ACTA TAQUIGRÁFICA
p Camaradas: Al abordar el problema del momento actual y enjuiciarlo, tendré que abarcar un tema extraordinariamente extenso, que se divide, a mi parecer, en tres partes: primero, apreciación de la situación política propiamente dicha en nuestro país, en Rusia, actitud ante el gobierno y ante la dualidad de poderes; segundo, actitud ante la guerra, y tercero, situación creada en el movimiento obrero internacional, que le ha colocado directamente, hablando en escala mundial, ante la revolución socialista.
p Creo que sólo podré tocar brevemente algunos de estos puntos. Además, he de someter a vuestra consideración un proyecto de resolución sobre todas estas cuestiones, si bien naciendo la salvedad de que la extrema escasez de fuerzas de que disponemos y la crisis política surgida aquí, en Petrogrado, nos han impedido no sólo discutir esta resolución, sino ni siquiera comunicarla a su debido tiempo a las distintas organizaciones locales. Repito, pues, que no se trata más que de proyectos preliminares, que facilitarán el trabajo de la comisión y le permitirán concentrarse en algunas de las cuestiones más sustanciales.
p Comienzo por la primera cuestión. Si no estoy equivocado, la Conferencia de Moscú ha aprobado la misma resolución que la Conferencia de Petrogrado. (Voces: "¡Con enmiendas!”). No he visto esas enmiendas y, por tanto, no puedo juzgar. Pero como la resolución de Petrogrado ha sido publicada en Pravda, puedo considerar, si no hay objeciones, que es conocida de todos. Esta resolución es la que someto hoy, como proyecto, a la presente Conferencia de toda Rusia.
83p La mayoría de los partidos del bloque pequeñoburgués que reina en el Soviet de Petrogrado presenta nuestra política, a diferencia de la suya, como una política de pasos precipitados. Nuestra política se distingue por el hecho de que exigimos, ante todo, una exacta definición de clase de lo que está ocurriendo. El pecado capital del bloque pequeñoburgués consiste en que oculta al pueblo, valiéndose de frases hueras, la verdad acerca del carácter de clase del gobierno.
Si los camaradas de Moscú tienen enmiendas que presentar, podrían leerlas ahora.
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p “Considerando:
p “1) que el Gobierno Provisional es, por su carácter de clase, un órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía;
p “2) que este gobierno y las clases por él representadas se hallan ligados de modo indisoluble, económica y políticamente al imperialismo ruso y anglo-franees;
p “3) que inclusive el programa anunciado por él lo cumple de modo incompleto y sólo bajo la presión del proletariado revolucionario y, en parte, de la pequeña burguesía;
p “4) que las fuerzas de la contrarrevolución burguesa y terrateniente que se organizan, encubriéndose con la bandera del Gobierno Provisional y, con la evidente tolerancia de éste, han iniciado ya el ataque contra la democracia revolucionaria;
p “5) que el Gobierno Provisional difiere la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente, pone obstáculos al armamento general del pueblo, impide que toda la tierra pase a manos del pueblo, le impone el método terrateniente de solución del problema agrario, frena la implantación de la jornada de ocho horas, favorece la agitación contrarrevolucionaria (de Guchkov y Cía.) en el ejército, organiza a los altos oficiales contra los soldados, etc. ..."
p He leído la primera parte de la resolución, que contiene la característica de clase del Gobierno Provisional. Las divergencias con la resolución de los moscovitas, en cuanto puede juzgarse sólo por el texto, no creo que sean muy sustanciales; pero considero que caracterizar en general al gobierno como contrarrevolucionario sería inexacto. Cuando se habla en general, hay que aclarar a qué revolución nos referimos. Desde el punto de vista de la revolución burguesa, no puede decirse eso, puesto que ha terminado ya. Desde el punto de vista de la revolución 84 proletariocampesina, es prematuro decirlo, pues no podemos estar seguros de que los campesinos vayan sin falta más allá que la burguesía; y, a mi juicio, es infundado expresar nuestra seguridad en el campesinado, sobre todo ahora, cuando ha virado hacia el imperialismo y el defensismo, es decir, hacia el apoyo a la guerra. Y ahora ha entrado en una serie de acuerdos con los demócratas constitucionalistas. Por eso considero incorrecto políticamente este punto de la resolución de los camaradas moscovitas. Queremos que el campesinado vaya más allá que la burguesía, que tome la tierra a los terratenientes, pero hoy no puede decirse nada concreto sobre su conducta futura.
Nosotros rehuimos cuidadosamente las palabras "democracia revolucionaria”. Cuando se trata de una agresión del gobierno, puede hablarse así; pero, en la actualidad, esa frase encubre el mayor de los engaños, ya que es dificilísimo diferenciar las clases confundidas en este caos. Nuestra tarea consiste en liberar a quienes van a la zaga. Para nosotros, los Soviets no son importantes como forma; lo importante son las clases que representan esos Soviets. Por eso es necesaria una larga labor de esclarecimiento de la conciencia proletaria...
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p “...6) que, al mismo tiempo, este gobierno se apoya actualmente en la confianza y, hasta cierto punto, en un acuerdo directo con el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, el cual agrupa hoy a la evidente mayoría de los obreros y soldados, es decir, del campesinado;
p “7) que cada paso del Gobierno Provisional, tanto en la política exterior como en la interior, abrirá los ojos no sólo a los proletarios de la ciudad y del campo y los semiproletarios, sino también a grandes sectores de la pequeña burguesía, haciéndoles ver el carácter auténtico de este gobierno;
p “la conferencia acuerda que:
p “1) para que todo el poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros y soldados o a otros órganos que expresen directamente la voluntad del pueblo, es necesaria una prolongada labor de esclarecimiento de la conciencia de clase del proletariado y de cohesión de los proletarios de la ciudad y del campo contra las vacilaciones de la pequeña burguesía, pues sólo esa labor garantizará de verdad el avance victorioso de todo el pueblo revolucionario;
p “2) para ello es preciso desplegar una actividad múltiple dentro de los Soviets de diputados obreros y soldados, aumentar 85 su número, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno a los grupos proletarios internacionalistas de nuestro partido;
p “3) es necesario organizar en mayor escala nuestras fuerzas socialdemócratas para que la nueva ola del movimiento revolucionario se desarrolle bajo la bandera de la socialdemocracia revolucionaria".
p En esto reside la clave de toda nuestra política. Actualmente, toda la pequeña burguesía vacila y encubre sus vacilaciones con la frase "democracia revolucionaria”, y nosotros debemos oponer a esas vacilaciones la línea proletaria. Los contrarrevolucionarios desean hacer fracasar esa línea provocando acciones prematuras. Nuestras tareas son: aumentar el número de Soviets, consolidar sus fuerzas y aglutinar en su seno los elementos de nuestro partido.
p En el punto tercero, los moscovitas añaden el control. Es el control representado por Chjeídze, Steklov, Tsereteli y otros líderes del bloque pequeñoburgués. El control sin el poder no es más que una frase huera. ¿Cómo voy a controlar yo a Inglaterra? Para ello habría que apoderarse de su flota. Comprendo que la masa atrasada de obreros y soldados pueda confiar candorosa e inconscientemente en el control, pero basta reflexionar sobre los elementos fundamentales del control para convencerse de que esta confianza es una desviación de los principios básicos de la lucha de clases. ¿Qué es el control? Si yo escribo un papel o una resolución, ellos escribirán una contrarresolución. Para controlar hay que tener el poder. Si esto es incomprensible para la gran masa del bloque pequeñoburgués, hay que tener la paciencia de explicárselo, pero en ningún caso mentirle. Mas si yo velo esta condición fundamental con el control, no digo la verdad y hago el juego a los capitalistas e imperialistas. "Ten la bondad de controlarme —dicen ellos—, pero yo tendré los cañones. Hártate de control”. Saben que, hoy por hoy, no puede negarse nada al pueblo. Sin el poder, el control no es más que una frase pequeñoburguesa, que frena la marcha y el desarrollo de la revolución rusa. Por eso me opongo al punto tercero de los camaradas moscovitas.
p Por lo que se refiere a este original entrelazamiento de dos poderes, en el cual el Gobierno Provisional—sin tener el poder, ni los cañones, ni los soldados, ni la masa de hombres armados—se apoya en los Soviets, los cuales, fiándose por ahora de promesas, siguen una política de apoyo a esas promesas, diremos que si queréis participar en ese juego, fracasaréis. Nuestra misión es no tomar parte en ese juego. Continuaremos explicando al proletariado toda la inconsistencia de esa política, y la vida real se encargará de demostrar a cada paso nuestra razón. Hoy estamos en minoría, 86 las masas no nos creen aún. Sabremos esperar; ya vendrán a nosotros cuando el gobierno se arranque la careta. Las vacilaciones de! gobierno podrán apartarlas de él y las volcarán hacia nosotros, y entonces, pulsando la correlación de fuerzas, diremos: nuestra hora ha llegado.
p Paso al problema de la guerra, en el que coincidíamos, prácticamente, cuando nos declaramos contra el empréstito; las actitudes adoptadas ante el empréstito mostraron palpablemente en el acto cómo se dividen las fuerzas políticas. Como ha escrito Riech^^52^^, todos vacilan, con la sola excepción de Edinstvo; toda la masa pequeñoburguesa está a favor del empréstito, con reservas. Los capitalistas ponen gesto avinagrado, se echan la resolución al bolsillo con una sonrisa y dicen: "¡Hablad cuanto queráis, pues, pese a todo, seremos nosotros quienes actuaremos!" En el mundo entero se denomina socialchovinistas a todos los que votan actualmente a favor del empréstito.
p Pasaré directamente a leer el proyecto de resolución sobre la guerra. Se divide en tres partes: 1) característica de la guerra desde el punto de vista de su significación de clase; 2) defensismo revolucionario de las masas, que no existe en ningún país, y 3) cómo poner fin a la guerra.
Muchos de nosotros, entre ellos yo, hemos tenido ocasión de hablar, sobre todo ante los soldados, y creo que cuando se les explica todo desde el punto de vista de clase, lo que menos claro ven en nuestra posición es cómo queremos poner fin a la guerra y de qué modo creemos posible terminarla. Entre las amplias masas existe un sinnúmero de confusiones, una incomprensión absoluta de nuestra posición; por eso debemos explicarles este punto con el lenguaje más popular.
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p “La guerra actual es, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, una guerra imperialista, es decir, una guerra que hacen los capitalistas por el dominio mundial, por el reparto del botín capitalista, por los mercados ventajosos del capital financiero y bancario, por el estrangulamiento de los pueblos débiles.
p “El paso del poder en Rusia de manos de Nicolás II a las del gobierno de Guchkov, Lvov, etc., gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar ese carácter de clase ni el significado de la guerra por parte de Rusia.
p “El hecho de que el nuevo gobierno prosigue la misma guerra, una guerra igualmente imperialista, una guerra rapaz, de 87 conquista, se ha manifestado con evidencia particular en la siguiente circunstancia: el nuevo gobierno, lejos de publicar los tratados secretos concluidos por el ex zar, Nicolás II, con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., los ha ratificado formalmente. Se ha hecho esto sin consultar la voluntad del pueblo y con la intención manifiesta de engañarlo, pues es del dominio público que esos tratados secretos del ex zar son tratados bandidescos hasta la médula, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, de Persia, de Turquía, de Austria, etc.
p “Por eso, el partido proletario no puede apoyar en modo alguno ni la guerra en curso, ni al gobierno actual, ni sus empréstitos, sean cuales fueren las pomposas palabras con que se denomine a esos empréstitos, sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital.
p “No merece tampoco ningún crédito la promesa del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de otros países, o a la retención por la fuerza en los límites de Rusia de cualquier nacionalidad. Porque, en primer lugar, los capitalistas, unidos por miles de hilos del capital bancario ruso y anglo-francés y que defienden los intereses del capital, no pueden renunciar a las anexiones en esta guerra sin dejar de ser capitalistas, sin renunciar a las ganancias que proporcionan los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en fábricas de guerra, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, que renunció a las anexiones para embaucar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú, que no renuncia a las anexiones. En tercer lugar, como ha denunciado Dielo Naroda^^5^^*, periódico en el que colabora el ministro Kerenski, Miliukov no ha cursado siquiera al exterior su declaración sobre la renuncia a las anexiones.
p “Al poner en guardia al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por ello, que es necesario establecer una rigurosa diferencia entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia de hecho, es decir, la publicación inmediata de todos los bandidescos tratados secretos, de todos los documentos referentes a la política exterior, y proceder sin demora a la liberación más completa de todas las naciones que la clase capitalista oprime o mantiene encadenadas por la fuerza a Rusia o carentes de plenos derechos, siguiendo la política, oprobiosa para nuestro pueblo, del ex zar Nicolás II".
La segunda mitad de esta parte de la resolución trata de las promesas que hace el gobierno. Para un marxista, esta parte estaría tal vez de más, pero para el pueblo tiene importancia. De 88 ahí que sea necesario agregar por qué no damos crédito a esas promesas, por qué no debemos confiar en el gobierno. Las promesas del gobierno actual de renunciar a la política imperialista no merecen ninguna confianza. Nuestra línea en esta cuestión no debe consistir en indicar que exigimos al gobierno la publicación de los tratados. Eso sería una ilusión. Exigir eso a un gobierno de capitalistas sería igual que exigir que se descubran los fraudes comerciales. Si decimos que es necesario renunciar a las anexiones y contribuciones, debemos señalar, además, cómo ha de hacerse; y si se nos pregunta quién tiene que hacerlo, diremos que se trata, en esencia, de un paso revolucionario y que ese paso sólo puede darlo el proletariado revolucionario. De otro modo no serán más que promesas vacías, buenos deseos, con que los capitalistas llevan de las riendas al pueblo.
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p “El llamado "defensismo revolucionario”, que hoy se ha apoderado en Rusia de casi todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, socialistas-revolucionarios), del partido oportunista de los socialdemócratas mencheviques (Comité de Organización, Chjeídze, Tsereteli y otros) y de la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, ateniéndonos a su significación de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de la pequeña burguesía, de los pequeños propietarios, de los campesinos acomodados, quienes, al igual que los capitalistas, sacan provecho de la violencia contra los pueblos débiles, y, por otro lado, es resultado del engaño de las masas del pueblo por los capitalistas, que no hacen públicos los tratados secretos y salen del paso con promesas y frases elocuentes.
p “Debemos reconocer que masas muy amplias de "defensistas revolucionarios" obran de buena fe, es decir, no desean efectivamente ninguna clase de anexión ni conquista, ni actos de violencia contra los pueblos débiles, quieren verdaderamente una paz democrática, y no una paz impuesta, entre todos los países beligerantes. Es preciso reconocer esto porque la situación de clase de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo (es decir, de los hombres que viven total o parcialmente de la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas) hace que dichas clases no estén interesadas en las ganancias de los capitalistas.
p “Por ello, reconociendo absolutamente inadmisible cualquier concesión al "defensismo revolucionario”, que equivaldría de hecho a la ruptura completa con el internacionalismo y el socialismo, la conferencia declara al mismo tiempo que mientras 89 los capitalistas rusos y su Gobierno Provisional se limiten a amenazar al pueblo con la violencia (como, por ejemplo, el tristemente célebre decreto de Guchkov conminando con represalias a los soldados que destituyan por propia iniciativa a sus superiores); mientras los capitalistas no pasen al empleo de la violencia contra los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, braceros, etc., libremente organizados y con atribuciones para elegir y deponer libremente a todas las autoridades, nuestro partido propugnará la renuncia a la violencia en general y combatirá el grave y funesto error de los partidarios del "defensismo revolucionario" exclusivamente con métodos de persuasión camaraderil, explicando la verdad de que la confianza inconsciente de las vastas masas en el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo, es en el momento actual en Rusia el obstáculo principal para la rápida terminación de la guerra".
p Es indudable que una parte de la pequeña burguesía está interesada en esta política de los capitalistas; por ello, es imperdonable para el partido proletario cifrar ahora sus esperanzas en la comunidad de intereses con el campesinado. Luchamos por conseguir que los campesinos pasen a nuestro lado, pero ahora están, y hasta cierto punto conscientemente, al lado de los capitalistas.
p No cabe la menor duda de que el proletariado y el semiproletariado, como clase, no están interesados en la guerra. Van a remolque de las tradiciones y el engaño. Carecen aún de experiencia política. De ahí nuestra tarea de efectuar una larga labor explicativa. No les hacemos la menor concesión de principio, pero no podemos tratarlos igual que a los socialchovinistas. Estos elementos de la población no han sido jamás socialistas ni tienen la menor idea del socialismo, no hacen más que despertar a la vida política. Pero su conciencia crece y se amplía con una rapidez extraordinaria. Hay que saber llegar hasta ellos con nuestra labor explicativa y ésta es la tarea más difícil, sobre todo para un partido que todavía ayer se encontraba en la clandestinidad.
p Habrá quienes piensen que al decir esto renegamos de nosotros mismos, por cuanto antes propugnábamos la transformación de la guerra imperialista en guerra civil y ahora nos pronunciamos contra nuestra propia actitud. Pero en Rusia ha terminado la primera guerra civil y pasamos ahora a la segunda guerra: entre el imperialismo y el pueblo en armas. Y en este período de transición, mientras la fuerza armada se encuentre en manos de los soldados, mientras Miliukov y Guchkov no apelen a la violencia, esta guerra civil se convierte para nosotros en una labor 90 de propaganda clasista pacífica, larga y paciente. Si hablamos de la guerra civil antes de que la gente haya comprendido su necesidad, caeremos inevitablemente en el blanquismo. Somos partidarios de la guerra civil, pero sólo cuando la sostiene una clase consciente. Puede derrocarse a quien el pueblo considera un avasallador. Pero en la actualidad no hay ningún avasallador, pues los cañones y los fusiles los tienen los soldados y no los capitalistas; éstos no se imponen ahora por la violencia, sino por el engaño, y gritar que nos avasallan es un absurdo. Hay que saber situarse en el punto de vista del marxismo, el cual nos dice que esta transformación de la guerra imperialista en guerra civil se basa en condiciones objetivas y no en condiciones subjetivas. Nosotros renunciamos de momento a esta consigna, pero sólo de momento. Las armas están ahora en manos de los soldados y de los obreros y no en manos de los capitalistas. Mientras el gobierno no rompa las hostilidades, predicamos pacíficamente.
p Al gobierno le convendría que el primer paso irreflexivo a la acción lo diéramos nosotros: eso le convendría. Está furioso porque nuestro partido ha lanzado la consigna de una manifestación pacífica. No debemos ceder ni un ápice de nuestros principios a la pequeña burguesía hoy a la expectativa. Para un partido proletario no hay error más peligroso que basar su táctica en deseos subjetivos allí donde lo que hace falta es organización. No podemos decir que la mayoría está con nosotros; en este caso es necesario desconfiar, desconfiar y desconfiar. Basar sobre deseos la táctica proletaria significaría matarla.
p El tercer punto se refiere al problema de cómo terminar la guerra. La posición de los marxistas al respecto es conocida, pero la dificultad estriba en cómo hacerla llegar a las masas en la forma más clara posible. No somos pacifistas y no podemos renunciar a la guerra revolucionaria. ¿En qué se distingue una guerra revolucionaria de una guerra capitalista? Se distingue, ante todo, por la clase que está interesada en ella y por la política que aplica la clase interesada en esa guerra... Cuando se habla a las masas, hay que darles respuestas concretas. La primera cuestión es, pues, ésta: ¿cómo distinguir una guerra revolucionaria de una guerra capitalista? El hombre del pueblo no comprende en qué consiste la diferencia, no comprende que se trata de la diferencia de clases. No debemos expresarnos sólo teóricamente, sino mostrando de modo práctico que sólo libraremos una guerra verdaderamente revolucionaria cuando el poder esté en manos del proletariado. Me parece que semejante planteamiento de la cuestión da la respuesta más clara a la pregunta de qué guerra es ésta y quién la hace.
91p En Pravda se ha publicado un proyecto de llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes [91•* . Tenemos noticias de que en el frente se confraterniza, pero todavía de modo semiespontáneo. A esta confraternización le falta un pensamiento político claro. Los soldados han sentido instintivamente que había que obrar desde abajo. Su instinto de clase, de gente imbuida de espíritu revolucionario, les ha hecho ver que éste es el verdadero camino. Mas eso no basta para la revolución. Nosotros queremos dar una contestación política clara. Para que la guerra termine, el poder debe pasar a manos de la clase revolucionaria. Yo propondría que, en nombre de la conferencia, se dirigiese un llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes y que ese llamamiento fuese publicado en todos los idiomas. Si en lugar de todas las frases en boga sobre conferencias de paz—en las que la mitad de los reunidos son siempre agentes solapados o manifiestos de los gobiernos imperialistas—lanzamos dicho llamamiento, avanzaremos mil veces más de prisa hacia nuestra meta que con todas las conferencias pacifistas. No queremos nada con los Plejánov alemanes. Cuando cruzamos Alemania en tren, esos señores socialchovinistas, los Plejánov alemanes, intentaron subir a nuestro vagón, pero les hicimos saber que ni un solo socialista de esa clase pondría los pies en él, y que si entraban, a pesar de todo, no los dejaríamos salir sin un gran escándalo. En cambio, si hubieran dejado entrar, por ejemplo, a Carlos Liebknecht, habríamos hablado con él. Cuando publiquemos ese llamamiento a los trabajadores de todos los países y demos en él nuestra respuesta a la pregunta de cómo debe terminarse la guerra, y cuando los soldados lean esa respuesta, que da una salida política a la guerra, la confraternización dará un paso gigantesco. Ello es necesario para que ésta deje de ser un pavor instintivo ante la guerra y se convierta en una clara conciencia política de cómo salir de esta guerra.
p Paso a la tercera cuestión, esto es, a la apreciación del momento actual desde el punto de vista de la situación del movimiento obrero internacional y del estado en que se encuentra el capitalismo internacional. Desde el punto de vista marxista, sería absurdo examinar la situación de un solo país al hablar del imperialismo, ya que los diferentes países capitalistas están vinculados entre sí del modo más estrecho. Y hoy, en plena guerra, esta vinculación es inconmensurablemente mayor. Toda la humanidad se ha convertido en un amasijo sanguinolento y es 92 imposible salir de él aisladamente. Si bien hay países más desarrollados y menos desarrollados, la guerra actual los ha atado a todos de tal manera que es imposible y disparatado que ningún país pueda salir él solo de la conflagración.
p Todos estamos de acuerdo en que el poder deben tenerlo los Soviets de diputados obreros y soldados. Pero ¿qué pueden y deben hacer éstos cuando el poder pase a sus manos, es decir, cuando pase a manos de los proletarios y semiproletarios? Es una situación complicada y difícil. Y al hablar de la toma del poder, surge un peligro que ya en revoluciones anteriores desempeñó un gran papel: el peligro de que la clase revolucionaria se haga cargo del poder y no sepa qué hacer con él. En la historia de las revoluciones existen ejemplos de revoluciones que fracasaron precisamente por eso. Los Soviets de diputados obreros y soldados que envuelven hoy como una red a toda Rusia son actualmente el eje de toda la revolución; sin embargo, me parece que no los hemos comprendido y estudiado suficientemente. Si los Soviets toman el poder, no se tratará ya de un Estado en el sentido usual de la palabra. Hasta hoy no ha existido nunca un Estado de ese tipo que se haya sostenido mucho tiempo, pero todo el movimiento obrero mundial ha tendido hacia él. Será precisamente un Estado del tipo de la Comuna de París. Este poder es una dictadura, es decir, no se apoya en la ley ni en la voluntad formal de la mayoría, sino de modo directo e inmediato en la violencia. La violencia es un instrumento de poder. ¿Cómo emplearán los Soviets este poder? ¿Volverán a los antiguos métodos de gobierno a través de la policía, administrarán el país por medio de los viejos órganos de poder? A mi juicio, no podrán nacerlo y, en todo caso, se alza ante ellos la tarea inmediata de organizar un Estado no burgués. He empleado, hablando entre bolcheviques, la comparación de este Estado con la Comuna de París en el sentido de que esta última destruyó los antiguos órganos administrativos y los sustituyó por órganos completamente nuevos, por órganos directos, inmediatos, de los obreros. Se me acusa de haber utilizado en este momento la palabra que más asusta a los capitalistas, ya que han empezado a comentarla como el deseo de implantar inmediatamente el socialismo. Pero la he empleado únicamente en el sentido de sustitución de los viejos órganos por otros nuevos, proletarios. Marx decía que esto representaba el avance más importante de todo el movimiento proletario mundial. La cuestión de las tareas sociales del proletariado tiene para nosotros una importancia práctica inmensa, por un lado, porque nos vemos atados ahora a los demás países y no podemos salir de ese ovillo: o el proletariado sale en su totalidad o lo estrangularán; por otro 93 lado, porque los Soviets de diputados obreros y soldados son un hecho. No cabe duda para nadie de que cubren toda Rusia, son un poder y no puede haber otro. Y si es así, debemos tener una idea clara de cómo pueden utilizar ese poder. Se dice que este poder es igual que el existente en Francia y en Norteamérica; pero allí no se da nada semejante, no existe un poder directo como éste.
p La resolución sobre el momento actual se divide en tres partes. En la primera se caracteriza la situación objetiva creada por la guerra imperialista, la situación en que se ha visto el capitalismo mundial; en la segunda, se exponen las condiciones del movimiento proletario internacional, y en la tercera, las tareas de la clase obrera rusa al hacerse cargo del poder. En la primera parte formulo la conclusión de que el capitalismo se ha desarrollado durante la guerra más aún que antes de ella. Se ha adueñado de ramas enteras de la producción. Ya en 1891, hace 27 años, cuando los alemanes aprobaron su Programa de Erfurt^^54^^, Engels decía que no podía interpretarse el capitalismo según se venía haciendo, como un régimen carente de todo plan. Esta interpretación es ya anticuada: donde hay trusts no hay carencia de planes. Durante el siglo XX, sobre todo, el desarrollo del capitalismo siguió avanzando a pasos agigantados, y la guerra hizo lo que no se había hecho en 25 años. La estatificación de la industria no sólo ha hecho progresos en Alemania, sino también en Inglaterra. De los monopolios en general se ha pasado a los monopolios de Estado. La situación objetiva ha demostrado que la guerra ha acelerado el desarrollo del capitalismo, la transformación del capitalismo en imperialismo, el paso de monopolio a estatificación. Todo ello ha aproximado la revolución socialista y ha creado las condiciones objetivas para ella. De este modo, el curso de la guerra ha acercado la revolución socialista.
p Inglaterra fue antes de la guerra el país de máxima libertad, como señalan en todo momento los políticos del tipo democonstitucionalista. Pero había libertad porque no existía movimiento revolucionario. La guerra lo cambió todo de golpe. Un país en el que no se recordaba desde hacía muchísimos años un solo atentado contra la libertad de la prensa socialista ha implantado de repente una censura puramente zarista y ha llenado sus cárceles de socialistas. Los capitalistas aprendieron allí durante siglos a gobernar al pueblo sin violencias, y si han recurrido ahora a ellas es porque se han dado cuenta de que el movimiento revolucionario crece, de que no pueden obrar de otra manera. Cuando señalábamos que Liebknecht representaba a una masa, a pesar de estar solo y tener enfrente a cien Plejánov alemanes, se nos decía que eso era una utopía, una ilusión. Sin embargo, basta haber 94 asistido a una sola asamblea obrera en el extranjero para convencerse de que la simpatía de las masas por Liebknecht es un hecho indudable. Sus más furiosos enemigos tuvieron que recurrir a ardides ante las masas, y si no se presentaron como adeptos suyos, por lo menos nadie se atrevió a hablar contra él abiertamente. Hoy las cosas han ido aún más lejos. Ahora se trata de huelgas de masas y de confraternización en el frente. Aventurarse a profetizar sobre el particular sería el más grave de los errores, pero es un hecho que la simpatía hacia la Internacional va en aumento y que en el ejército alemán empieza la efervescencia revolucionaria. Y ese hecho demuestra que la revolución madura en Alemania.
p Veamos ahora cuáles son las tareas del proletariado revolucionario. El defecto principal y el error principal de todos los razonamientos de los socialistas consisten en que el problema se plantea en términos demasiado generales—transición al socialismo—, cuando lo que corresponde es hablar de los pasos y medidas concretos. Unos han madurado ya, otros no. Vivimos un momento de transición. Es evidente que hemos promovido formas que no se parecen a las de los Estados burgueses: los Soviets de diputados obreros y soldados son una forma de Estado que no existe ni ha existido nunca en ningún país. Son una forma que representa los primeros pasos hacia el socialismo y que es inevitable en los comienzos de la sociedad socialista. Este es un hecho decisivo. La revolución rusa ha creado los Soviets. En ningún país burgués existen ni pueden existir instituciones estatales semejantes, y ninguna revolución socialista puede operar con otro poder que no sea éste. Los Soviets de diputados obreros y soldados deben tomar el poder, pero no para implantar una república burguesa corriente ni para pasar directamente al socialismo. Eso es imposible. ¿Para qué, entonces? Deben tomar el poder para dar los primeros pasos concretos, que pueden y deben darse, hacia esa transición. El miedo es en este sentido el enemigo principal. Debemos explicar a las masas que es menester dar esos pasos inmediatamente, pues, de otro modo, el poder de los Soviets de diputados obreros y soldados carecerá de sentido y no dará nada al pueblo.
p Intentaré contestar a la pregunta de cuáles son los pasos concretos que podemos proponer al pueblo, sin caer en contradicción con nuestras convicciones marxistas.
p ¿Para qué queremos que el poder pase a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados?
p La primera medida que deberán aplicar los Soviets es la nacionalización de la tierra. Todos los pueblos hablan de ella. Se 95 dice que esta medida es la más utópica de todas y, sin embargo, todos van a parar a ella, precisamente porque la posesión de la tierra en Rusia está tan embrollada que no cabe más salida que quitar todos los lindes y transformar todo el suelo del país en propiedad del Estado. Hay que abolir la propiedad privada de la tierra. Tal es la tarea que tenemos planteada, pues la mayoría del pueblo la requiere. Para eso necesitamos los Soviets. Esta medida no puede llevarse a cabo con la vieja burocracia del Estado.
p Segunda medida. No podemos sustentar que el socialismo sea “implantado”, pues eso sería el mayor de los disparates. Lo que debemos hacer es predicar el socialismo. La mayoría de la población de Rusia está formada por campesinos, por pequeños propietarios, que no pueden ni pensar en el socialismo. Pero, ¿qué pueden decir en contra de que en cada pueblo funcione un banco que les dé la posibilidad de mejorar su hacienda? Contra esto no tendrán nada que objetar. Debemos difundir estas medidas prácticas entre los campesinos y afianzar en ellos la conciencia de que son necesarias.
p Otra cosa es, evidentemente, el consorcio de fabricantes de azúcar. Esto ya es’ un hecho. En este punto, nuestra proposición debe ser directamente práctica: es preciso que esos consorcios ya maduros se conviertan en propiedad del Estado. Si los Soviets quieren tomar el poder ha de ser sólo para esos fines. Si no es para eso, no tienen por qué tomarlo. La cuestión está planteada así: o los Soviets siguen desarrollándose o morirán sin pena ni gloria, como sucedió durante la Comuna de París. Si lo que se necesita es una república burguesa, pueden hacerla los demócratas constitucionalistas.
p Voy a terminar refiriéndome a un discurso que me ha producido la mayor impresión. Un minero pronunció un magnífico discurso en el que, sin emplear un solo término libresco, relató cómo habían hecho ellos la revolución. No se plantearon el problema de si debían tener un presidente. Lo que les interesaba era esto: proteger los cables, cuando tomaron las minas, para que no se paralizase la producción. Se planteó después el problema del pan, que no tenían, y también en este punto llegaron a un acuerdo respecto al modo de conseguirlo. He ahí un verdadero programa revolucionario, un programa no sacado de los libros. He ahí la verdadera conquista del poder local.
p La burguesía no ha adquirido en ninguna parte un grado tal de formación como en Petrogrado; los capitalistas tienen aquí el poder en sus manos; pero en las localidades rurales, los campesinos, sin entregarse a planes socialistas, adoptan medidas puramente prácticas. A mi parecer, este programa del movimiento 96 revolucionario es el único que señala certeramente el verdadero camino de la revolución. Somos partidarios de que estas medidas sean abordadas con la mayor prudencia y precaución, pero deben ser llevadas a cabo, sólo en esa dirección debe mirarse adelante, no hay otra salida. De otro modo, los Soviets de diputados obreros y soldados serán disueltos y morirán sin gloria; pero si el poder pasa efectivamente a manos del proletariado revolucionario, será únicamente para avanzar. Y avanzar significa dar pasos concretos, y no asegurar sólo con palabras la salida de la guerra. Esos pasos sólo podrán triunfar por completo con la revolución mundial, si la revolución ahoga la guerra y es respaldada por los obreros de todos los países. Por eso, la toma del poder es la única medida concreta, la única salida.
p Publicado íntegramente por vez primera en 1921 en las “Obras” de N.Lemn (V. Uliánov), t. XIV, parte 2.
Notes
[91•*] Véase V. I. Lenin. O.C.. t. 31, |>ágs. 293-296. (N. de Iti Edil.)