362
3. LA PRIMERA FASE DE LA SOCIEDAD COMUNISTA
 

p En Crítica del Programa de Gotha, Marx refuta circunstanciadamente la idea lassalleana de que, en el socialismo, el obrero recibirá "el producto íntegro (o “completo”) del trabajo”. Marx demuestra que de todo el trabajo social de toda la sociedad habrá que descontar un fondo de reserva, otro fondo para ampliar la producción, 363 reponer las máquinas “gastadas”, etc., y, además de los artículos de consumo, un fondo para los gastos de administración, escuelas, hospitales, asilos de ancianos, etc.

p En vez de la frase nebulosa, confusa y general de Lassalle “(dar al obrero el producto íntegro del trabajo”), Marx ofrece un análisis sereno de cómo se verá obligada a administrar la sociedad socialista. Marx aborda el análisis concreto de las condiciones de vida de esta sociedad, en la que no existirá el capitalismo, y dice:

p “De lo que aquí se trata" (en el examen del programa del partido obrero) "no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, el moral y el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuyas entrañas procede".

p Esta sociedad comunista, eme acaba de salir de las entrañas del capitalismo y que presenta en todos sus aspectos el sello de la sociedad antigua, es la que Marx llama “primera” fase o fase inferior de la sociedad comunista.

p Los medios de producción han dejado ya de ser propiedad privada de distintos individuos para pertenecer a toda la sociedad. Cada miembro de ésta, al efectuar cierta parte del trabajo socialmente necesario, obtiene de la sociedad un certificado acreditativo de haber realizado tal o cual cantidad de trabajo. Por este certificado recibe de los almacenes sociales de artículos de consumo la cantidad correspondiente de productos. Deducida la cantidad de trabajo que pasa al fondo social, cada obrero recibe, pues, de la sociedad tanto como le entrega.

p Reina, al parecer, la “igualdad”.

p Pero cuando Lassalle, refiriéndose a este orden social (al que suele darse el nombre de socialismo y que Marx denomina primera fase del comunismo), dice que esto es "una distribución justa”, que es "el derecho igual de cada uno al producto igual del trabajo”, Lassalle se equivoca, y Marx pone en claro su error.

p Aquí—dice Marx—nos encontramos, en efecto, ante un "derecho igual”, pero es toda v í a "un derecho burgués”, eme, como todo derecho, presupone la des i gua I dad. Todo derecho significa aplicar un rasero igual a hombres distintos, que de hecho no son idénticos, no son iguales entre sí; y por eso, "el derecho igual" es una infracción de la igualdad y una injusticia. En realidad, cada cual recibe, si ejecuta una parte de trabajo social igual que otro, la misma 364 parte del producto social (después de hedías las deducciones

p indicadas).

p Sin embargo, los hombres no son iguales: unos son más fuertes y otros más débiles; unos están casados y otros solteros; unos tienen más hijos que otros, etc.

p “... Con igual trabajo—confluye Marx—y, por consiguiente, con igual participación en el fondo social de consumo, unos reciben de hecho más que otros, unos son más ricos (¡ue otros, etc. Para evitar todos estos inconvenientes, el derecho no tendría que ser igual, sino desigual..."

p Por consiguiente, la primera fase del comunismo no podrá aún proporcionar ni justicia ni igualdad: subsistirán las diferencias de riqueza, que son injustas; pero no podrá existir la explotación del hombre por el hombre, pues será imposible apoderarse, a título de propiedad privada, de los medios de producción, las fábricas, las máquinas, la tierra, etc. Al pulverizar la frase de Lassalle, confusa al estilo pequeñoburgués, acerca de la “igualdad” y la “justicia” en general, Marx señala el curso del desarrollo de la sociedad comunista, la cual se verá obligada a destruir primero solamente la “injusticia” que representa la usurpación de los medios de producción por individuos aislados, pero no estará en condiciones de suprimir de golpe también la otra injusticia, consistente en distribuir los artículos de consumo "según el trabajo" (y no según las necesidades).

p Los economistas vulgares, incluidos los profesores burgueses, y entre ellos “nuestro” Tugan, reprochan constantemente a los socialistas que olvidan la desigualdad de los hombres y "sueñan" con extirpar esta desigualdad. Semejante reproche sólo demuestra, como vemos, la extrema ignorancia de los señores ideólogos burgueses.

p Marx tiene en cuenta con la mayor exactitud no sólo la inevitable desigualdad de los hombres, sino también que la transformación de los medios de producción en propiedad común de toda la sociedad (el “socialismo”, en el sentido corriente de la palabra) no suprime por sí sola los defectos de la distribución y la desigualdad del "derecho burgués”, que sigue imperando, por cuanto los productos se distribuyen "según el trabajo".

p “... Pero estos defectos—prosigue Marx—son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado..."

365

p Así pues, en la primera fase de la sociedad comunista (a la que suele darse el nombre de socialismo), "el derecho burgués" no se suprime por completo, sino sólo en parte, sólo en la medida de la transformación económica ya alcan/ada, es decir, sólo en lo que atañe a los medios de producción. "El derecho burgués" los considera propiedad privada de los individuos. El socialismo los convierte en propiedad común. En este sentido—y sólo en este sentido—desaparece "el derecho burgués".

p Sin embargo, este derecho persiste en otro de sus aspectos: como regulador de la distribución de los productos y de la distribución del trabajo entre los miembros de la sociedad. "El que no trabaja, no come": este principio socialista es ya una realidad; "a igual cantidad de trabajo, igual cantidad de productos": también este principio socialista es ya una realidad. Pero eso no es todavía el comunismo, no suprime a’ún "el derecho burgués”, que por una cantidad desigual (desigual en la práctica) de trabajo da una cantidad igual de productos a hombres que no son iguales.

p Esto es un “defecto”, dice Marx, pero un defecto inevitable en la primera fase del comunismo. Porque, si no se quiere caer en la utopía, es imposible pensar que, al derrocar el capitalismo, los hombres aprenderán inmediatamente a trabajar para la sociedad sin sujetarse a ninguna norma de derecho; además, la abolición del capitalismo no sienta en el acto las premisas económicas de este cambio.

p Aparte del "derecho burgués”, no hay otras normas. Y, por tanto, persiste aún la necesidad del Estado, que, velando por la propiedad común de los medios de producción, vele por la igualdad del trabajo y por la igualdad en la distribución de los productos.

p El Estado se extingue por cuanto no hay ya capitalistas, no hay ya clases y, por esa misma razón, no se puede reprimir a ninguna clase.

Pero el Estado no se ha extinguido todavía del todo, pues sigue existiendo la protección del "derecho burgués”, que santifica la desigualdad de hecho. Para que el Estado se extinga por completo hace falta el comunismo completo.

* * *
 

Notes