía, y los planes, por grandiosos que sean, no significarán nada. Que los enmaradas no olviden esto y se lo inculquen a ¡os campesinos: que digan a los campesinos sin partido como los de Arzamás, cuyo número asciende a diez o quince millones, que no se puede pasar hambre y frío sin cesar, pues nos derrocarían en el siguiente período de guerras. Es un problema de importancia estatal, de importancia para nuestro Estado. Quien manifiesta en ello la menor debilidad, el menor relajamiento, comete el mayor de los crímenes contra el poder obrero y campesino, ayuda al terrateniente y al capitalista. Y el terrateniente y el capitalista guardan cerca su ejército, lo tienen preparado para lanzarse sobre nosotros en cuanto noten que nos debilitamos. El único medio deque disponemos para fortalecernos es acrecentar nuestro punto de apoyo principal—la agricultura y la industria urbana—, y eso puede hacerse únicamente convenciendo de ello a los campesinos sin partido y movilizando todas las fuerzas para ayudarles, para prestarles ayuda de verdad.
p Reconocemos que somos deudores del campesino. Le tomamos el trigo a cambio de papel moneda, se lo tomamos prestado; debemos devolverle la deuda, v se la devolveremos una vez restablecida la industria. Mas, para restablecerla, son necesarios excedentes de producción agrícola. Por eso, nuestro proyecto de ley agraria no sólo significa que necesitamos alcanzar fines prácticos, sino, además, que alrededor suyo se agrupan, como en torno de un foco, centenares de disposiciones y proyectos de ley del Poder soviético.
p Trataré ahora de cómo se está sentando en nuestro país la base del desarrollo industrial para empezar a restablecer las fuerzas económicas de Rusia. También en este punto, de entre el montón de informes que habéis recibido o recibiréis dentro de unos días 521 de todos los comisariados, debo llamar vuestra atención, ante todo, sobre un pasaje del informe de nuestro Comisariado del Pueblo de Abastecimiento. Cada comisariado os facilitará en días próximos montones de datos de balance que, en conjunto, abruman por su copiosidad; mas para conseguir un éxito, por modesto que sea, hay que destacar de entre ellos lo más esencial, lo que es fundamental para aplicar todo nuestro plan económico, para restablecer nuestra economía nacional y nuestra industria. Y una de esas bases es el estado de nuestros acopios de víveres. En este librito que os han repartido—el balance de tres años del Comisariado del Pueblo cíe Abastecimiento—hay un cuadro, del que sólo leeré las cifras totales, y aun así redondeándolas, porque leer guarismos, y sobre todo escucharlos, es muy difícil. Son los resultados de los acopios por años. Del 1 de agosto de 1916 al 1 de agosto de 1917 se acopiaron trescientos veinte millones de puds; el siguiente año, cincuenta millones de puds; luego, cien y doscientos millones de puds. Estas cifras—trescientos veinte, cincuenta, cien y doscientos—nos proporcionan la base de la historia económica del Poder soviético, de la labor del Poder soviético en el terreno económico, la preparación de los cimientos que, una vez colocados, nos permitirán empezar como es debido nuestra labor constructiva. Trescientos veinte millones de puds antes de la revolución es el mínimo aproximado sin el cual es imposible construir. Con cincuenta millones de puds en el primer año de la revolución padecimos hambre, frío y miseria en grado sumo; el segundo año tuvimos cien millones de puds; el tercer año, doscientos millones. Una duplicación anual. Según datos que me facilitó ayer Sviderski, el 15 de diciembre contábamos con ciento cincuenta y cinco millones de puds. Levantamos cabeza por vez primera con una tensión extraordinaria y dificultades inauditas, teniendo que asegurar a menudo el abastecimiento sin Siberia, el Cáucaso y el Sur. Ahora, cuando disponemos ya de más de ciento cincuenta millones de puds, podemos decir sin temor a exagerar que, a despecho de las inmensas dificultades, hemos cumplido, pese a todo, esta tarea. Dispondremos de un fondo de unos trescientos millones, quizá más, y sin un fondo como ése es imposible restablecer la industria del país, es imposible pensar en revivificar el transporte, es imposible incluso abordar las grandes tareas de la electrificación de Rusia. No se puede concebir un país socialista, como Estado del poder obrero y campesino, que sea incapaz de recoger, con los esfuerzos mancomunados de los obreros y los campesinos, un fondo de víveres que garantice el sustento de los obreros ocupados en la industria, que permita enviar a decenas y centenares de miles de obreros adonde lo necesite el Poder 522 soviético, Sin eso, todo se reducirá a palabras. La verdadera base de la economía es el fondo de víveres. Y en este terreno se ha obtenido un éxito inmenso. Partiendo de estos éxitos, teniendo ese fondo, podemos empezar a restablecer la economía nacional. Sabemos que esos éxitos se han conquistado a costa de enormes privaciones, hambre y escasez de forrajes en el campo, que pueden agravarse. Sabemos que la sequía de este año ha aumentado de manera inaudita las calamidades y privaciones de los campesinos. Por eso ponemos en primer lugar las medidas de ayuda formuladas en el proyecto de ley que he mencionado. Consideramos que este fondo de víveres es el fondo de restablecimiento de la industria, el fondo de ayuda a los campesinos. Sin este fondo, el poder estatal no será nada. Sin este fondo, la política socialista no pasará de ser un deseo.
p Debemos recordar que a la propaganda de la producción, que hemos decidido desplegar firmemente, se agrega un modo de influencia de otro género: los premios en especie 1(’^^7^^. Uno de los decretos y disposiciones más importantes del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Defensa es la ley acerca de los premios en especie. No logramos promulgarla en seguida, ni mucho menos. Si echáis una mirada al pasado, veréis que desde abril se suceden, formando una larga cadena, las resoluciones y disposiciones, y que la ley aludida se promulgó únicamente cuando, gracias a los ingentes esfuerzos de nuestro transporte, logramos crear un fondo de medio millón de puds de víveres. Medio millón de puds es una cifra muy modesta. Los partes que, sin duda, habréis leído ayer en Izvestia muestran que de esos quinientos mil puds se han consumido ya ciento setenta mil. Como veis, es un fondo deplorable y está muy lejos de ser suficiente; pero, a pesar de todo, hemos emprendido la senda por la que seguiremos avanzando. Esto es una prueba de que pasaremos a los nuevos métodos de trabajo no sólo por medio de la persuasión. No basta con decir a los campesinos y a los obreros: reforzad la disciplina laboral. Además de eso, hay que ayudarles, hay que recompensar a los que, tras pasar calamidades inmensas, siguen revelando heroísmo en el frente de trabajo. Hemos creado un fondo, pero está muy lejos aún de utilizarse satisfactoriamente: en el Consejo de Comisarios del Pueblo tenemos multitud de indicaciones de que, en la práctica, el premio en especie significa a menudo una simple adición al salario. En este terreno queda todavía mucho por hacer. Y además de las conferencias y de los proyectos complementarios en el centro, debe realizarse la labor más importante: trabajar en el plano local y entre las grandes masas. No es difícil comprender que el Estado no sólo trata de 523 convencer, sino que recompensa a los buenos trabajadores creándoles mejores condiciones de vida. Para comprender eso no hace falta ser socialista, y, puestos en este terreno, nos granjeamos de antemano la simpatía de las masas obreras y campesinas sin partido. Lo único que necesitamos es difundir con mayor amplitud esta idea y organizar esta labor de un modo más práctico a escala local.
p Si pasamos ahora a los combustibles, en las tesis del enmarada Rykov veréis cifras que muestran la mejoría alcanzada en lo que respecta no sólo a la leña, sino también al petróleo. Ahora, con el extraordinario entusiasmo que manifiestan los obreros en la República de Azerbaidzhán, con las relaciones de amistad que se han establecido entre nosotros y con los dirigentes expertos que ha proporcionado el Consejo de Economía Nacional , el problema del petróleo marcha bien, y empezamos a valemos por nosotros mismos también en lo que respecta a los combustibles. La extracción de hulla del Donets, gracias a la labor de la comisión plenipotenciaria que se envió a aquella región bajo la presidencia del camarada Trotski, y en la que se acordó mandar a trabajar allá a altos funcionarios expertos, se ha elevado de veinticinco a cincuenta millones de puds mensuales. Ahora se ha enviado allí al camarada Piatakov para dirigir.
p Así pues, en lo que atañe a los combustibles, hemos adoptado algunas medidas para alcanzar éxitos. La cuenca del Donets, una de las bases más importantes, está ya a nuestra disposición. Podemos encontrar en las actas del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Defensa acuerdos relativos a esta región. En ellos se estipula enviar a lugares concretos prestigiosas comisiones superiores, que agrupan a representantes del poder central y funcionarios locales. Necesitamos conseguir que mejore el trabajo en el plano local, y me parece que estas comisiones lo conseguirán. Veréis los resultados de la labor de estas comisiones, que organizaremos también en lo sucesivo. Necesitamos ejercer cierta presión en la rama principal de nuestra industria: los combustibles.
p Debo decir que el método hidráulico de obtención de la turba es uno de nuestros mayores éxitos en el ámbito de los combustibles. La turba es un combustible abundantísimo en nuestro país, pero no hemos podido aprovecharlo por haber tenido que trabajar hasta ahora en condiciones insoportables. Y este nuevo método nos ayudará a salir del hambre de combustible, uno de los peligros que nos amenazan en nuestro frente económico. Si seguimos dirigiendo a la antigua la economía, si no restablecemos la industria y el transporte, no podremos salir de este atolladero 524 durante muchos años. Los funcionarios de nuestro Comité de la Turba han ayudado a dos ingenieros rusos a llevar hasta el fin su invento, y éstos han logrado que el nuevo método esté a punto de coronarse. Nos encontramos, pues, en vísperas de una gran revolución que nos proporcionará un gran punto de apoyo en el sentido económico. No debe olvidarse que disponemos de inconmensurables riquezas de turba. Pero no estamos en condiciones de aprovecharlas porque no podemos enviar a la gente a ese durísimo trabajo. El régimen capitalista podía enviar hombres a trabajos forzados. Con el Estado capitalista, la gente iba a trabajar a esos sitios impulsada por el hambre; pero con el Estado socialista no podemos enviarla a esos durísimos trabajos, y voluntariamente no irá nadie. El régimen capitalista lo hacía todo para las altas esferas, pero no se preocupaba de los sectores inferiores.
p Es preciso utilizar por doquier más máquinas, pasar a la mecanización con la mayor amplitud posible. La extracción de turba por el método hidráulico, que con tanto éxito ha impulsado el CSEN, brinda la posibilidad de obtener combustible en cantidad inmensa y hace innecesario emplear a obreros instruidos, pues con ese método pueden trabajar también obreros no instruidos. Hemos fabricado esas máquinas y, por mi parte, yo aconsejaría a los camaradas delegados al congreso que viesen el documental cinematográfico dedicado a los trabajos de extracción de turba, que se ha proyectado en Moscú y que puede proyectarse para ellos. Dará una idea concreta de dónde radica una de las bases de la victoria conquistada sobre el hambre de combustibles. Hemos fabricado máquinas que se usan con el nuevo método, pero las hemos fabricado mal. Los viajes al extranjero en comisión de servicio relacionados con el comercio exterior, que empieza a organizarse, con las relaciones comerciales existentes, aunque sean semilegales, nos ayudarán a recibir magníficamente fabricadas esas mismas máquinas proyectadas por nuestros inventores. Y todos nuestros triunfos económicos se medirán por el número de esas máquinas y por el éxito del Comité Principal de la Turba y del CSEN en este campo, pues sin conquistar la victoria sobre el hambre de combustibles es imposible vencer en el frente económico. Con ello están relacionados también los éxitos más vitales eri el restablecimiento del transporte.
p Habéis visto ya, entre otras cosas, por las tesis de los camaradas Emshánov y Trotski, que en este dominio se trata de un verdadero plan, concebido para muchos años. La Orden N° 1042 estaba calculada para cinco años, y en un lustro podemos restablecer nuestro transporte, podemos disminuir el número de locomotoras 525 averiadas, y quisiera remarcar, quizá como lo más difícil, la indicación hecha en la tesis 9 de que ya hemos acortado ese plazo.
p Y bien, cuando se publican grandes planes, calculados para muchos años, surgen a menudo escépticos que dicen: ¡Cómo podemos calcular para muchos años; quiera Dios que podamos hacer lo que se requiere ahora! Camaradas: Debemos saber conjugar lo uno y lo otro; no se puede trabajar sin un plan calculado para un período prolongado y para un éxito serio. Que eso es así de hecho, lo prueba la mejoría indudable del funcionamiento del transporte. Llamo vuestra atención sobre el pasaje de la tesis 9 en que se dice que se había fijado un plazo de cinco años para restablecer el transporte, pero que se ha reducido ya, pues trabajamos por encima de la norma. Este plazo se calcula ahora en tres años y medio. Así hay que trabajar también en las demás ramas de la economía. Y en eso consiste cada día más la tarea práctica, real, del Consejo de Trabajo y Defensa. Siguiendo los experimentos de la ciencia y de la práctica, en el plano local debe aspirarse constantemente a cumplir el plan antes del plazo estipulado. De este modo, las masas verán que la experiencia puede reducir el largo período que nos separa del restablecimiento completo de la industria. Eso depende de nosotros. Mejoremos la economía en cada taller, en cada depósito de locomotoras, en cada rama, y entonces reduciremos el plazo. Ya lo estamos reduciendo. No temáis los planes calculados para largos años: sin ellos es imposible restablecer la economía. ¡Hagamos esfuerzos para que se cumplan a escala local!
p Es preciso cumplir los planes económicos de acuerde) con un programa determinado, así como destacar y estimular el rebasamiento de este programa: las masas deben no sólo saber, sino también sentir que la reducción del período de hambre, frío y miseria depende por completo de que cumplan con la mayor rapidez nuestros planes económicos. Todos los planes de las distintas ramas de la producción deben estar rigurosamente coordinados, vinculados, y formar juntos el plan económico único que tanto necesitamos.
p En relación con ello tenemos planteada la necesidad de agrupar los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía en un centro económico único. Hemos llegado a esta tarea y sometido a vuestro examen el acuerdo del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa de reorganizar esta última institución.
p Examinaréis este proyecto y confío en que será aprobado por unanimidad con las enmiendas necesarias. Es muy modesto por su contenido, pero tiene gran importancia porque necesitarnos un 526 organismo que conozca mejor su situación y una toda la labor económica, que pasa a primer plano.
p En las publicaciones precedentes al congreso, el camaracla Gúsev llegó a esa misma tarea en un folleto que, dicho sea de paso, es menos acertado que su otro anterior. En este folleto se presentaba un plan desmesurado de creación del Consejo de Trabajo y Defensa, trasladando a él a numerosos funcionarios destacados, entre los que encontramos los nombres de Trotski y Rykov. Yo diría que debemos tener menos fantasía de ese tipo. No podemos desprendernos de un mecanismo creado a lo largo de tres años. Conocemos sus inmensos defectos, de los cuales hablaremos detenidamente en este congreso. Esta cuestión figura en el orden del día como una de las principales. Me refiero al mejoramiento del mecanismo de los Soviets. Pero debemos obrar ahora con prudencia, modificando nuestro mecanismo en la medida que sea necesario, tomando como base la experiencia práctica. El camarada Gúsev se mofa del proyecto presentado por nosotros y dice que proponemos agregar el Comisariado del Pueblo de Agricultura al Consejo de Trabajo y Defensa. Cierto, eso es lo que proponemos. En el proyecto asignamos un lugar muy modesto al Consejo de Trabajo y Defensa: el de Comisión de Trabajo y Defensa adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo. Hasta ahora veníamos trabajando en el Consejo de Trabajo y Defensa sin regla alguna. Los límites de las atribuciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Consejo de Trabajo y Defensa estaban mal determinados. A veces los rebasábamos y procedíamos como institución legislativa, pero esto no originó ningún conflicto. Tales casos los resolvíamos pasándolos sin demora al Consejo de Comisarios del Pueblo. Cuando se patentizó la necesidad de hacer del Consejo de Trabajo y Defensa un organismo que aglutinase más la política económica, se nos planteó el problema de cómo definir estas relaciones en el orden legislativo. Tenemos ante nosotros dos planes: primero, delimitar las atribuciones del Consejo de Comisarios del Pueblo y las del Consejo de Trabajo y Defensa. Pero eso requiere tener ocupadas muchas fuerzas codificadoras y gastar montañas de papel, pese a lo cual no tendríamos la garantía de que evitaríamos los errores.
p Seguiremos otro camino. El Consejo de Trabajo y Defensa era considerado algo casi igual al Consejo de Comisarios del Pueblo. Renunciemos a esa idea. Que sea una comisión adjunta al Consejo de Comisarios del Pueblo. Con ello eliminaremos multitud de roces y ganaremos la proximidad de la realización efectiva. Si algún miembro del Consejo de Comisarios del Pueblo está 527 descontento, que presente su queja a éste, pues se le puede convocar en unas cuantas horas. Con ello eliminaremos los roces entre ambas instituciones y haremos del Consejo de Trabajo y Defensa un organismo que funcione con rapidez. Esta tarea no es fácil. Está ligada a la confección efectiva de un plan económico único. La tarea para la cual hemos trabajado algo, a pesar de todo, y que se ha venido preparando durante dos años, consiste en lograr unificar los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía. Por eso llamo vuestra atención sobre este proyecto de ley acerca del Consejo de Trabajo y Defensa; espero que lo aprobaréis con las adiciones necesarias, y entonces la unificación de los Comisariados del Pueblo de ramas de la economía marchará con mayor facilidad, rapidez, firmeza y energía.
p Me detendré en el último punto, el de la electrificación, que figura en el orden del día del congreso como un punto especial y acerca del cual oiréis un informe. Creo que estamos asistiendo aquí a un viraje muy grande que, en todo caso, atestigua el comienzo de grandes éxitos del Poder soviético. A la tribuna de los congresos de toda Rusia subirán en lo sucesivo no sólo políticos y administradores públicos, sino también ingenieros y agrónomos. Es el comienzo de la época más feliz, en la que habrá menos política cada día, se hablará de política con menos frecuencia y prolijidad y hablarán más los ingenieros y los agrónomos. Para pasar de verdad al fomento de la economía debe empezarse por establecer esta costumbre en el Congreso de los Soviets de toda Rusia y seguirla, de arriba abajo, en todos los Soviets y organizaciones, en todos los periódicos, en todos los órganos de propaganda y agitación, en todas las instituciones.
p En lo que respecta a la política, la hemos aprendido, sin duda; en esta materia no se nos mete en un aprieto, tenemos base. Pero en economía estamos mal. Desde hoy, la mejor política será hacer menos política. Promoved más a los ingenieros y agrónomos, aprended de ellos, comprobad su trabajo, no convirtáis los congresos y conferencias en organismos dedicados a mitinear, sino en organismos que controlen los éxitos económicos, en organismos en los que podamos aprender de verdad a desarrollar la economía.
p Oiréis el informe de la Comisión Estatal para la Electrificación, fundada el 7 de febrero de 1920 por acuerdo del CEC de toda Rusia. El 21 de febrero, el Presidium del CSEN firmó la disposición definitiva respecto a la composición de esta comisión. Y, en primer lugar, muchos de los mejores especialistas y funcionarios del CSEN (más de cien) se entregaron por entero a esta obra, a la que se incorporaron las mejores fuerzas del 528 Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y del Comisariado del Pueblo de Agricultura. En este tomito, que se os repartirá a todos hoy o mañana, tenemos a la vista los resultados de la labor efectuada por la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia lt>!). Confío en que el tomito no os asustará y en que no me será difícil convenceros de su singular importancia. A mi modo de ver, es nuestro segundo programa del partido. Tenemos nuestro programa del partido, excelentemente explicado por los carnaradas Preobrazhenski y Bujarin en un librito menos voluminoso, pero valioso en grado sumo. Es un programa político, una enumeración de nuestras tareas, una explicación de las relaciones entre las clases y las masas. Pero debemos recordar asimismo que es hora ya de emprender en realidad este camino y medir sus resultados prácticos. El programa de nuestro partido no puede seguir siendo sólo programa del partido. Debe convertirse en el programa de nuestro desarrollo económico, pues de lo contrario tampoco servirá corno programa del partido. Debe completarse con un segundo programa del partido, con un plan de trabajos orientados a reconstruir toda la economía nacional y ponerla al nivel de la técnica moderna. Sin el plan de electrificación no podremos pasar a la edificación efectiva. Al hablar del restablecimiento de la agricultura, la industria y el transporte, de su conexión armónica, hemos de referirnos por fuerza a un amplio plan económico. Debemos llegar a aprobar un plan determinado; por supuesto, será un plan aprobado sólo como primera aproximación. Este programa del partido no será tan inmutable como nuestro verdadero programa, que puede ser modificado únicamente en los congresos del partido. No; este programa se mejorará, elaborará, perfeccionará y retocará cada día en cada taller y en cada subdistrito. Lo necesitamos en calidad de primer esbozo, que se alzará ante toda Rusia como un gran plan económico, calculado para diez años por lo menos, y que mostrará la manera de asentar a Rusia sobre la verdadera base económica necesaria para el comunismo. Si peleamos y vencimos en el frente de la guerra, ¿cuál fue uno de los poderosos incentivos que decuplicaron nuestras fuerzas y nuestra energía? La conciencia del peligro. Todos preguntábamos: ¿Pueden volver a Rusia los terratenientes y los capitalistas? Y respondíamos: Sí, pueden. Por eso centuplicamos nuestras fuerzas, las pusimos en tensión y vencimos.
p Tomad el frente económico y preguntad: desde el punto de vista económico, ¿puede el capitalismo volver a Rusia? Hemos combatido la "Sújarevka" I7°. Hace unos días, en vísperas de la apertura del Congreso de los Soviets de toda Rusia, el Soviet de 529 diputados obreros y soldados rojos de Moscú ha clausurado esta desagradable institución. (Aplausos.) La "Sújarevka" ha sido cerrada, mas no es ésta la de temer. Se ha clausurado la "Sújarevka" que estaba en la Plaza Sújarevskaya, eso no era difícil. Pero lo que sí es de temer es la "Sújarevka" que vive en el alma y la conducta de cada pequeño propietario. Hay que cerrar esa "Sújarevka”, que es la base del capitalismo. Mientras exista, los capitalistas podrán volver a Rusia y hacerse más fuertes que nosotros. Esto hay que comprenderlo bien. Debe ser el incentivo principal en nuestra labor y la condición, la medida de nuestros éxitos reales. Mientras vivamos en un país de pequeños campesinos, en Rusia existirá una base económica más sólida para el capitalismo que para el comunismo. No debe olvidarse esto. Cuantos observen atentamente la vida del campo, en comparación con la de la ciudad, saben que no hemos extirpado las raíces del capitalismo ni hemos socavado los cimientos, la base, al enemigo interior. Este último se aferra a la pequeña hacienda y sólo hay un medio para acabar con él: pasar la economía del país, incluida la agricultura, a una nueva base técnica, a la base técnica de la gran producción moderna. Esa base no es otra que la electricidad.
p El comunismo ex el Poder soviético más la electrificación de todo el país. De otro modo, seguiremos siendo un país de pequeños campesinos, y es preciso que lo comprendamos claramente. Somos más débiles que el capitalismo tanto a escala mundial como dentro del país. Esto lo sabemos todos. Hemos tomado conciencia de ello y haremos que la economía, basada en la pequeña hacienda campesina, pase a basarse en la gran industria. Sólo cuando el país esté electrificado, cuando la industria, la agricultura y el transporte se asienten en la base técnica de la gran industria moderna, sólo entonces venceremos definitivamente.
p Hemos preparado ya un plan previo de electrificación del país, en el que han trabajado doscientos de nuestros mejores científicos y técnicos. Se ha ultimado un plan que nos ofrece un cálculo material y financiero para un largo período, para no menos de diez años. Este plan indica cuántos millones de barriles de cemento y cuántos millones de ladrillos necesitamos para efectuar la electrificación. En el aspecto financiero, las tareas de la electrificación requerirán, según el cálculo, de mil millones a mil doscientos millones de rublos oro. Sabéis que con nuestras reservas de oro no podemos cubrir, ni muchísimo menos, esa cifra. Es también pequeño nuestro fondo de víveres. Por eso debemos cubrir esos gastos con las concesiones, de cuyo plan os he hablado. Veréis el cálculo de cómo se planifica, sobre esta base, el restablecimiento de nuestra industria y de nuestro transporte.
530p No hace mucho he asistido a una fiesta campesina en un apartado lugar de la provincia de Moscú, en el distrito de Volokolamsk, donde los campesinos tienen alumbrado eléctrico^^171^^. Se celebró un mitin en la calle. Un campesino salió y pronunció un discurso, en el que aprobó este nuevo atontei imienlo de la vida campesina. Dijo: Nosotros, los campesinos, vivíamos en la oscuridad y ahora nos han dado luz, "una luz innatural que alumbrará nuestra oscuridad labriega”. Yo no me extrañé de esas palabras. Por supuesto, para la masa campesina sin partido, la luz eléctrica es “innatural”; mas para nosotros, lo innatural es que los campesinos y los obreros hayan podido vivir siglos y milenios en esa oscuridad, en la miseria, oprimidos por los terratenientes y los capitalistas. De esa oscuridad no se sale tan pronto. Pero, en el momento actual, necesitamos conseguir que cada central eléctrica construida por nosotros se transforme realmente en un puntal de la instrucción; que se dedique, digámoslo así, a la enseñanza eléctrica de las masas. Es preciso que todos sepan por qué estas pequeñas centrales, que suman ya decenas, están relacionadas con el restablecimiento de la industria. Tenemos un plan de electrificación, pero su cumplimiento está calculado para varios años. Debemos cumplirlo cueste lo que cueste y reducir el plazo necesario para ello. Con este plan debe ocurrir lo mismo que ocurrió con uno de nuestros primeros planes económicos, el de restablecimiento del transporte—la Orden N° 1042—, el cual estaba calculado para cinco años, pero ha quedado ya reducido a tres años y medio porque se cumple por encima de la norma. Para cumplir el plan de electrificación y efectuar transformaciones que extirpen las raíces del retorno al capitalismo necesitaremos, quizá, diez o veinte años. Y este plazo será un ejemplo, sin precedente en el mundo, de rapidez en el desarrollo social. Debemos cumplir a toda costa este plan y acortar el plazo de su cumplimiento.
p Abordamos por vez primera la labor económica de manera que, además de los planes sueltos, que se hacían en algunas ramas, por ejemplo, en el transporte, y se extendían después a otras ramas de la industria, obtenemos también un plan generalizado que abarca varios años. Es una labor difícil, calculada para la victoria del comunismo.
p Pero es preciso saber y recordar que no se puede realizar la electrificación teniendo analfabetos. No basta con que nuestra comisión se esfuerce por poner término al analfabetismo. Ha hecho mucho en comparación con lo que había, pero poco con relación a lo que necesitamos. Además de saber leer y escribir, es preciso que los trabajadores sean cultos, conscientes e instruidos; es preciso que la mayoría de los campesinos tenga una noción 531 concreta de las tareas a cumplir. Este programa del partido debe convertirse en el libro fundamental, que habrá de entrar en todas las escuelas. En él encontraréis, además del plan general de electrificación, planes especiales escritos para cada región de Rusia. Y cada camarada que vaya a su localidad poseerá un estudio concreto de cómo efectuar la electrificación en su distrito, pasando de la oscuridad a la existencia normal. Y, camaradas, se puede y se debe comparar, elaborar y comprobar en el plano local las tesis que se os han dado, esforzándose por conseguir que en cada escuela y en cada círculo de estudios se responda a la pregunta de qué es el comunismo no sólo con lo que está escrito en el programa del partido, sino también diciendo cómo salir de la oscuridad.
p Los mejores funcionarios, especialistas en cuestiones económicas, han cumplido la tarea que se les había encomendado de confeccionar el plan de electrificación de Rusia y de restablecimiento de su economía. Ahora debe lograrse que los obreros y los campesinos sepan cuan magna y difícil es la tarea, cómo abordarla y cómo poner manos a la obra.
p Debemos conseguir que cada fábrica y cada central eléctrica se conviertan en un foco de instrucción, y si Rusia se cubre de una densa red de centrales eléctricas y potentes instalaciones técnicas, nuestro desarrollo económico comunista será un modelo para las futuras Europa y Asia socialistas. (Clamorosos y prolongados aplausos.)
p Publicado en 1921 en el libro "Octavo Congreso de los Soviets de diputados obreros, campesinos, soldados rojos y cosacos de toda Rusia. Actas taquigráficas".
Notes