p Por lo que se refiere a la mejora de nuestra administración pública, creo que la Inspección Obrera y Campesina no debe afanarse por la cantidad ni apresurarse. Hemos tenido hasta ahora tan poco tiempo para reflexionar y preocuparnos de la calidad de nuestra administración pública que sería natural la preocupación por que esté preparada con especial seriedad y se concentre en la Inspección Obrera y Campesina a individuos de una cualidad realmente moderna, es decir, no desmerecedores de los mejores modelos euroccidentales. Desde luego, ésta es una condición harto modesta para una república socialista. Pero el primer lustro nos ha llenado la cabeza de desconfianza y escepticismo. No podemos menos de sentir esa desconfianza y ese escepticismo por quienes hablan demasiado y con excesiva ligereza, por ejemplo, de la cultura “proletaria”: para empezar nos bastaría una verdadera cultura burguesa; para empezar podríamos prescindir de los tipos más recalcitrantes de culturas de tipo preburgués, es decir, de culturas burocrática, feudal, etc. En los problemas de cultura lo que más perjudica es tener prisa y querer abarcarlo todo. Muchos de nuestros jóvenes literatos y comunistas deberían aplicarse bien al cuento.
p Por donde, en lo que se refiere a la administración pública, debemos sacar ahora de la experiencia anterior la conclusión de que sería mejor ir más despacio.
p Nuestra administración pública se encuentra en un estado tan deplorable, por no decir detestable, que primero debemos reflexionar profundamente en la manera de combatir sus deficiencias, recordando que radican en el pasado, el cual, si bien ha sido subvertido, no ha desaparecido por completo, no ha quedado en la fase de cultura perteneciente a tiempos remotos. Planteo aquí el problema de la cultura precisamente porque en estas cosas debe tenerse por logrado únicamente lo que entra en la cultura, en la vida corriente, en las costumbres. Y en nuestro país, puede afirmarse, lo que hay de bueno en la organización social no ha sido meditado a fondo, no ha sido comprendido ni sentido, ha sido tomado al vuelo, no ha sido comprobado, ni ensayado, ni confirmado por la 803 experiencia, ni consolidado, etc. Es natural que tampoco podía ser de otro modo en una época revolucionaria y dada la rapidez tan vertiginosa del desarrollo que nos ha llevado en cinco años del zarismo al régimen soviético.
p Es preciso sentar cabeza a tiempo. Hay que impregnarse de salvadora desconfianza de un movimiento de avance atropellado, de toda jactancia, etc. Es necesario preocuparse de comprobar los pasos adelante que pregonamos a cada momento, que damos cada momento y luego procuramos demostrar continuamente que no son de peso, ni serios, ni se comprenden. Lo más nocivo en este caso sería apresurarse. Lo más nocivo sería contar con que sabemos algo, por poco que sea, o pensar que hay entre nosotros un número algo considerable de elementos para organizar una administración realmente nueva y verdaderamente acreedora del nombre de socialista, de soviética, etc.
p No, en nuestro país, tal administración e incluso el número de elementos que la forman mueven a risa por lo exiguo, y debemos recordar que, para montarla, no se debe escatimar el tiempo, y eso se llevará muchos, muchísimos años.
p íQué elementos poseemos para montar esa administración? Solamente dos: primero, los obreros, animados por la lucha en pro del socialismo. Estos elementos no poseen suficiente instrucción. Querrían proporcionarnos una administración mejor, pero no saben cómo hacerlo. No pueden hacerlo. No han alcanzado hasta hoy el desarrollo ni la cultura indispensables para ello. Y lo que se necesita precisamente es cultura. En este sentido no se puede hacer nada de golpe y porrazo o de sopetón, con viveza o energía, o con cualquier otra de las mejores cualidades humanas. Segundo, se necesitan conocimientos, educación e instrucción, pues los que tenemos son irrisorios en comparación con todos los demás Estados.
p Y en este sentido no hay que olvidar que somos aún demasiado propensos a compensar estos conocimientos (o a creernos que podemos compensarlos) con el celo, la precipitación, etc.
p Para renovar nuestra administración pública tenemos que fijarnos a toda costa como tarea: primero, aprender; segundo, aprender; tercero, aprender; y después, comprobar que lo aprendido no quede reducido a letra muerta o a una frase de moda (cosa que, no hay por qué ocultarlo, ocurre con demasiada frecuencia en nuestro país), que lo aprendido se haga efectivamente carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, que llegue a ser plena y verdaderamente un elemento integrante de la vida diaria. En pocas palabras, no debemos presentar las mismas reivindicaciones que la Europa Occidental burguesa, sino las que puede presentar con 804 dignidad y decoro un país que ha asumido la misión de desarrollarse y hacerse socialista.
p Las deducciones de lo expuesto son que debemos hacer de la Inspección Obrera y Campesina, instrumento llamado a mejorar nuestra administración, un organismo realmente modelo.
p Para que pueda alcanzar la debida altura, es preciso atenerse a la regla: en cosa alguna, pensar mucho y hacer una.
p Para ello es preciso que lo mejor que haya de verdad en nuestro régimen social se aplique con los máximos cuidado, reflexión y conocimiento a la fundación del nuevo Comisariado del Pueblo.
p Para ello es preciso que los mejores elementos de nuestro régimen social, a saber: los obreros avanzados, en primer lugar, y, en segundo, los elementos realmente instruidos—por los cuales se puede responder de que ni se fiarán de las palabras ni pronunciarán una sola contra su conciencia—no teman confesar ninguna dificultad ni se arredren ante lucha alguna para alcanzar el fin propuesto en serio.
p Hace ya cinco años que nos venimos ajetreando para mejorar nuestra administración pública, pero esto es precisamente sólo un ajetreo que en cinco años no ha demostrado más que su ineficacia o incluso su inutilidad y su nocividad. Como todo ajetreo, tenía la apariencia de trabajo; pero, en realidad, entorpecía nuestras instituciones y embrollaba nuestros cerebros.
p Es preciso que todo esto cambie al fin.
p Hay que tomar por norma: más vale poco en cantidad, pero bueno de calidad. Hay que tomar por norma: más vale esperar dos o incluso tres años a obtener buen personal que apresurarse sin ninguna esperanza de conseguirlo.
p Yo sé que será difícil atenerse a esta norma y aplicarla a nuestra realidad. Sé que la norma contraria intentará abrirse camino en nuestro país con mil subterfugios. Sé que habremos de oponer una resistencia gigantesca y mostrar una perseverancia diabólica, que en este sentido el trabajo será, por lo menos durante los primeros años, endemoniadamente ingrato; no obstante, estoy convencido de que sólo obrando así alcanzaremos nuestra meta y que, únicamente después de haberla alcanzado, crearemos una república digna en realidad del nombre de soviética, socialista, etc., etc., etc.
p Es posible que muchos lectores encuentren demasiado insignificantes las cifras que cité como ejemplo en mi primer artículo [804•* . Estoy seguro de que se podrían aducir muchos cálculos para demostrar que esas cifras son insuficientes. Pero creo que, por encima de esos 805 cálculos y de cálculos de cualquier índole, debemos poner una cosa: el interés por una calidad verdaderamente modelo.
p Estimo que, en fin, es precisamente éste el momento en que debemos ocuparnos de nuestra administración pública como es debido, con toda seriedad; el momento en que el rasgo más pernicioso de esta labor tal vez sea el apresuramiento. Por esto prevengo encarecidamente contra la exageración de estas cifras. Por el contrario, soy de la opinión de que, en este caso, hay que ser sobre todo parcos en las cifras. Hablemos con franqueza. El Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina no goza hoy ni de sombra de prestigio. Todos saben que no existe una institución peor organizada que nuestra Inspección Obrera y Campesina y que, en las condiciones actuales, no podemos pedir nada a este Comisariado. Hemos de recordarlo bien, si queremos proponernos de verdad el fin de tener dentro de unos años una institución que, primero, debe ser modelo; segundo, debe inspirar a todos absoluta confianza y, tercero, debe demostrar a todos sin excepción que está justificada en realidad la labor de una institución tan encumbrada como es la Comisión Central de Control. A mi entender, hay que desterrar en el acto y con decisión toda clase de normas generales sobre el número de empleados. A los de la Inspección Obrera y Campesina debemos seleccionarlos de un modo muy especial y sólo después de haberlos sometido a pruebas rigurosísimas. En efecto, ¿qué objeto tendría montar un Comisariado del Pueblo en el que el trabajo marche de cualquier manera, sin inspirar de nuevo la menor confian/a, y en el que la palabra tenga un prestigio ínfimo? Creo que, con la reorganización del género que ahora nos proponemos, nuestro objetivo principal es evitarlo.
p Los obreros que incorporemos a la Comisión Central de Control en calidad de miembros suyos deben ser irreprochables como comunistas, y creo que debemos esforzarnos aún largo tiempo por enseñarles los métodos y las tareas de su trabajo. Además, como auxiliares en esta labor deberá haber un personal determinado de secretaría que será sometido a una triple prueba antes de recibir el nombramiento para su empleo. Por último, los funcionarios que, a título de excepción, decidamos colocar inmediatamente en la Inspección Obrera v Campesina deben reunir las condiciones siguientes:
p primero, deben estar avalados por varios comunistas;
p segundo, deben pasar un examen de conocimiento de nuestra administración pública;
p tercero, deben pasar un examen de fundamentos teóricos de nuestra administración pública, de las cuestiones esenciales de la ciencia administrativa, de la tramitación de expedientes, etc.;
p 27-73
806p cuarto, deben trabajar bien compenetrados con los miembros de la Comisión Central de Control y con su Secretariado de manera que podamos responder del buen funcionamiento de torio este mecanismo en su conjunto.
p Sé que estos requisitos presuponen condiciones de magnitud desmedida y mucho me temo que las consideren irrealizables o las acojan con una sonrisa desdeñosa la mayoría de los "prácticos" de la Inspección Obrera y Campesina. Pero yo pregunto a cualquiera de los actuales dirigentes de la Inspección Obrera y Campesina o de las personas que están en contacto con ella si me pueden decir con sinceridad qué falta hace, en la práctica, un Comisariado del Pueblo como el de la Inspección Obrera y Campesina. Creo que esta pregunta les ayudará a encontrar el sentido de la medida. O no vale la pena hacer una reorganización más de las tantas que ya hemos tenido, de algo tan desquiciado como la Inspección Obrera y Campesina, o es preciso plantearse de verdad la tarea de crear en un proceso lento, difícil y fuera de lo común, no sin recurrir a numerosas comprobaciones, algo realmente ejemplar, capaz, de infundir respeto a cualquiera, y no sólo porque lo exijan los títulos y los grados.
p Si no nos armamos de paciencia ni dedicamos a esta obra unos cuantos años, más vale que no la acometamos en absoluto.
p A juicio mío, de las instituciones que tan fecundos hemos sido en crear ya—escuelas superiores del trabajo, etc.—, hay que elegir el mínimo, comprobar si están bien organizadas y permitirles que continúen funcionando sólo si están en realidad a la altura de la ciencia moderna y nos proporcionan todas las conquistas de ésta. Entonces no será utópico esperar que dentro de unos años tengamos una institución capa/, de cumplir con su cometido, a saber: afanarse de manera sistemática y constante, gozando de la confianza de la clase obrera, del Partido Comunista de Rusia y de toda la masa de la población de nuestra república,por mejorar nuestra administración pública.
p Las labores preparatorias para ello podrían comenzarse hoy ya. Si el Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina estuviera conforme con el plan de esta reorganización, podría comenzar en seguida a dar los pasos previos para trabajar de un modo sistemático hasta llevarlos a completo término, sin apresurarse ni renunciar a rehacer lo que ya se hizo antes.
p Toda decisión de medias tintas en ese terreno sería perjudicial en grado superlativo. Las normas de todo tipo de los empleados de la Inspección Obrera y Campesina que partiesen de cualesquiera otras consideraciones estarían, en el fondo, basadas en las antiguas consideraciones burocráticas, en los viejos prejuicios, en todo lo que 807 ha sido ya condenado, en lo que provoca las burlas generales, etc.
p En el fondo, el problema se plantea de la manera siguiente:
p O demostrar ahora que hemos aprendido de veras algo de la organización del Estado (no es pecado aprender algo en cinco años) o demostrar que no hemos madurado aún para ello; y entonces no vale la pena acometer la obra.
p Y creo que, teniendo presente el personal de que disponemos, no será una inmodestia suponer que hemos aprendido va lo suficiente para reconstruir conforme a un sistema un solo Comisariado del Pueblo al menos. Por cierto, este solo Comisariado del Pueblo debe ser el exponente de todo el conjunto de nuestra administración pública.
p Abrir inmediatamente un concurso para redactar dos manuales o más sobre organización del trabajo en general y, en particular, del trabajo administrativo. Se puede tomar como base el libro de Ermanski’^^238^^ que ya tenemos, si bien éste, dicho sea entre paréntesis, se distingue por su simpatía manifiesta al menchevismo y no sirve para componer un manual adecuado al Poder soviético. También se puede tomar como base el libro recién publicado de Kérzhentsev, y, por último, pueden ser útiles asimismo algunos de los textos parciales que tenemos.
p Enviar a algunas personas preparadas y concienzudas a Alemania o a Inglaterra a que recojan bibliografía y estudien este problema. Y digo a Inglaterra por si no fuera posible enviar a nadie a los EE.UU. o al Canadá.
p Nombrar una comisión encargada de redactar un programa previo para examinar a los pretendientes a empleados de la Inspección Obrera y Campesina, así como a miembros de la Comisión Central de Control.
p Estos trabajos y otros parecidos, claro está, no deberán entorpecer la labor del comisario del pueblo y de los miembros del Consejo de la Inspección Obrera y Campesina ni del Presidium de la Comisión Central de Control.
Paralelamente habrá que nombrar una comisión preparatoria para seleccionar a los pretendientes a miembros de la Comisión Central de Control. Confío en que para este cargo podremos encontrar ahora a pretendientes de sobra tanto entre los funcionarios con experiencia de todas las entidades como entre los estudiantes de nuestros establecimientos soviéticos de enseñanza. No creo atinado excluir de antemano a tal o cual categoría. Es probable que se haya de preferir para dicha institución a un personal heterogéneo que reúna numerosas cualidades y dotes diferentes, de manera que se habrá de trabajar con ahínco para componer una lista de pretendientes. Por ejemplo, lo que menos sería de desear es que el 808 nuevo Comisariado del Pueblo se constituyera según un patrón único, digamos, del tipo de las personas de carácter de burócrata, o bien excluyendo a las del tipo de los agitadores, a las que se distingan por su don de gentes o su facultad de penetración en medios no muy habituales para funcionarios de este tipo, etc.
p Creo que expresaré del mejor modo mi pensamiento si comparo mi plan con las instituciones de tipo académico. Los miembros de la Comisión Central de Control deberán examinar sistemáticamente, bajo la dirección de su Presidium, todos los papeles y documentos del Buró Político. A la vez, deberán distribuir como es debido su tiempo entre las diversas ocupaciones de control de los expedientes de nuestras instituciones, empezando por las más pequeñas y parciales y acabando por las superiores del Estado. Por último, figurarán asimismo entre sus tareas el estudio de la teoría, es decir, de la teoría de la organización del trabajo al que se van a dedicar, y el ejercicio de funciones en la práctica bajo la dirección de camaradas con experiencia o de profesores de escuelas superiores de organización del trabajo.
p Pero yo creo que en modo alguno deberán limitarse a trabajos académicos de este tipo. Además de realizarlos, habrán de capacitarse para una labor que me atrevería a denominar de preparación para la captura de, no diré granujas, pero sí de algo por el estilo y de invención de estratagemas peculiares para enmascarar sus campañas, sus artimañas, etc.
p Semejantes propuestas darían lugar en las instituciones de Europa Occidental a una indignación inaudita, despertarían un sentimiento de escándalo moral, etc., pero confío en que nosotros no nos hemos burocratizado aún lo suficiente para llegar a eso. En Rusia, la Nep no ha tenido aún tiempo de granjearse tanto respeto como para sentirnos agraviados por la idea de que se pretenda pillar a alguien. La fundación de nuestra República Soviética es cosa tan reciente, y se han amontonado tantos trastos de toda índole, que no creo se le ocurra a nadie sentirse ofendido de pensar que se pueda rebuscar en ese montón de trastos, poniendo en juego algunas tretas y haciendo pesquisas orientadas a veces a fuentes bastante alejadas o dando rodeos bastante grandes; y si se le ocurre a alguien, puede estar seguro de que todos nosotros nos reiremos de él de buena gana.
p Confiamos en que nuestra nueva Inspección Obrera y Campesina dejará a un lado esa cualidad que los franceses llaman pruderiey que nosotros llamaríamos ridicula gazmoñería o empaque ridículo y eme hace el caldo gordo a toda nuestra burocracia, tanto de los Soviets 809 como del partido. Dicho sea entre paréntesis, en nuestro país hay burocracia no sólo en los organismos de los Soviets, sino también en los del partido.
p Antes dije que debemos aprender y aprender en las escuelas de organización superior del trabajo, etc., pero esto en modo alguno significa que yo comprenda ese “aprendizaje” de manera algo escolar o que me limite a la idea de enseñar solamente como se hace en las escuelas. Confío en que ni un solo revolucionario de verdad sospechará que, en este caso, renuncio a entender por “aprendizaje” alguna treta empleada medio en broma, alguna astucia, artimaña o algo por el estilo. Sé que en un país respetable y serio de Europa Occidental la sola idea que he exteriorizado sería causa de un espanto verdadero, y ningún funcionario decente aceptaría que se discutiese siquiera. Pero espero que no estemos aún lo bastante burocratizados y que la discusión de esta idea no puede mover más que a risa en nuestro país.
p En efecto, ¿por qué no juntar lo útil y lo grato? ¿Por qué no emplear una treta en broma o medio en broma para descubrir algo ridículo, algo pernicioso, algo medio ridículo, medio nocivo, etc.?
Creo que nuestra Inspección Obrera y Campesina ganará mucho si examina estas consideraciones y que la lista de los casos que han valido a nuestra Comisión Central de Control o a sus colegas de la Inspección Obrera y Campesina algunas de sus victorias más brillantes se verá bástanle enriquecida con las andanzas de nuestros futuros "inspectores obrecampinos" y miembros de la "Comcencón" por lugares no muy gratos de mentar en los respetables y remilgados manuales.
p ¿Cómo se pueden fundir los organismos del partido con los de la administración soviética? ¿No hay en eso algo incompatible?
p No planteo este problema en nombre mío, sino en el de los aludidos antes por mí cuando dije que tenemos burócratas no sólo en las instituciones soviéticas, sino en las del partido también.
p ¿Por qué, pues, no fundir efectivamente las unas con las otras, si ello redunda en beneficio de la obra? ¿Acaso no ha advertido nunca nadie que en un Comisariado del Pueblo, como es el de Negocios Extranjeros, tal fusión es de extraordinaria utilidad y se practica desde su mismo nacimiento? ¿Acaso en el Buró Político no se discuten desde el punto de vista de partido muchos problemas, grandes y pequeños, sobre nuestros “pasos”, en respuesta a los “pasos” de las potencias extranjeras, para contrarrestar, digámoslo así. por no emplear una expresión menos decorosa, sus argucias? 810 ;No es acaso esta flexible unión ríe los organismos soviéticos con los del partido una diente de extraordinaria f’uer/.a en nuestra política? Creo que lo que se ha acreditado, lo que se ha consolidado en nuestra política exterior y se ha hecho ya costumbre de manera que no despierta ninguna duda en esta esfera será, por lo menos, tan conveniente (y vo creo que lo será mucho más) para toda nuestra administración pública. Y la Inspección Obrera y Campesina se dedica precisamente a toda nuestra administración pública, y sus labores deben llegar a todas las instituciones públicas sin excepción, tanto a las locales como a las centrales, tanto a las comerciales como a las puramente burocráticas, tanto a las de enseñanza como a los archivos, teatros, etc., en suma, a todas las instituciones sin excepción alguna.
p ¿Por qué, pues, para una institución de tanta amplitud, cuyas formas de actuación requieren, además, una flexibilidad extraordinaria, ha de ser inaceptable esa fusión peculiar de la institución de control del partido con la institución de control de los Soviets?
Yo no vería en ello ningún obstáculo. Más aún: creo que esa fusión es la única garantía de un trabajo eficiente. Creo que cualquier duda al respecto parte de los rincones más polvorientos de nuestra administración pública y que nuestra respuesta a ella puede ser sólo una: la burla.
p Otra duda: ¿Conviene unir la labor didáctica con el ejercicio del cargo? Me parece que es no sólo conveniente, sino imprescindible. Hablando en general, nos ha dado tiempo de contagiarnos de toda una serie de prejuicios de los más nocivos \ ridículos de ¡a organización estatal de Europa Occidental, pese a nuestra actitud revolucionaria ante ella; y en parte, nos han contagiado adrede nuestros queridos burócratas, especulando con la malévola intención de sacar ganancia reiterada del río revuelto de tales prejuicios; han sacado de ese río revuelto tanta ganancia de pescadores que sólo quienes entre nosotros estaban completamente ciegos no han visto lo mucho que se ha practicado esa pesca.
p En todo el ámbito de las relaciones sociales, económicas y políticas somos unos revolucionarios “terribles”. Pero en el terreno de la veneración de los superiores y de la observancia de las formas y los ritos de la tramitación de los expedientes, nuestro " revolucionarisrno" es remplazado a menudo por una rutina de lo más rancia. En este dominio se puede ver muchas veces un fenómeno interesantísimo: cómo un gran salto adelante en la vida de la sociedad va asociado a una monstruosa timidez ante los menores cambios.
811p Y se comprende, porque los pasos adelante más atrevidos se han dado en un terreno que, desde hace mucho, es patrimonio de la teoría, en un terreno que era cultivado principalmente o casi exclusivamente en teoría. El ruso se desahogaba en casa con especulaciones teóricas de atrevimiento extraordinario contra la abominable realidad burocrática, razón por la cual esas especulaciones teóricas excesivamente audaces adquirían entre nosotros un carácter muy unilateral. En Rusia se daban la mano el atrevimiento teórico en las especulaciones generales y una timidez sorprendente ante las reformas oficinescas más insignificantes. Cualquier revolución agraria de la mayor trascendencia universal era meditada con una audacia sin precedente en otros Estados, pero, a la vez, faltaba imaginación para realizar una reforma oficinesca de décimo orden, faltaba imaginación o paciencia para aplicar a esa reforma los mismos principios generales que daban resultados tan “brillantes” en su aplicación a problemas generales.
p Y por eso, nuestra actual vida cotidiana reúne en grado sorprendente rasgos de increíble osadía y timidez de pensamiento ante los menores cambios.
p Creo que tampoco ha sido de otra manera en ninguna revolución verdaderamente grande, porque las revoluciones grandes de verdad nacen de las contradicciones entre lo viejo, entre la tendencia al cultivo de lo viejo, y la más abstracta aspiración a lo nuevo, que debe ser ya tan nuevo que no contenga ni un grano de lo viejo.
Y cuanto más radical sea la revolución, tanto más se prolongará el período en que se mantenga cierto número de dichas contradicciones.
p El rasgo general de nuestra vida consiste ahora en lo siguiente: hemos destruido la industria capitalista, hemos intentado arrasar las instituciones medievales, la propiedad agraria de los terratenientes, y en ese terreno hemos establecido a los campesinos pequeños y pequeñísimos, que siguen al proletariado por la confianza que tienen en los resultados de su labor revolucionaria. Sin embargo, no nos será fácil sostenernos con esta sola confianza hasta el triunfo de la revolución socialista en los países más desarrollados, porque los campesinos pequeños y pequeñísimos, sobre todo durante la Nep, siguen estando, por necesidad económica, a un nivel bajísimo de productividad del trabajo. Además, la situación internacional ha dado lugar a que Rusia haya sido lanzada atrás, a que, en total, el rendimiento del trabajo del pueblo sea hoy en nuestro país bastante inferior al de antes de la guerra. Las potencias capitalistas 812 euroccidentales, en parte de manera consciente y en parte de un modo espontáneo, han hecho todo lo que estaba a su alcance para lanzarnos atrás, para aprovechar los elementos de guerra civil en Rusia con objeto de arruinar lo más posible al país. Este desenlace precisamente de la guerra imperialista les parecía tener, como es natural, considerables ventajas: si no llegamos a derribar el régimen revolucionario en Rusia, en todo caso entorpeceremos su avance hacia el socialismo; así se discurría, poco más o menos, en esas potencias; y, desde su punto de vista, no se podía discurrir de otra manera. Como resultado, han cumplido a medias su tarea. No han logrado derrocar el nuevo régimen traído por la revolución, pero tampoco le han brindado la posibilidad de dar en el acto un paso adelante que acredite los pronósticos de los socialistas, un paso que permita a éstos desarrollar con rapidez colosal las fuerzas productivas, desarrollar todas las posibilidades que, sumadas, dieran el socialismo, demostrar en la práctica, con toda evidencia, a cada cual, que el socialismo entraña fuerzas gigantescas y que la humanidad ha pasado ahora a una nueva fase de desarrollo que entraña posibilidades brillantes en grado sumo.
p El sistema de las relaciones internacionales se ha formado hoy de manera que uno de los Estados dev Europa, Alemania, se encuentra avasallado por los Estados vencedores. Además, y gracias a la victoria, varios Estados, por cierto los más antiguos de Occidente, están en condiciones de poder aprovechar esa misma victoria para hacer a sus clases oprimidas una serie de concesiones que, si bien son de poca monta, demoran el movimiento revolucionario en ellos y crean una apariencia de "paz social".
p A la vez, otros países—el Oriente, la India, China, etc.—se han visto definitivamente fuera de sus cauces a causa precisamente de la última guerra imperialista. Su desarrollo marcha definitivamente por la vía general del capitalismo europeo. Ha comenzado en ellos la misma efervescencia que en toda Europa. Y el mundo entero ve ahora claro que se desarrollan en un sentido que no puede menos de conducir a la crisis de todo el capitalismo mundial.
p Así pues, hoy nos hallamos ante el siguiente problema: ¿ podremos mantenernos con nuestra pequeña y pequeñísima producción campesina, dada la ruina en que estamos sumidos, hasta que los países capitalistas de Europa Occidental culminen su desarrollo hacia el socialismo? Pero lo hacen de manera distinta de como esperábamos antes. No siguiendo un proceso de "maduración" igual del socialismo en su seno, sino explotando unos Estados a otros, explotando al primer Estado vencido en la guerra imperialista y a todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha sumado de manera definitiva al movimiento revolucionario en virtud precisamente de 813 dicha primera guerra imperialista, viéndose incluido definitivamente en el torbellino general del movimiento revolucionario mundial.
p ¿Qué táctica, pues, impone a nuestro país el estado de cosas expuesto? Es claro que la siguiente: debemos ser prudentes en sumo grado para conservar nuestro poder obrero, para mantener bajo su autoridad y bajo su dirección a nuestros campesinos pequeños y muy pequeños. De nuestra parte está la ventaja de que todo el mundo pasa ahora ya a un movimiento que debe originar la revolución socialista mundial. Pero también tenemos el inconveniente de que los imperialistas han logrado dividir el mundo entero en dos campos, y esta división se complica por el hecho de que Alemania, país de un desarrollo capitalista avanzado y culto de verdad, se ve ahora ante infinitas dificultades para recuperarse. Todas las potencias capitalistas del llamado Occidente le clavan las garras y no le dejan alzar cabeza. Por otra parte, todo el Oriente, con su población de centenares de millones de trabajadores explotados y llevados al último grado de existencia infrahumana, ha sido puesto en condiciones en que sus fuerzas físicas y materiales no tienen ni punto de comparación con las fuerzas físicas, materiales y militares de cualquiera de los Estados, mucho más pequeños, de Europa Occidental.
p ¿Podemos eludir la futura colisión con estos Estados imperialistas? ¿Podemos confiar en que las contradicciones internas y los conflictos entre los prósperos Estados imperialistas de Occidente y los prósperos Estados imperialistas de Oriente nos den la segunda tregua, igual que nos dieron la primera, cuando la cruzada de la contrarrevolución de Europa Occidental, encaminada a apoyar a la contrarrevolución rusa, fracasó a causa de las contradicciones existentes en el campo de los contrarrevolucionarios de Occidente y Oriente, en el campo de los explotadores orientales y de los explotadores occidentales, en el campo del Japón y de los EE.UU.?
p Creo que a esta pregunta se debe responder en el sentido de que la solución depende aquí de muchísimas circunstancias, y sólo se puede prever el desenlace de la lucha en su conjunto, basándose en que el propio capitalismo enseña y educa en fin de cuentas para la lucha a la inmensa mayoría de la población del mundo.
p El desenlace de la lucha depende, en última instancia, del hecho de que Rusia, la India, China, etc., constituyen la mayoría gigantesca de la población. Y precisamente esta mayoría de la población es la que se incorpora en los últimos años con inusitada rapidez a la lucha por su liberación, de modo que, en este sentido, no puede haber ni sombra de duda respecto al desenlace final de la lucha a escala mundial. En este sentido, la victoria definitiva del socialismo está plena y absolutamente asegurada.
814p Pero lo que nos interesa no es esta inevitabilidad de la victoria definitiva del socialismo. Lo que nos interesa es la táctica que nosotros, Partido Comunista de Rusia, que nosotros, Poder soviético de Rusia, debemos seguir para impedir que los Estados contrarrevolucionarios de Europa Occidental nos aplasten. Para asegurar nuestra existencia hasta la siguiente colisión militar entre el Occidente imperialista contrarrevolucionario y el Oriente revolucionario y nacionalista, entre los Estados más civilizados del mundo y los Estados atrasados al modo oriental, los cuales, sin embargo, constituyen la mayoría, es preciso que esta mayoría tenga tiempo de civilizarse. A nosotros también nos falta civilización para pasar directamente al socialismo, aunque contamos con las premisas políticas necesarias para ello. Debemos atenernos a esa táctica o adoptar, para salvarnos, la política siguiente.
p Debemos esforzarnos por organizar un Estado en el que los obreros conserven la dirección sobre los campesinos, no pierdan la confianza de éstos y eliminen de sus relaciones sociales hasta el menor indicio de gastos excesivos, observando el más severo régimen de economías.
p Debemos abaratar al máximo nuestra administración pública. Debemos suprimir de ella todos los indicios de gastos excesivos que hemos heredado en tanta abundancia de la Rusia zarista, de su burocracia capitalista.
p ¿No será eso el reino de la sobriedad campesina?
p No. Si conservamos la dirección de la clase obrera sobre los campesinos, podremos, llevando en nuestro Estado un régimen de máximas economías, lograr que todo ahorro, por ínfimo que sea, se conserve para el desarrollo de nuestra gran industria mecanizada, para el desarrollo de la electrificación, de la extracción hidráulica de la turba, para acabar de construir la central hidroeléctrica del Vóljov2Í9, etc.
p En esto, y solamente en esto, está nuestra esperanza. Sólo entonces estaremos en condiciones, hablando en sentido figurado, de apearnos de un caballo para montar en otro, es decir, de apearnos del mísero caballo campesino, del caballo del régimen de economías calculado para un país campesino arruinado, para montar en un caballo que el proletariado busca y no puede dejar de buscar para sí: el caballo de la gran industria mecanizada, de la electrificación, de la central hidroeléctrica del Vóljov, etc.
p Así ligo yo en mi pensamiento el plan general de nuestra labor, de nuestra política, de nuestra táctica, de nuestra estrategia a las tareas de la Inspección Obrera y Campesina reorganizada. Esa es para mí la justificación de la excepcional solicitud, de la extraordinaria atención que debemos prestar a la Inspección Obrera y Campesina, 815 colocándola a una altura excepcional, proporcionándole atribuciones de Comité Central, etc., etc.
p Esta justificación consiste en que sólo depurando al máximo nuestra administración, reduciendo al máximo todo lo que no sea absolutamente indispensable en ella, nos mantendremos con toda seguridad. Y, además, estaremos en condiciones de mantenernos a un nivel que se eleva continuamente y avanza sin interrupción hacia la gran industria mecanizada, y no al nivel de un país de pequeños campesinos, no al nivel de sobriedad generalizada.
p Esas son las sublimes tareas con que yo sueño para nuestra Inspección Obrera y Campesina. Por eso planteo para ella la fusión de la cúspide más prestigiosa del partido con un Comisariado del Pueblo de lo más “corriente”.
p 2 de marzo de 1923.
p Publicado el 4 de marzo de 1923 en el núm. 49 de “Pravda”. ¡â€™inundo: ,V. I.enin.
Notes
[804•*] Véase el presente volumen, págs. 797-801. (N. de la Edil.)
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