p Para mantener una fuerza pública especial, situada por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y la deuda pública.
p “... Dueños de la fuerza pública y del derecho a recaudar impuestos—dice Engels—, los funcionarios, como órganos de la sociedad, aparecen ahora situados por encima de ésta. El respeto que se tributaba libre y voluntariamente a los órganos de la constitución gentilicia (de clan) ya no les basta, incluso si pudieran ganarlo...” Se dictan leyes especiales sobre la santidad y la inmunidad de los funcionarios. "El más despreciable polizonte" tiene más “autoridad” que los 299 representantes del clan; pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría envidiar a un jefe de clan por "el respeto espontáneo" que le profesaba la sociedad.
p Aquí se plantea el problema de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos de poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de la sociedad? Más adelante veremos cómo resolvió prácticamente esta cuestión teórica la Comuna de París en 1871 y cómo la escamoteó reaccionariamente Kautsky en 1912.
p “... Como el Estado nació de la necesidad de refrenar los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de esas clases, es, por regla general, el Estado de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida...” No sólo el Estado antiguo y el Estado feudal fueron órganos de explotación de los esclavos y de los siervos. También "el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado. Sin embargo, por excepción, hay períodos en que las clases en lucha están tan equilibradas que el poder del Estado, como mediador aparente, adquiere cierta independencia momentánea respecto a una y otra...” Así ocurrió con la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del Primero y del Segundo Imperio en Francia y con Bismarck en Alemania.
p Y así ha ocurrido también—agregamos nosotros—con el Gobierno Kerenski en la Rusia republicana, después de pasarse a las persecuciones del proletariado revolucionario, en un momento en que los Soviets, a consecuencia de estar dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, pero la burguesía no tiene todavía fuerza bastante para disolverlos pura y simplemente.
300p En la república democrática—prosigue Engels—"la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero, por ello mismo, de un modo más seguro”, y lo ejerce, en primer lugar, mediante "la corrupción directa de los funcionarios" (Norteamérica) y, en segundo lugar, mediante "la alianza entre el gobierno y la Bolsa" (Francia y Norteamérica).
p En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los bancos han “desarrollado”, con virtiéndolos en un arte extraordinario, estos dos métodos de defender y hacer efectiva la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Pongamos un ejemplo. Si en los primeros meses de la república democrática de Rusia, durante lo que podríamos llamar luna de miel de los “socialistas”—eseristas y mencheviques—con la burguesía en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas coercitivas contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus robos al fisco con los suministros de guerra; y si luego, ya fuera del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, como es lógico, por otro Palchinski exactamente igual a él) fue “recompensado” por los capitalistas con una canonjía de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué es eso? ¿Un soborno directo o indirecto? ¿Una alianza del gobierno con los consorcios o "únicamente" lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avxéntiev y los Skóbeliev? ¿El de aliados “directos” o sólo indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?
p La omnipotencia de la “riqueza” es más segura en las repúblicas democráticas también porque no depende de unos u otros defectos del mecanismo político ni de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política posible del capitalismo; y por eso, el capital, al apoderarse (por conducto de los Palchinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) de esta envoltura, la mejor de todas, cimenta su poder con tanta seguridad y firmeza, que no lo conmueve ningún cambio de personas, ni de instituciones ni de partidos dentro de la república democrática burguesa.
p Hay que advertir, además, que Engels llama también con la mayor precisión al sufragio universal instrumento de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice, basándose evidentemente en la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es
p “el índice de la madure/ de la clase obrera. No puede llegar ni llegará nunca a más en el Estado actual".
p Los demócratas pequeñoburgueses, como nuestros eseristas y mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y oportunistas de Europa Occidental, esperan "más”, en efecto, del sufragio universal. Sustentan ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es, "en el Estado actuar, un medio capaz de revelar verdaderamente la voluntad de la mayoría de los trabajadores y garantizar su cumplimiento.
p Aquí sólo podemos señalar esta falsa idea, apuntar que la 301 afirmación de Engels, completamente clara, precisa y concreta, se adultera a cada paso en la propaganda y en la agitación de los partidos socialistas “oficiales” (es decir, oportunistas). Más adelante, en nuestra exposición de las concepciones de Marx y Engels acerca del Estado “actual”, explicaremos en detalle toda la falsedad de esta idea, rechazada aquí por Engels.
p En la más popular de sus obras, Engels hace un resumen general de sus puntos de vista en los siguientes términos:
p “Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni de su poder. Al llegar a cierta fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo del Estado una necesidad. Ahora nos aproximamos con rapidez, a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce".
No es frecuente encontrar esta cita en las publicaciones de propaganda y agitación de la socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando la encontramos, se trata, casi siempre, de una especie de reverencia ante un icono, o sea, de un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar la amplitud y profundidad de la revolución que supone este "enviar toda la máquina del Estado al museo de antigüedades”. En la mayoría de los casos, ni siquiera se ve que se comprenda a qué llama Engels máquina del Estado.
Notes