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DISCURSO PRONUNCIADO
EN LA CONFERENCIA DE TODA RUSIA

DE LOS ORGANISMOS
DE EDUCACIÓN POLÍTICA
DE LAS SECCIONES PROVINCIALES
Y DISTRITALES DE INSTRUCCIÓN PUBLICA
EL 3 DE NOVIEMBRE DE 1920
 

p Camaradas: Permitidme que os dé a conocer algunas ideas que, en parte, han sido tratadas en el Comité Central del Partido Comunista y en el Consejo de Comisarios del Pueblo con motivo de la organización del Comprinedpol  [495•*  y, en parte, me ha sugerido el proyecto presentado al Consejo de Comisarios del Pueblo. Ese proyecto se aprobó ayer, en principio, como base de discusión y luego se debatirá aún en detalle.

p En cuanto a mí, me permitiré señalar únicamente que al comienzo estaba en contra por completo de cambiar la denominación de vuestra entidad. A mi juicio, la tarea del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública es ayudar a la gente a que estudie y enseñe a otros. En lo que llevo de experiencia soviética estoy acostumbrado a acoger distintas denominaciones como bromas de chiquillos, pues cada una de ellas es algo así como una broma. Ahora se ha aprobado ya una nueva denominación: Comprinedpol.

p Puesto que es ya cuestión decidida, tomad mis palabras sólo como una observación particular. Si las cosas no se limitan al cambio de rótulo, podremos congratularnos de ello.

p Si logramos incorporar nuevos trabajadores a la labor cultural y educativa, ya no se tratará sólo de una nueva denominación y entonces será posible resignarse con la debilidad "soviética" de poner etiquetas a cada obra nueva y a cada institución nueva. Si tenemos éxito, lograremos algo más de lo que hemos alcanzado hasta ahora.

p Lo principal que debe obligar a nuestros camaradas a participar con nosotros en la labor mancomunada cultural y educativa es el vínculo de la instrucción con nuestra política. La denominación puede prever algo si hay necesidad de ello, pues no podemos sustentar en toda nuestra labor educativa el viejo punto de vista de la instrucción apolítica, no podemos desligar esa labor de la política.

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p Esa idea dominaba y sigue dominando en la sociedad burguesa. Calificar la instrucción de "apolítica" o "impolítica" es una hipocresía de la burguesía; no es otra cosa que engañar a las masas, humilladas en el 99% por el dominio de la Iglesia, por la propiedad privada, etc. La burguesía, que domina en todos los países aún burgueses, se dedica precisamente a engañar a las masas de esa manera.

p Y cuanto más importancia tiene allí el mecanismo del Estado, tanto menos libre es del capital y su política.

p La conexión del mecanismo político con la instrucción es sólida en extremo en todos los Estados burgueses, aunque la sociedad burguesa no pueda reconocerlo francamente. Entretanto, esa sociedad moldea ideológicamente a las masas por medio de la Iglesia y de toda la institución de la propiedad privada.

p Nuestra tarea fundamental consiste, entre otras cosas, en oponer nuestra verdad a "la verdad" burguesa y obligar a que sea reconocida.

p El paso de la sociedad burguesa a la política del proletariado es muy difícil, tanto más que la burguesía nos calumnia sin cesar con toda su máquina de propaganda y agitación. Procura encubrir al máximo una misión aún más importante de la dictadura del proletariado—su tarea educativa—, de particular importancia en Rusia, donde el proletariado representa la minoría de la población. Y, sin embargo, dicha tarea debe plantearse en primer plano, en este caso, pues tenemos que preparar a las masas para edificar el socialismo. No podría ni hablarse de dictadura del proletariado si éste no hubiese adquirido un alto grado de conciencia, gran disciplina y gran fidelidad a la lucha contra la burguesía, o sea, la suma de tareas que es preciso plantear para la victoria completa del proletariado sobre su enemigo secular.

p No sustentamos el punto de vista utópico de que las masas trabajadoras están preparadas para la sociedad socialista. Sabemos por los datos exactos de toda la historia del socialismo obrero que eso no es así, que la preparación para el socialismo sólo la proporcionan la gran industria, la lucha huelguística y la organización política. Mas para conquistar la victoria, para llevar a cabo la revolución socialista, el proletariado debe ser capaz de actuar solidariamente, de derrocar a los explotadores. Y ahora vemos que ha adquirido todas las dotes necesarias y las ha convertido en hechos cuando ha conquistado el poder.

p Para los trabajadores de la enseñanza, y para el Partido Comunista como vanguardia en la lucha, la tarea fundamental debe consistir en ayudar a educar e instruir a las masas 497 trabajadoras, a fin de superar las viejas costumbres y hábitos que hemos heredado del antiguo régimen, los hábitos y costumbres de propietarios, que impregnan por entero el grueso de las masas. Esta tarea fundamental de toda la revolución socialista jamás debe perderse de vista al examinar las cuestiones particulares que tanta atención han requerido del CC del partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo. Cómo estructurar el Comprinedpol, cómo unirlo con las diversas instituciones y cómo ligarlo no sólo al centro, sino también a las instituciones locales son preguntas a las que nos responderán los camaradas más competentes en esta materia, que tienen ya gran experiencia y la han estudiado especialmente. Yo sólo quisiera recalcar los elementos fundamentales del aspecto de principios de la cuestión. Tenemos que plantear el problema abiertamente, reconociendo sin tapujos, pese a toda la vieja mendacidad, que la enseñanza no puede estar desligada de la política.

p Vivimos un momento histórico de la lucha contra la burguesía mundial, que es muchísimo más fuerte que nosotros. En un momento como éste, debemos defender la obra de edificación revolucionaria y luchar contra la burguesía también en el terreno militar, y más aún en el ideológico, mediante la educación, para que las costumbres, los hábitos y las convicciones que la clase obrera ha adquirido durante numerosos decenios de lucha por la libertad política; para que toda la suma de estas costumbres, hábitos e ideas sirva de instrumento de educación de todos los trabajadores. Y la tarea de decidir cómo educar concretamente recae sobre el proletariado. Es preciso inculcar la conciencia de que no se puede, de que es inadmisible permanecer al margen de la lucha del proletariado, la cual abarca hoy, cada día más, a todos los países capitalistas sin excepción; de que es inadmisible estar al margen de toda la política internacional. La unión de todos los países capitalistas poderosos del mundo contra la Rusia Soviética es la verdadera base de la actual política internacional. Y debe reconocerse que de eso depende el destino de centenares de millones de trabajadores de los países capitalistas. Porque en nuestros días no hay un rincón en la Tierra que no esté sometido a un puñado de países capitalistas. Así pues, la situación toma tal sesgo que plantea una disyuntiva: o permanecer al margen de la lucha actual y demostrar con ello una inconsciencia absoluta —como esa gente ignorante que se ha quedado al margen de la revolución y la guerra y no ve todo el engaño de que la burguesía hace víctima a las masas, no ve cómo la burguesía deja adrede a esas masas en la ignorancia—, o incorporarse a la lucha por la dictadura del proletariado.

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p Hablamos con toda franqueza de esta lucha del proletariado, y cada persona debe formar o a este lado de la barricada, a nuestro lado, o al otro lado. Todo intento de no formar en uno u otro bando acaba en un fracaso y un escándalo.

p Al observar los infinitos vestigios de la kerenskiada, los vestigios de los eseristas y de la socialdemocracia, que se han manifestado personificados en los Yudénich, los Kolchak, los Petliura, los Majnó y otros, hemos visto tal diversidad de formas y matices de la contrarrevolución en distintos lugares de Rusia que podemos decir que estamos ya mucho más forjados que nadie; y cuando miramos a Europa Occidental, vemos que allí se repite lo mismo que ocurrió en nuestro país, se repite nuestra historia. Casi por doquier, al lado de la burguesía se observan elementos de kerenskiada, que en toda una serie de Estados, especialmente en Alemania, tienen la supremacía. En todas partes se observa lo mismo: la imposibilidad de mantener una posición intermedia, cualquiera que sea, y una clara toma de conciencia: o dictadura blanca (para ella se prepara la burguesía en todos los países de Europa Occidental, armándose contra nosotros) o dictadura del proletariado. Hemos experimentado eso con tal agudeza y profundidad que no necesito hablar en detalle de los comunistas rusos. De ahí se infiere una sola deducción, que debe ser la base de todos los razonamientos y proyectos relacionados con el Comprinedpol. En primer término, en la labor de este organismo debe reconocerse públicamente la primacía de la política del Partido Comunista. No conocemos otra forma, y ni un solo país ha concebido todavía ninguna otra. El partido puede corresponder más o menos a los intereses de su clase, experimentar unos u otros cambios o enmiendas; pero no conocemos aún otra forma mejor. Y toda la lucha en la Rusia Soviética, que ha resistido durante tres años el embate del imperialismo mundial, está vinculada al hecho de que el partido se plantea conscientemente la tarea de ayudar al proletariado a desempeñar su papel de educador, organizador y dirigente, un papel sin el cual es imposible la disgregación del capitalismo. Las masas trabajadoras, las masas de campesinos y obreros, deben vencer las viejas costumbres de los intelectuales y reeducarse para edificar el comunismo: sin eso es imposible emprender la labor constructiva. Toda nuestra experiencia prueba que esta labor es demasiado seria, y por eso debemos tener presente la necesidad de reconocer el papel preponderante del partido, y no podemos perderlo de vista al discutir la actividad y el trabajo de organización. Habrá que hablar aún mucho de cómo llevar a cabo eso; habrá que hablar de ello tanto en el Comité Central del partido como en el Consejo de Comisarios del Pueblo. 499 El decreto aprobado ayer sirve de base en lo que respecta al Comprinedpol, pero no ha recorrido aún todo su camino en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Dentro de unos días se promulgará, y veréis que en su redacción definitiva no contiene una declaración concreta sobre la relación con el partido.

p Pero debemos saber y recordar que toda la constitución jurídica y efectiva de la República Soviética se basa en que el partido lo corrige, designa y organiza todo de acuerdo con un solo principio, a fin de que los elementos comunistas ligados al proletariado puedan inculcar su espíritu a este proletariado, someterlo a su influencia y librarlo del engaño burgués, que desde hace tanto procuramos desterrar. El Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública ha sostenido una prolongada lucha, pues la organización del magisterio ha combatido durante mucho tiempo la revolución socialista. En este medio del magisterio han arraigado de manera singular los prejuicios burgueses. En este medio se ha librado una larga lucha tanto en forma de sabotaje directo como de prejuicios burgueses, que se mantienen pertinazmente, y nos vemos obligados a conquistar con lentitud, paso a paso, una posición comunista. Ante el Comprinedpol, dedicado a la enseñanza extraescolar, a cumplir la tarea de enseñar y educar a las masas, se plantea con singular relieve la tarea de combinar la dirección del partido y someter a su influencia, inculcar su espíritu e inflamar con el fuego de su iniciativa ese inmenso mecanismo, ese ejército de medio millón de maestros que están ahora al servicio del obrero. Los trabajadores de la enseñanza, los maestros, se educaron en el espíritu de los prejuicios y las costumbres burgueses, en un espíritu de hostilidad al proletariado, del cual estuvieron desligados por completo. Ahora debemos forjar un nuevo ejército de maestros, de personal pedagógico, que ha de estar compenetrado con el partido, con las ideas del partido; que ha de estar impregnado del espíritu del partido; que debe ganarse a las masas obreras, impregnarlas del espíritu comunista e interesarlas por lo que hacen los comunistas.

p Por cuamo es necesario romper con los viejos hábitos, costumbres e ideas, al Comprinedpol y sus funcionarios les incumbe una importantísima tarea, que debe ser tenida en cuenta en primer lugar. En efecto, ante nosotros surge el dilema de cómo vincular el magisterio, de viejo temple en su mayoría, a los miembros del partido, a los comunistas. Se trata de un problema difícil en extremo, sobre el que es preciso meditar mucho, muchísimo.

p Veamos cómo debe vincularse en el aspecto de organización a personas tan distintas. Para nosotros, en principio, no puede caber 500 duda de que debe existir la supremacía del Partido Comunista. Así pues, el fin de la cultura política, de la educación política, consiste en forjar verdaderos comunistas capaces de superar la falsedad y los prejuicios y de ayudar a las masas trabajadoras a vencer el viejo régimen y construir el Estado sin capitalistas, sin terratenientes, sin explotadores. ¿Y cómo se puede hacer eso? Eso se puede hacer únicamente asimilando todo el cúmulo de conocimientos que los maestros han heredado de la burguesía. Sin eso serían imposibles todas las conquistas técnicas del comunismo y sería vano todo sueño con ello. Así surge la cuestión de cómo vincular a esos trabajadores, que no están acostumbrados a laborar en conexión con la política ni, en particular, con la política útil para nosotros, es decir, con la política que necesita el comunismo. Como he dicho ya, esta tarea es muy difícil. Hemos estudiado esta cuestión también en el Comité Central. Al hacerlo, hemos procurado tomar en consideración las enseñanzas que brinda la experiencia, y estimamos que, en este sentido, tendrá gran importancia una asamblea como la de hoy, en la que estoy hablando, una conferencia como la vuestra. Cada comité del partido ha de considerar ahora de otro modo a cada propagandista, en el que antes veía a un miembro de un círculo determinado, de una organización determinada. Tocios ellos pertenecen al partido gobernante, al partido que dirige todo el Estado y la lucha universal de la Rusia Soviética contra el régimen burgués. Son representantes de la clase que lucha y del partido que domina, y debe dominar, en la grandiosa máquina del Estado. Muchísimos comunistas que han cursado magníficamente la escuela del trabajo clandestino, probados y formados en la lucha, no quieren ni pueden comprender toda la importancia de ese viraje, de esa transición, en virtud de los cuales se convierten de agitadores y propagandistas en dirigentes de agitadores, en dirigentes de una gigantesca organización política. No es tan importante que se les dé al mismo tiempo la denominación correspondiente, quizá no muy afortunada, como la de director de escuelas populares; lo que importa es que sepan dirigir a la masa de maestros.

p Es preciso decir que los centenares de miles de maestros del país forman el mecanismo que debe impulsar el trabajo, despertar el pensamiento y combatir los prejuicios que existen todavía entre las masas. La herencia de la cultura capitalista y sus defectos impregnan a la masa de maestros, la cual, con esos defectos, no puede ser comunista. Sin embargo, ello no es óbice para que se incorpore a esos maestros a las filas de los trabajadores de la educación política, pues poseen conocimientos sin los cuales no podremos lograr nuestro objetivo.

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p Debemos poner al servicio de la educación comunista a centenares de miles de personas necesarias. Esta tarea se ha cumplido en el frente, en nuestro Ejército Rojo, en el que se admitió a decenas de miles de componentes del viejo ejército. Se fundieron con el Ejército Rojo en un largo proceso, en un proceso de reeducación, cosa que, en definitiva, han demostrado con sus victorias. Y en nuestra labor cultural y educativa debemos seguir este ejemplo. Cierto que esta labor es menos vistosa, pero tiene aún más importancia. Nos es imprescindible cada agitador y cada propagandista, que cumple su tarea cuando trabaja con un espíritu estrictamente de partido; pero no se limita al partido, sino que recuerda que su misión consiste en lo siguiente: dirigir a centenares de miles de maestros, despertar su interés, vencer los viejos prejuicios burgueses, incorporarlos a nuestra obra, hacer que tomen conciencia de la inconmensurabilidad de nuestra labor. Y sólo pasando a esta labor, podremos llevar al camino certero a esa masa, que el capitalismo abrumaba y apartaba de nosotros.

p Tales son los objetivos que debe señalarse, y no perder de vista, cada agitador y propagandista que trabaje fuera del ámbito escolar. Al cumplir esas tareas se tropieza con multitud de dificultades prácticas, y vosotros debéis ayudar al comunismo y ser representantes y dirigentes no sólo de círculos del partido, sino de todo el poder del Estado, que se encuentra en manos de la clase obrera.

p Nuestra tarea consiste en vencer toda la resistencia de los capitalistas, no sólo la militar y la política, sino también la ideológica, que es la más profunda y poderosa. La tarea de nuestros trabajadores de la enseñanza estriba en realizar esa transformación de las masas. Su interés y su anhelo de aprender y saber qué es el comunismo—interés y anhelo que observamos—son la garantía de que venceremos también en este terreno, aunque quizá no tan pronto como en el frente, quizá con mayores dificultades y, a veces, con derrotas; pero, en fin de cuentas, los vencedores seremos nosotros.

p Como resumen, quisiera analizar otra cuestión: es posible que la denominación de Comité Principal de Educación Política no se entienda debidamente. Por cuanto en esta denominación figura la palabra "política”, la política es en ella lo más importante.

p Ahora bien, ¿cómo entender la política? De entenderla en el viejo sentido, se puede incurrir en un error grande y grave. Política es la lucha entre las clases, política son las relaciones del proletariado, que combate por su emancipación contra la burguesía mundial. Pero en nuestra lucha se destacan dos aspectos de la cuestión: por un lado, la tarea de destruir la herencia del régimen 502 burgués, de frustrar las tentativas—repetidas por toda la burguesía—de aniquilar el Poder soviético. Hasta la fecha, esta tarea es la que más ha ocupado nuestra atención, impidiéndonos pasar a otra: a la tarea de construir. Según la concepción burguesa, la política parecía desligada de la economía. La burguesía decía: trabajad, campesinos, para que podáis subsistir; trabajad, obreros, para que recibáis en el mercado cuanto necesitáis para vivir; la política económica la hacen vuestros amos. Sin embargo, eso no es así: la política debe ser obra del pueblo, obra del proletariado. Y debemos recalcar, a este respecto, que en nuestra labor dedicamos las nueve décimas partes del tiempo a luchar contra la burguesía. Las victorias sobre Wrangel—acerca de las cuales leímos ayer y leeréis hoy y, probablemente, mañana—prueban que toca a su fin una fase de la lucha, que hemos conquistado la paz con toda una serie de países occidentales. Y cada victoria conquistada en el frente militar nos proporciona más libertad para la lucha interior, para la política de edificación del Estado. Todo paso que nos aproxima a la victoria sobre los guardias blancos, traslada paulatinamente el centro de gravedad de la lucha a la política económica. La propaganda de viejo tipo describe lo que es el comunismo y ofrece ejemplos de ello. Pero esta vieja propaganda no sirve para nada, pues hace falta demostrar en la práctica cómo hay que edificar el socialismo. Toda la propaganda debe basarse en la experiencia política de desarrollo económico. Esta es nuestra tarea principal, y si a alguien se le ocurriera comprenderlo en el viejo sentido de la palabra, sería un atrasado y no podría hacer propaganda para las masas de campesinos y obreros. Nuestra política principal debe ser ahora el desarrollo económico del Estado para recoger más puds de trigo, extraer más puds de hulla, decidir cómo emplear mejor estos puds de trigo y de hulla a fin de que no haya hambrientos. En eso consiste nuestra política. Y en eso debe basarse toda la agitación y toda la propaganda. Es preciso que haya menos palabras, pues con palabras no satisfaréis a los trabajadores. En cuanto la guerra nos permita desplazar el centro de gravedad de la lucha contra la burguesía, de la lucha contra Wrangel, contra los guardias blancos, abordaremos la política económica. Y en ello desempeñarán un papel inmenso, cada día mayor, la agitación y la propaganda.

p Cada agitador debe ser un dirigente del Estado, un dirigente de todos los campesinos y de todos los obreros en la edificación económica. Debe decir que para ser comunista es preciso conocer, es preciso leer un folleto determinado, un libro determinado. Así mejoraremos la economía y la haremos más sólida, más social; así aumentaremos la producción, mejoraremos el problema del trigo, 503 distribuiremos de manera más justa los productos obtenidos, acrecentaremos la extracción de hulla y restableceremos la industria sin capitalismo y sin espíritu capitalista.

p ;En qué consiste el comunismo? Toda su propaganda debe hacerse de tal modo que se reduzca a dirigir prácticamente la organización del Estado. Las masas obreras han de comprender el comunismo como una obra propia. Esta obra se viene haciendo mal, con miles de errores. No lo ocultamos, pero los propios obreros y campesinos, con nuestra ayuda, con nuestra débil y pequeña contribución, deben formar y enderezar nuestro mecanismo. Para nosotros, eso ha dejado ya de ser un programa, una teoría y una tarea: es obra de la edificación real de hoy. Y si nuestros enemigos nos han infligido en nuestra guerra las derrotas más crueles, en cambio, hemos aprendido con esas derrotas y alcanzado la victoria completa. También ahora debemos extraer conocimientos de cada derrota, debemos recordar que es preciso enseñar a los obreros y campesinos con el ejemplo del trabajo realizado. Debemos señalar lo que hemos hecho mal para evitarlo en lo sucesivo.

p Con el ejemplo de esa edificación, repitiéndolo muchas veces, conseguiremos transformar los malos jefes comunistas en verdaderos constructores, sobre todo de la economía del país. Lograremos cuanto necesitamos; venceremos todos los obstáculos heredados del viejo régimen y que no pueden ser superados de golpe; hay que reeducar a las masas, y sólo pueden reeducarlas la agitación y la propaganda; hay que ligar a las masas, en primer lugar, a la organización de la vida económica general. Eso debe ser lo más importante y fundamental en la labor de cada agitador y propagandista; y cuando lo aprenda, estará garantizado el éxito de su trabajo. (Clamorosos aplausos.)

p Publicado en el "Boletín de la (Conferencia de toda Rusia de los organismos de educación política (1-8 de noviembre de 1920)". Moscú.

T. 41, ptigs. 398-408.

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Notes

[495•*]   Comité Principal de Kducación Política de la República. (.V. de la Kdit.)