p ¡.sentó a finales de septiembre ] (¡4) de octubre de 1917.
p Publicado en o(’tuhre de ll.)l 7en el tu’un. \-2de la revisla "I’rosve.scht’tne".
406 407PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN
p Como se desprende del texto, el presente folleto fue escrito entre finales de septiembre y el 1° de octubre de 1917.
p La Revolución del 25 de Octubre ha hecho pasar la cuestión planteada en este folleto del dominio de la teoría al de la práctica.
p A esta pregunta hay que responder ahora con actos, y no con palabras. Los argumentos teóricos contra el poder bolchevique son endebles en grado sumo y han sido rebatidos.
p La tarea consiste ahora en demostrar con la práctica de la clase de vanguardia—el proletariado—la vitalidad del Gobierno Obrero y Campesino. Todos los obreros conscientes, todo lo que hay de vivo y honesto en el seno del campesinado, todos los trabajadores y explotados pondrán en tensión todas sus energías para resolveren la práctica este grandioso problema histórico.
p ¡Manos a la obra, todos manos a la obra; la causa de la revolución socialista mundial debe vencer y vencerá!
p Petersburgo, 9 de noviembre de 1917.
p N. Lenin
p Publicado en IVI8 en un folleto: N. I.enin. "¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?”, de la serie "Kihlioleca del Soldado y del C.fiinpi’sino”, Stiii Petersbnrgo.
408p ¿En qué coinciden todas las tendencias, desde Riech hasta Nóvaya Zhizn inclusive, desde los democonstitucionalistas partidarios de Kornílov hasta los semibolcheviques, todos, menos los bolcheviques?
p En que los bolcheviques jamás se atreverán a asumir solos todo el poder del Estado, o, si se atreven y llegan a tomarlo, no lograrán sostenerse en él ni siquiera durante un período brevísimo.
p Y si alguien objetase que la toma de todo el poder del Estado por los bolcheviques solos es un problema político completamente irreal, que sólo puede cobrar realidad en la presunción más absurda de algún "fanático”, refutaremos esta objeción reproduciendo al pie de la letra las manifestaciones de los partidos y tendencias políticas más responsables e influyentes de distintos “matices”.
p Pero antes diremos dos palabras acerca de la primera de las cuestiones planteadas: ¿se atreverán los bolcheviques a asumir ellos solos todo el poder del Estado? En el Congreso de los Soviets de toda Rusia, en una interrupción que hice durante un discurso ministerial de Tsereteli Hfi tuve ya ocasión de contestar a esa pregunta con un categórico "sí”. Y no sé que los bolcheviques hayan dicho nunca, ni en la prensa ni de palabra, que no debamos tomar nosotros solos el poder. Sigo sosteniendo el punto de vista de que un partido político en general, y el partido de la clase de vanguardia en particular, no tendría derecho a existir, sería indigno de considerarse un partido y representaría en todos los sentidos un triste cero a la izquierda si renunciase al poder en momentos en que tiene la posibilidad de conquistarlo.
p Reproduzcamos ahora las manifestaciones de los democonstitucionalistas, eseristas y semibolcheviques (aunque yo diría mejor bolcheviques en una cuarta parte) respecto al problema que nos ocupa.
p El 16 de septiembre leíamos en el artículo de fondo de Riech:
409p “...En la sala del Teatro cíe Alejandro reinaban el desacuerdo y la confusión, y la prensa socialista ofrece el mismo cuadro. Sólo la posición de los bolcheviques se distingue por su carácter concreto y rectilíneo. F,n la Conferencia, éstos representan la posición de la minoría; en los Soviets son una corriente cada ve/, más fuerte. Pero a pesar de todo su ardor oratorio, pese a sus frases jactanciosas, a su ostentosa confianza en sí mismos, los bolcheviques, exceptuando a unos cuantos fanáticos, son valientes sólo de palabra. No intentarían por propia iniciativa asumir "todo el poder”. Desorganizadores y destructores por excelencia, son, en el fondo, cobardes; y en lo profundo de su alma están perfectamente convencidos de su ignorancia interna y de lo efímero de sus triunfos actuales. Comprenden tan bien como todos nosotros que el primer día cíe su triunfo definitivo sería, a la ve?., el primer día de su rapidísimo ocaso. Irresponsables por naturaleza, anarquistas por sus métodos y procedimientos, no se les puede concebir más que como una de las tendencias del pensamiento político, mejor dicho, como una de sus aberraciones. El mejor método para librarse por muchos años del bolchevismo, para extirparlo, sería poner los destinos del país en manos de sus líderes. Y si no fuese por la conciencia de lo inadmisible y funesto de semejantes experimentos, la desesperación podría llevar a emplear ese remedio heroico. Por fortuna, repetimos, estos tristes héroes del día no aspiran, ni mucho menos, a adueñarse realmente de todo e! poder. En ninguna circunstancia son capaces de una labor creadora. Por eso, todo su espíritu concreto y rectilíneo se circunscribe a la esfera de la tribuna política, al campo de la verborrea mitinesca. Prácticamente, su posición no puede ser tenida en cuenta desde ningún punto de vista. Sin embargo, en un solo sentido tiene cierta eficacia real: en que concita contra ella a todos los demás matices del "pensamiento socialista"..."
p Así piensan los democonstitucionalistas. Veamos ahora cuál es el punto de vista del partido más grande de Rusia, del partido "dominante y gobernante”, del partido de los " socialistasrevolucionarios”. Este punto de vista ha sido expuesto también en un artículo sin firma, y por tanto editorial, de Dielo Naroda, órgano oficial de dicho partido, en el número del 21 de septiembre:
p “...Si la burguesía no accede a colaborar con la democracia, hasta que se reúna la Asamblea Constituyente, sobre la base de la plataforma aprobada por la Conferencia, la coalición deberá .surgir en el seno de la Conferencia. Es un duro sacrificio para los defensores de la coalición, pero con ello deben estar también de acuerdo necesariamente quienes abogan por la idea de una "línea pura" del poder. Pero tememos que no se llegue en este punto a una inteligencia. Y entonces quedará una tercera y última combinación: el poder deberá organizado la mitad de la Conferencia que ha defendido en principio la idea cié un poder homogéneo.
p “Digámoslo sin ambages: los bolcheviques se verán obligados a formar gobierno. Fueron ellos quienes infundieron con la mayor energía a la democracia revolucionaria odio a la coalición, prometiéndole todas las bienandanzas después de suprimir el “ccmciliacionismo” y atribuyendo a esa política todos los males que aquejaban al país.
p “Si se daban cuenta del alcance cíe su agitación, si no engañaban a las masas, están obligados a saldar ahora las letras que libraron a diestro y siniestro.
p “El problema está planteado con claridad.
410p “V es inútil que se esfumen por atrini hcrai se detrás de cualquier teoría improvisada para demostrar la imposibilidad de tomar el poder.
p “La democracia no aceptará esas teorías.
p “Pero, al mismo tiempo, los partidarios de la coalición deben garantizarles todo su apoyo. Tales son las tres combinaciones, los tres caminos que se abren ante nosotros. ¡No hay otros!" (I.a cursiva es del propio Diflo .Víirorfn.)
p Así piensan los eseristas. Veamos, por último, cuál es la "posición"—si puede darse ese nombre al intento de nadar entre dos aguas—de los "bolcheviques en una cuarta parte" de Nói’nya Zhizn, según el editorial de este periódico correspondiente al 23 de septiembre:
pp “...Restaurar la coalición con Konoválov y Kishkín significaría simplemente una nueva capitulación de la democracia y la revocación del acuerdo adoptado por la Conferencia respecto a la formación de un poder responsable tomando como base la plataforma del 14 de agosto...
p “...l!n gobierno homogéneo de mencheviques y eseristas no se sentiría obligado a rendir cuentas, tomo no se sintieron obligados a ello los ministros socialistas responsables del gabinete de coalición... Un gobierno de ese tipo no sólo sería incapa/. de agrupar en torno suyo a las "fuer/as vivas" de la revolución, sino que tampoco podría contar con el más mínimo apovo activo de su vanguardia, del proletariado.
“Sin embargo, no sería una solución mejor, sino peor todavía, la constitución de un gabinete homogéneo de otro tipo, de un gobierno "del proletariado y de los campesinos pobres”; en realidad, no sería una solución, sino sencillamente un fracaso. Cierto que nadie lanza semejante consigna, preconizada sólo en alguna que otra observación casual v tímida de Rahncln Pnl, observaciones que son luego “explicadas” sistemática mente".
(Escriben con toda “audacia” esa indignante mentira publicistas responsables, que han dado al olvido hasta el editorial publicado el 21 de septiembre por Dielo Naroda...)
p “Formalmente, los bolcheviques han resucitado ahora la consigna de "Todo el poder a los Soviets”, que retiraron después de las jornadas de julio, cuando los Soviets, por medio de su Comité Ejecutivo Central, emprendieron de una manera concreta la senda de una activa política antibolchevique. Hoy, en cambio, no sólo puede considerarse enderezada la "línea del Soviet”, sino que existe pleno fundamento para suponer que el proyectado Congreso de los Soviets arrojará una mayoría bolchevique. En estas condiciones, la consigna de "Todo el poder a los Soviets”, resucitada por los bolcheviques, es una "línea táctica" encaminada directamente a la dictadura del proletariado y de los "campesinos pobres”. Cierto es que por Soviets se entiende también los Soviets cié diputados campesinos; de esta manera, la consigna bolchevique presupone un poder apoyado en la inmensa mayoría de toda la 411 democracia de Rusia. Pero, en este caso, la consigna de "Todo el poder a los Soviets" pierde su sentido original, toda vez que, dada su composición, viene a identificar casi a los Soviets con el “Anteparlamento” formado por la Conferencia...” (Esta afirmación de Nóvaya Zhizn es la más desvergonzada mentira, equivalente a afirmar que la imitación y falsificación de la democracia son "casi idénticas" a la misma democracia: el tal Anteparlamento es una falsificación, con la que se quiere hacer pasar la voluntad de una minoría del pueblo, en particular la de Kuskova, Berkenheim, los Chaikovski y Cía., por la voluntad de la mayoría. Esto en primer lugar. En segundo lugar, hasta los Soviets campesinos, adulterados por los Avxéntiev y los Chaikovski, han evidenciado en la Conferencia un porcentaje tan elevado de adversarios de la coalición que, junto con los Soviets de diputados obreros y soldados, originarían un fracaso seguro de la coalición. En tercer lugar, "el poder a los Soviets" significa que el poder de los Soviets campesinos se extendería primordialmente al campo, y en éste quedaría asegurada la preponderancia de los campesinos pobres.) "...Si lo uno equivale a lo otro, hay que retirar inmediatamente la consigna bolchevique. Y si la consigna del "poder a los Soviets" no hace más que encubrir la dictadura del proletariado, ese poder representará, en realidad, el fracaso y el naufragio de la revolución.
p “¿Hace falta demostrar que el proletariado, aislado no sólo de las demás clases del país, sino también de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia, no conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado ni podrá ponerlo en marcha en una situación complicada en extremo, ni será políticamente capaz de hacer frente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución?
“El único poder que corresponde hoy a las exigencias del momento es una coalición realmente honrada dentro de la democracia".
p El lector nos perdonará estos largos extractos, pero eran absolutamente imprescindibles. Era necesario exponer con toda exactitud la posición de los distintos partidos hostiles a los bolcheviques. Era necesario demostrar con precisión el hecho, extraordinariamente importante, de que todos esos partidos han reconocido que la toma plena del poder del Estado por los bolcheviques solos, además de ser un problema completamente real, es incluso un problema actual, candente.
412p Pasemos ahora a analizar los argumentos en que se apoyan “todos”, desde los democonstitucionalistas hasta los de Nóvaya Zhizn, para llegar al convencimiento de que los bolcheviques no podrán sostenerse en el poder.
p Un periódico tan serio como Riech no aduce absolutamente ningún argumento. Se limita a lanzar contra los bolcheviques un torrente de insultos de los más escogidos y furibundos. El pasaje que hemos citado demuestra, entre otras cosas, cuan profundamente erróneo sería pensar que Riech “provoca” a los bolcheviques a que tomen el poder, por lo que debe responderse: "¡Cuidado, camaradas, pues si el enemigo lo aconseja, es seguro que no nos conviene!" Si en vez de analizar con sentido práctico todas las razones, lo mismo las de carácter general que las de orden concreto, nos dejamos “convencer” de que la burguesía nos “provoca” a que tomemos el poder, saldremos burlados por ella. Porque es bien seguro que la burguesía, henchida de odio, dirá siempre que la toma del poder por los bolcheviques originará desgracias sin fin; gritará siempre furiosa que "para deshacerse de los bolcheviques de una vez y "por muchos años”, lo mejor es dejarles tomar el poder y luego aniquilarlos por completo”. Estos clamores, si se quiere, son también una " provocación”, pero a la inversa. Los democonstitucionalistas y los burgueses no nos “aconsejan” ni jamás nos "han aconsejado" que tomemos el poder: intentan únicamente amedrentarnos con los supuestos problemas insulubles del poder.
p No, no debemos dejarnos amedrentar por los gritos de los burgueses aterrados. Debemos tener siempre presente que jamás nos hemos planteado problemas sociales “insoluoles” y que los problemas, completamente susceptibles de solución, de los pasos inmediatos al socialismo, única salida de una situación muy difícil, sólo los resolverá la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres. Hoy más que nunca y más que en parte alguna, el proletariado de Rusia tiene asegurada la victoria, una firme victoria, si toma el poder.
p Examinemos con un criterio puramente práctico las circunstancias concretas que hacen desfavorable tal o cual factor, pero sin ciejarnos intimidar ni un solo instante por los furiosos bramidos de la burguesía y sin olvidar que la toma de todo el poder por los bolcheviques pasa a ser de verdad un problema candente. Hov es inconmensurablemente más peligroso para nuestro partido olvidar esto que considerar “prematura” la toma del poder. En este sentido, ahora no puede haber nada “prematuro”: todas las probabilidades hablan a favor, y entre un millón, quizá, no habrá más que una o dos que hablen en contra.
p En lo que respecta a los ruines insultos de Riech, podemos y debemos repetir:
413p ¡No es orí el fluiré tributo fiel aplauso, sino en la voy. tonante del odio y fie la ira donde buscamos nuestro bomenaje!
El hecho de que la burguesía nos odie con tanto furor es uno de los signos más evidentes de que indicamos con acierto al pueblo el camino y los medios para derrocar el dominio de la burguesía.
p Por rara excepción, Dielo Naroda no se ha dignado esta vez honrarnos con sus insultos, pero tampoco nos ofrece ni sombra de argumentación. Sólo intenta amedrentarnos de manera indirecta, por medio de alusiones, con la perspectiva de que "los bolcheviques se verán obligados a formar gobierno”. Admito por completo que, al tratar de atemorizarnos, los eseristas mismos están sinceramente asustados, muertos de miedo ante el espectro de los liberales asustados. Admito asimismo que los eseristas logren asustar a ciertos bolcheviques en alguno que otro organismo muy elevado y muy podrido, como el Comité Ejecutivo Central y las "Comisiones de Enlace" semejantes a él (es decir, en las comisiones que mantienen contacto con los democonstitucionalistas o, por decirlo en términos más sencillos, que se codean con ellos). Y admito que así sea, pues, en primer lugar, en todos esos Comités Ejecutivos Centrales, en el “Anteparlamento”, etc., la atmósfera es repulsiva y asfixiante hasta dar nauseas, y respirarla largo tiempo es nocivo para toda persona; en segundo lugar, porque la sinceridad es contagiosa, y un filisteo sinceramente asustado es capaz de convertir en filisteo, por cierto tiempo, hasta a un revolucionario.
Pero por muy “humanamente” explicable que sea ese pánico sincero del eserista, a quien ha cabido la desgracia de ser ministro con los democonstitucionalistas o de estar a la disposición de éstos como ministrable, permitir que le asusten a uno no deja, por ello, de ser un error político, un error que puede rayar muy fácilmente en la traición al proletariado. ¡Vengan sus argumentos prácticos, señores! ¡No esperen que nos dejemos intimidar por su propio pánico!
p Esta vez sólo encontramos argumentos prácticos en Nóvaya Zhizn. Esta vez, dicho periódico asume el papel de abogado de la burguesía, que le sienta mucho mejor que el de defensor de los bolcheviques, manifiestamente “comprometedor” para esta dama agradable en todos los aspectos " x.
p Seis son los argumentos del abogado:
p 1. El proletariado "está aislado de las demás clases del país".
414p 2. El proletariado "está aislado de las verdaderas hiervas vivas de la democracia".
p 3. "No conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado".
p 4. "No podrá poner en marcha" ese aparato.
p 5. "La situación es complicada en extremo".
p 6. El proletariado "no será capa/, de hacer trente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución".
p El primer argumento de Návaya Zhizn es torpe hasta el ridículo, pues en la sociedad capitalista y semicapitalista no conocemos más que tres clases: la burguesía, la pequeña burguesía (cuyo exponente principal son los campesinos) y el proletariado. ¿Qué sentido tiene, entonces, hablar del aislamiento del proletariado respecto a las demás clases, cuando en realidad se trata de la lucha del proletariado contra la burguesía, de la revolución contra la burguesía?
p Nóvayn Zhizn quiso decir, probablemente, que el proletariado está aislado de los campesinos, pues, en efecto, no iba a referirse en este caso a los terratenientes. Pero no podía tampoco decir clara y taxativamente que el proletariado está hoy aislado de los campesinos, porque la flagrante falsedad de semejante afirmación salta a la vista.
p Es difícil imaginarse un país capitalista en que el proletariado—y en momentos, adviértase bien, de revolución contra la burguesía—esté tan poco aislado de la pequeña burguesía como lo está hoy el proletariado de Rusia. Entre los datos objetivos e indiscutibles que lo confirman, tenemos los últimos resultados de la votación a favor y en contra de la coalición con la burguesía en las “curias” de la "Duma bulyguiniana" M!) de Tsereteli, o sea, de la célebre Conferencia "Democrática”. Las curias de los Soviets dieron los resultados siguientes:
Soviets de diputados obreros y soldados ... Soviets de diputados campesinos...............
102 185p Como se ve, la mayoría en su conjunto respalda la consigna proletaria, es decir, está en contra de la coalición con la burguesía. Y hemos visto ya que hasta los democonstitucionalistas se ven obligados a reconocer la influencia creciente de los bolcheviques en los Soviets. 415 Téngase en cuenta, además, que se trata de una Conferencia convocada por quienes hasta ayer eran líderes en los Soviets, por los eseristas y los mencheviques, que cuentan con una mayoría segura en las instituciones centrales. Es evidente que estos datos no reflejan en todo su alcance la superioridad efectiva de los bolcheviques dentro de los Soviets.
p Los bolcheviques cuentan ya hoy con la mayoría dentro de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, con la mayoría del pueblo, con la mayoría de la pequeña burguesía, tanto en lo referente a la coalición con la burguesía como en lo tocante a la entrega inmediata de las tierras señoriales a los comités de campesinos. En su número 19, del 24 de septiembre, Rabochi Pitícita. tomándolos del número 25 de Znamia Trudá””’, órgano de los eseristas, los datos de la Conferencia de los Soviets locales de diputados campesinos, celebrada en Petrogrado el 18 de septiembre. En esta conferencia se pronunciaron a favor de la coalición, sin restricciones, los comités ejecutivos de cuatro Soviets campesinos (los de las provincias de Kostromá, Moscú, Samara y Táurida). A favor de la coalición, pero sin los democonstitucionalistas, se pronunciaron los comités ejecutivos de ira provincias (Vladímir, Riazán y Mar Negro) y de dos ejércitos. En cambio, votaron en contra de la coalición los comités ejecutivos de veintitrés provincias y de cuatro ejércitos.
p ¡De modo que la mayoría de los campesinos es contraria a la coalición!
p Ahí tienen ustedes "el aislamiento del proletariado".
p Debemos señalar, de pasada, que a favor de la coalición se pronunciaron tres provincias distantes del centro—Samara, Táurida y Mar Negro—, en las que es relativamente elevado el número de campesinos ricos y de grandes terratenientes que emplean obreros asalariados, y también cuatro provincias industriales (Vladímir, Riazán, Kostromá y Moscú), en las que la burguesía rural es también más fuerte que en la mayoría de las provincias de Rusia. Sería interesante reunir datos más detallados acerca de esta cuestión y averiguar si existen pormenores relativos precisamente a los campesinos pobres en las provincias donde el campesinado es más “rico”.
p Otro dato interesante es que, en los "grupos nacionales”, los adversarios de la coalición cuentan con una mayoría muy considerable: 40 votos contra 15. La política anexionista y brutalmente opresora del borrapartista Kerenski y consortes contra las naciones de Rusia que no gozan de plenos derechos ha dado sus frutos. La gran masa de la población de las naciones oprimidas, es decir, su masa pequeñoburguesa, confía más en el proletariado de Rusia que en la burguesía, pues la historia ha puesto sobre el tapete en nuestro país la lucha por la emancipación de las naciones oprimidas contra 416 las naciones opresoras. La burguesía ha traicionado ruinmente la causa de la libertad de las naciones oprimidas, pero el proletariado permanece fiel a esa causa.
p El problema nacional y el problema agrario tienen en la actualidad una importancia cardinal para las masas pequeñoburguesas de la población de Rusia. Esto es indiscutible. Y el proletariado "no está aislado”, ni mucho menos, en ninguno de los dos problemas. Le sigue la mayoría del pueblo. Sólo el proletariado es capaz de aplicar en ambos problemas una política tan resuelta, tan verdaderamente "democrática revolucionaria”, que aseguraría en el acto al poder del Estado proletario el apoyo de la mayoría de la población y desencadenaría entre las masas una verdadera tempestad de entusiasmo revolucionario. Porque, por vez primera, las masas no encontrarían en el gobierno la opresión despiadada de los campesinos por los terratenientes ni de los ucranios por los rusos, como sucedía bajo el zarismo; ni la tendencia—disfrazada con frases altisonantes—a seguir esa misma política bajo la república; ni cicatería, afrentas, intrigas, dilaciones, zancadillas y evasivas (que es todo lo que Kerenski ofrece a los campesinos y a las naciones oprimidas). Al revés: encontrarían una cálida simpatía demostrada con hechos, medidas rápidas y revolucionarias contra los terratenientes, restablecimiento inmediato de la plena libertad de Finlandia, de Ucrania, de Bielorrusia, de los musulmanes, etc.
p Los señores eseristas y mencheviques lo saben muy bien, y por eso procuran utilizar a los dirigentes semidemoconstitucionalistas de las cooperativas en auxilio de la política democrática reaccionaria que aplican contra las masas. Por eso jamás se atreverán a consultar a las masas, a celebrar un referéndum o, por lo menos, una simple votación en todos los Soviets y organizaciones locales acerca de determinados puntos de la política práctica, por ejemplo, si todas las tierras de los latifundistas deben o no ser entregadas inmediatamente a los comités campesinos, si deben o no ser satisfechas tales o cuales reivindicaciones de los finlandeses o de los ucranios, etc.
p Y en cuanto al problema de la paz, problema cardinal de toda la vida actual... Dicen que el proletariado "está aislado de las demás clases"... En realidad, el proletariado actúa en este caso como representante de toda la nación, de todo lo que hay de vital y honrado en todas las clases, de la inmensa mayoría de la pequeña burguesía. Porque sólo el proletariado, en cuanto conquiste el poder, propondrá una paz justa a todos los pueblos beligerantes, sólo el proletariado adoptará medidas verdaderamente revolucionarias (publicación de los tratados secretos, etc.) para conseguir cuanto antes una paz lo más justa posible.
No. Los señores de Navaja Zhizn, que proclaman a gritos el 417 aislamiento del proletariado, sólo expresan con ello su propio pánico subjetivo, infundido por la burguesía. La situación objetiva en Rusia es tal, sin duda alguna, que hoy precisamente el proletariado no está “aislado” de la mayoría de la pequeña burguesía. Precisamente ahora, después de la triste experiencia de la "coalición”, el proletariado cuenta con las simpatías de la mayoría del pueblo. Esta condición, necesaria para que los bolcheviques se sostengan en el poder, existe.
p El segundo argumento consiste en que el proletariado "está aislado de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia”. Es imposible comprender qué significa eso. Está, quizá, "en griego”, como dicen los franceses en casos semejantes.
p Los escritores de Nóvaya Zhizn son gente ministrable. Harían magníficos ministros en un gobierno democonstitucionalista. Pues lo que se exige de tales ministros es precisamente saber pronunciar frases bellas y pulidas, pero sin ningún sentido, que sirvan para encubrir cualquier infamia y que, por lo tanto, tengan asegurado el aplauso de los imperialistas y de los socialimperialistas. Los de Nóvaya Zhizn tienen asegurado el aplauso de los democonstitucionalistas, de Breshkóvskaya, Plejánov y Cía., como premio a su afirmación de que el proletariado está aislado de las verdaderas fuerzas vivas de la democracia. Porque con eso viene a decirse indirectamente—o, por lo menos, esas palabras se interpretan como si se dijese—que los democonstitucionalistas, Breshkóvskaya, Plejánov, Kerenski y Cía. son "las fuerzas vivas de la democracia".
p Pero eso es falso. Son fuerzas muertas. La historia de la coalición lo ha demostrado.
p Los de Nóvaya Zhizn, intimidados por la burguesía y por el ambiente intelectual burgués, consideran “viva” el ala derecha de los eseristas y mencheviques, representada por Volia Naroda,^^151^^ Edinstvo, etc., que no se distingue en nada sustancial de los democonstitucionalistas. En cambio, nosotros consideramos vivo sólo lo que está ligado a las masas y no a los kulaks, sólo lo que se ha apartado de la coalición, repelido por sus enseñanzas. "Las fuerzas eficaces y vivas" de la democracia pequeñoburguesa están representadas por el ala izquierda de los eseristas y mencheviques. El fortalecimiento de esta ala izquierda, sobre todo después de la contrarrevolución de julio, es uno de los síntomas objetivos más certeros de que el proletariado no está aislado.
p Así lo demuestran, con mayor claridad aún, las fluctuaciones más recientes de los eseristas centristas hacia la izquierda, confirmadas
418 por la declaración que hizo Chernov el 24 de septiembre de que su grupo no podía apoyar la nueva coalición con Kishkín y Oía. Estas fluctuaciones hacia la izquierda manifestadas entre los eseristas centristas, que hasta ahora habían constituido la aplastante mayoría de los representantes del partido eserista—del partido principal y predominante por el número de votos obtenidos en las ciudades y, sobre todo, en el campo—, demuestran que las afirmaciones de Dielo Ntiroda que hemos citado ames (sobre la necesidad de que la democracia, en ciertas condiciones, "garantice todo su apoyo" a un gobierno puramente bolchevique) son, en todo caso, algo más que simples frases.p Hechos como la negativa de los eseristas centristas a apoyar la nueva coalición con Kishkín, o la preponderancia de los adversarios de la coalición entre los mencheviqíws defensistasen provincias (Zhordania en el Cáucaso, etc.), son una prueba objetiva de que cierta parte de las masas que hasta ahora siguen a los mencheviques y a los eseristas apoyará a un gobierno puramente bolchevique.
El proletariado de Rusia no está aislado hoy precisamente de las fuer/as vivas de la democracia.
p Tercer argumento: el proletariado "no conseguirá adueñarse técnicamente del aparato del Estado”. Es, quizá, el argumento más corriente y más usual. Merece que se le dedique la mayor atención no sólo por esta causa, sino también porque atañe a una de las tareas más importantes y más arduas que habrá de afrontar el proletariado victorioso. Estas tareas serán, sin duela, muy difíciles; pero si nosotros, que nos llamamos socialistas, señalásemos esa dificultad sólo para desentendernos del cumplimiento de semejantes tareas, en la práctica se borraría toda diferencia entre nosotros y los lacayos de la burguesía. La dificultad de las tareas de la revolución proletaria debe incitar a los adeptos del proletariado a estudiar con mayor atención y de un modo más concreto los medios de cumplirlas.
p Se entiende por aparato del Estado, ante todo, el ejército permanente, la policía y los funcionarios. Ouando los escritores de Nóvaya Zhizn afirman que el proletariado no conseguirá dominar técnicamente ese aparato, revelan la más crasa ignorancia y la falta de deseo de tener en cuenta la realidad de la vida y las razones expuestas hace ya mucho en las publicaciones bolcheviques.
p Todos los colaboradores de Nóvaya Zhizn se consideran, si no marxistas, por lo menos conocedores del marxismo, socialistas cultos. Pues bien, Marx, basándose en la experiencia de la Oomuna de París, enseña que el proletariado no puede simplemente tomar posesión de 419 la máquina riel Estado ya existente y ponerla en marcha para sus propios fines; que el proletariado debe destruir esa máquina y sustituirla con otra nueva (de esto trato con mayor detalle en un folleto, cuyo primer fascículo está ya terminado y pronto verá la luz: El Estado y la revolución. La doctrina marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución [419•* ). Esta nueva máquina del Estado fue creada por la Comuna de París, y los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de Rusia son también un "aparato del Estado" del mismo tipo. Este hecho lo he señalado multitud de veces desde el 4 de abril de 1917, de él se habla en los acuerdos de las conferencias bolcheviques y a él se refieren también nuestras publicaciones. Nóvaya Zhizn, como es natural, podía haber declarado su total desacuerdo tanto con Marx como con los bolcheviques; pero eludir por completo este problema un periódico que con tanta frecuencia y tanta altanería denosta a los bolcheviques porque, según él, no adoptan una posición seria ante problemas difíciles, equivale a extenderse a sí mismo un certificado de pobreza espiritual.
p El proletariado no puede "adueñarse" del "aparato del Estado" y "ponerlo en marcha”. Pero sí puede destruir todo lo que hay de opresor, de rutinario, de incorregiblemente burgués en el antiguo aparato del Estado, sustituyéndolo con otro nuevo, con su propio aparato. Y este aparato lo constituyen precisamente los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.
p Es obligado calificar de absolutamente monstruoso el hecho de que Nóvaya Zhizn se haya olvidado por completo de este "aparato del Estado”. Al proceder así en sus razonamientos teóricos, los colaboradores de Nóvaya Zhizn proceden en el campo de la teoría política, en el fondo, igual que los democonstitucionalistas en el terreno de la práctica política. Porque, en efecto, si el proletariado y la democracia revolucionaria no necesitan ningún nuevo aparato del Estado, entonces los Soviets pierden toda raison d’étre, todo derecho a la existencia, y siendo así, ¡los democonstitucionalistas partidarios de Kornílov tienen razón cuando pretenden reducir a la nada los Soviets!
p Este monstruoso error teórico y esta ceguera política de Nóvaya Zhizn son tanto más horrorosos por cuanto hasta los mencheviques internacionalistas (con quienes Nóvaya Zhizn formó bloque en las últimas elecciones a la Duma municipal de Petrogrado) se aproximan en esta cuestión, en cierto grado, a los bolcheviques. Por ejemplo, en la declaración de la mayoría de los Soviets, leída por el camarada Mártov en la Conferencia Democrática, se dice:
420p “...Los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, oigani/.ados cu los primeros días de la revolución por el poderoso impulso del verdadero genio creador del pueblo, han formado la nueva arma/.ón del sistema estatal revolucionario, que ha venido a sustituir a la arma/ón caduca del sistema estatal del vie]o régimen..."
p Es un modo de expresarse demasiado elegante, es decir, lo ampuloso de la expresión encubre aquí la falta de claridad del pensamiento político. Los Soviets no han sustituido todavía a la vieja "armazón”, y esta vieja "arma/.ón" no es el sistema estatal del viejo régimen, sino el sistema estatal ionio del zarismo comode la república burguesa. Pero, en todo caso, Mártov se sitúa aquí a mucha mayor altura que los de Navaja Zhizn.
p Los Soviets son un nuevo aparato del Estado que, en primer lugar, proporciona la fuerza armada de los obreros y de los campesinos, una fuer/a que no está, como la del viejo ejército permanente, apartada del pueblo, sino ligada a él del modo más estrecho; en el sentido militar, esta fuerza es incomparablemente más poderosa que las anteriores; en el sentido revolucionario, no puede ser remplazada por ninguna otra. En segundo lugar, este aparato proporciona una ligazón tan estrecha e indisoluble con las masas, con la mayoría del pueblo; una ligazón tan fácil de controlar y de renovar, que en vano buscaremos nada semejante en el viejo aparato del Estado. En tercer lugar, este aparato es mucho más democrático que los anteriores por cuanto sus componentes son elegibles y revocables a voluntad del pueblo, sin formalidades burocráticas. En cuarto lugar, este aparato asegura una sólida ligazón con las profesiones más diversas, facilitando así, sin burocracia, las reformas más diversas y más profundas. En quinto lugar, constituye una forma de organización de la vanguardia, es decir, de la parte más consciente, más enérgica y más avanzada de las clases oprimidas, de los obreros y los campesinos, por lo que es un aparato que permite a la vanguardia de las clases oprimidas poner en pie, educar, instruir y llevar tras de sí a toda la gigantesca masade estas clases, que hasta hoy permanecía totalmente al margen de la vida política, al margen de la historia. En sexto lugar, brinda la posibilidad de conjugar las ventajas del parlamentarismo con las ventajas de la democracia inmediata y directa, es decir, de unir en los representantes elegidos por el pueblo la función legislativa y la ejecución de las leyes. Comparado con el parlamentarismo burgués, es un avance de trascendencia histórica mundial en el desarrollo de la democracia.
p En 1905, nuestros Soviets fueron, por decirlo así, únicamente el germen, ya que existieron sólo unas semanas. Es evidente que, en las condiciones de entonces, no podía ni pensarse en su desarrollo completo. Otro tanto ocurre todavía en la revolución de 1917, pues 421 el plazo de varios meses es corto en extremo y, sobre todo, porque los dirigentes eseristas y mencheviques prostituían los Soviets, convirtiéndolos en jaulas de cotorras, en apéndices de la política conciliadora de los líderes. Bajo la dirección de los Líber, los Dan, los Tsereteli y los Chernov, los Soviets se iban descomponiendo y pudriendo en vida. Los Soviets sólo podrán desarrollarse de verdad, desplegar por entero sus fuerzas potenciales y su capacidad al asumir todo el poder del Estado, pues de otro modo no tienen nada que hacer\ se convierten en simples células embrionarias (estado que no puede durar mucho tiempo) o en juguetes. La "dualidad de poderes" es la parálisis de los Soviets.
Si la iniciativa popular de las clases revolucionarias no hubiera creado los Soviets, la revolución proletaria en Rusia se vería condenada al fracaso. Porque, con el viejo aparato, el proletariado no podría, sin duda alguna, mantenerse en el poder, y el nuevo aparato es imposible crearlo de golpe. La triste historia de la prostitución de los Soviets por Tsereteli y Chernov, la historia de la "coalición”, es al mismo tiempo la historia de la emancipación de los Soviets de las ilusiones pequeñoburguesas, de su paso por el “purgatorio” del estudio práctico de toda la vileza y de toda la inmundicia de todas y cada una de las coaliciones burguesas. Confiemos en que ese “purgatorio”, lejos de debilitar a los Soviets, los haya templado.
p La dificultad principal de la revolución proletaria estriba en realizar a escala nacional la contabilidad y el control más precisos y concienzudos, el control obrero de la producción y distribución de los productos.
p Cuando los escritores de Nóvaya Zhizn nos acusaban de caer en el sindicalismo al lanzar la consigna de "control obrero”, nos ofrecían un ejemplo típico de la bobalicona aplicación escolar de ese “marxismo” no meditado a fondo, sino aprendido de memoria a la manera de Struve. El sindicalismo rechaza la dictadura revolucionaria del proletariado o la relega, lo mismo que el poder político en general, al último plano. Nosotros, en cambio, la colocamos en primer lugar. Y si, ateniéndonos al espíritu de Nóvaya Zhizn, dijéramos: "¡nada de control obrero, .sino control del Estado!”, lanzaríamos una frase reformista burguesa, una fórmula que en el fondo sería perfectamente democonstitucionalista, pues los militantes del Partido Demócrata Constitucionalista no tienen nada que oponer a la participación de los obreros en el control del “Estado”. Los democ onstitucionalistas kornilovistas saben muy bien que 422 semejante participación es, para la burguesía, el método mejor de engañar a los obreros, el método mejor de sobornar sutilmente, en el sentido político, a los Gvózdiev, los Nikitin, los Prokopóvich, los Tsereteli y toda esa pandilla.
p Cuando nosotros decimos "control obrero”, colocando siempre esta consigna al lado de la de dictadura del proletariado, siempre inmediatamente después de ella, damos a entender con nitidez a qué Estado nos referimos. El Estado es el órgano de dominación de una clase. ;De qué clase? Si se trata de la burguesía, es precisamente un Estado democonstitucionalista-kornilovista-“kerenskiano”, por culpa del cual el pueblo obrero de Rusia padece hace ya más de medio año el mal kornilovista y kerenskiano. Si se trata del proletariado, de un Estado proletario, (es decir, de la dictadura del proletariado), entonces sí puede el control obrero erigirse en un sistema general, universal, omnipresente, minucioso y concienzudo al máximo de contabilidad de la producción y distribución de los productos.
p En ello radica la dificultad principal, la tarea esencial de la revolución proletaria, es decir, cíe la revolución socialista. Sin los Soviets, esta tarea sería, al menos para Rusia, insoluble. En los Soviets apunta la labor de organización del proletariado, gracias a la cual se puede cumplir esta tarea de alcance histórico universal.
p Llegamos aquí a otro aspecto del problema referente a la máquina del Estado. Además del aparato de "opresión" por excelencia—el ejército permanente, la policía y los funcionarios—, el Estado moderno posee un aparato enlazado muy íntimamente con los bancos y los consorcios, que efectúa, permítasenos decirlo así, una vasta labor de cálculo y registro. Este aparato no puede ni debe ser destruido. Lo que se debe hacer es arrancarlo cíe la dependencia respecto de los capitalistas, cortar, romper, cercenar todos los hilos por medio de los cuales los capitalistas influyen en él, subordinado a los Soviets proletarios y darle un carácter más vasto, más universal y más popular. Y esto se puede hacer apoyándose en las conquistas ya realizadas por el gran capitalismo (de la misma manera que la revolución proletaria, en general, puede alcanzar su objetivo sólo apoyándose en estas conquistas).
p El capitalismo ha creado aparatos de contabilidad y control en forma de bancos, consorcios, Correos, cooperativas de consumo y sindicatos de empleados. Sin los grandes bancos, el socialismo sería irrealizable.
p Los grandes bancos son el "aparato del Estado" que necesitamos para realizar el socialismo y que tomamos ya formado del capitalismo; nuestra tarea se reduce, en este caso, a extirpar todo lo que deforma a lo capitalista ese magnífico aparato, en hacerlo aún mayor, aún más democrático, aún más universal. La cantidad se transformará en 423 calidad. L’n banco único del Estado, el más grande entre los más grandes, con sucursales en cada subclistrito v en cada fábrica, supone va nueve décimas partes del aparato socialista. Supone una lontabihdad nacional, un control nacional de la producción y distribución de los productos; es, por decirlo así, algo parecido al esqueleto de la sociedad socialista.
p Podemos "adueñarnos" y "poner en marcha" de un solo golpe, con un solo decreto, ese "aparato estatal" (que en el capitalismo no es por completo del Estado, pero que en nuestras manos, en el socialismo, será íntegramente del Estado). Podemos hacerlo porque el trabajo efectivo de contabilidad, de control, de registro, de estadística y cíe cálculo corre aquí a cargo de empleados, la mayoría de los cuales son, por sus condiciones de vida, proletarios o semiproletarios.
p Con un solo decreto del gobierno proletario se podrá y se deberá convertir a todos esos empleados en funcionarios públicos, de la misma manera que los perros guardianes del capitalismo, al estilo de Briand y otros ministros burgueses, convierten a los ferroviarios huelguistas, por medio de un decreto, en funcionarios del Estado. Nosotros necesitaremos y podremostener semejantes funcionarios del Estado en cantidad mucho mayor, pues el capitalismo ha simplificado las funciones de contabilidad y control, reduciéndolas a asientos relativamente sencillos en los libros, al alcance de cualquier persona que sepa leer y escribir.
p La tarea de convertir en funcionarios del Estado a la masa de empleados de Banca, de los consorcios, de comercio, etc., etc., podrá cumplirse por entero, tanto técnicamente (gracias a la labor previa que han realizado para nosotros el capitalismo y el capitalismo financiero) como políticamente, a condición de que eso se haga bajo el control y la fiscalización de los Soviets.
p En lo que respecta a los altos funcionarios, eme son muy pocos, pero que tienden hacia los capitalistas, habrá que tratarlos con el mismo “rigor” eme a los capitalistas. Unos y otros opondrán resistencia. Habrá eme vencer esa resistencia. Y si el inmortalmente ingenuo Peshejónov afirmaba ya en junio de 1917, balbuceando como un auténtico "niño político”, que "la resistencia de los capitalistas ha sido vencida”, el proletariado hará realidad en serio esa frase pueril, esa jactancia infantil, esa candorosa salida de tono.
p Nosotros podremos hacerlo, pues se trata de vencer la resistencia de una minoría insignificante cíe la población, literalmente de un puñado de hombres, que serán controlados de tal modo por las organizaciones de empleados, los sindicatos, las cooperativas de consumo y los Soviets que cada Tit lítich quedará cercado como los franceses en Sedán ”"’. Conocemos por sus nombres a estos I it 424 Títich: basta con repasar las listas de directores, miembros de los consejos de administración, grandes accionistas, etc. No pasarán de unos cuantos centenares o, a lo sumo, de unos cuantos miles en toda Rusia; el Estado proletario, con el aparato de los Soviets, las organizaciones de empleados, etc., puede encomendar el control de cada uno de ellos a (lie/, y basta cien personas, de modo que e,\ control obrero (sobre los capitalistas) quizá consiga no sólo “vencer”, sino hacer impos i ble toda resistencia.
p La “clave” de la cuestión no consistirá siquiera en confiscar los bienes de los capitalistas, sino precisamente en establecer un control obrero omnímodo, a escala de todo el país, sobre los capitalistas y sus posibles adeptos. La confiscación por sí sola no basta, pues no contiene ningún elemento de organización y de cálculo de una distribución acertada. Sustituiremos fácilmente la confiscación con la imposición de un gravamen justo (aplicando, aunque sólo sea, la tarifa "de Shingariov”), pero a condición de excluir la posibilidad de eludir el control, de ocultar la verdad, de esquivar la ley. Y esto se conseguirá sólo mediante el control obrero del Estado obrero.
La sindicación obligatoria, es decir, la agrupación obligatoria en consorcios bajo el control del Estado, es una medida preparada ya por el capitalismo; una medida implantada ya en Alemania por el Estado de los junkers y eme en Rusia será completamente realizable para los Soviets, para la dictadura del proletariado. Eso es lo que nos proporcionará un "aparato del Estado" universal, moderno y exento de todo burocratismo [424•* .
p El cuarto argumento de los abogados de la burguesía es que el proletariado no podrá "poner en marcha" el aparato del Estado. Este argumento no añade nada nuevo al anterior. Efectivamente, no podríamos adueñarnos del viejo aparato ni ponerlo en marcha. El nuevo aparato, los Soviets, ha sido puesto ya en marcha por "el poderoso impulso del verdadero genio creador del pueblo”. Lo único que hace falta es librarlo de las trabas que le impusieron, durante su caudillaje, los líderes eseristas y mencheviques. Este aparato está ya en marcha y sólo es necesario desembarazarlo de los monstruosos aditamentos pequeñoburgueses que le impiden avanzar a todo vapor, siempre adelante.
p Dos circunstancias hemos de analizar aquí para completar lo que dejamos expuesto: primera, los nuevos medios de control, creados no 425 por nosotros, sino por el capitalismo en su fase militar-imperialista; segunda, la importancia de ahondar la democracia en la gobernación de un Estado de tipo proletario.
p El monopolio del trigo y las cartillas de racionamiento del pan no fueron implantados por nosotros, sino por el Estado capitalista beligerante. Este ha creado ya, en el marco del capitalismo, el trabajo general obligatorio, que es un presidio militar para los obreros. Pero también aquí, como en toda su creación histórica, el proletariado toma sus armas del capitalismo, no las “inventa” ni las "crea de la nada".
p El monopolio del trigo, el racionamiento del pan y el trabajo general obligatorio son, en manos del Estado proletario, en manos de los Soviets investidos de todo el poder, el medio más eficaz de contabilidad y control. L Tn medio cine, hecho extensivo a los capitalistas y a los ricos en general, y aplicado por los obreros, representará una fuerza jamás vista en la historia para "poner en marcha" el aparato del Estado, para vencer la resistencia de los capitalistas y someterlos al Estado proletario. Este medio del control y del trabajo obligatorio es más fuerte que las leyes de la Convención ’ ll y su guillotina. La guillotina sólo servía para intimidar, para vencer la resistencia activa. Y o nosotros no nos basta con eso.
p No nos basta, pues no sólo necesitamos “intimidar” a los capitalistas para cine sientan la omnipotencia del Estado proletario y no se atrevan a pensar en oponerle una resistencia activa. Necesitamos también vencer la resistencia pasiva, indudablemente más peligrosa y más nociva aún. No nos basta con vencer la resistencia, cualquiera que sea. Necesitamos, además, obligar a trabajar dentro de los nuevos límites de la organización estatal. No basta con “echar” a los capitalistas: hay que lograr que sirvan al Pastado de un modo nuevo (después de deshacernos de los inservibles, de los “resistentes” empedernidos). Esto se refiere a los capitalistas y también a cierto sector elevado de los intelectuales burgueses, de los funcionarios, etc.
p Disponemos de los medios necesarios para ello. El propio Estado capitalista beligerante ha puesto en nuestras manos los medios y las armas. Estos medios son: el monopolio del trigo, el racionamiento del pan y el trabajo general obligatorio. "El que no trabaja no come": tal es la regla fundamental, primordial y más importante que los Soviets de diputados obreros pueden implantar e implantarán en cuanto sean poder.
Cada obrero tiene su cartilla de trabajo. No le humilla este documento, aunque hoy es, sin duda, un documento acreditativo de la esclavitud capitalista asalariada, un testimonio de que el trabajador a cuyo nombre está extendido pertenece a tal o cual parásito.
426 Los Soviets implantarán la cartilla de trabajo para los ricos, y luego, poco a poco, para toda la población (en un país agrario, pasará, probablemente, mucho tiempo antes de que este documento sea necesario para la inmensa mayoría de los campesinos). La cartilla de trabajo dejará de ser un signo distintivo de la “plebe”, dejará de ser un documento de las clases “inferiores”, un testimonio de la esclavitud asalariada. Se convertirá en una prueba de que en la nueva sociedad no hay ya “obreros”, pero, en cambio, no hay nadie que no sea trabajador.p Los ricos deberán recibir una cartilla de trabajo del sindicato de obreros o empleados más afín a la esfera de su actividad, y cada semana, o en el plazo que se estipule, el sindicato correspondiente deberá certificar que cumplen escrupulosamente con su trabajo; sin esta condición no podrán recibir la cartilla de racionamiento del pan ni, en general, víveres. Necesitamos—dirá el Estado proletario—buenos organizadores de bancos y consorcios industriales (los capitalistas tienen en este sentido más experiencia, y con gente experta el trabajo marcha mejor); necesitamos cada día más y más ingenieros, agrónomos, técnicos y especialistas de todo género con una formación científica. A todos estos trabajadores les encomendaremos tareas adecuadas a sus fuerzas y a sus hábitos; es probable que no establezcamos sino en forma gradual la igualdad absoluta de la remuneración, dejando a estos especialistas un sueldo más alto durante el período de transición; pero los someteremos al control obrero en todos los aspectos de su actividad y conseguiremos la aplicación plena e incondicional del principio de que "el que no trabaja no come”. La forma de organización del trabajo no la inventamos, sino que la tomamos ya preparada del capitalismo: bancos, consorcios, las mejores fábricas, estaciones experimentales, academias, etc. No tendremos más que tomar lo mejor de la experiencia de los países avanzados.
p Y, desde luego, no pecaremos en lo más mínimo de utopismo ni abandonaremos el terreno de las consideraciones prácticas más sensatas si decimos: toda la clase capitalista opondrá la resistencia más tenaz, pero la organización de toda la población en Soviets vencerá esa resistencia. Por supuesto, los capitalistas que opongan una resistencia singularmente tenaz, los más insubordinados, serán castigados con la confiscación de todos sus bienes y con pena de cárcel; pero, en cambio, la victoria del proletariado multiplicará los casos como el siguiente, del que me he enterado hoy por Izvestia:
“F’.l 26 de septiembre se han presentado en el Consejo (’cutral (le (’omites I-abriles dos ingenieros para declarar que un grupo de colegas snvos ha decidido constituir una Asociación de Ingenieros Socialistas. Considerando que el momento 427 aimal es, en realidad, el comicn/o di- la revolución social, la Asociación se pone a disposición de las masas obreras v desea actuar, en delensa de los intereses de los obreros, de pleno ac uerclo con las organi/ac iones obreras. Los representantes del Conseje) Central de Comités Fabriles han contestado que éste formará con agrado en sn organi/ación una Sec ción de Ingenieros que incluya en sn programa las lesis fundamentales de la I Conferencia de Comités Fabriles sobre el control obrero de la producción. Próximamente se celebrará una reunión conjunta de los delegados del Consejo Central de Comités Fabriles con el grupo cu gañí/ador de la Asociación de Ingenieros Socialistas" (hrestin del C.F.C. 27 de septiembre de 1!I17).
p Se nos dice que el proletariado no podrá poner en marcha el aparato del Estado.
p Después de la revolución de 1905 gobernaban en Rusia 130.000 terratenientes; gobernaban sobre 150 millones de personas mediante un sinfín de violencias y escarnios, obligando a la inmensa mayoría a trabajar como forzados y vivir semihambrientos.
p Y ahora resulta que no podrán gobernar a Rusia 240.000 miembros del Partido Bolchevique, gobernarla en beneficio de los pobres y contra los ricos. Esas 240.000 personas tienen ya ahora a su favor, por lo menos, un millón de votos de la población adulta. Porque la experiencia de Europa y de Rusia—por ejemplo, las elecciones de agosto a la Duma de Retrogrado—testimonian justamente esa proporción entre los efectivos del partido y los sufragios emitidos a su favor. Tenemos ya un "aparato estatal" de un millón de personas, fieles al Estado socialista por convicción, y no por el deseo de cobrar un dineral el 20 de cada mes.
p Es más, tenemos un "recurso maravilloso" para decuplicar en seguida, de golpe, nuestro aparato estatal, un recurso del que jamás ha dispuesto ni puede disponer ningún Estado capitalista. Este recurso maravilloso es la incorporación de los trabajadores, de los pobres, a la labor cotidiana de dirección del Estado.
p Para explicar cuan fácil es aplicar ese maravilloso recurso, y cuan infalible es su efecto, tomaremos el ejemplo más sencillo y más claro.
p El Estado necesita desahuciar forzosamente de su vivienda a una familia para alojar en ella a otra. Esto lo hace a cada paso el Estado capitalista, y lo hará también nuestro Estado proletario o socialista.
p El Estado capitalista desahucia a una familia obrera que, habiendo perdido a quien la mantenía, deja de pagar el alquiler. Se presenta un alguacil, un policía o un guardia, o un pelotón entero. En un barrio obrero, para ejec utar un desahucio, tiene que acudir un destacamento de cosacos. ¿Por qué? Porque el alguacil y el guardia se niegan a ir sin la protección de una nutrida escolta militar. Saben que el espectáculo del desahucio suele provocar en toda la población de los alrededores, en miles y miles de personas llevadas casi a la 428 desesperación, una ira tan furiosa, un odio tan grande contra los capitalistas y contra el Estado capitalista, que el alguacil y todo el pelotón de guardias pueden quedar despedazados en cualquier momento. Hacen falta importantes fuer/as armadas, es preciso trasladar a una gran ciudad varios regimientos, obligatoriamente de alguna /ona alejada, para que a los soldados les sea ajena la vida de los pobres de la ciudad, para que no puedan “contagiarse” de socialismo.
p El Estado proletario recurre a la coerción para instalar en la vivienda de un rico a una familia necesitada en extremo. Nuestro destacamento de la milicia obrera se compone, supongamos, de quince personas: dos marinos, dos soldados, dos obreros conscientes (bastará que uno de ellos sea miembro de nuestro partido o simpati/ante), un intelectual y ocho trabajadores pobres, y entre c’llos, sin falta, no menos de cinco mujeres, criados, peones, etc. El destacamento se presenta en la casa de la familia rica, la inspecciona y comprueba que tiene cinco habitaciones ocupadas por dos hombres y dos mujeres. "Ciudadanos—les dicen—, estréchense ustedes por este invierno en dos habitaciones y dejen libres otras dos para alojar en ellas a dos familias que viven en el sótano. Por algún tiempo, en tanto no construyamos buenas viviendas para todos con la ayuda de los ingenieros (¿usted es ingeniero, verdad?), tendrán tollosamente que estrecharse un poco. Su teléfono se pondrá a disposición de diez familias, con lo cual se economi/arán unas cien horas de trabajo, caminatas por tiendas, etc. Además, en su familia hay dos semiobreros desocupados—una ciudadana de 55 años y un ciudadano de 14—que pueden realizar un trabajo fácil. Harán cada cha una guardia de tres horas para velar por la distribución justa de víveres entre las die/ familias y llevar el correspondiente registro. El ciudadano estudiante que forma parte de nuestro destacamento redactará ahora en dos copias esta orden oficial, y ustedes tendrán la bondad de firmarnos una declaración, por la que se comprometan a cumplirla exactamente".
p Así podría ser expuesta, a mi juicio, en ejemplos concretos la diferencia entre el aparato y la administración del Estado viejos, burgueses, y los nuevos, socialistas.
p No somos utopistas. Sabemos que cualquier peón y cualquier cocinera son incapaces de asumir ahora mismo la gobernación del Estado. En eso estamos de acuerdo con los democonstitucionalistas, con Breshkóvskaya y con Tsereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos en que exigimos romper sin demora con el prejuicio de que sólo los ricos o funcionarios procedentes de familias ricas pueden gobernar el Estado, efectuar el trabajo cotidiano clr administración. Nosotros exigimos que el aprendizaje de la 429 administración del Estado corra a cargo de obreros y soldados conscientes y que se emprenda sin demora, es decir, que se empiece inmediatamente a hacer participar en este aprendizaje a todos los trabajadores, a toda la población pobre.
p Sabemos que los democonstitucionalistas están también de acuerdo con enseñar al pueblo los principios de la democracia. Las damas democonstitucionalistas están dispuestas a dar conferencias a las criadas sobre la igualdad de derechos de la mujer, inspirándose en las mejores fuentes inglesas y francesas. Y quizá en el próximo concierto-mitin, ante miles cíe espectadores, se organice en el escenario un "ósculo de paz": la señora conferenciante democonstitucionalista besará a Breshkóvskaya, Breshkóvskaya al ex ministro Tsereteli, y el pueblo, agradecido, aprenderá así, en la práctica, lo que son la igualdad, la libertad y la fraternidad republicanas...
p Sí, reconocemos que los democonstitucionalistas, Breshkóvskaya y Tsereteli son, a su modo, fieles a la democracia y la propagan entre el pueblo. Pero, ¡qué se le va a hacer!, nosotros tenemos una idea algo diferente de la democracia.
p A nuestro modo de ver, para mitigar los inauditos sufrimientos y desgracias originados por la guerra, así como para curar las horribles heridas que ésta ha causado al pueblo, es necesaria una democracia revolucionaria, son necesarias medidas revolucionarias; justamente del tipo de la que hemos puesto como ejemplo en la distribución de viviendas en beneficio de los pobres. Del mismo modo hay que proceder en la ciudad y en el campo con los víveres, con la ropa, con el cal/ado, etc., y en el campo, con la tierra y todo lo demás. Para administrar el Estado en «Asentido, podernos disponer en el actode un aparato estatal de unos diez millones de hombres, si no veinte, jamás visto en ningún Estado capitalista. Sólo nosotros podemos crear ese aparato, porque contamos con la adhesión más completa, sin reservas, de la inmensa mayoría de la población. Sólo nosotros podemos crear ese aparato, porque contamos con obreros conscientes, disciplinados por un largo “aprendizaje” capitalista (no en vano hemos cursado la escuela del capitalismo); con obreros que están en condiciones de formar una milicia obrera y de ampliarla paulatinamente (comenzando a ampliarla en seguida) hasta convertirla en milicia de todo el pueblo. Los obreros conscientes deben dirigir, pero pueden incorporar a la labor de administración a verdaderas masas de trabajadores y oprimidos.
Por supuesto, en los primeros pasos de ese nuevo aparato serán inevitables los errores. Pero ¿acaso no cometieron errores los campesinos cuando, al quedar en libertad después de la servidumbre, empezaban a dirigir por sí mismos sus asuntos? ¿Puede haber otro camino para enseñar al pueblo a gobernarse, para evitar los 430 errores, que no sea el cíe la práctica, el de la instauración inmediata de una verdadera autoadministración popular? Hoy por hoy, lo más importante es acabar con el prejuicio intelectual burgués de que sólo pueden gobernar el Estado funcionarios especiales, que, a consecuencia de su posición social, dependen por entero del capital. Lo principal es poner término a un estado de cosas en el que los burgueses, los funcionarios y los ministros “socialistas” intentan gobernar como en el pasado, pero no pueden hacerlo, y al cabo de siete meses se encuentran, en un país campesino, ¡¡con una insurrección campesina!! Lo más importante es infundir a los oprimidos y a los trabajadores fe en sus propias fuerzas, demostrarles en la práctica que ellos mismos pueden y deben establecer una distribución equitativa, severísimamente reglamentada y organizada, del pan, de todos los alimentos, de la leche, de la ropa, de la vivienda, etc., en beneficio de los pobres. No hay otro modo de salvar a Rusia de la bancarrota y de la perdición. Y cuando se inicie honrada y resueltamente en todas partes la transferencia de la administración a los proletarios y semiproletarios, las masas revelarán un entusiasmo revolucionario jamás visto en la historia; las energías del pueblo se multiplicarán de tal modo en su lucha contra las calamidades, que muchas cosas que parecen imposibles a nuestras mezquinas y viejas fuerzas burocráticas serán viables para las fuerzas de millones de hombres que empiecen a trabajar para sí y no para el capitalista, el señorito y el burócrata, no a la fuerza.
p Otro problema relacionado con el aparato del Estado es el del centralismo, planteado de un modo muy enérgico, y muy poco feliz, por el camarada Bazárov en el número 138 de Nóvaya Zhizn (27 de septiembre), en un artículo titulado Los bolcheviques y el problema del poder.
p El camarada Bazárov razona del modo siguiente: "Los Soviets no son un aparato adaptable a todos los dominios de la vida pública”, pues una experiencia de siete meses ha demostrado—y "decenas y cientos de pruebas documentales existentes en la Sección Económica del Comité Ejecutivo de San Petersburgo" lo confirman—que los Soviets, aunque en muchos lugares han tenido, en efecto, "todo el poder”, "no han podido conseguir los menores resultados satisfactorios en su lucha contra la ruina económica”. Hace falta un aparato "dividido por ramas de producción, rigurosamente centralizado dentro de cada rama y subordinado a un centro único de todo el Estado”. "No se trata—¡presten ustedes atención!—de sustituir el 431 viejo aparato, sino sólo de reformarlo... por más que los bolcheviques se burlen de los hombres con planes..."
p Todos estos razonamientos del camarada Bazárov son, en verdad, asombrosamente torpes, ¡parecen una copia de los argumentos de la burguesía, un reflejo de su punto de vista de clase!
p En efecto, es sencillamente ridículo (si no es una simple repetición de la interesada mentira de clase de los capitalistas) afirmar que los Soviets hayan tenido "todo el poder" en parte alguna de Rusia. Tener todo el poder significa poseer toda la tierra, todos los bancos y todas las fábricas; quien tenga la menor noción de las enseñanzas de la historia y de los datos científicos concernientes a la relación entre la política y la economía, no podrá “olvidar” este "pequeño" detalle.
p El método falaz de la burguesía consiste en que, sin entregar el poder a los Soviets, sabotea todas las medidas serias de éstos, se aferra al gobierno, conserva el poder sobre la tierra y sobre los bancos, etc., ¡¡y después imputa a los Soviets la responsabilidad por la ruina económica!! En esto consiste, precisamente, la triste experiencia de la coalición.
p Los Soviets jamás han tenido en sus manos todo el poder, y sus medidas sólo han podido ser paliativas, que han aumentado la confusión.
p Querer demostrar a los bolcheviques, centralistas por convicción y por el programa y por la táctica de todo su partido, la necesidad del centralismo, es, en verdad, querer demostrar que dos y dos son cuatro. Si los escritores de Nóvaya Zhizn se dedican a esa labor inútil, la única causa de ello es que no han comprendido en absoluto el sentido ni el alcance de nuestras burlas respecto a su punto de vista "de todo el Estado”. Y no lo han comprendido porque reconocen la teoría de la lucha de clases sólo de palabra, y no por convicción. Los de Nóvaya Zhizn repiten unas cuantas frases aprendidas de memoria acerca de la lucha de clases y caen a cada paso en "el punto de vista supraclasista”, ridículo en la teoría y reaccionario en la práctica, denominando a ese servilismo para con la burguesía plan "de todo el Estado".
p El Estado, amables señores, es un concepto de clase. El Estado es un órgano o una máquina de violencia de una clase sobre otra. Y mientras sea una máquina utilizada por la burguesía para ejercer la violencia sobre el proletariado, no habrá más que una consigna proletaria: destruir ese Estado. Mas cuando el Estado sea proletario, cuando sea una máquina de violencia del proletariado sobre la burguesía, entonces seremos partidarios, plena e incondicionalmente, de un poder firme y del centralismo.
p O dicho con palabras más populares: no nos burlamos de los 432 “planes”, sino de que Bazárov y Cía. no comprendan que, al negar "el control obrero”, al negar "la dictadura del proletariado”, defienden la dictadura de la burguesía. No hay término medio; el término medio es una ilusión vana de los demócratas pequeñoburgueses.
p Ninguno de nuestros órganos dirigentes, ningún bolchevique ha impugnado nunca el centralismo de los Soviets, su unificación. Ninguno de nosotros se opone a la organización de comités de fábrica por ramas de producción y a su centralización. Bazárov ha errado el tiro.
p Nosotros nos burlamos, nos hemos burlado y nos burlaremos, no del “centralismo” ni de los “planes”, sino del reformismo. Porque, después de la experiencia de la coalición, vuestro reformismo es profundamente ridículo. Y decir que "no se trata de sustituir el aparato, sino de reformarlo" significa ser reformista, significa convertirse en un demócrata reformista, y no en un demócrata revolucionario. El reformismo no es otra cosa eme concesiones de la clase gobernante, y no su derrocamiento; concesiones con tal de conservar el poder en sus manos.
p Eso es precisamente lo que ha probado la coalición durantemedio año.
p Y de eso nos burlamos. Sin meditar en la teoría de la lucha de clases, Bazárov se deja cazar por la burguesía, que canta a coro: "Sí, señor, eso es; nosotros precisamente no nos oponemos a las reformas; somos partidarios de que los obreros intervengan en el control cíe todo el Estado; estamos completamente de acuerdo”. Y el bueno de Bazárov hace, objetivamente, el oficio de vocero de los capitalistas.
p Es lo que ha sucedido y sucederá siempre con las personas que, en situaciones de enconada lucha de clases, pretenden mantener una posición “intermedia”. Y precisamente porque los colaboradores de Nóvaya Zhizn son incapaces de comprender la lucha de clases, su política es una vacilación tan ridicula, y eterna, entre la burguesía y el proletariado.
p ¡Emprendan esos “planes”, amables ciudadanos! Aquí no se trata ya de política, no se trata ya de lucha de clases; aquí pueden rendir un buen servicio al pueblo. En el periódico de ustedes colaboran muchos economistas. Únanse a los ingenieros y demás elementos dispuestos a trabajar en los problemas de la reglamentación de la producción y de la distribución, consagren el suplemento de su gran “aparato” (de su diario) al estudio práctico de los datos exactos relacionados con la producción y la distribución de los productos en Rusia, los bancos y los consorcios, etc., etc., y prestarán un servicio al pueblo; en ese terreno no resultará demasiado funesto su empeño de 433 nadar entre dos aguas. Esa labor de formación de “planes” no les valdrá ya las burlas, sino la gratitud de los obreros.
p Después de triunfar, el proletariado procederá del siguiente modo: encargará a los economistas, ingenieros, agrónomos, etc., bajo el control de las organizaciones obreras, de confeccionar un “plan” y comprobarlo, buscar recursos que permitan ahorrar trabajo mediante la centralización y estudiar los medios y métodos que aseguren el control más sencillo, menos costoso, más cómodo y universal. Estos servicios de los economistas, estadísticos y técnicos serán bien retribuidos, pero... pero no les daremos de comer si no laboran a conciencia y sin reservas en beneficio de los trabajadores.
Somos partidarios del centralismo y del “plan”, pero de un centralismo y de un plan del Estado proletario; somos partidarios cicla reglamentación proletaria de la producción y de la distribución en beneficio de los pobres, de los trabajadores y explotados, contra los explotadores. Y sólo estamos dispuestos a considerar "cíe todo el Estado" lo que rompa la resistencia de los capitalistas y ponga todo el poder en manos de la mayoría del pueblo, es decir, en manos de los proletarios y semiproletarios, de los obreros y los campesinos pobres.
p El quinto argumento consiste en decir que los bolcheviques no podrán sostenerse en el poder, pues "la situación es complicada en extremo..."
p ¡Oh, mentes preclaras! Estarían dispuestas, tal vez, a reconciliarse con la revolución, pero sin esa "situación complicada en extremo..."
p Tales revoluciones no existen, y los suspiros por una revolución de ese tipo no son más que lamentaciones reaccionarias de intelectuales burgueses. Aun en el caso de que la revolución comience en una situación que, al parecer, no sea muy complicada, ella misma, al desarrollarse, crea siempre situaciones complicadas en extremo. Porque una revolución verdadera, una revolución profunda, “popular”, según la expresión de Marx ”’, es un proceso increíblemente complicado y doloroso de agonía de un régimen social caduco y de alumbramiento de un régimen social nuevo, de un nuevo modo de vida de decenas de millones de personas. La revolución es la lucha de clases y la guerra civil más enconadas, más furiosas, más encarnizadas. En la historia no ha habido ni una sola gran revolución sin guerra civil. Y sólo un hombre enfundado ’" puede pensar que es posible una guerra civil sin una "situación complicada en extremo".
p Sin situaciones extraordinariamente complicadas jamás habría habido revoluciones. El que no se arriesga no pasa la mar.
p En este quinto argumento no hay nada que analizar, pues no 434 contiene razonamientos económicos, ni políticos ni de ningún género. Lo único que contiene son suspiros de hombres entristecidos y asustados por la revolución. Me permitiré referir aquí, como ilustración de esos suspiros, dos pequeños recuerdos personales.
p Poco antes de las jornadas de julio conversé con un ingeniero rico. En otros tiempos, este ingeniero bahía sido revolucionario, afiliado al Partido Socialdemócrata e incluso al Partido Bolchevique. Hoy no acierta a contener su temor ni su cólera contra los obreros enfurecidos e indómitos. "¡Si fuesen, por lo menos, como los obreros alemanes!—exclama (pues se trata de un hombre instruido, que ha viajado por el extranjero)—. Comprendo, naturalmente, que, en general, la revolución social es inevitable; pero en nuestro país, con este bajo nivel de nuestros obreros a consecuencia de la guerra..., no es una revolución, ¡es el abismo! "
p El estaría dispuesto a aceptar la revolución social si la historia nos llevase a ella de una manera tan pacífica, tan serena, tan suave y cuidadosa como un tren expreso alemán llega al andén de una estación. El mozo de tren, muy digno, va abriendo las portezuelas del coche y exclama: "¡Estación Revolución Social! Alie aussteigenl (¡Todo el mundo debe apearse!)" En esas condiciones, ¿por qué no dejar de ser ingeniero al servicio de los señores Tit Títich para ser ingeniero al servicio de las organizaciones obreras?
p Este hombre ha visto huelgas. Sabe qué huracán de pasiones desencadena siempre, hasta en los tiempos más pacíficos, la huelga más corriente. Y comprende, claro está, que ese huracán tiene que ser muchos millones de veces más fuerte cuando la lucha de clases alza a todo el pueblo trabajador de un país gigantesco, cuando la guerra y la explotación llevan casi a la desesperación a millones de hombres, martirizados durante siglos por los terratenientes, saqueados y maltratados durante decenios por los capitalistas y los burócratas del zarismo. Comprende "teóricamente" todo eso, lo reconoce de palabra; pero está simplemente amedrentado por "la situación complicada en extremo".
p Después de las jornadas de julio, gracias a la atención particular con que me distinguía el Gobierno Kerenski, hube de pasar a la clandestinidad. Me escondió, como es natural, un obrero. En un apartado suburbio obrero de Petrogrado, en una pequeña vivienda obrera, nos sirven la comida. La dueña de la casa pone el pan en la mesa, y el dueño dice: "¡Mira qué magnífico pan! Es que “ellos” no se atreven ahora a darnos pan malo. Ya nos habíamos olvidado de que en Petrogrado podía haber pan bueno".
p Me sorprendió aquella apreciación de clase de las jornadas de julio. Mi pensamiento giraba en torno a la significación política de lo sucedido, valoraba su papel en la marcha general de las cosas, 435 analizaba de qué situación había brotado aquel zigzag de la historia y qué nueva situación crearía, cómo debíamos modificar nuestras consignas y nuestra organización de partido para adaptarlo a las nuevas circunstancias. Yo, que no he conocido la miseria, no había pensado en el pan. Para mí, el pan era algo natural, una especie de subproducto del trabajo de escribir. El pensamiento llega a través del análisis político, siguiendo un camino extraordinariamente complicado y tortuoso, a lo que es la base de todo: a la lucha de clases por el pan.
p Pero un representante de la clase oprimida, pese a ser uno de los obreros bien pagados e instruidos, pone el dedo en la llaga con esa sencillez y esa rectitud admirables, con esa firme decisión y esa asombrosa claridad de pensamientos de la que nosotros, los intelectuales, estamos tan lejos como el cielo de la tierra. El mundo entero se divide en dos campos: “nosotros”, los trabajadores, y “ellos”, los explotadores. Ni rastro de confusión por lo sucedido: es una de tantas batallas de la prolongada lucha del trabajo contra el capital. Donde se maneja el hacha, saltan astillas.
p “¡Qué dolorosa es "la situación complicada en extremo" de la revolución! ”, piensa y siente el intelectual burgués.
“ “Les” hemos apretado y “ellos” no se atreven a ser tan insolentes como antes. ¡Apretémosles más y los echaremos definitivamente! ”, piensa y siente el obrero.
p Sexto y último argumento: el proletariado "no será capaz de hacer frente al embate de todas las fuerzas enemigas, que barrerá la dictadura del proletariado y, con ella, toda la revolución".
p No traten de amedrentarnos, señores, que no lo conseguirán. Hemos visto ya esas fuerzas enemigas y su embate en la korniloviada (de la cual la kerenskiada no se diferencia en nada). Todo el mundo ha visto, y el pueblo no lo olvida, cómo barrieron la korniloviada el proletariado y los campesinos pobres, en qué lamentable y ridicula situación se encontraron los adeptos de la burguesía y los pocos representantes de los sectores locales de pequeños propietarios agrarios singularmente acomodados y singularmente “enemigos” de la revolución. Al tratar de convencer a los obreros de que "soporten con paciencia" la kerenskiada (es decir, la korniloviada) y la falsificada Duma tsereteliana-bulyguiniana hasta la Asamblea Constituyente (¡convocada al amparo de las "medidas militares" contra los campesinos amotinados!), Dielo Naroda repite con vehemencia en su número del 30 de septiembre precisamente el sexto argumento de Nóvaya Zhizn y grita hasta enronquecen "El Gobierno Kerenski no se 436 someterá bajo ningún concepto" (al Poder de los Soviets, al poder de los obreros y los campesinos, al que Dielo Naroda, para no ser menos que los pogromistas y los antisemitas, los monárquicos y los democonstitucionalistas, denomina poder "de Trotski y Lenin": ¡¡ahí tienen a qué métodos recurren los eseristas!!).
p Pero ni Nóvaya Zhizn ni Dielo Naroda conseguirán amedrentar a los obreros conscientes. "El Gobierno Kerenski—dicen ustedes—no se someterá bajo ningún concepto”, es decir, hablando en términos más sencillos, más sinceros y más claros, repetirá la korniloviada. ¡Y los señores de Dielo Naroda se atreven a afirmar que eso equivaldrá a una "guerra civil" con "perspectivas aterradoras"!
p ¡No, señores, no conseguirán engañar a los obreros! No será una guerra civil, sino un motín desesperado de un puñado de kornilovistas. ;O es que se empeñan en "no someterse" al pueblo y en provocarle, cueste lo que cueste, a una nueva edición, aumentada, de lo que sucedió en Víborg con los kornilovistas? Si es eso lo que desean los eseristas, si es eso lo que desea Kerenski, miembro del partido eserista, puede llevar al pueblo a extremos de furia. Pero con eso, señores, no lograrán amedrentar a los obreros ni a los soldados. Es un cinismo sin límites: han falsificado la nueva Duina bulyguiniana, asegurándose con manejos sucios la ayuda de cooperadores reaccionarios y de los kulaks rurales, han sumado a ellos capitalistas y terratenientes (los llamados elementos poseedores), ¡y con esa banda de kornilovistas quieren sabotear la voluntad del pueblo, la voluntad de los obreros y los campesinos!
p ¡Han llevado las cosas a tal extremo que en un país campesino se levanta una oleada de sublevaciones campesinas que lo inunda todo! Imagínense lo que significa eso: ¡en una república democrática con un 80% de población campesina hacer llegar las cosas a una insurrección de campesinos!... El mismo Dielo Naroda, el periódico de Chernov, órgano del partido de los “socialistas-revolucionarios”, que el 30 de septiembre tiene la desvergüenza de aconsejar “paciencia” a los obreros y a los campesinos, en su artículo de fondo del 29 de septiembre se había visto obligado a reconocer:
p “Hasta este momento tío se ha hecho casi nuda para acabar ton las relaciones cíe servidumbre que signen imperando aún en el campo, precisamente eti el centro de Rusia".
p Y en el mismo editorial del 29 de septiembre, el propio Dielo Naroda dice que "los procedimientos stolypinianos se dejan sentir aún con gran fuer/a" en los métodos de "los ministros revolucionarios”. O, empleando términos más claros y sencillos, el periódico llama stolypinianos a Kerenski, Nikitin, Kishkín y Cía.
p Los “stolypinianos” Kerenski y Cía., que han obligado a los campesinos a rebelarse, adoptan ahora "medidas militares" contra 437 ellos y consuelan al pueblo con la convocación de la Asamblea Constituyente (aunque Kerenski y Tsereteli han engañado ya una ve/ al pueblo, cuando declararon solemnemente el 8 de julio que la Asamblea Constituyente se reuniría el día señalado: el 17 de septiembre; luego, faltando a su palabra, e incluso obrando en contra del consejo del menchevique Dan, volvieron a aplazarla, y no hasta fines de octubre, como quería el Comité Ejecutivo Central, por entonces menchevique, sino hasta fines de noviembre). Los " stolypinianos" Kerenski y Cía. consuelan al pueblo con la próxima convocación de la Asamblea Constituyente, como si el pueblo pudiese dar crédito a quienes le han mentido ya una vez en un caso semejante, como si el pueblo pudiese considerar capaz de convocar honradamente la Asamblea Constituyente a un gobierno que impone medidas militares en las aldeas más remotas, es decir, que encubre con todo descaro los encarcelamientos arbitrarios de campesinos conscientes y la falsificación de las elecciones.
p ¡Se lleva a los campesinos al extremo de tener que rebelarse y luego se tiene el cinismo de decirles: "Hay que "soportar con paciencia”, hay que esperar, hay que tener confianza en un gobierno que reprime "con medidas militares" a los campesinos sublevados" !
p ¡Se deja que las cosas lleguen a la muerte de cientos de miles de soldados rusos en la ofensiva comenzada después del 19 de junio, a la prolongación de la guerra, a la sublevación de los marinos alemanes, que arrojan al agua a sus superiores! ¡Se deja que las cosas lleguen a ese extremo, hablando sin cesar de la paz, pero sin proponer una paz justa a todos los beligerantes! ¡Y aún se tiene la desvergüenza de decir a los obreros y campesinos, a los soldados que se lanzan a la muerte: "Hay que soportar las cosas con paciencia”, tened confianza en el gobierno del “stolypiniano” Kerenski, tened confianza un mes más en los generales kornilovistas, que quizá en el transcurso de ese mes envíen de nuevo al matadero a unas cuantas decenas de miles de soldados!... "Hay que soportar las cosas con paciencia".
p ¿No es eso desvergüenza?
p ¡No, señores eserislas, correligionarios de Kerenski, no conseguirán engañar a los soldarlos!
p I-os obreros y soldados no soportarán el Gobierno Kerenski ni un solo día, ni una sola hora de más, pues saben que un gobierno de los Soviets propondrá inmediatamente a todos los beligerantes una paz justa y que, con ello, aportará al país, muy probablemente, un armisticio inmediato y una paz rápida.
p Ni un solo día, ni una sola hora de más tolerarán los soldados de nuestro ejército de campesinos que, contra la voluntad de los Soviets, continúe en el poder el Gobierno Kerenski, un gobierno que sofoca con medidas militares la insurrección de los campesinos.
438¡No, señores eseristas, correligionarios de Kerenski, no conseguirán seguir engañando a los obreros y a los campesinos!
p El argumento que emplea Navaja Zhizn, presa de un pánico cerval, al decir que el embate de las fuerzas enemigas barrerá la dictadura del proletariado, contiene además un monstruoso error lógico y político, que puede pasar inadvertido únicamente para quienes se dejan asustar hasta casi perder la razón.
p “El embate de las fuerzas enemigas—se nos dice—barrerá la dictadura del proletariado”. Bien. Pero todos ustedes, amables conciudadanos, son economistas y personas instruidas. Todos ustedes saben que contraponer la democracia a la burguesía es un absurdo y una prueba de ignorancia, como lo sería comparar un pud y una arshina. Porque hay una burguesía democrática y hay sectores no democráticos (capaces de una Vendée ln<<) de la pequeña burguesía.
p Lo de "fuerzas enemigas" no es más que una frase. En cambio, el concepto de burguesía (tras la que se encuentran también los terratenientes) es ya un concepto de clase.
p La burguesía y los terratenientes; el proletariado; la pequeña burguesía, los pequeños propietarios y, en primer término, los campesinos: ésas son las tres “fuerzas” fundamentales en que se divide Rusia, como todo país capitalista. Esas son las tres “fuerzas” fundamentales que han sido destacadas desde hace mucho tiempo en todo país capitalista (y también en Rusia) no sólo por el análisis económico científico, sino también por la experiencia política de la historia moderna de todos los países, por la experiencia de todas las revoluciones europeas, a partir del siglo XVIII, y por la experiencia de las dos revoluciones rusas de 1905 y 1917.
p Y bien, ¿amenazan ustedes a los proletarios con que el embate de la burguesía barrerá su poder? A eso, y sólo a eso, se reduce su amenaza; no tiene otro sentido.
p Perfectamente. Si la burguesía, por ejemplo, puede barrer el poder de los obreros y de los campesinos pobres, no queda más camino que el de la "coalición”, es decir, concertar una alianza o un pacto de los pequeños burgueses con la burguesía. ¡¡No se puede concebir otra cosa!!
p Pero la coalición se ha probado durante medio año y ha llevado al fracaso; y ustedes mismos, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, amables pero que no saben pensar, han renunciado a la coalición.
p ¿Qué resulta, pues?
p Se han hecho tal lío, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, se han dejado amedrentar de tal modo, que son incapaces de atar cabos en el 439 razonamiento más sencillo, no saben contar siquiera hasta tres, y no digamos hasta cinco.
p O se entrega todo el poder a la burguesía, cosa que ustedes no defienden desde hace mucho y que ni la propia burguesía se atreve siquiera a insinuar, pues sabe que el pueblo se sacudió de un empujón ese poder los días 20 y 21 de abril y hoy lo derribaría con triple energía y decisión. O se entrega el poder a la pequeña burguesía, es decir, se llega a una coalición (alianza, pacto) de ésta con la burguesía. Porque la pequeña burguesía por sí sola, independientemente, ni quiere ni puede tomar el poder, como lo demuestra la experiencia de todas las revoluciones y como lo prueba también la ciencia económica, la cual enseña que en un país capitalista se puede estar al lado del capital o al lado del trabajo, pero es imposible mantenerse en medio. Esta coalición ha probado en Rusia, durante medio año, más de una docena de métodos y ha fracasado.
p O bien, finalmente, se entrega todo el poder a los proletarios y a los campesinos pobres, contra la burguesía y para vencer su resistencia. Esto no se ha probado aún, y ustedes, señores de Nóvaya Zhizn, tratan de desaconsejárselo al pueblo, amedrentándolo con vuestro propio miedo a la burguesía.
p No caben más que estas tres posibilidades.
p Por lo tanto, si Nóvaya Zhizn teme la dictadura del proletariado y la rechaza, ante la perspectiva de una supuesta derrota del poder proletario por la burguesía, ¡¡¡su actitud equivale a retroceder en secreto al conciliacionismo con los capitalistas!!! Es claro como la luz del día que quien teme la resistencia, quien no cree en la posibilidad de vencer esa resistencia, quien dice al pueblo: "temed la resistencia de los capitalistas, no conseguiréis vencerla”, lo que hace en realidades invitarle, una vez más, a la conciliación con los capitalistas.
Nóvaya Zhizn se ha hecho un lío torpe y mezquinamente, como se han embrollado hoy todos los demócratas pequeñoburgueses, que ven el fracaso de la coalición y no se atreven ya a defenderla abiertamente, pero que, al mismo tiempo, protegidos por la burguesía, temen la omnipotencia de los proletarios y de los campesinos pobres.
p Temer la resistencia de los capitalistas y, al mismo tiempo, llamarse revolucionarios y querer figurar entre los socialistas. ¡Qué ignominia! ¡Qué grande ha tenido que ser la caída ideológica del socialismo internacional, corroído por el oportunismo, para que puedan dejarse oír tales voces!
p Nosotros, y con nosotros el pueblo entero, hemos visto ya la fuerza de resistencia de los capitalistas, pues éstos son más 440 conscientes que las otras clases y se han dado cuenta en el acto de la importancia de los Soviets; han puesto en tensión, sin demora y en grado sumo, todas sus fuerzas’, han intentado todo lo posible y lo imposible, han perdido los estribos, han echado mano de los recursos más inauditos de la mentira y la calumnia y han recurrido a las conspiraciones militares para destruir los Soviets, para reducirlos a la nada, para prostituirlos (con la ayuda de los mencheviques y los eseristas), para convertirlos en jaulas de cotorras y agotar la paciencia de los obreros y campesinos con meses y meses de charlar en balde y jugar a la revolución.
p Lo que no hemos visto todavía es la fuerza de resistencia de los proletarios y de los campesinos pobres, pues esta fuerza se erguirá en toda su talla sólo cuando el proletariado sea dueño del poder, cuando las decenas de millones de hombres hoy oprimidos por la miseria y la esclavitud capitalista vean y sientan por experiencia propia que el poder del Estado pertenece a las clases oprimidas, que ayuda a los pobres en su lucha contra los terratenientes y los capitalistas y véncela resistencia de éstos. Sólo entonces podremos ver cuánta fuerza de resistencia a los capitalistas dormita intacta en el pueblo; sólo entonces saldrá a la luz lo que Engels denomina "socialismo latente”. Sólo entonces se alzará contra cada diez mil enemigos del poder de la clase obrera, francos o emboscados, activos o pasivos, un millón de nuevos luchadores que vivían hasta ahora sumidos en el letargo político, vegetaban atormentados por la miseria y la desesperación, perdida la fe en que también ellos son seres humanos, en que también ellos tienen derecho a la existencia, en que todo el poder de un Estado moderno centralizado puede estar a su servicio y en que los destacamentos de la milicia proletaria les llaman también a ellos, con plena confianza, a intervenir del modo más directo y personal en la labor cotidiana de gobernar el Estado.
p Con la benévola colaboración de los señores Plejánov, Breshkóvskaya, Tsereteli, Chernov y Cía., los capitalistas y terratenientes han hecho todo lo posible para envilecer la república democrática, para prostituirla sirviendo a los ricos. Hasta el punto de que el pueblo cae en la apatía y la indiferencia y todo le da igual, pues el hambriento no puede distinguir la república de la monarquía, y el soldado que tirita de frío, descalzo y martirizado, que se ve lanzado a la muerte para defender intereses ajenos, no puede sentir cariño por la república.
p Pero cuando el último peón, cualquier parado forzoso, cada cocinera y cada campesino arruinado vean—y no por los periódicos, sino por sus propios ojos—que el poder proletario no se humilla ante la riqueza, sino que ayuda a los pobres; cuando vean que este poder no vacila en adoptar medidas revolucionarias, que despoja a los parásitos de los productos sobrantes para entregárselos a los que 441 tienen hambre, que instala por la fuerza en las viviendas de los ricos a quienes carecen de techo, que obliga a los ricos a pagar la leche, sin darles una gota de ella mientras no tengan cuanta necesiten los niños de todas las familias pobres; cuando vean que la tierra pasa a manos de los trabajadores, que las fábricas y los bancos son puestos bajo el control de los obreros y que se castiga inmediatamente y con severidad a los millonarios que ocultan sus riquezas; cuando la población pobre vea y sienta todo eso, ninguna fuerza de los capitalistas ni de los kulaks, ninguna fuerza del capital financiero mundial, que maneja miles de millones, podrá derrotar a la revolución popular; será ésta la que triunfe en el mundo entero, pues la revolución socialista madura en todos los países.
Nuestra revolución será invencible, si no tiene miedo de sí misma y pone todo el poder en manos del proletariado. Porque detrás de nosotros están las fuerzas incomparablemente mayores, más desarrolladas y mejor organizadas del proletariado mundial, agobiadas de momento por la guerra, pero no aniquiladas, sino, al revés, multiplicadas por ella.
p ¡Temer que el poder de los bolcheviques, es decir, el poder del proletariado, que cuenta con el apoyo abnegado de los campesinos pobres, sea “barrido” por los señores capitalistas! ¡Qué miopía, qué vergonzoso miedo al pueblo, qué hipocresía! Quienes dan pruebas de ese miedo pertenecen a la "alta sociedad" (alta según el criterio capitalista; en realidad, podrida), que pronuncia la palabra “justicia” sin creer en ella, por costumbre, como una frase a la que no se atribuye sentido alguno.
p He aquí un ejemplo:
p El señor Peshejónov es un conocido semidemoconstitucionalista. Es imposible encontrar un trudovique más moderado, correligionario de las Breshkóvskaya y de los Plejánov. Jamás ha habido ministro más servil para con la burguesía. ¡El mundo no ha visto un partidario más fervoroso de la "coalición”, del acuerdo con los capitalistas!
p Pues bien: en el discurso que pronunció en la Conferencia "Democrática" (léase bulyguiniana), este señor se vio obligado, según nos informa el defensista Izvestia, a hacer la siguiente confesión:
p “H;v dos programas. I 10 es el programa de las pretensiones de grupo, de las pretensi mes clasistas y Mario ales. I.os bolcheviques son los más francos defensores de este pie grama. Pero lampo > a los oíros sectores de la democracia les es fácil, ni mucho i leños, renunciar a es programa. Porque se trata de pretensiones de las masas trabajad iras, de pretensione de las naciones relegadas y oprimidas. Por eso, no es tan fácil para la democracia romper con los bolcheviques ni rechazar estas reivindicaciones 442 de clase; y no lo es, sobre todo, porque estas reivindicaciones, en el fondo, son justas. Pero este programa, por el que nosotros luchamos hasta la revolución, por el que hicimos la revolución y que, en otras condiciones, todos defenderíamos con unanimidad, encierra, en las presentes circunstancias, un eno me peligro. Este peligro es ahora mayor aún, pues hay que presentar esas reivindicac >nes en un momento en que el Estado no puede satisfacerlas. Lo primero es deferid r el todo—el Estado—, salvarlo del desastre, y para eso no hay más que un camin : no el de satisfacer las reivindicaciones, por justas y grandes que parezcan, sino, al ontrario, el de imponer restricciones y sacrificios imprescindibles en tocios los terrenos" (hveslin del (’F.f’ del 17 de septiembre).
p El señor Peshejónov no comprende que, mientras los capitalistas estén en el poder, lo que él defiende no es el todo, sino los intereses egoístas del capital imperialista ruso y “aliado”. El señor Peshejónov no comprende que la guerra dejaría de ser anexionista, imperialista y rapaz sólo después de romper con los capitalistas, con sus tratados secretos, con sus anexiones (es decir, con la conquista de territorios ajenos) y con sus estafas financieras y bancarias. El señor Peshejónov no comprende que sólo después de eso, y siempre que el enemigo rechazase la paz justa que se le propondría en términos formales, la guerra se convertiría en defensiva, en una guerra justa. El señor Peshejónov no comprende que la capacidad defensiva de un país que ha derrocado el yugo del capital, entregado la tierra a los campesinos y puesto los bancos y las fábricas bajo el control de los obreros sería mucho mayor que la de un país capitalista.
p Y, lo que es principal, el señor Peshejónov no comprende que, al verse obligado a reconocer la justicia del bolchevismo, al reconocer que las reivindicaciones bolcheviques son las reivindicaciones de "las masas trabajadoras”, es decir, de la mayoría de la población, abandona así todas sus posiciones, las posiciones de toda la democracia pequeñoburguesa.
p En eso radica nuestra fuerza. Por eso será invencible nuestro gobierno: porque hasta los enemigos se ven obligados a reconocer que el programa bolchevique es el programa "de las masas trabajadoras" y "de las naciones oprimidas".
p El señor Peshejónov es un amigo político de los democonstitucionalistas, de la gente agrupada alrededor de Edinstvoy Dielo Naroda, de las Breshkóvskaya y de los Plejánov; es un representante de los kulaks y de los señores cuyas esposas y hermanas sacarían mañana los ojos con sus sombrillas a los bolcheviques agonizantes, si éstos fuesen derrotados por las tropas de Kornílov o (lo que es exactamente igual) por las tropas de Kerenski.
p Y semejante señor se ve obligado a reconocer que las reivindicaciones bolcheviques son “justas”.
p Para él, la “justicia” es sólo una frase. Pero para las masas de semiproletarios, para la mayoría de los pequeños burgueses de la 443 ciudad y del campo, arruinados, torturados y martirizados por la guerra, eso no es una frase: es el problema más grave, más candente, más importante, es el problema de la muerte por hambre, de la lucha por un pedazo de pan. Por eso no puede basarse ninguna política en la "coalición”, en la "conciliación" de los intereses de los hambrientos y arruinados con los intereses de los explotadores. Por eso, un gobierno bolchevique tiene asegurado el apoyo de la inmensa mayoría de esas masas.
p La justicia es una palabra vacía, dicen los intelectuales y bellacos que se las dan de marxistas por la sublime razón de haber "contemplado la parte trasera" del materialismo económico.
p Las ideas se convierten en una fuerza cuando prenden en las masas. Y hoy precisamente los bolcheviques, es decir, los representantes del internacionalismo proletario, revolucionario, encarnan en su política la idea que pone en acción en el mundo entero a inmensas masas trabajadoras.
Por sí sola, la justicia, el sentimiento de las masas indignadas por la explotación, jamás las habría llevado al camino certero del socialismo. Pero cuando se ha formado, gracias al capitalismo, el mecanismo material de los grandes bancos, de los consorcios, de los ferrocarriles, etc.; cuando la riquísima experiencia de los países avanzados ha acumulado reservas de las maravillas de la técnica, cuya aplicación se ve frenada por el capitalismo; cuando los obreros conscientes han forjado un partido de un cuarto de millón de militantes para tomar en sus manos metódicamente ese mecanismo y ponerlo en marcha, con el apoyo de todos los trabajadores y explotados; cuando se dan todas esas condiciones, no habrá en el mundo fuerza capaz de impedir a los bolcheviques, si no se dejan amedrentar y saben adueñarse del poder, sostenerse en él hasta el triunfo de la revolución socialista mundial.
444EPILOGO
p Escrito lo que antecede, llega a nuestras manos Nóvaya Zhizn, del 1° de octubre, con un editorial que es una nueva perla de estupidez, tanto más peligrosa por cuanto se oculta tras una bandera de simpatía por los bolcheviques y bajo un sapientísimo manto filisteo: "No os dejéis llevar de provocaciones" (no caigáis en la trampa de los que hablan a gritos de provocaciones para asustar a los bolcheviques y moverlos a no tomar el poder).
p He aquí la perla:
p “Las enseñanzas de movimientos como los del 3-5 de julio, por una parte, y de la jornadas de la korniloviada, por oirá, han demostrado con plena claridad que un democracia que dispone de los órganos más influyentes entre la población e invencible cuando adopta en la guerra civil una posición defensiva; pero sufre un derrota y pierde todos los elementos intermedios y vacilantes cuando toma en su manos la iniciativa de la ofensiva".
p Si los bolcheviques hiciesen, cualquiera que fuese la forma, la más insignificante concesión a la estupidez filistea expresada en ese razonamiento, echarían a pique su partido y la revolución.
p Porque el autor del citado razonamiento, puesto a hablar de la guerra civil (tema adecuado para la dama agradable en todos los aspectos), ha desfigurado hasta lo grotesco las enseñanzas de la historia en este punto.
p Veamos qué pensaba de estas enseñanzas, de las enseñanzas que nos brinda la historia acerca de este problema, el representante y fundador de la táctica proletaria revolucionaria, Carlos Marx:
p “Ahora bien, la insurrección es un arte, lo mismo que la guerra o que cualquier otro arte. Está sometida a ciertas reglas que, si no se observan, dan al traste con el partido que las desdeña. Estas reglas, lógica deducción de la naturaleza de los partidos y de las circunstancias con que uno ha de tratar en cada caso, son tan claras y simples que la breve experiencia de 1848 las ha dado a conocer de sobra a los alemanes. La primera es que jamás se debe jugar a la 445 insurrección, a menos que esté completamente preparada para afrontar las consecuencias del juego. La insurrección es una ecuación con magnitudes muy indeterminadas, cuyo valor puede cambiar cada día; las fuerzas opuestas tienen todas las ventajas de organización, disciplina y autoridad habitual" (Marx se refiere aquí al caso más "difícil" de la insurrección: a la insurrección contra el viejo poder “firme”, contra un ejército no minado todavía por la influencia revolucionaria y las vacilaciones del gobierno); "si no se les puede oponer fuerzas superiores, uno será derrotado y aniquilado. La segunda es que, una vez comenzada la insurrección, hay que obrar con la mayor decisión y pasar a la ofensiva. La defensiva es la muerte de todo alzamiento armado, que está perdido antes aún de medir las fuerzas con el enemigo. Hay que atacar por sorpresa al enemigo mientras sus fuerzas aún están dispersas y preparar nuevos éxitos, aunque sean pequeños, pero diarios; mantener en alto la moral que el primer éxito proporcione; atraer a los elementos vacilantes que siempre se ponen del lado que ofrece más seguridad; obligar al enemigo a retroceder antes de que pueda reunir fuerzas; en suma, hay que obrar según las palabras de Danton, el maestro más grande de la táctica revolucionaria que se ha conocido: "de l’audace, de l’audace, encoré de l’audacer’" (Revolución y contrarrevolución en Alemania, ecl. alemana de 1907, pág. 118).
p Nosotros—podrían decir los "también marxistas" de Nóvaya Zhizn—lo hemos cambiado todo; en vez de la triple audacia, poseemos dos virtudes: "la moderación y la meticulosidad”. Para “nosotros” no significa nada la experiencia de la historia universal, la experiencia de la Cran Revolución Francesa. Para “nosotros”, loque tiene importancia es la experiencia de los dos movimientos de 1917, caricaturizada al contemplarla con las gafas de Molchalin’".
p Examinemos esta experiencia, dejando a un lado esas atractivas gafas.
p Comparan ustedes las jornadas del 3 al 5 de julio con la "guerra civil”, porque han prestado crédito a Aléxinski, Perevérzev y Cía. Es peculiar de los señores de Nóvaya Zhizn creer a esa gente (sin molestarse lo más mínimo en recoger datos por cuenta propia sobre los sucesos del 3 al 5 de julio, a pesar de tener a su disposición el gigantesco aparato de un gran diario).
p Pero supongamos por un momento que las jornadas del 3 al 5 de julio no fueran los gérmenes de una guerra civil, mantenida por los bolcheviques dentro de esos límites, sino una verdadera guerra civil. Supongámoslo.
p ¿Qué demuestra, en tal caso, esta enseñanza?
p Primero, que los bolcheviques no pasaron a la ofensiva, pues es indiscutible que en la noche del 3 al 4 de julio, e incluso el 4 de julio, 446 hubieran podido ganar mucho lanzándose a la ofensiva. Su debilidad fue la defensiva, si cabe hablar de guerra civil (como lo hace Nóvaya Zhizn, y no de la transformación de un estallido espontáneo en una manifestación semejante a la del 20 y 21 de abril, como lo atestiguan los hechos).
p Así pues, la "enseñanza" desmiente a los sabios de Nóvaya Zhizn.
p En segundo lugar, la causa de eme los bolcheviques no se señalaran siquiera como objetivo la insurrección los días 3 y 4 de julio y de que ni un solo organismo bolchevique llegase a plantear ese problema, queda al margen de nuestra polémica con Nóvaya Zhizn. Porque estamos discutiendo en torno a las enseñanzas cíe la "guerra civil”, es decir, de la insurrección, y no acerca de los casos en que el convencimiento de no contar con la mayoría hace desistir a un partido revolucionario de la idea de la insurrección.
p Y como todo el mundo sabe que los bolcheviques conquistaron la mayoría en los Soviets de las capitales y del resto del país (más del 49% de los votos en el de Moscú) sólo mucho despuésde julio de 1917, las "enseñanzas" no son ni mucho menos, ¡ni mucho menos!, las que quiere hacernos ver esa dama agradable en todos los aspectos que se llama Nóvaya Zhizn.
p ¡No, no, ciudadanos de Nóvaya Zhizn, será mucho mejor que no se ocupen de política!
p Si el partido revolucionario no cuenta con la mayoría en los destacamentos de vanguardia de las clases revolucionarias y en el país, no puede ni pensarse en la insurrección. Además, para ella son necesarias: 1) la marcha ascendente de la revolución a escala de todo el país; 2) la total bancarrota moral y política del viejo gobierno, por ejemplo, del gobierno de "coalición”; 3) grandes vacilaciones en el campo de todos los elementos intermedios, es decir, entre los que no están por completo con el gobierno, aunque todavía ayer le prestaran un apoyo incondicional.
p ¿Por qué Nóvaya Zhizn, que habla de las "enseñanzas" del movimiento del 3 al 5 de julio, no ha notado siquiera esta enseñanza, tan importante? Porque no son políticos, sino intelectuales intimidados por la burguesía, quienes se dedican a tratar problemas políticos.
p Prosigamos. En tercer lugar, los hechos demuestran que el desmoronamiento de los eseristas y los mencheviques empezó precisamente después del 3 y 4 de julio, precisamente porque la política de julio vino a desenmascarar a los señores Tsereteli y porque las masas empezaron a ver en los bolcheviques a sus luchadores de vanguardia, v en los “socialbloquistas”, a unos traidores. Ese desmoronamiento se manifestó con toda claridad ya antes de la korniloviada, en las elecciones celebradas en Petrogrado el 20 de agosto, que dieron el triunfo a los bolcheviques y acarrearon la derrota de los " 447 sodalbloquistas”. (Dielo Narada intentaba hace poco refutar esto, silenciando los resultados electorales de todos los partidos; pero eso significa engañarse a sí mismo y engañar a los lectores. Según datos publicados por Dien el 24 de agosto, y que sólo se referían a la ciudad, el porcentaje de votos obtenidos por los democonstitucionalistas pasó del 22 al 23%, mientras que el número absoluto de sufragios emitidos a su favor descendió en un 40%; el porcentaje de votos obtenidos por los bolcheviques subió del 20 al 33%, mientras que el número absoluto de sufragios emitidos a su favor descendió sólo en un 10%; la proporción de los votos reunidos por todos los "partidos intermedios" descendió del 58 al 44%, y el número absoluto de sus votos experimentó una disminución ¡¡del 60 por 100!!)
p Otra prueba del desmoronamiento de los eseristas y los mencheviques desde las jornadas de julio hasta la korniloviada es el aumento del ala “izquierda” de ambos partidos, que llega casi al 40%,: es la “venganza” por los bolcheviques, a quienes persiguen los señores Kerenski.
p El partido proletario salió ganando extraordinariamente con los sucesos del 3 y 4 de julio, pese a la "pérdida" de unos cuantos cientos de afiliados, pues precisamente durante esas difíciles jornadas las masas vieron y comprendieron la fidelidad de nuestro partido y la traición de los eseristas y mencheviques. Así pues, la "enseñanza" dista mucho, muchísimo, de tener la significación que le atribuye Nóvaya Zhizn y consiste en todo lo contrario: no os separéis de las masas en efervescencia para iros con "los Molchalin de la democracia”, y si os lanzáis a la insurrección, tomad la ofensiva mientras las fuerzas del enemigo estén todavía dispersas y atacadle por sorpresa.
p ¿No es así, señores "también-marxistas" de Nóvaya Zhizn?
p ¿O es que el “marxismo” consiste en no basar su táctica en la apreciación exacta de la situación objetiva, sino en meter en el mismo saco, a tontas y a locas, sin espíritu crítico, "la guerra civil" y "el Congreso de los Soviets con la convocación de la Asamblea Constituyente"?
p ¡Pero, señores, si eso es sencillamente ridículo, si es burlarse del marxismo y de toda lógica!
p Si en el estado objetivo de las cosas no existe base para exacerbar la lucha de clases hasta el grado de "la guerra civil”, ¿por qué hablan de "la guerra civil" en relación con "el Congreso de los Soviets y la Asamblea Constituyente"? (así se titula precisamente el editorial de Nóvaya Zhizn que comentamos). En ese caso, deberían haber dicho y demostrado con toda claridad al lector que, en la situación objetiva, no hay terreno propicio para la guerra civil y que, por lo tanto, la láctica puede y debe basarse en cosas pacíficas, constitucionales, 448 legales y “simples” desde el punto de vista jurídico v parlamentario, como el Congreso de los Soviets y la Asamblea Constituyente. Entonces podría opinarse que ese congreso y esa asamblea son realmente capaces de decidir.
p Pero si las condiciones objetivas del momento implican, como algo inevitable, o, por lo menos, probable, la guerra civil; si se habla de ella no "al buen tuntún”, sino porque se ve, se siente y se percibe con toda claridad la atmósfera de guerra civil, ¿¿cómo es posible, entonces, colocar en primer plano el Congreso de los Soviets o la Asamblea Constituyente?? ¡Eso es burlarse de las masas hambrientas y martirizadas! ¿Creen ustedes eme los hambrientos van a resignarse a “esperar” dos meses más? ¿O que la ruina económica, cuyo aumento describen ustedes mismos a diario, va a “esperar” hasta el Congreso de los Soviets o hasta la Asamblea Constituyente? ¿O que la ofensiva alemana, si no damos ningún paso serio hacia la paz (es decir, si no hacemos una propuesta formal de paz justa a todos los beligerantes), va a “esperar” al Congreso de los Soviets o a la Asamblea Constituyente? ¿Quizá dispongan de datos que les permitan llegar a la conclusión de que la historia de la revolución rusa, desarrollada turbulentamente y a un ritmo inaudito por su rapidez desde el 28 de febrero hasta el 30 de septiembre, va a discurrir desde el 1° de octubre hasta el 29 de noviembre 1:>s de un modo architranquilo, pacífico, equilibrado desde el punto de vista legal, sin explosiones o saltos, sin derrotas militares ni crisis económicas? ¿Es que el ejército de operaciones, uno de cuyos oficiales no bolchevique, Dubásov, ha declarado oficialmente, en nombre del frente, que el ejército "no luchará”, va a seguir pasando hambre y frío con toda tranquilidad hasta la fecha "señalada"? ¿Es que la insurrección campesina, por el mero hecho de eme ustedes la califiquen de "anarquía" y de “pogromo”, de que Kerenski envíe fuerzas “militares” contra los campesinos, va a dejar de ser un elemento de guerra civil? ¿O es posible, es concebible, acaso, que el gobierno realice una labor sosegada y justa, no falsificada, para convocar la Asamblea Constituyente en un país campesino en el que ese mismo gobierno reprime la insurrección de los campesinos?
p ¡No se rían del "desconcierto que reina en el Instituto Smolny" ””, señores! Su desconcierto no es menor. A las preguntas inexorables de la guerra civil, responden ustedes con frases confusas y mezquinas ilusiones constitucionales. Por eso afirmo que si los bolcheviques se dejasen llevar por tal estado de ánimo, echarían a pique su partido y su revolución.
p N. Lenin
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