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DISCURSO SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO 22 DE MAYO (4 DE JUNIO) DE 1917
 

p Camaradas: La resolución que tengo el honor de someter a vuestro criterio en nombre del grupo socialdemócrata del Soviet de campesinos, ha sido impresa y repartida entre los delegados. Si todavía no ha llegado a poder de todos, tomaremos las medidas oportunas para que mañana se impriman nuevos ejemplares y se distribuyan entre quienes lo deseen.

p En mi breve informe sólo podré tocar, naturalmente, los puntos fundamentales, los que más interesan a los campesinos y a la clase obrera. A quien desee informarse más detenidamente sobre esta cuestión podría recomendarle la resolución de nuestro partido, el Partido Obrero Socialdemócrata (bolchevique) de Rusia, publicada como suplemento al núm. 13 de Soldátskaya Pravda y comentada repetidas veces en nuestro periódico Pravda  [149•* . Aquí tendré que limitarme a aclarar los puntos más importantes, más discutibles o más expuestos a malentendidos de mi moción y del programa de nuestro partido sobre la cuestión agraria. Uno de los primeros puntos discutibles o sujetos a malentendidos es el problema que ayer o anteayer se planteó también en el Comité Agrario General^^66^^, en una sesión de la que todos vosotros habréis oído seguramente hablar, o acerca de la cual habréis leído en los periódicos de ayer o anteayer. A esa sesión del Comité Agrario General asistió un representante de nuestro partido, compañero mío del Comité Central, Smilga. El presentó allí una propuesta en la que se pedía que el Comité Agrario General se declarase a favor de la toma inmediata y organizada de las tierras de los terratenientes por los campesinos. Esta propuesta desencadenó 150 sobre el camarada Smilga una lluvia de objeciones. (Voces: "¡Aquí también!”) Acaban de decirme que aquí también habrá muchos camaradas que intervendrán en contra de esa propuesta, razón de más para detenerme a dilucidar con cierto cuidado este punto de nuestro programa, pues me parece que la mayoría de las objeciones nacen del equívoco o de una interpretación errónea de nuestro punto de vista.

p ¿Qué dicen todas las resoluciones de nuestro partido, todos los artículos de nuestro órgano, nuestro periódico Pravda? Nosotros sostenemos que toda la tierra, sin excepción, debe pasar a ser propiedad de todo el pueblo. Hemos llegado a esta conclusión después de estudiar, en especial, el movimiento campesino del año 1905 y las declaraciones de los diputados campesinos en la primera y la segunda Duma de Estado, donde varios diputados campesinos de todas las regiones de Rusia pudieron exponer con una libertad relativa, relativa por supuesto, su opinión.

p Toda la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo. De aquí se desprende que, cuando propugnamos el paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a los campesinos de la respectiva localidad, no abogamos en modo alguno por que las tierras pasen a ser propiedad de estos campesinos; no abogamos, en modo alguno, por el reparto de esas tierras. Entendemos que los campesinos de la localidad en que las tierras radican deben hacerse cargo de éstas para una sola siembra, ateniéndose para ello a la decisión de la mayoría de los delegados campesinos del lugar. No propugnamos, ni mucho menos, que la tierra pase a ser propiedad de los campesinos a quienes ahora se les entrega para una sola siembra. Todas las objeciones de ese género que se hacen constantemente a nuestra propuesta (y que hube de oír y leer de continuo) en la prensa capitalista, nacen de una falsa interpretación de nuestros puntos de vista. Puesto que hemos dicho—y repito que lo hemos sostenido en todas nuestras resoluciones—que la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo y pasar a sus manos gratuitamente, es evidente que el reparto definitivo de esas tierras, la determinación de su régimen definitivo, sólo puede llevarlo a cabo un poder central del Estado, es decir, la Asamblea Constituyente, o el Consejo de los Soviets de toda Rusia, en caso de que las masas obreras y campesinas creen ese poder. En este punto no existen discrepancias.

p Las discrepancias empiezan cuando se nos objeta: "Si es así, todo paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos de los campesinos significará un acto arbitrario”. Este punto de vista, que aparece expresado con la mayor precisión, con la mayor autoridad y con una gran fuerza por el ministro de 151 Agricultura Shingariov, en su famoso telegrama, es, a nuestro modo de ver, el más erróneo de todos, desventajoso para los campesinos, desventajoso para los agricultores, desventajoso para el abastecimiento de pan al país, y además, injusto. Me permitiré dar lectura a este telegrama, para que se vea contra qué van dirigidas en primer lugar nuestras objeciones.

p “Solución independiente problema tierra inadmisible sin intervención ley general del Estado. Arbitrariedad llevará Estado desastre... Solución problema tierra según ley compete Asamblea Constituyente. Actualmente agricultores y propietarios tierra han constituido en cada localidad cámaras de conciliación junto a comités aprovisionamiento subdistritos".

p Es el pasaje fundamental de la declaración formulada por el gobierno respecto de este problema. Y cuando conozcáis la resolución adoptada ayer o anteayer acerca de esta cuestión por el Comité Agrario General, así como la resolución adoptada en estos días por una conferencia de los miembros de la Duma de Estado, veréis que ambas resoluciones arrancan de un mismo punto de vista. Ambas acusan a los campesinos, que pretenden llevar a cabo la entrega inmediata y gratuita de la tierra y su distribución por los comités locales de campesinos, de proceder arbitrariamente, y es porque ambas parten de la idea de que sólo un acuerdo voluntario entre los campesinos y los terratenientes, entre los agricultores y los propietarios, responde supuestamente a las necesidades y a los intereses generales del Estado. Y esto es lo que rechazamos; contra esto discutimos.

p Analicemos las objeciones que se hacen a nuestra propuesta. Generalmente, estas objeciones consisten en decir que en Rusia la tierra está repartida muy desigualmente, no sólo entre las unidades geográficas pequeñas, como las aldeas y los subdistritos, sino también entre las grandes demarcaciones, como las provincias y las regiones. Pues bien, si la población local, se nos dice, ateniéndose a sus acuerdos de mayoría y sin considerar la voluntad de los terratenientes, se apoderase de la tierra, y, además, gratuitamente, esta desigualdad no sólo subsistiría, sino que jncluso existiría el peligro de que se afianzara. A esto contestamos que tal argumento se apoya en un equívoco. La desigualdad en la distribución de la tierra subsistirá de todos modos hasta que la Asamblea Constituyente o, en general, un poder central del Estado, implante definitivamente un nuevo orden. La desigualdad en la distribución subsistirá mientras no se establezca el nuevo orden, resolviendo el asunto al modo campesino o al modo terrateniente, tal como lo deseamos nosotros (realizando el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos) o como lo 152 desean los terratenientes, dispuestos a entregar en arriendo sus tierras a un alto precio a condición de que el campesino arrendatario y el terrateniente conserven sus derechos. Esta objeción que se nos hace es manifiestamente falsa e injusta. Nosotros sostenemos que es necesario crear, y cuanto antes mejor, un poder estatal central que no sólo se apoye en la voluntad y en las decisiones de la mayoría de los campesinos, sino que exprese directamente el parecer de esa mayoría. No hay discusión al respecto. Rechazamos del modo más enérgico las objeciones que se formulan contra los bolcheviques, los ataques de la prensa capitalista, las afirmaciones de quienes nos acusan de anarquistas, pues consideramos esos ataques como mentiras y calumnias de mala fe.

p Anarquistas son quienes niegan la necesidad de un poder del Estado, pero nosotros sostenemos su absoluta necesidad, no sólo hoy en Rusia, sino en cualquier Estado, incluso en el que se halle en un momento de transición directa hacia el socialismo. Un poder de lo más firme es indudablemente necesario. Nosotros sólo queremos que ese poder resida íntegra y exclusivamente en manos de la mayoría de los diputados obreros, campesinos y soldados. En esto nos distinguimos de los demás partidos. Nosotros no negamos, ni mucho menos, la necesidad de un poder estatal firme; sólo decimos que todas las tierras de los terratenientes deben pasar gratuitamente a manos de los campesinos, de acuerdo con la resolución adoptada por la mayoría de cada comité local de campesinos y bajo la condición de que no se infieran daños a los bienes. Así se hace resaltar expresamente en nuestra resolución. Rechazamos, pues, del modo más enérgico, la objeción que se formula a nuestro punto de vista en el sentido de que se trata de una aplicación arbitraria del derecho.

p No. A nuestro parecer, lo que constituye una arbitrariedad es que los terratenientes retengan las tierras en su provecho o reciban dinero por ellas; pero cuando la mayoría de los campesinos dice que la tierra de los terratenientes no debe permanecer en las manos de éstos, que en el transcurso de muchos años, en el transcurso de siglos, los campesinos no vieron más que opresión de parte de esos terratenientes, de los propietarios de la tierra, esto no constituye una aplicación arbitraria del derecho sino la restauración del derecho, y para la restauración del derecho no se debe esperar. De realizarse ahora el paso de las tierras a los campesinos, no cabe eliminar la distribución desigual entre las regiones—esto es indiscutible—, pues nadie podrá eliminar esa desigualdad mientras no se haya reunido la Asamblea Constituyente. Si se le pregunta ahora a Shingariov, quien nos objeta e insulta 153 en los documentos oficiales a los partidarios de nuestras opiniones por defender la “arbitrariedad”, si se le pregunta qué propone contra esa desigualdad en la distribución, no sabrá qué contestar. Nada propone y nada puede proponer.

p Dice: "acuerdo voluntario entre campesinos y terratenientes”. ¿Qué significa esto? Daré dos cifras fundamentales, que se refieren a la propiedad agraria en la Rusia europea. Estas cifras demuestran que en uno de los extremos del campo ruso están los terratenientes muy ricos, entre los cuales se cuentan los Románov, los más ricos y peores de todos, y en otro extremo los campesinos pobres. Daré las dos cifras para que se vea qué valor tiene esa prédica de Shingariov, qué valor tiene la prédica de todos los terratenientes y capitalistas. Las dos cifras a que me refiero son las siguientes: si tomamos a los terratenientes más ricos de la Rusia europea, veremos que los más grandes, que son menos de 30.000, poseen unos 70 millones de deciatinas de tierra. Vienen a corresponderles, pues, más de 2.000 deciatinas por cabeza. Es decir, que tomando las capas más altas de los terratenientes rusos ricos, sin distinción de rango social (pues aunque la mayoría de ellos son aristócratas, hay también otras clases de propietarios agrarios), ¡vemos que son 30.000, y reúnen 70 millones de deciatinas! En cambio, si nos fijamos en los campesinos pobres, según el mismo censo de 1905, que da los últimos datos generales reunidos uniformemente en toda Rusia—datos que, en el fondo, no merecen una gran confianza, como no puede merecerla ninguna estadística elaborada bajo el zar, por funcionarios zaristas, pero que son, sin embargo, los datos más aproximados a la verdad y que pueden ser objeto de una comparación—, si nos fijamos en los campesinos pobres, nos encontramos con 10 millones de familias que sólo tienen de 70 a 75 millones de deciatinas. Es decir, que mientras uno posee más de 2.000 deciatinas, a otro le tocan 7’/2 deciatinas por familia! ¡Y se afirma que será una arbitrariedad que los campesinos se nieguen a un acuerdo voluntario! ¿Qué significa, en realidad, ese "acuerdo voluntario"? Significa que los terratenientes quizá cedan sus tierras en arriendo si se las pagan bien, pero no las entregarán a nadie gratuitamente. ¿Es eso justo? No, no es justo. ¿Es eso beneficioso para la población campesina? No, no lo es. De qué modo habrá de estatuirse definitivamente la propiedad agraria, es cosa que ha de decidir el futuro poder central, pero ahora, inmediatamente, es necesario que la tierra de los terratenientes pase sin indemnización a manos de los campesinos, a condición de que éstos se apoderen de ella organizadamente. En una reunión del Comité General Agrario, el ministro Chernov, objetando a mi camarada de partido 154 Smilga, dijo que "apoderarse organizadamente" eran dos términos que se excluían por antitéticos: si era toma de posesión no podía ser organizada, y si era organizada, no era toma de posesión. Creo que es una crítica errónea. Yo entiendo que si los campesinos adoptan una resolución por mayoría en su aldea, en su subdistrito, en su distrito o en su provincia—y en muchas provincias, si no todas, los congresos de campesinos han instaurado un poder local que representa los intereses y la voluntad de la mayoría, un poder que representa la voluntad de la población, es decir, de la mayoría de los agricultores—, por cuanto ese poder fue creado en las mismas localidades, su resolución es la resolución de un poder que reconocerán los campesinos. Es el poder que la población campesina local no puede dejar de respetar, pues no hay duda de que ese poder, libremente elegido, establece que los latifundios deben pasar de inmediato a manos del campesinado. El campesino debe saber que se posesiona de la tierra del terrateniente, y si paga algo por ella que sea a las cajas campesinas, a las cajas de los distritos, y que ese dinero se invertirá en mejorar la economía rural, en pavimentos, caminos, etc. Debe saber que no toma su tierra propia, pero tampoco la del terrateniente, sino la tierra que pertenece a todo el pueblo y acerca de la cual dispondrá en definitiva la Asamblea Constituyente. Por eso, desde el comienzo mismo de la revolución, desde el momento en que se instituyó el primer Comité de la tierra, no debe existir derecho alguno de los terratenientes a la tierra y no debe haber ninguna demanda de dinero sobre esa tierra.

p La contradicción fundamental entre nosotros y nuestros adversarios reside en la manera de concebir qué es el orden y qué la ley. Hasta aquí, orden y ley era lo que convenía a los terratenientes y a los funcionarios. Pero nosotros afirmamos que orden y ley es lo que conviene a la mayoría de las masas campesinas. Y mientras no haya un Consejo de los Soviets de toda Rusia, mientras no haya una Asamblea Constituyente, el orden supremo y la suprema ley residen en todos los poderes locales de gobierno: comités de distrito y comités de provincia. ¡Para nosotros, proceder arbitrariamente consiste en que un terrateniente, apoyándose en viejos derechos seculares, exija un "acuerdo voluntario" a trescientas familias de campesinos, cada una de las cuales sólo posee por término medio 7’/a deciatinas! Nosotros decimos: "¡Adóptense resoluciones por mayoría; nosotros queremos que los campesinos obtengan los campos de los terratenientes inmediatamente, sin perder un solo mes, una sola semana, ni siquiera un solo día!"

p Nos replican: "Si los campesinos se apoderan ahora de la 155 tierra, ésta pasará posiblemente a manos de los más ricos, de los que tienen ganado, instrumentos de labor, etc., ¿y ello no será peligroso precisamente desde el punto de vista de los campesinos pobres?" ¿amaradas: Debo detenerme a examinar este argumento, porque nuestro partido declara en todas sus resoluciones, en todos sus programas y en todas sus proclamas: "Somos el partido de los asalariados y de los campesinos pobres, cuyos intereses queremos defender; a través de estas clases y sólo a través de ellas podrá salir la humanidad de los horrores en los que la ha precipitado esta guerra de los capitalistas".

p Por eso examinamos muy atentamente objeciones como éstas, según las cuales nuestras resoluciones no corresponden a los intereses de los campesinos pobres, e invitamos a que se les preste una atención especial, pues son estas objeciones, precisamente, las que conciernen a la esencia misma del asunto, a la raíz del problema. Todo el problema estriba, sustancialmente, en saber de qué modo se pueden y se deben defender en la revolución que se está desarrollando, en esta transformación estatal de Rusia, los intereses de los obreros asalariados de la ciudad y del campo, los intereses de los campesinos pobres contra los intereses de los terratenientes o de los campesinos ricos, que son también capitalistas. Por supuesto, ahí está el quid de la cuestión, el meollo del problema. Y he aquí que, para refutarnos, se dice que si se aconseja a los campesinos que se apoderen inmediatamente de la tierra, de ella se apoderará en primer término quien posea ganado e instrumentos de labor, mientras que el pobre quedará con las manos vacías. Yo pregunto: ¿acaso un acuerdo voluntario con los terratenientes pondrá remedio a esto?

p Sabéis perfectamente que los terratenientes sólo de mala gana dan en arriendo sus tierras a aquellos campesinos que no tienen un céntimo en el bolsillo y, por el contrario, recurren a acuerdos “voluntarios” cuando se les promete una buena paga. Hasta la fecha, los terratenientes no se han desprendido nunca de sus tierras gratuitamente; a lo menos, entre nosotros, en Rusia, nadie lo ha advertido.

p Si se ha de hablar de acuerdos voluntarios con los terratenientes, ello significa reforzar, extender, consolidar aún más la situación privilegiada, favorable, ventajosa, que disfrutan los campesinos ricos, porque éstos con toda seguridad pueden pagar a los terratenientes, y para todo terrateniente un campesino rico es un hombre solvente. El terrateniente sabe que el campesino rico puede pagar y puede ser demandado; por eso, con tales acuerdos “voluntarios”, son precisamente los campesinos ricos quienes salen ganando más que los pobres. Por el contrario, si hay una 156 posibilidad de acudir en ayuda del campesino pobre, es implantando una medida tal como la que propongo, o sea: la tierra debe pasar inmediata y gratuitamente a los campesinos.

p La propiedad terrateniente ha sido y sigue siendo la más grande de las injusticias. La posesión gratuita de la tierra por los campesinos, siempre y cuando se base en una resolución de la mayoría, no es un acto arbitrario, sino la restauración del derecho. Este es nuestro punto de vista y reputamos como extraordinariamente injusto el argumento de que con ello perderán los campesinos pobres. Llámase acuerdo “voluntario”—sólo Shingariov puede dar a eso el nombre de acuerdo “voluntario”—si un terrateniente es dueño de 2.000 deciatinas y 300 campesinos de 7’/a deciatinas por término medio. ¡Llamar acuerdo voluntario a eso es mofarse de los campesinos! Eso no es, para los campesinos, un acuerdo voluntario, sino un acuerdo impuesto por la fuerza, impuesto hasta tanto el Soviet de campesinos de cada subdistrito, de cada distrito, de cada provincia y el Soviet de toda Rusia declaren que la propiedad terrateniente es una gran injusticia, cuya abolición no se puede seguir aplazando ni una sola hora, ni un solo minuto.

p La tierra debe pertenecer a todo el pueblo, y es el poder de todo el Estado el llamado a establecer esa propiedad. Pero mientras éste no se reúna, son las autoridades locales, vuelvo a repetir, las llamadas a hacerse cargo de la tierra, procediendo de acuerdo con una mayoría organizada. ¡No es cierto lo que los periódicos gritan de que en Rusia reina el desorden! No es cierto; en el campo reina más orden que antes, pues las resoluciones se toman por mayoría; apenas ha habido violencias contra terratenientes; los casos de injusticias y de violencias cometidas contra terratenientes son muy aislados; su número es insignificante y no excede, en toda Rusia, al de los casos de violencia que también antes se cometieron.

p Paso a examinar ahora otro argumento que he escuchado y tratado en nuestro periódico Pravda, en relación con el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos  [156•* .

p Se sostiene que aconsejando a los campesinos que se apoderen inmediatamente y sin pago alguno de la tierra de los terratenientes, se sembrará el descontento, la irritación, el recelo y, acaso, hasta la rebelión de los soldados en el frente, quienes dirán tal vez: "Si los campesinos toman la tierra ahora, mientras nosotros debemos permanecer en el frente, nos quedaremos sin tierra”; en 157 ese caso, los soldados abandonarían, quizá, el frente y cundirían el caos y la anarquía. A esto contestamos que esa objeción no toca para nada el problema fundamental: lo mismo da que la tierra se tome mediante pago, por medio de un acuerdo con los terratenientes, o por decisión de la mayoría de los campesinos; mientras dure la guerra, los soldados tendrán que permanecer en el frente y, por supuesto, allí permanecerán sin poder volver a sus pueblos. ¿Por qué los soldados del frente no han de temer que los terratenientes, bajo la apariencia de un acuerdo voluntario, impongan a los campesinos condiciones desfavorables, y sí, en cambio, que los campesinos resuelvan por mayoría contra los terratenientes? ¡Inexplicable! ¿Por qué el soldado en el frente ha de tener más confianza en los terratenientes, en un acuerdo “voluntario” pactado con los terratenientes? Me explico que digan eso los partidos de los terratenientes y de los capitalistas, pero no creo que sea ése el punto de vista del soldado ruso que está en el frente. De haber un acuerdo “voluntario” con el terrateniente, el soldado no lo llamará orden, ni confiará en él; más bien creerá que sigue reinando el desorden terrateniente de siempre.

p El soldado confiará más si se dice: la tierra pasa a ser propiedad del pueblo, los campesinos de la localidad la toman en arriendo, pero no pagan el arriendo a los terratenientes, sino que lo aportan a su propio comité, y para fines de interés colectivo, con destino a ese mismo frente de los soldados, y no al terrateniente. Y si esto se decide por mayoría, el soldado del frente sabrá que ya no puede haber acuerdos “voluntarios” con los terratenientes, que los terratenientes son ciudadanos con igualdad de derechos, a quienes nadie quiere agraviar. La tierra es de todo el pueblo, o sea, que también pertenece a los terratenientes, pero no por sus privilegios de nobleza, sino como a simples ciudadanos. Desde el día en que el poder del zar, primer terrateniente y primer opresor de las masas, fue derribado, no debieron seguir rigiendo los privilegios de los terratenientes. Con el triunfo de la libertad hay que considerar derribado para siempre el poder de los terratenientes. Con este punto de vista el soldado en el frente no perderá nada; por el contrario, tendrá mayor confianza en el poder estatal y una tranquila seguridad por su casa, sabiendo que su familia no será agraviada ni sufrirá desamparo.

p Nos queda todavía por examinar un argumento que se emplea contra nuestra propuesta. Es el de que si los campesinos se apoderan inmediatamente de las tierras de los terratenientes, esta confiscación inmediata, tan poco preparada, hará tal vez que la siembra y el cultivo de la tierra empeoren. He de decir que el poder de la mayoría, el poder general del Estado, no se ha creado 158 aún, que los campesinos no tienen todavía suficiente confianza en sí mismos ni han perdido aún la confianza en los terratenientes y capitalistas; pero creo que día a día nos acercamos a ello, que día a día los campesinos van perdiendo su confianza en el antiguo poder estatal y comprendiendo que el gobierno, en Rusia, tienen que constituirlo los representantes elegidos por los campesinos, los soldados, los obreros, etc., y nadie más; entiendo que cada día que pasa nos acerca más a ese momento y no porque así lo aconseje ningún partido, pues los millones de hombres no escucharán jamás los consejos de los partidos si esos consejos no coinciden con lo que la experiencia de la propia vida les enseña. Nos vamos acercando con paso veloz al día en que no habrá en Rusia otro poder que el de los representantes campesinos y obreros. Y cuando se me dice que la apropiación inmediata de la tierra hará que ésta se cultive peor, que la siembra será mala, entonces debo decir que los campesinos, aplastados, oprimidos durante siglos por los terratenientes, cultivan la tierra muy mal. En Rusia reina, por supuesto, una crisis espantosa, que se ha declarado en nuestro país como en todos los países beligerantes, y Rusia sólo podrá salvarse mejorando los métodos de cultivo de la tierra, economizando al máximo las energías humanas. ¿Pero acaso hoy, en esta primera siembra, puede modificar algo un acuerdo “voluntario” con los terratenientes? ¿Acaso los terratenientes van a vigilar mejor el cultivo de su tierra, o los campesinos van a sembrar peor sabiendo que no es la tierra del amo la que trabajan, sino la tierra que pertenece a todo el pueblo? ¿Es que pasará algo si en vez de pagar al terrateniente lo hacen a sus propias cajas campesinas? Esto es un disparate tal, que me maravilla escucharlo como argumento; esto es completamente inverosímil y, en su totalidad, un ardid de los terratenientes.

p Estos han comprendido que ya no se puede seguir gobernando con el palo; lo han comprendido perfectamente, y por ello abrazan ahora una forma de gobierno que, si bien para Rusia es una novedad, en los países occidentales de Europa existe desde hace mucho tiempo. Que no se puede seguir gobernando con el palo lo han demostrado en Rusia dos revoluciones y decenas de revoluciones en los países occidentales. Los terratenientes y capitalistas han aprendido de esas revoluciones, han aprendido que hay que gobernar al pueblo con el engaño, con la adulación; han aprendido que, por muy explotador que se sea, hay que adaptarse, ponerse un lacito rojo en el ojal y decir: "Somos la democracia revolucionaria, os rogamos que tengáis un poco de paciencia, lo haremos todo para vosotros”. El argumento de que los campesinos sembrarán peor la tierra cuando ésta deje de pertenecer a los 159 terratenientes y pase a ser propiedad de todo el pueblo es una burla manifiesta de que se hace objeto a los campesinos, un esfuerzo por conservar el dominio sobre ellos por medio del engaño.

p Repito, la propiedad terrateniente no debe existir en absoluto; la posesión aún no es propiedad, es una medida provisional y transitoria que cambia todos los años. El campesino que obtiene en arriendo un pedazo de tierra, no se atreve a considerar esa tierra como suya propia. Esta tierra no le pertenece a él ni tampoco al terrateniente: pertenece al pueblo. Repito que esta medida no puede perjudicar la siembra de los campos en este año, en esta primavera. Pensar así es tan monstruoso e inverosímil, que sólo os digo una cosa: hay que guardarse de los terratenientes, no hay que fiarse de ellos, no hay que dejarse engañar por palabras amables o promesas. Hay que tener presente que la resolución de la mayoría de los campesinos, muy cautos siempre en sus decisiones, es una resolución legítima de interés para todo el Estado. En este aspecto se puede confiar en los campesinos. Aquí tengo delante, por ejemplo, una resolución de los campesinos de Penza, inspirada en una prudencia extraordinaria desde el primer punto hasta el último: los campesinos no intentan implantar ningún género de transformaciones inmediatas para toda Rusia, pero no quieren verse reducidos a una insoportable esclavitud, y tienen razón. La peor de las esclavitudes era y sigue siendo la de los terratenientes, la de los grandes propietarios agrarios y opresores. Por eso no debe pasar una semana más, no debe pasar una hora más para eliminar esa esclavitud, pero toda confiscación habrá de ser organizada, y no en concepto de propiedad, no para su reparto, sino tan sólo para el aprovechamiento en común de la tierra, que pertenece a todo el pueblo.

p Pondré fin a este punto de la expropiación, diciendo que las objeciones dirigidas contra nuestra propuesta nacen, por parte de los terratenientes y los capitalistas, del engaño, y cuando son formuladas por los no terratenientes, por los no capitalistas, por gente deseosa de defender los intereses de los trabajadores, nacen de un equívoco, de una confianza exagerada en lo que los capitalistas y los terratenientes dicen, falseando la verdad, acerca de nosotros. Examínense nuestros argumentos y se verá que el postulado de justicia de quienes reclamamos la abolición inmediata de la propiedad terrateniente de la tierra y el paso de esta propiedad al pueblo no es realizable mientras no exista un poder central del Estado; pero aconsejamos insistentemente el paso inmediato de la tierra en posesión a los campesinos de la localidad respectiva, siempre que no se admita la menor violación del orden. He ahí el consejo que nosotros damos en 160 nuestras resoluciones; consejo tal vez superfluo, ya que sin él los campesinos se encargan de ponerlo en práctica.

p Pasaré al segundo punto, que merece la mayor atención: al problema de cómo, a juicio nuestro y en interés de las masas trabajadoras, ha de procederse con la tierra, una vez convertida ésta en propiedad del pueblo y abolida sobre ella la propiedad privada. En Rusia, esa hora se acerca. En realidad, el poder del terrateniente, si bien no ha sido abolido, ha quedado socavado. Pues bien, cuando la tierra pertenezca a todos los campesinos, cuando no haya terratenientes, ¿qué deberá hacerse, cómo deberá distribuirse esa tierra? A mi juicio, en este problema debe adoptarse un punto de vista general básico, ya que el derecho de disposición corresponderá dejarlo siempre, evidentemente, a cargo de los campesinos de cada localidad. En un Estado democrático no puede ser de otro modo, y la cosa es tan clara que no hay para qué detenerse más en esto. Pero cuando se oye preguntar cómo proceder para que la tierra la reciban los trabajadores, nosotros decimos: queremos defender los intereses de los asalariados y de los campesinos pobres. Esa es la misión que se propone nuestro partido, el partido de los socialdemócratas rusos, bolcheviques. Nos preguntamos: ¿decir que la tierra pasará a manos del pueblo es lo mismo que decir que pasará a manos de los trabajadores? Y contestamos: no, no es lo mismo. Cuando decimos que la tierra pasará a ser del pueblo, significa que la propiedad terrateniente será abolida; significa que toda la tierra pertenecerá a todo el pueblo; significa que todo el que reciba tierra la recibirá en arriendo de todo el pueblo. Y si ese orden se establece, ello querrá decir que desaparecerán todas las diferencias respecto de la propiedad de la tierra, que toda la tierra es igual, como dicen con frecuencia los campesinos: "Todos los viejos vallados caerán, la tierra se verá libre de linderos; la tierra será libre y libre el trabajo”. ¿Quiere decir esto que la tierra se entregará a todos los trabajadores? No, no quiere decir eso. Trabajo libre en tierra libre quiere decir que habrán desaparecido todas las viejas formas de propiedad agraria; que no habrá más propiedad territorial que la del Estado; cada uno tomará de éste la tierra en arriendo; habrá un poder general del Estado, el poder de todos los obreros y campesinos; de ese poder arrendará el campesino; entre el Estado y el campesino no habrá intermediarios; todos obtendrán tierra por igual; eso es trabajo libre en tierra libre.

p ¿Quiere decir que la tierra se entregará a todos los trabajadores? No, no quiere decir eso. La tierra no se come. Para poder trabajarla hacen falta instrumentos de labor, ganado, equipos, dinero; sin dinero, sin aperos, no es posible cultivar. Así pues, cuando hayáis implantado un orden tal donde exista trabajo libre en una tierra 161 libre, no habrá ninguna propiedad agraria terrateniente, no habrá categorías sociales en la tierra, sino únicamente la propiedad común del pueblo y libres arrendatarios de la tierra que tomarán del Estado. Cuando hayáis establecido eso, no querrá decir que la tierra habrá pasado a manos de todos los trabajadores, querrá decir que todo agricultor podrá disponer de la tierra con libertad; quien así lo desee podrá tomar libremente la tierra del Estado. Y esto, comparado con la Rusia zarista, terrateniente, será un gran paso adelante. Será un gran paso adelante, pues mientras la Rusia zarista, terrateniente, era un país en que a 30.000 Márkov, Románov y otros terratenientes por el estilo se les entregaron 70 millones de deciatinas de tierra, en la Rusia nueva reinará el trabajo libre en la tierra libre. Hoy, esto ya ha sido realizado en muchas comarcas. Hoy, comparada con la Rusia de los zares y de los terratenientes, Rusia ha dado un gran paso adelante, pero este paso no es la entrega de la tierra a los trabajadores, sino su entrega a quien ya tiene, porque siendo la tierra del Estado, no es suficiente que alguien la tome para cultivarla; la voluntad por sí sola no basta; además, hay que saber, y eso tampoco es suficiente. Todo peón, todo jornalero, saben cultivar la tierra; pero les faltan ganado, instrumentos de labor, capital. Por eso, por más que dispongan, por más que hablen, no se conseguirá sólo con ello instaurar el trabajo libre sobre la tierra libre. Y aunque en cada municipio pusiéramos un cartelón proclamando la libertad de la tierra, no mejoraríamos la situación de los trabajadores, del mismo modo que las cárceles de las repúblicas de Europa Occidental no dejan de ser cárceles porque ostenten la inscripción de "Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Si se inscriben en una fábrica, como se hace en Norteamérica, las palabras "Libertad, Igualdad, Fraternidad”, no dejarán de ser esas fábricas un presidio para los obreros y un paraíso para los capitalistas.

p Esto significa que se debe ir más allá, para ver cómo obtener no sólo trabajo libre, que representa un paso hacia adelante, pero que aún no llega a la protección de los intereses de los trabajadores; es un paso que los libera de la voracidad de los terratenientes, de su explotación, un paso que los libera de los Márkov, de la policía, etc., pero no implica la defensa de los intereses de los trabajadores, pues sin ganado ni instrumentos de labor, sin capital, el campesino pobre y desposeído no puede trabajar la tierra. He ahí por qué yo abrigo una gran desconfianza contra esos dos procedimientos o normas que se llaman norma de trabajo y norma de consumo. Ya sé que en los partidos populistas siempre se encuentran reflexiones y aclaraciones sobre estas normas. Ya sé que dichos partidos sostienen el punto de vista de que es necesario implantar ambas normas, ambos procedimientos: la norma de trabajo, o sea, la máxima cantidad de tierra que

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162 podría cultivar una familia, y la norma de consumo, o sea, cantidad de tierra por debajo de la cual aparecería el hambre. Digo que tengo una gran desconfianza respecto de estas normas o procedimientos, pues entiendo que ése es un plan burocrático que no traerá provecho, no será viable, por más que ustedes lo planteen aquí. He ahí el fondo de la cuestión. Este plan no aportará ningún alivio sensible a los jornaleros y a los campesinos pobres; este plan, aun cuando lo aceptéis, será letra muerta mientras domine el capitalismo y no nos ayudará a encontrar el camino acertado para el tránsito del capitalismo al socialismo.

p Cuando se habla de estos dos criterios, de estas dos normas, se enfocan las cosas como si en el mundo existiesen sólo tierra y ciudadanos, como si no hubiese nada más. De ser así, el plan sería bueno. Pero no sucede así. Existe el poder del capital, el poder del dinero—sin dinero, aun en la tierra más libre y con las “normas” que se quiera no puede desarrollarse una economía—, y mientras subsista el dinero subsistirá también el trabajo asalariado. Significa, pues, que los campesinos ricos—y en Rusia los campesinos ricos no bajan de un millón de familias—oprimen y explotan a los asalariados agrícolas y seguirán oprimiéndolos en la tierra “libre”. Estos campesinos ricos recurren a la mano de obra asalariada por regla general y no como excepción, contratando a obreros por días, por años o por temporadas; es decir, explotan a los campesinos más pobres, a los proletarios. Al mismo tiempo, hay millones y millones de campesinos que carecen de caballos, que no pueden subsistir sin vender su fuerza de trabajo, sin tener que buscarse un salario fuera de su hacienda, etc. Mientras exista el poder del dinero, el poder del capital, por más “normas” que se implanten, éstas serán, en el mejor de los casos, ineficaces en la práctica, pues no toman en cuenta el importante factor de la propiedad de los instrumentos de labor, del ganado, del dinero, propiedad que está distribuida desigualmente; no tienen en cuenta que existe el trabajo asalariado sujeto a explotación. Este es un hecho fundamental de la vida presente de Rusia, y no se lo puede pasar por alto, pues de otro modo la vida se encargará de burlarse de las “normas” que se implanten, cualesquiera que sean, y de hacer que esas “normas” queden sólo en el papel. Por eso, para defender los intereses de los campesinos pobres y desposeídos en esta magna transformación de Rusia que estáis llevando a cabo y que, indudablemente, realizaréis cuando la propiedad privada sobre el suelo haya sido abolida y cuando hayáis dado un paso hacia un porvenir mejor, un porvenir socialista; para que en esa gigantesca transformación, que sólo habéis empezado, que irá lejos y que, puede decirse sin exageración, será sin duda realizada en Rusia, pues no hay fuerza capaz de detenerla; para que 163 sea posible defender los intereses de los obreros y de los campesinos más pobres, no vale el camino del establecimiento de normas, hay que buscar otro.

p Mis compañeros de partido, en cuyo nombre tengo el honor de hablar, y yo sólo conocemos dos caminos que conducen a la defensa de los intereses de los’ braceros del campo y de los campesinos pobres, los cuales sometemos a juicio del Soviet de campesinos.

p El primer camino consiste en la organización de los asalariados agrícolas y de los campesinos pobres. Nosotros deseamos y aconsejamos que en cada comité de campesinos, en cada subdistrito, en cada distrito, en cada provincia, se forme una fracción o grupo especial de obreros agrícolas y campesinos pobres, de esos que necesariamente tienen que preguntarse: cuando mañana la tierra pase a ser propiedad del pueblo—y lo será incuestionablemente, puesto que el pueblo lo quiere así—, ¿qué haremos nosotros?, ¿nosotros, que no tenemos ganado, ni instrumentos de labranza, de dónde vamos a sacarlos? ¿Cómo vamos a arreglarnos para cultivar la tierra? ¿Cómo debemos defender nuestros intereses? ¿Cómo impedir que la tierra, propiedad del pueblo, y que efectivamente será del pueblo, no caiga sólo en manos de quien ya tiene’? Si la tierra va a parar sólo a manos de quienes poseen ganado y aperos de labor en cantidad suficiente, ¿qué habremos salido ganando? ¿Para esto realizamos esta gigantesca revolución? ¿Era eso lo que necesitábamos?

p La tierra pertenecerá al “pueblo”, pero eso es insuficiente para defender los intereses de los asalariados agrícolas. El camino fundamental a seguir no consiste en trazar desde aquí, desde lo alto, o por el comité de campesinos, una “norma” para la posesión individual de la tierra. Medidas así no ayudarán mientras se mantenga el dominio del capital, y no echarán por tierra el régimen del capitalismo. Para emanciparse del yugo capitalista, para que la tierra, que es propiedad del pueblo, pase a manos de los trabajadores, hay un solo camino fundamental: la organización de los asalariados agrícolas, que se guiarán por su experiencia, por sus observaciones, por su desconfianza de todo cuanto les digan los explotadores, aunque éstos ostenten un lacito rojo en el ojal y se asignen el nombre de "democracia revolucionaria".

p La organización independiente en las localidades, la experiencia propia, es lo único que puede servir de escuela a los campesinos pobres. Y esta experiencia no será fácil; nosotros no podemos prometer el oro y el moro. No, los terratenientes serán derribados, porque así lo quiere el pueblo, pero el capitalismo seguirá en pie. Y derrocar el capitalismo es ya mucho más difícil. Para eso hay que seguir otro camino: el camino de la organización independiente de 164 los asalariados agrícolas y de los campesinos pobres. Eso es lo que nuestro partido destaca en primer plano.

p Sólo emprendiendo este camino podemos confiar en que la tierra, de un modo paulatino, trabajoso, pero seguro, pase verdaderamente a manos de los trabajadores.

p El segundo paso preconizado por nuestro partido consiste en convertir lo antes posible todas las grandes explotaciones agrícolas —por ejemplo, todas las grandes propiedades, que llegan en Rusia a 30.000—, en explotaciones modelo, cultivadas en común por los obreros del campo, conjuntamente con agrónomos y empleando para ello el ganado, los aperos de labor, etc., de la propia finca. Sin este régimen de explotación en común, puesto bajo la dirección de los Soviets de obreros agrícolas, no se conseguirá jamás que toda la tierra esté en manos de ios trabajadores. Naturalmente, el cultivo en común no es cosa fácil, y sería una locura imaginar que ese régimen colectivo de cultivo de la tierra podría decretarse e imponerse desde arriba, porque el hábito secular del cultivo individual de la tierra no puede desaparecer en un día, porque para ello hace falta dinero y hace falta adaptarse a las nuevas formas de vida. Si estos consejos, esta opinión respecto al cultivo en común de la tierra, al empleo en común de los aperos, del ganado de labor y a la aplicación más racional de esos aperos conjuntamente con los agrónomos; si estos consejos fueran una invención de algún partido, las cosas andarían mal, porque en la vida de los pueblos los cambios no se producen porque algún partido los aconseje; decenas de millones de personas no marchan a la revolución por consejo de un partido, y un cambio de la naturaleza del que hablamos será una revolución mucho más grande que el derrocamiento del imbécil Nicolás Románov. Repito que decenas de millones de personas no van a la revolución por encargo: van a ella cuando la necesidad, no dejándoles otra salida, los fuerza a hacerlo, cuando el pueblo se ve reducido a una situación insoportable, cuando la ola arrolladura general, el ímpetu decidido de decenas de millones de hombres rompe todos los viejos diques y está verdaderamente en condiciones de crear una vida nueva. Cuando nosotros aconsejamos que se implante esa medida, cuando aconsejamos que se ponga manos a ella con cautela, cuando decimos que esa medida responde a una necesidad, lo deducimos no sólo de nuestro programa, de nuestra teoría socialista, sino que, siendo socialistas, llegamos a esa conclusión por la observación de la vida de los pueblos de Europa Occidental. Sabemos que en ellos ha habido muchas revoluciones, creadoras de repúblicas democráticas; sabemos que en Norteamérica los esclavistas fueron derrotados en 1865, siendo distribuidas entre los campesinos centenares de millones de deciatinas de tierra, gratuita o casi gratuitamente, y, a 165 pesar de ello, reina hoy allí el capitalismo como en ningún otro país y oprime a las masas trabajadoras lo mismo, si no más, que en otros países. Son, pues, la teoría socialista y las observaciones de la vida de otros pueblos las que nos han llevado a la firme convicción de que sin el cultivo en común de la tierra por los obreros del campo, empleando las mejores máquinas y bajo la dirección de agrónomos con preparación científica, no se podrá salir de la esclavitud del capitalismo. Pero si nos limitásemos a apoyarnos en la experiencia de los Estados de Europa Occidental, nuestra causa no saldría bien parada en Rusia, pues la masa del pueblo ruso sólo es capaz de dar un paso firme por el nuevo camino si a ello la obliga la extrema necesidad. Y nosotros decimos: ha llegado la hora en que esa necesidad extrema llama a las puertas de todo el pueblo ruso. Esa necesidad extrema consiste en que no se puede seguir cultivando la tierra a la manera antigua. Si seguimos cultivando la tierra a la antigua, en pequeñas explotaciones, por muy libres ciudadanos que podamos ser sobre el suelo libre, nos amenazará la ruina inevitable, pues el desastre económico se acerca por días y por horas. Todo el mundo habla de él, y se trata de un hecho que no ha sido provocado por la mala voluntad de tal o cual persona, sino por la rapaz guerra mundial, por el capitalismo.

p La guerra ha destruido millones de vidas, el mundo entero está cubierto de sangre, la guerra ha arrastrado al mundo entero a la ruina. Esto no es ninguna exageración. Nadie está seguro del día de mañana; todos hablan de ello. Repasad Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y Soldados^^67^^, y veréis que todos dicen: los capitalistas recurren a la huelga italiana y al lockout. Esto significa: no hay trabajo y los capitalistas despiden en masa a los obreros. A eso hemos llegado con esta guerra criminal, y no sólo en Rusia, sino en todos los países.

p He ahí por qué nosotros decimos: la explotación individual, aunque sea la del "trabajo libre en tierra libre”, no nos sacará de la crisis espantosa, del desastre general, no es el camino de la salvación. Lo que se impone es el trabajo general obligatorio, una extraordinaria economía de esfuerzo humano; se impone un poder excepcionalmente fuerte y decidido, capaz de llevar a la práctica ese deber general de trabajar; esto no lo pueden hacer los funcionarios, sino únicamente los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, porque ellos son el pueblo, las masas populares, no un poder burocrático, pues conociendo la vida campesina de arriba abajo, serán capaces de implantar el trabajo obligatorio, la protección del trabajo humano y de evitar el despilfarro de las energías del campesino haciendo que el paso al cultivo en común de la tierra se desarrolle paulatina y prudentemente. Es un problema difícil, pero no hay más remedio que implantar en las grandes explotaciones 166 modelo el régimen de cultivo en común, pues de otro modo no podrá conjurarse el desastre, no se podrá salir de la situación realmente desesperada en que se halla Rusia, y será el más grande de los eirores pensar que una transformación tan gigantesca en la vida del pueblo podrá llevarse a cabo de un solo golpe. No, esa transformación requiere un gran trabajo, requiere el esfuer/o, la decisión y el impulso de cada campesino, de cada obrero en el lugar en que reside, en la industria que conoce, en la producción donde lleva décadas enteras trabajando. Una misión como ésa no puede cumplirse obedeciendo a una orden, pero no tiene más remedio que cumplirse, pues esta guerra de conquista ha arrastrado a toda la humanidad al borde del abismo. Decenas de millones de vidas humanas han sido inmoladas, y aún será mayor la obra de destrucción de esta guerra espantosa si no ponemos en tensión todas nuestras energías, si todas las organizaciones de los Soviets de diputados obreros y campesinos no proceden de mutuo acuerdo y resueltamente, emprendiendo el camino que conduce al cultivo en común de la tierra, sin capitalistas y sin terratenientes. Es el único camino que pondrá verdaderamente la tierra en manos de los trabajadores. (Aplausos.)

p Publicado el 25 de mayo de ¡917 en el
núm. 14 del diario "Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia”, y en diciembre de 1917 en el ¡alíelo N.Lenin: "Escritos sobre la cuestión agraria”. Editorial "Pribói”. San Petersburgo.

T. 32, págs. 168-189.

* * *
 

Notes

[149•*]   Véase el presente volumen, págs. 125-127. (N. de la Edit.)

[156•*]   Véase V. I. Lenin. O.C., t. 32, págs. 131-134. (N. de la Edil.)