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¡TODOS A LA LUCHA CONTRA DENIKIN!
(CARTA DEL COMITÉ CENTRAL DEL PC(b) DE RUSIA
A LAS ORGANIZACIONES DEL PARTIDO)
 

p Camaradas: Ha llegado uno de los momentos más críticos, incluso, probablemente, el más crítico, para la revolución socialista. Los que defienden a los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, sus defensores rusos y extranjeros—en primer término ingleses y franceses—hacen desesperados intentos para restablecer en Rusia el poder de terratenientes y explotadores, los saqueadores del trabajo del pueblo, para consolidar su poder, que se viene abajo en el mundo entero. Los capitalistas ingleses y franceses han fracasado en su plan de conquistar a Ucrania por medio de sus propias tropas; han fracasado en su apoyo a Kolchak en Siberia; el Ejército Rojo, avanzando heroicamente en los Urales con la ayuda de los obreros de aquella región que se alzan en armas como un solo hombre, se acerca a Siberia para libertarla del yugo inaudito y de la ferocidad de los capitalistas, dueños y señores de aquella comarca. Por último, los imperialistas ingleses y franceses han fracasado también con su plan de apoderarse de Petrogrado por medio de una conspiración contrarrevolucionaria en la que participaron monárquicos rusos, demócratas constitucionalistas, mencheviques y eseristas, sin excluir tampoco a los eseristas de izquierda.

p Ahora los capitalistas extranjeros hacen intentos desesperados para restaurar el yugo del capital mediante la expedición encabezada por Denikin, al que prestan ayuda, lo mismo que en otro tiempo a Kolchak, proporcionándole oficiales, abasteciéndole de material, municiones, tanques, etc., etc.

Todas las fuerzas de los obreros y campesinos, todas las fuerzas de la República Soviética deben ponerse en tensión para rechazar y derrotar a Denikin, sin suspender la ofensiva victoriosa del Ejército Rojo sobre los Urales y Siberia. Esta es

LA TAREA PRINCIPAL DEL MOMENTO

p Todos los comunistas ante todo y sobre todo, todos los simpatizantes, todos los obreros y campesinos honrados, todos los trabajadores de los organismos soviéticos deben ponerse en pie de 241 guerra para consagrar el máximo de su trabajo, de sus esfuerzos y preocupaciones a las tareas inmediatas de la guerra, a la empresa de rechazar rápidamente la expedición de Denikin, reduciendo y reorganizando, subordinando a esta tarea, todas las demás actividades.

p La República Soviética está sitiada por los enemigos y debe convertirse, no de palabra, sino de hecho, en un campamento militar único.

p ¡Toda la actividad de todas las instituciones debe ser adaptada a las necesidades de la guerra y reorganizada a la manera militar!

p La dirección colectiva en la gestión de los asuntos del Estado obrero y campesino es indispensable. Pero toda exageración de esa dirección colectiva, toda desnaturalización de ésta, conducente a demoras inútiles, a la irresponsabilidad, toda transformación de las instituciones colectivas en mentideros es el peor de los males con el que debe acabarse a toda costa, cuanto antes y sin reparar en nada.

p La dirección colectiva no debe ir más allá de lo absolutamente indispensable, en cuanto al número de miembros de los consejos directivos y en lo referente a la gestión concreta de los asuntos, para suprimir los “discursos”, agilizar el intercambio de opiniones, reduciéndolo a la mutua información y a proposiciones prácticas precisas.

p Cada vez que para ello se presente la más mínima posibilidad, la dirección colectiva debe reducirse a una deliberación brevísima de las cuestiones, tratando sólo las más importantes, y en un consejo lo menos amplio posible, mientras que la dirección práctica de la institución, de la empresa, de la obra, de la tarea, debe encargarse a un solo camarada, conocido por su firmeza y energía, por su valor y capacidad de dirigir asuntos concretos y que goce de la mayor confianza. En todos los casos y en todas las circunstancias, sin excepción, la dirección colectiva debe ir acompañada de la más estricta responsabilidad, personal, que asumirá cada uno por el cumplimiento de una tarea exactamente definida. La falta de responsabilidad, encubierta con el pretexto de la dirección colectiva, es el mal más peligroso que amenaza a todos los que no tienen una gran experiencia en el trabajo práctico colectivo, y que en el terreno militar conduce continua e inevitablemente a la catástrofe, al caos, al pánico, a la pluralidad de poderes, a la derrota.

Un mal no menos peligroso es la inconstancia, el arbitrismo en materia de organización. La reorganización del trabajo, indispensable para la guerra, no debe llevar, en ningún caso, a la reorganización de instituciones y mucho menos a la creación precipitada de otras nuevas. Esto es absolutamente inadmisible, esto sólo lleva al caos. La reorganización del trabajo debe consistir en la clausura 242 temporal de las instituciones que no son absolutamente indispensables, o en la reducción hasta cierto punto de su personal. Pero todo el trabajo de ayuda a la guerra debe realizarse íntegra y exclusivamente a través de las instituciones militares ya existentes, mediante su reforma y fortalecimiento, ampliación y sostén. La formación de especiales "comités de defensa" o de "comités revolucionarios" o “revolucionario-militares” es admisible únicamente y en primer lugar como excepción; en segundo lugar, sólo con la aprobación de las autoridades militares correspondientes o de las autoridades supremas de los Soviets; en tercer lugar, con el cumplimiento obligatorio de dicha condición.

EXPLICAR AL PUEBLO LA VERDAD SOBRE KOLCHAK Y DENIKIN

p Kolchak y Denikin son los enemigos principales y los únicos enemigos serios de la República Soviética. Sin la ayuda que les presta la Entente (Inglaterra, Francia, EE.UU.), ya hace mucho que se hubiesen hundido. Solamente la ayuda de la Entente los convierte en una fuerza. Sin embargo, se ven obligados a engañar al pueblo, fingiendo de vez en cuando ser partidarios de la “democracia”, de la "Asamblea Constituyente”, del "gobierno del pueblo”, etc. Los mencheviques y eseristas se dejan engañar de muy buen grado.

p Ahora, la verdad sobre Kolchak (y Denikin es su hermano gemelo) está completamente al desnudo: fusilamiento de decenas de miles de obreros, incluso de mencheviques y eseristas; apaleamiento de campesinos en distritos enteros; fustigación pública de las mujeres; absoluta arbitrariedad de los oficiales, de los señoritos terratenientes; saqueo sin fin: tal es la verdad sobre Kolchak y Denikin. Incluso entre los mencheviques y los eseristas, que traicionaron a los obreros pasándose al campo de Kolchak y Denikin, es cada vez mayor el número de los que se ven obligados a reconocer esta verdad.

Es preciso plantear como tarea principal de toda la agitación y propaganda la de informar al pueblo acerca de estos hechos. Es preciso explicar que o quedan Kolchak y Denikin o queda el Poder soviético, el poder (la dictadura) de los obreros. No hay término medio ni puede haberlo. Es preciso utilizar sobre todo los testimonios que no procedan de los bolcheviques, sino de mencheviques, eseristas y sin partido que hayan estado en el territorio ocupado por Kolchak o Denikin. Que cada obrero y campesino sepa por qué se lucha y qué le espera en caso de vencer Kolchak o Denikin.

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LA LABOR ENTRE LOS LLAMADOS A FILAS

p Una de las preocupaciones principales debe ser ahora la labor a realizar entre los llamados a filas, para ayudar a la movilización, y el trabajo entre los ya movilizados. Los comunistas y simpatizantes de todos los lugares donde están concentrados los movilizados o donde hay guarniciones, especialmente batallones de reserva, etc., todos deben ser puestos en pie. Todos ellos, sin excepción, deben unirse y trabajar—unos diariamente, otros, por ejemplo, cuatro u ocho horas por semana—en ayuda de la movilización y entre los movilizados y los soldados de la guarnición local, entendiéndose que lo harán de una manera rigurosamente organizada, cada uno de ellos destinado a un trabajo adecuado por la organización local del partido y las autoridades militares.

p Los sin partido o los que pertenecen a algún partido que no sea el Partido Comunista, claro está que no se hallarán en condiciones de realizar algún trabajo ideológico contra Denikin o Kolchak. Pero no por eso hay que eximirlos de todo trabajo. Es necesario buscar todas las formas posibles para que la totalidad de la población (y en primer término los más pudientes de la ciudad y del campo) sea obligada a aportar su óbolo, de uno u otro modo, al trabajo de ayuda a la movilización o a los movilizados.

Entre las medidas de ayuda debe ocupar una categoría especial la de contribuir a la más rápida y mejor instrucción de los movilizados. El Poder soviético llama a filas a todos los ex oficiales, suboficiales, etc. El Partido Comunista y con él todos los simpatizantes y todos los obreros deben acudir en ayuda del Estado obrero y campesino, en primer lugar, contribuyendo por todos los medios a descubrir a los ex oficiales, suboficiales, etc., que eluden presentarse, y, en segundo lugar, formando, bajo el control de la organización del partido, y anejos a la misma, grupos integrados por quienes, teórica o prácticamente (por ejemplo, por haber participado en la guerra imperialista), cursaron la instrucción militar y están en condiciones de aportar su parte de utilidad.

LA LABOR ENTRE LOS DESERTORES

p Últimamente se observa un evidente viraje en la lucha contra los desertores. En numerosas provincias, los desertores han empezado a reincorporarse en masa al ejército, puede decirse sin exageración que los desertores afluyen en multitudes a las filas del Ejército Rojo. La causa de ello reside, en primer término, en que los camaradas militantes de nuestro partido realizan una labor más hábil y sistemática; y, en segundo término, en que los campesinos se 244 convencen cada vez más de que Kolchak y Denikin significan la instauración de un régimen peor aún que el régimen zarista, la restauración de la esclavitud para los obreros y campesinos, del sistema de apaleamientos, saqueo y atropellos por parte de los oficiales y los señoritos de la nobleza.

p Por eso mismo es preciso reforzar en todas partes y por todos los medios el trabajo entre los desertores y lograr la reincorporación de éstos al ejército. Esta es una de las tareas primordiales y más inmediatas.

A propósito: la posibilidad de influir sobre los desertores por medio de la persuasión y el éxito de esta labor demuestran que el Estado obrero, a diferencia del Estado de los terratenientes y los capitalistas, mantiene una actitud muy particular hacia los campesinos. El yugo del garrote o el del hambre es la única fuente de disciplina para estos dos últimos tipos de Estado. En cambio, para el Estado obrero, o sea, para la dictadura del proletariado, existe otra fuente de disciplina: la persuasión de los campesinos por parte de los obreros y la alianza fraternal entre ellos. Cuando se oye a testigos oculares referir que en tal o cual provincia (por ejemplo, en la de Riazán) se reincorporan voluntariamente millares y millares de desertores, que en los mítines los llamamientos a los "camaradas desertores" tienen a veces un éxito indescriptible, uno comienza a formarse la idea de cuan grandes son las fuerzas aún no utilizadas por nosotros que encierra esta alianza fraternal de los obreros y campesinos. El campesino padece un prejuicio que lo conduce tras el capitalista, tras el eserista, en pos del "comercio libre”; pero el campesino posee también un sano juicio que lo lleva cada vez más a la alianza con los obreros.

AYUDA DIRECTA AL EJERCITO

p Lo que más necesita nuestro ejército es abastecimiento: ropa, calzado, armas, municiones. En un país arruinado nos vemos obligados a hacer enormes esfuerzos para cubrir estas necesidades del ejército, mientras que sólo la ayuda que los saqueadorescapitalistas de Inglaterra, Francia y EE.UU. prestan abundantemente a Kolchak y Denikin salva a éstos del descalabro inevitable al que les llevaría un abastecimiento insuficiente.

p Sin embargo, por más arruinada que esté Rusia, posee todavía muchísimos recursos que no hemos utilizado aún, que a menudo no hemos sabido utilizar. Existen todavía muchos depósitos de material bélico no descubiertos o no revisados, muchas posibilidades de producción, frecuentemente no aprovechadas, en parte a causa del 245 sabotaje consciente de los funcionarios, en parte debido a los procedimientos dilatorios, a la rutina oficinesca, al desorden y a la torpeza, a todos estos "pecados del pasado”, que de un modo tan inevitable y cruel pesan sobre toda revolución que realiza un “salto” hacia un nuevo régimen social.

p La ayuda directa al ejército en este terreno es especialmente importante. Las instituciones encargadas de la misma tienen especial necesidad de ser “refrescadas”, de obtener la colaboración exterior y de contar con la iniciativa voluntaria, enérgica y heroica de los obreros y campesinos en las localidades donde radiquen.

p Es preciso exhortar con la mayor amplitud a todos los obreros y campesinos conscientes, a todos los colaboradores activos de los Soviets a poner de manifiesto esta iniciativa; es preciso ensayar en los diversos lugares y en los diferentes terrenos las formas más variadas de ayuda al ejército en este sentido. Aquí "se trabaja al estilo revolucionario" en mucho menor escala que en los demás terrenos, mientras que la necesidad de un "trabajo al estilo revolucionario" es aquí mucho mayor.

p Una de las partes integrantes de esta labor es recoger las armas a la población civil. En un país que ha sobrevivido cuatro años de guerra imperialista, y luego dos revoluciones populares, es natural y surgió como cosa inevitable el que los campesinos y la burguesía ocultasen muchísimas armas. Pero ahora, frente a la cruzada amenazadora de Denikin, es preciso combatir por todos los medios este fenómeno. Quien oculta o ayuda a ocultar armas, comete el crimen más grande contra los obreros y campesinos y merece ser fusilado, puesto que es culpable de la muerte de millares y millares de los mejores combatientes rojos, que muchas veces sucumben sólo por no tener bastantes armas en los frentes.

p Los camaradas de Petrogrado han sabido encontrar millares y millares de fusiles efectuando—de un modo estrictamente organizado—registros en vasta escala. Es preciso que el resto de Rusia no quede a la zaga de Petrogrado, sino que lo alcance y lo sobrepase, cueste lo que cueste.

p Por otra parte, no cabe duda de que la mayoría de las veces los fusiles los tienen escondidos los campesinos, y muy a menudo sin ninguna mala intención, sino simplemente movidos por la desconfianza inveterada hacia toda "organización estatal”, etc. Si hemos sabido hacer mucho, muchísimo (en las mejores provincias) por medio de la persuasión, de una agitación hábil, abordando las cosas como es debido, para lograr que los desertores regresen voluntariamente al Ejército Rojo, no hay motivo para dudar de que también se puede y se debe hacer otro tanto, si no más, para que sean devueltas voluntariamente las armas.

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¡Obreros y campesinos! ¡Buscad los fusiles escondidos y entregadlos al ejército! ¡Con ello os salvaréis de ser atropellados, apaleados en masa, saqueados y fusilados por Kolchak y Denikin!

REDUCIR EL TRABAJO NO MILITAR

p Para cumplir, aunque sea parcialmente, el trabajo esbozado más arriba, se necesitan nuevos y nuevos cuadros que sean, además, los más seguros, fieles y enérgicos entre los comunistas. ¿Y de dónde sacarlos, teniendo en cuenta las quejas generales sobre la escasez de tales cuadros o sobre su cansancio excesivo?

p No cabe duda de que estas quejas son en gran parte justas. Si alguien hiciese el cálculo exacto de lo reducido que era el sector de obreros de vanguardia y de comunistas que, con el apoyo y la simpatía de la masa obrera y campesina, ha gobernado a Rusia durante los últimos 20 meses, el resultado podría parecer completamente inverosímil. Y, sin embargo, hemos dirigido el país con inmenso éxito, creando el socialismo, superando dificultades inauditas, venciendo a los enemigos que surgían por todas partes y estaban directa o indirectamente vinculados a la burguesía. Y ya hemos vencido a todos los enemigos, a excepción de uno: la Entente, la burguesía imperialista de Inglaterra, Francia y EE.UU., burguesía de poderío mundial, aunque a este enemigo también le hemos roto ya un brazo: Kolchak; ahora sólo nos amenaza su otro brazo: Denikin.

p Las nuevas fuerzas obreras llamadas a dirigir el Estado, a cumplir las tareas de la dictadura del proletariado, crecen rápidamente: es la juventud obrera y campesina que se entrega al estudio cada vez con mayor pasión, entusiasmo y abnegación, digiriendo las nuevas impresiones del nuevo régimen, librándose de la costra de los viejos prejuicios, de los prejuicios capitalistas y democráticoburgueses, y forja en su seno a comunistas todavía más firmes que los de la vieja generación.

p Mas, por rápido que sea el crecimiento de este nuevo sector, por rápidamente que aprenda y madure bajo el fuego de la guerra civil y de la furiosa resistencia de la burguesía, no podrá proporcionarnos aún en los meses próximos cuadros preparados para la dirección del Estado. Y precisamente se trata de los meses próximos, del verano y otoño de 1919, puesto que es indispensable decidirla lucha contra Denikin y decidirla inmediatamente.

p A fin de obtener un gran número de cuadros formados, necesarios para fortalecer el trabajo militar, es preciso reducir toda una serie de ramas e instituciones del aparato soviético, que no son militares o, mejor dicho, que no son directamente militares, y reorganizar en este sentido (es decir, en el sentido de la reducción) 247 todas las instituciones y empresas que no son absolutamente indispensables.

p Tomemos, por ejemplo, la sección científico-técnica del Consejo Supremo de Economía Nacional. Se trata de una institución sumamente útil, indispensable para lograr la completa construcción del socialismo, para llevar a cabo una estadística y una distribución acertada de todas las fuerzas científicas y técnicas. Pero jes absolutamente necesaria una institución como ésta? Claro está que no. Dedicar a ella a hombres que pueden y deben ser utilizados inmediatamente en una labor comunista apremiante y absolutamente indispensable en el ejército y directamente para el ejército, sería en estos momentos un verdadero crimen.

p En el centro y en la periferia de nuestro país tenemos un número considerable de instituciones y delegaciones de este género. Aspirando a realizar por completo el socialismo, no podíamos dejar de acometer la organización inmediata de semejantes instituciones. Pero seríamos necios o criminales si ante la amenazadora expedición de Denikin no supiésemos reorganizar nuestras filas de tal modo que todo lo que no tenga un carácter absolutamente indispensable sea paralizado y reducido.

p Sin caer en el pánico ni en el caos en el terreno de organización, no debemos reestructurar o suprimir del todo empresa alguna, ni tampoco comenzar a crear nuevas instituciones, lo que es particularmente nocivo cuando se trabaja de prisa y corriendo. Debemos suspender por unos 3, 4 ó 5 meses el trabajo de toáoslas instituciones y sus secciones, en el centro y en la periferia, que no sean absolutamente indispensables; y si esto no fuese posible, reducirlas, aproximadamente por el mismo plazo, reducir lo máximo posible su trabajo, es decir, dejar sólo el mínimo de trabajo absolutamente imprescindible.

p Ya que nuestro objetivo principal es el de disponer inmediatamente de un gran número de comunistas o simpatizantes del socialismo preparados para el trabajo militar, que sean expertos, fieles y probados, podemos arriesgarnos a dejar temporalmente sin ningún comunista muchas de las instituciones (o sus secciones) cuyo trabajo reducimos considerablemente, dejándolas en manos de los colaboradores procedentes exclusivamente de la burguesía. El riesgo no es grande, puesto que sólo se trata de instituciones que no son absolutamente necesarias y el perjuicio que ocasione la reducción de sus actividades (semiparalizadas), aunque exista, será insignificante y de ningún modo funesto, mientras que la falta de fuerzas para la intensificación del trabajo militar, intensificación inmediata y considerable, puede causar nuestra ruina. Es preciso comprenderlo claramente y sacar todas las conclusiones debidas.

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Si cada uno de los dirigentes de los departamentos o de sus delegaciones provinciales o de distrito, etc.; si cada célula comunista, sin perder un instante, se plantea la pregunta: ;Es absolutamente indispensable tal o cual institución, tal o cual sección? ;Nos hundiremos, acaso, si paralizamos su trabajo o si lo reducimos en sus nueve décimas partes, dejándola sin ningún comunista? Si después de plantear así la cuestión se reduce rápida y enérgicamente el trabajo, se retira a los comunistas (junto con sus colaboradores, leales a carta cabal, del seno de los simpatizantes o de los sin partido), podremos obtener en el plazo más breve a centenares y centenares de trabajadores para las secciones políticas del ejército, para los puestos de comisarios, etc. Y entonces contaremos con grandes probabilidades de vencer a Denikin, como vencimos a Kolchak, que era más fuerte.

EL TRABAJO EN LAS ZONAS PRÓXIMAS AL FRENTE

p Durante las últimas semanas, las zonas inmediatas al frente, dentro de los límites de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, se han extendido muchísimo y han sufrido cambios excepcionalmente rápidos. Esto presagia o acompaña el momento decisivo de la guerra, la proximidad de su desenlace.

p Por una parte, la enorme zona próxima al frente cerca de los Urales y en los Urales se ha convertido en zona adyacente nuestra gracias a las victorias del Ejército Rojo, al desmoronamiento de Kolchak y al incremento de la revolución en los territorios que Kolchak ocupa. Por otra parte, una zona adyacente al frente y más extensa todavía se ha formado en las proximidades de Petrogrado y en el Sur, a causa de nuestras pérdidas de territorio, a causa de la gran aproximación del enemigo hacia Petrogrado y la invasión desde el Sur en Ucrania y el centro de Rusia.

p El trabajo en estas zonas adquiere especial importancia.

p En la región cercana a los Urales, donde el Ejército Rojo avanza con rapidez, entre los cuadros políticos del ejército, comisarios, miembros de las secciones políticas, etc., y asimismo entre los obreros y campesinos de aquellos lugares, surge el anhelo natural de establecerse en los poblados recuperados y realizar allí una labor soviética constructiva. Este es un deseo tanto más natural cuanto mayor es el cansancio de la guerra y más horrendo el cuadro de las devastaciones ocasionadas por Kolchak. Pero no hay nada más peligroso que la satisfacción de semejante deseo. Esto amenazaría con debilitar la ofensiva, con detenerla, y aumentaría las 249 probabilidades de que Kolchak se reponga. Por nuestra parte, sería un verdadero crimen frente a la revolución.

p ¡En ningún caso debe ser retirado del ejército del Oriente ni uno solo de sus trabajadores, por encima de lo necesario, para las tareas locales!   [249•*  ¡No se debe debilitar en modo alguno la ofensiva! El único camino para alcanzar una victoria completa consiste en la participación en la lucha de toda la población de la región vecina a los Urales y de los Urales mismos, población que ha conocido los horrores de la “democracia” de Kolchak, y en la continuación de la ofensiva sobre Siberia hasta la victoria completa de la revolución allí.

p Que la construcción en la zona cercana a los Urales y en los Urales se retrase y sea menos sólida por realizarla más débiles, jóvenes e inexpertas fuerzas puramente locales: no pereceremos por ello. Pero debilitar la ofensiva sobre los Urales y sobre Siberia equivale a perecer; debemos reforzar esta ofensiva con las fuerzas de los obreros sublevados en los Urales y de los campesinos de las regiones inmediatas a los Urales, que han conocido en su propio pellejo lo que significan las promesas “constituyentistas” del menchevique Maiski y del escrita Chernov y saben cuál es su verdadero contenido, esto es: Kolchak.

p Debilitar la ofensiva sobre los Urales y sobre Siberia significaría traicionar la revolución, traicionar la causa de la liberación de los obreros y campesinos del yugo de Kolchak.

p Trabajando en las zonas próximas al frente, zonas hace poco liberadas, es preciso recordar que la tarea principal allí consiste en granjearse la confianza en el Poder soviético, no sólo de los obreros, sino también de los campesinos; en explicarles con hechos la esencia del Poder soviético como poder de los obreros y campesinos; en tomar desde un principio el rumbo acertado, aprendido por el partido a base de la experiencia de veinte meses de trabajo. No debemos repetir en los Urales los errores cometidos a veces en la Rusia Central, errores que aprendemos rápidamente a no repetir.

p En la zona próxima al frente, junto a Petrogrado, y en la vasta zona que se ha extendido tan rápidamente y de un modo tan amenazante en Ucrania y en el Sur, es preciso ponerlo todo en pie de guerra, subordinando íntegramente todo el trabajo, todos los esfuerzos, todos los pensamientos a la guerra y solamente a la guerra. De otro modo no se puede rechazar la invasión de Denikin. Esto es evidente y esto hay que comprenderlo con claridad y llevarlo totalmente a la práctica.

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p Indiquemos de paso que una peculiaridad del ejército de Denikin consiste en la abundancia de oficiales y cosacos. Se trata de elementos que, sin contar con una fuerza de masas, son muy capaces de dar rápidos golpes de mano, de lanzarse a aventuras y empresas desesperadas, con el fin de sembrar el pánico y destruirlo todo por el placer de destruir.

p En la lucha contra semejante enemigo es preciso elevar al máximo la disciplina y la vigilancia militares. La falta de vigilancia o el desconcierto lo echarían todo a perder. Cada militante responsable del partido o de los Soviets debe tenerlo presente.

p ¡Disciplina militar en los asuntos militares y en todos los demás!

¡Vigilancia militar y severidad, firmeza en la aplicación de todas las medidas de precaución!

ACTITUD FRENTE A LOS MILITARES PROFESIONALES

p El monstruoso complot estallado en Krásnaya Gorka, que tenía por objeto entregar Petrogrado, plantea de nuevo con especial insistencia el problema de los militares profesionales y de combatir a la contrarrevolución en la retaguardia. No cabe duda de que la agravación de la situación militar y del abastecimiento provoca inevitablemente, y seguirá provocando en el futuro próximo, la intensificación de las intentonas contrarrevolucionarias (en el complot de Petrogrado participaron la organización Unión del resurgimiento de Rusia, los demócratas constitucionalistas, los mencheviques y los eseristas de derecha; los eseristas de izquierda también participaron, aunque sólo algunos). Es igualmente indudable que los militares profesionales darán en el tiempo próximo un elevado porcentaje de traidores, lo mismo que los kulaks, los intelectuales burgueses, los mencheviques y eseristas.

p Pero sería un error irreparable y una imperdonable falta de carácter plantear por tal causa la cuestión de modificar las bases de nuestra política militar. Nos traicionan y seguirán traicionando centenares y centenares de militares profesionales, a los que descubriremos y fusilaremos; pero con nosotros trabajan sistemáticamente y desde hace ya tiempo miles, decenas de miles de militares profesionales, sin los cuales no podría formarse el Ejército Rojo, que ha superado ya el período de la indisciplina de maldita memoria y ha sabido obtener brillantes triunfos en el Este. Hombres expertos que dirigen nuestro Departamento de Guerra indican con razón que allí donde se procede con mayor rigor en la aplicación de la política del partido con respecto a los militares profesionales y a la extirpación del espíritu de indisciplina; allí donde la disciplina es más firme, 251 donde la labor política entre las tropas y la actividad de los comisarios se realizan con el mayor cuidado, allí son menos, en suma, los militares profesionales deseosos de traicionar, allí son menores las posibilidades, para los que quieren traicionar, de llevar a cabo sus propósitos; allí no hay desidia en el ejército; sus formaciones y su moral son mejores y allí obtenemos más victorias. El espíritu de indisciplina, sus huellas, sus restos y supervivencias causaron a nuestro ejército y al de Ucrania muchas más calamidades, mayor disgregación, más derrotas, catástrofes, bajas y pérdidas de material de guerra que todas las traiciones de los militares profesionales.

p El Programa de nuestro partido, tanto en lo referente al problema de los especialistas burgueses en general como en particular en lo referente a una de sus variedades, los militares profesionales, ha determinado con entera exactitud la política del Partido Comunista. Nuestro partido lucha y seguirá "luchando implacablemente contra la presunción seudorradical, que, en realidad, no es sino ignorancia, de que los trabajadores podrán vencer al capitalismo y al régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos y sin pasar una larga escuela de trabajo al lado de los mismos".

p De suyo se comprende que, paralelamente, el partido no hará "ni la más mínima concesión política a esta capa burguesa”; el partido reprime e irá "reprimiendo implacablemente todos sus intentos contrarrevolucionarios”. Es natural que cuando semejantes " intentos" se descubren o se perfilan con mayor o menor grado de probabilidad, su "represión implacable" exige otras cualidades que el espíritu pausado y la prudencia del alumno, típicos de una "larga escuela" y que ésta educa en las personas. La contradicción entre la actitud de los hombres ocupados en la "larga escuela de trabajo al lado" de los militares profesionales y la de los entusiasmados con la tarea inmediata de "reprimir implacablemente los intentos contrarrevolucionarios" de los militares profesionales puede llevar fácilmente, y lleva, a rozamientos y conflictos. Lo mismo se refiere también a los imprescindibles traslados de personal, que a veces afectan a un gran número de militares profesionales, medida ocasionada por tal o cual caso de “intentos” contrarrevolucionarios y, con mayor razón, de conspiraciones importantes.

p Estos roces y conflictos los resolvemos y seguiremos resolviendo por vía de partido, exigiendo lo mismo de todas las organizaciones del partido e insistiendo en que no se toleren el menor detrimento en el trabajo práctico, la menor demora en la aplicación de las medidas necesarias, ni sombra de vacilación en la aplicación de los principios establecidos de nuestra política militar.

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p Si algunos órganos del partido se permiten tratar en tono falso a los militares profesionales (como lo ocurrido hace poco en Petrogrado) o si en algunos casos la "crítica" de los militares profesionales degenera en una evidente traba para el trabajo sistemático y tenaz relacionado con su utilización, el partido corrige en el acto e irá corrigiendo estos errores.

p El medio principal y fundamental para enmendarlos consiste en intensificar el trabajo político en el ejército y entre los sujetos a movilización, reforzar el trabajo de los comisarios en el ejército, mejorar la composición y la capacitación de los mismos; en que los comisarios realicen de hecho lo que el Programa del partido exige y que con demasiada frecuencia se cumple muy deficientemente, a saber: "concentración de un amplio control sobre los cuadros de mando (del ejército) en manos de la clase obrera”. La crítica de los militares profesionales desde fuera, los intentos de corregir las cosas por medio de “raids” es una obra demasiado fácil y, por eso, condenada al fracaso y nociva. Todos los que sienten su responsabilidad política, todos los que ven con dolor los defectos de nuestro ejército, que vayan a sus filas en calidad de soldados rojos o mandos, como delegados políticos y comisarios, que cada uno trabaje dentro de la organización militar—cualquier miembro del partido encontrará en ella función de acuerdo con sus aptitudes—para mejorarla.

El Poder soviético hace mucho ya que dedica la mayor atención a que los obreros, y después los campesinos, y sobre todo los comunistas, tengan la posibilidad de estudiar seriamente el arte militar. Esto se hace en una serie de establecimientos, instituciones, cursos, etc., pero está todavía bastante lejos de ser suficiente. La iniciativa personal, la energía personal deben aún hacer mucho en este sentido. Los comunistas deben aprender con especial aplicación el manejo de la ametralladora, de la artillería, de los carros blindados, etc., ya que en este terreno nuestro atraso es más sensible y aquí la superioridad del enemigo, que cuenta con un gran número de oficiales, es más considerable; en este terreno un militar profesional desleal puede ocasionarnos gran daño; aquí el papel del comunista es sumamente importante.

COMBATIR A LA CONTRARREVOLUCIÓN EN LA RETAGUARDIA

p Lo mismo que en julio del año pasado, la contrarrevolución levanta la cabeza en nuestra retaguardia, entre nosotros.

p La contrarrevolución—derrotada, pero lejos aún de ser aniquilada—se aprovecha, claro está, de las victorias de Denikin y de la 253 agravación de la crisis de abastecimiento. Y tras la contrarrevolución directa y franca, tras las centurias negras y los demócratas constitucionalistas, que son fuertes por sus capitales, por sus vínculos inmediatos con el imperialismo de la Entente, por comprender la inevitabilidad de la dictadura y por la capacidad de aplicarla (al estilo de Kolchak), en pos de ellos se arrastran, como siempre, los vacilantes, los faltos de carácter, los mencheviques y eseristas de derecha e izquierda, que encubren con bellas frases sus actos.

p ¡No cabe hacerse ningunas ilusiones a este respecto! Conocemos el "ambiente propicio" que engendra las intentonas contrarrevolucionarias, los motines, las conjuraciones, etc. Lo conocemos demasiado bien. Es el ambiente de la burguesía, de los intelectuales burgueses, de los kulaks en el campo, y de los elementos "sin partido" en todas partes, y además el de los eseristas y mencheviques. Es preciso extremar y multiplicar la vigilancia en torno a este ambiente. Es preciso multiplicar la vigilancia, porque los intentos contrarrevolucionarios por este lado son absolutamente inevitables, precisamente en el momento actual y en el futuro inmediato. En este ambiente es muy natural que se lleven a cabo reiterados intentos de hacer volar los puentes, de organizar huelgas, maquinaciones de espionaje de toda índole, etc. Todas las medidas de precaución, las más enérgicas, sistemáticas, repetidas, amplias e inesperadas, son absolutamente indispensables en todos los centros donde exista la más mínima posibilidad para este "caldo de cultivo" de contrarrevolucionarios.

p Con respecto a los mencheviques y los eseristas de derecha e izquierda es preciso tener en cuenta la última experiencia. En su “periferia”, entre el público que simpatiza con ellos, existe sin duda la tendencia a apartarse de Kolchak y Denikin para acercarse al Poder soviético. Hemos tenido en cuenta este hecho, y toda vez que se manifestaba en algo real, por nuestra parte hemos dado un cierto paso a su encuentro. No modificaremos de ningún modo esta política; v el número de "tránsfugas" del campo de los mencheviques y eseristas que tienden hacia Kolchak y Denikin, al campo de los mencheviques y eseristas que tienden hacia el Poder soviético, sin duda, hablando en términos generales, irá creciendo.

p Pero en el momento actual la democracia pequeñoburguesa encabezada por los eseristas y mencheviques—como siempre, falta de carácter e indecisa—, se arrima al sol que más calienta y se inclina hacia el vencedor, hacia Denikin. Esto es cierto sobre todo en lo que respecta a los "líderes políticos" de los eseristas de izquierda, de los mencheviques (como Mártov y Cía.), de los eseristas de derecha (como Chernov y Cía.) y en general de sus "grupos literarios”, cuyos miembros se sienten, además, profundamente agraviados por su 254 completa bancarrota política y, por lo tanto, apenas existe posibilidad de quitarles la "afición" a las aventuras contra el Poder soviético.

p No hay que dejarse engañar por las palabras y la ideología de sus líderes, por su honradez personal o su hipocresía. Esto tiene importancia para la biografía de cada uno de ellos, pero ninguna desde el punto de vista político, es decir, para las relaciones entre las clases, para las relaciones entre millones de personas. Mártov y Cía. "en nombre del Comité Central" condenan solemnemente a sus “activistas” y amenazan (¡siempre amenazan!) con expulsarlos del partido. Pero no por ello desaparece de ningún modo el hecho de que los “activistas” sean los más fuertes entre los mencheviques, que se escondan tras ellos y realicen su trabajo a favor de Kolchak y Denikin. Volski y Cía. condenan a Avxéntiev, Chernov y Cía., pero ello no impide en absoluto a estos últimos ser más fuertes que Volski, ni le impide a Chernov declarar: "Si no es por nosotros, y precisamente ahora, ¿por quiénes y cuándo serán derrocados los bolcheviques?" Los eseristas de izquierda pueden “actuar” de un modo “independiente”, sin acuerdo alguno con la reacción, con Chernov, pero de hecho son aliados de Denikin y peones en su juego, lo mismo que el difunto eserista de izquierda Muraviov, ex comandante en jefe, que por motivos "ideológicos" abrió el frente a los checoslovacos y a Kolchak.

p Mártov, Volski y Cía. se imaginan hallarse "por encima" de ambos bandos en lucha y creen ser capaces de formar un "tercer bando".

p Este deseo, incluso en el caso de que sea sincero, sigue siendo la ilusión de un demócrata pequeñoburgués, quien incluso ahora, 70 años después de 1848, no ha aprendido aún esta verdad elemental, a saber: en el ambiente del capitalismo sólo es posible la dictadura de la burguesía o la dictadura del proletariado y no hay lugar para la existencia de cualquier tercera solución. Los Mártov y Cía., por lo visto, morirán con esta ilusión. ¡Allá ellos! Nuestro deber es recordar que de hecho son inevitables las vacilaciones de tales elementos, que hoy están con Denikin y mañana con los bolcheviques. Y hoy es necesario hacer lo que exige el día de hoy.

p Nuestro deber es plantear directamente la cuestión: ¿qué es mejor? ¿Detener y encarcelar, y a veces incluso fusilar, a centenares de traidores del seno de los demócratas constitucionalistas, sin partido, mencheviques, eseristas, que “intervienen” (unos con las armas, otros conspirando y haciendo agitación contra la movilización, como los tipógrafos o ferroviarios mencheviques, etc.) contra el Poder soviético, es decir, a favor de Denikin’? O ¿permitir que las cosas lleguen al extremo de que Kolchak y Denikin puedan exterminar, 255 fusilar, apalear hasta dejar exánimes a decenas de miles de obreros y campesinos? La elección no es difícil.

p La cuestión se plantea así y solamente así.

Quien no lo haya comprendido hasta ahora, quien sea capaz de lamentarse de la “injusticia” de semejante decisión, es un hombre perdido que sólo merece ser puesto públicamente en ridículo o en la picota.

TODA LA POBLACIÓN EN PIE DE GUERRA

p La República Soviética es una fortaleza sitiada por el capital mundial. Podemos otorgar el derecho de utilizar esta fortaleza, en calidad de asilo contra Kolchak, y, en general, podemos otorgar el derecho de habitar en ella sólo a los que participan activamente en la guerra y nos ayudan por todos los medios. De aquí emana nuestro derecho y nuestro deber de movilizar a toda la población para la guerra: unos para el trabajo militar en el sentido directo y otros para cualquier actividad auxiliar relacionada con ella.

p Para efectuar plenamente esta movilización es preciso tener una organización ideal. Ya que nuestra organización estatal dista mucho de ser perfecta (cosa nada extraña, teniendo en cuenta su carácter reciente, nuevo, y las dificultades extraordinarias de su desarrollo), ponerse a realizar en este terreno, en amplia escala e inmediatamente algo completo o aunque sólo sea algo muy vasto, no sería más que un arbitrismo sumamente pernicioso en materia de organización.

p Pero es posible hacer muchísimo en el aspecto parcial para aproximarnos a lo ideal en este terreno, y la “iniciativa” de los funcionarios de nuestro partido, de los trabajadores de nuestros organismos soviéticos en este sentido está aún lejos, muy lejos de ser suficiente.

p Basta plantear aquí esta cuestión y requerir a los camaradas que le presten atención. Huelga hacer indicaciones o conjeturas concretas a este respecto.

p Sólo subrayamos que los demócratas pequeñoburgueses que más cerca están del Poder soviético y que, como de costumbre, se llaman socialistas, por ejemplo, algunos de los mencheviques "de izquierda”, etc., gustan de indignarse sobre todo por el método "bárbaro”, según ellos, de tomar rehenes.

p Que sigan indignándose. Pero la guerra no se puede hacer de otro modo, y, al agravarse los peligros, es indispensable ampliar y hacer más frecuente en todos los sentidos el empleo de este método. No es raro, por ejemplo, que los tipógrafos mencheviques o amarillos, que los ferroviarios de entre los empleados " administrativos" y especuladores clandestinos, que los kulaks y los pudientes de 256 las ciudades (y del campo) y otros elementos por el estilo, adopten ante la tarea de la defensa contra Kolchak y Denikin una actitud de indiferencia criminal e insolente sin límites, que llega incluso a convertirse en sabotaje. Es preciso hacer listas de semejantes grupos (u obligarlos a formar grupos entre sí con la responsabilidad mutua) y no sólo enviarlos a cavar trincheras, tal como se practica a veces, sino encargarles también de prestar una múltiple v variada ayuda material al Ejército Rojo.

Y cuando empleemos en forma más amplia, mejor y más variada dicho método, las tierras de los soldados rojos estarán mejor labradas, el abastecimiento de productos alimenticios, de tabaco y otros artículos de primera necesidad para los combatientes del Ejército Rojo estará mejor organizado y el peligro de muerte de millares y millares de obreros y campesinos, a causa de las diversas conspiraciones, etc., disminuirá considerablemente.

"TRABAJAR AL ESTILO REVOLUCIONARIO"

p Resumiendo lo expuesto más arriba, llegamos a una conclusión sencilla: se exige de todos los comunistas, de todos los obreros y campesinos conscientes, de todo el que no esté dispuesto a permitir la victoria de Kolchak y Denikin, que inmediatamente y en el curso de los próximos meses despliegue una energía extraordinaria, se exige "trabajar al estilo revolucionario".

p Si los ferroviarios de Moscú, los obreros calificados y los peones, hambrientos, cansados y exhaustos han podido en aras de la victoria sobre Kolchak y hasta el triunfo completo sobre él, implantar la práctica de los "sábados comunistas”, es decir, trabajar gratuitamente varias horas por semana y alcanzar durante ellas una productividad de trabajo jamás vista, muy superior a la ordinaria, esto demuestra que todavía se puede hacer mucho, que se puede hacer muchísimo.

p Y debemos hacerlo.

p Entonces triunfaremos.

p El Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia

p Publicado el 9 de julio de 1919 en el núm. 4 de "Izvestia del CC del PC(b) de Rusia".

T. 39, págs. 44-63.

* * *
 

Notes

[249•*]   ¡Sin extrema necesidad,en general, no deben ser sacados estos cuadros, sino que se debe enviar allí a los de las regiones centrales!