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UNA GRAN INICIATIVA
(EL HEROÍSMO DE LOS OBREROS EN LA RETAGUARDIA.
LOS “SÁBADOS COMUNISTAS”)
 
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p Primera página del manuscrito de V. I. Lenin í/no gran miciatiu 28 de junio de 1919.

p Tamaño reducido

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p La prensa informa de multitud de ejemplos de heroísmo dados por los combatientes del Ejército Rojo. En la lucha contra las tropas de Kolchak, Denikin y demás fuerzas de los terratenientes y capitalistas, los obreros y los campesinos obran con frecuencia prodigios de valor y resistencia defendiendo las conquistas de la revolución socialista. Lenta y difícilmente vamos desembarazándonos de la indisciplina, vamos venciendo la fatiga y la relajación; pero, a pesar de todo, hacemos progresos. El heroísmo de las masas trabajadoras, que se sacrifican de modo consciente en aras del triunfo del socialismo, es precisamente la base de la disciplina nueva, disciplina de camaradas, del Ejército Rojo, lo que le permite renacer, fortalecerse y engrosar sus filas.

p No menos digno de atención es el heroísmo de los obreros en la retaguardia. Los sábados comunistas, organizados a iniciativa de los obreros, tienen en este sentido una importancia verdaderamente gigantesca. Evidentemente, se trata sólo del comienzo, pero de un comienzo que tiene extraordinaria trascendencia. Es el comienzo de una revolución más difícil, más esencial, más radical y más decisiva que el derrocamiento de la burguesía, pues es una victoria obtenida sobre la propia rutina y la indisciplina, sobre el egoísmo pequeñoburgués, sobre todos esos hábitos que el maldito capitalismo ha dejado en herencia al obrero y al campesino. Cuando esta victoria esté consolidada, entonces y sólo entonces se creará la nueva disciplina social, la disciplina socialista; entonces y sólo entonces será imposible la vuelta atrás, al capitalismo, y el comunismo se hará verdaderamente invencible.

Pravda ha publicado el 17 de mayo un artículo del camarada A. 7h., titulado Trabajo a lo revolucionario (Un sábado comunista). Es tan importante que lo reproducimos íntegro:

TRABAJO A LO REVOLUCIONARIO

(UN SÁBADO COMUNISTA)

“La carta del CC del PCR acerca del trabajo a lo revolucionario ha dado un gran impulso a las organizaciones comunistas y a los comunistas. Un entusiasmo general ha

220 llevado al frente a gran número de ferroviarios comunistas; pero la mayoría de ellos no ha podido abandonar los puestos de responsabilidad y elaborar nuevos métodos de trabajo a lo revolucionario. Las noticias procedentes de diversos puntos acerca de la lentitud en el trabajo de movilización y la existencia de trabas burocráticas llevaron al Comité de sub/ona de la línea férrea Moscú—Kazan a fijar la atención en el mecanismo de explotación de la red ferroviaria. Resultó que, a causa de la insuficiencia de mano de obra y de la poca intensidad del trabajo, no se cumplían en el plazo debido los encargos urgentes y las reparaciones rápidas de locomotoras. El 7 de mayo, en una asamblea general de comunistas y simpatizantes de la subzona de la línea férrea Moscú—Kazan, se planteó que era necesario pasar de las palabras a los hechos, es decir, contribuir de modo efectivo a la victoria sobre Kolchak. La proposición presentada decía:

p “En vista de la grave situación interior y exterior, y a fin de conseguir la superioridad sobre el enemigo de clase, los comunistas y simpatizantes deben espolearse de nuevo y quitarle una hora más a su descanso para entregarla al trabajo, es decir, aumentar en una hora su jornada ordinaria, hacer la suma semanal de estas horas suplementarias y cada sábado entregar de una vez seis horas al trabajo físico a fin de producir un valor inmediato y efectivo. Considerando que los comunistas no deben escatimar su salud ni su vida para asegurar las conquistas de la revolución, se acuerda efectuar este trabajo gratuitamente. Los sábados comunistas tendrán lugar en toda la sub/ona hasta la victoria completa sobre Kolchak."

p “Después de algunas vacilaciones, esta proposición fue aprobada por unanimidad.

p “El sábado, 10 de mayo, a las seis de la tarde, los comunistas y simpatizantes, como soldados, se presentaron a trabajar, formaron filas y los maestros de taller los distribuyeron, sin el menor barullo, por los lugares de trabajo.

p “Los resultados de este trabajo a la revolucionario están a la vista. El cuadro adjunto muestra la empresa y el carácter del trabajo realizado.

p “El valor total del trabajo asciende, según la tarifa normal, a 5 millones de rublos, y según la tarifa de horas extraordinarias, al 50% más.

p “La intensidad del trabajo de carga ha sido superior en un 270% a la de los obreros corrientes. En los demás trabajos, la intensidad ha sido aproximadamente igual.

p “Se ha suprimido el retraso de siete días a tres meses que existía en el cumplimiento de los encargos (urgentes) como resultado de la insuficiencia de mano de obra y el papeleo.

p “El trabajo se ha efectuado con herramientas que tenían defectos (fáciles de reparar), lo que retrasó de 30 a 40 minutos a diversos equipos.

p “El personal administrativo encargado de la dirección de los trabajos apenas daba abasto a preparar nuevas tareas, v qui/ás no sea muy exagerada la reflexión, hecha por un viejo maestro, de que en el sábado comunista se ha efectuado un trabajo en el qué obreros sin la debida conciencia y disciplina habrían invertido toda una semana.

p “Como en los trabajos han tomado parte asimismo personas que son simplemente adeptos sinceros del Poder soviético, como se espera la afluencia de gran número de ellos en los sábados siguientes y como también otras «mas desean imitar el ejemplo de los ferroviarios comunistas de la línea Moscú—Kazan, hablaré con más detalle del aspecto organizativo, utilizando los datos procedentes de los distintos puntos.

“Un 10% de los participantes en estas labores son ferroviarios comunistas que trabajan permanentemente en dichos puntos. Los restantes ocupan puestos electivos y de responsabilidad, desde el comisario de la línea hasta el de cada servicio, así como en la organización sindical, o son personas que trabajan en la Dirección y en el Comisariado de Vías de Comunicación.

221 Número u de horas C Sitio Clase t- Trabajo de trabajo de trabajo -y 0 o. efectuado t o E £ T3 -Z a z£ C .j “J-o H Moscú. Carga de materiales Carga: Talleres para la línea, de he- 48 5 240 7.500 puds. principales rramientas para la Descarga: de locomo- reparación de loco- 21 3 63 1.800 puds. toras. motoras y piezas de vagones a: Perovo, 5 4 20 Múrom, Alatyr y Syzran. Moscú. Reparación corriente 26 5 130 En total, un trabajo Depósito de compleja de locomo- equivalente a la re- trenes de toras. paración de locomo- viajeros. tora y media. Moscú. Reparación corriente 24 6 144 Dos locomotoras han Estación de de locomotoras. sido reparadas por maniobra. completo; se han desmontado las pie- zas que han de repa- rarse en otras cuatro. Moscú. Reparación corriente 12 6 72 Dos coches de terce- Sección de de coches de via- ra clase. vagones. jeros. “Perovo”. Reparación de vago- Doce vagones de Talleres nes y otras pequeñas mercancías cubiertos principales reparaciones realiza- y dos plataformas. de vagones. das el sábado y el 46 5 230 domingo. 23 5 115 222 Núm ro ’? <!< hi i as 2. Trabajo Sitio i< rfet lu¡1(|0 de trabajo 5. JÉ ’S 0 3 Total: 205 — 1.014 Reparados en total: cuatro locomotoras y dieciséis vagones. Se han cargado y des- cargado 9.300 puds.

p “Jamás se vio tanto entusiasmo y unanimidad en el trabajo. Cuando los obreros, oficinistas y funcionarios de los organismos de dirección, después de haber agarrado el aro de 40 puds de una rueda de locomotora para un tren de viajeros, lo hacían rodar hacia su sitio, sin que mediaran palabras gruesas ni discusiones, como hormigas laboriosas, se sentía nacer en el fondo del corazón ese fervoroso sentimiento de alegría que causa el trabajo colectivo y se afianzaba la fe en el triunfo seguro de la clase obrera. Los bandoleros imperialistas del mundo no podrán asfixiar a los obreros victoriosos; el sabotaje interior no verá la victoria de Kolchak.

p “Al terminar la labor, los presentes fueron testigos de una escena jamás vista: un centenar de comunistas, fatigados, pero con los ojos brillantes de alegría, saludaron el éxito del trabajo con el canto solemne de La Internacional. Y parecía que las notas triunfales del himno de la victoria rebasaban los muros para extenderse por el Moscú obrero y, como los círculos que forma una piedra arrojada al agua, propagarse por la Rusia obrera e impulsar a los cansados y negligentes.

p A. Zh."

p Comentando este magnífico "ejemplo digno de ser imitado”, Pravda decía el 20 de mayo, en un artículo del camarada N. R. que llevaba por título esas mismas palabras:

p “No son raros los casos en que los comunistas trabajan de esta manera. Conozco hechos semejantes en la central eléctrica y en diversos ferrocarriles. En la línea de Nicolás, los comunistas contribuyeron con varias noches de trabajo suplementario a levantar’ una locomotora que había caído en una placa giratoria; en la línea del Norte, todos los comunistas y simpatizantes han trabajado varios domingos, en invierno, para limpiar de nieve las vías; las células comunistas de numerosas estaciones de mercancías hacen rondas de noche para evitar los robos. Pero era un trabajo ocasional, no sistemático. Los camaradas de la línea Moscú—Kazan han introducido un elemento nuevo que da a este trabajo un carácter sistemático y permanente. Han dicho: "Hasta la victoria completa sobre Kolchak”, y en eso reside toda la significación de su trabajo. Han acordado aumentar en una hora la jornada de trabajo de los comunistas y simpatizantes mientras el país continúe en guei la y, al mismo tiempo, dan ejemplo de traba|o productivo.

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p “Este ejemplo ha sido ya imitado y debe continuar siéndolo. La asamblea general de comunistas y simpatizantes del ferrocarril de Alejandro, después de examinar la situación militar v el acuerdo de los camaradas de la línea Moscú—Kazan, ha decidido: 1) Organizar "sábados" para los comunistas y simpatizantes de la línea de Alejandro. F.l primer sábado será el 17 de mayo. 2) Organizar equipos modelo de comunistas y simpatizantes, que deberán mostrar a los obreros cómo hay que trabajar y qué se puede conseguir en realidad con los materiales, herramientas y alimentación de que disponemos en la actualidad.

p “Los camaradas de la línea Moscú—Ka/án dicen que su ejemplo ha causad» gran impresión y esperan que e! sábado próximo participará en el trabajo un número considerable de obreros sin partido. Cuando escribimos estas líneas, en los talleres de la línea de Alejandro no ha comenzado aún el trabajo extraordinario de los comunistas; sólo se ha corrido el rumor sobre los trabajos en proyecto, pero la masa sin partido se ha puesto en movimiento y. lo comenta. "De haberlo sabido ayer, nos hubiéramos preparado y habríamos trabajarlo también”; "el sábado próximo vendré sin falta”, se oye repetir por doquier. La impresión que ha producido este género de trabajo es muy grande.

p “El ejemplo de los camaradas de la línea Moscú—Kazan debe ser seguido por todas las células comunistas de la retaguardia. No sólo las células comunistas de los ferroviarios de Moscú, sino todas las organizaciones del partido en Rusia deben imitar este ejemplo. Y en el campo, las células comunistas deben cultivar en primer término la tierra de los combatientes del Ejército Rojo, ayudando así a sus familias.

p “Los camaradas de la línea Moscú—Kazan han acabado su primer sábado comunista cantando l.a Internacional. Si las organizaciones comunistas de toda Rusia siguen este ejemplo y lo aplican firmemente, las dificultades que nos aguardan en el curso de los penosos meses venideros serán vencidas por la República Soviética de Rusia a los potentes acordes de l.a Internacional, cantada por los trabajadores de toda la república...

p “¡Manos a la obra, camaradas comunistas!"

p Pravda informaba el 23 de mayo de 1919:

p "El 17 de mayo ha tenido lugar el primer "sábado" comunista en la línea de Alejandro. Cumpliendo el acuerdo de la asamblea general, 98 comunistas y simpatizantes trabajaron gratis cinco horas extraordinarias, recibiendo únicamente el derecho a una segunda comida, que pagaron, y con ella, como a todos los obreros manuales, les fue entregada media libra de pan, que también pagaron."

p A pesar de que el trabajo estaba poco preparado y poco organizado, su productividad fue dos o tres veces superior al término medio ordinario.

p He aquí algunos ejemplos:

p Cinco torneros hicieron en cuatro horas 80 rodillos: el 213% de la productividad ordinaria.

p Veinte peones recogieron en cuatro horas 600 puds de material viejo y 70 muelles de vagón de tres puds y medio de peso cada uno, que suman en total 850 puds. La productividad del trabajo fue del 300% en comparación con la habitual.

p “Los compañeros explican este resultado diciendo que en tiempo corriente el trabajo es fastidioso y aburre, mientras que ese día se trabajó con gusto, con 224 entusiasmo. Pero en adelante dará vergüenza hacer menos en tiempo corriente que durante los sábados comunistas."

p “Muchos obreros sin partido expresan ahora el deseo de participar en los sábados, l.os equipos de sección de locomotoras se ofrecen para sacar el sábado del “cementerio” una locomotora, repararla y ponerla nuevamente en circulación.

p “Se han recibido noiicias de que en la línea de Viazma se están organizando sábados análogos."

p El camarada A. Diachenko relata en Pravda del 7 de junio cómo transcurre el trabajo durante los sábados comunistas. Reproducimos lo más esencial de su artículo, titulado Notas de un sábado comunista:

p “Fui con gran alegría, acompañado de un camarada, a hacer mi “faena” del sábado—conforme a la decisión del Comité del partido de la subzona ferroviaria—, dispuesto a proporcionar un descanso a la cabeza durante algunas horas, haciendo trabajar los músculos... Teníamos que trabajar en la carpintería mecánica de la línea. Cuando llegamos al taller, encontramos a nuestros camaradas, nos saludamos, bromeamos e hicimos un recuento de nuestras fuerzas: éramos 30... Y ante nosotros teníamos un “monstruo”, una caldera de peso bastante considerable, unos 600 ó 700 puds, que debíamos “desplazar”, es decir, hacer rodar un cuarto o un tercio de versta hacia una plataforma. Nos asaltaron las dudas... Pero pusimos manos a la obra: sin más preámbulos, los camaradas colocaron bajo la caldera unos rodillos de madera, ataron dos sogas y comenzó el trabajo... La caldera no quería moverse; mas, al fin, cedió. Estábamos contentos: ¡éramos tan pocos!... Porque durante casi dos semanas, obreros no comunistas en número tres veces mayor que el nuestro habían estado tirando de aquella misma caldera, que se había empeñado en no moverse hasta que llegáramos nosotros... Trabajamos una hora intensamente, de consuno, al son acompasado de la voz de nuestro camarada capataz: "una, dos, tres”, y la caldera rodaba y rodaba. Pero, de pronto, ¿qué había ocurrido? Toda una fila de camaradas cayó por tierra cómicamente: una de las sogas nos había traicionado... Pero la interrupción no duró más que unos minutos, mientras la remplazamos con un cable... Empezaba a hacerse de noche, mas debíamos vencer aún un pequeño montículo para que el trabajo estuviese casi acabado. Nos dolían las manos, nos ardían las palmas, apretábamos con todas nuestras fuerzas, y la cosa marchaba. Los de la " administración”, confusos ante nuestro éxito, no tuvieron más remedio que echar una mano al cable. "¡Arrimad el hombro! ¡Ya va siendo hora!" Un soldado rojo, con un acordeón en las manos, observaba cómo trabajábamos. Quizá pensase: ¿qué gente es ésta, por qué trabajan de esta manera un sábado, cuando todo el mundo está ya descansando? Para poner fin a sus conjeturas, le dije: "¡Compañero, tócanos algo alegre! No somos unos trabajadores cualesquiera, sino verdaderos comunistas. ¿Ves cómo nos cunde el trabajo? No somos unos haraganes, mira cómo empujamos.” El soldado rojo dejó cuidadosamente su acordeón y se apresuró a echar una mano al cable...

p “—"¡Qué listo es el inglés!...”—entonó con bella voz de tenor el camarada U. Le coreamos y resonó sordamente la letra de la canción obrera Dubínushka.

p “Por falta de costumbre, se fatigaron los músculos, nos dolían los hombros y la espalda. Pero... teníamos por delante un día libre, el domingo: ¡tiempo habría de descansar y dormir bien! El objetivo estaba cerca: unos cuantos vaivenes, y nuestro “monstruo” se encontraba ya casi en la plataforma. Había que poner debajo de la caldera unos tablones y subirla a la plataforma para que pudiera dar el rendimiento que hace tiempo se esperaba de ella. Marchamos en tropel a la habitación que servía de “club” a la célula del lugar; el local, cubierto de carteles y lleno de fusiles, estaba muy iluminado. Después de una Internación/u, bien cantada, saboreamos una la/a de le con 225 “ron” y hasta con pan. Este obsequio, que nos habían preparado los camaradas del lugar, venía muy a propósito después de nuestro duro trabajo. Nos despedimos fraternalmente de los camaradas y emprendimos la marcha en correcta formación. Los cantos revolucionarios resonaban en el silencio de la noche en la calle dormida, acompañados por el ruido rítmico de nuestros pasos. "¡Marchemos con valor, (amaradas!" "¡Arriba, parias de la tierra!”, decía el himno de la Internacional y del Irabajo.

p “Pasó una semana. Nuestras manos y nuestros hombros habían descansado, y el sábado fuimos a Perovo, esta vez a nueve verstas, para reparar vagones. Los compañeros treparon al techo de un “americano”, y con voz sonora y agradable cantaron La Internacional. Los viajeros escuchaban, al parecer, asombrados. Las ruedas traqueteaban cadenciosamente; nosotros no pudimos llegar hasta el techo, y nos agarramos como pudimos a los estribos del “americano”, parecíamos pasajeros “atrevidos”. El tren se detuvo; habíamos llegado. Atravesamos un largo patio y encontramos al comisario, camarada G., que nos recibió con gran alegría.

p “—¡Claro que hay trabajo, pero viene poca gente! Treinta hombres, nada más; y es preciso reparar en seis horas trece vagones. Ahí están los juegos de ruedas ya marcados; no hay solamente vagones vacíos, hay también un vagón-cisterna lleno. ¡Pero no importa, nos “adaptaremos”, camaradas!

p “El trabajo marcha rápido. Cinco camaradas y yo trabajamos con alzaprimas, es decir, con palancas. Presionando con los hombros sobre dos palancas bajo la dirección del camarada “capataz”, hacemos saltar rápidamente de una a otra vía estos juegos de ruedas, que pesan de 60 a 70 puds. Apenas se ha quitado un par de ruedas cuando otro ocupa su lugar. Cuando están ya todas, hacemos rodar rápidamente por los carriles este hierro viejo hasta un almacén. Una, dos, tres... Una alzaprima de hierro giratoria levanta las ruedas en el aire, y los raíles quedan despejados. Más allá, en la oscuridad, se oye el repiqueteo de los martillos: son camaradas que trabajan, diligentes como abejas, en sus vagones “enfermos”. Clavan, pintan, arreglan los techos... El trabajo cunde, a satisfacción nuestra y del camarada comisario. Luego, los herreros requirieron nuestra ayuda. En la fragua portátil estaba, al rojo, una barra de enganche de vagón con su garfio, doblado por un choque. Blanca, chispeante, pasó a la plancha de hierro, v bajo nuestros golpes certeros, dirigidos por un camarada experto, fue recobrando su forma normal. Estaba aún al rojo vivo cuando la llevamos sobre los hombros, con toda rapidez, a su sitio. Echaba chispas; la introdujimos en su orificio de hierro: unos cuantos golpes y quedó encajada. Nos metimos bajo el vagón. No es tan fácil como parece a primera vista colocar allí el enganche y la barra, porque hay todo un sistema de remaches y un resorte en espiral...

p “El trabajo marcha, la noche se hace cada vez más oscura y es más viva la luz de las antorchas. Pronto terminaremos. Varios camaradas, arrimados a un montón de llantas, beben té caliente a pequeños sorbos. Es una fresca noche de mayo, la luna creciente se recorta bella en el cielo. Bromas, risas, sana alegría...

p “—¡Camarada O., deja el trabajo, ya tienes bastante con 13 vagones!

p “Pero al camarada G. le parece poco.

p “Después del té entonamos nuestras canciones de triunfo y nos dirigimos hacia la salida..."

p El movimiento en pro de la organización de los "sábados comunistas" no se limita a Moscú. Pravda decía en su número del 6 de junio:

p “El 31 de mayo ha tenido lugar en Tver el primer sábado comunista. Ciento veintiocho comunistas han trabajado en la línea férrea. En tres horas y media han cargado y descargado 14 vagones, han reparado tres locomotoras, aserrado 10 brazas 226 de leña y ejecutado otros trabajos. La intensidad del trabajo de los obreros comunistas calificados ha sobrepasado en 13 veces la productividad ordinaria.’

p En Pravda del 8 de junio leemos:

p LOS SÁBADOS COMUNISTAS

“Sarátov, 5 de junio. I,os ferroviarios comunistas, respondiendo al llamamiento de sus camaradas de Moscú, han acordado en una asamblea general de militantes del partido: trabajar gratuitamente los sábados cinco horas extraordinarias a fin de avudar a la economía nacional."

* * *

p He reproducido con el mayor detalle y plenitud las informaciones relativas a los "sábados comunistas" porque nos encontramos, sin duda alguna, ante una de las manifestaciones más importantes de la edificación comunista, a la que nuestros periódicos no dedican la atención necesaria y que ninguno de nosotros ha apreciado suficientemente todavía.

p Menos estrépito político y mayor atención a los hechos más simples, pero vivos, de la edificación comunista, tomados de la vida y contrastados en la vida: tal es la consigna que debemos repetir sin descanso todos nosotros, nuestros escritores, agitadores, propagandistas, organizadores, etc.

p Es natural e inevitable que durante los primeros tiempos, después de la revolución proletaria, nos preocupe más que nada la tarea principal y fundamental: aplastar la resistencia de la burguesía, vencer a los explotadores, reprimir sus complots (como el "complot de los esclavistas" para entregar Petrogrado, en el cual participaron todos, desde las centurias negras lfl3 y los demócratas constitucionalistas hasta los mencheviques y los eseristas ^^104^^). Pero, al lado de ella, surge también inevitablemente—y cada vez con mayor fuerza—otra tarea más esencial: la edificación comunista positiva, la creación de las nuevas relaciones económicas, de la nueva sociedad.

p La dictadura del proletariado—como ya he dicho más de una vez y, por cierto, también en mi discurso del 12 de marzo en la reunión del Soviet de diputados de Petrogrado—no es sólo el ejercicio de la violencia sobre los explotadores, ni siquiera es principalmente violencia. La base económica de esta violencia revolucionaria, la garantía de su vitalidad y éxito, está en que el proletariado representa y pone en práctica un tipo más elevado de organización social del trabajo que el capitalismo. Esto es lo esencial. En ello radica la fuerza y la garantía del triunfo inevitable y completo del comunismo.

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p La organización feudal del trabajo social se fundaba en la disciplina del látigo, en la ignorancia y el embrutecimiento extremos de los trabajadores, expoliados y escarnecidos por un puñado de terratenientes. La organización capitalista del trabajo social se basaba en la disciplina del hambre, y la inmensa masa de trabajadores, a pesar de todos los progresos de la cultura y la democracia burguesas, ha seguido siendo, incluso en las repúblicas más avanzadas, más civilizadas y más democráticas, la masa oscura y oprimida de esclavos asalariados o de campesinos aplastados, expoliados y vejados por un puñado de capitalistas. La organización comunista del trabajo social, el primer paso hacia la cual es el socialismo, se basa y se basará cada día más en la disciplina libre y consciente de los trabajadores mismos, que se han sacudido el yugo de los terratenientes y los capitalistas.

p Esta disciplina nueva no cae del cielo ni se consigue con buenas intenciones, sino que nace exclusivamente de las condiciones materiales de la gran producción capitalista, sin las cuales es imposible. Y el portador o vehículo de estas condiciones materiales es una determinada clase histórica, creada, organizada, agrupada, instruida, educada y forjada por el gran capitalismo. Esta clase es el proletariado.

p La dictadura del proletariado, si traducimos esta expresión latina, científica, histórico-filosófica, a un lenguaje’más sencillo, significa lo siguiente:

p Sólo una clase determinada—los obreros urbanos y, en general, los obreros fabriles, los obreros industriales—está en condiciones de dirigir a toda la masa de trabajadores y explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el proceso mismo de su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar el triunfo, en la creación del nuevo régimen social, del régimen socialista, en toda la lucha por la supresión completa de las clases. (Hagamos notar, entre paréntesis, que la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo consiste únicamente en que el primer término designa la primera fase de la sociedad nueva que brota del capitalismo, mientras que el segundo término designa una fase superior y más avanzada de dicha sociedad.)

p El error de la Internacional amarilla "de Berna" consiste en que sus líderes reconocen sólo de palabra la lucha de clases y el papel dirigente del proletariado, temiendo llevar sus ideas hasta el fin, temiendo precisamente la inevitable deducción que tan singular horror causa a la burguesía y que ésta no puede admitir de ninguna manera. Tienen miedo de reconocer que la dictadura del proletariado es también un período de lucha de clases, la cual es inevitable mientras las clases no hayan sido suprimidas y reviste diversas formas, siendo particularmente violenta y específica durante el 228 primer período después de derrocado el capital. Una vez conquistado el poder político, el proletariado no ceja en su lucha de clase, sino que la continúa hasta que las clases hayan sido suprimidas, pero, naturalmente, en otras condiciones, bajo otra forma y con otros medios.

p ;Qué quiere decir "supresión de las clases"? Todos los que se llaman socialistas reconocen este objetivo final del socialismo, pero no todos, ni mucho menos, reflexionan sobre el alcance de dichas palabras. Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que en su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social.

p Es evidente que, para suprimir por completo las clases, no basta con derrocar a los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, no basta con suprimir su propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad privada sobre los medios de producción; es necesario suprimir la diferencia existente entre la ciudad y el campo, así como entre los trabajadores manuales e intelectuales. Esta obra exige mucho tiempo. Para realizarla, hay que dar un gigantesco paso adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas, hay que vencer la resistencia (muchas veces pasiva y mucho más tenaz y difícil de vencer) de los numerosos vestigios de la pequeña producción, hay que vencer la enorme fuerza de la costumbre y la rutina que estos vestigios llevan consigo.

p Suponer que todos los “trabajadores” están igualmente capacitados para realizar esta obra, sería decir la frase más vacía o hacerse ilusiones de socialista antediluviano, premarxista. Porque esta capacidad no se da por sí misma, sino que se forma históricamente y sólo en las condiciones materiales de la gran producción capitalista. En los comienzos del tránsito del capitalismo al socialismo, únicamente el proletariado posee esta capacidad. Y puede cumplir la gigantesca misión que le incumbe, primero, porque es la clase más fuerte y más avanzada de las sociedades civilizadas; segundo, porque en los países más desarrollados constituye la mayoría de la población; tercero, porque en los países capitalistas atrasados, como Rusia, la mayoría de la población se compone de semiproletarios, es decir, de hombres que durante una parte del año viven como proletarios, que 229 sistemáticamente se ganan el sustento, en cierta medida, recurriendo al trabajo asalariado en empresas capitalistas.

p Quienes intentan resolver los problemas del tránsito del capitalismo al socialismo con tópicos sobre la libertad, la igualdad, la democracia en general, la igualdad de la democracia laboral, etc. (como hacen Kautsky, Mártov y demás personajes de la Internacional amarilla de Berna), lo único que consiguen es poner al desnudo su naturaleza de pequeños burgueses, de filisteos, de espíritus mezquinos, que se arrastran serviles tras la burguesía en el aspecto ideológico. Este problema sólo puede resolverlo de un modo acertado un estudio concreto de las relaciones especiales existentes entre la clase específica que ha conquistado el poder político, o sea, el proletariado, y toda la masa no proletaria y semiproletaria de los trabajadores; y estas relaciones no se establecen, por cierto, en una situación fantásticamente armónica, “ideal”, sino en una situación real de encarnizada y múltiple resistencia de la burguesía.

p En cualquier país capitalista, incluida Rusia, la inmensa mayoría de la población—y tanto más la inmensa mayoría de la población trabajadora—ha sentido mil veces sobre ella y sus familiares el yugo del capital, su pillaje y toda clase de vejaciones. La guerra imperialista—es decir, el asesinato de diez millones de hombres para decidir si debía pertenecer al capital inglés o al capital alemán la primacía en el saqueo del mundo entero—ha avivado, ampliado y profundizado extraordinariamente todos estos sufrimientos, forzando a las masas a adquirir conciencia de ellos. De aquí arranca la inevitable simpatía de la inmensa mayoría de la población, sobre todo de la masa de trabajadores, hacia el proletariado, pues éste, con heroica audacia, con rigor revolucionario, abate el yugo del capital, derriba a los explotadores, vence su resistencia y, derramando su propia sangre, abre el camino que conduce a la creación de una sociedad nueva, en la cual no habrá ya sitio para los explotadores.

p Por grandes e inevitables que sean las vacilaciones pequeñoburguesas de las masas no proletarias y semiproletarias de la población trabajadora, sus oscilaciones hacia el “orden” burgués, bajo el “ala” de la burguesía, estas masas no pueden dejar de reconocer la autoridad moral y política del proletariado, el cual no se limita a derrocar a los explotadores y vencer su resistencia, sino que establece unas relaciones sociales nuevas y más elevadas, una nueva disciplina social: la disciplina de los trabajadores conscientes y unidos, que no conocen ningún yugo, que no conocen ningún poder, fuera del de su propia unión, del de su propia vanguardia, más consciente, más audaz, más compacta, más revolucionaria, más firme.

p Para triunfar, para crear y consolidar el socialismo, el proletariado debe resolver una tarea doble, o, más bien, una tarea única con 230 dos aspectos: primero, con su heroísmo a toda prueba en la lucha revolucionaria contra el capital, atraer a toda la masa de trabajadores y explotados, organizaría, dirigir sus esfuerzos para derrocar a la burguesía y aplastar plenamente cualquier resistencia por parte de ésta; segundo, conducir a toda la masa de trabajadores y explotados, así como a todos los sectores de la pequeña burguesía, al camino de la nueva construcción económica, al camino de la creación de las nuevas relaciones sociales, de una nueva disciplina laboral y de una nueva organización del trabajo que conjugue el aprovechamiento de la última palabra de la ciencia y la técnica capitalista con la agrupación en masa de los trabajadores conscientes, entregados a la gran producción socialista.

Esta segunda tarea es más difícil que la primera, porque no puede ser cumplida en modo alguno con un esfuerzo heroico, momentáneo, sino que exige el heroísmo más prolongado, más tenaz y difícil: el del trabajo cotidiano y masivo. Pero esta tarea es también más esencial que la primera, porque, en fin de cuentas, la fuente más profunda de la fuerza necesaria para vencer a la burguesía y la única garantía de solidez y seguridad de estas victorias residen únicamente en un modo nuevo y superior de producción social, en la sustitución de la producción capitalista y pequeñoburguesa por la gran producción socialista.

* * *

p Los "sábados comunistas" tienen una magna importancia histórica precisamente porque nos muestran la iniciativa consciente y voluntaria de los obreros en el desarrollo de la productividad del trabajo, en el paso a una nueva disciplina laboral y en la creación de condiciones socialistas en la economía y en la vida.

p J. Jacoby, uno de los pocos, o dicho más exactamente, uno de los rarísimos demócratas burgueses alemanes que, después de las lecciones de 1870-1871, no se pasaron al chovinismo ni al liberalismo nacionalista, sino al socialismo, decía que la fundación de una sola asociación obrera tenía más importancia histórica que la batalla de Sadowa ^^105^^. Y tenía razón. La batalla de Sadowa decidió cuál de las dos monarquías burguesas, la austríaca o la prusiana, tendría la hegemonía en la creación de un Estado capitalista nacional alemán. La fundación de una asociación obrera representaba un pequeño paso hacia la victoria mundial del proletariado sobre la burguesía. Del mismo modo, podemos decir nosotros que el primer sábado comunista, organizado el 10 de mayo de 1919 en Moscú por los obreros del ferrocarril Moscú—Kazan, tiene más importancia histórica que cualquier victoria de Hindenburg o de Foch y los ingleses en la guerra imperialista de 1914-1918. Las victorias de los 231 imperialistas son una matanza de millones de obreros para aumentar las ganancias de los multimillonarios anglo-americanos y franceses. Son la bestialidad del capitalismo agonizante, ahito de tanto tragar y que se pudre en vida. El sábado comunista de los obreros ferroviarios de la línea Moscú—Kazan es uno de los embriones de la sociedad nueva, de la sociedad socialista, que trae a todos los pueblos de la Tierra la manumisión del yugo del capital y los libra de las guerras.

p Los señores burgueses y sus lacayos, incluyendo a los mencheviques y eseristas, habituados a considerarse representantes de la "opinión pública”, se burlan, naturalmente, de las esperanzas de los comunistas; dicen que esas esperanzas son un "baobab en una maceta de reseda" y se ríen del ínfimo número de sábados, en comparación con los casos innumerables de robo, haraganería, descenso de la productividad, deterioro de las materias primas, deterioro de los productos, etc. Nosotros contestamos a esos señores: si los intelectuales burgueses hubieran ayudado a los trabajadores con sus conocimientos, en lugar de ponerse al servicio de los capitalistas rusos y extranjeros para restaurar su poder, la revolución sería más rápida y pacífica. Pero eso es una utopía, pues la cuestión la decide la lucha de clases, y en esta lucha, la mayor parte de los intelectuales se inclina hacia la burguesía. El proletariado triunfará no con la ayuda de los intelectuales, sino a pesar de su oposición (al menos en la mayor parte de los casos), apartando a los intelectuales burgueses incorregibles, transformando, reeducando y sometiendo a los vacilantes y atrayendo paulatinamente a su lado a un número de ellos cada vez mayor. Regocijarse maliciosamente ante las dificultades y reveses de la revolución, sembrar el pánico y predicar la vuelta atrás son armas y procedimientos de lucha de clase que emplean los intelectuales burgueses. Pero el proletariado no se dejará engañar con eso.

p Mas si abordamos la cuestión a fondo, ¿es que puede encontrarse en la historia un solo ejemplo de un modo de producción nuevo que haya prendido de golpe, sin una larga serie de reveses, equivocaciones y recaídas? Medio siglo después de haber sido abolida la servidumbre, en la aldea rusa persistían aún no pocas supervivencias de aquel régimen. Medio siglo después de haber sido suprimida la esclavitud de los negros en Norteamérica, la condición de estos últimos seguía siendo, en muchas ocasiones, de semiesclavitud. Los intelectuales burgueses, comprendidos los mencheviques y eseristas, permanecen fieles a sí mismos al servir al capital y repetir sus argumentos totalmente falsos: antes de la revolución del proletariado nos tildaban de utopistas, y después de la revolución nos exigen ¡que borremos de la noche a la mañana todas las huellas del pasado!

p Pero no somos utopistas y conocemos el valor real de los 232 “argumentos” burgueses; sabemos también que las huellas del pasado en las costumbres predominarán inevitablemente durante cierto tiempo, después de la revolución, sobre los brotes de lo nuevo. Cuando lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza como en la vida social, lo viejo siempre sigue siendo más fuerte durante cierto tiempo. Las burlas a propósito de la debilidad de los tallos nuevos, el escepticismo barato de los intelectuales, etc., son, en el fondo, procedimientos de la lucha de clase de la burguesía contra el proletariado, maneras de defender el capitalismo frente al socialismo. Debemos estudiar minuciosamente los brotes de lo nuevo, prestarles la mayor atención, favorecer y “cuidar” por todos los medios el crecimiento de estos débiles brotes. Es inevitable que algunos de ellos perezcan. No puede asegurarse que precisamente los "sábados comunistas" vayan a desempeñar un papel de particular importancia. No se trata de eso. Se trata de que es preciso apoyar todos los brotes de lo nuevo, entre los cuales la vida se encargará de seleccionar los más vivaces. Si un científico japonés, para ayudar a los hombres a triunfar sobre la sífilis, ha tenido la paciencia de ensayar 605 preparados antes de llegar al 606, que satisface determinadas exigencias, quienes quieran resolver un problema más difícil, el de vencer al capitalismo, deberán tener la suficiente perseverancia para ensayar centenares y miles de nuevos procedimientos, métodos y medios de lucha hasta conseguir los más convenientes.

p Los "sábados comunistas" tienen tanta importancia porque no los han iniciado obreros que se encuentran en condiciones excepcionalmente favorables, sino obreros de diversos oficios, incluidos también obreros no especializados, peones, que se encuentran en condiciones habituales, es decir, en las condiciones más difíciles. Todos conocemos muy bien la razón fundamental del descenso de la productividad del trabajo que se observa no solamente en Rusia, sino en el mundo entero: la ruina y la miseria, la exasperación y el cansancio provocados por la guerra imperialista, las enfermedades y la inanición. Por su importancia, esta última ocupa el primer lugar. El hambre: ésa es la causa. Y para suprimir el hambre hay que elevar la productividad del trabajo tanto en la agricultura como en el transporte y en la industria. Nos encontramos, por consiguiente, ante una especie de círculo vicioso: para elevar la productividad del trabajo hay que salvarse del hambre, y para salvarse del hambre hay que elevar la productividad del trabajo.

p Es sabido que, en la práctica, semejantes contradicciones se resuelven por la ruptura del círculo vicioso, por un cambio profundo en el espíritu de las masas, por la iniciativa heroica de algunos grupos, que desempeña con frecuencia un papel decisivo cuando se opera el cambio. Los peones y los ferroviarios de Moscú (claro que 233 teniendo en cuenta su mayoría, y no un puñado de especuladores, burócratas y demás guardias blancos) son trabajadores que viven en condiciones desesperadamente difíciles. Están subalimentados constantemente y ahora, antes de la nueva cosecha, cuando el abasteci-. miento ha empeorado en todas partes, sufren verdadera hambre. Y estos obreros hambrientos, cercados por la canallesca agitación contrarrevolucionaria de la burguesía, de los mencheviques y de los eseristas, organizan "sábados comunistas”, trabajan horas extraordinarias sin ninguna retribución y consiguen un aumento inmenso de la productividad del trabajo, a pesar de hallarse cansados, atormentados y extenuados por la subalimentación. ¿No es esto un heroísmo grandioso? ¿No es el comienzo de una transformación de importancia histórica universal?

p La productividad del trabajo es, en última instancia, lo más importante, lo decisivo para el triunfo del nuevo régimen social. El capitalismo consiguió una productividad del trabajo desconocida bajo el feudalismo. El capitalismo podrá ser y será definitivamente derrotado porque el socialismo logra una nueva productividad del trabajo mucho más alta. Es una labor muy difícil y muy larga, pero lo esencial es que ha comenzado. Si en el Moscú hambriento del verano de 1919, obreros hambrientos, tras cuatro penosos años de guerra imperialista y después de año y medio de una guerra civil todavía más penosa, han podido iniciar esta gran obra, ¿qué proporciones no adquirirá cuando triunfemos en la guerra civil y conquistemos la paz?

p El comunismo representa una productividad del trabajo más alta que la del capitalismo, una productividad obtenida voluntariamente por obreros conscientes y unidos que tienen a su servicio una técnica moderna. Los sábados comunistas poseen un valor excepcional como comienzo efectivo del comunismo, y esto es algo extraordinario, pues nos encontramos en una etapa en la que "se dan sólo los primeros pasos en la transición del capitalismo al comunismo" (como dice, con toda razón, el programa de nuestro partido).

p El comunismo comienza cuando los obreros sencillos sienten una preocupación—abnegada y más fuerte que el duro trabajo—por aumentar la productividad del trabajo, por salvaguardar cada pud de grano, de carbón, de hierro y demás productos que no están destinados directamente a los que trabajan ni a sus “allegados”, sino a personas “ajenas”, es decir, a toda la sociedad en conjunto, a decenas y centenares de millones de hombres, agrupados primero en un Estado socialista y, más tarde, en una Unión de Repúblicas Soviéticas.

p Carlos Marx se burla en El Capital de la pomposidad y altisonancia de la carta magna democrático-burguesa de libertades y derechos del hombre, de toda esa fraseología sobre la libertad, la 234 igualdad y la fraternidad en general, que deslumhra a los pequeños burgueses y filisteos de todos los países, sin exceptuar a los viles personajes actuales de la vil Internacional de Berna. Marx opone a esas pomposas declaraciones de derechos la manera sencilla, modesta, práctica y corriente con que el proletariado plantea la cuestión: reducción de la jornada de trabajo por el Estado, he ahí un ejemplo típico de ese planteamiento^^106^^. Toda la precisión y profundidad de la observación de Marx aparece ante nosotros con mayor claridad y evidencia cuanto más se desarrolla el contenido de la revolución proletaria. Las "fórmulas" del verdadero comunismo se distinguen de la fraseología pomposa, refinada y solemne de los Kautsky, de los mencheviques y eseristas, con sus queridos " cofrades" de Berna, precisamente en que dichas "fórmulas" lo reducen todo a las condiciones de trabajo. Menos charlatanería en torno a "la democracia laboral”, "la libertad, la igualdad y la fraternidad”, "la soberanía del pueblo" y otras cosas por el estilo: el obrero y el campesino conscientes de nuestros días ven en estas frases hueras la marrullería del intelectual burgués tan fácilmente como cualquier persona con experiencia de la vida dice en el acto y sin equivocarse al ver el rostro impecablemente cuidado y el aspecto de una "persona distinguida": "Seguro que es un truhán".

p ¡Menos frases pomposas y más trabajo sencillo, cotidiano, más preocupación por cada pud de grano y cada pud de carbón! Más preocupación por que este pud de grano y este pud de carbón, indispensables al obrero hambriento y al campesino desarrapado, desnudo, no les lleguen por transacciones mercantilistas, al modo capitalista, sino por el trabajo consciente, voluntario, abnegado y heroico de simples trabajadores, como los peones y los ferroviarios de la línea Moscú—Kazan.

p Todos debemos reconocer que a cada paso, en todas partes, y también en nuestras filas, pueden verse huellas del modo charlatanesco, propio de intelectuales burgueses, de abordar los problemas de la revolución. Nuestra prensa, por ejemplo, combate poco estos restos putrefactos del podrido pasado democrático-burgués y presta débil apoyo a los brotes sencillos, modestos, cotidianos, pero vivos, de verdadero comunismo.

p Observad la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en ninguna de las repúblicas burguesas más avanzadas, ha hecho, en este aspecto, en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el primer año de nuestro poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la inferioridad jurídica de la mujer, que ponían obstáculos al divorcio y exigían para él requisitos odiosos, que proclamaban la ilegitimidad de los hijos 235 naturales y la investigación de la paternidad, etc. En todos los países civilizados subsisten numerosos vestigios de estas leyes, para vergüenza de la burguesía y del capitalismo. Tenemos mil veces razón para sentirnos orgullosos de lo que hemos realizado en este sentido. Sin embargo, cuanto más nos deshacemos del fárrago de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vemos que sólo se ha descombrado el terreno para la construcción, pero ésta no ha comenzado todavía.

p La mujer continúa siendo esclava del hogar, pese a todas las leyes liberadoras, porque está agobiada, oprimida, embrutecida, humillada por los pequeños quehaceres domésticos, que la convierten en cocinera y niñera, que malgastan su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y fastidioso. La verdadera emancipación de la mujer y el verdadero comunismo no comenzarán sino donde y cuando empiece la lucha en masa (dirigida por el proletariado, dueño del poder del Estado) contra esta pequeña economía doméstica, o más exactamente, su transformación masivaen una gran economía socialista.

p ¿Concedemos en la práctica la debida atención a este problema que, teóricamente, es indiscutible para todo comunista? Desde luego, no. ¿Nos preocupamos suficientemente de los brotes de comunismo, que existen ya a este respecto? No, y mil veces no. Los comedores públicos, las casas-cuna y los jardines de la infancia son otras tantas muestras de estos brotes, son medios sencillos, corrientes, sin pompa, elocuencia ni solemnidad, efectivamente capaces de emancipar a la mujer, efectivamente capaces de aminorar y suprimir su desigualdad respecto al hombre por su papel en la producción y en la vida social. Estos medios no son nuevos. Fueron creados (como, en general, todas las premisas materiales del socialismo) por el gran capitalismo; pero bajo el régimen capitalista han sido, en primer lugar, casos aislados y, en segundo lugar—lo que tiene particular importancia—, o eran empresas mercantiles, con los peores aspectos de la especulación, del lucro, de la trapacería y del engaño, o bien "ejercicios acrobáticos de beneficencia burguesa”, odiada y despreciada, con toda razón, por los mejores obreros.

p Es indudable que esos establecimientos son ya mucho más numerosos en nuestro país y que empiezan a cambiar de carácter. Es indudable que entre las obreras y campesinas hay muchas más personas dotadas de capacidad de organización que las conocidas por nosotros; personas que saben organizar las cosas prácticas, con la participación de un gran número de trabajadores y de un número mucho mayor de consumidores, sin la facundia, el alboroto, las disputas y la charlatanería sobre planes, sistemas, etc., que " padecen" los “intelectuales”, demasiado presuntuosos siempre, o los 236 “comunistas” precoces. Pero no cuidamos como es debido estos brotes de lo nuevo.

p Fijaos en la burguesía. ¡Qué admirablemente sabe dar publicidad a lo que le conviene a ellal ¡Cómo exalta las empresas “modelo” (a juicio de los capitalistas) en los millones de ejemplares de sus periódicos! ¡Cómo sabe hacer de instituciones burguesas “modelo” un motivo de orgullo nacional! Nuestra prensa no se cuida, o casi no se cuida, de describir los mejores comedores públicos o las mejores casas-cuna; de conseguir, insistiendo día tras día, la transformación de algunos de ellos en establecimientos modelo, de hacerles propaganda, de describir detalladamente la economía de esfuerzo humano, las ventajas para los consumidores, el ahorro de productos, la liberación de la mujer de la esclavitud doméstica y las mejoras de índole sanitaria que se consiguen con un ejemplar trabajo comunista y que se pueden realizar y extender a toda la sociedad, a todos los trabajadores.

Una producción ejemplar, sábados comunistas ejemplares, un cuidado y una honradez ejemplares en la obtención y distribución de cada pud de grano, comedores públicos ejemplares, la limpieza ejemplar de una vivienda obrera, de un barrio determinado, todo esto tiene que ser, diez veces más que ahora, objeto de atención y cuidado tanto por parte de nuestra prensa como por parte de cada organización obrera y campesina. Todo esto son brotes de comunismo, y el cuidarlos es una obligación primordial de todos nosotros. Por difícil que sea la situación del abastecimiento y de la producción, el avance en todo el frente en año y medio de poder bolchevique es indudable: los acopios de grano han pasado de 30 millones de puds (del 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de 1918) a 100 millones (del 1 de agosto de 1918 al 1 de mayo de 1919); se ha ampliado la horticultura; ha disminuido la extensión de los campos que quedan sin sembrar; ha comenzado a mejorar el transporte ferroviario, a pesar de las gigantescas dificultades con que se tropieza para obtener combustible, etc. Sobre este fondo general, y con el apoyo del poder estatal proletario, los brotes de comunismo no se agostarán, sino que crecerán y se convertirán en comunismo pleno.

* * *

p Es necesario reflexionar detenidamente sobre la significación de los "sábados comunistas" para sacar de esta gran iniciativa todas las enseñanzas prácticas, de magna importancia, que se desprenden de ella.

p La primera y principal enseñanza consiste en que es necesario apoyar por todos los medios esta iniciativa. Se ha empezado a 237 emplear entre nosotros la palabra “comuna” con excesiva ligereza. Toda empresa fundada por comunistas o con su participación recibe a cada paso, de buenas a primeras, el nombre de “comuna”; pero se olvida con frecuencia que una denominación tan honrosa debe ser conquistada mediante una labor prolongada y tenaz, mediante éxitos prácticos concretos en la edificación verdaderamente comunista.

p Por eso considero absolutamente acertada la decisión que ha madurado en el espíritu de la mayoría de los miembros del Comité Ejecutivo Central: anular el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo en lo que concierne a la denominación "comunas de consumo" ^^107^^. No importa que la denominación sea más sencilla; dicho sea de paso, las imperfecciones y los defectos de las primeras etapas del nuevo trabajo de organización no se atribuirán a las “comunas”, sino (y es justo que así sea) a los malos comunistas. Sería muy útil desterrar del uso corriente la palabra “comuna”, impedir que cualquiera pueda aprovecharse de ella, o dar esta denominación únic amenté a las verdaderas comunas, a las que hayan demostrado de verdad en la práctica (confirmándolo la opinión unánime de la población circundante) que pueden y saben organizar las cosas al modo comunista. ¡Sólo después de haber demostrado que se es capaz de trabajar gratis en provecho de la sociedad, en provecho de todos los trabajadores, que se es capaz de "trabajar a lo revolucionario”, de elevar la productividad del trabajo, de organizar las cosas de modo ejemplar, sólo entonces podrá solicitarse el honroso título de “comuna”!

p En este sentido, los "sábados comunistas" constituyen una excepción del más alto valor. Porque los peones y los ferroviarios de la línea Moscú—Kazan han empezado por demostrarnos con hechos que son capaces de trabajar como comunistas, y sólo después han dado a su iniciativa la denominación cié "sábados comunistas”. Hay que procurar y conseguir que se proceda así también en adelante, que cuantos den a su obra, institución o empresa el nombre de comuna, sin demostrarlo con el trabajo arduo y los éxitos prácticos de una labor prolongada, con una manera ejemplar y realmente comunista de organizar las cosas, sean ridiculizados sin piedad y puestos en la picota como charlatanes o fanfarrones.

p La gran iniciativa de los "sábados comunistas" debe aprovecharse también en otro sentido: para depurar el partido. En los primeros tiempos que siguieron a la revolución, cuando la masa de gentes “honestas” y de espíritu pequeñoburgués estaba particularmente amedrentada; cuando los intelectuales burgueses, incluyendo, claro está, a los mencheviques y eseristas, se dedicaban sin excepción al sabotaje, como lacayos fieles de la burguesía, era absolutamente inevitable que se pegasen al partido gobernante aventureros y otros 238 elementos nocivos en extremo. Ninguna revolución ha escapado ni podrá escapar a este peligro. Lo importante es que el partido gobernante, apoyándose en la clase de vanguardia, sana y fuerte, sepa depurar sus filas.

p Hemos empezado hace ya tiempo a trabajar en ese sentido. Y debemos proseguir esa labor sin debilidad y sin descanso. La movilización de los comunistas para la guerra ha venido a ayudarnos: los cobardes y los miserables han huido del partido. ¡Mejor que mejor! Esta disminución de los efectivos del partido significa un inmenso crecimiento de su fuerza e influencia. Hay que continuar la depuración, utilizando la iniciativa de los "sábados comunistas": que no se pueda ingresar en el partido sin haber pasado seis meses, por ejemplo, de “prueba” o "práctica”, consistentes en "trabajar a lo revolucionario”. La misma prueba debe exigirse a iodos los miembros del partido que hayan ingresado después del 25 de octubre de 1917 y que no hayan demostrado con trabajos o méritos especiales su absoluta firmeza y lealtad, su capacidad de ser comunistas.

p La depuración del partido, que ha de ir unida a la exigencia inflexible, cada vez más acentuada, de un trabajo auténticamente comunista, mejorará el aparato del poder estatal y acercará en grado gigantesco el paso definitivo de los campesinos al lado del proletariado revolucionario.

p Por cierto que los "sábados comunistas" han puesto de manifiesto con claridad extraordinaria el carácter de clase del aparato del poder estatal bajo la dictadura del proletariado. El Comité Central del partido dirige un llamamiento acerca del "trabajo a lo revolucionario"  [238•* . Lanza la idea el Comité Central de un partido que cuenta de 100.000 a 200.000 miembros (supongo que son los que quedarán después de una depuración seria, pues en la actualidad hay más).

p La idea es recogida por los obreros sindicados, cuyo número llega en Rusia y Ucrania a cuatro millones. La inmensa mayoría de ellos está a favor del poder estatal proletario, de la dictadura del proletariado. Doscientos mil y cuatro millones: tal es la relación de “engranaje”, si se nos permite expresarnos así. Vienen luego decenas de millones de campesinos, que se dividen en tres grupos principales: los semiproletarios o campesinos pobres, que forman el grupo más numeroso y más afín al proletariado; los campesinos medios, y, por último, un grupo muy reducido, el de los kulaks o burguesía rural.

p Mientras sea posible comerciar con el grano y especular con el hambre, el campesino seguirá siendo (cosa inevitable durante cierto período de la dictadura del proletariado) semitrabajador y semiespeculador. Como especulador nos es hostil, hostil al Estado proletario, 239 y tiende al acuerdo con la burguesía y sus fieles lacayos, comprendidos el menchevique Sher o el eserista B. Chernénkov, partidarios de la libertad de comercio de cereales. Pero como trabajador, el campesino es amigo del Estado proletario, es el aliado más fiel del obrero en la lucha contra el terrateniente y contra el capitalista. Como trabajadores, la inmensa masa de millones de campesinos apoya la "máquina" del Estado que dirigen cien o doscientos mil hombres de la vanguardia proletaria comunista y que abarca a millones de proletarios organizados.

p Jamás ha habido en el mundo un Estado más democrático, en el verdadero sentido de esta palabra, ni más íntimamente ligado a las masas trabajadoras y explotadas.

p Precisamente este trabajo proletario—que los "sábados comunistas" representan y llevan a la práctica—es el que consolidará de modo definitivo el respeto y el amor del campesino al Estado proletario. Este trabajo, y sólo este trabajo, convence definitivamente al campesino de que tenemos razón, de que el comunismo tiene razón, y hace de él un entusiasta partidario nuestro. Por eso este trabajo nos permitirá vencer por completo las dificultades del abastecimiento, conducirá a la victoria total del comunismo sobre el capitalismo en la producción y distribución de cereales, conducirá al afianzamiento absoluto del comunismo.

28 de junio de 1919.

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Notes

[238•*]   Véase el presente volumen, pá^s. 210-2 \’¿. (N. de la Edil.)