TRABAJADORES DE MEDICINA
p Para robustecer el naciente Estado soviético era muy importante asegurar la colaboración de uno de los destacamentos más numerosos de la intelectualidad: el magisterio. El maestro, sobre todo en el campo, constituía una gran fuerza cultural, a veces la única, capaz de ejercer gran influencia política sobre la población. El pueblo amaba a los maestros: a ellos se acudía para pedir consejo y ayuda y en busca de explicaciones sobre el sentido de los acontecimientos que vivía el país. Para poner a esta fuerza al servicio del Poder soviético fue preciso llevar a cabo una paciente y minuciosa labor de esclarecimiento por las organizaciones del partido, los órganos del Estado y los sindicatos.
p Anatoli Lunacharski, dirigiéndose a los maestros, dijo que nadie exigía de los intelectuales que se infundieran de espíritu comunista y, en unión del partido, se dedicaran resueltamente a la creación del régimen comunista. Sin embargo, la colaboración era posible si el intelectual mostraba objetividad y acertaba a justipreciar el ingente trabajo trazado por los comunistas para transformar culturalmente el país. No obstante, por los motivos que se expondrán más abajo, el Poder soviético, en los primeros tiempos de su existencia, no encontró en la parte más cualificada del magisterio esta disposición al entendimiento y la colaboración práctica.
p Un serio obstáculo en la vía de la colaboración del magisterio con el Poder soviético fue la Unión de Maestros de 103 toda Rusia, sobre todo su directiva, personificada en el Gran Consejo y el Pequeño Consejo de esta asociación. Después de su fiasco en la organización de la huelga general de maestros en los primeros meses de existencia del nuevo poder, la Unión de Maestros no renunció a la lucha. Lo único que hizo fue cambiar sus formas, pasando de los ataques a la descubierta contra la política del Partido Bolchevique a métodos más flexibles y velados de actividad antisoviética. Los dirigentes de la Unión de Maestros no pudieron dejar de tener en cuenta un factor tan importante como el apoyo de las masas populares al Poder soviético. Con gran dolor de corazón, en un editorial de su órgano de prensa oficial hubieron de reconocer que "desde que se ha precisado claramente que el gobierno soviético y de los comisarios es apoyado y reconocido en cierta medida por las masas populares, no se puede preterirle y es difícil negarse en absoluto a mantener relaciones con él...” Esto, huelga decirlo, no significaba que la directiva de la Unión de Maestros, después de reconocer de facto el nuevo poder, hubiese decidido colaborar con él.
p Encubriéndose con los lemas de la salvación de la "auténtica democracia" y de las "conquistas de la revolución”, los jerarcas supremos del magisterio se orientaban especialmente hacia la autonomía de la escuela y su apoliticismo. En las condiciones de la lucha contra la autocracia zarista, la idea de la autonomía de la escuela era apoyada por la parte democrática del magisterio y tenía significado progresista. Pero después de la Revolución de Octubre, cuando el Estado soviético se había fijado como objetivo la instrucción de las amplias masas populares y cuando los intereses del Estado y de la escuela se unieron formando un todo, la idea de la autonomía escolar cobró un sentido contrarrevolucionario, anudándose con la idea del "apoliticismo" de la escuela. Los dirigentes de la Unión de Maestros de Rusia intentaron desterrar de la escuela la "política" y exigían que los dirigentes y partidos políticos no atentaran contra la escuela. Mas, como demostró la actividad de esta asociación, que hizo de la escuela una palestra de lucha política contra el Poder soviético, la escuela no podía permanecer al margen de la política. Los dirigentes "sin partido" y "apolíticos" de la Unión de Maestros se revelaron como avezados "políticos”, que expresaban claramente sus simpatías y antipatías sociales.
p La Unión de Maestros de toda Rusia constituía una fuerza considerable. En sus organizaciones se agrupaban unos 50.000 maestros, siendo de notar que eran los pedagogos más cualificados. La asociación gozaba de influencia entre los maestros, y sus órganos impresos, Noticias de la Unión de 104 Maestros de toda Rusia. El maestro. El maestro petrogradensey F.l maestro nacional, eran populares entre los maestros.
p La línea táctica del partido en orden a cualquier organización social de tendencia antisoviética estaba determinada no sólo por el carácter de la actividad de tal organización, sino también por la actitud de las masas hacia ella. Y como en el primer tiempo el magisterio tuvo puesta su confianza en la directiva de la asociación y la seguía en lo fundamental, se trató de incorporar a la Unión de Maestros al movimiento sindical de toda Rusia, encabezado por el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, a fin de lograr de este modo arrancar de la influencia ideológica de la burguesía a los miembros de la Unión de Maestros. Sin embargo, la directiva de esta asociación, integrada por demócratas constitucionalistas y eseristas, rechazó categóricamente su participación en las labores del I Congreso de los Sindicatos de toda Rusia, celebrado en enero de 1918. Entonces el partido cambió de táctica: desplegó un gran trabajo de esclarecimiento entre los afiliados de base de la asociación. Esta línea táctica fue la principal durante todo el año 1918, que transcurrió bajo el signo de la lucha por la agrupación de las fuerzas progresistas del magisterio.
p La Unión de Maestros de toda Rusia fue la organización de intelectuales burgueses que mant’jvo más tiempo sus posiciones. Sin embargo, como fruto de ¡a tiran labor propagandística de denuncia de la política de sus üiii¿ontes realizada por las organizaciones del partido y de los sindicatos y también como resultado del fortalecimiento del Poder soviético y de otros factores, en el otoño de 1918 empezaron a menguar rápidamente las filas de esta asociación. El otoño y el final de 1918 fue el período de completa descomposición de esta organización social del magisterio, que hasta poco antes había sido fuerte y prestigiosa. Verdad es que su directiva trató de continuar la lucha, intentando reunir congresos y conferencias de maestros, celebrados bajo sus consignas, y aprovechó cualquier ocasión para contribuir a la restauración del viejo régimen, pero cada vez era mayor el número de colectividades de maestros que declaraban su adhesión al Poder soviético.
p Así, en el congreso de maestros de la provincia de Kursk, celebrado a comienzos de mayo de 1918, la mayoría de los delegados (166 contra 3) aprobó una resolución en la que se decía: "El Poder soviético lo entendemos como el poder del pueblo, que aspira a restructurar la vida del Estado en base a los justos principios del socialismo... Consideramos que reconocer este poder y apoyarlo por todos los medios constituye una misión sagrada del maestro nacional en su trabajo social y 105 pedagógico" [105•30 . Incluso los dirigentes de la Unión de Maestros de toda Rusia más rabiosos en su intransigencia frente al poder de los Soviets se vieron obligados a reconocer que "no hay un frente único del magisterio, no hay unidad de pensamiento y de acción".
p A finales de 1918, la Unión de Maestros, a consecuencia de su proceder antisoviético, había perdido definitivamente la influencia entre amplias masas de maestros. En los medios del magisterio ya era evidente el viraje hacia la colaboración con el Poder soviético. Después de analizar la situación existente, el Comité Ejecutivo Central de toda Rusia dispuso en diciembre de 1918 "disolver la UMR, personificada en sus organizaciones centrales y locales, y suspender su* órganos de prensa centrales y locales: Noticias de la Unión de Maestros de toda Rusia. El maestro petrogradense. El maestro y otros órganos...” El Gobierno soviético no adoptó ninguna medida represiva contra los antiguos miembros de la Unión de Maestros. En aquellos momentos la autoridad de esta organización era tan baja que su disolución no suscitó protestas.
p La suerte de la Unión de Maestros de toda Rusia fue muy aleccionadora para la intelectualidad burguesa. Vino a demostrar que las organizaciones de intelectuales que se habían apartado del pueblo y actuaban en pugna con sus intereses perdían en definitiva su influjo y prestigio y acababan desapareciendo de la arena política. Acreditó también que ningunos llamamientos y consignas demagógicos de la directiva de la Unión de Maestros podían llevar a éstos al camino de la lucha activa contra el Poder soviético. En su inmensa mayoría, el magisterio siguió fiel a sus tradiciones democráticas y a la idea de la dedicación al pueblo.
p Ahora bien, no debe suponerse q,ue la disolución de la Unión de Maestros de toda Rusia convirtió a la numerosa legión del magisterio en exponente y enérgico paladín entre el pueblo de la política del Poder soviético. Parte de los maestros, sobre todo en las ciudades, ofrecían una resistencia pasiva a las iniciativas del Poder soviético en la esfera de la instrucción pública, cumplían formalmente sus obligaciones y aprovechaban toda ocasión para señalar los errores y reveses de los organismos locales de instrucción pública y para hacer patente su propio “apoliticismo”.
p Dada la gran insuficiencia de fuerzas culturales, particularmente en el campo, el maestro hubiera podido jugar un gran 106 papel no sólo con respecto a la instrucción de las masas en general, sino también a su educación política.
p El Comité Central del partido se ocupó mucho del trabajo de propaganda y agitación entre los maestros. Se practicaban formas de influencia ideológica sobre ellos tales como la participación de los comunistas en la labor de sus congresos y conferencias, la formación de bibliotecas políticas para el personal de las escuelas, la instrucción de los maestros que impartían disciplinas sociales y la lectura de informes y conferencias sobre temas políticos para los maestros por funcionarios del partido. En las capitales de provincia y cabezas de distrito se organizaban cursillos de rudimentos políticos, escuelas del partido y de los Soviets y cursos de agitadores, que preparaban profesores de rudimentos políticos entre los trabajadores de la enseñanza. Se realizó una labor de propaganda por el ingreso de los maestros en el Partido Comunista.
p Fue dispensada singular atención al trabajo entre los maestros rurales. En aquel tiempo había muchos maestros en los pueblos que simpatizaban sinceramente con el Poder soviético. Era preciso organizarlos y prestarles ayuda. A este propósito ofrece gran interés la exposición de la función del maestro rura! y de los métodos para atraerle al trabajo social que hacían unas instrucciones enviadas a las localidades rurales por la sección del CC para el trabajo en el campo: "En los maestros hay que fijar la mayor atención. Los propios maestros... proceden del medio campesino y sólo por atraso se oponen al comunismo. Corrientemente, el maestro conoce bien todo lo que ocurre en la aldea y sabe quiénes viven en ella y qué les interesa; hay que acercarse más a ellos. Si el maestro es bueno, pero no consciente, hay que... procurar con cuidado ponerle de nuestra parte y ayudarle en lo que necesita, convencerle y ayudarle con víveres, mover un poco a las autoridades de la ciudad para que le den lápices y cuadernos, darle a leer un buen libro y atraerle a la labor cultural y educativa. Al maestro adecuado hay que zarandearle y hacerle que atraiga al trabajo a otros maestros y les ayude en su difícil y penosa obra" [106•31 .
p En la I Conferencia de toda Rusia sobre el trabajo en el campo, celebrada en noviembre de 1919, V. I. Lenin subrayó que. a pesar de la compleja situación política y militar, el trabajo en el campo constituía uno de los problemas más importantes de la construcción socialista. Lenin exhortó a las organizaciones 107 rurales del partido a utilizar ampliamente a los especialistas burgueses. En las instrucciones aprobadas por la conferencia se recomendaba incorporar obligatoriamente a los maestros rurales a la participación en el trabajo del partido.
p En la obra de educación política del magisterio jugó un destacado papel Nadezhda Krúpskaya, veterano miembro del partido, compañera de lucha y esposa de V. I. Lenin. Maestra ella misma, conocía perfectamente el estado de ánimo, la sicología, la vida y las condiciones de existencia de este sector de la intelectualidad y sabía encontrar la mejor manera de abordar sus problemas. En los primeros años del Poder soviético no hubo un congreso de maestros de toda Rusia o un foro sobre asuntos de la instrucción pública en los que N. Krúpskaya no participase con la mayor actividad. Muy a menudo hablaba en mítines y asambleas de maestros, explicando la política del partido en la esfera de la instrucción pública y la misión del magisterio en la construcción de la nueva sociedad: criticó el lema "El maestro y la escuela, al margen de la política”, que era bien acogido por una parte considerable de los pedagogos. Por ejemplo, en uno de sus discursos dijo que "no hay nada más ingenuo que la afirmación de que la pedagogía puede y debe ser ajena a la política. ¿Qué es política en la acepción amplia del término? Es nuestra comprensión de las tareas del momento actual, de los medios para cumplirlas, etc. La pedagogía es. en tres cuartas partes, una ciencia social, y por eso no hay modo posible de separar de ella los problemas candentes de la política, los problemas candentes de nuestro tiempo" [107•32 .
p El libro La instrucción pública y la democracia (1919). de N. Krúpskaya. y numerosos artículos suyos sobre problemas de la enseñanza ayudaron a atraer hacia el Poder soviético a muchas personas que antes vacilaron o tuvieron un espíritu antisoviético.
p A la educación ideológica de los maestros hizo un gran aporte el viejo bolchevique S. Mitskévich, que, por encargo del partido, participó en la organización de la Unión de Trabajadores de la Enseñanza, de la que fue elegido presidente. Mitskévich sabía llevarse bien tanto con los jóvenes de ánimo exaltado como con los viejos científicos. Muchos corifeos de la pedagogía no aceptaban ingresar en la Unión recién constituida, se declaraban en huelga, formaban comisiones y presentaban peticiones en las que formulaban exigencias increíbles. Mas 108 Mitskévich, lejos de rechazar a los airados e incrédulos, les persuadía con palabras y hechos de la naturaleza progresista de la instrucción pública soviética.
p Complejo y difícil fue el proceso de agrupación profesional de los maestros. Como contrapeso a la Unión de Maestros de toda Rusia, a finales de 1917 fue organizada la Unión de Maestros Intemacionalistas, que agrupaba a los trabajadores de la enseñanza y de la educación que "se mantenían en el terreno de la revolución social y de la destrucción del actual sistema escolar”. Pero esta asociación era muy poco numerosa. A fines de 1918 sólo había llegado a tener algo más de 12.000 maestros. Este número tan insignificante de sus adherentes lo explica la circunstancia de que la Unión de Maestros Intemacionalistas adoptó una actitud errónea respecto a la mayoría de los maestros. Aislándose de los maestros de la base, únicamente admitía en su seno a los pedagogos "políticamente maduros”. Sus dirigentes mantenían posiciones sectarias, declarando que el Poder soviético incurría en una grave equivocación al no tomar medidas tajantes con relación a todo el magisterio de la época zarista, con el que, a su juicio, no se debía tener contemplaciones, ya que "si acaso una centésima parte de los maestros puede ser realmente apta para cumplir las nuevas tareas de la educación revolucionaria".
p Por otro lado, la Unión de Maestros Intemacionalistas llevó a cabo una gran labor para diferenciar políticamente a los maestros y elevar el número de partidarios activos del Poder soviético. No obstante, su acción en este sentido habría sido más eficiente de no haber pecado de estrechez orgánica y de sectarismo, que le impidieron convertirse en la organización masiva del magisterio soviético.
p En el verano de 1919, en base a la Unión de Maestros Intemacionalistas, se constituyó el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza y de la Cultura Socialista de toda Rusia (en 1921 cambió su nombre por el de Unión de los Trabajadores de la Enseñanza), que llegó a ser la verdadera organización masiva de los maestros de la ciudad y el campo. Esta asociación desplegó un gran trabajo de educación política de los maestros, de protección de los derechos profesionales de los trabajadores de la enseñanza y de incorporación de ellos a la creación de la nueva escuela.
p La propaganda y agitación generales del partido, la labor educativa de sus organizaciones de base y la fundación y actividad del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de toda Rusia no podían por menos de reportar fruto. Las informaciones que llegaban de las provincias de Tver, Tula, Arjánguelsk, 109 Penza, Kursk y otras se referían a la intensificación de la actividad social de los maestros, al ingreso de los mejores de ellos en el partido y a la reanimación del trabajo cultural y educativo en el campo. En la escuela empezó a centrarse paulatinamente la vida social de los pueblos. Muchos maestros rurales intervenían en las asambleas de campesinos, organizaban bibliotecas y Casas del Pueblo y prestaban su concurso a las organizaciones del partido en las campañas político-sociales. Por doquier surgían bibliotecas rurales, organizadas sobre todo por los maestros. Según datos incompletos del Comisariado del Pueblo de Instrucción, a comienzos de 1919 había 12.007 bibliotecas rurales.
p El Partido Comunista y el Estado soviético, pese a todas las dificultades acarreadas por la guerra civil y la intervención, se desvelaron por llevar adelante la instrucción pública. Y eso que las dificultades eran enormes. En las condiciones de la guerra y del desbarajuste económico, la escuela atravesó una situación sumamente grave. Los edificios escolares apenas se reparaban y el material pedagógico quedaba inservible. Sentíase una aguda falta de maestros y escaseaban los manuales, el material didáctico y los objetos de escritorio. Apenaba sobre todo el estado de las escuelas ubicadas en las zonas que habían sido teatro de las operaciones bélicas. Muchas escuelas fueron destruidas u ocupadas como cuarteles y hospitales; la situación económica de los maestros era difícil. Todo esto dejó marcada una lacerante huella en la escuela soviética de los primeros años de la revolución.
p Trabajar en las escuelas constituía una obra realmente complicada. Sin embargo, muchos maestros no cesaron en su labor, tan necesaria para el pueblo; con perseverancia y decisión procuraban reorganizar la escuela a base de los nuevos principios, venciendo inmensos obstáculos. El Poder soviético hizo todo lo que permitía aquella rigurosa época para aliviar la situación de las escuelas y de los maestros. Ya a comienzos de 1918, por decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo se elevó de 50 a 100 rublos el sueldo de los maestros nacionales. A partir de marzo del mismo año su sueldo se fijó entre 300 y 500 rublos. En noviembre de 1918, a causa del aumento de la carestía, el sueldo mensual de los maestros fue subido a 600-800 rublos. Además, a los pedagogos se les concedió la misma superficie de vivienda que a los médicos e ingenieros y se tomaron medidas encaminadas a mejorar la situación de los maestros que habían quedado inválidos para el trabajo.
p El robustecimiento del Estado soviético y las victorias del Ejército Rojo, a la par con la labor de propaganda y agitación 110 del partido entre los maestros y la solícita actitud del Gobierno soviético y de las organizaciones sociales hacia ellos, determinaron que la masa de maestros fuera decidiéndose paulatinamente a colaborar con el Poder soviético. El diario Pravda señaló el 4 de septiembre de 1920 que "entre la inmensa masa de los que trabajan en el campo de la instrucción pública se observa un sensible viraje hacia la ideología comunista”. Entre los maestros seguía habiendo no pocos elementos antisoviéticos, pero en el período final de la guerra civil ya no tenían una influencia decisiva.
p El Partido Comunista dio los primeros pasos en orden a la preparación de nuevos pedagogos entre los obreros y campesinos. En 1919 se organizaron en el país más de 150 cursos pedagógicos. "La figura principal de los oyentes —se decía en la noticia que daba cuenta de esto— es la población trabajadora”. A esos cursos asistieron en total unas 6.500 personas. Las secciones locales de instrucción pública de los Soviets adoptaron eficaces medidas para readaptar a los maestros por medio de cursos breves, en los que pedagogos daban conferencias sobre los fundamentos del socialismo científico, sociología, teoría y práctica de la escuela laboral y metódica didáctica. Los congresos, conferencias y cursos ayudaban a la masa de maestros a formar claro juicio de la esencia de los eventos, revelaban el significado político de las reformas en la esfera de la instrucción, ayudaban a comprender los principios fundamentales de la organización de la escuela laboral única, etc.
p A pesar de las ingentes dificultades, la red escolar en el país, lejos de reducirse, fue ampliada considerablemente. En tanto que en el año escolar de 1914/15 el número de escuelas primarias y de enseñanza media se cifró en 106.400. estudiando en ellas 7.800.000 niños, en el curso escolar de 1920/21 llegaron a 118.408, con un total de 9.781.000 alumnos. En la consecución de este avance correspondió un inmenso mérito a los maestros.
p En la dura situación de guerra civil, intervención y desbarajuste económico, una tarea importante del Poder soviético fue atraer a los trabajadores de medicina a la colaboración con él. La recuperación de los combatientes heridos, la lucha contra las epidemias y las consecuencias del hambre, la asistencia médica a la población, las medidas profilácticas sanitarias y otras muchas cosas recaían sobre el destacamento poco numeroso de los trabajadores de medicina. Según los datos del censo hecho el 25 de febrero de 1920 por el Comisariado del Pueblo de Sanidad, en la República 111 Soviética (excluida Ucrania) había en total tan sólo 24.000 médicos, de los cuales casi el 40% estaba movilizado en el Ejército Rojo.
p El camino por el que los trabajadores de medicina habían llegado a la colaboración con el Poder soviético fue tan intrincado y escabroso como el de los maestros. Entre la parte superior de los intelectuales médicos hubo centros que intentaron llevarlos tras ellos contra el poder de los Soviets. Estos centros eran la Sociedad Pirogov y las directivas de la Unión Sindical de Médicos de toda Rusia y de la Unión de Sindicatos de Auxiliares Médicos de toda Rusia, es decir, de los practicantes. Al igual que entre los maestros, 1918 fue para los médicos, practicantes y enfermeras el año de viraje en su actitud hacia el Poder soviético.
p Después de su tristemente célebre llamamiento a los médicos, hecho el 22 de noviembre de 1917, en el que se les instigaba a "oponer resistencia a las fuerzas destructoras del país" y a "participar en la lucha contra la reacción que se avecina”, la directiva de la Sociedad Pirogov continuó la línea de “resistencia” al Poder soviético. El congreso extraordinario de la sociedad, celebrado del 13 al 15 de marzo de 1918 en Moscú, aprobó la actividad de los saboteadores en el ámbito de la medicina y adoptó varias resoluciones enfiladas contra el Gobierno soviético. El congreso acusó al Poder soviético de haber descompuesto el servicio médico-sanitario.
p La revista El médico social, órgano de la Sociedad Pirogov. desató una campaña de embustes y calumnias contra el Poder soviético, exigiendo que fuera "aislado moralmente”. En los artículos e informaciones insertos en la revista se definía el poder de los obreros y campesinos como "violencia absoluta" y "criminal experimento”, que llevaba a la "dominación de la anarquía general y de la guerra fratricida intestina”. En la revista aparecía la sección "Médicos en el campo de los bolcheviques”, que era una especie de "lista negra" en la que se incluían los apellidos de los médicos a los que se debía boicotear. Entre los primeros que figuraron en ella se hallaban los médicos comunistas Z. Soloviov, I. Rusakov y N. Semashko.
p Análoga actitud intransigente adoptaron la directiva de la Unión de Sindicatos de Auxiliares Médicos de toda Rusia y su órgano oficial. El noticiero del practicante. En verdad, sus ataques al Poder soviético fueron más inconciliables y desenfrenados incluso que los lanzados por directivos “pirogovianos”. Esta revista organizó la persecución de los practicantes que 112 colaboraban con los organismos soviéticos de sanidad e incitaba a pasar de la pasividad a la acción.
p Menos brusca, aunque, en el fondo, igual de intransigente, fue la conducta de la Unión Sindical de Médicos de toda Rusia, fundada en marzo de 1918, que era, en realidad, una rama de la Sociedad de Pirogov. La comisión organizadora de la Unión Sindical de Médicos hizo un llamamiento a todos los médicos rusos, invitándoles a apoyar los ideales de la "medicina social" y. de hecho, a oponerse al Poder soviético.
p A la par que proclamaban el "apoliticismo de la medicina”, las altas jerarquías de la intelectualidad médica sostenían una verdadera lucha política contra el Poder soviético, como lo confirmaban el carácter de su acción y las declaraciones de sus "líderes" y organizaciones. La falsedad e hipocresía de las declaraciones de “apoliticismo” de los médicos se vieron bien expresadas en el "Mensaje de los médicos de la región nórdica a los médicos de Inglaterra”, del 16 de agosto de 1919. En él se decía: "Nosotros... aseguramos que las tropas aliadas, defendiendo la región contra los llamados bolcheviques, no sirven en modo alguno los intereses de la reacción y a la restauración del antiguo régimen... Les exhortamos, camaradas médicos ingleses, a influir con su prestigiosa voz sobre su pueblo, a ayudarnos en esta hora llena de amenazas y, mediante el envío inmediato de fuerzas armadas, darnos la posibilidad de organizamos y establecer la paz y el orden en el país pisoteado por los bolcheviques”. La revista Noticias del Comisariado del Pueblo de Sanidad reprodujo en 1920 este mensaje, tomado de periódicos de los guardias blancos, presentándolo como ilustración del “apoliticismo” de los médicos y añadiendo, con cierto sarcasmo que "sobraban los comentarios".
p De todos modos, no se debe suponer que los trabajadores de medicina formaron frente único contra el Poder soviético. La Revolución de Octubre produjo una honda diferenciación entre ellos. La actividad antisoviética de los “pirogovianos” encontraba enérgica réplica de los trabajadores de medicina progresistas, alzados en apoyo del poder de los Soviets. Además, entre los intelectuales médicos había un grupo considerable de personas vacilantes que no habían calado aún en la verdadera raíz de los acontecimientos. Les intimidaba la novedad de las reformas de la esfera médico-sanitaria aplicadas por el Poder soviético, pero a la vez se indignaban por las formas de lucha que utilizaban contra este poder los “pirogovianos” y otros grupos de trabajadores de medicina que "no reconocían a los Soviets".
p Documento interesante de aquella época es una carta del médico N. Shvaitsar, sin filiación política, publicada en 113 Notician del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia el 17 de marzo de 1918. en la que censuraba duramente la posición del congreso de la Sociedad de Pirogov celebrado en marzo de 1918. "No han aprendido nada —decía N. Shvaitsar—. Las acusaciones de los pirogovianos contra los bolcheviques adolecen de los mismos lugares comunes que antes y son tan poco convincentes para las masas como siempre. Para salvar a Rusia ofrecen los medios arcaicos, harto trillados, inservibles en absoluto y criminales en la situación actual: hasta la huelga de médicos, de la que sólo se puede hablar enrojeciendo de vergüenza, sobre todo si se trata de los moscovitas”. Al final de su carta, N. Shvaitsar se dirigía a los médicos que continuaban "no reconociendo" el Poder soviético: "Se puede ser enemigo ideológico de los bolcheviques e incluso del bolchevismo (personalmente, como “salvaje”, no estoy afiliado a ningún partido), pero lo que no se puede hacer es dedicarse nada más que a la bolchevicofobia y no participar enérgicamente en la organización positiva de la vida, que en la actualidad es imposible sin contacto con el Poder soviético, por temor a que esa participación pueda afianzar a este poder... Créanme, él no se apoya en ustedes y no son ustedes quienes acabarán con él. Este poder no será eliminado mientras el pueblo sea la base sobre la que se sostiene.
p Quiéranlo o no, la nueva vida social les obligará a ustedes a subordinarse a sus poderosos imperativos".
p Ante el Partido Bolchevique se planteaba la compleja tarea de paralizar la actividad antisoviética de los “pirogovianos”, ahondar el proceso de diferenciación entre los trabajadores de medicina, arrancar a los intelectuales médicos de la influencia de los partidos pequeñoburgueses y atraerlos a la fructífera colaboración con los organismos del Poder soviético. En sus discursos y escritos del período de la guerra civil, V. I. Lenin habló reiteradamente del problema de organizar la medicina nueva, soviética, y exhortó a los médicos a dedicar al pueblo sus conocimientos y experiencia.
p En esta obra fue valiosísima la aportación de los médicos bolcheviques N. Semashko, Z. Soloviov, D. Uliánov (hermano de V. I. Lenin), I. Rusakov, M. Vladimirski, V. Obuj y otros. En numerosas intervenciones orales y escritas explicaron pacientemente y con gran tacto a amplios círculos de médicos, científicos y expertos en medicina, a profesores y practicantes que eran la propia lógica de la vida, los intereses del pueblo, el propio curso del movimiento de la ciencia médica, y no las órdenes desde arriba, lo que imponía la participación de los médicos en la organización de la medicina a base de los nuevos 114 principios. La conducta personal de aquellos hombres, dedicados abnegadamente a servir al pueblo, fue un ejemplo digno de imitar.
p Sin embargo, los esclarecimientos y las convicciones de los comunistas habrían sido poco eficientes si no hubieran estado apoyados en obras concretas. Después de la Revolución de Octubre experimentó grandes cambios la organización de la sanidad pública. El Estado soviético tomó a su cargo todas las instituciones sanitarias y asignó cuantiosas sumas para su sostenimiento. En julio de 1918 se formó el Comisariado del Pueblo de Sanidad, institución desconocida en la Rusia zarista, que centró en sus manos toda la obra médico-sanitaria del país. La asistencia médica se hizo gratuita y accesible a la población.
p Hay que señalar también la labor del primer órgano social impreso de la medicina soviética, la revista Noticias de la medicina soviética (posteriormente, Noticias del Comisariado del Pueblo de Sanidad), cuyo primer número apareció en mayo de 1918. Esta revista propagó ágilmente las ideas de la organización de los servicios médico-sanitarios a base de los nuevos principios, apoyó moralmente a los trabajadores de medicina que colaboraban con el Poder soviético y criticó acerbamente la acción antisoviética de los “pirogovianos” y otros enemigos de la democratización de la sanidad pública. La revista postuló la amplia incorporación de los intelectuales médicos a la creación del nuevo sistema de sanidad.
p Hacia el verano de 1918, entre los trabajadores de medicina se perfiló claramente el viraje hacia la colaboración con el Poder soviético. La mayoría de médicos, practicantes y otros trabajadores sanitarios trabajaba en los organismos e instituciones soviéticos. La necesidad de mantener relaciones laborales con el Poder soviético acabaron por reconocerla incluso las directivas de la Sociedad de Pirogov y de la Unión de Sindicatos de Auxiliares Médicos de toda Rusia. No cejaban de propagar la naturaleza "antidemocrática" del Poder soviético, pero espoleadas desde abajo por sus afiliados de la base, no tuvieron más remedio que entrar en contacto laboral con los organismos soviéticos de sanidad.
p Serguéi Mitskévich, que conocía muy bien el estado de ánimo de los intelectuales médicos, hablaría posteriormente en sus memorias de las razones que movieron a los trabajadores de la "medicina social" a entrar al servicio del Poder soviético: "... al principio, parte de los médicos decidió trabajar en las organizaciones soviéticas porque era preciso trabajar en algún sitio para poder vivir; por añadidura, el Poder 115 soviético se afianzaba de mes en mes, y las esperanzas en su próxima caída, abrigadas por muchos en los primeros tiempos, se desvanecían cada vez más. La mejor parte de los médicos vio que el Poder soviético se trazaba como objetivo el bienestar y la felicidad del pueblo, la salvaguardia y el desarrollo de la cultura; los científicos de la medicina se convencieron pronto de cuan grandiosas eran las perspectivas que el Poder soviético abría al progreso de la medicina científica, y, como expresa Lenin, llegaron a reconocer el comunismo a través de los elementos de juicio que les ofrecía su ciencia".
p El proceso del paso de los trabajadores de medicina a la colaboración con el Poder soviético no fue, por supuesto, un acto simultáneo. En tanto que en las zonas centrales de Rusia el brusco viraje en las convicciones políticas de los intelectuales médicos se produjo ya en la primavera o el verano de 1918, en los lugares ocupados por las tropas de guardias blancos se retardó considerablemente este proceso y sólo tuvo lugar después de que fueron liberados aquellos territorios.
p Más complejo fue el proceso de reconocimiento del Poder soviético por los hombres más representativos de la intelectualidad médica, que en su mayoría figuraban en la Sociedad Pirogov. Por su composición numérica, esta sociedad era relativamente pequeña. En 1919 contaba con 845 miembros, y en 1920, con 1.126. Sin embargo, agrupaba a los facultativos más cualificados. Su concurso a la estructuración de la medicina soviética y a la amplia organización de la asistencia médica a la población habría sido muy valioso.
p La Sociedad Pirogov no constituía un todo estrechamente unido. En su misma directiva existían serias divergencias en cuanto a la determinación de la línea política. El giro de los acontecimientos, y en particular las medidas del Poder soviético en la esfera de la sanidad, obligó a una parte de los “pirogovianos” a reconsiderar sus opiniones. Ya entre finales de 1917 y comienzos de 1918 médicos prestigiosos empezaron a ofrecer su concurso a los organismos soviéticos. Los "pirogovianos" más activos no podían dejar de advertir las iniciativas progresistas del Poder soviético en el ámbito de la sanidad. Además, si se tiene en cuenta que el congreso celebrado por los “pirogovianos” en marzo de 1918 adoptó, a la par con las retumbantes resoluciones sobre el "no reconocimiento" del Poder soviético, el acuerdo de formar una comisión para combatir las epidemias, cabe suponer que incluso en un medio de clima tan antisoviético como el de los “pirogovianos” se daban ciertos pasos iniciales hacia la colaboración constructiva con el nuevo poder.
116p Al formarse en julio de 1918 el Comisariado del Pueblo de Sanidad se acentuó visiblemente el viraje de los “pirogovianos”. Muchos de ellos entraron a trabajar en los organismos del Comisariado y algunos fueron incluidos en su Consejo Científico.
p El proceso de diferenciación en la cúspide de los "pirogovianos" y la captación de su mejor parte para que colaborara con el Poder soviético fueron bastante espinosos. Nikolái Semashko, que por el presidente da la Sociedad Pirogov fue invitado a asistir a una de las reuniones de su directiva, contaría más tarde que, después de su informe sobre los principios de la medicina soviética, los reunidos organizaron contra él una especie de obstrucción. "Me atacó sobre todo Dorf, miembro de la directiva, que en un acceso de furor injurió al Poder soviético y a la sanidad soviética. Sólo el tacto y la autoridad de L. Tarasévich frenaron las pasiones del agresor. El asunto, naturalmente, no terminó en una simple formalidad. Unos días después de esta reunión, diversos médicos destacados conversaron con Tarasévich para tratar de la situación. Todos, a porfía, procuraron denigrar el Poder soviético, como anticipándose a expresar la actitud adversa a él que suponían en el propio presidente de la sociedad. Mas en esa reunión, el profesor Tarasévich dijo de pronto, para asombro de todos los presentes. "No, en vano se pronuncian ustedes tan negativamente respecto al informe sobre las tareas de la medicina soviética. Aquí hay algo, por cierto interesante y progresivo, y nosotros debemos saludarlo”. Estas palabras de Tarasévich causaron enorme impresión e hicieron vacilar a muchos en su actitud hostil hacia la medicina soviética. Conviene decir que posteriormente L. Tarasévich participaría con la mayor intensidad en la obra de asegurar asistencia médica a la población.
p Semejante cambio típico en la apreciación de la labor del Poder soviético se observó en P. Diatróptov, otro destacado dirigente de la Sociedad de Pirogov, a pesar de que en noviembre de 1917 había estampado su firma al pie del llamamiento antisoviético de la directiva de los “pirogovianos”. "Poco después de la Revolución de Octubre —recordaría N. Semashko—, cuando yo estaba al frente de la Sección de Sanidad de Moscú, vino a verme P. Diatróptov con la intención de conciliar con el organismo de Sanidad del Poder soviético a los médicos de dispensarios de Moscú, que hasta entonces mantenían una actitud saboteadora. Basta recordar la huelga de Moscú a la sazón para formar juicio de este hecho. En aquel tiempo la mayoría de los médicos moscovitas boicoteaban a la Sección de Sanidad del Soviet de Moscú. En algunos sitios el 117 boicot se convirtió en sabotaje... Y de pronto se presentó P. Diatróptov, hombre de nivea cabellera, que había visto y trabajado mucho en su vida y que, en realidad, en unión de su amigo L. Tarasévich, dirigía la Sociedad de Pirogov, para ofrecer la "rama de la paz" al Poder soviético; es más, actuaba como intermediario para incorporar a los médicos moscovitas al trabajo soviético".
p Advirtamos que el Poder soviético obró con suma cautela y tacto respecto a la Sociedad de Pirogov, pues confiaba en que poco a poco se incorporaría por entero a la organización de la medicina soviética. En efecto, la mayoría de los médicos rompieron con esta asociación, pero un pequeño grupo de sus miembros más activos se mantuvo aferrado a sus viejas concepciones ideológicas. La sociedad siguió existiendo unos años más y sólo fue disuelta en febrero de 1925.
p A la obra de convencimiento de los trabajadores de medicina para que colaborasen con el Poder soviético y de organización y funcionamiento del nuevo sistema de protección de la salud del pueblo coadyuvó considerablemente la fundación de la Unión de Trabajadores de Medicina de toda Rusia. Mas tampoco después de ser constituida se logró la completa unión de los trabajadores de medicina en el movimiento sindical: muchos médicos no se adhirieron al nuevo sindicato, siguiendo perteneciendo a la Unión de Sindicatos de Médicos de toda Rusia. Considerando anormal esta situación, la revista Noticias del Comisariado del Pueblo de Sanidad criticó enérgicamente a los dirigentes de esta asociación profesional, que torpedeaban la inclusión de los médicos en un sindicato único, y les previno sobre que, si no cambiaban de política, correrían el riesgo de verse en la situación de unos jefes militares sin ejército. Presionados por la opinión médica, los dirigentes de la Unión de Sindicatos hubieron de aceptar prolongadas conversaciones sobre el ingreso en la Unión de Trabajadores de Medicina de toda Rusia. A comienzos del verano de 1920 los médicos se integraron en ella.
p El Estado soviético se preocupó del aspecto material de la vida de los trabajadores de medicina. En aquellos difíciles años de la guerra civil no era posible hacer mucho en este sentido, pero, no obstante, el Gobierno concedió a los médicos ciertas ventajas y preferencias. Por ejemplo, el 10 de diciembre de 1919 V. I. Lenin firmó el decreto del Consejo de Defensa "Acerca de los subsidios al personal sanitario militar en los frentes”, en el que se disponía la entrega de un subsidio por una vez, así como equipo, calzado y prendas de abrigo, sin guardar turno, al 118 personal sanitario militar enviado al frente. A sus familias se les aseguraban cartillas de racionamiento complementarias.
p El mismo año se aprobaron las "Normas temporales sobre la ayuda asegurada a los trabajadores médicos en caso de enfermedad o fallecimiento a causa de epidemias”, según las cuales a los trabajadores de medicina enfermos se les pagaba todo el sueldo en dinero que percibían anteriormente y se les concedía un mes de vacaciones, fuera de turno, una vez restablecidos. Para las familias de los trabajadores de medicina caídos en la guerra se establecieron pensiones más elevadas.
p La mayoría de los trabajadores de medicina, convencida de la consistencia del Poder soviético y de la eficacia de sus medidas en materia de sanidad, se sumó a la construcción del socialismo. En las graves condiciones de la guerra civil y del desbarajuste económico supo cumplir con su deber.
p En la historia de la medicina soviética ha quedado inscrita como una heroica página la lucha del personal médico contra las epidemias de tifus, tifus exantemático, cólera y gripe en 1919-1920. "Sin exageración alguna puede decirse —escribió Z. Soloviov— que la lucha antiepidémica en el período de la guerra civil fue un asalto, un porfiado y cruento asalto, al que se lanzó conscientemente el médico militar, impulsado por su deber profesional y revolucionario”. La mayoría de los trabajadores de medicina sufrieron en estos años el tifus y el tifus exantemático. La mortalidad entre el personal médico fue cuatro veces mayor que entre el resto de la población. Con igual abnegación trabajó el personal de las instituciones de la Cruz Roja y de los hospitales rurales y urbanos. Por ejemplo, los dirigentes del servicio de sanidad de la provincia de Perm señalaron reiteradamente que entre los médicos no se dio un solo caso de negativa a trabajar en los sectores más peligrosos.
p El pueblo apreció altamente el noble trabajo y la abnegación del personal médico-sanitario. En la prensa central y local y en los periódicos del Ejército Rojo de aquel tiempo se pueden encontrar numerosas cartas y notas de habitantes de pueblos y ciudades y de soldados rojos heridos o enfermos que expresaban su gratitud a los trabajadores de medicina. Muchos de ellos fueron condecorados con órdenes, diplomas de honor y valiosos regalos.
Los trabajadores de medicina fueron uno de los primeros destacamentos de la intelectualidad burguesa que cesaron el sabotaje contra el Poder soviético y entraron al servicio del Estado obrero y campesino.