p Los escritores burgueses han emborronado y continúan emborronando montañas de papel para elogiar la competencia, la iniciativa privada y demás admirables encantos y virtudes de los capitalistas y del régimen capitalista. Se acusaba a los socialistas de no querer comprender la significación de esas virtudes ni tener en cuenta "la naturaleza humana”. Pero, en realidad, el capitalismo ha sustituido hace ya mucho la pequeña producción mercantil independiente—en la que la competencia podía, en proporciones más o menos amplias, inculcar el espíritu emprendedor, la energía y la iniciativa audaz—con la producción industrial a escala grande y grandísima, con las sociedades anónimas, los consorcios y demás monopolios. La competencia significa, en este tipo de capitalismo, sofocar con ferocidad inaudita el espíritu emprendedor, la energía, la iniciativa audaz de la masa de la población, de su inmensa mayoría, del 99% de los trabajadores; significa también sustituir la emulación por la pillería financiera, el nepotismo y el servilismo en los peldaños más elevados de la escala social.
p Lejos de apagar la emulación, el socialismo crea por vez primera la posibilidad de practicarla a escala verdaderamente amplia, verdaderamente masiva; crea la posibilidad de incorporar de veras a la mayoría de los trabajadores a una actividad que les permita manifestarse en todo su valor, desarrollar sus dotes y revelar los talentos, que en el pueblo forman un manantial inagotable y que el capitalismo pisoteaba, oprimía y ahogaba por miles y millones.
p Nuestra tarea hoy, con un gobierno socialista en el poder, consiste en organizar la emulación.
p Los lacayos y paniaguados de la burguesía han presentado el socialismo como un cuartel gris, uniforme, monótono y penetrado de espíritu oficinesco. Los criados de la caja de caudales, los lacayos de los explotadores—los señores intelectuales burgueses—han hecho del socialismo un “espantajo” para el pueblo, que se ve condenado precisamente en el capitalismo a una vida de presidio y de cuartel, de trabajo monótono y agotador, a una vida 538 semihambrienta y de profunda miseria. La confiscación de las tierras de los latifundistas, la implantación del control obrero y la nacionalización de los bancos constituyen el primer paso hacia la emancipación de los trabajadores encerrados en ese presidio. Las medidas siguientes serán la nacionalización de las fábricas y empresas, la organización obligatoria de toda la población en sociedades de consumo, que también serán sociedades de venta de productos, y el monopolio del Estado sobre el comercio del trigo y de otros artículos necesarios.
p Sólo ahora surge la posibilidad de que el espíritu emprendedor, la emulación y la iniciativa audaz se manifiesten con amplitud y a escala realmente masiva. Cada fábrica en que el capitalista haya sido lanzado a la calle o, cuando menos, metido en cintura por un verdadero control obrero; cada aldea en que se haya expulsado al terrateniente explotador y se le hayan confiscado las tierras, es ahora, y sólo ahora, campo de acción donde el trabajador puede mostrar de lo que es capaz, enderezar un poco el espinazo, erguirse y sentirse hombre. Por vez primera después de siglos de trabajo para los demás, de trabajo forzado para los explotadores, se tiene la posibilidad de trabajar para sí mismo y, además, beneficiándose de todas las conquistas de la cultura y de la técnica más moderna.
p Esta sustitución del trabajo esclavizado por el trabajo para sí mismo—el cambio más grande que conoce la historia de la humanidad—no puede realizarse, como es natural, sin rozamientos, sin dificultades, sin conflictos, sin el empleo de la violencia contra los parásitos inveterados y sus lacayos. En cuanto a esto, ningún obrero se hace ilusiones: templados en largos años de trabajos forzados para los explotadores y de infinitas vejaciones y ultrajes por parte de éstos; templados por la negra miseria, los obreros y los campesinos pobres saben que se necesita tiempo para romper la resistencia de los explotadores. Los obreros y los campesinos no se han contagiado en lo más mínimo de las ilusiones sentimentales de los señores intelectualillos, de todo ese fango de los de Nóvaya Zhizn y demás, que han enronquecido “clamando” contra los capitalistas, que han “gesticulado” y “tronado” contra ellos, para luego echarse a llorar y portarse como perros apaleados cuando llega la hora de la arción, de pasar de las amenazas a los hechos, cié realizar en la práctica el derrocamiento de los capitalistas.
p La gran sustitución del trabajo esclavizado por el trabajo para sí mismo, organizado en un plan de conjunto, a una escala inmensa, a escala nacional (y, en cierta medida, a escala internacional, mundial), exige también—además de las medidas 539 “militares” de represión de la resistencia de los explotadores—esfuerzos gigantescos de organización y una gran iniciativa organizadora por parte del proletariado y de los campesinos pobres. La tarea de organizar forma un todo indisoluble con la de reprimir implacablemente por vía militar a los esclavistas (capitalistas) de ayer y a su lacayuna jauría: los señores intelectuales burgueses. Nosotros hemos sido siempre los organizadores y los jefes, nosotros hemos mandado siempre—dicen y piensan los esclavistas de ayer y sus demandaderos de entre los intelectuales—; queremos continuar siendo lo que éramos; no obedeceremos a la “plebe”, a los obreros y los campesinos; no nos someteremos a ellos; haremos de nuestros conocimientos armas para defender los privilegios de la caja de caudales y el dominio del capital sobre el pueblo.
p Así hablan, piensan y actúan los burgueses y los intelectuales burgueses. Desde el punto cíe vista egoísta, se comprende su actitud: los gorrones y paniaguados de los terratenientes feudales, los popes, los chupatintas, los funcionarios descritos por Gógol, los “intelectuales” que odiaban a Belinski se despidieron también con gran “dificultad” del régimen de la servidumbre. Pero la causa de los explotadores y de sus criados intelectuales está condenada al fracaso. La resistencia de estos elementos va siendo quebrantada por los obreros y los campesinos—por desgracia, con una firmeza, una resolución e inexorabilidad todavía insuficientes—, y será quebrantad» definitivamente.
p “Ellos” piensan eme la “plebe”, los “simples” obreros y campesinos pobres, serán incapaces de cumplir la gran tarea de organización que la revolución socialista ha hecho recaer sobre los hombros de los trabajadores, una tarea verdaderamente heroica en el sentido histórico universal de la palabra. "No podrán prescindir de nosotros”, dicen para consolarse los intelectuales habituados a servir a los capitalistas y al Estado capitalista. Pero verán frustrados sus insolentes cálculos: empiezan ya a destacarse hombres instruidos que se ponen al lado del pueblo, al lado de los trabajadores, para ayudarles a vencer la resistencia de los lacayos del capital. En cuanto a los organizadores de talento, que abundan entre la clase obrera y entre los campesinos, comienzan a tener conciencia de su valor, a despertar y a sentirse atraídos por el gran trabajo vivo y creador, a emprender por sí mismos la edificación de la sociedad socialista.
p Una de las tareas más importantes, si no la más importante, de la hora presente consiste en desarrollar con la mayor amplitud esa libre iniciativa de los obreros y de todos los trabajadores y explotados en general en su obra creadora de organización. Hay que desvanecer a toda costa el viejo prejuicio absurdo, salvaje, 540 infame y odioso de que sólo las llamadas "clases superiores”, sólo los ricos o los que han cursado la escuela de las clases ricas, pueden administrar el Estado, dirigir la estructura orgánica de la sociedad socialista.
p Eso es un prejuicio, mantenido por la rutina podrida y fosilizada, por el hábito servil y, en mayor medida, por la inmunda avidez de los capitalistas, interesados en administrar saqueando y saquear administrando. No, los obreros no olvidarán ni un minuto que necesitan la fuerza del saber. El celo extraordinario que ponen en instruirse, precisamente hoy, atestigua que en este sentido no hay ni puede haber equivocaciones en los medios proletarios. Pero el obrero y el campesino de filas, que saben leer y escribir, que conocen a los hombres y tienen una experiencia práctica, también son capaces de efectuar la labor de organización. Estos hombres forman legión en la “plebe”, de la que hablan con desdén y altanería los intelectuales burgueses. La clase obrera y el campesinado poseen un manantial inagotable y aún intacto de esos talentos.
p Los obreros y los campesinos son todavía "tímidos”, no están acostumbrados aún a la idea de que ahora son ellos la clase dominante y les falta decisión. La revolución no podía inculcar en el acto estas cualidades en millones y millones de hombres obligados por el hambre y la miseria a trabajar bajo el látigo durante toda su vida. Pero la fuerza, la vitalidad y la invencibilidad de la Revolución de Octubre de 1917 radican precisamente en que ésta despierta esas cualidades, derrumba todos los viejos obstáculos, rompe las trabas vetustas y lleva a los trabajadores al camino de la creación por ellos mismos de la nueva vida.
p Contabilidad y control: ésa es la tarea económica principal de cada Soviet de diputados obreros, soldados y campesinos, de cada sociedad de consumo, de cada sindicato o comité de abastecimiento, de cada comité de fábrica u organismo de control obrero en general.
p Es necesario combatir la vieja costumbre de considerar la medida de trabajo y los medios de producción desde el punto de vista del hombre esclavizado que se pregunta cómo podrá eludir una carga suplementaria, cómo podrá arrancar tajada a la burguesía. Los obreros avanzados y conscientes han comenzado ya esta lucha y dan una réplica enérgica a los que llegaron a las fábricas en número singularmente grande durante la guerra y que ahora querrían tratar la fábrica del pueblo, la fábrica que es ya propiedad del pueblo, como antes, con un solo pensamiento: "sacar el mayor provecho posible y marcharse”. Cuanto hay de consciente, honrado y reflexivo entre los campesinos y entre las 541 masas trabajadoras se alzará en esa lucha al lado de los obreros avanzados.
p Desde el momento en que se ha conseguido y asegurado la dominación política del proletariado, la esencia de la transformación socialista radica en la contabilidad y el control de la cantidad de trabajo y de la distribución de productos, si esa contabilidad y ese control se realizan en todas partes con carácter general, universal, por los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, como poder supremo del Estado, o se establecen de acuerdo con las indicaciones y por mandato de este poder.
p La contabilidad y el control, indispensables para pasar al socialismo, sólo pueden ser obra de las masas. La colaboración voluntaria y concienzuda de las masas obreras y campesinas, realizada con entusiasmo revolucionario, en la contabilidad y el control sobre los ricos, los estafadores, los parásitos y los hampones es lo único que puede vencer esas supervivencias de la maldita sociedad capitalista, esas heces de la humanidad, esos miembros de la sociedad irremisiblemente podridos y osificados, esa plaga, esa peste, esa llaga que el capitalismo ha dejado en herencia al socialismo.
p ¡Obreros y campesinos, trabajadores y explotados! ¡La tierra, los bancos y las fábricas han pasado a ser propiedad de todo el pueblo! ¡Empezad a llevar vosotros mismos la contabilidad y el control de la producción y distribución de los productos; ése es el único camino hacia el triunfo del socialismo, la garantía de su victoria, la garantía de la victoria sobre toda explotación, sobre toda miseria y necesidad! Porque en Rusia bastará trigo, hierro, madera, lana, algodón y lino para todos, a condición de que se distribuyan bien el trabajo y los productos; a condición de que se establezca un control de todo el pueblo, un control eficaz y práctico de esa distribución; a condición de que se venza no sólo en la política, sino también en la vida económica cotidiana, a los enemigos del pueblo: a los ricos y a sus paniaguados y, luego, a los estafadores, parásitos y hampones.
p ¡Ninguna clemencia para esos enemigos del pueblo, para los enemigos del socialismo, para los enemigos de los trabajadores! ¡Guerra a muerte a los ricos y a sus paniaguados, a los intelectuales burgueses; guerra a los pillos, a los parásitos y a los maleantes! Unos y otros, los primeros y los últimos, son hermanos carnales, son engendros del capitalismo, niños mimados de la sociedad señorial y burguesa; de esa sociedad en la que un puñado de hombres expoliaba al pueblo y se mofaba de él; de esa sociedad en la que la miseria y la necesidad empujaban a miles y miles de seres al camino del hampa, de la corrupción, de la pillería y del 542 olvido de la dignidad humana; de esa sociedad que inculcaba inevitablemente en los trabajadores este deseo: eludir la explotación, aunque fuese con engaños; librarse, deshacerse, aunque sólo fuese por un instante, de un trabajo odioso; procurarse el peda/o de pan de cualquier modo, a cualquier precio, para no pasar hambre ni ver hambrientos a sus familiares.
p Los ricos y los maleantes son dos caras de una misma medalla; son las dos categorías principales de parásitos nutridos por el capitalismo; son los enemigos principales del socialismo. Esos enemigos deben ser sometidos a una vigilancia especial de toda la población, deben ser castigados sin piedad en cuanto cometan la menor infracción de las reglas y las leyes de la sociedad socialista. Toda debilidad, toda vacilación, todo sentimentalismo constituirían, en este aspecto, el mayor crimen contra el socialismo.
p Para inmunizar a la sociedad socialista contra esos parásitos hay que organizar la contabilidad y el control de la cantidad de trabajo, de la producción y distribución de lo producido; una contabilidad y un control ejercidos por todo el pueblo y respaldados voluntaria y enérgicamente, con entusiasmo revolucionario, por millones y millones de obreros y campesinos. Y para organizar esa contabilidad y ese control, completamente accesibles, enteramente al alcance de todo obrero y de todo campesino honrado, activo y sensato, hay que despertar sus propios organizadores de talento, surgidos de su seno; hay que despertar en ellos—y organizar a escala de todo el país—la emulación en el logro de éxitos en la organización; hay que lograr que los obreros y los campesinos comprendan claramente la diferencia que existe entre el consejo necesario del hombre instruido y el control necesario del “sencillo” obrero y campesino sobre la negligencia, tan habitual entre las personas “instruidas”.
p Esa negligencia, esa incuria, ese abandono, esa dejadez, esa precipitación nerviosa, esa tendencia a sustituir la acción con la discusión y el trabajo con las conversaciones, esa inclinación a emprenderlo todo y no terminar nada constituyen uno de los rasgos de "las personas instruidas”. Y este rasgo no dimana en modo alguno de su mala condición, y menos aún de sus malas intenciones, sino de todos los hábitos de su vida, de sus condiciones de trabajo, de su agotamiento, del divorcio anormal que existe entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, etc., etc.
p Entre los errores, las deficiencias y los pasos en falso de nuestra revolución desempeñan un importante papel los errores, etc., nacidos de esas tristes peculiaridades—inevitables en este momento—de los intelectuales de nuestros medios y de la falta de un 543 control suficiente de los obreros sobre el trabajo de organización de los intelectuales.
p Los obreros y los campesinos son todavía "tímidos”; pero deben deshacerse de su timidez y se desharán de ella, sin duda alguna. Es imposible prescindir de los consejos y las orientaciones de las personas instruidas, de los intelectuales, de los especialistas. Todo obrero y todo campesino con un poco de sentido lo comprenden perfectamente, y los intelectuales de nuestros medios no pueden quejarse de falta de atención y de estimación camaraderil por parte de los obreros y de los campesinos. Pero los consejos y las orientaciones son una cosa, y la organización práctica de la contabilidad y del control, otra. Los intelectuales dan con frecuencia admirables consejos y orientaciones; pero resultan “torpes” hasta el ridículo, el absurdo y la ignominia; resultan incapaces de aplicar esos consejos y esas orientaciones, de ejercer un control práctico para que las palabras se transformen en hechos.
p Y en esto precisamente no se puede prescindir en absoluto de la ayuda y del papel dirigente de los organizadores prácticos salidos del “pueblo”, de los obreros y campesinos trabajadores. "Todo es obra de los hombres”, dice el proverbio. Y los obreros y los campesinos deben tener muy presente esta verdad. Deben comprender que hoy todo radica en la práctica, que ha llegado justamente un momento histórico en que la teoría se transforma en práctica, se reanima con la práctica, se corrige con la práctica y se comprueba con la práctica. Un momento histórico en el que son justas en extremo las palabras de Marx de que "cada paso de movimiento real vale más que una docena cíe programas" l!’°; un momento en el que toda acción orientada prácticamente a meter en cintura de verdad a los ricos y a los pillos, a limitar sus posibilidades y a someterlos a una contabilidad y un control rigurosos vale mucho más que una docena de admirables razonamientos acerca del socialismo. Porque "la teoría es gris, amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde" L1.
p Hay que organizar la emulación entre los obreros y campesinos que actúan como organizadores prácticos. Hay que combatir toda tentativa de crear clisés y de establecer la uniformidad desde arriba, cosas a que son tan aficionados los intelectuales. Los clisés y la uniformidad desde arriba no tienen nada de común con el centralismo democrático y socialista. La unidad en lo fundamental, en lo cardinal y esencial, lejos de verse perjudicada, está asegurada por la diversidad en los detalles, en las particularidades locales, en las formas de abordar la práctica, en los modos de aplicar el control, en los métodos de exterminar y neutralizar a los parásitos (los ricos y 544 los hampones, los haraganes y los intelectuales histéricos, etc., etc.).
p La Comuna de París nos ha ofrecido un magnífico ejemplo de iniciativa, de independencia, de libertad de movimiento y de despliegue de energías desde abajo, todo ello combinado con un centralismo voluntario, al que le son ajenos los clisés. Nuestros Soviets siguen el mismo camino. Pero son todavía "tímidos”, no han desplegado aún todas sus fuerzas, no han "calado hondo" todavía en su nueva y gigantesca labor creadora del régimen socialista. Es necesario que los Soviets pongan manos a la obra con más audacia e iniciativa. Es preciso que cada “comuna”—cada fábrica, cada aldea, cada sociedad de consumo, cada comité de abastecimiento—actúen, emulando entre sí, como organizadores prácticos de la contabilidad y del control del trabajo y de la distribución de los productos. El programa de esa contabilidad y de ese control es sencillo, claro y comprensible para todos: que nadie carezca de pan, que todos usen buen calzado y buena ropa, tengan una vivienda abrigada, trabajen a conciencia y que ni un solo granuja (incluyendo a cuantos esquivan el trabajo) se pasee en libertad, en lugar de estar en la cárcel o cumplir condena a trabajos forzados de los más duros; que ningún rico que contravenga las reglas y leyes del socialismo pueda escapar a la suerte de los pillos, suerte que, en justicia, debe ser la suya. "El que no trabaja, no come": éste es el mandamiento práctico del socialismo. Esto es lo que hay que organizar en la práctica. Estos son los éxitos prácticos que deben llenar de orgullo a nuestras “comunas” y a nuestros organizadores obreros, campesinos y —con mayor motivo—intelectuales (con mayor motivo, pues estos últimos están muy acostumbrados, demasiado acostumbrados a enorgullecerse de sus indicaciones y resoluciones de carácter general).
p Las comunas mismas, las pequeñas células en el campo y en las ciudades, deben imaginar y comprobar en la práctica millares de formas y métodos de contabilidad y control efectivos, sobre los ricos, los pillos y los parásitos. La diversidad es en este terreno una garantía de vitalidad, una prenda del éxito en el logro del objetivo común y único: limpiar el suelo de Rusia de todos los insectos nocivos, de pulgas (pillos), chinches (ricos), y etc., etc. En un lugar se encarcelará a una docena de ricos, a una docena de truhanes, a media docena de obreros que rehuyen el trabajo (del mismo modo canallesco con que lo hacen en Petrogrado numerosos tipógrafos, sobre todo en las imprentas del partido). En otro se les obligará a limpiar las letrinas. En un tercero se les dará, al salir de la cárcel, una cartilla de ex recluso para que todo el pueblo los vigile como seres nocivos hasta que se corrijan. En otro se fusilará en el acto 545 a un parásito de cada diez. En otro más se idearán combinaciones de diversos métodos y medios y se recurrirá, por ejemplo, a la libertad condicional de los ricos, intelectuales burgueses, truhanes y maleantes susceptibles de enmienda rápida. Cuanto mayor sea la variedad, tanto mejor y más rica será la experiencia común, tanto más seguro y rápido será el triunfo del socialismo y tanto más fácilmente determinará la práctica—pues sólo ella puede hacerlo—los mejores procedimientos y medios de lucha.
p ;En qué comuna, en qué barrio de gran ciudad, en qué fábrica y en qué aldea no hay hambrientos, no hay parados, no hay ricos parásitos, no hay canallas de entre los lacayos de la burguesía y saboteadores que se dicen intelectuales? ¿Dónde se ha hecho más para aumentar el rendimiento del trabajo, para construir casas nuevas y buenas destinadas a los pobres, para alojar a los pobres en las casas de los ricos, para dar de una manera regular su botella de leche a todos los niños de las familias pobres? Estas son las cuestiones en que debe basarse la emulación de las comunas, de las comunidades, de las asociaciones y cooperativas de consumo y de producción, de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Esta es la labor en que deben destacarse y elevarse prácticamente a los puestos de dirección de todo el país a los organizadores de talento. Estos elementos abundan en el pueblo, pero se sienten cohibidos. Hay que ayudarlos a desarrollarse. Ellos, y sol o ellos, pueden, con el apoyo de las masas, salvar a Rusia y salvar la causa del socialismo.
p Escrito entre el 24 \ 27 de diciembre de 1917 (6-9 de enera de Í91H).
p Publicado por vez primera el 20 de enera de ¡929 en el mim. 17 de “Pravdn”. Firmado: V. Le n in
p I’, .’i.’», piigs. 195-205.
546
p
DECLARATION DE LOS DERECHOS
DEL PUEBLO TRABAJADOR
Y EXPLOTADO^^142^^
p La Asamblea Constituyente decreta:
p I.
p 1. Queda proclamada en Rusia la República de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Todo e! poder, tanto en el centro como en las localidades, pertenece a dichos Soviets.
p 2. La República Soviética de Rusia se instituye sobre la base de la unión libre de naciones libres, como Federación de Repúblicas Soviéticas nacionales.
p II.
p Habiéndose señalado como misión esencial abolir toda explotación del hombre por el hombre, suprimir por completo la división de la sociedad en clases, sofocar de manera implacable la resistencia de los explotadores, instaurar una organización socialista de la sociedad y hacer triunfar el socialismo en todos los países, la Asamblea Constituyente decreta, además:
p 1. Queda abolida la propiedad privada de la tierra. Se declara patrimonio de todo el pueblo trabajador toda la tierra, con todos los edificios, ganado de labor, aperos de labranza y demás accesorios agrícolas.
p 2. Se ratifica la ley soviética acerca del control obrero y del Consejo Superior de Economía Nacional, con objeto de asegurar el poder del pueblo trabajador sobre los explotadores y como primera medida para que las fábricas, talleres, minas, ferrocarriles y demás medios de producción y de transporte pasen por entero a ser propiedad del Estado obrero y campesino.
p 3. Se ratifica el paso de todos los bancos a propiedad del Estado obrero y campesino, como una de las condiciones de la emancipación de las masas trabajadoras del yugo del capital.
p 4. Queda establecido el trabajo general obligatorio, con el fin de suprimir los sectores parasitarios de la sociedad.
547p 5. Se decreta el armamento de los trabajadores, la formación de un Ejército Rojo socialista de obreros y campesinos y el desarme completo de las clases poseedoras, con objelo de asegurar la plenitud del poder de las masas trabajadoras y eliminar toda posibilidad de restauración del poder de los explotadores.
p III
p 1. Al expresar su inquebrantable decisión de arrancar a la humanidad de las garras del capital financiero y del imperialismo, que han anegado en sangre la tierra en la guerra actual, la más criminal de todas, la Asamblea Constituyente se solidariza por entero con la política aplicada por el Poder de los Soviets, consistente en romper los tratados secretos, organizar la más extensa confraternización con los obreros y campesinos de los ejércitos actualmente en guerra y obtener, cueste lo que cueste, por procedimientos revolucionarios, una paz democrática entre los pueblos, sin anexiones ni contribuciones, sobre la base de la libre autodeterminación de las naciones.
p 2. Con el mismo fin, la Asamblea Constituyente insiste en la completa ruptura con la bárbara política de la civilización burguesa, que basaba la prosperidad de los explotadores de unas pocas naciones elegidas en la esclavitud de centenares de millones de trabajadores en Asia, en las colonias en general y en los países pequeños.
p La Asamblea Constituyente aplaude la política del Consejo de Comisarios del Pueblo, que ha proclamado la completa independencia de Finlandia ’":t, ha comenzado a retirar las tropas de Persia ’"’y ha anunciado la libertad de autodeterminación de Armenia ””.
p 3. La Asamblea Constituyente considera la ley soviética de anulación de los empréstitos concertados por los gobiernos del zar, de los terratenientes y de la burguesía un primer golpe asestado al capital bancario, financiero internacional, y expresa la seguridad de que el Poder de los Soviets seguirá firmemente esta ruta hasta la completa victoria de la insurrección obrera internacional contra el yugo del capital.
p IV.
p Elegida sobre la base de las listas de las candidaturas de los partidos confeccionadas antes de la Revolución de Octubre, cuando el pueblo no podía aún alzarse en su totalidad contra los explotadores, ni conocía toda la fuerza de la resistencia de éstos en la defensa de sus privilegios de clase ni había abordado en la práctica la creación de la sociedad socialista, la Asamblea Constituyente consideraría profundamente erróneo, incluso desde c-1 punto de vista formal, contraponerse al Poder de los Soviets.
548p En esencia, la Asamblea Constituyente estima que hoy, en el momento de la lucha final del pueblo contra sus explotadores, no puede haber lugar para estos últimos en ninguno de los órganos de poder. El poder debe pertenecer íntegra y exclusivamente a las masas trabajadoras y a sus representantes autorizados: los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.
p Al apoyar el Poder de los Soviets y los decretos del Consejo de Comisarios del Pueblo, la Asamblea Constituyente estima que sus funciones no van más allá de establecer las bases cardinales de la transformación socialista de la sociedad.
p Al mismo tiempo, en su propósito de crear una alian/.a efectivamente libre y voluntaria y, por consiguiente, más estrecha y duradera entre las clases trabajadoras de todas las naciones de Rusia, la Asamblea Constituyente limita su misión a estipular las bases fundamentales de la Federación de Repúblicas Soviéticas de Rusia, concediendo a los obreros y campesinos de cada nación la libertad de decidir con toda independencia, en su propio Congreso de los Soviets investido de plenos poderes, si desean, y en qué condiciones, participar en el gobierno federal y en las demás instituciones soviéticas federales.
p Escrito no mñs tarde del .’i (16) de enero de
p W¡8.
p Publicado el 4 (¡7) de enero de 1 9 1 8 en el núm.
p 2 de "PrrtDí/a" y en el núm. 2 de "¡zvestia del
p CKC".
Notes
| < | > | ||
| << | >> | ||
| <<< | PROYECTO DE DECRETO SOBRE LA PUESTA EN PRACTICA DE LA NACIONALIZACIÓN DE LOS BANCOS Y LAS MEDIDAS INDISPENSABLES DERIVADAS DE ELLA | GENTE DEL OTRO MUNDO | >>> |