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III
 

p El "Programa de la Revolución Democrática Nacional" se enfrenta a dificultades objetivas y subjetivas realmente extraordinarias que ponen en peligro no sólo su realización sino la existencia misma del poder revolucionario.

p Aunque se acostumbra a decir por los economistas que estudian África, incluyendo los propios etíopes, que allí ha existido hasta 1974 un régimen feudal burgués económicamente atrasado, en verdad esta es una forma general de hablar, ha puntualizado Mengistu. Predominaban realmente las formas feudales, el capitalismo apenas surgía —y de un modo deformado— y el atraso era mucho mayor que en el resto de África.

p En 1974 la agricultura estaba de tal manera encadenada a las más rígidas ataduras feudales, que su plus producto no se destinaba casi al mercado sino al mantenimiento parasitario de los feudales, pero así y todo, daba el 50 % del producto bruto del país. El sector industrial aportaba solamente 16 %. “Industria” en este caso quería decir empresas a muy pequeña escala, manufactureras y artesanales.

p Visto el problema desde el ángulo de la mano de obra, la agricultura monopolizaba el 80%, mientras que el incipiente sector industrial, menos del 8 %.

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p Característico de ambos sectores era la baja productividad del trabajo.

p El resultado era que, siendo Etiopía un país agrícola, viviendo en sus campos el 85 °/o de la población, contando con riquezas naturales extraordinarias, la mayor parte de los días del año el pueblo etíope se "acostaba sin comer y, cada vez que la sequía golpeaba, extensas hambrunas se abalanzaban sobre las masas.

p No podía ser de otra forma, ya que el país era* incapaz inclusive de autoabastecerse de los alimentos mínimos indispensables. Endémicamente la tasa de crecimiento de los productos agrícolas se quedaba por debajo de la tasa de crecimiento de la población.

p En el comercio exterior también se reflejaba esta situación. Esa agricultura debía generar el 90 °/o de las expor taciones totales, mientras que la industria no llegaba al 5 %.

p Como la mayor parte de las industrias eran de propiedad extranjera y producían artículos de consumo (ni soñar con una sola fábrica productora de medios de producción) y dado que ellas no tenían relación con la base agrícola del país, se dependía por completo de materias primas y artículos semiterminados a adquirir en los mercados extranjeros. Por todo esto, las deudas exteriores eran tan inevitables como las hambrunas interiores.

p A Haile Selassie le interesaba dar, ante los turistas y los representantes de los numerosos organismos internacionales instalados en. Addis Ababa, la apariencia de que la población no pasaba el hambre que pasaba y que la miseria no era tanta como la que era. De ahí que proveyera de artículos de consumo a las tiendas al alcance de la población urbana. Desde luego, en esas tiendas sólo podían entrar a comprar la legión de los aristócratas y la legión de los burócratas bien pagados, civiles y militares.

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p El ángulo de la infraestructura también muestra el mismo cuadro deprimente.

p Por cada diez mil personas había solamente tres kilómetros de carretera y por cada mil kilómetros cuadrados de área sólo siete kilómetros de rutas transitables.

p El cuadro de los servicios sociales, la salud, la educación, la vivienda, ya puede suponerse. Fidel lo ha presentado ante el’ mundo: "El imperialismo y el neocolonialismo dejaron en Etiopía —lo repito porque esas cifras tenemos que aprendérnoslas de memoria— ciento cincuenta mil leprosos, cuatrocientos cincuenta mil tuberculosos, seis o siete millones de. palúdicos y catorce millones de personas con infecciones en la vista, 90 % de analfabetos, desnutrición. ¡Eso dejaron el imperialismo y el neocolonialismo en Etiopía! Y además, ciento veinticinco médicos; que por lo general se formaron en las universidades aquellas y vivían en la capital, y en muchos casos de África y de los países subdesarrollados no había quién los hiciera mover un kilómetro de la capital."

p En cualquier circunstancia, inclusive contando con la paz interior (imposible tras una revolución) y con que los monopolios internacionales afectados por los cambios de Etiopía no le fueran adversos y hasta le ayudaran, salir adelante hubiera sido muy difícil para un país así.

p ¡Cómo no le será de empinada la cuesta a un pueblo que tiene que enfrentarse a ese atraso, esa miseria, ese subdesarrollo, en medio de la guerra civil que provocan los latifundistas en el campo y los terroristas del imperialismo en las ciudades, de las guerras en cuatro de sus fronteras y en las más vastas de sus regiones!

p En Etiopía las industrias fueron nacionalizadas, ya que servían a unos pocos privilegiados y, sin dar ese paso, como sin nacionalizar la tierra y ponerla en usufructo de 117 los campesinos, la Revolución habría hecho que cayera una corona pero no que se levantara un pueblo.

p Pero muchas de esas fábricas han tenido que cerrar porque los países imperialistas han pasado al mismo tipo de bloqueo que ha sufrido y sufre Cuba de parte de Estados Unidos: negativa de venta de materias primas y de piezas de repuestos, retirada de los técnicos y, por obra y gracia de la CÍA, sabotaje puro y simple que incluye la dinamita.

p En el campo los terratenientes han acudido a todo: reclutamiento de mercenarios para quemar cosechas a punto de recogerse, almacenes, casas, etc.; campaña de mentiras; impresión de dinero falso para impregnar de insuperables recelos las nuevas relaciones mercantiles entre las asociaciones campesinas y los organismos de acopio en los centros urbanos, que ahora no pueden ser abastecidos con la importación de productos enlatados.

p La reforma agraria en Etiopía estaría justificada solamente con su gran logro de que cese el hambre.

p Al mismo tiempo ha creado nuevas necesidades, que deben ser satisfechas a riesgo de que el entusiasmo de las masas campesinas pueda entibiarse en sus sectores más atrasados. Ya los campesinos lógicamente se preocupan de tener zapatos y ropas y de consumir azúcar y fósforos e inclusive ciertos bienes duraderos. Históricamente esta preocupación es positiva porque crea un mercado para expandir la producción y contribuye a romper con la antinatural economía “natural” del feudalismo: producir para el consumo y no para la venta.

p La violenta quiebra de las estructuras sociales se ha hecho cuando todavía no existían condiciones para construir nuevas estructuras. Como muchas veces ha señalado el Jefe de la Revolución Cubana, no podían el imperialismo y el capitalismo preparar en su seno a los obreros 118 y campesinos como técnicos y administradores capaces de gobernar por sí mismos y edificar el régimen socialista. Mucho menos podía ser esa tarea del feudalismo.

p Etiopía está, pues, en manos de un pueblo que tiene que pelear por defenderla y a la vez que aprender cómo administrarla, cómo dirigir su economía, cómo mover eficazmente una maquinaria productiva.

p La Revolución, concentrada en su propia defensa y consciente de que una victoria contrarrevolucionaria sumiría al país en un mar de sangre (la venganza de las antiguas clases explotadas puede calcularse por sus innumerables crímenes actuales), no ha podido emprender todas las medidas que quisiera en el fomento de la economía y los servicios sociales. Al contrario, ha tenido que desviar para los frentes alimentos, medicinas, medios de transporte. En ello ha estado una de las pruebas supremas del patriotismo revolucionario de las masas. Al tiempo de consentir esos sacrificios, ellas han sabido volcar en las trincheras hombres y mujeres, ancianos que ya una vez pelearon contra el invasor y niños descalzos, que abren estas trincheras con el mismo ardor con que trabajan la tierra que ahora les pertenece y que, una vez que se les acaban las balas, a cuchillo se lanzan al asalto de los nidos de ametralladoras emplazadas por el enemigo.

p Tantos aspectos negativos de la situación no cierran las esperanzas.

p La primera riqueza de Etiopía, ahora enteramente suya, son las propias masas.

p El país cuenta afortunadamente también con muchos recursos naturales. En la mayor parte del territorio es posible la obtención de tres cosechas al año. En los numerosísimos ríos y lagos abundan peces y pájaros. El subsuelo es igualmente rico en reservas minerales que 119 incluyen petróleo, gas natural, metales preciosos (oro y platino) y otros recursos.

p En el año 1965 la producción de energía eléctrica de Etiopía era sólo de doscientos cuarenta y seis millones de kilovatios, en 1974 ya se producen en el país seiscientos ochenta y cuatro millones, cuyo 70 % es de origen hidráulico.

p Al mismo tiempo, como no podía dejar de ser, el consumo percápita de electricidad es uno de los más bajos del mundo: dieciocho kilovatios. Sólo el 35 % de la capacidad actual instalada es utilizada, debido a las dificultades que han paralizado buena parte de la industria existente. Ünicamente el 7 °/o de la población tiene acceso a la electricidad, que prácticamente se desconoce en el campo.

Si admirable es el esfuerzo de Etiopía en la defensa, también lo es en el terreno económico. Con optimismo revolucionario sus economistas estudian la planificación, contando con la colaboración de la Unión Soviética y otros países socialistas. En ellos se preparan también los futuros edificadores de la nueva sociedad.

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Notes