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ESBOZO INICIAL DE LAS TESIS
SOBRE LOS PROBLEMAS NACIONAL
Y COLONIAL^^151^^
 

(PARA EL II CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA)

p Al someter al examen de los camaradas el siguiente proyecto de tesis sobre los problemas nacional y colonial para el II Congreso de la Internacional Comunista, ruego a todos, y en particular a los que tienen un conocimiento concreto de uno u otro de estos complejísimos problemas, que den su opinión o presenten sus enmiendas, adiciones o aclaraciones concretas en la forma más concisa (dos o tres páginas a lo sumo), sobre todo en lo que respecta a las cuestiones siguientes:

p Experiencia de Austria.
Experiencia polaco-hebrea y ucraniana.
Alsacia-Lorena y Bélgica.
Irlanda.
Relaciones germano-danesas, Ítalo-francesas e Ítalo-eslavas.
Experiencia balcánica.
Pueblos de Oriente.
Lucha contra el panislamismo ^^152^^.
Relaciones en el Cáucaso.
Repúblicas de Bashkiria y Tartaria.
Kirguizistán.
Turquestán, su experiencia.
Negros en América.
Colonias.
China-Corea-Japón.

p 5. VI. 1920. N.Lemn

p 1. A la democracia burguesa, por su naturaleza misma, le es propio un modo abstracto o formal de plantear el problema de la igualdad en general, incluyendo la igualdad nacional. La democracia burguesa proclama, a título de igualdad de la personalidad en general, la igualdad formal o jurídica entre el propietario y el proletario, entre el explotador y el explotado, con lo que induce al mayor error a las clases oprimidas. La idea de la igualdad, que es por sí misma un reflejo de las relaciones de la producción mercantil, viene a ser en manos de la burguesía una arma de lucha 437 contra la supresión de las clases, bajo el pretexto de un-, pretendida igualdad absoluta de las personas. El verdadero senddo de la reivindicación de la igualdad no consiste sino en exigir la supresión de las clases. g

p 2. De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y desenmascarar su falsedad e hipocresía el Partido Comunista, interprete consciente de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, debe en7o referente al problema nacional centrar también su atención no en los principios Abstractos o formales, sino: 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) en destacar los intereses de las clases oprimidas de

p rLiHraH T?°reS’ dC 10S exP’otados> distinguiéndolos con toda claridad del concepto general de intereses de toda la nación en su conjunto, que significa los intereses de la clase dominante- 3) en establecer también una neta diferencia entre naciones oprimidas dependientes, carentes de igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democratico-burguesa, que encubre la esclavización colonial y fmanciera -propia de la época del capital financiero y del .mpenalismo- de la enorme mayoría de la población de la Tierra por una insignificante minoría de países capitalistas adelantados y muy ricos.

p ii^uu» y

p 3. La guerra imperialista de 1914-1918 ha puesto de relieve con particular claridad ante todas las naciones y ante las clases opnrmdas del mundo entero la mendacidad de la fraseología democratico-burguesa, demostrando en la práctica que el tratado de Versalles dictado por las decantadas "democracias occidentales" Constituye una violencia aún más feroz e infame sobre las naciones débiles que el tratado de Brest-Litovsk, impuesto por los junkers alemanes y el kaiser. La Sociedad de Naciones, así como toda la política de posguerra de la Entente, pone de manifiesto con mayor cadencia y de un modo más tajante aún esta verdad, incrementando en todas partes la lucha revolucionaria, tanto del proletariado de los países avanzados, como de todas las masas trabajadoras de las colomas y de los países dependientes, y acelerando el desmoronamiento de ]as fusiones nacionales pequeñoburguesas obre la posibilidad de la convivencia pacífica y de la igualdad de las naciones bajo el capitalismo.

p 4. De los principios básicos arriba expuestos se desprende que la piedra angular de toda la política de la Internacional Comunista, en lo que al problema nacional y colonial se refiere debe cons,stir en acercar a los proletarios y a las masas trabajadoras de todas las naciones y de todos los países para la 438 lucha revolucionaria común por el derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía, ya que sólo un acercamiento de este tipo garantiza el triunfo sobre el capitalismo, sin el cual es imposible suprimir la opresión y la desigualdad nacionales.

p 5. La situación política mundial ha planteado ahora a la orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte, a los movimientos de los obreros de vanguardia de todos los países en pro del régimen soviético, y, de otra parte, a todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los pueblos oprimidos, que se convencen por amargura y experiencia de que no existe para ellos otra salvación que el triunfo del Poder de los Soviets sobre el imperialismo mundial.

p 6. Por tanto, en la actualidad no hay que limitarse a reconocer o proclamar simplemente el acercamiento entre los trabajadores de las distintas naciones, sino que es preciso aplicar una política que lleve a cabo la unión más estrecha entre todos los movimientos de liberación nacional y colonial con la Rusia Soviética, haciendo que las formas de esta unión estén en consonancia con el grado de desarrollo del movimiento comunista en el seno del proletariado de cada país o del movimiento democrático-burgués de liberación de los obreros y campesinos en los países atrasados o entre las nacionalidades atrasadas.

p 7. La federación es la forma de transición a la unidad completa entre los trabajadores de las diversas naciones. El principio federativo ha revelado ya en la práctica su conveniencia, tanto en las relaciones entre la República Socialista Federativa Soviética de Rusia y las otras repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia, de Letonia, en el pasado, y de Azerbaidzhán y de Ucrania, en el presente), como dentro de la misma RSFSR en lo referente a las nacionalidades que anteriormente carecían de Estado propio y de autonomía (por ejemplo, las repúblicas autónomas de Bashkiria y de Tartaria dentro de la RSFSR, fundadas en 1919 y 1920, respectivamente).

p 8. En este sentido, la tarea de la Internacional Comunista consiste en seguir desarrollando estas nuevas federaciones que surgen a base del régimen soviético y del movimiento soviético, estudiándolas y comprobándolas en la práctica. Al reconocer la federación como forma de transición a la unidad completa, es necesario tender a estrechar cada vez más la unión federativa, teniendo presente, en primer lugar, que sin la alianza más estrecha 439 de las repúblicas soviéticas es imposible salvaguardar la existencia de éstas dentro del cerco de las potencias imperialistas de todo el mundo, incomparablemente más poderosas en el sentido militar; en segundo lugar, que es imprescindible una estrecha alianza económica de las repúblicas soviéticas, sin lo cual no es posible restablecer las fuerzas productivas destruidas por el imperialismo ni asegurar el bienestar de los trabajadores, y, en tercer lugar, la tendencia a crear una economía mundial única, regulada según un plan general por el proletariado de todas las naciones, tendencia que ya se ha revelado con plena nitidez bajo el capitalismo y que sin duda alguna debe seguir desarrollándose hasta llegar a realizarse por completo bajo el socialismo.

p 9. En el terreno de las relaciones internas del Estado, la política nacional de la Internacional Comunista no puede circunscribirse a un simple reconocimiento formal, puramente declarativo y que prácticamente no obliga a nada, de la igualdad de las naciones, cosa que hacen los demócratas burgueses, ya se presenten francamente como tales o se encubran con el título de socialistas, como hacen los socialistas de la II Internacional.

p No basta con que en toda la obra de agitación y propaganda de los partidos comunistas—tanto desde la tribuna parlamentaria como fuera de la misma—se denuncien implacablemente las continuas violaciones de la igualdad de las naciones y de las garantías de los derechos de las minorías nacionales en todos los Estados capitalistas, a despecho de sus constituciones " democráticas”. Es preciso, además, 1) explicar constantemente que el régimen soviético es el único capaz de proporcionar realmente la igualdad de derechos de las naciones, unificando primero al proletariado y luego a toda la masa de los trabajadores en la lucha contra la burguesía y 2) que todos los partidos comunistas presten una ayuda directa al movimiento revolucionario en las naciones dependientes o en las que no gozan de igualdad de derechos (por ejemplo, en Irlanda, entre los negros de EE.UU., etc.) y en las colonias.

p Sin esta última condición, de suma importancia, la lucha contra la opresión de las naciones dependientes y de las colonias, lo mismo que el reconocimiento de su derecho a separarse y formar un Estado aparte, siguen siendo un rótulo embustero, como lo vemos en los partidos de la II Internacional.

p 10. El reconocimiento verbal del internacionalismo y su sustitución efectiva, en toda la propaganda, la agitación y la labor práctica, por el nacionalismo y el pacifismo pequeñoburgueses constituye el fenómeno más común no sólo entre los partidos de la II Internacional, sino también entre los que se retiraron de esta 440 organización y, a menudo, incluso entre los que ahora se llaman partidos comunistas. La lucha contra este mal, contra los prejuicios nacionales pequeñoburgueses más arraigados, adquiere tanta mayor importancia cuanto mayor es la palpitante actualidad de la tarea de transformar la dictadura del proletariado, convirtiéndola de nacional (es decir, existente en un solo país e incapaz de determinar la política mundial) en internacional (es decir, en dictadura del proletariado existente, cuando menos, en varios países avanzados y capaz de tener una influencia decisiva sobre toda la política mundial). El nacionalismo pequeñoburgués llama internacionalismo al mero reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones (que tiene un carácter puramente verbal), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto que el internacionalismo proletario exige: 1) la subordinación de los intereses de la lucha proletaria en un país a los intereses de esta lucha en escala mundial; 2) que la nación que ha conquistado el triunfo sobre la burguesía sea capaz y esté dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento del capital internacional.

p Así pues, en los Estados ya completamente capitalistas, en los que actúan partidos obreros que son la verdadera vanguardia del proletariado, la tarea esencial y primordial consiste en luchar contra las deformaciones oportunistas y pacifistas pequeñoburguesas de la concepción y política del internacionalismo.

p 11. En lo referente a los Estados y a las naciones más atrasados, donde predominan las relaciones feudales o patriarcales y patriarcal-campesinas, es preciso tener presente, sobre todo:

p 1) la necesidad de que todos los partidos comunistas ayuden al movimiento democrático-burgués de liberación en esos países; el deber de prestar la ayuda más activa incumbe, en primer término, a los obreros del país del cual la nación atrasada depende en el aspecto financiero o como colonia;

p 2) la necesidad de luchar contra el clero y los demás elementos reaccionarios y medievales que ejercen influencia en los países atrasados;

p 3) la necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y norteamericano con el fortalecimiento de las posiciones de los kanes, de los terratenientes, de los mollahs, etc.;

p 4) la necesidad de apoyar especialmente el movimiento campesino en los países atrasados contra los terratenientes, contra la gran propiedad agraria, contra toda clase de manifestaciones o de resabios del feudalismo, y esforzarse por dar al movimiento 441 campesino el carácter más revolucionario, estableciendo la alianza más estrecha posible entre el proletariado comunista de Europa Occidental y el movimiento revolucionario de los campesinos en Oriente, en las colonias y en los países atrasados en general; es preciso, en particular, concentrar todos los esfuerzos en la aplicación de los postulados fundamentales del régimen soviético a los países en que dominan las relaciones precapitalistas, creando "Soviets de trabajadores”, etc.;

p 5) la necesidad de luchar resueltamente contra la tendencia a teñir de color comunista las corrientes democrático-burguesas de liberación en los países atrasados; la Internacional Comunista debe apoyar los movimientos nacionales democrático-burgueses en las colonias y los países atrasados sólo a condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios—comunistas no sólo de nombre—se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados para adquirir plena conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus respectivas naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de las colonias y de los países atrasados, pero no fusionarse con ella, sino mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario, incluso en sus formas más rudimentarias;

p 6) la necesidad de explicar infatigablemente y denunciar de continuo ante las grandes masas trabajadoras de todos los países, y en particular de los atrasados, el engaño a que recurren de modo sistemático las potencias imperialistas, las cuales crean, bajo el aspecto de Estados políticamente independientes, Estados completamente sojuzgados por ellos en el sentido económico, financiero y militar; en la situación internacional presente, no hay para las naciones dependientes y débiles otra salvación que la unión de repúblicas soviéticas.

p 12. La opresión secular de las colonias y de los pueblos débiles por las potencias imperialistas ha despertado en las masas trabajadoras de los países oprimidos no sólo rencor, sino también desconfianza hacia las naciones opresoras en general, comprendido el proletariado de estas naciones. La vil traición al socialismo por parte de la mayoría de los líderes oficiales de este proletariado durante los años de 1914 a 1919, cuando de modo socialchovinista encubrían con la "defensa de la patria" la defensa del “derecho” de "su propia" burguesía a oprimir a las colonias y a expoliar a los países dependientes en el sentido financiero, no ha podido dejar de acentuar esta desconfianza completamente legítima. Por otra parte, cuanto más atrasado es un país tanto más fuertes son en él la pequeña producción agrícola, el estado patriarcal y el 442 aislamiento, que proporcionan de modo inevitable un vigor y una firmeza singulares a los más profundos prejuicios pequeñoburgueses, a saber: los prejuicios del egoísmo nacional y de la estrechez nacional. La extinción de esos prejuicios es necesariamente un proceso muy lento, puesto que no pueden desaparecer sino cuando desaparezcan el imperialismo y el capitalismo en los países avanzados y cuando cambie radicalmente toda la base de la vida económica de los países atrasados. De ahí el deber del proletariado comunista consciente de todos los países de mostrar particular circunspección y atención respecto a las supervivencias de los sentimientos nacionales en los países y en las nacionalidades que han sufrido una opresión más prolongada; asimismo deberá hacer ciertas concesiones con el fin de lograr que desaparezcan lo antes posible la desconfianza y los prejuicios indicados. La causa del triunfo sobre el capitalismo no puede tener su desenlace eficaz si el proletariado, y luego todas las masas trabajadoras de todos los países y naciones del mundo entero, no demuestran una aspiración voluntaria a la alianza y a la unidad.

p Escrito en junio-julio de 1920. Publicado el 14 de julio de 1920 en el núm. 11 de la revista "La Internacional Comunista".

T. 41, págs. 161-168.

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Notes