SOBRE LA CUESTIÓN AGRARIA^^153^^
(PARA EL II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA)
p El camarada Marchlewski ha expuesto admirablemente en su artículo las causas por las que la II Internacional, hoy Internacional amarilla, no sólo no ha sido capaz de determinar la táctica del proletariado revolucionario en la cuestión agraria, sino ni siquiera plantear este problema como es debido. Además, el camarada Marchlewski ha sentado las bases teóricas del programa agrario comunista de la III Internacional.
p Sobre estas bases se puede (y yo creo que se debe) elaborar la resolución general del congreso de la Internacional Comunista que ha de celebrarse el 15 de julio de 1920, en orden a la cuestión agraria.
p Las líneas que siguen a continuación constituyen el esbozo inicial de dicha resolución.
p 1. Sólo el proletariado urbano e industrial, dirigido por el Partido Comunista, puede librar a las masas trabajadoras rurales del yugo del capital y de la gran propiedad agraria de los terratenientes, de la ruina económica y de las guerras imperialistas, inevitables una y otra vez mientras se mantenga el régimen capitalista. Las masas trabajadoras del campo no tienen otra salvación que sellar una alianza con el proletariado comunista y apoyar abnegadamente su lucha revolucionaria para derribar el yugo de los terratenientes (grandes propietarios agrarios) y de la burguesía.
p Por otra parte, los obreros industriales no podrán cumplir su misión histórico-universal de liberar a la humanidad de la opresión del capital y de las guerras, si estos obreros se encierran en el marco de intereses estrechamente gremiales, estrechamente profesionales y se limitan, satisfechos, a preocupaciones con miras a mejorar su situación que a veces es tolerable desde el punto de vista pequeñoburgués. Esto es precisamente lo que ocurre en muchos países avanzados donde hay una "aristocracia obrera”, la cual constituye la base de los partidos seudosocialistas de la II Internacional, y que, en realidad, representa a los peores enemigos del socialismo, a quienes lo han traicionado, a los chovinistas pequeñoburgueses, a los agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero. El proletariado actúa como clase 444 verdaderamente revolucionaria, auténticamente socialista, sólo cuando en sus manifestaciones y actos procede como vanguardia de todos los trabajadores y explotados, como jefe de los mismos en la lucha para derribar a los explotadores, cosa que no puede ser llevada a cabo sin introducir la lucha de clases en el campo, sin agrupar a las masas de trabajadores rurales en torno al Partido Comunista del proletariado urbano, sin que éste eduque a aquéllas.
p 2. Las masas trabajadoras y explotadas del campo a las que el proletariado urbano debe conducir a la lucha o, cuando menos, atraerse, están representadas en todos los países capitalistas por las clases siguientes:
p En primer lugar, por el proletariado agrícola, los obreros asalariados (contratados por año, por temporada, por jornada), que ganan su sustento trabajando a jornal en empresas capitalistas agrícolas. La tarea fundamental de los partidos comunistas de todos los países consiste en organizar esta clase independientemente, aparte de los demás grupos de la población rural (en el terreno político, militar, sindical, cooperativo, cultural-educativo, etc.), desplegar entre ella una intensa propaganda y agitación, atraerla al lado del Poder soviético y de la dictadura del proletariado.
p En segundo lugar, por los semiproletarios o campesinos parcelarios, es decir, los que ganan su sustento, en parte, mediante el trabajo asalariado en empresas capitalistas agrícolas e industriales y, en parte, trabajando en la parcela propia o tomada en arriendo, lo que les suministra sólo cierta parte de los productos necesarios para la subsistencia de sus familias. Este grupo de la población trabajadora del campo es muy numeroso en todos los países capitalistas; los representantes de la burguesía y los “socialistas” amarillos de la II Internacional disimulan su existencia y su situación especial, engañando, en parte, conscientemente a los obreros y, en parte, cayendo ciegamente bajo la influencia de la rutina de las concepciones vulgares y confundiendo a estos trabajadores con la masa común de los “campesinos” en general. Semejante procedimiento de embaucar a la manera burguesa a los obreros se advierte, sobre todo, en Alemania y en Francia, luego en EE.UU., así como en otros países. Cuando los partidos comunistas organicen debidamente su labor, este grupo será su partidario seguro, porque la situación de estos semiproletarios es sumamente penosa y porque bajo el Poder soviético y la dictadura del proletariado sus ventajas serán enormes e inmediatas.
p En tercer lugar, por los pequeños campesinos, es decir, los pequeños labradores que poseen, ya sea como propiedad o tomada en arriendo, una parcela de tierra tan reducida, que, cubriendo las necesidades de sus familias y de su hacienda, no precisan contratar 445 jornaleros. Esta categoría, como tal, sale ganando de un modo absoluto con el triunfo del proletariado, el cual le garantiza en el acto y por completo: a) la supresión de los arriendos o la exención de la entrega de una parte de la cosecha (por ejemplo, los métayers —aparceros—en Francia, lo mismo que en Italia, etc.) a los grandes propietarios agrarios; b) la supresión de las hipotecas;
p c) la supresión de las múltiples formas de opresión y dependencia de los grandes propietarios agrarios (disfrute de los bosques, etc.);
p d) la ayuda inmediata a sus haciendas por parte del poder estatal proletario (la posibilidad de emplear los aperos de labranza y parte de las dependencias en las grandes haciendas capitalistas expropiadas por el proletariado; la transformación inmediata por el poder estatal proletario de las cooperativas y asociaciones agrícolas—que ante todo servían bajo el capitalismo a los campesinos ricos y medios—en organizaciones destinadas a ayudar, en primer término, a los campesinos pobres, es decir, a los proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, etc.), y otras muchas ventajas.
p A la par con esto, los partidos comunistas deben tener bien presente que en el período de transición del capitalismo al comunismo, o sea, durante la dictadura del proletariado, en este sector, a lo menos entre una parte de él, son inevitables las vacilaciones, en el sentido de tender a una libertad de comercio ilimitada, así como a tener libertad de ejercer los derechos de propiedad privada, pues este sector, siendo ya (si bien en pequeña parte) vendedor de artículos de consumo, está corrompido por la especulación y por los hábitos de propietario. Sin embargo, si el proletariado victorioso sigue una política firme, si ajusta resueltamente las cuentas a los grandes propietarios de la tierra y a los campesinos ricos, las vacilaciones de este sector no pueden ser considerables y no podrán cambiar el hecho de que, en su conjunto, se encontrará al lado de la revolución proletaria.
p 3. Los tres grupos señalados, en su conjunto, constituyen en todos los países capitalistas la mayoría de la población rural. Por eso, está completamente asegurado el éxito de la revolución proletaria no sólo en la ciudad, sino también en el campo. Está muy extendida la opinión contraria, pero ésta se mantiene únicamente, primero, porque la ciencia y la estadística burguesas emplean sistemáticamente el engaño, disimulando por todos los medios el profundo abismo que media entre las clases rurales indicadas y los explotadores, los terratenientes y capitalistas, así como entre los semiproletarios y los pequeños campesinos, por un lado, y los campesinos ricos, por otro; en segundo lugar, se mantiene debido a la incapacidad y a la falta de deseo de los "héroes" de la II Internacional amarilla y de la "aristocracia 446 obrera" de los países avanzados, corrompida por las prebendas imperialistas, de desarrollar una verdadera labor proletaria revolucionaria de propaganda, agitación y organización entre los campesinos pobres; los oportunistas dirigían y dirigen toda su atención a la tarea de inventar formas de conciliación teórica y práctica con la burguesía, incluyendo al campesino rico y medio (de éstos hablaremos más abajo), y no a la del derrocamiento revolucionario del gobierno burgués y de la burguesía por el proletariado; en tercer lugar, se mantiene debido a la incomprensión obstinada, que ya tiene el arraigo de un prejuicio (relacionado con todos los prejuicios democrático-burgueses y parlamentarios), de esta verdad, perfectamente demostrada por el marxismo en el terreno teórico y completamente confirmada por la experiencia de la revolución proletaria en Rusia, a saber: que la población rural de las tres categorías arriba señaladas, embrutecida hasta el extremo, desperdigada, oprimida, condenada en todos los países más avanzados a vegetar en condiciones de vida semibárbara, interesada desde el punto de vista económico, social y cultural en el triunfo del socialismo, es capaz de apoyar enérgicamente al proletariado revolucionario únicamente después de que éste conquiste el poder político, sólo después de que ajuste terminantemente las cuentas a los grandes terratenientes y a los capitalistas, sólo después de que estas gentes oprimidas vean en la práctica que tienen un jefe y un defensor organizado, bastante poderoso y firme para ayudar y dirigir, para señalar el camino acertado.
p 4. Por "campesinos medios”, en el sentido económico, debe entenderse a los pequeños agricultores que poseen, ya sea a título de propiedad o en arriendo, también pequeñas parcelas de tierra, si bien tales que, en primer lugar, proporcionan bajo el capitalismo, por regla general, no sólo el rendimiento necesario para sostener pobremente a su familia y su hacienda, sino también la posibilidad de obtener cierto excedente, que puede, por lo menos en los años mejores, convertirse en capital; tales que, en segundo lugar, permiten recurrir, en muchos casos (por ejemplo: en una hacienda de cada dos o tres), al empleo de mano de obra asalariada. Un ejemplo concreto de campesinado medio en un país capitalista avanzado lo ofrece en Alemania, según el censo de 1907, el grupo de explotaciones con 5 a 10 hectáreas, una tercera parte de las cuales emplean obreros asalariados [446•* . En Francia, país donde están más desarrollados los cultivos especiales, por ejemplo, la viticultura, que requieren mayor empleo de mano de obra, el 447 grupo correspondiente ha de emplear, probablemente, en mayores proporciones aún el trabajo asalariado.
p El proletariado revolucionario no puede acometer—por lo menos, en un porvenir inmediato y en los primeros tiempos del período de la dictadura del proletariado—la empresa de atraerse esta capa. Tiene que limitarse a la tarea de neutralizarla, es decir, de hacer que sea neutral en la lucha entre el proletariado y la burguesía. Las vacilaciones de este sector entre las dos fuerzas son inevitables, y al comienzo de la nueva época su tendencia predominante, en los países capitalistas desarrollados, será favorable a la burguesía. Porque aquí prevalecen la mentalidad y la mundivisión de propietarios; el interés por la especulación, por la “libertad” de comercio y de propiedad es inmediato; el antagonismo con los obreros asalariados es directo. El proletariado triunfante mejorará inmediatamente la situación de este sector, suprimiendo los arriendos y las hipotecas. En la mayoría de los Estados capitalistas el poder proletario no debe en manera alguna suprimir inmediata y completamente la propiedad privada; en todo caso, no sólo garantiza a los campesinos pequeños y medios la conservación de sus parcelas de tierra, sino que las aumenta hasta las proporciones de la superficie que ellos arriendan comúnmente (supresión de los arrendamientos).
p Las medidas de este género, juntamente con la lucha implacable contra la burguesía, garantizan por completo el éxito de la política de neutralización. El paso al cultivo colectivo debe ser llevado a cabo por el poder estatal proletario únicamente con las mayores precauciones y de un modo gradual, sirviéndose del ejemplo, sin ejercer coacción alguna sobre los campesinos medios.
p 5. Los campesinos ricos (Grossbauern) son los patronos capitalistas en la agricultura, que explotan su hacienda, como norma, contratando varios jornaleros; estos campesinos ricos sólo están relacionados con el “campesinado” por su nivel cultural poco elevado, por su modo de vivir, por su trabajo personal manual en su hacienda. Los campesinos ricos constituyen el sector más numeroso entre las capas burguesas, enemigas directas y decididas del proletariado revolucionario. En su labor en el campo, los partidos comunistas deben prestar la atención principal a la lucha contra este sector, a liberar a la mayoría de la población rural trabajadora y explotada de la influencia ideológica y política de estos explotadores, etc.
p Después del triunfo del proletariado en la ciudad será 448 completamente inevitable que surjan toda clase de manifestaciones de resistencia, de sabotaje y acciones armadas directas de carácter contrarrevolucionario por parte de este sector. Por esta razón el proletariado revolucionario debe iniciar inmediatamente la preparación ideológica y orgánica de las fuerzas necesarias para desarmar totalmente a este sector y, simultáneamente con el derrocamiento de los capitalistas en la industria, descargarle, en la primera manifestación de resistencia, el golpe más decisivo, implacable, aniquilador, armando para tal objeto al proletariado rural y organizando en el campo Soviets, en los cuales no se debe permitir que figuren los explotadores y debe asegurarse el predominio de los proletarios y semiproletarios.
p Sin embargo, la expropiación incluso de los campesinos ricos no debe ser en manera alguna la tarea inmediata del proletariado victorioso, pues no existen aún condiciones materiales, particularmente técnicas, como tampoco sociales, para socializar estas haciendas. En ciertos casos, probablemente excepcionales, se les confiscarán los lotes que ellos dan en arriendo o que sean imprescindibles para los campesinos pobres de la vecindad; a estos también habrá que garantizarles el usufructo gratuito, bajo determinadas condiciones, de una parte de la maquinaria agrícola de los campesinos ricos, etc. Pero, como regla general, el poder estatal proletario debe dejar sus tierras a los campesinos ricos, confiscándolas solamente si oponen resistencia al poder de los trabajadores y explotados. La experiencia de la revolución proletaria de Rusia, donde la lucha contra los campesinos ricos se complicó y prolongó debido a una serie de condiciones especiales, ha demostrado, a pesar de todo, que este sector, después de recibir una buena lección al menor intento de resistencia, es capaz, de cumplir lealmente las tareas que le asigna el Estado proletario e incluso, si bien con extraordinaria lentitud, comienza a penetrarse de respeto hacia el poder que defiende a todo trabajador y que se muestra implacable frente a los ricos parasitarios.
p Las condiciones especiales que han complicado y frenado la lucha del proletariado, triunfante sobre la burguesía, contra los campesinos ricos de Rusia se reducen principalmente a que la revolución rusa, después de la insurrección del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, pasó por una fase de lucha "democrática general”, es decir, en su base, democrático-burguesa, de todo el campesinado en su conjunto contra los terratenientes; luego, a la debilidad cultural y numérica del proletariado urbano; por último, a las enormes extensiones del país y al pésimo estado de sus vías de comunicación. Por cuanto en los países adelantados no existe este freno, el proletariado revolucionario de Europa y de 449 Norteamérica debe preparar más enérgicamente y terminar con mayor rapidez, decisión y éxito el triunfo completo sobre la resistencia de los campesinos ricos, arrebatarles la menor posibilidad de oponer resistencia. Esto es absolutamente imprescindible, ya que antes de obtener este triunfo completo, definitivo, las masas de proletarios y semiproletarios rurales y de pequeños campesinos no estarán en condiciones de reconocer como completamente afianzado el poder estatal proletario.
p 6. El proletariado revolucionario debe proceder a la confiscación inmediata y absoluta de todas las tierras de los terratenientes y grandes latifundistas, es decir, de quienes en los países capitalistas explotan de un modo sistemático, ya directamente o por medio de sus arrendatarios, a los obreros asalariados y a los pequeños campesinos (a menudo incluso a los campesinos medios) de los términos vecinos, sin tomar ellos parte alguna en el trabajo manual, y pertenecen en su mayor parte a familias descendientes de los señores feudales (nobleza en Rusia, Alemania, Hungría; señores restaurados en Francia; lores en Inglaterra; antiguos esclavistas en Norteamérica), o a los magnates financieros particularmente enriquecidos, o bien a una mezcla de estas dos categorías de explotadores y parásitos.
p En las filas de los partidos comunistas no se debe admitir en modo alguno la propaganda o la aplicación de una indemnización a favor de los grandes terratenientes por las tierras expropiadas, porque en las condiciones actuales de Europa y de Norteamérica esto significaría una traición al socialismo y una carga de nuevos tributos sobre las masas trabajadoras y explotadas, que son las que más han sufrido a causa de la guerra, la cual ha multiplicado el número de millonarios y aumentado sus riquezas.
p En cuanto al modo de explotación de las tierras confiscadas por el proletariado triunfante a los grandes terratenientes, Rusia, debido a su atraso económico, ha llevado a cabo con preferencia el reparto de estas tierras, entregándolas en usufructo a los campesinos; sólo en casos relativamente raros, el Estado proletario ha mantenido las llamadas "haciendas soviéticas”, dirigiéndolas por su cuenta y transformando a los antiguos jornaleros en obreros que trabajan por encargo del Estado y en miembros de los Soviets que administran el Estado. En los países capitalistas avanzados, la Internacional Comunista reconoce justo el mantener preferentemente las grandes empresas agropecuarias y la explotación cíe las mismas según el tipo de las "haciendas soviéticas" de Rusia.
p Sería, sin embargo, un gravísimo error exagerar o estereotipar esta norma y no admitir nunca la entrega gratuita de una parte de la tierra de los expropiadores expropiados a los pequeños
450 campesinos y a veces hasta a los campesinos medios de los términos vecinos.p En primer lugar, la objeción habitual, consistente en aducir que las grandes explotaciones agrícolas son técnicamente superiores, se reduce con frecuencia a sustituir una verdad teórica indiscutible por el oportunismo de la peor especie y por la traición a la revolución. Para asegurar el éxito de esta revolución, el proletariado no tiene derecho a detenerse ante la disminución momentánea de la producción, así como no se detuvieron los burgueses enemigos del esclavismo en EE.UU. ante la reducción temporal de la producción del algodón a consecuencia de la guerra civil de 1863-1865. Para los burgueses la producción es un fin en sí, pero a los trabajadores y explotados les importa más que nada derrocar a los explotadores y asegurar las condiciones que les permitan trabajar para sí mismos y no para el capitalista. La tarea primordial y fundamental del proletariado consiste en garantizar y afianzar su triunfo. Y no puede haber afianzamiento del poder proletario sin neutralizar a los campesinos medios y sin asegurarse el apoyo de una parte bastante considerable de los pequeños campesinos, si no de su totalidad.
p En segundo lugar, no sólo el aumento, sino aun el mantenimiento de la gran producción agrícola supone la existencia de un proletariado rural completamente desarrollado, con conciencia revolucionaria, que haya cursado una escuela sólida en el sentido profesional, político y de organización. Donde falta esta condición o donde no existe la posibilidad de confiar con provecho esta misión a obreros industriales conscientes y competentes, las tentativas de un paso prematuro a la dirección de las grandes explotaciones por el Estado no pueden sino comprometer el poder proletario, y se requiere sumo cuidado y la más sólida preparación en la creación de "haciendas soviéticas".
p En tercer lugar, en todos los países capitalistas, aun en los más avanzados, subsisten todavía restos de explotación medieval, semifeudal, de los pequeños campesinos de los alrededores por los grandes terratenientes, como, por ejemplo, los Instleute [450•* en Alemania, los métayers en Francia, los aparceros-arrendatarios en EE.UU. (no solamente los negros, los cuales son explotados en la mayoría de los casos en los Estados del Sur precisamente de este modo, sino a veces hasta los blancos). En casos como éstos, el Estado proletario tiene el deber de entregar las tierras en usufructo gratuito a los pequeños campesinos que las llevaban en arriendo, porque no existe otra base económica y técnica, ni hay posibilidad de crearla de golpe y porrazo.
451p Los bienes de las grandes explotaciones deben ser sin falta confiscados y convertidos en patrimonio del Estado, con la condición expresa de que, después de asegurar con estos bienes a las grandes haciendas del Estado, los pequeños campesinos de los alrededores puedan utilizarlos gratuitamente, observando las condiciones que fije el Estado proletario.
p Si en los primeros momentos, después de llevarse a cabo la revolución proletaria, es absolutamente indispensable no sólo expropiar sin dilación a los grandes terratenientes, sino hasta expulsarlos totalmente o internarlos, como dirigentes de la contrarrevolución y como opresores despiadados de toda la población rural, a medida que se afiance el poder proletario no sólo en la ciudad, sino también en el campo, es preciso tender sin falta de un modo sistemático a que las fuerzas con que cuenta esta clase, poseedoras de una gran experiencia, de conocimientos y de capacidad de organización, sean aprovechadas (bajo un control especial de obreros comunistas segurísimos) en la creación de la gran agricultura socialista.
p 7. Ea victoria del socialismo sobre el capitalismo y el afianzamiento del primero no podrán ser considerados como seguros sino cuando el poder estatal proletario, una vez aplastada definitivamente toda resistencia de los explotadores, garantizadas la absoluta estabilidad y la subordinación completa a su régimen, reorganice toda la industria sobre la base de la gran producción colectiva y de la técnica moderna (basada en la electrificación de toda la economía). Esto es lo único que permitirá a la ciudad prestar a la aldea atrasada y dispersa una ayuda decisiva, de orden técnico y social, con miras a crear la base material para elevar en vasta escala la productividad del trabajo agrícola y del trabajo agropecuario en general, estimulando así con el ejemplo a los pequeños labradores a pasar, en su propio beneficio, a la gran agricultura colectiva y mecanizada. Esta verdad teórica incontestable, que todos los socialistas reconocen nominalmente, en la práctica es deformada por el oportunismo, que predomina tanto en la II Internacional amarilla como entre los líderes de los " independientes" alemanes e ingleses, lo mismo que entre los longuetistas franceses, etc. La deformación consiste en fijar la atención en un futuro hermoso, de color de rosa, relativamente lejano, y en apartarla de las tareas inmediatas que son impuestas por el paso y el acercamiento concreto y difícil a ese futuro. En la práctica, esto se reduce a preconizar la conciliación con la burguesía y la "paz social”, es decir, a la traición completa al proletariado, el cual lucha actualmente en condiciones de ruina económica y depauperación sin precedentes, creadas en todas partes por la guerra, en 452 condiciones de escandaloso enriquecimiento y desvergüenza de un puñado de millonarios, que lo son precisamente gracias a la guerra.
p Justamente en el campo, la posibilidad efectiva ’de una lucha victoriosa por el socialismo reclama: primero, que todos los partidos comunistas eduquen en el proletariado industrial la conciencia de que son indispensables sacrificios de su parte y de que debe estar dispuesto a aportar esos sacrificios en aras del derrocamiento de la burguesía y de la consolidación del poder proletario, pues la dictadura del proletariado significa tanto la capacidad de éste para organizar y conducir a todas las masas trabajadoras y explotadas, como la capacidad de la vanguardia de hacer los mayores sacrificios y demostrar el mayor heroísmo para conseguir este objetivo; en segundo lugar, para lograr el éxito, se requiere que la masa trabajadora y más explotada del campo obtenga del triunfo de los obreros inmediatas y sensibles mejoras en su situación a expensas de los explotadores, pues sin ello el proletariado industrial no tiene asegurado el apoyo del campo y, de modo particular, no podrá de otra manera asegurar el abastecimiento de las ciudades.
p 8. La enorme dificultad de organizar y educar para la lucha revolucionaria a las masas trabajadoras del campo, colocadas por el capitalismo en condiciones de particular embrutecimiento, de dispersión y, a menudo, de dependencia semimedieval, impone a los partidos comunistas el deber de prestar una atención especial a la lucha huelguística en el campo, al apoyo intenso y al desarrollo múltiple de las huelgas de masas entre los proletarios y semiproletarios agrícolas. La experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917, confirmada y ampliada ahora por la experiencia de Alemania y de otros países avanzados, demuestra que sólo el desarrollo de la lucha huelguística de las masas (a la cual, en ciertas condiciones, pueden y deben ser incorporados en el campo también los pequeños campesinos) es capaz de sacar al campo de su letargo, despertar entre las masas explotadas del agro la conciencia de clase, así como la conciencia de la necesidad de organizarse como clase, y revelar ante ellas, de un modo patente y práctico, la importancia de su alianza con los obreros de la ciudad. El Congreso de la Internacional Comunista estigmatiza como traidores y felones a los socialistas—con los que cuentan, desgraciadamente, no sólo la II Internacional amarilla, sino también los tres partidos más importantes de Europa que se han retirado de ella—que no sólo son capaces de mostrarse indiferentes ante la lucha huelguística en el campo, sino incluso de manifestarse en contra de la misma (como lo ha hecho C. Kautsky), alegando que entraña el peligro de una disminución de 453 la producción de artículos de consumo. Todo programa y toda declaración solemne carecen de valor si en la práctica, en los hechos, no se demuestra que los comunistas y los dirigentes obreros saben colocar por encima de todas las cosas el desarrollo y el triunfo de la revolución proletaria y saben hacer en su nombre los más grandes sacrificios, porque de lo contrario no hay salida ni salvación del hambre, de la ruina económica y de nuevas guerras imperialistas.
p En particular, es preciso señalar que los dirigentes del viejo socialismo y los representantes de la "aristocracia obrera”, que en el presente hacen a menudo concesiones verbales al comunismo e incluso se pasan nominalmente a su lado con tal de conservar su prestigio entre las masas obreras que se radicalizan rápidamente, deben probar su lealtad a la causa del proletariado y su capacidad de ocupar cargos de responsabilidad, precisamente en ramas de trabajo en que el desarrollo de la conciencia y de la lucha revolucionarias es más acentuado; en que la resistencia de los terratenientes y de la burguesía (campesinos ricos, kulaks) es más encarnizada; en que la diferencia entre el socialista conciliador y el comunista revolucionario se manifiesta con mayor evidencia.
p 9. Los partidos comunistas deben empeñar todos los esfuerzos para empezar lo más pronto posible a crear en el campo Soviets de diputados, en primer término, de los obreros asalariados y de los semiproletarios. Únicamente a condición de estar vinculados a la lucha huelguística de masas y a la clase más oprimida, los Soviets serán capaces de cumplir su cometido y de afianzarse lo bastante para poder someter a su influencia (y luego incorporar a su seno) a los pequeños campesinos. Pero si la lucha huelguística no está desarrollada aún y es débil la capacidad de organización del proletariado rural, debido al peso de la opresión de los terratenientes y campesinos ricos y a la falta de apoyo por parte de los obreros industriales y de sus sindicatos, la creación de Soviets de diputados en el campo reclama una prolongada preparación: habrá que crear células comunistas, aunque sean pequeñas, desarrollar una intensa agitación exponiendo las reivindicaciones del comunismo del modo más popular posible y explicándolas con el ejemplo de las manifestaciones más hirientes de la explotación y de la opresión, organizar visitas sistemáticas de los obreros industriales al campo, etc.
p Escrito en junio-julio de 1920.
p Publicado el 20 de julio de 1920 en el núm. 12 de la revista I-ft IntrrnfKioniil (.omntñsla".
Notes
[446•*] Damos cifras exactas: el número de explotaciones con 5 a 10 hectáreas era de 652.798 (sobre un total de 5.736.082); tenían 487.704 jornaleros de toda clase, habiendo 2.003.633 obreros de la familia (Familienangehiirige). En Austria, según el censo de 1902, había en este grupo 383.331 explotaciones, de las cuales 126.136 empleaban trabajo asalariado; 146.044 jornaleros y 1.265.969 obreros de la familia. El total de las explotaciones era en Austria de 2.856.349.
[450•*] Arrendatarios. (JV. /le la I-’.tlit.)
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