p La caída de Haile Selassie era apenas el comienzo del comienzo de la Revolución, de una Revolución en busca de su propio rumbo.
p El 20 de abril de 1976 expresa un salto cualitativo en la toma de conciencia de la revolución y todo el pueblo: la adopción y entusiasta aprobación popular —por medio de pequeñas y grandes reuniones hasta llegar a actos de casi un millón de personas— del Programa de la Revolución Democrática Nacional.
p En dos objetivos se concentra y resume ese Programa:
p 1. Establecimiento de la República Democrática Popular de Etiopía.
p 2. Construcción de una sociedad socialista, libre del sistema de explotación del hombre por el hombre y libre también de la opresión de las nacionalidades y los antagonismos entre ellas.
p Para conquistar ambos objetivos preñados de futuro, siempre difíciles pero mucho más en un país que como Etiopía, tenía por presente lo que en el resto del mundo era pasado, los dirigentes revolucionarios etíopes —lidereados por Mengistu— trabajan para unir a todas las fuerzas genuir ñámente democráticas, antifeudales y antimperialistas en un frente único —del cual ese Programa es el pilar— y por hermanar a todos los marxista-leninistas, hoy 112 dispersos organizativamente, en un partido proletario marxistaleninista.
p Las fuerzas de la Revolución, desde el mismo febrero de 1974, son el proletariado, los campesinos pobres y oprimidos, el ala progresista de la pequeña burguesía, particularmente estudiantes e intelectuales revolucionarios, los hombres en uniforme militar y otros sectores patrióticos del país.
p ¡Qué homenaje no merecen los jefes de las Fuerzas Armadas, por su origen de clase pequeñoburguesa generalmente, que todo lo hacen por apresurar el momento en que sea el partido el dirigente colectivo del proceso!
p Ya hoy, junto al ala radical militar, actúan en puestos de mucha responsabilidad trabajadores civiles de la ciudad y el campo, pero la presencia de esos militares en nada militaristas, es garantía de que, al margen de errores y complejidades consustanciales con toda lucha por una nueva sociedad, que además debe ser defendida a sangre y fuego del asalto de sus enemigos internos y externos, se avanza hacia una sociedad socialista real y verdadera.
p La contrarrevolución también ha venido organizándose a lo largo del dinámico proceso en que todo lo que había durado treinta siglos se desplomó en apenas tres años.
p Las fuerzas de la contrarrevolución son los elementos feudales y burgueses derrocados, agentes del imperialismo extranjero, particularmente del norteamericano, tales como la burguesía compradora y burocrática. Las fuerzas reaccionarias del mundo árabe se han sumado a la acción de zapa y agresión de los contrarrevolucionarios, desde el primer día.
p El príncipe Fadh, segundo en orden legal en Arabia Saudita, en realidad el primero en el poder, lo ha dicho 113 sin tapujos: "Etiopía debe ser descuartizada y repartida y su revolución ahogada en sangre."
p El Príncipe ha hecho largas invocaciones a fantasmas (que si una Etiopía independiente y revolucionaria impide hacer del Mar Rojo un "lago árabe”, es decir, dominado por la reacción petrolera; que si una Etiopía popular, fuerte, podría ayudar a Yemen Democrático, ese firme baluarte de la revolución en la zona; que si . . .) Pero a sus íntimos, el Príncipe ha dicho algo más y algunos de ellos lo han contado a periodistas occidentales indiscretos: "También en nuestro Reino (Arabia Saudita) tenemos potencialmente muchos Mengistus en espera de ver lo que pasa con éste. Hay que liquidarlo para seguir viviendo tranquilos."
p La reacción árabe y el imperialismo, deseoso de garantizarse la Ruta del Petróleo, pero sobre todo de impedir que el triunfo de la revolución allí donde parecía más improbable y remoto sea algo contagioso, a la vez de fraguar planes de intervención directa, que bien pudieran escudarse tras la proclamación de una República árabe o musulmana en Eritrea, la cual supuestamente pediría ayuda extranjera, alientan a los dos partidos contrarrevolucionarios, los financian y arman. Uno es la Unión Democrática Etíope, típicamente fascista, encabezada por el príncipe heredero, que quedó con la fortuna robada por el Emperador y los deseos de sucederle, vocero de los latifundistas. El otro es el Partido Revolucionario Popular Etíope, formado por elementos del ala derecha de la pequeña burguesía.
p El UDE hace la guerra contra los campesinos desde Sudán.
p El PRPE se especializa en los atentados en las ciudades.
p Una táctica enemiga ha sido la de provocar numerosos golpes de Estado derechistas, afortunadamente aplastados.
114Etiopía no ha sido el Chile de África, pero está dispuesta a ser su Viet Nam, ha dicho Mengistu.
Notes
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