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II
 

p El detenido fue encerrado en una amplia habitación del cuartel. Unos diez minutos más tarde, un joven oficial se le presentó y le leyó el decreto de su destitución. Terminada la lectura, el ex monarca pidió conocer el nombre del Jefe de la revuelta.

p "¿Mengistu? ¿Pariente del que quiso derrocarme en el 60? Puede que no, porque no hubiera quedado en el ejército. Pero de todos modos tendré que abolir ese apellido tan pronto vuelva.a Palacio..."

p Y su propia risa le hacía reír, hasta que pudo escuchar la del hombre que un minuto antes le leyera con susurrante voz nerviosa el documento emitido por el Comité Coordinador.

p Otros decretos no le fueron dados a conocer, aunque significaran el fin del decadente e inmenso poder de Haile 9 Selassie: suspensión de la Constitución de 1955, disolución del Parlamento basado abiertamente sobre líneas clasistas nobles y feudales, abolición de la vieja política exterior que se trazaba bien lejos de Addis Ababa. Esos tres golpes el mismo día 12, preparando el terreno para, tres días después, formar, a partir del Comité Coordinador, el Consejo Administrativo Militar Provisional, el CAMP, el cual asumiría las funciones de Jefe de Estado.

p De ese modo, se acababa una cierta dualidad de poderes y el país quedaba en manos del mando de los militares.

p En realidad, ellos se habían apoderado del poder sin un cálculo previo, progresivamente, en la espiral del estallido de las masas en ciudades y campos.

p El 23 de febrero, al anular el alza en el precio de la gasolina, el gobierno imperial pensó que anulaba el movimiento de protesta. Sin embargo, las masas concluyeron que era un síntoma de debilidad y siguieron en su acción, en la que se volcó la alarma general por las noticias acerca de hambrunas gestadas por la sequía de seis años consecutivos y la indiferencia oficial. Por medio de manifestaciones callejeras y huelgas se agitaban simultáneamente ¿as peticiones de todos y cada uno de los sectores del país: de los obreros del transporte a los empleados públicos, de los soldados a los bomberos. Parecía que todos, salvo el Emperador, tenían algo que pedir, y con urgencia inaplazable.

p En medio de aquella situación caótica, el 27 de febrero tuvo que renunciar al cargo de Primer Ministro, Aklilou Habte-Wolde, representante de la oligarquía feudal más herrumbrosa, cuyo poder parecía inconmovible todavía el 12 de febrero.

p La ley descubierta por Marx y a cuya luz actuara Lenín en su Octubre, de que la Revolución estalla allí y cuando 10 ni los de abajo ni los de arriba pueden seguir como antes en materia de gobierno, empezaba a cumplirse en Etiopía.

p En esas circunstancias salió a relucir, el 28, enropado en frases altisonantes populistas, Endalkatchew Makonnen, nuevo Primer Ministro. Fue él quien declaró por primera vez que el momento era de cambios. Es más, como indicando al fin el arribo de un gobierno imperial "tan bueno" como el propio Emperador, el 25 de marzo fue creada una comisión de investigación en relación con los escándalos de malos manejos de fondos públicos y propiedades, enriquecimientos súbitos de funcionarios estatales y casos de manifiesta injusticia a la hora de hacer justicia. Varios miembros del anterior Gabinete fueron detenidos y confinados en sus domicilios, mientras el nuevo parecía aceptar el criterio de miembros del Parlamento —donde jamás nadie había nunca dicho nada en contra del gobierno— de que había que poner en libertad a los ex oficiales arrestados por simpatizar con los primeros brotes de protesta popular y negarse a reprimirlos.

p Para sorpresa de los escépticos jefes militares, el 3 de julio el nuevo gobierno aceptaba trabajar con el Comité Coordinador, a la semana de creado éste. Y el 4 sancionó la muerte de Dejazmatch Tsehayu, jefe administrativo de la Región de Kaffa —el primer muerto—, ocurrida en el distrito de Ensaro, provincia de Selale, después de rehusar rendirse a miembros de las fuerzas de seguridad. Su hermano Fitaurari Tadesse y varios cómplices acabaron siendo capturados. El gobierno.imperial aplaudió la hazaña de la que todo el país había estado pendiente. El 6, el Comité Coordinador ordenaba a antiguos oficiales entregar las propiedades gubernamentales que ilegalmente retenían, a la par que decretaba la ansiada amnistía de presos políticos. Por último, el 8 salió de los cuarteles el famoso lema de "Ethiopia Tikdem": "Etiopía Primero.” Rebozante de nacionalismo, pronto llegó a los miles de 11 exiliados en muchos países, entre ellos estudiantes hijos de papá, que habían conocido en París Mayo del 68 y volaban a casa con las maletas llenas de folletos de Mao.

p Elevando el tono, la escala de medidas pasó a la abolición de dos instituciones feudales intocables: el Consejo de la Corona y el Tribunal de Justicia más alto, la llamada Corte Suprema Imperial Chilot.

p En agosto el Palacio del Jubileo fue rebautizado como Palacio Nacional, pocas semanas después de darse satisfacción a un anhelo popular grande en el terreno económico: la congelación de las rentas de casas y tiendas. Para cerrar los escapes de dinero, la autorización de retirar fondos se entregó al Ministro de Finanzas.

p Las medidas propuestas por el Comité Coordinador chocaban cada vez más con la intransigencia del Gabinete. Por eso, el 22 de julio se exigió el nombramiento de otro Primer Ministro. Lij Mikael Imru llegó así al cargo, lo cual no significaba ningún cambio sustancial en el gobierno.

p A mediados de agosto, en aras de evitar un golpe por la espalda, la oficina del Jefe del Estado Mayor fue transferida del gabinete privado del Emperador, al Ministerio de la Defensa Nacional. A continuación, la limpieza llegó debajo de las mismas alfombras imperiales: la Compañía de Desarrollo de Recursos Nacionales, pantalla ideal para enriquecer siempre más a los ricos, quedó convertida, por exigencia de los militares, en propiedad pública. Y dos días más tarde —27 de agosto— la Compañía de Transportes de Ómnibus “Anbassa”“(León”), la cual durante veintiún años facilitó la ceba de toda la aristocracia, siguió el mismo camino. Pero no fue hasta el 5 de setiembre cuando el polvo tocó las botas eternamente limpias del Emperador: al revisarse los libros de la nacionalizada Cervecería "St. George" y del Trust "Premio Haile Selassie”, se 12 supo que la cerveza había dejado once millones de “birs” en dividendos al Rey de Reyes. El pueblo seguía las noticias que daba la prensa e inclusive los analfabetos escudriñaban los periódicos que volaban de los estanquillos y de las manos de los niños vendedores.

p Al rumor inicial de "¿Él? ¡Imposible!”, había seguido la duda. La clarificación de la misteriosa contabilidad de las instituciones del "Trust de la Beneficencia" ayudó a sembrarla. Se sabía que el “Trust” abarcaba cinco hospitales, tres clínicas, dos orfelinatos, dos hogares de ancianos y otras empresas similares. Ahora se conocía que abarcaba también varios hoteles, edificios y empresas agrícolas. Iba apareciendo así un semidiós a quien atraía el dinero. Al fin se supo que el Emperador poseía una fortuna personal tan inmensa que bien pudiera ser de las mayores, de no ser la mayor, del planeta. Pronto se dijo que depositada en Suiza.

p El 11 de setiembre, el Comité Coordinador invitó al Emperador a que trajera a casa ese dinero para utilizarlo en sacar al país de la grave crisis económica. Le fueron mostrados los datos que técnicos del Consejo Económico y Social de la ONU, en el Comité Económico para África, manejaban y que revelaban que durante el período iniciado en 1970, a la fecha, el PIB, Producto Interno Bruto, de Etiopía había crecido sólo en 1,6 como tasa anual en por ciento. Como el aumento porcentual de la población era de 2,8 había una pérdida neta de 1,2 en el PIB por habitante. El producto agrícola era apenas cero; exactamente 0,4. Contabilizado en dinero el ingreso por habitante era de menos de 90 dólares al año.

p El Comité Coordinador quiso apelar al sentimiento del Emperador, duro de entendederas para las cifras ajenas a sus propias cuentas bancarias. Ya entonces se sabía que la fortuna atesorada en Suiza por éste era de miles de millones de dólares.

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p En la noche del 11 de setiembre fue exhibida por TV la película maldita que la policía secreta personal de Haile Selassie creyó que había sido decomisada y destruida.

p El Comité Coordinador había invitado a todo el pueblo a verla y obtenido del Emperador la promesa de que también la vería. Promesa que fue cumplida.

p Con gritos de horror contra unos pocos bostezos, ambos públicos asistieron a la “premiere” del documental del periodista británico Jonathan Dimbleby, "El hambre oculta".

p La cámara había curioseado en la provincia de Wollo, a veces con rapidez reveladora de la prisa y el temor del camarógrafo. Pero las escenas logradas hacían evocar los campos de concentración nazis. Huesos sobre huesos, esqueletos de niños confundidos con los de los burros que ellos hacen marchar llevando encima cargas increíbles, como las bicicletas en Viet Nam. También se veía con nitidez la tierra seca por varios años sin lluvia, tierra típicamente de África, el continente donde menos llueve y donde mayor evaporación relativa existe. ¿Acaso esa hambruna y esa misma sequía no habían sido negadas? ¿ Acaso para que en Addis Ababa no se intranquilizara el pueblo con los rumores, no aparecieron en esos días documentales de cine que mostraban al Emperador dando carne, enormes trozos bien rojos, a sus perros y leones, en los jardines de Palacio?

p El Emperador se hizo el nuevo sin mucho dramatismo ante las escenas que aparecían en la TV, pero acerca del dinero se limitó a decir que había nombrado heredero a su hijo. Y no era posible a un Emperador anular su testamento. "De veras que lo siento."

A las 7:30 horas del 12 de setiembre Mengistu y sus compañeros lograban el derrocamiento legal del pequeño gran ladrón.

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Notes