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ACERCA DE LOS COMPROMISOS
 

p Llámase compromiso en política a hacer concesiones respecto a ciertas demandas, a renunciar a una parte de las reivindicaciones propias en virtud de un acuerdo con otro partido.

p La idea habitual del vulgo acerca de los bolcheviques, sostenida por la prensa que los calumnia, consiste en que jamás aceptan compromiso alguno con nadie.

p Tal idea nos halaga como partido del proletariado revolucionario, pues demuestra que hasta los enemigos se ven obligados a reconocer nuestra fidelidad a los principios fundamentales del socialismo y de la revolución. Pero, con todo, hay que decir la verdad: esa idea no corresponde a los hechos. Engels estaba en lo cierto cuando en su critica del manifiesto de los blanquistas de la Comuna (en 1873) ridiculi/aba la declai’ación de éstos: "¡Ningún compromiso!"’" Eso es una frase—decía él—, pues, a menudo, los compromisos de un partido que lucha son impuestos inevitablemente por las circunstancias y es absurdo renunciar de^^1^^ una ve/ para siempre "a cobrarse la deuda por partes" ™. La tarea de un partido auténticamente revolucionario no consiste en declarar imposible la renuncia a cualquier compromiso, sino en saber mantenerse fiel, a través de todos los compromisos—en la medida en que sean inevitables—, a sus principios, a su clase y a su misión revolucionaria, a su obra de preparar la revolución y educar a las masas populares para triunfar en la revolución.

p Un ejemplo. Participar en la III y IV Dumas fue un compromiso, una renuncia temporal a las reivindicaciones revolucionarias. Pero fue un compromiso absolutamente for/oso, pues la correlación de fuer/as descartaba para nosotros, por cierto tiempo, la lucha revolucionaria de masas, y su larga preparación hacía necesario saber trabajar incluso desde dentro de semejante “pocilga”. La historia demostró que tal planteamiento del problema por los bolcheviques, como partido, era justo.

p Ahora, el problema inmediato no es un compromiso for/oso, sino un compromiso voluntario.

p Nuestro partido, como cualquier otro partido político, aspira a 230 conquistar la dominación política para sí. Nuestra meta es la dictadura del proletariado revolucionario. Seis meses de revolución han confirmado con extraordinaria claridad, fuerza y elocuencia lo justo e inevitable de tal reivindicación, en interés precisamente de esta revolución, pues el pueblo no podrá obtener de otro modo ni una paz democrática, ni la tierra para los campesinos ni una libertad completa (una república plenamente democrática). Así lo han mostrado y demostrado el curso de los acontecimientos en el medio año de nuestra revolución, la lucha de clases y de los partidos, el desarrollo de las crisis del 20 y 21 de abril, del 9 y 10 y del 18 y 19 de junio, de los días 3, 4 y 5 de julio y del 27 al 31 de agosto.

p Ahora se ha producido en la revolución rusa un viraje tan brusco y original que, como partido, podemos proponer un compromiso voluntario, cierto que no a la burguesía—nuestro directo y principal enemigo de clase—, sino a nuestros adversarios más próximos, a los partidos “dirigentes” de la democracia pequeñoburguesa: los eseristas y los mencheviques.

p Como una mera excepción, únicamente forzados por una situación especial que, al parecer, se mantendrá sólo poquísimo tiempo, podemos proponer un compromiso a esos partidos y, a mi juicio, debemos hacerlo.

p Es un compromiso, por nuestra parte, retornar a la reivindicación de antes de julio: todo el poder a los Soviets, formación de un gobierno de eseristas y mencheviques responsable ante los Soviets. Ahora, sólo ahora, y quizás apenas durante unos pocos días o por una o dos semanas, un gobierno de ese tipo podría formarse y afianzarse de un modo completamente pacífico. Podría garantizar, con una probabilidad gigantesca, un movimiento pacífico de avance de toda la revolución en Rusia y ofrecería extraordinarias posibilidades de que dé grandes pasos adelante el movimiento mundial hacia la paz y hacia el triunfo del socialismo.

p Sólo en nombre de ese desarrollo pacífico de la revolución —posibilidad extraordinariamente rara en la historia y extraordinariamente valiosa, excepcionalmente insólita—, sólo en nombre de ella, pueden y deben, a mi parecer, aceptar tales compromisos los bolcheviques, partidarios de la revolución mundial y de los métodos revolucionarios.

p El compromiso consistiría en que los bolcheviques, sin pretender participar en el gobierno (cosa imposible para un internacionalista si no se realizan efectivamente las condiciones de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres), renunciaran al paso inmediato del poder al proletariado y a los campesinos pobres y a los métodos revolucionarios de lucha por esa reivindicación. La condición, de por sí evidente y nada nueva para los eseristas y los 231 mencheviques, sería la plena libertad de agitación y la convocatoria de la Asamblea Constituyente, sin nuevas dilaciones e incluso en un plazo más breve.

p Los mencheviques y los eseristas, como bloque gubernamental, accederían (en el supuesto de que se llegara al compromiso) a constituir un gobierno, íntegra y exclusivamente responsable ante los Soviets, pasando a manos de éstos todo el poder también en las localidades. En eso consistiría la “nueva” condición. Creo que los bolcheviques no pondrían otras condiciones, confiando en que la verdadera y completa libertad de agitación y la inmediata aplicación de nuevos principios democráticos en la composición de los Soviets (nuevas elecciones) y en su funcionamiento garantizarían de por sí el avance pacífico de la revolución y pondrían fin pacíficamente a las luchas entre los partidos dentro de los Soviets.

p ¿Quizá esto sea ya imposible? Quizá. Pero si existe, aunque sólo sea una posibilidad entre cien, valdría la pena intentarlo.

p ¿Qué ganarían con este “compromiso” ambas partes " contratantes”, o sea, los bolcheviques, por una parte, y el bloque de los eseristas y mencheviques, por otra? Si ninguna de las dos partes gana nada, será necesario reconocer la imposibilidad del compromiso y entonces no habrá por qué hablar de ello. Por difícil que sea ahora (después de julio y agosto, dos meses que equivalen a dos décadas de época "pacífica" y soñolienta) ese compromiso, me parece que existe una pequeña probabilidad de llevarlo a cabo, y esta probabilidad dimana de la decisión de los eseristas y mencheviques de no colaborar en un gobierno del que formen parte los democonstitucionalistas.

p Los bolcheviques ganarían al obtener la posibilidad de hacer con entera libertad agitación en pro de sus opiniones y, en condiciones efectiva y enteramente democráticas, conquistar influencia en los Soviets. De palabra, “todos” reconocen hoy esa libertad a los bolcheviques. Pero, en la práctica, es imposible bajo un gobierno burgués o con participación de la burguesía, bajo un gobierno que no sea soviético. Con un gobierno de los Soviets, esa libertad sería posible (no decimos: garantizada con seguridad, pero, no obstante, posible). En aras de esa posibilidad, en un momento tan difícil, habría que decidirse a un compromiso con la mayoría actual de los Soviets. Con una verdadera democracia, nosotros nada debemos temer, pues la vicia está a nuestro favor, e incluso la forma en que se desarrollan las corrientes dentro de los partidos eserista y menchevique, hostiles a nosotros, confirma que estamos en lo cierto.

p Los mencheviques y los eseristas ganarían al recibir en el acto la plena posibilidad de realizar el programa de su bloque, apoyándose 232 en la mayoría, a ciencia cierta inmensa, del pueblo y asegurándose la utili/.ación "pacífica" de su mayoría en los Soviets.

p Es cierto que desde ese bloque—heterogéneo por ser bloque y también porque la democracia pequeñoburguesa es siempre menos homogénea que la burguesía y que el proletariado—se al/.arían, probablemente, dos voces.

p Una voz diría: nuestro camino no coincide en modo alguno con el de los bolcheviques, con el del proletariado revolucionario. Este, de todos modos, exigirá más de la cuenta y arrastrará demagógicamente a los campesinos pobres. Exigirá la pa/. y la ruptura con. los aliados. Eso es imposible. Nos sentimos más cerca y mejor con la burguesía, pues no nos hemos separado de ella, sino que nos hemos indispuesto con ella por poco tiempo y sólo a causa del incidente de Kornílov. Nos hemos indispuesto, pero ya nos reconciliaremos. Además, los bolcheviques no nos hacen ninguna "concesión”, pues las tentativas de insurrección por parte suya están, de todos modos, tan condenadas a la derrota como la Comuna de 1871.

p Otra voz. diría: la alusión a la Comuna es muy superficial e incluso estúpida. Porque, en primer lugar, los bolcheviques han aprendido algo, a pesar de todo, desde 1871, y ahora no dejarían de apoderarse de los bancos y no vacilarían en marchar sobre Versalles; y en tales condiciones, hasta la Comuna podía haber triunfado. Además, la Comuna no podía ofrecer al pueblo en seguida todo lo que podrán ofrecerle los bolcheviques si obtienen el poder, a saber: la tierra a los campesinos, la propuesta inmediata de paz, el control verdadero de la producción, la paz honesta con los ucranios, los finlandeses, etc. Hablando en términos vulgares, los bolcheviques tienen en sus manos diez, veces más "cartas de triunfo" que la Comuna. En segundo lugar, la Comuna significa de todos modos una penosa guerra civil, una larga dilación del desarrollo cultural pacifico después de ella: facilita las operaciones y las maniobras de todos los Mac-Mahon y Kornílov, y tales operaciones amenazan a toda nuestra sociedad burguesa. ¿Es sensato correr el riesgo de la Comuna?

p Pero la Comuna será inevitable en Rusia si no tomamos el poder, si la situación sigue siendo tan difíc il como desde el 6 de mayo hasta el 31 de agosto. Todo obrero y soldado revolucionario pensará sin falta en la Comuna y tendrá fe en ella, intentará sin falta llevarla a cabo, razonando así: el pueblo perece, la guerra, el hambre y la ruina prosiguen su marcha. Sólo en la Comuna está la salvación. Pereceremos, moriremos todos, pero haremos realidad la Comuna. Tales pensamientos son ineludibles entre los obreros, y ahora no se logrará vencer a la Comuna tan fácilmente como en 1871. La Comuna rusa tendrá en todo el mundo aliados c ien veces más fuertes que en 1871... ;Es sensato que corramos el riesgo de la Comuna? 233 Tampoco puedo aceptar que los bolcheviques, en el fondo, no nos concedan nada con su compromiso. Pues en todos los países civilizados, los ministros inteligentes valoran mucho cualquier acuerdo, por pequeño que sea, con el proletariado durante la guerra. Lo aprecian mucho, muchísimo. Y no debe olvidarse que se trata de hombres prácticos, de auténticos ministros. Los bolcheviques se fortalecen con bastante rapidez, a pesar de las represiones, a pesar de la debilidad de su prensa... ;Es sensato que corramos el riesgo de la Comuna?

p Tenemos una mayoría asegurada, no está aún tan cercano el despertar de los campesinos pobres, tenemos tiempo suficiente. No creo que la mayoría siga a los extremistas en un país campesino. Y contra una mayoría segura, en una república verdaderamente democrática, la insurrección es imposible. Así hablaría la segunda voz.

p Quizá se encuentre una tercera voz, entre algunos partidarios de Mártov o de Spiridónova, que diga: me indigna, “camaradas”, que ambos, al razonar acerca de la Comuna y de la posibilidad de su existencia, os coloquéis sin vacilar al lado de sus adversarios. El uno en una forma y el otro en otra, pero ambos estáis de parte de quienes aplastaron la Comuna. No haré agitación a favor de la Comuna, no puedo prometer de antemano que combatiré en sus filas, como lo hará todo bolchevique; pero debo decir, no obstante, que si la Comuna surge a pesar de mis esfuerzos, antes ayudaré a sus defensores que a sus adversarios...

La diferenc ia de opiniones en el “bloque” es grande e inevitable, pues en la democracia pequeñoburguesa está representado un mundo de matices: desde el burgués cíe cuerpo entero, plenamente ministrable 10(), hasta el semimendigo, no capaz aún por completo de sustentar la posición del proletario. Y nadie sabe cuál va a ser, en cada momento concreto, el resultado de esa discordancia.

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p Las líneas precedentes fueron escritas el viernes 1 de septiembre y, debido a circunstancias casuales (la historia dirá que, en los tiempos de Kerenski, no todos los bolcheviques gozaban del derecho a elegir libremente su lugar de residencia), no llegaron a la Redacción ese mismo día. Y después de haber leído los periódicos del sábado y los de hoy, domingo, me digo: quizá sea demasiado tarde para proponer un compromiso. Quizá hayan pasado también los pocos días en que era posible todavía un desarrollo pacífico. Sí, todo indica que han pasado ya "”. Kerenski se irá, de uno u otro modo, del partido eserista, se alejará de los eseristas y se afianzará, con ayuda de 234 los burgueses, sin los eseristas y gracias a la macaón de estos... Si, todo indica que han pasado ya los días en que era posible casualmente la vía de desarrollo pacífico. Sólo me resta enviar estas notas a la Redacción, rogándole que las encabece asi: Pensamientos tardíos... A veces, tal vez pueda tener cierto interés conocer algunos pensamientos tardíos.

p 3 de septiembre de 1917.

p Escrita d 1-3 (¡4-16) de septiembre de 1917.

p Publicado el 19 (6) de septiembre de 191 7 en el núm. 3 de "Rabochi Puf" con la firma de Lenin.

T. 34, págs. 133-139.

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Notes