p Pero de su justa crítica a los señores Turati y Cía., el camarada Bordiga y sus amigos “izquierdistas” sacan la errónea conclusión de que es perjudicial en general participar en el Parlamento. Los “izquierdistas” italianos no pueden aportar ni sombra de argumentos serios en defensa de esta opinión. Simplemente desconocen (o tratan de olvidar) los modelos internacionales de verdadera utilización revolucionaria y comunista de los parlamentos burgueses, provechosa de modo indiscutible para preparar la revolución proletaria. En realidad, no se imaginan la “nueva” utilización del parlamentarismo y claman, repitiéndose hasta la saciedad, contra la utilización “vieja”, no bolchevique.
p En esto reside, precisamente, su error básico. No sólo en el terreno del Parlamento, sino en todos los campos de actividad, el comunismo debe aportar (y no podrá hacerlo sin un trabajo prolongado, persistente y tenaz) algo nuevo por principio, que rompa de manera radical con las tradiciones de la II Internacional (conservando y desarrollando, al mismo tiempo, todo lo que ha proporcionado de bueno).
p Tomemos, aunque sólo sea, el trabajo periodístico. Los periódicos, folletos y hojas cumplen una labor necesaria de propaganda, agitación y organización. Ningún movimiento de masas puede pasarse en un país, por poco civilizado que sea, sin un mecanismo periodístico. Y ni los gritos contra "los jefes" ni los juramentos de proteger la pureza de las masas frente a la influencia de los jefes pueden librarnos de la necesidad de utilizar para ese trabajo a hombres procedentes de los medios intelectuales burgueses, pueden librarnos de la atmósfera y el ambiente democráticos burgueses, "de propiedad privada”, en que se efectúa esa labor en el capitalismo. Incluso dos años y medio después de ser derrocada la burguesía y de conquistar el poder político el proletariado, vemos en torno nuestro esa atmósfera, ese ambiente de relaciones de propiedad privada, democráticas burguesas, que tienen carácter de masas (campesinos, artesanos).
431p El parlamentarismo es una forma de trabajo; el periodismo, otra. El contenido puede ser comunista en ambas, y debe serlo, si quienes actúan en una u otra esfera son verdaderos comunistas, verdaderos militantes del partido proletario, de masas. Pero en una y en otra—y en cualquier esfera de trabajo en el capitalismo y en la transición del capitalismo al socialismo—es imposible rehuir las dificultades y las originales tareas que debe vencer y cumplir el proletariado para utilizar en su propio provecho a gente que procede de medios burgueses, para conquistar la victoria sobre los prejuicios y la influencia de los intelectuales burgueses, para debilitar la resistencia del ambiente pequeñoburgués (y, posteriormente, para transformarlo por completo).
p ¿Acaso no hemos visto en todos los países, hasta la guerra de 1914-1918, extraordinaria abundancia de ejemplos de anarquistas, sindicalistas y otros elementos muy “izquierdistas” que fulminaban el parlamentarismo, se mofaban de los parlamentarios socialistas contaminados de trivialidad burguesa, fustigaban su arribismo, etc., etc., y hacían la misma carrera burguesa a través del periodismo, a través de la labor en los sindicatos? ¿Es que los ejemplos de los señores Jouhaux y Merrheim, si nos limitamos a Francia, no son típicos?
p La puerilidad de “negar” la participación en el Parlamento consiste, precisamente, en que con ese método tan “sencillo”, "fácil" y seudorrevolucionario quieren “cumplir” la difícil tarea de luchar contra las influencias democráticas burguesas en el seno del movimiento obrero y, en realidad, lo único que hacen es huir de su propia sombra, cerrar los ojos ante las dificultades y desembarazarse de ellas sólo con palabras. Es indudable que el arribismo más desvergonzado, la utilización burguesa de los escaños parlamentarios, la clamante adulteración reformista de la labor en el Parlamento y la vulgar rutina pequeñoburguesa son rasgos peculiares habituales y predominantes, engendrados por el capitalismo en todas partes tanto fuera como dentro del movimiento obrero. Pero el capitalismo y el ambiente burgués creado por él (y que, incluso después de derrocada la burguesía, desaparece muy despacio, pues el campesinado hace renacer sin cesar a la burguesía) engendran absolutamente en todos los ámbitos del trabajo y de la vida, en esencia, el mismo arribismo burgués, el chovinismo nacional, la trivialidad pequeñoburguesa, etc., con insignificantes variedades de forma.
p Os parece, queridos boicoteadores y antiparlamentaristas, que sois "terriblemente revolucionarios”; pero, en realidad, os habéis asustado de las dificultades relativamente pequeñas que presenta la lucha contra las influencias burguesas en el seno del movimiento 432 obrero, en tanto que vuestra victoria, es decir, el derrocamiento de la burguesía y la conquista del poder político por el proletariado, hará surgir esas mismas dificultades en proporciones mayores, muchísimo mayores. Os habéis asustado como niños de la pequeña dificultad que se al/a hoy ante vosotros, sin comprender que mañana y pasado mañana tendréis, pese a todo, que aprender—y aprender por completo—a vencer las mismas dificultades, pero en proporciones incomparablemente mayores.
p Con el Poder soviético, en vuestro—y en nuestro—partido proletario tratarán de infiltrarse aún más elementos procedentes de la intelectualidad burguesa. Penetrarán también en los Soviets, en los tribunales y en el mecanismo administrativo, pues es imposible construir el comunismo con otra cosa que no sea el material humano creado por el capitalismo. Es imposible expulsar y exterminar a los intelectuales burgueses. Lo que se debe hacer es vencerlos, transformarlos, refundirlos, reeducarlos, de la misma manera que es necesario reeducar en lucha prolongada, sobre la base de la dictadura del proletariado, a los proletarios mismos, que no se desembarazan de sus prejuicios pequeñoburgueses de golpe, por milagro, por obra y gracia del Espíritu Santo o por el efecto mágico de una consigna, de una resolución o de un decreto, sino únicamente en una lucha masiva larga y difícil contra la influencia de las ideas pequeñoburguesas entre las masas. En el Poder soviético, esas mismas tareas que el antiparlamentario aparta ahora de un manotazo con tanto orgullo, altanería, ligereza y puerilidad, esas mismas tareas resurgirán dentro de los Soviets, en la administración soviética, entre "los defensores del Derecho" soviéticosH" (hemos destruido en Rusia, e hicimos bien en destruirla, la abogacía burguesa, pero renace entre nosotros al socaire de "los defensores del Derecho" "soviéticos”). Entre los ingenieros soviéticos, entre los maestros soviéticos y entre los obreros privilegiados (es decir, los de más alta calificación y los mejor colocados) de las fábricas soviéticas vemos renacer de manera constante absolutamente todos los rasgos negativos propios del parlamentarismo burgués, y sólo con una lucha reiterada, infatigable, prolongada y tenaz del espíritu de organización y la disciplina proletarios estamos venciendo—paulatinamente—este mal.
p Está claro que bajo el dominio de la burguesía es muy "difícil" triunfar sobre las costumbres burguesas en el propio partido, es decir, en el partido obrero: es "difícil" expulsar del partido a los jefes-parlamentarios habituales, corrompidos sin esperanza de curación por los prejuicios burgueses; es "difícil" someter a la disciplina proletaria al número absolutamente necesario (en cierta cantidad, aunque sea muy limitada) de gente que procede de la 433 burguesía; es "difícil" crear en el Parlamento burgués una minoría comunista digna por completo de la clase obrera; es "difícil" conseguir que los parlamentarios comunistas no se dediquen a nimiedades parlamentarias burguesas, sino que se entreguen a la labor esencialísima de propaganda, agitación y organización de las masas. Todo eso es, sin duda, "difícil”; fue difícil en Rusia y es incomparablemente más difícil en Europa Occidental y en Norteamérica, donde son mucho más fuertes la burguesía, las tradiciones democráticas burguesas, etc.
p Pero todas estas “dificultades” son, en verdad, pueriles si se las compara con las tareas, absolutamente del mismo carácter, que deberá cumplir de manera ineluctable el proletariado para conquistar la victoria, en el transcurso de la revolución proletaria y después de tomar el poder. En comparación con estas tareas verdaderamente gigantescas, cuando, existiendo la dictadura del proletariado, habrá que reeducar a millones de campesinos y pequeños propietarios, a centenares de miles de empleados, funcionarios públicos e intelectuales burgueses, subordinándolos a todos al Estado proletario y a la dirección proletaria, y vencer en ellos las tradiciones y los hábitos burgueses; en comparación con estas tareas gigantescas, resulta de una facilidad pueril crear en el Parlamento burgués, bajo el dominio de la burguesía, una minoría auténticamente comunista del verdadero partido proletario.
p Si los camaradas “izquierdistas” y antiparlamentarios no aprenden a vencer ahora una dificultad incluso tan pequeña, podrá decirse con seguridad que o no estarán en condiciones de realizar la dictadura del proletariado, no podrán subordinar y transformar en vasta escala a los intelectuales burgueses y las instituciones burguesas, o deberán terminar de aprender a toda prisa y, con esa premura, originarán un daño inmenso a la causa proletaria, cometerán más errores que de ordinario, darán muestras de una debilidad y una incapacidad más que regulares, etc., etc.
p En tanto que la burguesía no sea derrocada—y, después de su derrocamiento, hasta que no desaparezcan por completo la pequeña hacienda y la pequeña producción mercantil—, el ambiente burgués, los hábitos de propiedad privada y las tradiciones pequeñoburguesas echarán a perder la labor proletaria desde dentro y desde fuera del movimiento obrero, no sólo en una esfera de actividad, la parlamentaria, sino, de manera inevitable, en todas y cada una de las esferas de la actividad social, en todos los campos del quehacer cultural y político, sin excepción alguna. Y constituye un profundísimo error, que deberá pagarse después de modo inexcusable, el intento de desentenderse, de apartarse de 434 una de las tareas “desagradables” o de las dificultades en una esfera de trabajo. Hay que aprender, y aprender hasta el fin, a dominar todos los tipos de trabajo y de actividad, sin ninguna excepción, a vencer por doquier todas las dificultades y todas las costumbres, tradiciones y hábitos burgueses. Cualquier otro planteamiento de la cuestión carece simplemente de seriedad, es pueril.
Notes