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TRES CRISIS
 

p Cuanto mayor sea la furia con que en estos días se lancen calumnias y mentiras contra los bolcheviques, tanto más serenamente debemos nosotros, refutando esas mentiras y esas calumnias, profundizar en la concatenación histórica de los acontecimientos y en la significación política, es drcir, en la significación clasista, de la actual marcha de la revolución.

p Para refutar esas mentiras y esas calumnias basta con que nos remitamos una ve?, más a Listok “Prnvdi” del 6 de julio y con que fijemos de modo especial la atención de los lectores en el artículo que publicamos más abajo, en el que se prueba documentalmente que el 2 de julio (según confesión del órgano del partido de los socialistas-revolucionarios) los bolcheviques hicieron campaña en contra del movimiento que se proyectaba; que el 3 de julio se desbordó la indignación de las masas y empezó el movimiento, a despecho de nuestros consejos; que el 4 de julio, en una proclama (que reproduce el mismo periódico de los eseristas Dielo Naroda), hicimos un llamamiento a favor de una manifestación pacífica y organizada, y que en la noche de aquel mismo día tomamos la decisión de poner fin a la manifestación. ¡Calumniad, calumniadores! ¡Por mucho que calumniéis, no conseguiréis refvitar estos hechos ni el significado decisivo que tienen en su concatenación! Y con esto pasemos al problema de la conexión histórica de los acontecimientos. Cuando, ya en los primeros días de abril, nos declaramos contrarios a todo lo que significase apoyo al Gobierno Provisional, fuimos atacados por los eseristas y mencheviques. ¿Y qué ha venido a demostrar la realidad?

p ¿Qué han venido a demostrar las tres crisis políticas, la del 20 y 21 de abril, la del 10 y 18 de junio y la del 3 y 4 de julio?

p Han venido a demostrar, en primer lugar, el creciente descontento de las masas con la política burguesa seguida por la mayoría burguesa del Gobierno Provisional.

p No deja de ser interesante consignar que en su número del 6 de julio, el órgano del partido gobernante de los eseristas, Dielo Naroda, a pesar de toda su hostilidad hacia los bolcheviques, se ve 189 obligado a confesar que el movimiento del 3 y 4 de julio obedece a causas económicas y políticas profundas. La necia, torpe y vil mentira de que ese movimiento fue provocado artificialmente, deque los bolcheviques hicieron campaña a favor de esa acción, va haciéndose más y más evidente a medida que pasa el tiempo.

p La causa general, la fuente general, la raíz profunda general de las tres crisis políticas mencionadas es evidente, sobre todo para quien las enfoque en su concatenación, como manda la ciencia que se enfoque la política. Es absurdo pensar que tres crisis como ésas hayan podido ser provocadas deliberadamente.

p En segundo lugar, es muy instructivo tratar de ver qué tienen de común esas tres crisis y cuál es la característica de cada una de ellas.

p Las tres tienen de común el descontento irrefrenable de las masas, su indignación contra la burguesía y s u gobierno. Quien olvida o silencia, o empequeñece este punto cardinal, reniega de las verdades elementales expresadas por el socialismo acerca de la lucha de clases.

p La lucha de clases en la revolución rusa: he ahí acerca de lo cual deben meditar los que se llaman a sí mismos socialistas y que algo saben de cómo se desarrolló la lucha de clases en las revoluciones europeas.

p La característica peculiar de cada una de estas tres crisis es su forma de manifestarse: la primera crisis (20 y 21 de abril) se manifiesta de un modo turbulento y espontáneo, sin la menor organización, que culminó en el tiroteo de las centurias negras H:> contra los manifestantes y desencadenó contra los bolcheviques una campaña de acusaciones mentirosas y absurdas. A la explosión sigue una crisis política.

p En el segundo caso: la organización por los bolcheviques de una manifestación que suspenden después del amenazador ultimátum y de la prohibición categórica del Congreso de los Soviets, y la manifestación en común del 18 de junio que dio una evidente preponderancia a las consignas bolcheviques. Según confesión de los propios eseristas y mencheviques, en la noche del 18 de junio, habría estallado de seguro la crisis política, si la ofensiva desencadenada en el frente no la hubiese contenido.

p La tercera crisis se desencadena espontáneamente el 3 de julio, a pesar de los esfuerzos hechos el día 2 por los bolcheviques para contenerla y, después de alcanzar su punto máximo el día 4, conduce en los días 5 y 6 al apogeo de la contrarrevolución. Las vacilaciones de los eseristas y mencheviques se manifiestan en el hecho de que Spiridónova y muchos otros eseristas se expresan a favor de la enlrega del poder a los Soviets, y en el mismo sentido 190 se pronuncian también los mencheviques internacionalistas, que hasta ese momento se habían declarado contrarios a ello.

p Finalmente, la última—y acaso la más instructiva—conclusión que se deriva del estudio de los acontecimientos, enfocados en su conexión, consiste en que las tres crisis vienen a revelarnos una forma, nueva en la historia de nuestra revolución, de manifestaciones de un tipo más complejo, de movimiento por oleadas que ascienden velozmente y descienden de un modo súbito, que avivan la revolución y la contrarrevolución y “barren”, por un período más o menos largo, a los elementos medios.

p Por su forma, el movimiento tiene en las tres crisis el carácter de una manifestación. Una manifestación antigubernamental sería, formalmente, la descripción más exacta de los acontecimientos. Pero, y ahí está el quid, no se trata de una manifestación corriente. Trátase de algo que representa bastante más que una manifestación y menos que una revolución. Es un estallido simultáneo de la revolución y de la contrarrevolución, es una oleada violenta y a veces casi súbita, que “barre” a los elementos medios y al mismo tiempo coloca en primer plano de manera turbulenta a los elementos proletarios y burgueses.

p A este respecto, es muy característico que todos los elementos medios acusen por cada uno de esos movimientos a las dos fuerzas concretas de clase: al proletariado y a la burguesía. No tenemos más que fijarnos en los eseristas y en los mencheviques: desaforados, gritan con toda la fuerza de sus pulmones que los bolcheviques, con sus extremismos, no hacen más que dar alas a la contrarrevolución, al mismo tiempo que confiesan, una y otra vez, que los demócratas constitucionalistas (con quienes forman bloque en el gobierno) son contrarrevolucionarios. "Es necesario—escribía ayer Dielo Naroda—que tracemos una profunda divisoria entre nosotros y todos los elementos de derecha incluyendo al belicoso Edinstvo (con el que, añadimos nosotros, los eseristas formaron un bloque en las elecciones): tal es nuestra tarea más apremiante”. Compárese esto con Edinstvo de hoy (7 de julio), en que Plejánov se ve obligado a reconocer, en el editorial, el hecho indiscutible de que los Soviets (es decir, los eseristas y los mencheviques) se han tomado "dos semanas para reflexionar”, y de que el paso del poder a los Soviets "equivaldría a un triunfo de los leninistas”. "Si los demócratas constitucionalistas no se atienen a la regla: cuanto peor, tanto mejor...—escribe Plejánov—, ellos mismos tendrán que reconocer que han cometido un grave error" (al salir del gobierno), "allanando de ese modo el camino a los leninistas".

p ;No es esto elocuente? ¡¡Los elementos medios acusando a los 191 demócratas constitucionulistas de allanar el camino a los bolcheviques, y a los bolcheviques de hacer el juego a los demócratas constitucionalistas!! ¿Tan difícil es comprender que no hay más que cambiar los nombres políticos por las denominaciones de clase para ver proyectarse ante nuestros ojos los sueños de la pequeña burguesía de que desaparezca la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado? ¿Las lamentaciones de los pequeños burgueses acerca de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado? ¿Tan difícil es comprender que ningún partido bolchevique del mundo sería capaz de “provocar” un "movimiento popular”, y mucho menos tres, si no concurrieran causas económicas y políticas muy profundas que se encargan de poner en acción al proletariado? ;Y que todos los demócratas constitucionalistas y monárquicos juntos serían incapaces de provocar ni un solo movimiento “derechista” si no se diesen causas no menos profundas, que vienen a engendrar la posición contrarrevolucionaria de la burguesía como clase?

p Al tratarse del movimiento de los días 20 y 21 de abril se nos acusó, a nosotros y a los demócratas constitucionalistas, de obstinación, de extremismo, de exacerbar los ánimos, llegando hasta el colmo de acusar a los bolcheviques (por disparatado que ello parezca) de haber provocado el tiroteo en la Avenida Nevski; y cuando el movimiento toce’) a su fin, esos mismos eseristas y mencheviques escribieron en las columnas de su órgano fusionado y oficial, Izvestia, que el "movimiento popular" "había barrido a los imperialistas de Miliukov y otros”, es decir, \\glorilicabun el movimiento!! ¿No es esto elocuente? ¿No revela bien a las claras que la pequeña burguesía no comprende el mecanismo, la esencia, de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía?

p La situación objetiva es ésta: la inmensa mayoría de la población es, por su modo de vivir y sobre todo por su ideología, pequeñoburguesa. Pero en nuestro país reina, a través principalmente de los bancos y los consorcios, el gran capital. En nuestro país hay un proletariado urbano lo suficientemente desarrollado para adoptar un camino propio, pero eme todavía no es capa/ de atraerse inmediatamente para su causa a la mayoría de los semiproletarios. De este hecho fundamental, clasista, se desprenden la inevitabilidacl cíe crisis como estas tres que estamos analizando y sus formas.

p Claro está que en el futuro las formas de las crisis podrán variar, pero su sustancia no variará, aun cuando, por ejemplo, en octubre empiece a funcionar una Asamblea Constituyente eserista. Los eseristas han prometido a los campesinos: 1) la abolición de la Propiedad privada cíe la tierra; 2) la entrega de la tierra a los 192 trabajadores; 3) la confiscación de las tierras de los latifundistas y su entrega a los campesinos sin indemnización. La realización de estas gigantescas transformaciones es absolutamente imposible sin adoptar las medidas revolucionarias más decididas contra la burguesía, medidas que únicamente podrán realizarse mediante la alianza de los campesinos pobres con el proletariado, únicamente decretando la nacionalización de los bancos y los consorcios.

p Los confiados campesinos, que han creído y creen, hasta cierto tiempo, que es posible conseguir esas cosas tan hermosas pactando con la burguesía, se sentirán inevitablemente desengañados y... “descontentos” (para emplear una expresión suave) de la aguda lucha de clase del proletariado contra la burguesía por la realización efectiva de las promesas eseristas. Así fue y así será.

p Escrito el 7 (20) de jitlin de 1917. Publicado el IV tic julio de 1917 en eí núm. 7 de l<i m’í.sM "Rahótnilsa".

T. 32, p«íp. 428-432.

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Notes