p Las palabras de Engels sobre la "extinción" del Estado gozan de tanta celebridad, se citan tan a menudo y muestran con tanto relieve dónde está el quid de la adulteración corriente del marxismo, por medio de la cual se le adapta al oportunismo, que es preciso 302 examinarlas con todo detalle. Reproduciremos entero el pasaje en que figuran estas palabras.
p “El proletariado toma en sus manos el poder del Estado y convierte, en primer lugar, los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clase y, con ello, el Estado como tal. La sociedad, hasta el presente movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea, de una organización de la correspondiente clase explotadora, para mantener las condiciones exteriores de producción, y, por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media, el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta, finalmente, en representante efectivo detoda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha; cuando ocurra eso, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión: el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad—la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad—es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superfina en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no es “abolido”: se extingue. Esto debe servir de punto de partida para juzgar el valor de esa frase sobre el "Estado popular libre”, en lo que toca a su justificación provisional como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de fundamento científico. Exactamente, debe servir de punto de partida para 303 juzgar el valor de la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la noche a la mañana" (Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring, págs. 301-303 de la tercera edición alemana) .
p Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que de esta exposición de Engels, riquísima en ideas, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis de que, según Marx, el Estado "se extingue”, a diferencia de la doctrina anarquista de la "abolición" del Estado. Truncar así el marxismo significa convertirlo en oportunismo, pues con tal "interpretación" sólo queda en pie una noción confusa de un cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de la "extinción" del Estado en el sentido habitual, generalizado, de masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar, la revolución.
p Pero semejante "interpretación" es el más burdo falseamiento del marxismo, un falseamiento que sólo favorece a la burguesía y que se asienta teóricamente en el olvido de importantísimas circunstancias y consideraciones señaladas, por ejemplo, en el “resumen” contenido en el pasaje de Engels que hemos reproducido íntegramente.
p Primera. Engels dice al comienzo mismo de este pasaje que el proletariado, al tomar el poder estatal, "destruye, con ello, el Estado como tal”. "No es usual" pararse a pensar en lo que significa esto. Lo corriente es desentenderse de ello en absoluto o considerarlo algo así como una "debilidad hegeliana" de Engels. En realidad, estas palabras formulan de modo conciso la experiencia de una de las más grandes revoluciones proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual hablaremos con mayor detalle en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la "destrucción" del Estado de la burguesía por la revolución proletaria, mientras que las palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no "se extingue”, según Engels, sino que "es destruido" por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.
p Segunda. El Estado es una "fuerza especial de represión”. Engels nos ofrece aquí esta magnífica y profundísima definición con la más completa claridad. Y de ella se deduce que esa "fuerza especial de represión" del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por unos puñados de ricachones, debe sustituirse con una "fuerza especial de represión" de la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste 304 precisamente "la destrucción del Estado como tal”. En esto consiste precisamente el “acto” de la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad. Y es evidente de por sí que semejante sustitución de una "fuerza especial" (la burguesa) con otra "fuerza especial" (la proletaria) no puede ya operarse, en modo alguno, en forma de "extinción".
p Tercera. Al hablar de la "extinción" y—con palabra todavía más plástica y gráfica—del “adormecimiento” del Estado, Engels se refiere con absoluta claridad y precisión a la época posterior a "la toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre de toda la sociedad”; es decir, a la época posterior a la revolución socialista. Todos sabemos que la forma política del “Estado” en esta época es la democracia más completa. Pero a ninguno de los oportunistas, que tergiversan desvergonzadamente el marxismo, se le ocurre pensar que, por consiguiente, Engels habla aquí del “adormecimiento” y la "extinción" de la democracia. A primera vista, esto parece muy extraño. Pero es “incomprensible” únicamente para quienes no hayan comprendido que la democracia es también un Estado y que, en consecuencia, la democracia desaparecerá asimismo cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede ser “destruido” por la revolución. El Estado en general, es decir, la más completa democracia, sólo puede " extinguirse".
p Cuarta. Después de formular su famosa tesis: "El Estado se extingue”, Engels aclara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis va dirigida tanto contra los oportunistas como contra los anarquistas. Y Engels coloca en primer plano la conclusión de su tesis sobre "la extinción clel Estado”, dirigida contra los oportunistas. Puede apostarse que de diez mil personas que hayan leído u oído hablar de la "extinción" del Estado, nueve mil novecientas noventa ignoran en absoluto o no recuerdan que Engels dirigió sus conclusiones derivadas de esta tesis no sólo contra los anarquistas. Y de las diez personas restantes, lo más probable es que nueve no sepan lo que es el "Estado popular libre" y por qué combatir esta consigna significa atacar a los oportunistas. ¡Así se escribe la historia! Así se falsea imperceptiblemente la gran doctrina revolucionaria y se la adapta al filisteísmo reinante. La conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado, se ha inculcado en las cabezas con la mayor simplicidad y ha adquirido la solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas ha sido eslumada y “olvidada”!
p El "Estado popular libre" era una reivindicación programática y una consigna en boga de los socialdemóc ratas alemanes en los años 70. En esta consigna no hay el menor contenido político, fuera de 305 una filistea y enfática descripción del concepto de democracia. Engels estaba dispuesto a “justificar” "por cierto tiempo" esta consigna, desde el punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se aludía legalmente a la república democrática. Pero esta consigna era oportunista, pues expresaba no sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión de la crítica socialista de todo Estado en general. Somos partidarios de la república democrática como la mejor forma de Estado para el proletariado en el capitalismo; pero no tenemos derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino del pueblo, incluso en la república burguesa más democrática. Prosigamos. Todo Estado es una "fuer/a especial de represión" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente; a sus camaradas de partido en la década del 70.
p Quinta. Esta misma obra de Engels, de la que todos recuerdan la idea de la extinción del Estado, contiene un pasaje sobre la importancia de la revolución violenta. Engels convierte en un verdadero panegírico de la revolución violenta la valoración histórica de su papel. Esto "nadie lo recuerda”. En los partidos socialistas contemporáneos no es usual hablar de la importancia de esta idea, ni siquiera pensar en ella: semejantes ideas no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin embargo, están indisolublemente unidas a la "extinción" del Estado y forman con ella un todo armónico.
p He aquí el pasaje de Engels:
p “...En cuanto a que la violencia desempeña asimismo en la historia un papel muy distinto" (además del de agente del mal), "un papel revolucionario; para decirlo con las palabras de Marx, el papel de comadrona de toda sociedad antigua que lleva en sus entrañas otra nueva, de instrumento por medio del cual vence el movimiento social y saltan hechas añicos las formas políticas fosilizadas y muertas, el señor Dühring no nos dice ni una palabra. Únicamente reconoce, entre suspiros y gemidos, que acaso para derrocar el régimen de explotación no haya más remedio que acudir a la violencia: desgraciadamente, añade, pues el empleo de la violencia desmoraliza siempre a quien la emplea. ¡Y nos dice esto, a pesar del alto vuelo moral e intelectual que ha sido siempre la consecuencia de toda revolución victoriosa! Y nos lo dice en Alemania, donde un choque violento—que puede ser impuesto al pueblo—tendría, cuando menos, la ventaja de desterrar de la conciencia nacional ese servilismo que se ha apoderado de ella desde la humillación de la Guerra de los Treinta Años. ?Y este 306 modo de pensar sin savia y sin fuerza, propio de un sermoneador, es el que pretende imponerse al partido más revolucionario que conoce la historia?" (pág. 193, tercera edición alemana, final del capítulo IV de la parte II).
p ¿Cómo es posible unir en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta, ofrecido con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde 1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de la "extinción" del Estado?
p De ordinario se unen ambas cosas con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o para complacer a los potentados), sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro razonamiento. Y en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, se adelanta a un primer plano precisamente la tesis de la "extinción”. Se sustituye la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más habitual y más general ante el marxismo en las publicaciones socialdemócratas oficiales de nuestros días. Esta sustitución no tiene, ciertamente, nada de nuevo; ha podido observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la adaptación del marxismo al oportunismo, el eclecticismo, presentado como dialéctica, engaña con la mayor facilidad a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no proporciona ninguna concepción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.
p Hemos dicho ya antes, y lo demostraremos con mayor detalle en nuestra exposición ulterior, que la doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede ser sustituido por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la "extinción”, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a esta última y que coincide por completo con reiteradas manifestaciones de Marx (recordemos el final de Miseria de la Filosofía y del Manifiesto Comunista, donde se proclama con franqueza y orgullo la ineluctabilidad de la revolución violenta; recordemos la crítica del Programa de Gotha de 1875, casi treinta años después, en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este Programa"^^5^^), dicho panegírico no tiene nada de “apasionamiento”, ni de declamación ni de argucia polémica. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta idea de la revolución violenta, y precisamente en esta, es la base de toda la doctrina de Marx y Engels. La traición a su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana, imperantes hoy, se 307 manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda y de esta agitación.
p La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible mediante un proceso de "extinción".
Marx y Engels desarrollaron estas ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria y analizando las enseñanzas proporcionadas por la experiencia de cada revolución. Pasamos a examinar esta parte de su doctrina, que es, sin duda alguna, la más importante.
Notes