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UNA REVOLUCIÓN EN BUSCA DE SU IDEOLOGÍA
 
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p La Revolución de 1974 en Etiopía no tiene precedentes. En el pasado hubo innumerables levantamientos espontáneos de unas clases contra otras, pero no se conoce de ninguno que surgiendo así, desde su primer día corriera hacia el marxismo-leninismo, hacia la ideología capaz de darle la explicación de su propio origen y de sus objetivos, instintivamente buscados.

p Marx vio en las filosofías de Hegel y Feuerbach, no obstante las ideas reaccionarias de ambos acerca de la política, las raíces más remotas de la ideología del proletariado. Raíces que ellos mismos, pese a su genialidad, no hubieran sido capaces de descubrir y menos de cultivar, desafiando el orden social al que servían. Fueron Marx y su "otro yo”, Engels, pensadores todavía más profundos y corazones más puros, los maestros de la clase a la cual la historia le daba por misión enterrar, junto a sus cadenas, toda esclavitud, toda humillación, todo temor. La clase obrera debía abatir —predijeron los padres de la revolución— el. dominio burgués y pasar, al cabo de la etapa de su dictadura inevitable para consolidar la victoria y edificar la nueva sociedad sin explotadores, a la humanidad humanizada, sin clases, fronteras, Estado.

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p El proletariado —proclamó y probó Lenin— debía actuar en alianza con el resto de los explotados, en primer término los campesinos, debido al hecho de que el capitalismo no había sido capaz de erradicar el feudalismo por completo.

p Marx y Engels creían en la revolución mundial única. Lenin, advirtiendo el desarrollo desigual del capitalismo por países y áreas, precisó que la revolución proletaria se produciría en unos sitios —aquellos donde las contradicciones se agruparan y donde hubiera fuerzas capaces de aprovecharse de ello— antes que en otros. La conciencia de que la revolución tocaba a las puertas la dio precisamente la ideología que prepararon para los explotados y oprimidos, científicos nacidos en las filas enemigas burguesas.

p La fusión entre la clase obrera y su ideología clasista propia se efectúa en el partido. Con el surgimiento de éste, la clase obrera empieza a pasar de "clase en sí”, o sea, una que no sabe lo que quiere y ciegamente es explotada, a " clase para sí”, la que actúa ya en pro de su plena liberación. Ese proceso culmina con la toma del poder.

p Marx y Engels fundaron el primer partido del proletariado de modo que abarcó varios países a la vez: la I Internacional, cuya labor fue titánica. La misma no dirigió tácticamente a la Comuna de París de 1871, aquel "asalto al cielo" increíble y sorprendente que por primera vez, aunque fuera sólo por tres meses y en una ciudad, venció al yugo burgués. Ella ni siquiera la auspició. Sin embargo, la estrategia de que el cambio social empieza con la toma del poder político, la aprendieron los heroicos comuneros en la Internacional.

p Lenin creó el partido de nuevo tipo expresamente como Estado Mayor de, por y para la revolución. Después lo condujo a la victoria en la Gran Revolución Socialista de 23 Octubre para dar vida al Primer Estado Obrero y Campesino de la historia universal.

p La Unión Soviética tuvo que ser hombre —fuerte, audaz, sabio— aún de niño, desde la cuna misma, para imponer a sangre, sudor y fuego su existencia. La prueba suprema la tuvo al enfrentar la peor y más cruel respuesta imperialista ante ese acontecimiento que indicaba la llegada de la hora en que los trabajadores se liberan: la agresión del fascismo.

p El principal resultado del choque fue un salto de las barreras de las fronteras: el socialismo se hizo uno de los dos sistemas mundiales, ya en lucha final. Con ello apareció la perspectiva de imponer —por primera vez— la paz en el planeta. La memoria humana recuerda no menos de catorce mil guerras importantes, incluyendo dos mundiales. Con la creación del campo socialista (lo que condenó a muerte al viejo sistema colonial y debilitó las bases mismas del sistema imperialista) surgió también la posibilidad de hacer la revolución sin que su creadora fuera la guerra.

p Y Etiopía muestra todavía otra cosa, sin que la ideología de la revolución le abriera paso previamente en forma ostensible. En Etiopía primero el pueblo hizo la revolución, por medio del instrumento creado para evitarla, el viejo ejército, y después ella comenzó a descubrirse a sí misma.

p Esto no quiere decir que para hacer la revolución puede prescindirse del factor ideología.

p Al contrario.

p Significa que la ideología marxista-leninista penetra hoy tan profundamente por todas partes, circula arriba y abajo en el planeta con tanta fuerza, que llega, inclusive, allí donde los libros se queman y los partidos populares se 24 consideran tan criminales como la lectura revolucionaria. Es el fenómeno de respirar por los poros, insensiblemente, cuando se ha ordenado tapar nariz y boca.

p Como señaló Fidel al visitar Etiopía, su revolución prueba la verdad de que la lucha de clases rige la historia.

p No es de extrañar ese avance del marxismo-leninismo en un país donde no se veían marxista-leninistas por ninguna parte. Había obreros, había masas campesinas, había pueblo explotado al máximo, golpeado, estrujado, ofendido, burlado, y aunque se le engañara durante decenios para que aceptara su destino y adorara como un dios al simple jefe de sus enemigos de clase, un buen día el agua salió de cauce, en ese torrente que es la revolución, según sentenció Julio Antonio Mella.

p La revolución etíope ha sido espontánea en el sentido de que nadie fijó de antemano el día de su estallido y por lo tanto no hubo preparativos previos en organización y educación.

p Cuando así de golpe pueden crearse las condiciones de la revolución, es de imaginar con cuanta mucha más seguridad ella se puede producir allí donde se organiza y educa a una fuerza de vanguardia obrera y campesina para, en el MOMENTO OPORTUNO, aquel que no admite ni un minuto de adelanto, como indicara Lenin, pues sería prematuro, ni uno de atraso, porque se perdería la ocasión, lanzar a las masas obreras y campesinas al asalto.

p En Etiopía se confirma hasta la saciedad que el siglo xx j debe ser el último con sociedades divididas en clases antagónicas. Los explotados, los oprimidos, los que no tienen nada que perder aparte de sus cadenas, pueden vencer a sus contrarios.

p Ese carácter espontáneo confirma que es la hora del cambio. Allí mismo donde no hay pronóstico y donde 25 inclusive los nubarrones se creen muy distantes, de un simple relámpago, de un primer remolino de invisible viento, brota el huracán. Y barre con todo. El Imperio de tres mil años se desvaneció en tres días.

p Mueren uno tras otro los mitos que paralizan a las masas o que impiden que su acción termine en total victoria.

p Con el triunfo de la Revolución Cubana, dirigida por Fidel Castro, en 1959, no sólo el socialismo llegó a América sino que murió el doble mito, vinculado a la geografía, de que a la sombra de Estados Unidos no podía haber un sol revolucionario capaz de durar y que lejos del contacto geográfico inmediato con la URSS tampoco podría arribarse a la creación de Estados socialistas.

p Viet Nam, Laos y Cambodia acabaron por enterrar ese tipo de mentiras con sus revoluciones enfrentadas directamente a las fuerzas armadas norteamericanas.

p Y el pueblo de Angola, heroico vencedor —como Mozambique— del colonialismo portugués sostenido por la OTAN, apoyó después al MPLA de Agostinho Neto cuando éste proclamó una independencia verdadera, en momentos en que se aprestaba a resistir la invasión del gran gendarme del imperialismo en África, el régimen racista-fascista de Pretoria y del pequeño gendarme y payaso, Mobutu, émulo de Haile Selassie y sátrapa de Zaire, detrás de fuerzas que el Pekín traidor del socialismo también armó y alentó.

p A la resistencia angolana se unió el apoyo internacionalista de Cuba. En este caso, como en el combate de Viet Nam, la solidaridad soviética hizo frente a los recursos del imperialismo volcados del bando de la opresión.

p Etiopía sigue ese proceso pero le otorga nueva calidad.

p En Viet Nam actuaba un Partido leninista forjado por Ho Chi Minh, capaz de dirigir las diferentes etapas de la 26 resistencia al colonialismo y al neocolonialismo y su transformación en revolución socialista.

p En Cuba, en el torrente de un siglo de luchas comenzadas contra el yugo colonial español y seguidas contra el neocolonialismo yanqui, nació, tras el Octubre de Lenin, un Partido del proletariado que marcharía al encuentro de] Movimiento que daría origen a la Revolución el 26 de Julio de 1953, con el asalto del “Moneada”. En esa batalla emergieron el Jefe de la Revolución y el programa táctico capaz de aglutinar y movilizar a todo el pueblo en el único camino en que podría colectivamente educarse. Fue en la escuela insuperable de su propia experiencia revolucionaria que las masas cubanas hicieron suyas las ideas marxistar leninistas que Fidel sustentara tras búsqueda propia desde sus días de estudiante. Dos de esas ideas le guiaban: contar con las masas y conquistar, con ellas y para ellas, un poder realmente revolucionario.

p Se unieron ese Partido y ese Movimiento, más la organización antimperialista nacida del estudiantado para pelear contra la tiranía, y se creó el Partido Comunista de Cuba, cerebro y corazón actual del proceso de construcción del socialismo. Con razón la antigüedad en el Partido se cuenta desde el día de Playa Girón en 196Í: el del enfrentamiento abierto entre Cuba en revolución y el imperialismo en contrarrevolución.

p En Angola la lucha liberadora fue encabezada por un Movimiento, el MPLA, que está pasando a Partido de la clase obrera y del socialismo. Algo similar acontece en Mozambique con el FRELIMO, creado por Mondlane, cuyo jefe a la muerte de éste es Samora Machel.

p Pero en Etiopía no había ni un partido clásico marxista-leninista ni tampoco un movimiento revolucionario civil. Ni siquiera un tipo de agrupación clandestina militar, como la de los Oficiales Libres de Nasser en Egipto o 27 luego la de Khadafi en Libia, vinculadas a la religión musulmana, pero tendientes a ir hacia el pueblo.

p El Jefe de la Revolución Etíope, el hoy teniente coronel Mengistu Haile-Mariam, ha dicho que debido a que la revolución irrumpió espontáneamente, en momentos en que no había un partido de la clase obrera, "la garantía más sólida de la revolución”, no fue posible ahorrarse muchas de las amargas luchas que hoy existen.

p ¿Cómo fue posible el triunfo de una revolución sin partido; revolución sin algún movimiento revolucionario organizado?

p De la respuesta surge una verdadera gran lección de dialéctica. Las condiciones objetivas de miseria y opresión empujaron a las masas populares a entrar en acción con creciente decisión, que se fue haciendo mayor en la misma medida en que el gobierno imperial maniobraba y retrocedía. El embarazo no requirió siquiera nueve meses: a los ocho, fue destronado Haile Selassie y la revolución venció definitivamente.

p El carácter inicial del estallido popular era el propio de una revolución nacional democrática, antifeudal, antimperialista, antiburguesía burocrática. Eso explica que el ejército entrara en ella en bloque. A su vez, el ala derechista —superior— del instituto armado conspir6 desde el 13 de febrero de 1974 para atar a la revolución: Primero fue el proyecto de dejarla en reforma; después, en con. trarrevolución.

p Se empezó por querer reducir el cambio a un simple inten- \ to por modernizar el viejo aparato estatal que se había resquebrajado de anacrónico y corrompido. "A los gritos de unos taxistas, unos estudiantes, unos obreros”, como dijera irónicamente un general, cuyo nombre no quiso se revelara, a un corresponsal de una agencia capitalista extranjera en marzo de 1974.

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p Aparte de su masiva espontaneidad, que no podía más que sustentarse en una lucha de clases que ninguna de las clases enfrentadas quería o podía reconocer pero que existía y aumentaba hasta darle a la caldera esa presión inaguantable, lo más sorprendente de la Revolución Etíope fue que la dirección le correspondió a las Fuerzas Armadas. Tal sorpresa tuvo una lógica oculta: o el ejército o nadie. Etiopía se hubiera convertido en una sociedad sin orden social.

p La situación objetiva de un país carente de un verdadero gobierno cuando más lo requería y de una masa sin vehículos ideológicos y organizativos capaces de imponer un nuevo régimen social, dio al ejército, la única institución del Estado todavía en pie en medio del estallido, del desastre económico, la hambruna y el desconcierto, una especie de mandato: el de mandar.

p ¿Mandar en nombre de quién? ¿Al servicio de qué clase? ¿En alianza con cuáles fuerzas internacionales, de las dos mayores que luchan en el mundo?

p Hoy es evidente que si bien es verdad que en Etiopía el marxismo-leffinismo no había penetrado con fuerza suficiente para llegar a la creación de un partido o un movimiento, el aliento universal de las ideas del socialismo sí había llegado a hombres de la oficialidad media. Uno de ellos, hijo de un esclavo, había conocido en Estados Unidos la discriminación racial, pese a estar allí en calidad de cadete de un monarca mimado por Washington, lo mismo que la guerra de Viet Nam, los incendios de Detroit por las masas negras, la rebeldía estudiantil, el malestar general que condujo al escándalo de Watergate, etc. Es decir, a través de su experiencia norteamericana, Mengistu se asomó al mundo contemporáneo, con sus revoluciones, rebeldías y conflictos en auge incontenible.

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p Al regresar a la Patria, ese joven capitán tropezó con el abismo entre el lujo imperial y el hambre de las masas.

p El lenguaje que en algún momento encontrara en "El Manifiesto Comunista" se le hizo la verdad de las verdades. Sin vacilar tomó partido de clase junto a los explotados, los oprimidos, los humillados de Etiopía. Y al verlos salir espontáneamente en iracunda protesta a las calles de Asmara y de Addis Ababa, los vio como a los suyos. Es más, se decidió a promover en el seno de las Fuerzas Armadas el movimiento reivindicativo y, ante todo, la idea revolucionaria de que los soldados no debían disparar contra el pueblo. Esto dio un signo indeleble al Comité Coordinador de las Fuerzas Armadas, cuyos jefes no se atrevieron a oponerse, al comprender que agarrarse al Emperador y a su régimen moribundo era aferrarse a un buque que hacía aguas en alta mar y en tiempos de tormenta. Estos jefes, no sin el consejo de alguno de los trescientos asesores militares de Estados Unidos, entraron de buen grado en el Comité Coordinador.

p Al mismo tiempo, quizás por temer violar las jerarquías, cosa que hubiera anarquizado al único organismo que había podido escapar a la anarquía social, había sido designado Presidente del Comité Coordinador el Jefe de las Fuerzas Armadas, teniente general Aman Mickael Andom.

p Débil era la revolución pese a todo. Tenía que serlo desde el instante que se hacía Jefe de la Revolución a quien era jefe pero no .revolucionario.

p El Spínola etíope hizo todo lo que estuvo a su alcance por meter en cintura al proceso espontáneo que lo encumbraba. Ocultó su espada en fraseología demagógica y la levantó con presteza y energía para golpear desde dentro a traición.

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p Esos crímenes recientes, sumados a otros muchos que le ayudaron a llegar a donde llegó bajo alguien como Haile Selassie, lo condujeron, junto a otros sesenta altos oficiales, al pelotón de fusilamiento. Era el 24 de noviembre de 1974.

p El escalafón militar dio entonces la Presidencia del CAMP al brigadier general Teferi Bente, quedando como su primer vice el ahora teniente coronel Mengistu y como segundo el teniente coronel Atnafu Abate.

p La lucha por el poder continuaría porque Bente era enemigo, no por oculto menos jurado, de la ideología que adoptaba la Revolución. Llevado por esa enemistad, enraizada en prejuicios y ambiciones de clase explotadora, retomó los hilos del complot de Andom para tejer con ellos la mortaja del proceso revolucionario al cual se había sumado, por cierto, en el último minuto.

p A los tres años menos diez días de su estallido, la Revolución adquirió al fin, con la llegada de Mengistu a la jefatura suprema, el curso que podría llevarla a la victoria completa y definitiva.

p ¿Cómo es y en qué consiste esta Revolución?

Habría que empezar por analizar la historia de Etiopía, su economía, su sociedad, su política, y esto debe hacerse en torno al hombre que se creyó un semidiós y cuyo derrocamiento produjo el surgimiento de la Revolución.

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Notes