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I CONGRESO DE LOS SOVIETS
DE DIPUTADOS OBREROS Y SOLDADOS DE TODA RUSIA^^68^^
3-24 DE JUNIO (16 DE JUNIO-7 DE JULIO) DE 1917
 
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DISCURSO ACERCA
DE LA ACTITUD HACIA
EL GOBIERNO PROVISIONAL
4 (17) DE JUNIO
 

p Camaradas: Dado el escaso tiempo de que dispongo, sólo podré detenerme—y creo que es lo mejor—en los problemas de principio planteados por el informante del Comité Ejecutivo y por los oradores que le siguieron.

p El primero y fundamental problema que se nos planteó fue el de qué es esta asamblea a la que asistimos, qué son estos Soviets reunidos ahora en el Congreso de toda Rusia, y qué es esta democracia revolucionaria, de la cual se habla tanto aquí para ocultar el hecho de que no se la comprende en absoluto y se la rechaza por completo. Pues hablar de democracia revolucionaria en el Congreso de los Soviets de toda Rusia y velar el carácter de esta institución, su composición de clase y su papel en la revolución, no decir una palabra sobre esto y reivindicar no obstante el título de demócratas, es realmente algo extraño. Se nos esboza el programa de una república burguesa parlamentaria, tipo de programa que ha habido en toda Europa Occidental; se nos esboza un programa de reformas reconocidas hoy por todos los gobiernos burgueses, incluso el nuestro, y se nos habla a la vez de democracia revolucionaria. ¿Y ante quién se habla? Ante los Soviets. Pero ¿es que hay un país en Europa, pregunto yo, un país burgués, democrático, republicano, donde exista algo parecido a estos Soviets? Necesariamente tendrán que responder que no, que no lo hay. En ninguna parte existe, ni puede existir, una institución semejante, pues, una de dos: o bien un gobierno burgués con “planes” de reforma como los que se nos ha esbozado, que fueron propuestos decenas de veces en todos los 168 países y quedaron en el papel, o bien la institución de que ahora se trata, el “gobierno” de nuevo tipo creado por la revolución y del que sólo pueden encontrarse ejemplos en la época de los más grandes ascensos revolucionarios, como en Francia en 1792 y en 1871, o en Rusia en 1905. Los Soviets son una institución que no existe en ninguno de los Estados burgueses parlamentarios de tipo corriente, ni puede coexistir con un gobierno burgués. Son ese tipo nuevo y más democrático de Estado al que nosotros, en las resoluciones de nuestro partido, hemos llamado república democrática proletariocampesina, en que el poder pertenece exclusivamente a los Soviets de diputados obreros y soldados. Es erróneo creer que se trata de un problema teórico; es erróneo imaginar que puede ser eludido; es erróneo alegar que actualmente coexisten, con los Soviets de diputados obreros y soldados, instituciones de tal o cual carácter. Sí, es cierto, coexisten. Pero precisamente eso es lo que engendra un sinfín de errores, de conflictos y rozamientos. Y precisamente por eso el primer ascenso, el primer avance de la revolución rusa ha cedido su puesto al estancamiento y al retroceso que hoy observamos en nuestro gobierno de coalición, en toda su política interior y exterior, en relación con la ofensiva imperialista que se está preparando.

p Una de dos: o el gobierno burgués corriente, en cuyo caso son inútiles los Soviets de campesinos, obreros, soldados y otros, y serán disueltos por los generales, por esos generales contrarrevolucionarios que tienen en sus manos las fuerzas armadas y no prestan la menor atención a los bellos discursos del ministro Kerenski, o morirán ignominiosamente. Para esas instituciones no hay otra alternativa. No pueden retroceder ni estancarse. Sólo pueden existir si avanzan. Ese es el tipo de Estado que no inventaron los rusos, sino que promovió la revolución, porque la revolución no puede triunfar de otro modo. Dentro del Consejo de los Soviets de toda Rusia, los rozamientos y la lucha de los partidos por el poder son inevitables. Pero eso será la superación de los posibles errores e ilusiones por la propia experiencia política de las masas (agitación en la sa 1 a) y no por los discursos de los ministros, quienes se refieren a lo que dijeron ayer, a lo que escribirán mañana o a lo que prometerán pasado mañana. Esto, camaradas, es ridículo desde el punto de vista de la institución creada por la revolución rusa y que está hoy ante el dilema: ser o no ser. Los Soviets no pueden seguir existiendo como hasta hoy. ¡Se reúne a personas adultas, obreros y campesinos, para aprobar resoluciones o escuchar informes que no pueden someterse a ninguna verificación documental! Instituciones de esta naturaleza constituyen la transición a una república que instaurará un poder estable sin policía ni ejército regular, no de palabra, sino de hecho, 169 un poder que en Europa Occidental no puede existir todavía, y sin el cual la revolución rusa no puede triunfar, entendiendo esto como el triunfo sobre los terratenientes, como el triunfo sobre los imperialistas.

p Sin ese poder no se puede hablar siquiera de que alcancemos tal victoria nosotros mismos. Y cuanto más meditamos sobre el programa que aquí se nos aconseja y sobre los hechos ante los que nos encontramos, con mayor fuerza resalta la contradicción fundamental. ¡Se nos dice, como lo hicieron el informante y otros oradores, que el primer Gobierno Provisional era malo! Pero entonces, cuando los bolcheviques, los desgraciados bolcheviques dijeron: "ningún apoyo a este gobierno, ninguna confianza en él”, ¡cuántas veces fuimos acusados de “anarquismo”! Hoy todos dicen que el gobierno anterior fue un gobierno malo. Pero ¿en qué se distingue el gobierno de coalición, con sus ministros casi socialistas, del anterior gobierno? ¿No se ha hablado ya bastante de programas y de proyectos? ¿No es suficiente? ¿No es hora de poner manos a la obra? Ha transcurrido un mes desde que el 6 mayo se formó el gobierno de coalición. ¡Veamos los hechos, veamos la ruina existente en Rusia y en otros países arrastrados a la guerra imperialista! ¿Cuál es la causa de la ruina? El carácter rapaz de los capitalistas. Ahí tienen la verdadera anarquía. Y esto se admite en declaraciones que no han sido publicadas precisamente en nuestro periódico ni en ningún periódico bolchevique (¡Dios nos libre!), sino en el ministerial Rabóchaya Gazeta, el cual ha informado que los precios industriales para el suministro de carbón han sido elevados ¡¡por el gobierno “revolucionario”!! El gobierno de coalición no ha cambiado nada en este aspecto. Se nos pregunta si en Rusia puede implantarse el socialismo y si, en general, pueden realizarse inmediatamente cambios radicales. Todo eso son frases vacías, camaradas. La doctrina de Marx y de Engels, como lo explicaban constantemente, dice: "Nuestra teoría no es un dogma, sino una guía para la acción"^^69^^. En ninguna parte del mundo existe capitalismo puro que se transforme en socialismo puro, ni puede existir durante la guerra. Pero existe algo intermedio, algo nuevo y sin precedentes, porque sucumben cientos de millones de hombres, arrastrados a la criminal guerra entre capitalistas. No se trata de promesas de reformas: eso son simples frases. Se trata de tomar las medidas que nos exige el momento actual.

p Si quieren alegar la democracia “revolucionaria”, deben distinguir este concepto del de la democracia reformista bajo un ministerio capitalista, pues ya es hora de acabar con esas frases sobre la "democracia revolucionaria" y con las felicitaciones mutuas a propósito de la "democracia revolucionaria”, y atenerse a la 170 definición de clase, corno nos han enseñado el marxismo y el socialismo científico en general. Lo que se nos propone es el paso a la democracia reformista bajo un ministerio capitalista. Eso podrá ser magnífico desde el punto de vista de los modelos usuales de Europa Occidental. Pero hay una serie de países que hoy están al borde de la catástrofe, y las medidas prácticas que según el orador que me ha precedido, el ministro de Correos y Telégrafos, son tan complicadas que es difícil llevarlas a cabo sin un estudio especial, no pueden ser más claras. El decía que no existe en Rusia ningún partido político que esté dispuesto a asumir todo el poder. Yo contesto: "¡Sí, existe! Ningún partido puede renunciar a eso, y el nuestro ciertamente no renuncia. Está dispuesto en cualquier instante a asumir todo el poder”. (Aplausos y risas.) Pueden reírse cuanto quieran, pero si el ministro nos compara, en este problema, con un partido de derecha, recibirá una contestación adecuada. Ningún partido puede renunciar a eso. Y en un momento en que todavía reina la libertad, en que las amenazas de arresto y de destierro a Siberia, las amenazas por parte de los contrarrevolucionarios con quienes nuestros ministros casi socialistas comparten el gobierno, no son más que amenazas, en un momento como éste, todo partido dice: confíen en nosotros y les daremos nuestro programa.

p Nuestra conferencia del 29 de abril dio ese programa^^70^^. Desgraciadamente, no se toma en cuenta ni como guía. Es necesario, por lo visto, exponerlo de una manera sencilla. Intentaré ofrecer al ministro de Correos y Telégrafos una exposición sencilla de nuestra resolución y de nuestro programa. Con respecto a la crisis económica, nuestro programa consiste en exigir inmediatamente —para eso no hace falta ninguna demora—la publicación de todas las ganancias fabulosas, que llegan del 500 al 800 por ciento y que los capitalistas no obtienen como capitalistas en el mercado libre, en un capitalismo “puro”, sino por medio de los suministros militares. He ahí donde el control obrero es realmente necesario y posible. He ahí una medida que ustedes, si se llaman demócratas “revolucionarios”, deben llevar a la práctica en nombre del Soviet, una medida que puede llevarse a la práctica de la noche a la mañana. Eso no es socialismo. Es abrirle al pueblo los ojos acerca de la verdadera anarquía y del verdadero juego con el imperialismo, del juego con el patrimonio del pueblo, con los cientos de miles de vidas humanas que mañana se perderán porque continuamos estrangulando a Grecia. Hagan públicas las ganancias de los señores capitalistas, arresten a 50 ó 100 de los más grandes millonarios. Bastará con tenerlos unas cuantas semanas presos—aunque sea en las mismas condiciones de privilegio en que se mantiene a Nicolás Románov—con la simple finalidad de que revelen los resortes ocultos, los 171 manejos fraudulentos, la inmundicia y la codicia que aún bajo el nuevo gobierno están costando a nuestro país miles y millones todos los días. Esa es la causa fundamental de la anarquía y de la ruina. Por eso decimos que en Rusia todo sigue como antes, que el gobierno de coalición nada ha cambiado y únicamente ha añadido un montón de declaraciones, de frases altisonantes. Por muy sinceros que sean los hombres, por muy sinceramente que aspiren al bienestar de los trabajadores, las cosas no han cambiado, la misma clase sigue en el poder. La política que aplica no es una política democrática.

p Se nos habla de la "democratización del poder central y local”. ¿Acaso ignoran que esas palabras son una novedad sólo en Rusia, que en otras partes decenas de ministros casi socialistas han hecho a sus países promesas semejantes? ¿De qué sirven cuando presenciamos el hecho concreto, real, de que mientras la población local elige a sus autoridades, el poder central, en nombre del derecho de designar o confirmar a las autoridades locales, viola los principios más elementales de la democracia? El saqueo del patrimonio del pueblo por los capitalistas continúa. La guerra imperialista continúa. Y no obstante se nos prometen reformas, reformas y más reformas, cuya ejecución es absolutamente imposible en las condiciones actuales, porque la guerra lo aplasta todo, lo determina todo. ¿Por qué no están de acuerdo con quienes dicen que esta guerra no se libra por las ganancias de los capitalistas? ¿Cuál es el criterio? Es, ante todo y sobre todo, qué clase está en el poder, qué clase continúa dominando, qué clase continúa embolsando cientos y miles de millones con sus operaciones bancarias y financieras. Es la misma clase capitalista, y por eso la guerra sigue siendo imperialista. Ni el primer Gobierno Provisional ni el gobierno con los ministros casi socialistas han cambiado nada. Los tratados secretos siguen siendo secretos. Rusia combate por los estrechos, combate por la continuación de la política de Liájov en Persia, etc.

p Ya sé que ustedes no quieren eso, que la mayoría de ustedes no lo quieren y que los ministros no lo quieren, porque nadie puede quererlo, porque significa la matanza de cientos de millones de hombres. Pero fijémonos en la ofensiva de la que tanto hablan ahora los Miliukov y los Maklakov. Ellos saben perfectamente qué significa. Saben que está relacionada ton el problema del poder, con el problema de la revolución. Se nos dice que debemos distinguir entre problemas políticos y estratégicos. Es ridículo plantear siquiera esta cuestión. Los demócratas constitucionalistas saben perfectamente que se trata de un problema político.

p Decir que la lucha revolucionaria por la paz, que se ha iniciado desde abajo, puede conducir a un tratado de paz por separado, es una calumnia. La primera medida que nosotros tomaríamos si 172 tuviésemos el poder sería arrestar a los más grandes capitalistas y romper todos los hilos de sus intrigas. Sin eso, todas las frases acerca de una paz sin anexiones ni contribuciones carecen en absoluto de sentido. Nuestra segunda medida sería declarar a los pueblos, por encima de los gobiernos, que para nosotros todos los capitalistas son bandidos: tanto Teréschenko, que no es ni un ápice mejor que Miliukov, sólo que aquél es un poco más tonto, como los capitalistas franceses, como los ingleses, como todos los demás.

p El propio periódico de ustedes, hvestia, se ha hecho un lío y propone, en vez de una paz sin anexiones ni indemnizaciones, mantener el statu quo. Nuestra idea de la paz "sin anexiones" es diferente. Hasta el Congreso de campesinos se acerca más a la verdad cuando habla de una república “federativa”, expresando así la idea de que la república rusa no desea oprimir a ninguna nación con procedimientos nuevos ni viejos, de que no desea coexistir sobre la base de la violencia con ninguna nación, ni con Finlandia ni con Ucrania, con las que el ministro de la Guerra se muestra tan agresivo y con las que se plantean conflictos imperdonables e inadmisibles. Nosotros aspiramos a una república de Rusia, única e indivisa, con un poder firme. Pero un poder firme sólo puede asegurarse por el acuerdo voluntario de todo el pueblo interesado. "Democracia revolucionaria" son palabras grandes. Pero se aplican a un gobierno que está complicando con enredos mezquinos el problema de Ucrania y Finlandia, que ni siquiera desean separarse. Se limitan a decir: "¡No aplacen la aplicación de los principios elementales de la democracia hasta que la Asamblea Constituyente se reúna!"

Es imposible concertar un tratado de paz sin anexiones ni contribuciones, mientras ustedes no renuncien a sus propias anexiones. Eso es ridículo, es una farsa. Todos los obreros europeos se ríen de eso y dicen: "Ellos son muy elocuentes; invitan a los pueblos a derrocar a los banqueros, pero colocan a sus propios banqueros en el ministerio”. Arréstenlos, pongan al descubierto sus manipulaciones, den a conocer sus móviles ocultos. Pero no, no lo hacen, a pesar de que tienen organizaciones investidas de poderes a las que es imposible oponerse. Ustedes han pasado por 1905 y 1917. Saben que las revoluciones no se hacen por encargo, que en otros países las revoluciones han seguido siempre el duro y sangriento camino de la insurrección y que en Rusia no existe un solo grupo, una sola clase que pueda oponerse al poder de los Soviets. En Rusia, la revolución, como excepción, puede ser pacífica. Si esa revolución ofreciese hoy o mañana la paz a todos los pueblos, rompiendo con todas las clases capitalistas, Francia y Alemania, sus pueblos la aceptarían en un plazo brevísimo, porque esos países perecen, 173 porque la situación de Alemania es desesperada, porque Alemania no puede salvarse y porque Francia...

p

(El presidente: "Su tiempo se ha cumplido".)

Termino en medio minuto.... (Rumores, voces: "¡Que siga hablando!" Protestas. Aplausos.)

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(El presidente: "Comunico al congreso que la presidencia propone prolongar el tiempo concedido al orador. ¿Alguien se opone? La mayoría está por que continúe".)

p Quedamos en que si la democracia revolucionaria en Rusia fuese democracia no de palabra, sino de hecho, impulsaría la revolución y no se entendería con los capitalistas ni hablaría sobre la paz sin anexiones ni contribuciones, sino que suprimiría las anexiones por parte de Rusia y declararía abiertamente que considera toda anexión como un pillaje y un crimen. Entonces podría impedirse la ofensiva imperialista que amenaza con la muerte a miles y millones de hombres para asegurar el reparto de Persia y de los Balcanes. Entonces quedaría expedito el camino hacia la paz, que no es un camino llano—eso no lo decimos—, sino un camino que no excluye la posibilidad de una guerra realmente revolucionaria.

p Nosotros no planteamos este problema como lo plantea hoy Bazárov en Navaja Zhizn^^71^^; decimos solamente que la situación de Rusia, en el período final de la guerra imperialista, es tal que sus tareas son más fáciles de lo que podrían parecer. Además, la posición geográfica de Rusia es tal que cualquier potencia que se arriesgase a usar el capital y sus intereses rapaces para lanzarse contra la clase obrera rusa y el semiproletariado aliado con ella—es decir, los campesinos pobres—, se vería ante una empresa difícil. Alemania está al borde de la derrota y, después de la entrada en la guerra de Estados Unidos que quiere devorar a México y que probablemente mañana comenzará a luchar contra el Japón, la situación de Alemania se ha vuelto desesperada: Alemania será aniquilada. Francia, que por su posición geográfica es la que más padece y se agota en extremo, pasa menos hambre que Alemania, pero ha perdido incomparablemente más vidas que Alemania. Pues bien, si como primer paso se hubiesen restringido las ganancias de los capitalistas rusos y se les hubiese privado de toda posibilidad de embolsar ganancias de centenares de millones; si ustedes hubiesen propuesto a I o das las naciones un tratado de paz contra los capitalistas de todos los países y declarado abiertamente que no entablarán ningún género de negociaciones ni de relaciones con los capitalistas alemanes ni con quienes, directa o indirectamente, les favorecen o tienen algo que ver con ellos, y que se niegan a negociar con los capitalistas franceses e ingleses, habrían seguido una conducta que condenaría a esos capitalistas ante los obreros. No 174 considerarían un triunfo el que se haya otorgado pasaporte a MacDonald’^^2^^, un hombre que jamás ha sostenido una lucha revolucionaria contra el capital y a quien se deja pasar porque nunca ha expresado las ideas, los principios, la práctica ni la experiencia de la lucha revolucionaria contra los capitalistas ingleses, lucha por la que nuestro camarada Maclean y cientos de otros socialistas ingleses están en la cárcel, así como nuestro camarada Liebknecht está recluido en presidio por haber dicho: "¡Soldados alemanes, disparad contra vuestro kaiser!"

p ¿No sería más acertado mandar a los capitalistas imperialistas a ese presidio que la mayoría de los miembros del Gobierno Provisional nos preparan y prometen diariamente en la III Duma —dicho sea de paso, no sé si es la III o la IV—, reconstituida expresamente, y acerca del cual el ministro de Justicia elabora ya nuevos proyectos de ley? Maclean y Liebknecht: he ahí los nombres de los socialistas que llevan a la práctica la idea de la lucha revolucionaria contra el imperialismo. Eso es lo que debemos decir a todos los gobiernos si queremos luchar por la paz. Debemos denunciarlos ante sus pueblos. De ese modo ustedes colocarán a todos los gobiernos imperialistas en una situación difícil. Ahora, los que están en una situación difícil son ustedes, al dirigir al pueblo el llamamiento de paz del 14 de marzo^^73^^, donde se dice: "¡Derrocad a vuestros emperadores, vuestros reyes y vuestros banqueros!”, mientras que nosotros, que poseemos una organización tan extraordinariamente rica en número, experiencia y fuerza material como el Soviet de diputados obreros y soldados, nos aliamos con nuestros banqueros, formamos un gobierno de coalición casi socialista, y redactamos proyectos de reformas como los que se redactan en Europa desde hace muchas décadas. Allí, en Europa se ríen de semejante lucha por la paz. Allí sólo la comprenderán cuando los Soviets tomen el poder y actúen de un modo revolucionario.

p Sólo un país en el mundo puede hoy dar los pasos necesarios para poner fin a la guerra imperialista en escala de clase, a despecho de los capitalistas, y sin una revolución sangrienta. Sólo un país puede hacerlo, y ese país es Rusia. Y seguirá siendo el único mientras exista el Soviet de diputados obreros y soldados. El Soviet no podrá existir mucho tiempo junto con un Gobierno Provisional de tipo corriente. Seguirá siendo lo que es sólo mientras no se pase a la ofensiva. La ofensiva será un viraje en toda la política de la revolución rusa, es decir, será una transición de la espera, de la preparación de la paz por medio de un alzamiento revolucionario desde abajo, a la reanudación de la guerra. El camino que se proponía era el paso de la confraternización en un frente a la confraternización en todos los frentes, de la confraternización espontánea, tal como el intercambio 175 con un proletario alemán hambriento de un pedazo de pan por un cortaplumas—lo cual se castiga con el presidio—, a la confraternización consciente.

p Cuando nosotros tomemos el poder, pondremos freno a los capitalistas, y la guerra no seguirá siendo ya la misma que hoy se libra, pues el carácter de una guerra depende de qué clase la sostiene y no de lo que se escriba en un papel. En el papel se puede escribir cualquier cosa. Pero mientras la clase capitalista forme la mayoría en el gobierno, la guerra, escriban lo que escriban, por muy elocuentes que sean, por muchos ministros casi socialistas que tengan, seguirá siendo una guerra imperialista. Esto lo saben y lo ven todos. ¡El ejemplo de Albania, el ejemplo de Grecia, de Persia ^^74^^ lo han puesto de relieve de un modo tan claro y tangible, que me sorprende que todo el mundo ataque nuestra declaración escrita sobre la ofensiva 7r’, sin que nadie diga una palabra sobre los hechos concretos! Es fácil prometer planes, pero las medidas concretas se van postergando y postergando. Es fácil escribir una declaración sobre la paz sin anexiones, pero los acontecimientos de Albania, de Grecia, de Persia son posteriores a la constitución del gobierno de coalición. Después de todo, fue Dielo Naroda, que no es un órgano de nuestro partido, sino un órgano del gobierno, un órgano ministerial, quien dijo que se somete a la democracia rusa a esta humillación y que se estrangula a Grecia. Y este mismísimo Miliukov, de quien ustedes se forman Dios sabe qué idea—a pesar de que no es más que un simple miembro de su partido y que no se diferencia en nada de Teréschenko—, escribía que la diplomacia de la Entente ejercía presión sobre Grecia. La guerra sigue siendo una guerra imperialista, y por mucho que deseen ustedes la paz, por muy sincera que sea su simpatía hacia los trabajadores y por muy sincero que sea su deseo de paz—yo estoy plenamente convencido de que en la mayoría de los casos es sincero—, ustedes no podrán hacer nada, pues sólo se puede poner fin a la guerra impulsando el desarrollo de la revolución. Cuando en Rusia comenzó la revolución, comenzó también la lucha revolucionaria desde abajo por la paz. Si tomaran el poder en sus manos, si el poder pasase a las organizaciones revolucionarias y fuese utilizado para combatir a los capitalistas rusos, los trabajadores de otros países les creerían y ustedes podrían proponer la paz. Entonces nuestra paz quedaría garantizada, al menos, por dos partes, por las dos naciones que se están desangrando y cuya causa es desesperada: Alemania y Francia. Y si las circunstancias nos obligaran entonces a sostener una guerra revolucionaria—cosa que nadie sabe y cuya posibilidad no descartamos—, nosotros diríamos: "No somos pacifistas, no renunciamos a la guerra cuando la clase revolucionaria está el poder, cuando real y verdaderamente ha despojado a los 176 capitalistas de la posibilidad de influir en la marcha de las cosas, de acentuar el desastre económico que les permite embolsarse cientos de millones”. El gobierno revolucionario explicaría a todos los pueblos sin excepción que todas las naciones deben ser libres, que del mismo modo que la nación alemana no debe luchar por la conservación de Alsacia y Lorena, la nación francesa tampoco debe luchar por sus colonias. Pues si Francia lucha por sus colonias, Rusia tiene a Jiva y a Bujará, que son también una especie de colonias. Entonces comenzará el reparto de las colonias. ¿Y cómo podrían repartirse, sobre qué base? De acuerdo con la fuerza. Pero la fuerza ha cambiado. La situación de los capitalistas es tal que su única salida es la guerra. Cuando ustedes tomen el poder revolucionario, se les abrirá un camino revolucionario para asegurar la paz: dirigirán a todas las naciones un llamamiento revolucionario y les explicarán la táctica con su propio ejemplo. De ese modo, se les abrirá el camino para una paz asegurada por medios revolucionarios y tendrán las más grandes probabilidades de evitar la muerte de cientos de miles de hombres. De ese modo, pueden estar seguros de que el pueblo alemán y el francés se declararán a favor de ustedes. Y si los capitalistas ingleses, norteamericanos y japoneses quisieran una guerra contra la clase obrera revolucionaria—cuya fuerza se decuplicará tan pronto como se haya puesto freno y abatido a los capitalistas, y el control haya pasado a manos de la clase obrera—, si los capitalistas norteamericanos, ingleses y japoneses optaran por la guerra, habría noventa y nueve probabilidades contra una de que no serían capaces de librarla. Para asegurar la paz, bastará con que ustedes declaren que no son pacifistas, que están dispuestos a defender su república, su democracia obrera, proletaria, contra los capitalistas alemanes, franceses y otros.

p He ahí por qué atribuimos una importancia tan fundamental a nuestra declaración sobre la ofensiva. Ha llegado la hora de un viraje radical en toda la historia de la revolución rusa. La revolución rusa comenzó apoyada por la burguesía imperialista de Inglaterra, que creyó que Rusia era algo así como China o la India. Pero resultó que al lado del gobierno, en que hoy tienen mayoría los terratenientes y los capitalistas, surgieron los Soviets, institución representativa sin paralelo ni precedentes en todo el mundo por su fuerza, institución que ustedes están matando con su participación en un ministerio de coalición de la burguesía. En realidad, la revolución rusa ha conseguido triplicar en todas partes, en todos los países, la simpatía por la lucha revolucionaria desde abajo contra el gobierno capitalista. El problema está planteado en estos términos: avanzar o retroceder. La revolución no admite el estancamiento. Por eso, la ofensiva es un viraje en la revolución rusa, pero no en el sentido 177 estratégico de la ofensiva, sino político y económico. Una ofensiva significa hoy, objetivamente, independientemente de la voluntad o de la conciencia de este o de aquel ministro, la prosecución de la matanza imperialista y de la muerte de cientos de miles, de millones de seres, con el objetivo de estrangular a Persia y a otras naciones débiles. El paso del poder al proletariado revolucionario, apoyado por los campesinos pobres, significa el tránsito a la lucha revolucionaria por la paz bajo las formas más seguras y menos dolorosas que haya conocido nunca la humanidad, el tránsito hacia un estado de cosas en que quedarán asegurados el poder y el triunfo de los obreros revolucionarios en Rusia y en el mundo entero. (Aplausos de una parte de los reunidos.)

p Publicado el 28 (15) y 29 (16) de junio de 19}7 en los niims. 82 y 83 de “Pravda”.

’I’. 32, págs. 263-276.

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Notes