138
Capítulo IV
LA INTELECTUALIDAD EN EL
PERIODO
DE RESTABLECIMIENTO
DE LA ECONOMÍA NACIONAL
 
EL PASO A LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA
Y LA INTELECTUALIDAD.
REANIMACIÓN DE LA IDEOLOGÍA BURGUESA.
LA TENDENCIA DEL “CAMBIO DE JALONES”.
REFORZAMIENTO DEL FRENTE IDEOLÓGICO.
 

p Después de cuatro años de guerra imperialista y tres años de guerra civil, el país quedó arruinado. Los intervencionistas y los guardias blancos ocasionaron enormes daños a la economía nacional, cifrados en 50.000 millones de rublos oro  [138•1 . Destruyeron fábricas, minas y medios de transporte. En 1920, la producción de la gran industria sólo llegó al 14,3% de la obtenida antes de la guerra. Quebrantada por la contienda bélica, la agricultura no podía asegurar el abastecimiento de productos alimenticios a la población. En el país se sentía una gran escasez de los artículos más necesarios, como pan, grasas, calzado, ropa, sal, jabón, kerosene y otros. En 1921, muchas regiones cerealistas (cuenca media e inferior del Volga, zona esteparia del sur de los Urales, Cáucaso, Crimea y parte de Ucrania) sufrieron una gran sequía, lo que provocó el hambre en masa. La guerra acarreó al país tremendas pérdidas humanas. De 1918 a 1920, tan sólo el Ejército Rojo perdió un millón de hombres. En total, durante este período en la República Soviética fueron muertos y heridos y perecieron a causa de las epidemias y el hambre unos ocho millones de personas  [138•2 .

p El desbarajuste económico, la pobreza y el hambre provocaron el profundo descontento de los campesinos. Durante la guerra se habían resignado a la contingentación de productos alimenticios  [138•3  y a la falta de mercancías. Mas en cuanto terminó 139 la guerra, el campesino empezó a exigir que se aboliera la contingentación y se le suministraran mercancías. A causa del cansancio y de las dificultades materiales también surgió el descontento entre parte de la clase obrera. Todo esto debilitó la base clasista de la dictadura del proletariado.

p Los enemigos del Poder soviético intentaron aprovechar para sus objetivos la compleja situación del país. Los eseristas, mencheviques y nacionalistas burgueses provocaron motines antisoviéticos en distintas zonas del país. El 28 de febrero de 1921 estalló una sublevación en Cronstadt, organizada por los eseristas y mencheviques.

p Las dificultades que atravesaba la República Soviética se reflejaron en el seno del partido. El otoño de 1920 se inició la discusión sobre los sindicatos, promovida por Trotski, y entró en acción la "oposición obrera”. Una parte de los comunistas se empezó a vacilar, bajo el influjo de una errónea idea acerca de las vías del desarrollo socialista.

p En estas circunstancias tan complicadas e increíblemente penosas se hubo de superar el desbarajuste económico y restablecer el nivel de la producción de antes de la guerra, tanto en la industria como en la agricultura. "Nos derrotarán —escribió Lenin entonces— si no logramos restablecer nuestra economía"  [139•4 .

p Rigiéndose por las leyes económicas de desarrollo de la sociedad y teniendo en cuenta minuciosamente la correlación de fuerzas en el país, V. I. Lenin trazó la línea que llevaba al robustecimiento y desarrollo de la construcción socialista, la línea de la Nueva política económica (Nep), aprobada por el X Congreso del PC (b) de Rusia, celebrado en marzo de 1921.

p La Nueva política económica del período de transición del capitalismo al socialismo estaba orientada a establecer una sólida alianza económica y política entre la clase obrera y los campesinos trabajadores, Esta política era la que reflejaba más ampliamente las leyes económicas objetivas del período de transición. Para restablecer la economía y edificar la sociedad socialista, el Estado, sin soltar de sus manos las empresas grandes y medianas, autorizó concesiones, arriendos y empresas privadas. En el marco del monopolio estatal sobre el comercio exterior y del comercio estatal y cooperativo, se 140 toleró la existencia de establecimientos comerciales privados. A los campesinos se les concedió el derecho de elegir la forma de cultivo de la tierra y se permitieron los arrendamientos agrícolas y la contratación de mano de obra. En sustitución de la contingentación de productos alimenticios fue implantado el impuesto en especie. El Estado fijó la cuantía de este impuesto en forma de porcentaje respecto a la cosecha de toda la tierra laborable de cada hacienda, tomando en consideración el número de miembros de la familia aptos para el trabajo, la existencia efectiva de ganado y el promedio del rendimiento agrícola por hectárea en la respectiva localidad. Después de pagar el impuesto, el campesino podía disponer libremente de los excedentes de su hacienda y venderlos en el mercado. Esto condujo a la extensión del comercio entre la ciudad y el campo y al fortalecimiento de la alianza obrera y campesina.

p En las condiciones históricas de la época esta fue la única vía correcta y posible que llevaba al socialismo.

p El restablecimiento de la economía se llevó a cabo en medio de extraordinarias dificultades. Faltaban equipo industrial, materiales de construcción, materias primas, dinero y víveres. Grandes obstáculos ocasionaba asimismo la gran insuficiencia de especialistas de alta cualificación.

p Los órganos del partido y de los Soviets habían acaudalado considerable experiencia de trabajo con la intelectualidad burguesa en el período de la guerra civil. El paso a la Nueva política económica no introdujo cambios de principio en la actitud del partido hacia los intelectuales. Sin embargo, en las condiciones de la Nep cobraron mayor importancia política y práctica las cuestiones relacionadas con la aplicación racional de la experiencia y los conocimientos de los hombres de la ciencia, la técnica y la cultura y con su reducación en el espíritu socialista.

p Mas a diferencia de los años de la guerra civil, cuando la lucha frente a la contrarrevolución interior y exterior exigió prestar especial atención a los especialistas militares, en el período de posguerra ocuparon el primer plano los problemas relativos a la utilización de los conocimientos y la experiencia de la intelectualidad científico-técnica, en particular de los ingenieros y de quienes trabajaban en la esfera de la cultura.

p En la estructura general de la sociedad soviética de aquel período, la intelectualidad constituía una capa muy reducida. Su sector más nutrido era el magisterio. En cuanto a los trabajadores científicos, los ingenieros, el profesorado de las escuelas superiores y medias especializadas, los médicos, los literatos y los artistas, formaban grupos muy poco numerosos. 141 Y en aquel entonces esta era la única fuerza cultural real que el Poder soviético tenía a su disposición. La tarea estribaba, pues, a la par de preparar intelectuales propios, soviéticos, en convertir a los especialistas burgueses, según la expresión de V. I. Lenin, de servidores de los capitalistas en servidores de las masas trabajadoras y consejeros de ellas.

p ¿Cómo acogió la intelectualidad el paso del Estado soviético a la Nueva política económica? Naturalmente, toda la intelectualidad saludó esta política, ya por el hecho de que aliviaba su situación material y la de todo el pueblo trabajador y permitía elevar el nivel de vida. Esto, después de los años de hambre durante la guerra civil, era bastante importante para los intelectuales. Por eso, reaccionaron unánimemente ante el cambio con el mayor júbilo.

p Por lo que se refiere a la valoración política de la Nueva política económica y a su influencia en el destino de la revolución y del país, no cabe hablar de unanimidad. Los aspectos políticos de la Nep se interpretaron de diversa manera por los distintos grupos de intelectuales. Los motivos de ello eran muchos: la heterogeneidad social de la intelectualidad, sus vínculos con diferentes partidos y agrupaciones, la experiencia política, la situación económica, etc. Mas dentro del gran abanico de criterios, se podía señalar algunos grupos de intelectuales que se distinguían por “su” interpretación de la Nueva política económica y, en ligazón con ella, de la situación política y económica del país, de las perspectivas de desarrollo social, económico y cultural.

p Un grupo considerable de intelectuales, que había adquirido experiencia en la colaboración creadora con el Poder soviético en los años de la guerra civil, acogió la Nueva política económica como un testimonio de la vitalidad y la flexibilidad política del nuevo poder y supo apreciar cabalmente las posibilidades que ofrecía esta política para el ascenso económico y cultural del país. Estos intelectuales veían que precisamente en las condiciones del Estado socialista abríase ante los trabajadores de la ciencia, de la técnica y de la cultura un infinito campo de aplicación real de todos sus conocimientos y experiencia al trabajo creador.

p Cada año aumentaba el número de científicos, técnicos y trabajadores culturales que ayudaban sinceramente a la clase obrera y al campesinado a vencer las ingentes dificultades y a poner en pie la economía destruida. Trabajaban honrada y concienzudamente en fábricas, institutos de investigación científica, escuelas, hospitales y en el aparato del Estado. A estas personas se las podía llamar ya con todo fundamento 142 especialistas soviéticos. Las mejores de ellas habían ingresado en el Partido Comunista. Por ejemplo, el conocido científico I. Gubkin escribió: "Me siento dichoso de que el partido me hay a dispensado un gran honor y me haya admitido en sus filas... Este título lo pongo ante todo y lo aprecio más que todos los títulos obtenidos... merced a un tesonero trabajo. Lo aprecio más que a la vida, que estoy dispuesto a ofrecer, al primer requerimiento del partido, por la grandiosa obra de la emancipación del trabajo de la opresión del capital y por el magnífico futuro de la humanidad en la sociedad comunista"  [142•5 .

p La Nueva política económica fue aprobada por una parte considerable del magisterio, en cuyo estado de ánimo político se habían producido importantes cambios. En su mayoría, los maestros habían aceptado con la mejor disposición la colaboración con el Poder soviético. Por supuesto, hubo aún quienes prosiguieron haciendo cierta oposición y, a veces, mantenían una actitud hostil hacia el nuevo poder, pero ya no eran ellos los que determinaban la verdadera fisonomía de la masa del magisterio.

p Los intelectuales científicos también revisaban sus antiguos postulados ideológicos, que parecían inmutables. La Revolución de Octubre obligó a los representantes de la ciencia burguesa a reflexionar seriamente sobre los problemas del desarrollo social e intentar ahondar con sentido crítico en el pasado y analizar lo que había sucedido, cuáles eran las raíces de los acontecimientos acaecidos en Rusia y qué consecuencias podían traer. Los intelectuales científicos que habían formado una sensata opinión del tiempo presente trabajaban con honradez en el campo de la ciencia, más aún cuando la Nueva política económica creaba nuevas posibilidades para ello.

p Sobre todo ante los ingenieros y técnicos quedó abierta una amplia esfera de aplicación de sus conocimientos y experiencia. La Nueva política significaba un brusco viraje hacia la construcción con espíritu creador, y esto no podía dejar de repercutir entre la considerable masa de la intelectualidad técnica. Por eso, en la Nep vio un fenómeno positivo.

p Sin embargo, esta actitud realista la mantenía solamente una parte de la intelectualidad. Sus representantes más reaccionarios contemplaban laNueva política como una "artimaña" más de los bolcheviques, como una maniobra que perseguía el objetivo de "engañar a las masas”. De ahí que siguieran 143 confiando en que sólo la fuerza, con ayuda de la intervención extranjera, podía cambiar el curso de los acontecimientos.

p La participación de intelectuales en complots y sublevaciones en los primeros años de la Nueva política económica fue bastante corriente. La llamada "organización de combate de Petrogrado”, descubierta en 1921, estaba dirigida por el profesor V. Tagántsev y parte considerable de sus miembros eran intelectuales. Asimismo, intelectuales contrarrevolucionarios participaron en la actividad antisoviética del Comité de toda Rusia de ayuda a los hambrientos, en el Centro de Acción ucraniano, en las organizaciones terroristas del partido de los eseristas, en la sublevación de Cronstadt y en revueltas en la región de Tambov, en Siberia Occidental y en Georgia. Este grupo de intelectuales era poco numeroso, pero su acción antisoviética representaba cierto peligro.

p Entre estas dos zonas de la intelectualidad, antípodas respecto a su actitud hacia el Poder soviético y su política, se hallaban los neutrales, los “izquierdistas” y otros intelectuales que interpretaron la Nueva política económica en consonancia con sus esperanzas y convicciones políticas.

p A la Nep le dieron un enfoque muy particular aquellos intelectuales que ocupaban el extremo mismo del flanco “izquierdo” o que se embozaban con una fraseología seudorrevolucionaria. Precisamente entre ellos cundían las ilusiones pequeñoburguesas y los extravíos románticos. La relativa admisión de elementos capitalistas en la economía del país llenó de pánico a los intelectuales “izquierdistas”, que la tomaron por una entrega de posiciones al capitalismo en todo el frente. Se desgañitaron anunciando la "era del diablo" y prometieron que lucharían contra los bolcheviques por... "los ideales de los bolcheviques”. Sin duda, en el grupo de los intelectuales de “izquierda” había personas que, por no comprender lo esencial de la Nueva política económica, expresaban su sincera alarma por la suerte de la revolución. Pero, al mismo tiempo, entre ellos actuaban “revolucionarios” que, llevados por el único fin de comprometer a los bolcheviques, clamaban contra el "hundimiento de la revolución" y su degeneración.

p Sin embargo, el grupo más numeroso era el de los “neutrales”, que prefería interesarse únicamente por sus asuntos estrictamente profesionales y no meterse en política.

p Por sus convicciones ideológicas, hábitos y tradiciones, la mayoría de la intelectualidad, ante todo los intelectuales que en la época zarista recibían elevados sueldos, continuaba fuertemente vinculada al pasado. Estos intelectuales, que en los años de la guerra civil quedaron privados de sus privilegios 144 económicos, sentían desconfianza hacia el nuevo poder. Las dificultades de la vida diaria provocaban entre ellos cansancio e irritación. Debe señalarse que en el seno de la intelectualidad seguían moviéndose mucho los restos de los partidos antisoviéticos derrotados, que atizaban en ella la volubilidad y el ausentismo políticos.

p La Nep ejerció inmensa influencia sobre todas las esferas de la vida de la sociedad soviética. La porfiada lucha en el frente económico se libraba a la par con un combate no menos reñido en el campo ideológico, el combate por las ideas y los sentimientos de los ciudadanos.

p La Nueva política económica profundizó y aceleró el proceso de diferenciación de la intelectualidad. De un lado, hizo que de su seno se destacaran más rápidamente las personas leales al Poder soviético y empezasen a prestarle activo apoyo. De otro lado, las condiciones políticas de la aplicación de la Nep (admisión parcial del capitalismo en la economía nacional, etc.) facilitaron objetivamente al ala derecha de la intelectualidad burguesa la posibilidad de intensificar su acción antisoviética.

p El paso a la Nueva política económica fue interpretado por parte de los intelectuales burgueses como el retorno al régimen capitalista. En la tesis del Comité Central del partido Veinticinco años de PC (b) de Rusia se decía: "Como resultado del restablecimiento parcial del capitalismo en el marco del sistema soviético, en los primeros meses de 1922 se ha puesto de manifiesto una reanimación de la actividad de los restos de la intelectualidad burguesa y se ha formado el pretendido frente ideológico (el resurgimiento de la ideología burguesa)".

p Entre los intelectuales burgueses comenzó a circular la teoría de la transformación del Estado soviético en una república burguesa parlamentaria, de la economía socialista en capitalista. La "crítica" de las ideas socialistas cobró formas veladas, se hacía enarbolando la bandera del “mejoramiento” del socialismo.

p La ideología burguesa, amén de otras consecuencias perniciosas, causaba los efectos más nocivos en la reducación de los intelectuales. Reaviváronse las esperanzas de restauración, las ilusiones en la inconsistencia del Poder soviético, resurgieron el misticismo, el idealismo y las ideas oscurantistas.

p Esto se expresó en las formas más diversas. Las publicaciones suspendidas en los años de la guerra civil por su evidente antisovietismo y las sociedades y asociaciones de la intelectualidad burguesa disueltas por el mismo motivo reanudaron su actividad al iniciarse la Nueva política económica.

145

p Por ejemplo, en febrero de 1921 reanudó sus reuniones en Petrogrado la Asociación Filosófica, que tenía un órgano de prensa, la revista Mysl. Las páginas de esta publicación estaban llenas de concepciones oscurantistas, propagaban el misticismo y el idealismo y arremetían contra la teoría marxista. La revista mostraba clara preferencia por la religión frente a la ciencia. La Nueva política económica fue acogida por los intelectuales reaccionarios como una prueba de la crisis del bolchevismo y de sus ideales comunistas, como el fin de la revolución y el comienzo del lento descenso "desde la gran utopía a la sensata apreciación de la realidad renovada”. Como objetivo final del desarrollo de la revolución y de la vida sociopolítica y económica del país se proponía el restablecimiento del sistema político y económico burgués.

p Un rasgo distintivo de las exigencias políticas de los ideólogos de estas capas intelectuales fue el propósito de arrancar del control del partido y del Estado los sectores principales de la vida política y cultural del país. La revista Znamia, órgano de los intelectuales de corte eserista, reclamaba "reducir a cenizas hasta sus cimientos" el sistema soviético de gestión de la economía. Postulaba como reivindicación programática el "socialismo integral”, que "no está sujeto ni vinculado a una clase o a unos grupos determinados”. Los dirigentes de la antigua Unión de Maestros de toda Rusia propagaban entre los maestros la idea de la instrucción pública apolítica, instigando a que las escuelas quedaron fuera del control del partido y del Estado. La revista El médico social, órgano de los “pirogovianos”, que empezó a publicarse en 1922, demandó que todo el servicio médico-sanitario pasara a depender de los denominados Burós sanitarios, organismos colegiales con presidencias electivas, que deberían ser independientes del Poder soviético. Sugería que la red sanitaria rural se pusiera en manos de los organismos de los zemstvos  [145•6 , que la revista exigía restablecer. Los catedráticos hacían declaraciones en las que propugnaban que las escuelas superiores fuesen independientes del Estado.

p En la naciente "nueva ideología" de la intelectualidad burguesa también ocupaban un lugar visible las ideas sobre la "conciencia nacional”, es decir, el nacionalismo ruso y el chovinismo de potencia dominante, Al promover la formación 146 de un fuerte "Estado ruso”, los ideólogos burgueses pisoteaban los intereses nacionales de los pueblos habitantes del país. Para ellos las regiones periféricas de Rusia sólo eran, en realidad, colonias, fuentes de materias primas para la metrópoli.

p Al implantarse la Nueva política económica volvió a ser objeto de empeñada discusión un problema que había interesado vivamente a los círculos liberales después de la Revolución de Febrero: el lugar y la misión de la intelectualidad en la vida sociopolítica del país. La admisión parcial de elementos capitalistas en la esfera de la economía hizo forjar esperanzas a los ideólogos de la burguesía en que se produciría también una Nep en la esfera política. Entre otras cosas, se difundieron bastante ampliamente las reivindicaciones de independencia política de la intelectualidad e incluso de que fuera admitida a formar parte de la dirección del país en pie de igualdad con la clase obrera. Uno de los líderes de la parcela reaccionaria de la intelectualidad, A. Izgóev (conocido por el seudónimo de A. Lande), declaró que "la intelectualidad deba ser independiente del poder en los aspectos espiritual y moral"  [146•7 .

p En el artículo Acerca de las tareas de la intelectualidad, A. Izgóev trató bastante detalladamente del lugar y la misión de los intelectuales en la Rusia posrevolucionaria. En él, hablando en nombre de cierto grupo de intelectuales burgueses, afirmaba que precisamente la intelectualidad debía ser la "preceptora espiritual" del pueblo. Según Izgóev y sus partidarios, la intelectualidad estaba llamada a actuar como una fuerza situada por encima de las clases y los partidos, que debería "esclarecer la opinión pública del país y crear condiciones para la convivencia pacífica bajo el mismo techo de grupos separados con frecuencia por intereses contrapuestos y hostiles”, ya que "bajo la ley del lobo es inconcebible la vida conjunta de diferentes grupos sociales. Hay que crear relaciones humanas"  [146•8 .

p Por A. Izgóev no se suscitaba todavía la cuestión de dar acceso a la intelectualidad a la dirección del país con derechos iguales a los de la clase obrera, circunscribiendo su misión a la de "magisterio espiritual”. Más hubo también "teóricos" que, no queriendo enredarse en sutilidades sofísticas, exigieron sin rodeos la sustitución del poder. Por ejemplo, el director de la revista Nóvaya Rossía, I. Lezhnev, escribió a mediados de 1922: "La intelectualidad debe dejar de jugar el humillante papel de fuerza auxiliar y mercenario forzado del Estado. En el futuro 147 resurgimiento económico-cultural de Rusia la intelectualidad... tiene derecho a ejercer una función independiente en los asuntos del Estado... En estos tempestuosos años la máquina administrativa estatal se ha gastado físicamente y necesita una sensible reparación... Es preciso remozar el aparato... La intelectualidad debe aprovechar la posibilidad que aparece ante ella de ir hacia nuevos núcleos de energía y voluntad social, de ir... no como tercer elemento a cargo del Estado, sino como fuerza sociocultural... dueña de sí misma"  [147•9 .

p A los ideólogos burgueses les preocupaba especialmente el sucesivo rumbo de la construcción económica. Abogaban por que en la gran industria no fuera "prohibida a la iniciativa privada" y por que, en general, se dejara campo abierto a la acción empresarial privada, fuera suprimido el monopolio del comercio exterior, se tolerase la participación del capital extranjero y se desecharan los principios de la gestión económica planificada. A este programa de encauzamiento del país por la vía capitalista se le dio el nombre de "liberalismo económico”. Su expresión más patente la encontró en las revistas Ekonomist y Ekonomfcheskoe vozrozhdenie, publicadas en 1922 en Petrogrado, cuyos colaboradores eran principalmente, economistas de corte demócrata constitucionalista. En toda una serie de largos artículos revelaban ciertas esperanzas en la restauración del capitalismo.

p Los publicistas burgueses dedicaban primordial atención a la crítica de los fundamentos de la ciencia económica marxista y a revisar la política del Partido Comunista y del Estado soviético en orden a todos los problemas económicos más importantes. Intentaron demostrar la espontaneidad y la imposibilidad de controlación de las leyes del desarrollo económico y la inutilidad de la ingerencia del hombre en el "mecanismo económico”. Partiendo de esto, decían que el Estado soviético no estaba en condiciones de influir sobre el curso de los procesos económicos, por lo cual era mejor retornar al modo capitalista de economía, acreditado en la práctica.

p A juicio de los teóricos de la restauración, los principios económicos fundamentales debían ser los de la libre empresa capitalista. Para salvar a Rusia del caos del desbarajuste económico proponían marchar por la vía de la atracción de capital extranjero, tratando de demostrar que la realidad obligaba incluso a los "comunistas convencidos" a "esperar el mejoramiento merced al retorno parcial al capitalismo libre".

148

p En las revistas Ekonomist y Ekonomícheskoe vozrozhdenie se dispensaba considerable atención a las perspectivas de desarrollo de la agricultura. Sus colaboradores rechazaban la idea leninista de la cooperación en la agricultura y decían que estaban equivocados quienes "ven en la cooperación el camino de socialismo”. Los apologistas del "liberalismo económico" exhortaban de hecho a ahondar la desigualdad en el campo y se orientaban principalmente hacia el kulak, el capitalista agrícola.

p Estas eran algunas de las concepciones de la "nueva ideología" en cierne de la intelectualidad burguesa, ideología que en esencia se orientaba en definitiva hacia el restablecimiento del régimen capitalista.

p Las tendencias restauradoras se vieron reflejadas asimismo en la literatura y el arte. Algunos literatos exaltaban alborozados al nuevo hombre, al nepman  [148•10 ”, destinado a hacer "resurgir y sanear" a Rusia.

p Al tiempo que no cejaban en la lucha contra las tendencias reaccionarias en el seno de la intelectualidad, el Partido Comunista y el Estado soviético se esforzaban tesoneramente por atraer a los intelectuales a la construcción de la nueva vida. Pero, como se ha dicho más arriba, no toda la intelectualidad, ni mucho menos, comprendió el verdadero sentido de lo que sucedía. Muchos intelectuales, aun insertados en la vida económica y cultural del país, seguían siendo "emigrantes interiores”, que añoraban la restauración del capitalismo. Participaban en el restablecimiento de la economía y en la vida cultural del país considerando completamente posible e inevitable la paulatina regeneración del Estado soviético en una república democrático-burguesa.

p Debe señalarse que tal modo de pensar no constituía algo nuevo de la intelectualidad en este período. La idea de que Rusia, después de recorrer un turtuoso camino de experimentos y cataclismos sociales, arribaría a las "formas normales de vida estatal" no fue abandonada por cierta parte de la intelectualidad rusa tampoco durante la guerra civil. La instauración de la Nueva política económica y, unido a ello, el hecho de que parte de la influyente intelectualidad blanca en la emigración llegara también a deducir que era posible la "transformación del bolchevismo en parlamentarismo" no hicieron más que espolear tales tendencias. De ahí que merezca la pena referirse a los rasgos característicos de los procesos que se operaron entre la emigración blanca bajo el influjo de los éxitos del Poder soviético y a la formación del movimiento que en la literatura 149 política obtuvo el nombre de smienovejismo “(cambio de jalones”).

p Como es sabido, la emigración blanca constituía un peligro no pequeño para la República Soviética. "Han conservado su organización de clase en el extranjero—dijo V. I. Lenin en 1921, hablando de los terratenientes y capitalistas—como emigración, que asciende probablemente a millón y medio o dos millones de personas y tiene más de cincuenta diarios de todos los partidos burgueses y “socialistas” (es decir, pequeñoburgueses), restos del ejército y numerosos vínculos con la burguesía internacional. Esta emigración trabaja con todas sus fuerzas y por todos los medios para derribar el Poder soviético y restaurar el capitalismo en Rusia"  [149•11 .

p Entre la emigración blanca había un grupo considerable de intelectuales. En el extranjero la mayoría de ellos arrastraba la vida más indigente. Sin medios de existencia y sin conocer el idioma y las costumbres de los países donde se habían refugiado, fueron a engrosar las filas del lumpenproletariado y de los sin trabajo. El ingeniero se contrataba como conductor de taxi, el general vestía la librea de portero y el oficial se alistaba en la Legión Extranjera. El pintor I. Bilibin escribió con gran amargura sobre sus sufrimientos en la emigración y la situación del intelectual refugiado, falto de derechos, en el extranjero: "Desde septiembre de 1917 hasta septiembre de 1919 viví en Crimea. Después tuve que “largarme” a Novorossiisk, allí dormí en el suelo de los vagones y de algunas oficinas... Luego logré salir con la evacuación inglesa... estuve tras el alambre de espino del campo de concentración de -Tel El Kebir, odiosamente abrasador, perdido en las arenas del desierto, y, al fin, fui a parar a la famosa ciudad de El Cairo, donde trabajo mucho... Lo que me pagan por todo es una verdadera miseria, y apenas llega para vivir, pero no se puede discutir, pues eres un refugiado y un sansculotte: toma lo que te dan y encima da gracias a Dios... Mi trabajo predilecto, el de libros, no lo hay en absoluto. A veces siento gran nostalgia de Rusia y me entran deseos de ir allí"  [149•12 .

p Profundo desengaño por ei desenlace de la lucha contra el Poder soviético, pesimismo, oquedad espiritual, accesos de histeria reaccionaria, odio inconciliable a todo lo "soviético" en unos y completa postración espiritual, como especie de choque, 150 en otros: todo esto era lo que caracterizaba a la emigración blanca de aquel período.

p Entre tanto, la situación en la Rusia Soviética se robustecía. Afianzábanse sus posiciones en la arena internacional y en el país cobraban amplitud los trabajos de restablecimiento de la economía. Abríanse grandes perspectivas de construcción económica y cultural en un futuro no lejano. En estas circunstancias, muchos emigrantes intelectuales no sólo experimentaban simpatía por los planes del Gobierno soviético, sino que cada vez era más vivo su deseo de volver a la patria.

p Encontrándose lejos de Rusia, iban cobrando profunda y mortificante conciencia de la justedad y la lógica de las aspiraciones de su pueblo a llevar hasta el fin victorioso su lucha por el resurgimiento del país.

p Así era uno de los polos de la emigración. En el otro estaban D. Merezhkovski y Z. Guippius, D. Filósofov y B. Sávinkov, apareados con los antiguos “socialistas” de la índole de P. Struve, y día tras día blasfemaban y escupían todo su odio contra los bolcheviques. Todo esto acreditaba que entre la emigración blanca rusa, bajo el influjo de los logros del Poder soviético, estaba produciéndose un profundo proceso de diferenciación, de intelección del cataclismo que había estremecido a Rusia, de valoración de los actos propios en el reciente pasado y de fijación de posiciones para un futuro próximo. ¿Existían vías de conciliación de los intelectuales con los bolcheviques o habían sido quemados todos los puentes; retornar a la patria y ayudar a su pueblo en aquellos duros años o, aunque en el extranjero, seguir siendo inconciliables y "no arriar la bandera"?

p Parte de la emigración se inclinaba a la idea de la conciliación con el Poder soviético y de que era inútil la lucha armada contra é!. Ya en 1920, el profesor N. Ustriálov publicó en Jarbín el libro En la lucha por Rusia, en el que rechazaba el método de la intervención armada, reprobaba las sublevaciones contrarrevolucionarias y exhortaba a reconciliarse con los Soviets. Ideas análogas expuso a comienzos de 1921 el profesor S. Zagorski en un periódico parisiense. Los demócratas constitucionalistas A. Guróvich, I. Efimovski y otros postularon en un periódico de Praga la necesidad del "cambio de jalones”, de la conciliación con el Poder soviético y de sumarse a aquella parte de la intelectualidad que ya hacía mucho que "trabajaba con los Soviets”. Estos estados de ánimo se expresaron con la mayor claridad en la recopilación Smiena vej, aparecida a mediados de 1921 en Praga 151

p Los autores de la recopilación consideraban que su tarea consistía en, a la luz "de las últimas impresiones revolucionarias... conocer, al fin, el verdadero sentido de la revolución que hoy se está creando a sí misma"  [151•13 .

p Atreviéndose a hablar en nombre de toda la intelectualidad rusa, exponían las conclusiones a que habían llegado después de reconsiderar sus convicciones de antes de la revolución, extendiéndolas a toda la intelectualidad, incluida la que vivía y trabajaba en la Rusia Soviética. Mas si Kliúchnikov, Ustriálov y otros autores de la recopilación tenían cierto peso entre la intelectualidad blanca emigrada, en la Rusia Soviética eran pocos quienes les conocían.

p Los autores de Smiena vej hacían un análisis crítico de sus errores y se arrepentían de sus pecados ante el pueblo. Afirmaban que la intelectualidad de aquel tiempo no comprendía muchas cosas y eran muchos sus extravíos, pero en su mayoría ya no era enemiga inconciliable de la revolución y había alcanzado la madurez suficiente para reconocerla como un hecho consumado.

p En el artículo programático del profesor Kliúchnikov, que encabezaba la recopilación, se decía: "La guerra civil se ha perdido definitivamente. Hace tiempo que Rusia marcha por su camino, y no por el nuestro. La crisis ha terminado. La situación está definida. O reconocen a esta Rusia que odian ustedes o se quedan sin Rusia, pues una "tercera Rusia" concordante con sus recetas no la hay ni la habrá"  [151•14 .

p Los autores de la recopilación habían hecho su opción. Reconocían el Poder soviético como poder único y legítimo en Rusia. El conocido abogado petersburgués A. BobríschevPushkin escribía que "no puede haber otro poder (que no fuera el soviético. —S. F.): nadie podrá hacer nada y todos pelearán entre sí... Sólo el Poder soviético, que ha tenido frente a él una coalición universal, los ejércitos blancos, que ocupaban tres cuartas partes del territorio ruso, el desbarajuste económico interior, el hambre y la inercia centrífuga que arrastraba a Rusia a la anarquía, ha logrado vencer estas inauditas dificultades históricas"   [151•15 .

p La idea de la conciliación con el Poder soviético correspondía al estado de espíritu de muchos emigrantes y por ello obtuvo amplio eco. Durante 1922 en la emigración se editaron algunos periódicos de la tendenica del "cambio de 152 jalones": Nóvaya Rossía, en Sofía; Nóvosti zhizni, en Jarbín; Nakanune, en Berlín; Put, en Helsingfors, y Novy put, en Riga. El núcleo principal de la tendencia del "cambio de jalones" se agrupaba en torno al periódico Nakanune, que apareció diariamente desde marzo de 1922 hasta junio de 1924.

p El camino recorrido por cierta parte de la intelectualidad, la opción hecha por ella y el típico curso de sus reflexiones y argumentos los mostró netamente la carta abierta que A. Tolstói envió al conocido dirigente de la emigración blanca, N. Chaikovski, publicada el 14 de abril de 1922 en el periódico Nakanune.

p "Yo represento —escribía A. Tolstói— el tipo natural de emigrante ruso, es decir, del hombre que ha recorrido todo el doloroso camino entre tinieblas. En la época de la gran lucha entre los blancos y los rojos estuve de parte de los blancos.

p Odiaba físicamente a los bolcheviques. Creía que eran los aseladores del Estado ruso, la causa de todas las desgracias..."

p Pues bien, terminó la guerra civil. En la Rusia Soviética se inició el restablecimiento de la economía nacional y se emprendió la construcción cultural. Los obreros y campesinos no querían en modo alguno tener en cuenta si el régimen instaurado en el país convenía o no convenía a los diferentes grupos políticos que vivían fuera de Rusia. En estas condiciones, A. Tolstói dedujo que el gobierno bolchevique era la fuerza real y única "que ahora defiende ella sola las fronteras rusas frente a los ataques de sus vecinos, apoya la unidad del Estado ruso y en la Conferencia de Genova interviene ella sola en defensa de Rusia frente a su posible sojuzgamiento y saqueo por otros países".

p Analizando el desarrollo de la revolución, el escritor reconocía que, dada la situación existente en el país y fuera de él, era equivocada la orientación hacia el derrocamiento de los bolcheviques, lo que con singular celo propugnaba la parte reaccionaria de la emigración blanca. Analizando las tres vías posibles, a su juicio, de mantenimiento del Estado ruso, examinaba minuciosamente los méritos y las deficiencias de cada una de ellas y se detenía en la que,’en su opinión, era la única justa.

p "Primera vía: formar un ejército de extranjeros, agregar a él los restos de los ejércitos blancos derrotados y, a través de las fronteras polaca y rumana, irrumpir en el territorio de Rusia y empezar a luchar con los rojos. Decidirse a esta obra sólo puede hacerse después de haberse dicho a sí mismo: tomo sobre mi conciencia la sangre de los rusos muertos y martirizados. En mi 153 conciencia no hay suficiente volumen para meter en ella sangre ajena.

p Segunda vía: rendir por hambre a los bolcheviques, dando de comer un poco, sin embargo, a los más hambrientos. Esta vía también entraña: I) el aumento de la mortalidad en Rusia; 2) la reducción de la capacidad de resistencia de Rusia como Estado. Mas la firme seguridad precisamente en que el gobierno bolchevique, protegido por tropas muy selectas y que, como todo gobierno, vive en mejores condiciones que los simples habitantes, será rendido por hambre antes de que muera la población de Rusia, esa segundad yo no la tengo.

p Tercera vía: reconocer la existencia real en Rusia de un gobierno llamado bolchevique, reconocer que no hay otro gobierno en Rusia y fuera de Rusia. (Reconocer esto de la misma manera que se reconoce que al otro lado de la ventana azota una furiosa tempestad, aunque se quisiera, estando junto a la ventana, que hiciese un día de mayo.) Después de reconocerlo, hacer todo lo posible para ayudar a la última fase de la revolución rusa a marchar hacia el enriquecimiento de la vida, hacia la obtención de todo lo bueno y justo de la revolución y el arraigo de esto que es bueno, hacia el aniquilamiento de todo lo malo e injusto que ha acarreado esta misma revolución y, por último, hacia el reforzamiento de nuestro poderío de gran potencia. Yo elijo esta tercera vía... La conciencia me llama a no descender al sótano, sino a marchar a Rusia y clavar aunque sólo sea un clavo propio en la nave rusa destrozada por las tempestades"   [153•16 .

p Esta carta contribuyó mucho a hacer cambiar el estado de ánimo político de parte considerable de la emigración blanca. Si una figura tan destacada como Alexéi Tolstói, un conde y un relevante escritor que había jugado un papel no despreciable en los círculos de la emigración, se pronunciaba públicamente por el regreso a Rusia, es comprensible que este ejemplo debía influir, como influyó, en efecto, sobre muchos expatriados, de rango inferior, pero que, como el linajudo aristócrata, se consumían atormentados por la duda y las vacilaciones.

p La avalancha de “retornantes” aumentaba de año en año. Lejos de entorpecer la repatriación de los emigrantes dispuestos a colaborar honradamente con él, el Poder soviético les estimuló por todos los medios en este afán, aunque poniéndoles, verdad es, algunas condiciones completamente comprensibles y explicables. Dirigiéndose a los emigrantes rusos, el presidente del 154 Comité Ejecutivo Central de la URSS, Mijaíl Kalinin, escribió: "Si quieren ser útiles a su pueblo, sin artimañas, vengan a servirle, pero no a señorear".

p Los monárquicos, demócratas constitucionalistas, eseristas y otros enemigos ideológicos del Poder soviético organizaron la persecución de los “retornantes”, difundieron bulos provocadores sobre casos de represión de repatriados por los comunistas y perpetraron actos de terror contra quienes llamaban a volver a la Rusia Soviética. Por ejemplo, en Sofía secuaces de Wrangel asesinaron a A. Aguéiev, director del periódico Nóvaya Rossi’a, de los emigrantes. En Jarbín fue muerto también D. Cherniavski, director del periódico Nóvosti zhizni. El diario Nakanune, que sostuvo una lucha sistemática contra los guardias blancos más activos y los círculos antisoviéticos de la emigración, mereció de ellos los calificativos de “traidor”, “vendido”, "reptil soviético”, etc.

p El proceso de descomposición de la emigración, segregando de ella a las personas más sanas, condujo a que en los años 20 volviera a Rusia un grupo considerable de intelectuales, que resultaron muy útiles en la construcción de la nueva vida. Por otra parte, entre los que, por unos u otros motivos, se quedaron en el extranjero, se distinguieron algunos grupos que seguían con creciente simpatía los .éxitos de la construcción del socialismo en la URSS y procuraban de una u otra forma prestar ayuda a Rusia, convertida en país socialista. Esto habría de manifestarse con singular brillantez más adelante, cuando la Unión Soviética hubo de soportar rigurosas pruebas en los años de la Gran Guerra Patria.

p Por tanto, una de las conclusiones principales a las que llegó determinada parte de la intelectualidad blanca emigrada fue la del completo fracaso de la idea de la lucha armada contra el Poder soviético. Frente a esta idea se adelantó la tesis de la necesidad de la conciliación con el Poder soviético, de la colaboración leal con él, o, como entonces se decía, de "ir a servir a los Soviets”. Esta fue una idea sana y racional. Mas, a la par con ello, los autores de la recopilación Cambio de jalones y otros ideólogos de la intelectualidad emigrada expresaban sin ningún equívoco el objetivo de este servicio: coadyuvar a hacer del Estado soviético una república burguesa. Consideraban que "la revolución iba enfilada contra determinadas categorías de propietarios, a los cuales no se les podía arrancar el poder sin desposeerles de su propiedad. Pero está profundamente reñida con la realidad la afirmación de que en Rusia no existe la propiedad. En la propiedad sigue descansando todo el género de vida del pueblo, toda su existencia. Todo, en difinitiva, se ha 155 reducido a un reparto de lo adquirido por vía revolucionaria, o, como dirían los damnificados, de los bienes “robados”. Este reparto se efectúa completamente en base a la propiedad.

p Así pues, todo se arreglará. En Rusia habrá propiedad, iniciativa privada, comercio y cooperación; lo único que no habrá son los anteriores propietarios arrojados al extranjero"   [155•17 

p Para que Rusia pudiese avanzar más rápidamente por el camino de la restauración era necesario, a juicio de S. Chajotin, uno de los autores de la recopilación Smiena vej, "participar de la manera más activa en el restablecimiento de nuestra Patria”. Pero entonces, continuaba, algunos podrían pensar que "robusteciendo la situación económica del país, fortalecemos las posiciones de los bolcheviques”. ¿Cómo enlazar esto con las convicciones del “honesto” intelectual que ha luchado honradamente contra el Poder soviético? "Es precisamente lo contrario —tranquilizaba S. Chajotin—, en la buena concertación de los esfuerzos económicos reside también la raíz de la elevación del nivel cultural del país y de su saneamiento político"   [155•18 .

p Entre los voceros de la teoría de la regeneración del bolchevismo se destacó por su celo N. Ustriálov. En el artículo Patriótica y otros, publicados en Smiena vej, decía que "el bolchevismo, que ha cambiado su política económica y ha dejado de ser el "comunismo inmediato”, ya no es el bolchevismo de antes..."  [155•19 .

p La ideología reaccionaria de los que propugnaban el "cambio de jalones" se daba la mano con los objetivos políticos de los mencheviques y los eseristas. Tanto unos como otros suponían 156 que la vía del desarrollo político de Rusia llevaba a la restauración del capitalismo. El 15 de septiembre de 1921, Sotsialistícheski véstnik, órgano del CC de los mencheviques, publicó un artículo de Y. Mártov, en el que éste calificaba de utopía la aspiración del proletariado a desbordar el marco de la revolución democrático-burguesa. Los mencheviques creían inevitable la regeneración del Poder soviético. Esta línea política era apoyada, de hecho, por diferentes grupos seudorrevolucionarios, que se llamaban a sí mismos “obreros” y “comunistas”. Antiguos dirigentes de la "oposición obrera" formaron el "grupo obrero”, que veía en la Nueva política económica el restablecimiento de "relaciones capitalistas normales" y exigía que se concediera la libertad de palabra y de imprenta a todos los partidos políticos de Rusia.

p Los llamamientos de la tendencia del "cambio de jalones”, e incluso de sus elementos más “derechistas”, a colaborar con el Poder soviético tenían, sin duda, un significado positivo. Ahora bien, lo que se ocultaba tras estos llamamientos y los objetivos políticos que perseguía esta colaboración debían ser explicados a las masas y al partido. En el informe a XI Congreso del partido, celebrado en 1922, V. I. Lenin dio una exacta definición de los motivos que habían movido a los intelectuales tipo Ustriálov a ofrecer su apoyo a los bolcheviques y a colaborar con ellos. Después de exponer la teoría de Ustriálov, Lenin caracterizó así su actitud: "Estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético en Rusia —dice Ustriálov, a pesar de haber sido demócrata constitucionalista, burgués y defensor de la intervención—, y estoy de acuerdo con el apoyo al Poder soviético, porque ha adoptado un camino por el cual rueda hacia un vulgar poder burgués"  [156•20 .

p En las publicaciones históricas soviéticas se mantienen dos puntos de vista acerca del lugar y del tiempo de la aparición de la tendencia smienovejista. Una parte de los historiadores considera que esta tendencia surgió y se formó en el extranjero, siendo consecuencia de la descomposición del campo de la contrarrevolución y de las profundas divergencias entre la emigración blanca. La otra parte de investigadores se inclina a creer que como tendencia ideológica apareció antes de 1921 y no en el extranjero.

p Este último punto de vista no ha alcanzado gran difusión. Quienes lo sostienen se limitan a expresarlo, pero sin presentar argumentos que lo confirmen. No obstante, la opinión de que la 157 tendencia smienovejista nació precisamente en Rusia antes de pasar a la Nueva política económica es digna de atención.

p Si nos abstraemos de distintos matices en la actitud de personas o incluso de grupos, puede decirse que lo esencial de la tendencia del "cambio de jalones" son dos tesis fundamentales: la intelectualidad debe entrar al servicio del Poder soviético; el objetivo de este “servicio” es coadyuvar al proceso de regeneración del Estado soviético en una república democrático-burguesa. Esto es lo principal en la táctica política y la teoría de la recopilación Smiena vej. Mas es bien sabido que la intelectualidad, o a lo menos una parte considerable de ella, pasó a "servir a los Soviets" no después de que se proclamara la Nueva política económica ni desde la emigración, no después de que viera la luz la recopilación Smiena vej. Ya en diciembre de 1919, en la VIII Conferencia del partido, V. I. Lenin pudo dejar constancia de que "el Poder soviético cuenta con las simpatías, no sólo de la clase obrera, sino también de amplios círculos de intelectuales burgueses"  [157•21 . Decenas de millares de especialistas militares sirvieron en el Ejército Rojo y centenas de millares de maestros, médicos, ingenieros y técnicos trabajaron en la esfera de la economía y en el ámbito de la construcción cultural.

p Al mismo tiempo, sería erróneo suponer que muchos miles de intelectuales se decidieron a servir al Poder soviético guiados por el sincero afán de ayudarle a robustecerse. No todos ellos, ni mucho menos, a pesar de que se declararon apolíticos, deseaban que los bolcheviques triunfasen en la consecución de sus objetivos.

p Sin embargo, cuando se fracasó en el intento de derribar la dictadura del proletariado por la vía armada y, en lo fundamental, ya se divisaba la victoria del Poder soviético (y en una serie de casos, antes de ello), apareció en escena la ideología de la "conciliación" con los bolcheviques y se cobró conciencia de que era necesario colaborar con ellos en la construcción económica y cultural. El apoyo de todo el pueblo al Poder soviético, los logros de éste, el desmoronamiento del campo de la contrarrevolución y la lógica de los acontecimientos en general impelieron a parte considerable de la intelectualidad burguesa a aceptar la colaboración con el Poder soviético.

p La Declaración de los intelectuales trabajadores y la actitud de Gredeskul, Béjterev y otros deben ser equiparadas por su espíritu a las manifestaciones de los partidarios del "cambio de jalones" de Praga. Podrían aducirse abundantes ejemplos de 158 cómo ya en los años de la guerra civil resonaron en las intervenciones de muchos representantes de los círculos intelectuales los mismos motivos que más tarde inspirarían la tendencia smienovejista. Por ejemplo, I. Grinevetski, notable científico especializado en termotecnia, en el libro Perspectivas de posguerra de la industria de Rusia (Jarkov, 1919) negaba carácter socialista a la Revolución de Octubre y pretendía trazar las perspectivas del restablecimiento de la economía de Rusia sobre bases capitalistas.

p Los hechos muestran que en el país se operaba un proceso, complejo, difícil y doloroso, de evolución anímica de la intelectualidad rusa. Pero acreditan también que en ella había un flanco derecho, para el que la meta del desarrollo social del país era la restauración del capitalismo, y un flanco izquierdo, que expresaba el pensar de los grupos de intelectuales que habían cambiado de rumbo, orientándose a colaborar honradamente con el Poder soviético.

p En cuanto a la recopilación Stniena vej, sus autores no hicieron más que dar la explicación "teórica" del proceso de cambio de jalones entre la emigración blanca y ponerle nombre. En la Rusia Soviética un proceso análogo a éste se inició antes, cuando los intelectuales se inclinaron hacia la colaboración con el Poder soviético, y continuó desarrollándose en los primeros años de la Nueva política económica. A los defensores de la burguesía, escribió A. Búbnov, jefe de la sección de agitación y propaganda del CC del partido, "no les fue necesario elaborar una ideología nueva; ya la tenían preparada y únicamente hacía falta adaptarla un poco a las condiciones de lugar, tiempo y espacio”. Y si utilizáramos el término "cambio de jalones" únicamente con relación a los comienzos de la década del 20, debe significar tan sólo que en este período acabaron de formarse definitivamente en una parte de la intelectualidad las opiniones que ya sustentaba en los años de la guerra civil.

p Por tanto, parece muy discutible la afirmación de que el "cambio de jalones" debe su surgimiento a la emigración blanca. Sus raíces arrancaban del interior del país. Las profundas discrepancias entre la emigración blanca y la decisión de "reconciliarse con los Soviets" fueron efectos de lo que estaba sucediendo dentro de la República Soviética. Y no es casual que uno de los autores de la recopilación Smiena vej, Kliúchnikov, reconociese que precisamente "de aquí, de Rusia, llegaron hasta nosotros corrientes que en el extranjero se han reflejado bajo la forma de la tendencia smienovejista: se trataba ante todo de cambio de sicología de los intelectuales rusos".

159

p Por ejemplo, el profesor V. Tan-Bogoraz, uno de los ideólogos más destacados de la intelectualidad después de la revolución, dijo: "Englobar a los que están en Rusia y los que se hallan en el extranjero supone, en realidad, una enorme equivocación. Lo importante no es el nombre. Llámennos, si lo desean, smienovejistas. Pero, con todo, es absurdo decir que nosotros, los de Rusia, hemos cambiado de orientación, al igual que los smienovejistas del extranjero... No nos olvidemos de que la verdadera Rusia, recia e inmensa, está aquí, y no allí, en el extranjero. Allí sólo está la Rusia 2. Y la auténtica intelectualidad también está aquí. En esta Rusia verdadera. Y ya van a hacer tres años que los intelectuales rusos empezaron a cambiar los jalones, mucho antes de este alumbramiento en el extranjero. Ha sido una cosa dolorosa y difícil"  [159•22 .

p En la primavera de 1922, V. I. Lenin, en el informe presentado al XI Congreso del partido, indicó claramente dónde se debían buscar las raíces de la tendencia smienovejista. "Los smienovejistas —dijo— expresan el estado de espíritu de miles y decenas de miles de toda clase de burgueses o de empleados soviéticos, que participan en nuestra Nueva política económica"  [159•23 . Lenin tenía en cuenta aquí a Ustriálov y su grupo, es decir, a los “jefes” de la intelectualidad que "... representan una corriente que ha prendido en la Rusia emigrada..."  [159•24 .

p Conviene fijar la atención en el término "ha prendido" que emplea Lenin para designar un fenómeno proveniente de fuera, no propio del medio de que se habla. Mas, ¿de dónde si no de la Rusia Soviética podía llegar y “prender” el smienovejismo en "la Rusia emigrada"?

p Hay que tomar en consideración asimismo la circunstancia de que la recopilación Smiena vej fue publicada a mediados de 1921 en Praga. Para que la ideología de los partidarios del nuevo rumbo pudiera penetrar en amplias capas de intelectuales dentro del país soviético, ser comprendida y aceptada por ellas eran precisos un considerable lapso de tiempo y gran cantidad de literatura propagandística. Pero, como es sabido, las relaciones entre la República Soviética y los otros Estados habían quedado, por una serie de motivos, casi completamente cortadas. Los smienovejistas no tenían posibilidad de enviar en abundancia sus publicaciones a la Rusia Soviética desde el extranjero. Por lo expuesto, parece dudoso que pudiesen influir 160 en la sicología de los intelectuales en proporciones masivas y con sufiente eficiencia.

p Así pues, debe entenderse que, en lo fundamental, la tendencia del "cambio de jalones" fue un fenómeno de orden interior, que se produjo entre los intelectuales que habían quedado en la Rusia Soviética.

p ¿Qué extensión alcanzaron las ideas del smienovejismo entre la intelectualidad de la época zarista? De esto se puede formar cierto juicio por los datos reunidos en Moscú en 1922 durante una entrevista amistosa no oficial con 230 ingenieros que trabajaban en trusts y otras organizaciones de carácter económico. En el primer grupo de los encuestados figuraban antiguos propietarios de empresas, antiguos directivos de compañías anónimas y directores de fábricas, en total, 45 personas. El segundo grupo comprendía antiguos ingenieros corrientes, que eran 185. De los 230 ingenieros sin filiación política consultados, 110 mantenían las posiciones del smienovejismo, 46 declararon que su actitud ante el Poder soviético era indiferente, y 12, que eran adversos a él; 34 no contestaron y 28 manifestaron su simpatía por el programa soviético  [160•25 . Es significativo el número de personas hostiles al Poder soviético. Eran 12, en tanto que 28 se pronunciaron en apoyo de él. Todos los demás, sin ser ya enemigos del Poder soviético, tampoco eran partidarios sinceros de él. Si extendiéramos estos datos a toda la intelectualidad (lo que, por supuesto, sólo se puede hacer convencionalmente), las conclusiones mostrarían el inmenso éxito del Partido Comunista, que había logrado arrancar de la burguesía a los intelectuales.

p Al tiempo que reconocían la necesidad de "ir a servir a los Soviets”, los smienovejistas proclamaban los principios de la “neutralidad” y del “apoliticismo” de los intelectuales y su no ingerencia en la vida política del país. Por ejemplo, en 1922, en el I Congreso de toda Rusia de ingenieros miembros de los sindicatos, M. Evréinov, dirigente de la Asociación de Ingenieros de toda Rusia, dijo: "Nuestra tarea estriba en preservar a la asociación de acciones políticas y no convertirla en palestra de lucha política".

p Las ideas de la neutralidad y del carácter no partidista de la escuela y el arte resonaron en diversas intervenciones de destacadas figuras de la instrucción pública y del arte. El director cinematográfico I. Perestiani, realizador de la primera película de aventuras soviética, Los diablillos rojos, dijo: "Nunca, en ningún trabajo tuve dirigentes políticos. Trabajo 161 como me lo dicta mi fuero interno. Considero que mezclar las cuestiones de la política con el arte es una cosa sumamente nociva, lo mismo que tener bajo vigilancia a los directores".

p En su gran mayoría, la intelectualidad se daba cuenta de que el viejo mundo había sido derrotado, pero el futuro le parecía nebuloso y caótico. No podía acercarse definitivamente a los bolcheviques, mas, al mismo tiempo, no veía en el país las fuerzas a las que pudiera unirse para luchar contra el Poder soviético. De ahí, su espíritu de apoliticismo, de repulsa a los partidos y de espera a ver qué rumbo tomaban los acontecimientos. Sin embargo, debe advertirse que el “neutralismo” de los intelectuales era un grado importante y’, quizá, necesario para que pasaran a las posiciones del Poder soviético. Los intelectuales que sinceramente creían estar "al margen de la política”, por el propio hecho de su fructífero trabajo y obra creadora en las condiciones del nuevo régimen se ponían objetivamente de parte del Poder soviético.

p Aduciremos un ejemplo muy característico. En 1922-1924, el Teatro de Arte, con K. Stanislavski al frente de él, hizo una gira por el extranjero. La compañía no se consideraba ferviente partidaria de los bolcheviques y salió al extranjero no como propagandista del arte soviético. Por el contrario, las cartas de K. Stanislavski de aquel período permiten afirmar que por entonces se sentía sinceramente firme en el apoliticismo y extraño a toda lucha de ideas. "Se ha manifestado la tendencia a tomarnos por un teatro soviético. Por la afición a la intriga no se quiere reconocer que somos apolíticos. Nos vemos obligados a obrar con mucha prudencia"  [161•26 , escribió K. Stanislavski en 1922 desde el extranjero. Al artista le indignó la prensa burguesa: dijo a los periodistas la verdad sobre la Rusia Soviética, les habló de que los teatros habían obtenido autonomía, de que el gobierno se preocupaba de los teatros antiguos y no les ponía dificultades en su obra, y al día siguiente los periódicos gritaban: el Teatro de Arte de Moscú es un teatro bolchevique, Stanislavski es un agente del Kremlin. En aquel tiempo, K. Stanislavski no había comprendido que él, un artista "apolítico”, ya sólo con sus relatos verídicos e imparciales sobre el verdadero estado de cosas en la Rusia Soviética se convertía en un "propagandista del bolchevismo".

p Este episodio mostraba que el “apoliticismo” sustentado por muchos intelectuales empezaba, en realidad, a transformarse en 162 la más auténtica política. Por la propia marcha de las cosas, el intelectual "apolítico”, aun estando sinceramente convencido de que se mantenía "alejado de la pelea”, sentíase atraído a la vida social y política del país. Debe señalarse que la actitud apoliticista era sometida cada vez más a una crítica de principios por los propios intelectuales. En la prensa, en los mítines y en las polémicas se planteaba muy a menudo si tenía derecho el intelectual a permanecer apartado de todo lo que vivía el pueblo.

p En este sentido era sintomática la línea de conducta de la revista Rossía. En ella podían leerse con frecuencia artículos que exhortaban a los intelectuales a contribuir a la restauración del capitalismo, pero, a la vez, publicaba otros en los que se suscitaba cuáles eran la función y el lugar de los intelectuales en la nueva sociedad y si tenían derecho a permanecer apartados de todo lo que vivía el pueblo. Los autores de estos artículos eran personas progresistas, verdaderos patriotas.

p En el número 9 de 1923 de la revista apareció el artículo La intelectualidad rusa y sus tareas actuales, del profesor I. Alexándrov, conocido energético, artículo que encontró resonante eco entre los intelectuales. El profesor escribía:

p "Una honda crisis se ha apoderado de la intelectualidad rusa en la época contemporánea y hasta ahora no ha sido superada, pero ya se ha hecho imposible, por muchas razones, seguir manteniendo la misma posición: el país ha resultado ser capaz de resistir el vendaval destructor del primer período de la revolución y han empezado a aflorar a la superficie de la vida los brotes verdes de la obra creativa; entre las amplias capas populares han crecido en los últimos años vivas fuerzas jóvenes.

p Continuar situados al margen del proceso histórico es imposible. No se puede impunemente permanecer apartados espiritualmente durante una serie de años del grandioso proceso de restructuración de la formación social del país. El desenlace de esto sólo puede ser la muerte espiritual o la regeneración espiritual.

p Y la ausencia de los intelectuales de la palestra histórica o su participación en ella como especialistas que no responden de nada, conduce a la desfiguración de muchas valiosas realizaciones que podrían mejorar las formas de nuestro desarrollo intelectual y el proceso de resurgimiento económico del país ... ¿Acaso podemos permanecer indiferentes cuando el poder revolucionario no encuentra hombres a los que se pueda confiar sin temor una obra importante? ¿Será posible que a ninguno de nosotros le hiera la lucha sistemática que contra el 163 resurgimiento de nuestro Estado sostienen nuestros enemigos de antes, apoyados por el mundo burgués de Europa?

p Admitamos que no se pueda alcanzar todo, pero no olvidemos que el límite de las realizaciones se basa antes que nada en nuestra unidad, en nuestra energía, en nuestra voluntad de vida.

p ¿Cómo es posible que !a intelectualidad rusa no vea tras los árboles quebrados los vigorosos brotes de la gran belleza del naciente bosque que crece?"

p A continuación el autor del artículo decía que las dificultades, las deficiencias y las equivocaciones cometidas en el restablecimiento de la economía obedecían en grado considerable a la actitud pasiva de los intelectuales ante las medidas del Poder soviético. Verdad es que esta pasividad empezaba a desaparecer. "Sin embargo, esto es insuficiente —señalaba I. Alexándrov—. No basta con ser un “especialista” honrado; es preciso mostrar iniciativa, afanarse, trabajar con sentido creador, buscar nuevas vías. Hay que borrar esa linde fatal que existía y existe hasta el último tiempo entre los intelectuales y el pueblo. No sólo es necesario valorar y comprender la creciente personalidad del pueblo, sino fundirse con él formando una sola masa, en la que haya personas con talento y conocimientos diferentes, pero donde no haya castas ni tabiques, donde reine la comprensión mutua".

p Esta carta reflejaba cuan heterogéneos y complejos eran los procesos ideológicos que se operaban entre los smienovejistas. De un lado estaba la ideología de Ustriálov y Lezhnev, que proponían a los intelectuales coadyuvar a la restauración del capitalismo; de otro lado aparecía la ideología de personas que, como el profesor I. Alexándrov, invitaban a los intelectuales a ayudar desinteresadamente a! pueblo en su grandioso trabajo. Aceptemos que estos hombres no fuesen consecuentes en todo ni ideológicamente puros y rectos, pero hubiera sido erróneo e injusto meterlos en un mismo saco con los Ustriálov.

p El análisis de la naturaleza política del smienovejismo ofrece razones para definirlo como tendencia ecléctica y heterogénea. Sus diversos grupos perseguían objetivos distintos. El ala derecha, la más reaccionaria, de esta corriente (Ustriálov y otros) enfocaba el futuro del país sólo ligado a la restauración del capitalismo. Los smienovejistas de derecha se decidieron a colaborar con el Poder soviético precisamente con la vista puesta en este fin último. Pero dentro del smienovejismo había también un grupo de intelectuales, numéricamente bastante superior al de los "ideólogos”, que entendía el lema "cambio de 164 jalones" como la necesidad objetiva de acercarse todo lo posible al Poder soviético, intérprete de los intereses del pueblo. Para estos intelectuales la consigna "cambio de jalones" no significaba marchar hacia la restauración, sino mudar de mentalidad, cambiar su concepción del mundo, a partir del reconocimiento de que el país avanzaba hacia el socialismo, y no hacia el capitalismo.

p El smienovejismo condujo a gran número de intelectuales a colaborar con el Poder soviético, lo cual fue muy positivo en la situación de agobiante penuria de fuerzas capacitadas que se atravesaba entonces. La política de "conciliación" de los intelectuales con los bolcheviques, los llamamientos de los smienovejistas a colaborar con la clase obrera y su reprobación de la idea de la intervención armada en los asuntos de la Rusia Soviética condujeron, por una parte, a ahondar el cisma en el campo de la contrarrevolución, y por otra parte, influyeron objetivamente en el establecimiento de relaciones correctas entre la clase obrera y la intelectualidad.

p El Partido Comunista apoyó por todos los medios a esta rama del movimiento smienovejista. El Gobierno soviético autorizó a los partidarios de esta tendencia a editar revistas y periódicos, dar conferencias públicas, celebrar controversias de intelectuales, etc. La XII Conferencia del partido, reunida en agosto de 1922, señaló en su resolución lo que había de laudable en el smienovejismo. En ella se decía que "la llamada tendencia smienovejista ha jugado hasta ahora y puede seguir jugando aún un papel objetivamente progresivo. Ha unido y une a los grupos de la emigración y de la intelectualidad rusa que "se han reconciliado" con el Poder soviético y están dispuestos a trabajar con él por el resurgimiento del país. En este sentido, la orientación smienovejista se ha hecho merecedora de una actitud favorable a ella"  [164•27 .

p Al mismo tiempo, el Partido Comunista mantuvo una resuelta lucha de principios contra la esencia reaccionaria de la ideología smienovejista. La resolución de su XII Conferencia puso en guardia a la clase obrera y al partido contra las fuertes tendencias restauradoras burguesas de que adolecía el smienovejismo y contra el maridaje de los smienovejistas con los eseristas y mencheviques en la esperanza de que después de las concesiones económicas vendrían concesiones políticas orientadas hacia la ideología burguesa.

165

p Por tanto, el Partido Comunista combatía no el smienovejismo en conjunto, sino sus tendencias antisocialistas y su ideología antisoviética. Y como entre la intelectualidad se desarrollaba un proceso de diferenciación (del cual era exponente el smienovejismo), el partido formulaba su política respecto a cada grupo de intelectuales de manera que facilitara a los más leales el paso a la colaboración activa con el Poder soviético. En la resolución de la XII Conferencia del partido se decía: "... Nuestras organizaciones de partido deben saber abordar con seriedad y sentido práctico a cada grupo antes hostil al Poder soviético y que hoy muestra sinceros deseos, por pequeños que sean, de prestar una ayuda eficaz a la clase obrera y al campesinado en la obra del restablecimiento de la economía, de la elevación del nivel cultural de la población, etc. Ahora es más necesario que nunca que las organizaciones del partido traten diferenciauamente a cada grupo (e incluso a cada persona) de representantes de la ciencia, la técnica, la medicina, la pedagogía, etc.".

p Lenin advirtió que se debían distinguir los aspectos del smienovejismo favorables para el Poder soviético y no identificar a los smienovejistas con los verdaderos enemigos de la revolución. En mayo de 1922, V. I. Lenin escribió a F. Dzerzhinski: "Novaya Rossía N. 2. Suspendida por los camaradas petersburgueses.

p ¿No habrá sido suspendida prematuramente? Hay que enviarla a los miembros del Buró Político y examinar más atentamente el asunto. ¿Quién es Lezhnev, su director? ¿No es de los de El dial ¿No se podrían obtener referencias sobre él? Por supuesto, no todos los colaboradores de esta revista son candidatos a la expulsión del país"  [165•28 . Lenin se refería a la revista smienovejista Nóvaya Rossía, que había empezado a publicarse en 1922 bajo la dirección de I. Lezhnev. Como se desprende del texto citado, V. I. Lenin consideraba un error su precipitada suspensión. Y muy pronto, la revista volvería a editarse con un título algo diferente: Rossía. Se publicó hasta 1926.

p Mas a la vez, Lenin daba ejemplo de intransigente lucha de principios contra los smienovejistas que hablaban de la "evolución" del bolchevismo. Es sabido que en su discurso en el XI Congreso del partido Lenin criticó los rasgos morbosos de la tendencia "cambio de jalones”. De los intelectuales tipo Ustriálov habló como de enemigos.

166

p ¿Cuándo desapareció el smienovejismo como corriente social? Las publicaciones históricas soviéticas señalan los años 1925-1926 como su último término. De ordinario, esto se liga a la suspensión de la prensa periódica del smienovejismo en el país. Sin embargo, el "cambio de jalones" no era sólo una corriente social. En él se expresaba también el proceso estrictamente individual de reconsideración por el hombre educado a la antigua de todo su mundo ideológico, y de sus convicciones y de configuración de su percepción nueva de la realidad. Para muchos este proceso duró años enteros y llegó a su desenlace como resultado del derrumbamiento de las ilusiones restauradoras y de la intelección de la realidad soviética. El "cambio de jalones" continuó para muchos intelectuales después de 19251926, y para amplias capas de la intelectualidad culminó en su paso definitivo a las posiciones del socialismo. El "cambio de jalones" se llevó a efecto, pero no como lo había concebido el ala reaccionaria de la intelectualidad. La inmensa mayoría de los intelectuales se agruparon bajo la bandera del Poder soviético y no se produjo la esperada degeneración de este poder en alguna forma de parlamentarismo burgués.

p El "cambio de jalones" de la intelectualidad fue un fenómeno lógico y necesario. Anatoli Lunacharski hablaría de ello atinadamente: "¿Cómo es posible pensar en general que la intelectualidad, la originalmente soviética y la abroquelada en su anticomunismo, puede sin cambiar los jalones hacerse comunista? Esto es absurdo”. Y más adelante: "Cuando veo que un liberal se transforma en comunista en tres saltos mortales, no lo puedo creer. Me siento como en presencia de un juego de manos, que a veces incluso llega a parecer extraño, a veces es un arrebato, a veces es la mutación de colores de un camaleón. Mas el verdadero proceso es el cambio de jalones, cuando los hombres van adelante con la vista puesta en la historia, mirando hacia atrás"  [166•29 .

p Por tanto, pues, el smienovejismo, en la más amplia acepción del término, fue una de las manifestaciones del proceso de transición de la intelectualidad desde las posiciones burguesas o pequeñoburguesas a las del socialismo, transición que se inició después de la victoria de la Revolución de Octubre y terminó en los años 30, al darse cima a la construcción de las bases de la sociedad socialista.

p A la par con su decidido combate de las facetas reaccionarias del smienovejismo, el Partido Comunista y el Poder soviético lucharon contra la ideología burguesa, especialmente 167 embozada con las ideas smienovejistas de la "regeneración" del Poder soviético. Su peligro lo acrecentaba la circunstancia de que en los primeros años de la Nueva política económica se intensificó en el seno del partido la actividad de diversos grupos fraccionalistas (los trotskistas, la "oposición obrera" y otros). Por eso cobró singular importancia el frente ideológico de la lucha. Fue preciso mantener una gran vigilancia y estar con el ojo avizor a cualquier asomada de la ideología del enemigo. Ante todo hubo que organizar una amplia ofensiva contra la ideología burguesa, extender la propaganda comunista entre las masas y robustecer el frente teórico.

p En este sentido fue muy valioso para el desenlace de la pugna ideológica el artículo de V. I. Lenin Sobre el significado del materialismo militante, publicado en marzo de 1922 en la revista Bajo la bandera del marxismo. Este artículo señalaba las tareas del partido en la esfera ideológica para toda una época histórica y trazaba el programa de un prolongado trabajo, cuya finalidad consistía en defender y desarrollar los principios de la visión científica del mundo y lograr su predominio en todos los ámbitos de la vida de la sociedad soviética.

p La idea central de este artículo de Lenin se expresaba en la tesis de que la ideología tiene carácter de clase y de partido y que por ello la lucha sistemática y atacante contra la ideología burguesa, la filosofía reaccionaria y todo género de idealismo y misticismo constituye la obligación primordial de los comunistas. En esta lucha, subrayaba V. I. Lenin, es indispensable la unión entre los comunistas y los materialistas consecuentes, incluso aunque se hallen todavía fuera de las filas del partido. Lenin concedía gran importancia al estrecho nexo de la filosofía marxista con las ciencias naturales, de los filósofos marxistas con los naturalistas, ya que "sin la unión con los no comunistas, en los más diversos terrenos de la actividad, no puede ni siquiera hablarse de ninguna construcción comunista eficaz"  [167•30 .

p Un gran acontecimiento en la vida ideológica del partido y del país fue la aparición de la primera edición de las Obras de V. I. Lenin, que se hizo por disposición del IX Congreso del partido. La demanda de las Obras resultó tan grande que en 1922 se hubo de iniciar otra edición de las mismas. Además, se publicaron en ediciones sueltas con grandes tiradas los artículos de V. I. Lenin sobre los problemas principales de la vida del partido y del pueblo, así como sus intervenciones en los congresos del partido, de los Soviets y de la Internacional Comunista.

168

p Dióse comienzo asimismo a la impresión de las Obras Completas de C. Marx y F. Engels y a una serie de trabajos marxistas de autores contemporáneos soviéticos y extranjeros.

p En la lucha contra la ideología burguesa y por la intensificación de la influencia ideológica en las masas desempeñó un papel extraordinario la prensa periódica. A este propósito fue importante el aporte de la revista Bolshevik y de los diarios Pravda e Izvestia.

p El Partido Comunista adoptó las medidas más enérgicas para organizar la “contraofensiva” en el frente ideológico. A este problema se dispensó particular atención en la XII Conferencia del partido, que puso al descubierto las tendencias restauradoras burguesas de los smienovejistas, mencheviques y eseristas y recomendó medidas concretas para impulsar la labor de agitación y propaganda entre ¡as masas, mejorar la preparación ideológica y teórica de los activistas del partido y elevar el papel de la prensa del partido y de los Soviets. A la vez que exponía como tarea cardinal "encauzar todos los esfuerzos hacia el reforzamiento ideológico del núcleo proletario de nuestro partido”, la resolución Acerca de los partidos y tendencias antisoviéticos, de la XII Conferencia del partido, señalaba: "Con respecto a las personas realmente sin partido entre los representantes de la técnica, la ciencia, el magisterio, los escritores, los poetas, etc., que han comprendido, aunque sólo sea a grandes rasgos, el verdadero sentido del gran viraje realizado, son precisos un apoyo sistemático y una colaboración eficaz.

p El partido debe hacer todo lo que esté a su alcance para coadyuvar a que cristalicen las tendencias y los grupos que muestran un verdadero deseo de ayudar al Estado obrero y campesino. Empezando por la capital y terminando por la ciudad de distrito, el partido debe aplicar, de manera paciente, sistemática y tesonera, precisamente esta línea con el fin de facilitar a dichas personas el paso a la colaboración con el Poder soviético".

p A influir ideológicamente sobre los intelectuales contribuyeron asimismo en gran medida distintas sociedades científicas marxistas, organizadas en los centros docentes superiores y en las instituciones de investigación científica, los círculos de estudio del marxismo y los cursos y seminarios de educación política. Es incalculable la aportación hecha al desarrollo del pensamiento social soviético por instituciones como la Academia Socialista y el Instituto del Profesorado Rojo.

169

Vemos, pues, que en la primera mitad de los años 20 se determinaron por el Partido Comunista las formas principales de influjo ideológico sobre las masas, incluida la intelectualidad, y que a las tentativas de reanimar la ideología burguesa opuso el partido la ofensiva del frente marxista-leninista militante de la ideología socialista.

* * *
 

Notes

[138•1]   Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, t. 3, libro 2. Moscú, 1968, pág. 562.

[138•2]   Ibídem.

[138•3]   En las condiciones de la intervención militar extranjera y de la guerra civil (1918-1920), el Poder soviético implantó la contingentación de productos alimenticios. Este método de acopios de productos agrícolas consistía en la entrega obligatoria por los campesinos al Estado, a precios de tasa, de los excedentes de cereales y forrajes superiores a las normas fijadas para el consumo personal, así como de semillas y alimento para el ganado. Esta medida, impuesta por las circunstancias, aseguró el suministro de pan para el Ejército Rojo y la población. Fue sustituida en 1921 por el impuesto en especie.

[139•4]   V. I. Lenin. VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia. O. C., t. 42, pág. 142.

[142•5]   Véase A. Ulianóvskaya. Formación de la intelectualidad científica en la URSS. 1917-1937. Moscú, 1966, págs. 106-107.

[145•6]   Los zemstvos eran los órganos de la administración autónoma local. Su existencia en diversas provincias de la Rusia Europea se remontaba a 1864. Fueron suprimidos después de la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

[146•7]   A. Izgóev. El poder y el individuo. Véstnlk: litertiliiry, 1922, N° I, pág. 3.

[146•8]   A. Izgóev. Acerca de las tareas de la intelectualidad. Parfenon. Recopilación I, Retrogrado, 1922. pág. 39.

[147•9]   I. Lezhnev. Apuntes de un contemporáneo. Moscú. 1936, págs. 238-239.

[148•10]   Nepman: nombre derivado de Nep. siglas de Nueva política económica.

[149•11]   V. I. Lenin. III Congreso de la Internacional Comunista. O. C., t. 44, pág. 5.

[149•12]   Dom iskusstv, 1921, Nb 2, pág. 130.

[151•13]   Smiena vej. Praga, 1921. pág. 6.

[151•14]   Ibídem, pág. 79.

[151•15]   Ibídem, pág. 86.

[153•16]   Alexéi Tolstói. Obras Escogidas en diez tomos, t. 10. Moscú, 1961, págs. 34-39.

[155•17]   Smiena vej, 1921, pág. 111.

[155•18]   Ibídem, pág. 139.

<p style="text-align:justify; text-a