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INFORME SOBRE EL PROBLEMA AGRARIO 28 DE ABRIL (11 DE MAYO)
 

ACTA TAQUIGRÁFICA

p Camaradas: El problema agrario ha sido discutido por nuestro partido tan detalladamente, aún durante la primera revolución, que estamos, creo yo, lo suficientemente preparados para abordar el mismo, cosa que viene a confirmar indirectamente la comisión de la conferencia, formada por camaradas que conocen de cerca este problema y se han interesado por él, al aprobar el proyecto de resolución propuesto sin enmiendas de importancia. Por eso me limitaré a unas breves observaciones. Puesto que el proyecto, distribuido en pruebas de imprenta, está en posesión de todos los miembros, no es necesario leerlo en su totalidad.

p El crecimiento del movimiento agrario en toda Rusia es hoy el hecho más evidente e indiscutible para todos. El programa de nuestro partido, adoptado en el Congreso de Estocolmo en 1906 a propuesta de los mencheviques, ha sido refutado ya por el desarrollo de la primera revolución rusa. En ese congreso, los mencheviques hicieron aprobar su concepto de municipalización, cuya esencia se reduce a lo siguiente: las tierras campesinas—tanto las asignadas a las comunidades como las de las familias campesinas—siguen siendo propiedad de los campesinos; los latifundios pasan de manos de sus propietarios a manos de los órganos de administración local. Uno de los argumentos principales de los mencheviques a favor de tal programa era que los campesinos nunca comprenderían el paso de las tierras campesinas a manos de alguien que no sea el propio campesinado. Quien haya estudiado las actas del Congreso de Estocolmo recordará que sobre este argumento insistieron particularmente tanto el informante Máslov como Kostrov. No hay que 121 olvidar—y a menudo se olvida—que esto sucedió antes de la primera Duma, cuando no se disponía de los hechos objetivos que mostraran el carácter del movimiento campesino y su fuerza. Todos sabían que en Rusia ardía el incendio de la revolución agraria, pero nadie sabía cómo sería organizado el movimiento agrario, qué formas tendría ese movimiento de la revolución campesina. Hasta qué punto ese congreso representaba la opinión seria y práctica de los propios campesinos, no era posible comprobarlo, y de ahí que esos argumentos de los mencheviques desempeñaran un papel tan importante. Poco después de nuestro Congreso de Estocolmo recibimos por vez primera una rotunda confirmación de cómo encaraba este problema la masa campesina. Tanto en la I como en la II Duma fue planteado por los propios campesinos el proyecto trudovique conocido como "proyecto de los 104"^^60^^. Yo estudié especialmente las firmas al pie de este proyecto y me informé al detalle de las opiniones de los diputados y a qué clase social pertenecían, hasta qué punto se les podía llamar campesinos. En el libro que la censura zarista quemó, y que a pesar de todo volveré a editar^^61^^, yo afirmaba categóricamente que la enorme mayoría de estas 104 firmas pertenecía a auténticos campesinos. Este proyecto exigía la nacionalización de la tierra. Los campesinos sostenían que toda la tierra debía pasar a manos del Estado.

p La cuestión consiste en explicar cómo en la Duma, dos veces convocada, los representantes de los campesinos de toda Rusia prefirieron la nacionalización a la medida que los mencheviques proponían en ella desde el punto de vista de los intereses campesinos. Los mencheviques proponían que lo,s campesinos se quedaran con sus propias tierras y que sólo la tierra de los latifundistas fuese entregada al pueblo, mientras los campesinos querían traspasar toda la tierra a manos del pueblo. ¿Cómo explicar esto? Los socialistas-revolucionarios sostienen que los campesinos rusos por su espíritu de comunidad simpatizan con la socialización, con el principio del trabajo. En toda esta fraseología no existe el menor sentido común: son meras frases. ¿Pero cómo se explica? Yo pienso que los campesinos han llegado a esta conclusión porque todo el sistema de propiedad agraria rusa, campesina y latifundista, comunal y parcelaria, se halla impregnado hasta la médula de las condiciones del viejo régimen semifeudal, y los campesinos, desde el punto de vista de las condiciones del mercado, debían exigir el paso de la tierra a manos de todo el pueblo. Los campesinos dicen que la enredada situación de la vida agraria anterior puede ser desenredada solamente por la nacionalización. Su punto de vista es burgués: el usufructo igualitario de la tierra lo entienden como despojo a los latifundistas de sus tierras y no como igualación de propietarios 122 aislados. La nacionalización significa la entrega de todas las tierras para una nueva distribución. Es el más grande proyecto burgués. Ni un solo campesino habló de igualitarismo y la socialización, pero todos decían que es imposible esperar más, que es necesario levantar las cercas de toda la tierra, es decir, que es imposible en las condiciones del siglo XX administrar la economía a la manera antigua. Desde entonces la reforma de Stolypin enredó aún más el problema agrario^^62^^. Esto es lo que quieren decir los campesinos cuando exigen la nacionalización. Quiere decir que todas las tierras en general deben ser entregadas para una nueva distribución. No debe existir ninguna variedad de formas de propiedad de la tierra. Esto no es en modo alguno socialización. Esta exigencia de los campesinos se llama igualitaria porque, como lo indica el breve balance estadístico de la propiedad agraria del año 1905, a 300 familias campesinas y a una latifundista correspondía por igual 2.000 deciatinas de tierra; en este sentido es, naturalmente, igualitaria, pero de ahí no se deduce que esto significa igualar todas las economías pequeñas entre sí. El proyecto de los 104 dice lo contrario.

p Esto es, en esencia, lo que debe decirse para fundamentar científicamente que la nacionalización en Rusia, desde el punto de vista democrático burgués, resulta imprescindible. Pero es imprescindible, además, porque es un gigantesco golpe asestado a la propiedad privada sobre los medios de producción. Creer que después de la abolición de la propiedad privada de la tierra en Rusia todo quedará como antes, es simplemente un absurdo.

p Más adelante, en el proyecto de resolución se establecen las conclusiones y reivindicaciones prácticas. Entre las enmiendas pequeñas destacaré las siguientes: en el punto 1 se dice: "El partido del proletariado apoya con todas sus fuerzas la confiscación inmediata y completa de todas las tierras de los latifundistas...” En lugar de “apoya”, corresponde decir "lucha por...” Nosotros no nos basamos en que los campesinos posean poca tierra y necesiten más. Esta es una opinión vulgar; nosotros decimos que la propiedad agraria de los latifundistas es la base del yugo que oprime al campesinado y lo sume en el atraso. No se trata de si los campesinos tienen poca tierra o no; ¡abajo el régimen de la servidumbre!: así debe plantearse el problema desde el punto de vista de la lucha de clases revolucionaria, y no de aquellos funcionarios que calculan cuánta tierra poseen y de acuerdo a qué normas debe ser distribuida. Propongo cambiar de lugar los puntos 2 y 3, porque para nosotros es importante la iniciativa revolucionaria, y la ley debe ser su resultado. Si vosotros esperáis a que la ley se escriba y no desplegáis personalmente ninguna energía revolucionaria, no tendréis ley ni tierra.

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p Muy a menudo se hacen objeciones a la nacionalización, diciendo que ella presupone un gigantesco aparato burocrático. Es cierto, pero la propiedad del Estado significa que todo campesino arrienda la tierra al Estado. El subarriendo queda prohibido. Pero, en qué medida arrienda el campesino, qué tierra toma en arriendo, lo resuelve por entero el correspondiente organismo democrático y no el burocrático.

p En lugar de “braceros” se pone "obreros agrícolas”. Varios camaradas declararon que la palabra “braceros” es ofensiva y se opusieron a ella. Debe ser eliminada.

p Hablar en este momento de comités proletario-campesinos o de Soviets en la resolución del problema agrario no es lo indicado, porque, como vemos, los campesinos han creado los Soviets de diputados soldados y, de esta manera, ha surgido ya la separación del proletariado y el campesinado.

p Como es sabido, los partidos pequeñoburgueses defensistas están por que se espere hasta la Asamblea Constituyente para solucionar el problema agrario. Nosotros nos pronunciamos por el paso inmediato de la tierra a manos de los campesinos con el máximo de organización. Estamos absolutamente en contra de las incautaciones anárquicas. Vosotros proponéis a los campesinos que se pongan de acuerdo con los latifundistas. Nosotros decimos que se debe tomar la tierra ahora mismo y sembrarla, a fin de luchar contra la falta de pan, a fin de librar al país de la bancarrota que se avecina con una rapidez prodigiosa. No se pueden aceptar las recetas de Shingariov y de los demócratas constitucionalistas, que proponen esperar hasta la Asamblea Constituyente, cuya fecha de convocatoria se desconoce, o bien llegar a un acuerdo con los latifundistas acerca del arriendo. Los campesinos toman ya la tierra sin pagar indemnización o pagando la cuarta parte del arriendo.

p Un camarada ha traído de su localidad, en la provincia de Penza, una resolución en la que se dice que los campesinos se apoderan de los aperos de labranza de los latifundistas, pero no los distribuyen por fincas, sino que los convierten en propiedad común. Establecen un determinado turno, un orden, para cultivar, sirviéndose de ellos, todas las tierras. Al aplicar estas medidas, se guían por la conveniencia de elevar la producción agrícola. Este hecho tiene un enorme significado de principio, a pesar de los latifundistas y los capitalistas, quienes gritan que esto es la anarquía. Y si vosotros charláis y gritáis también que esto es la anarquía, mientras los campesinos esperan, entonces sí habrá anarquía. Los campesinos demuestran que entienden las condiciones económicas y el control social mejor que los funcionarios, y los aplican cien veces mejor. Semejante medida, que, sin duda, es de fácil realización en una aldea 124 pequeña, empuja inevitablemente hacia medidas más amplias. Si el campesino aprende esto, y ya ha empezado a aprenderlo, no tendrá necesidad de la ciencia de los profesores burgueses; llegará por sí solo a la conclusión de que los instrumentos de labor no deben utilizarse únicamente en las haciendas pequeñas, sino también en el cultivo de toda la tierra. De cómo lo llevará a la práctica, carece de importancia: si reúne las parcelas para ararlas y sembrarlas en común es algo que no sabemos, y no tiene importancia si lo hace de diferentes modos. Lo importante es que ellos no tienen, por suerte, ante sí esa gran cantidad de intelectuales pequeñoburgueses, que se llaman a sí mismos marxistas, socialdemócratas, y que con aire de importancia enseñan al pueblo que no ha llegado aún el momento para la revolución socialista, por lo cual no corresponde que los campesinos tomen ahora la tierra. Por suerte, en las aldeas rusas hay pocos señores de ésos. Si los campesinos se limitaran a apoderarse de la tierra sobre la base de un acuerdo con los latifundistas, sin aplicar su propia experiencia colectivamente, el desastre sería inevitable y entonces los comités campesinos resultarían ser un juguete, una cosa nula. He aquí por qué proponemos agregar al proyecto de resolución el punto 8  [124•* .

p Puesto que nosotros sabemos que los propios campesinos han comenzado a aplicar esta iniciativa en sus localidades, nuestra obligación, nuestro deber es decir que nosotros apoyamos y recomendamos esta iniciativa. Sólo en ello está la garantía de que la revolución no se limitará a tomar medidas de carácter formal, de que la lucha contra la crisis no seguirá siendo objeto de debates burocráticos y de elucubraciones de Shingariov, sino que, realmente, los campesinos marcharán hacia adelante por un camino organizado en la lucha contra la falta de pan y por el aumento de la producción.

p Publicado por vez primera en 1921 en las “Obras” de N.Lenin (V. Uliánov), t.XIV, parte 2.

T. 31, págs. 416-421.

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Notes

[124•*]   Véase el presepte volumen, pág. 127. (N. de la Edit.)