(CUATRO TESIS)
p 1. La contrarrevolución se ha organizado y consolidado y, de hecho, ha tomado ya el poder.
p La organización completa y el afianzamiento de la contrarrevolución residen en la unión, muy bien meditada y ya materializada, de las tres fuerzas contrarrevolucionarias principales: 1) el partido de los democonstitucionalistas, esto es, el verdadero jefe de la burguesía organizada, al abandonar el ministerio, presentó a éste un ultimátum preparando el terreno para que la contrarrevolución pudiera derribarlo; 2) el Estado Mayor Central y los altos mandos del ejército, con la ayuda consciente o semiconsciente de Kerenski —a quien incluso los eseristas más destacados denominan ahora Cavaignac—, han tomado prácticamente el poder; han pasado a ametrallar a las unidades revolucionarias en el frente; han comenzado a desarmar a las tropas revolucionarias y a los obreros de Petrogrado y de Moscú, a sofocar y reprimir el movimiento en Nizhni Nóvgorod; han empezado a encarcelar bolcheviques y a clausurar sus periódicos no sólo sin decisión judicial, sino incluso sin decreto alguno del gobierno. En realidad, el poder fundamental del Estado en Rusia es hoy una dictadura militar; este hecho aparece disimulado todavía por una serie de instituciones revolucionarias de palabra e impotentes en la práctica; pero es un hecho indudable, y tan radical, que sin haberlo comprendido no se puede comprender nada de la situación política; 3) la prensa monárquica ultrarreaccionaria y la prensa burguesa, que han pasado ya de una furiosa campaña contra los bolcheviques a una campaña igual contra los Soviets, contra el “incendiario” Chernov, etc., demostraron con claridad meridiana que la verdadera esencia de la política de la dictadura militar, que hoy domina y es apoyada por los democonstitucionalistas y los monárquicos, consiste en preparar la disolución de los Soviets. Muchos dirigentes eseristas y mencheviques, o sea, de la actual mayoría de los Soviets, lo han reconocido y manifestado ya en los últimos días; pero, como auténticos pequeños burgueses, se desentienden de esa terrible realidad con frases hueras y sonoras.
196p 2. Los dirigentes de los Soviets y de los partidos eserista y menchevique, con Tsereteli y Chernov a la cabeza, han traicionado definitivamente la causa de la revolución al ponerla en manos de los contrarrevolucionarios y al convertirse ellos, y convertir a sus partidos y a los Soviets, en hoja de parra de la contrarrevolución.
p Así lo demuestra el hecho de que los socialistas-revolucionarios y los mencheviques hayan delatado a los bolcheviques y aprobado tácitamente el asalto a sus periódicos, sin atreverse siquiera a decir al pueblo con franqueza y claridad que lo hacían ellos y por qué lo hacían. Al legalizar el desarme de los obreros y de los regimientos revolucionarios se despojaron a sí mismos de todo poder real; se convirtieron en vanílocuos charlatanes, que ayudaban a la reacción a “distraer” la atención del pueblo hasta que aquélla terminara sus últimos preparativos para disolver los Soviets. Sin reconocer esa bancarrota total y definitiva de los partidos socialistarevolucionario y menchevique y cíe la actual mayoría de los Soviets; sin reconocer el carácter ficticio por completo de su “directorio” y demás mascaradas, es imposible comprender absolutamente nada de la situación política actual.
p 3. Todas las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución rusa se han desvanecido para siempre. La situación objetiva es ésta: o la victoria completa de la dictadura militar o el triunfo de la insurrección armada de los obreros, triunfo que sólo es posible si coincide con un alzamiento decidido de las masas contra el gobierno y contra la burguesía, originado por la ruina económica y la prolongación de la guerra.
p La consigna de "¡Todo el poder a los Soviets!" era la consigna de desarrollo pacífico de la revolución, posible en abril, en mayo, en junio y hasta el 5-9 de julio, es decir, antes de que el poder efectivo pasara a manos de la dictadura militar. Ahora, esta consigna no es ya justa, pues no tiene en cuenta ese paso, ya operado, ni la traición total y evidente de los eseristas y mencheviques a la revolución. No son las aventuras ni los motines, no son las resistencias parciales ni los intentos desesperados de oponerse aisladamente a la reacción los que pueden ayudar en este asunto. Sólo puede ayudar la clara conciencia de la situación, la firmeza y la tenacidad de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas con vistas a una insurrección armada, cuyas condiciones para la victoria son ahora terriblemente difíciles, pero, pese a todo, posibles si coinciden los hechos y las tendencias señaladas en el texto de la tesis. Nada de ilusiones constitucionalistas y republicanas, nada de ilusiones acerca de un camino pacífico, nada de acciones dispersas; no hay que dejarse llevar ahora por la provocación de las centurias negras ni cíe los cosacos; hay que 197 reunir las fuerzas, reorganizarlas y prepararlas con firmeza para una insurrección armada, siempre que la evolución de la crisis permita hacerlo a verdadera escala de masas, de todo el pueblo. El paso de la tierra a los campesinos es imposible ahora sin una insurrección armada, pues la contrarrevolución, al adueñarse del poder, se ha unido por entero con los terratenientes como clase.
p El objetivo de la insurrección armada sólo puede ser el paso del poder al proletariado, apoyado por los campesinos pobres, para realizar el programa de nuestro partido.
p 4. El partido de la clase obrera, sin abandonar la legalidad, pero sin sobrestimarla ni por un instante, deberá combinar la labor legal con la ilegal, como en 1912-1914.
p No hay que abandonar ni por una hora el trabajo legal. Pero tampoco debe creerse ni un ápice en las ilusiones constitucionalistas y "pacíficas”. Hay que crear inmediatamente por doquier y para todo organizaciones o células clandestinas que editen hojas, etc. Reorganizarse en seguida, disciplinada y tenazmente, en toda la línea.
p Actuar como en 1912-1914, cuando supimos hablar del derrocamiento del zarismo por la revolución y la insurrección armada sin perder nuestra base legal ni en la Duma de Estado, ni en las cajas de seguros, ni en los sindicatos, etc.
p Escrito el 10 (23) de julio de 1917.
p Publicado el 2 de agosto (20 de julio) de 1917 en el núm. 6 de "Proletñrxknie Dielo".
p Firmado: W.
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