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RESOLUCIÓN SOBRE EL MOMENTO ACTUAL
 

p La guerra mundial, provocada por la lucha de los trusts mundiales y del capital bancario por la dominación en el mercado mundial, ha acarreado ya la destrucción de una masa inmensa de valores materiales, el agotamiento de las fuerzas productivas y una expansión tal de la industria de guerra, que hasta la producción del mínimo imprescindible de artículos de consumo y medios de producción resulta imposible.

p De este modo, la guerra actual ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida y la ha colocado al borde del abismo.

p Las premisas objetivas de la revolución socialista, que indudablemente existían ya antes de la guerra en los países más avanzados y desarrollados, seguían y siguen madurando a consecuencia de ésta, con vertiginosa rapidez. El desplazamiento y la ruina de las haciendas pequeñas y medias se aceleran más y más. La concentración e internacionalización del capital asume proporciones gigantescas. El capitalismo monopolista se convierte en capitalismo monopolista de Estado. Las circunstancias obligan a una serie de países a implantar la regulación social de la producción y de la distribución; algunos de ellos pasan a establecer el trabajo obligatorio para todos.

Dentro de un régimen de propiedad privada sobre los medios de producción, todos esos pasos hacia una mayor monopolización y una mayor estatificación de la producción van acompañados inevitablemente de una intensificación de la explotación de las masas trabajadoras, del reforzamiento de la opresión, de trabas a la lucha contra los explotadores, acentúan la reacción y el despotismo militar 138 y al mismo tiempo conducen inevitablemente a un increíble acrecentamiento de las ganancias de los grandes capitalistas a expensas de todas las demás capas de la población, a esdavi/ar por muchos decenios a las masas trabajadoras, imponiéndoles tributos a pagar a los capitalistas bajo la forma de miles de millones de intereses de los empréstitos. En cambio, una vez abolida la propiedad privada sobre los medios de producción, y con el paso de todo el poder del Estado a manos del proletariado, esas mismas condiciones garantizarán el triunfo de una trasformación social que pondrá fin a la explotación del hombre por el hombre y asegurará el bienestar de todos.

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p Por otra parte, la marcha de los acontecimientos ha venido a confirmar, sin lugar a dudas, la previsión de los socialistas del mundo entero, quienes en el Manifiesto de Basilea de 1912 señalaron unánimemente la inevitabilidad de la revolución proletaria, en relación precisamente con la guerra imperialista que entonces se avecinaba y hoy hace estragos.

p La revolución rusa no es más que la primera etapa de la primera de las revoluciones proletarias engendradas inevitablemente por la guerra.

p En todos los países crecen la indignación de las amplias masas populares contra la clase capitalista y la conciencia del proletariado de que sólo el paso del poder a sus manos y la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción salvarán a la humanidad de la ruina.

p En todos los países, y particularmente en los más avanzados, en Inglaterra y Alemania, cientos de socialistas que no se han pasado al lado de “su” burguesía nacional han sido arrojados a las cárceles por los gobiernos de los capitalistas que, con estas persecuciones, no hacen más que demostrar su temor a la revolución proletaria que va creciendo en el seno de las masas populares. Su maduración en Alemania se nota en las huelgas de masas, que en las últimas semanas han tomado un incremento considerable como también en la creciente confraternización de los soldados alemanes y rusos en el frente.

La confianza y unión fraternales entre los obreros de los distintos países que hoy se exterminan unos a otros por los intereses de los capitalistas, se van restableciendo poco a poco de ese modo, y esto crea, a su vez, las premisas para las acciones revolucionarias conjuntas de los obreros de distintos países. Sólo esas acciones pueden garantizar el desarrollo sistemático y el éxito más seguro de la revolución socialista mundial.

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p El proletariado de Rusia, que actúa en uno de los países más atrasados de Europa, con una inmensa población de pequeños campesinos, no puede proponerse como meta inmediata la realización de transformaciones socialistas.

p Pero sería el más funesto de los errores, error que en la práctica equivaldría a pasarse al campo de la burguesía, deducir de ello la necesidad de que la clase obrera apoye a la burguesía, de que limite su tac tica al marco de lo que es aceptable para la pequeña burguesía, o de que el proletariado renuncie a su papel dirigente en la tarea de explicar al pueblo la urgencia de una serie de pasos prácticamente maduros hacia el socialismo.

p Tales pasos son, en primer término, la nacionalización de la tierra. Esta medida, que no rebasa directamente los límites del régimen burgués, sería al mismo tiempo un fuerte golpe asestado a la propiedad privada sobre los medios de producción, y por eso acrecentaría la influencia del proletariado socialista sobre los semiproletarios del campo.

p Otra de esas medidas es la implantación del control del Estado sobre todos los bancos y la fusión de los mismos en un banco central único, y sobre los institutos de seguros y los consorcios capitalistas más importantes (v. gr., el consorcio de fabricantes de azúcar, el Prodúgol, el Prodamet  [139•* , etc.), con la transición gradual a un sistema más justo de impuestos progresivos sobre la renta y la riqueza. No cabe duda de que estas medidas ya maduras en el terreno económico son susceptibles técnicamente de una aplicación inmediata, y políticamente pueden contar con el apoyo de la mayoría aplastante de los campesinos, a quienes esas reformas favorecerán en todos los aspectos.

p Los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc., que hoy cubren a Rusia con una red cada vez más tupida, podrían, además de las mencionadas medidas, implantar el trabajo obligatorio para todos, pues el carácter de eslas instituciones asegura, por una parte, el paso hacia lodas esas nuevas transformaciones sólo en la medida en que su necesidad práctica sea reconocida, consciente y firmemente, por la inmensa mayoría del pueblo, y, por otra parte, el carácter de estas instituciones garantiza la realización de estas transformaciones, no por la vía policíaco-burocrática, sino por la participación voluntaria de las masas organizadas y armadas del 140 proletariado y del campesinado en la regulación de su propia economía.

p Todas estas medidas y otras semejantes no sólo pueden y deben ser discutidas y preparadas, para implantarlas en todo el país, una vez que el poder pase íntegro a manos de los proletarios y semiproletarios, sino que pueden y deben ser realizadas por los órganos revolucionarios locales del poder popular cuando haya la posibilidad de hacerlo.

p Para llevar a la práctica estas medidas, es necesario observar una extraordinaria prudencia y serenidad; hay que conquistar una solida mayoría popular y llevar a ella la conciencia de que las medidas que se implanten son ya prácticamente factibles, y es ésa precisamente a dirección en que deben concentrarse la atención y los esfuerzos de la vanguardia consciente de las masas obreras, que han de ayudar a las masas campesinas a encontrar salida del actual desastre.

p Publicada el 16 (3) de mayo de 1917 como anejo al núm. 13 del periódico "Soldátskaya Pravda".

T. 31,págs. 449-452.

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Notes

[139•*]   Prodúgol: Sociedad rusa de comercio del (ombustible mineral fie la cuenca del Donéis.

l’roiliniii’t: Sociedad para la venta de artículos de las fábricas metalúrgicas. (/V. de In Edil.)