p El rigor de la situación durante la revolución y la guerra civil puso al descubierto la verdadera fisonomía política de los diferentes grupos de la intelectualidad artística. Muchos escritores, actores y otros profesionales de la intelectualidad artística se mantuvieron fieles al pueblo y a la revolución. Mas de esto no se debe deducir que todos ellos, inmediatamente después de la Revolución de Octubre, pudieron orientarse justamente en todas las complejidades y contradicciones de la revolución y de la guerra civil y que sus concepciones sociopolíticas y mentalidad estaban en plena consonancia con los imperativos de la época.
p La Revolución de Octubre profundizó la diferenciación entre literatos y artistas. Ya en los primeros días de la revolución se dio a conocer un puñado de literatos, artistas y pintores para quienes la revolución era un fenómeno completamente inaceptable. Esta gente, que hasta un día antes había cantado loas al pueblo y le había jurado fidelidad eterna, después de octubre de 1917 empezó a echar terribles maldiciones contra él. Por ejemplo, el poeta K. Bálmont, que en 1905 había escrito en una de sus poesías: "¡Oh, obrero, estoy contigo, canto tu tempestad!”, en 1918, refiriéndose a los luchadores por la libertad, expresó su odio en estas palabras: "Ya no son perros, sino lobos, perros rabiosos, que desgarran con sus dientes, salpicando saliva, la mano que les ha liberado" [119•33 .
p Una poetisa, Z. Guíppius, en marzo de 1917 exaltó las banderas rojas e invocó: "¡Vayamos por las calles primaverales, vayamos a la ventisca dorada!”, pero después de la Revolución de Octubre predijo: "¡Para complacer a qué diablo, a qué perro, apresado de qué pesadilla, el pueblo, en profundo silencio, ha matado a su libertad, y no sólo la ha matado, la ha matado a latigazos!" [119•34 .
p El escritor I. Bunin maldijo en un periódico de Denikin al "malvado planetario”, que se "ha sentado bien alto al cuello del salvaje ruso, y el salvaje ruso se ha aventurado a lo que habría aterrado al propio demonio" [119•35 , y llamó a la lucha abierta contra la revolución.
p Los escritores como Z. Guíppius, D. Merezhkovski e I. Bunin definieron inmediatamente su credo político, ofreciendo 120 su talento a los enemigos del Poder soviético. Fueron “buenos” en el sentido de que no ocultaron sus convicciones y procedieron "a cara descubierta”. Mas serían muy pocos los capaces de obrar así.
p Entre otros grupos de la intelectualidad artística de aquella época podía observarse también la existencia de capas bastante pobladas de una especie de "ciénaga" que se distinguía por la inconsistencia de sus concepciones sociales. Hiciéronse amplios intentos de presentar la Revolución de Octubre no como socialista, sino como democrático-burguesa.
p Muchos notables artistas tendieron una linde bien marcada entre el arte y la política. Y como consecuencia de ello, mostraron el afán de impedir la intromisión de la "política" en la esfera del arte. El conocido director de escena Konstantín Stanislavski dijo que sus colegas y él quisieran "echar una mirada en el alma revolucionaria del país”, pero al mismo tiempo contraponía a la tendencia política de las piezas teatrales, "el germen de los sentimientos y las ideas humanos eternamente puros”. En 1920, en un mitin de los trabajadores del arte en el Gran Teatro se dio lectura a una carta de K. Stanislavski, en la que exponía la misma idea: "... el plano de nuestro arte es la estética, de la que no se puede, impunemente, trasladar el arte a otro plano, el de la política, extraño a su naturaleza, o a la vida utilitaria práctica, exactamente igual que no se puede trasladar la política al plano de la estética pura" [120•36 .
p Incluso los artistas que acogieron sincera y calurosamente la revolución, no siempre abordaban con justedad el problema de la correlación entre la política y el arte. Alexandr Blok, que llamó a los intelectuales a "oir la música de la Revolución" de todo corazón, afirmaba a la vez que los escritores no hacían política y que "si hacen política, pecan contra sí mismos, porque "el que dos liebres sigue, no caza ninguna”; no harán política y perderán su voz" [120•37 .
p En el artículo La organización del partido y la literatura de partido, V. I. Lenin habló de las formas específicas de participación del artista en la vida política. En definitiva, Lenin no propugnaba que el escritor abandonase la esfera de la creación artística en aras de la política, sino que la política se manifestara en el arte en las formas concordantes con la esencia del propio arte.
p Otro fenómeno extendido entre la intelectualidad artística pequeñoburguesa era la propaganda de una "tercera revolución, 121 la revolución espiritual”, que debía seguir a la Revolución de Octubre como condición necesaria para dar cima a la misma. Esta idea inspiraba la actividad de la Asociación Filosófica Libre, surgida en 1919. A esta asociación pertenecían las capas intelectuales más heterogéneas, que coincidían en su no reconocimiento del carácter socialista de la Revolución de Octubre.
p Fuerzas considerables de la intelectualidad artística se agrupaban en torno a la Casa de los Literatos y a la Casa de las Artes, fundadas a finales de 1918 por Máximo Gorki. La organización de estas casas vino a ser una peculiar tentativa de mantener a las fuerzas creativas y apoyar la vida artística en las condiciones tan difíciles de aquella época: en ellas tenían lugar discusiones sobre los manuscritos de nuevas obras y sobre cuadros, conferencias, polémicas, etc. Los literatos y artistas recibían allí raciones de víveres y se alimentaban.
p La Casa de los Literatos, en la que llevaban la voz cantante figuras tan venerables de la cultura como S. Venguérov, N. Kotliarevski, A. Kaufman, F. Sologub y otros, agrupaba a intelectuales "democráticos" de diversas tendencias. La añoranza de los viejos días, la esperanza en que pronto pasarían los "tiempos borrascosos" y la vida discurriría por sus cauces “normales”, las quejas por las dificultades, los agravios y la persecución, cortés, en el marco del decoro, pero venenosa y malvada, contra los trabajadores de la literatura y el arte que, de uno u otro modo, se habían decidido a colaborar con el nuevo poder, todo esto era el tono que destacaba en las intervenciones escritas u orales de los "emigrantes internos" que constituían el núcleo más activo de esta organización. De la actitud política de sus dirigentes, obstinados en no llegar a un entendimiento con el Poder soviético, puede dar idea un episodio referido por el escritor Konstantín Fedin. Cuando, después de oír una conferencia de S. Venguérov, le preguntó "si había entendido bien de su discurso que para la intelectualidad ha llegado el momento de acortar las distancias con las concepciones soviéticas”, S. Venguérov respondió lo siguiente: "Somos socialistas desde muy jóvenes; si alguien quiere acercarse a nosotros, puede hacerlo; en nuestras opiniones no hay que cambiar nada" [121•38 . Igual actitud, pero orientada hacia el Occidente capitalista, mantenían los dirigentes de la Casa de las Artes.
p Los portavoces progresistas de la cultura rusa combatían el abatimiento y el pesimismo de la intelectualidad y se enfrentaban con energía a quienes veían en la revolución únicamente el 122 "caos universal" y no se fijaban en los grandiosos avances sociales operados en el país. El escritor A. Serafimóvich escribió airado en diciembre de 1917 en el periódico Noticias del CEC de toda Rusia: "¿Cómo ha podido ocurrir que los representantes de la literatura rusa que se desvelaban por los campesinos, los obreros y los soldados hayan ido a parar a un borde del abismo y estos mismos campesinos, obreros y soldados, al borde contrario?
p ¿Cómo ha podido ocurrir que Iván Bunin, quien con tanta sutileza y arte ha descrito al campesino, haya ido a parar a un borde del abismo y estos mismos campesinos, al otro borde?
p ¿Cómo ha podido ocurrir otro tanto a Evgueni Chírikov, que ha escrito de los campesinos, aunque no con arte, sí con compasión y amor, y a Yuli Bunin, que en su juventud luchó por los campesinos como revolucionario? ¿Y cómo ha podido ocurrir lo mismo a los demás miembros de la asamblea (la sociedad literaria Sredá.— S.F.), que hasta la revolución amaban al obrero y al campesino, y si no les amaban, a lo menos se sentían bien dispuestos hacia ellos y les compadecían?
p ¿Cómo ha podido ocurrir que quienes padecieron por el campesino y por el obrero, incluso yendo a presidio, hayan hablado con odio de este mismo campesino, obrero y soldado?
p Todo esto lo explica una sola palabra, pero una palabra fatal: ha llegado la revolución socialista, y ha separado, como el aceite del agua, a todos los ricos de los pobres. Y por eso los campesinos y los obreros se han visto en un borde del más profundo abismo, y los ricos y todos los vinculados de una u otra manera con ellos, en el otro borde".
p La "ceguera del espíritu creador”, como se expresara A. Serafimóvich, atacó incluso a un artista de tanta envergadura como Máximo Gorki.
p De la actitud del gran escritor hacia la dictadura del proletariado convendría hablar más detenidamente, ya que los errores de Máximo Gorki fueron en gran parte característicos de los intelectuales democráticos de aquella época, y su evolución hacia la toma de conciencia del verdadero sentido de la revolución socialista constituyó un ejemplo para muchos que vacilaban y se habían extraviado, en sus apreciaciones.
p Durante algunos meses, después de pasar el poder a manos de los Soviets, Máximo Gorki juzgó muy unilateralmente los acontecimientos: sólo observaba algunos fallos, reveses y errores del nuevo poder, adoptaba la postura de “acusador”, arremetiendo contra casi todas las medidas del "gobierno de los comisarios del pueblo" y no advertía más que ruina y caos en todo lo que estaba sucediendo.
123p Los extravíos del escritor se reflejaron con la mayor claridad en el ciclo de artículos Ideas intempestivas, publicado en un periódico. En los artículos "Rumbo a la democracia”, "9 de enero — 5 de enero" y muchas otras notas del susodicho ciclo, Gorki discrepaba de los bolcheviques en lo principal: en la tesis sobre la posibilidad de la victoria de la revolución socialista en Rusia. Afirmaba que en la situación existente entonces la revolución no podía triunfar. Por consiguiente, al alzar al proletariado a la insurrección armada, V. I. Lenin realizaba "un cruel experimento, condenado de antemano al fracaso" [123•39 . A la consigna de dictadura del proletariado, Máximo Gorki contraponía la de "unidad de la democracia”, postulando la idea de la suavización de los choques entre las clases. Intentaba demostrar que a los campesinos les repugnaban físicamente la sicología, las ideas y los objetivos del proletariado urbano. Menospreciando la idea leninista de la alianza entre la clase obrera y el campesinado, el escritor cifraba exclusivamente sus esperanzas en la intelectualidad artística y técnica, augurándole poco menos que la función de dirigente único de la revolución.
p Sin embargo, a mediados de 1918 se inició el proceso de “clarividencia” política de Máximo Gorki. Con creciente frecuencia protestaba contra que se acusara a los bolcheviques de lo que no eran culpables y se silenciasen sus indudables méritos ante el pueblo. Escribió acerca de la sinceridad de las convicciones de los bolcheviques y del extraordinario valor con que luchaban por sus ideales. "¿Los bolcheviques? Imagínense, ellos también son hombres... Los mejores de ellos son excelentes personas, de las que con el tiempo se enorgullecerá la historia rusa, y los hijos y nietos de ustedes se sentirán admirados de su energía...
p Diré, sin saber a qué resultados nos llevará en definitiva su actividad política, que, sicológicamente, los bolcheviques han hecho ya un inmenso servicio al pueblo ruso, sacando del punto muerto a toda su masa y despertando en toda ella una actitud activa hacia la realidad, una actitud sin la que nuestro país habría perecido" [123•40 .
p En el cambio del modo de pensar de Máximo Gorki influyó decisivamente (como en parte considerable de la intelectualidad) todo el curso del desarrollo de la revolución y los indudables éxitos alcanzados por ella dentro del país y en la palestra internacional. Disipóse la leyenda sobre que el proletariado de Rusia estaba completamente aislado. La firma 124 de la paz de Brest dio al pueblo una tregua en la guerra, permitió afianzar la alianza de la clase obrera y los campesinos trabajadores, reforzar el poder de los Soviets en las localidades y formar el Ejército Rojo. Decenas de millones de trabajadores aprendieron a regir su Estado. Todo esto mostraba al nombre imparcial y honrado que el Poder soviético era un poder popular, intérprete de los intereses vitales de los trabajadores.
p En el corazón de Gorki encontró doloroso eco el atentado de la eserista Kaplán contra V. I. Lenin. El 4 de septiembre de 1918, en conversación con A. Lunacharski, Gorki manifestó que los actos de terror contra los dirigentes de la República Soviética "le inducen a emprender definitivamente la vía de la colaboración con ellos" [124•41 . Aquel mismo día, Noticias del CEC de toda Rusia, en una nota titulada Máximo Gorki y el Comisaríado de Instrucción, anunció por primera vez el cambio de actitud del escritor y su propósito de iniciar la labor de edición de clásicos rusos y extranjeros.
p No podría decirse que en Gorki no quedaron ya resonancias de las "ideas intempestivas”. De cuando en cuando asomaban en sus artículos. A veces siguió aún apreciando falsamente las posibilidades creadoras de las masas populares, reprochó al proletariado revolucionario de Rusia su poca generosidad, expresó su disconformidad con algunos "modos de actuar" del Gobierno soviético y elevó su protesta contra el proceso de los eseristas de derecha en 1922. Mas en lo principal, Gorki estaba de parte de los bolcheviques.
p El Partido Comunista y su jefe, V. I. Lenin, coadyuvaron muchísimo a que Gorki superara sus yerros políticos. Incluso cuando intervenía casi diariamente en Nóvaya zhizn con artículos profundamente erróneos, la Pravda bolchevique expresaba su firme seguridad en el pronto retorno del escritor al camino verdadero. En el artículo La revolución social y Gorki, el periódico decía el 20 de enero de 1918: "Gorki es demasiado afín a nuestra revolución social para que no creamos en que pronto estará entre sus jefes ideológicos, en el lugar que hace tiempo le corresponde como heraldo de la revolución social universal..."
p Lenin seguía con gran atención las búsquedas de Gorki y también estaba firmemente convencido de que el gran escritor elegiría el camino justo. Reiteradamente escribió cartas a Gorki en las que le aconsejaba una y otra vez que estudiara la vida del pueblo en las fábricas, en el frente, en las aldeas y en los poblados obreros, donde era fácil captar los gérmenes de lo 125 nuevo. Ya a mediados de 1918 Máximo Gorki comenzó a participar activamente en la construcción del Estado soviético y a desplegar una gran labor de organización y propaganda entre la intelectualidad.
p Otra página igualmente ilustrativa en la historia de las relaciones entre el Poder soviético y la intelectualidad artística la constituyen los tesoneros esfuerzos de los comunistas para ayudar a Vladímir Korolenko a formar certero juicio del verdadero sentido de las transformaciones revolucionarias en el país. Korolenko, admirable escritor realista, clásico de la literatura rusa, gozaba de inmenso prestigio y a su palabra prestaban oído los intelectuales no sólo de Rusia, sino también de Europa. La acción del escritor en defensa de la justicia y del humanitarismo le aureolaron como gran humanista y paladín de la verdad. Los últimos años de su vida, Korolenko los vivió en su Poltava natal, que experimentó plenamente los horrores de la guerra civil. Sin adherirse a ninguna de las partes en lucha, condenó con el mismo rigor a los blancos y a los rojos por la crueldad, por los fusilamientos y otras violencias y les exhortó a la clemencia recíproca. La actitud de V. Korolenko fue característica de algunos círculos de la intelectualidad artística.
p Después de que Poltava quedó definitivamente liberada de guardias blancos, A. Lunacharski fue allí y sostuvo una larga conversación con el escritor. Su diálogo giró en torno a los problemas más espinosos y contribuyó considerablemente a que el escritor comprendiera los objetivos del nuevo poder. Korolenko escribió varias cartas a Lunacharski, en las que le daba a conocer sus reflexiones.
p El Partido Comunista bregó resueltamente por ganar a la intelectualidad artística y atraerla a la colaboración. Lenin se dirigió repetidas veces a ella, explicándole que precisamente los bolcheviques luchaban por los mejores ideales de la intelectualidad y habían asumido la ingente tarea de poner en pie al pueblo y trazarle el camino de una auténtica vida humana. Para trabajar entre la intelectualidad artística el partido designó a A. Lunacharski, talentoso propagandista y escritor. "Anatoli Vasílievich parecía creado precisamente para cumplir admirablemente esta tarea... —testimoniaba K. Chukovski en sus memorias—. En su persona el Poder soviético, desde los primeros días de su existencia, apareció ante nosotros, intelectuales formados antes de la revolución, en su encarnación más atrayente. No podía dejar de imponernos la erudición de Anatoli Vasílievich, su cultura, su profundo conocimiento de todas las vías y encrucijadas del arte universal y su competencia en las cuestiones artísticas y filosóficas".
126p Para muchos intelectuales, el propio Lunacharski representaba la fórmula viva del paso del viejo mundo al mundo de las ideas socialistas. El encanto personal de A. Lunacharski jugó un gran papel en el proceso de "sovietización" de la intelectualidad, sobre todo la artística. No en balde hasta la revista burguesa Véstnik literatury dijo, refiriéndose a él: "Incluso el historiador no bolchevique, rendirá homenaje a quien está hoy al frente del Comisariado de Instrucción". [126•42
p Lunacharski trabajó mucho y con fruto a fin de "conquistar moralmente" a la intelectualidad, inclinándola hacia el Poder soviético. Y le asistía toda la razón cuando en un discurso pronunciado el 19 de octubre de 1918 dijo, hablando de sí mismo y de sus colegas del Comisariado del Pueblo de Instrucción, que "hemos tenido la dicha de ser el eslabón de engarce entre el pueblo y la intelectualidad rusa, el eslabón que coadyuvará al feliz desarrollo de la intelectualidad de Rusia..."
p Estas palabras pueden ser aplicadas también con pleno fundamento a Máximo Gorki, después de haber reconocido y superado sus erróneas opiniones acerca de la Revolución de Octubre. En condiciones increíblemente difíciles, Gorki llevó a cabo en Petrogrado una gran labor de esclarecimiento entre los intelectuales para atraerlos a la colaboración con el Poder soviético y prestó ayuda a escritores, científicos, pintores, escultores y actores. Formó en torno suyo un comité no oficial de ayuda a los literatos, científicos y artistas, gestionó la apertura de comedores y la entrega de raciones de víveres, organizó la publicación de obras, intercedió por personas encarceladas, etc. En una palabra, como se expresara A. Blok, el destino había puesto a Máximo Gorki "de intermediario entre el pueblo y la intelectualidad”. Al mismo tiempo, alrededor de Gorki se agruparon elementos hostiles al Poder soviético, que hacían agitación contrarrevolucionaria. Esto dio lugar a que interviniera la Comisión Extraordinaria de toda Rusia, practicando detenciones entre el "público cercano a los democonstitucionalistas".
p Máximo Gorki, excelso escritor ruso, miembro honorario de la Academia de Ciencias, gozaba de inmenso prestigio entre los intelectuales. Por eso fue singularmente valiosa su ayuda a la incorporación de la intelectualidad a la puesta en práctica de las medidas del Poder soviético.
p La actividad de Gorki y su nombre contribuyeron mucho a atraer a los intelectuales más relevantes a la vía de la colaboración con el proletariado.
127p Mas, claro está, la labor de tales o cuales personalidades, aun siendo tan eminentes como A. Lunacharski y M. Gorki, no habría reportado tan excelente fruto de no haber estado firmemente respaldada por el partido y el pueblo.
p Ya al día siguiente de la toma del poder por la clase obrera los problemas del arte y la protección de los valores culturales adquirieron primordial importancia estatal. A finales de octubre de 1917 se formó la Comisión para la protección de los monumentos artísticos y de la antigüedad, como "organismo idóneo y autorizado" del Soviet de Moscú. En la labor de esta comisión participaron activamente muchas de las principales figuras del arte.
p Además, fue creado un Comisariado del Pueblo especial: el del Patrimonio Histórico y Artístico de la república. En abril de 1918 este Comisariado publicó un llamamiento en el que se exponían los principios de la revolución socialista en orden a la herencia cultural del pasado. "Cada monumento de la antigüedad y cada obra de arte —se decía en el llamamiento—, de los que gozaban únicamente los zares y los ricos, son ahora nuestros: jamás se los cederemos a nadie y los conservaremos para nosotros y para las futuras generaciones, para los hombres que nos sucedan y deseen saber cómo y de qué vivieron sus semejantes anteriores a ellos...
p Huelga preguntarse en qué manos se hallaban antes los tesores artísticos o históricos: palacios, palacetes, templos, etc., en los que fueron puestos tanto trabajo y belleza, expresión de la obra creadora del pueblo. Lo importante es saber quién es ahora su dueño. Lo es toda Rusia, la Rusia trabajadora. Por eso, el odio que tiene el pueblo a sus antiguos amos, a los zares y otros opresores, no lo propaga a los objetos que no son culpables de nada, a los que desde ahora tratará como solícito dueño, a fin de que todos puedan estudiarlos y admirarlos".
p El valor principal para el Poder soviético lo constituían los propios depositarios y artífices de los bienes culturales, materiales y espirituales. Véase lo que hubo de reconocer la revista Rússkaya kniga, de los emigrantes, de la que no se puede pensar en modo alguno que simpatizara con los bolcheviques: "Sería injusto acusar a los bolcheviques de que persiguen individualmente o incluso desprecian a los literatos rusos o a los científicos rusos. Por el contrario, la imparcialidad, que, por desgracia, no es hoy cosa frecuente, exige reconocer que si ha habido alguna vida en Rusia menos amenazada durante este tiempo, ha sido la vida de los escritores y científicos. Para sostener y alimentar a los escritores rusos se han formado 128 amplias empresas editoriales, que encontraban apoyo en los círculos gubernamentales" [128•43 .
p Con vistas a intensificar la acción política de los artistas y proteger sus intereses profesionales, a comienzos de 1919 se constituyó el Sindicato de Trabajadores del Arte de toda Rusia, en el que se integraron las anteriores organizaciones sindicales de actores, artistas circenses, trabajadores del arte musical y cinematográficos, tramoyistas y artistas del ballet privado, así como la Unión Internacional de Artistas Circenses. En el primer artículo de los estatutos del sindicato se fijaban las tareas políticas: solidaridad con el movimiento proletario internacional, agrupación de la amplia masa de los trabajadores del arte e incorporación de la misma a la construcción socialista. Los asistentes a su primer congreso (mayo de 1919) se pronunciaron por la más rápida aplicación de la total nacionalización de los teatros y decidieron adherirse a la movilización de los trabajadores del arte en defensa de la patria socialista.
p A la vez, en el congreso se expresó la opinión de que el Estado no debía inmiscuirse en las cuestiones del arte. El director del Teatro Maly, A. Yuzhin, dirigió al presidente del congreso una carta en la que circunscribía la misión del sindicato a la esfera de la vida artística y reivindicaba el derecho exclusivo de los actores a dirigir toda la vida teatral "... El teatro, por la esencia de la idea sobre la que descansa—escribía A. Yuzhin—, sólo conoce un trabajador único qe puede y debe, y tiene derecho a hacerlo, resolver todos los problemas relacionados con la vida del teatro. Este trabajador es el actor”. Fundándose en los principios de organización y en las tareas de los sindicatos, el congreso rechazó la propuesta de A. Yuzhin. "El sindicato unificado de los trabajadores del arte —se decía en la carta de respuesta de la presidencia del congreso— debe participar en la construcción general del Estado y por eso no puede limitar su acción a la esfera de las cuestiones artísticas".
p Los representantes del sindicato participaron intensamente en el trabajo de las secciones artísticas del Comisariado del Pueblo de Instrucción y en la preparación y puesta en práctica de todas las medidas más importantes del Estado en el ámbito del arte. Una de las principales tareas del sindicato era la de educar ideológicamente a los trabajadores del arte e intensificar la influencia comunista entre ellos. En mayo de 1920, por 129 resolución del Comité de Moscú del PC (b) de Rusia, todos los comunistas que trabajaban en profesiones artísticas deberían integrarse en la fracción comunista de este sindicato y cumplir las tareas que les encomendara el secretario de la fracción. Por indicación del CC del PC (b) de Rusia, fracciones análogas fueron organizadas en cuarenta ciudades de la RSFSR. En muchas directivas urbanas del sindicato parte considerable de sus componentes la formaban comunistas. Por tanto, se acentuó el influjo del partido no sólo en la organización sindical, sino también entre todos los trabajadores del arte.
p En junio de 1920, el II Congreso del Sindicato de Trabajadores del Arte de toda Rusia pudo decir ya en su resolución que "el sindicato propugna la realización del régimen comunista a través de la dictadura del proletariado, que lleva implícita la emancipación del arte".
p Habiendo agrupado a parte considerable de la intelectualidad artística, el sindicato coadyuvó a cambiar sus concepciones ideológicas y a que se incorporase a la construcción de la cultura socialista. Dando amplio impulso a variadas formas de propagación del arte en ciudades y pueblos y en el Ejército Rojo, con lo que contribuyó a que la intelectualidad se interesara por la actividad sociopolítica, el sindicato fue logrando la participación de los trabajadores del arte en el cumplimiento de las tareas generales de la construcción del socialismo.
p El trabajo del Partido Comunista entre la intelectualidad artística dio buenos resultados. Sus mejores representantes, haciendo oídos sordos a los abogados de la burguesía que pretendían intimidarles con el fantasma del socialismo, empezaron a prestar ayuda al Poder soviético en el terreno de la edificación cultural. Las fuerzas más sanas, las fuerzas democráticas de la intelectualidad artística optaron definitivamente, aunque poco a poco y con errores y vacilaciones, por el socialismo. Naturalmente, no todos estos intelectuales pudieron decir, como el poeta Vladímir Mayakovski: "¡Es mi revolución!”, pero en los años difíciles no abandonaron a su pueblo. Muchos quedaron en Rusia, quizá no empujados por el "instinto revolucionario”, pero sí movidos por un sentimiento nacional, patriótico, de amor al arte patrio.
p De este sentimiento de amor a la patria habló inspiradamente Anna Ajmátova en unas líneas que alcanzaron gran difusión: "Yo oía voz. Me llamaba consoladoramente, me decía: "Ven aquí, deja tu tierra sorda y pecadora, deja a Rusia para siempre. Te limpiaré la sangre de tus manos, sacaré de tu corazón la tenebrosa vergüenza, cubriré con un nuevo nombre el dolor de las derrotas y las humillaciones”. Mas, indiferente y tranquila, 130 me tapé con las manos los oídos para que estas indignas palabras no profanaran mi afligido espíritu" [130•44 .
p Este sentimiento de amor a la patria fue lo principal también para muchos otros intelectuales rusos. Uno de los camaradas de I.eonid Sóhinov recordó: "Nos enseñaba no sólo la disciplina profesional, sino el amor a la patria: del conjunto de cantantes solistas casi nadie emigraría después, aunque a muchos, entre ellos a mí. se les propuso cambiar la "penosa realidad rusa" por la despreocupada existencia en un país capitalista. Durante la guerra civil. 1,. Sóbinov se vio casualmente en territorio ocupado por los blancos. Para llevarle a Occidente se le ofreció un buque especial. Pero él dijo: "Pase lo que pase y como quiera que ocurra, de Rusia no me marcharé nunca”. Uno de los hombres más ricos de Moscú. A. Bajrushin. fundador del Museo Teatral, hubiera podido emigrar sin grandes dificultades. Pero le retuvo en el frío y hambriento país el amor a la patria y a su obra. El Museo A. Bajrushin [130•45 , que empezó siendo una pequeña colección particular, era muy conocido en Europa y en todo el mundo. Su dueño se lo donó a Moscú y él mismo colaboró activamente con el Comisariado del Pueblo de Instrucción. Tampoco se fueron de su patria los escritores y poetas V. Veresáev. S. Serguéiev-Tsenski. K. Treniov. S. Esenin. V. Shishkov, A. Chapyguin. A. Grin. N. Teleshov y otros. Al Canto a la perdición de la Tierra Rusa opusieron su seguridad en el saludable influjo de la renovación revolucionaria de toda la vida. Contestando a un cuestionario de la Unión de Literatos, A. Blok escribió el 13 de mayo de 1918: "... El artista debe saber que la Rusia que hubo, ya no la hay ni la habrá nunca. La Europa que hubo, no la hay ni la habrá... El mundo ha entrado en una nueva era. Aquella civilización, aquel Estado. aquella religión, han muerto. Pueden volver y existir aún. pero han perdido el ser, y nosotros, que hemos presenciado sus convulsiones mortales y monstruosas, quizás estemos condenados a presenciar ahora su descomposición y putrefacción... El artista debe arder en ira contra todo lo que pretende galvani/ar el cadáver... El artista debe prepararse a acoger acontecimientos más grandiosos aún, que han de advenir, y una vez que los ha acogido, saber inclinarse ante ellos" [130•46 .
131p Al mismo tiempo, en el fragor de la guerra civil, se forjaron fuerzas literarias que pronto habrían de crear la literatura nueva, soviética. Los escritores D. Fúrmanov, I. Babel, V. Katáev, B. Lavreniov, A. Gaidar, A. Fadéiev, N. Ostrovski y otros podían haber repetido las palabras del poeta N. Tíjonov: "... Me hizo poeta la Revolución de Octubre. Me abrió los ojos para que mirase el mundo..."
p El Poder soviético estimuló el desarrollo del arte teatral. En 1919, por decreto del Gobierno soviético, fueron nacionalizados los teatros, que pasaron a depender del Comisariado del Pueblo de Instrucción. A los teatros más meritorios se les dio el título de académicos. El repertorio de los teatros lo determinaban en su mayor parte comisiones elegidas por los actores. Fue muy fructuosa la actividad de los equipos artísticos que salían a representar ante las unidades del Ejército Rojo y en los pueblos. A fin de estimular el trabajo artístico, en 1920, a iniciativa de V. I. Lenin, se instituyó el título de Artista del Pueblo de la República, que se concedió por primera vez a la gran actriz rusa María Ermólova. Sucesivamente se distinguió con él a K. Stanislavski, A. Nezhdánova, L. Sóbinov, E. Guéltser y otros artistas.
p A pesar de las difíciles condiciones de vida, la mayoría de los artistas trabajaba con abnegación, ensayando y representando en edificios fríos. El nuevo espectador correspondió a los artistas con una actitud entusiasta, que incluso los críticos teatrales burgueses hubieron de reconocer.
Entre los que jugaron un papel extraordinario en la obra de propagación de la cultura musical en los primeros años de la revolución encontramos los nombres de muchos compositores, intérpretes y maestros de música de primera fila: A. Glazunov, M. Ippolítov-Ivánov, R. Glier, S. Vasilenko, M. Gnesin, B. Asáfiev, N.Miaskovski, A.Goldenvéizer, A.Guédikeyotros. Al frente de los conservatorios de Petrogrado, Moscú y Kíev, principales instituciones musicales del país, estaban A. Glazunov, M. Ippolítov-Ivánov y R. Glier. El compositor S. Vasilenko, además de dedicarse a la obra creativa, era jefe del Buró encargado de la organización de conciertos, constituido en 1918, dirigía una orquesta sinfónica en Moscú, participaba como comentarista en los recitales musicales que se daban en los clubes de soldados rojos v en los hospitales y leía conferencias públicas sobre teoría e historia de la música. M. Gnesin llevó a cabo una gran labor de divulgación musical y pedagógica y leyó conferencias en Rostov del Don, participando activamente en la fundación del Conservatorio del Don.
132p El curso de la lucha sostenida por los obreros y campesinos frente a la contrarrevolución interior y exterior convenció a grandes grupos de intelectuales de que eran irrealizables sus esperanzas en el próximo retorno del régimen burgués. La lógica de los acontecimientos empujó a parte considerable de la intelectualidad burguesa a aceptar la colaboración con el Poder soviético. He aquí, por ejemplo, las palabras que dirigió a los intelectuales científicos en 1918 el conocido siquiatra ruso V. Béjterev: "En el viraje de la historia no cabe quedarse en la encrucijada a la espera de lo que venga. Hace falta tener voluntad de acción, voluntad de entrega a la obra constructora y el trabajo creador, y nosotros, hombres de ciencia, que siempre hemos puesto nuestras fuerzas al servicio de la humanidad, no debemos vacilar. Hemos de decidir si estaremos con el pueblo, que, después de haber conquistado su libertad, quiere construir él mismo su futuro y nos llama a colaborar en esta construcción... Por eso, debemos aspirar a reducir en lo posible el tiempo de desbarajuste económico y dedicar enteramente nuestros conocimientos y toda nuestra aptitud al trabajo constructivo en las condiciones actuales de nuestro país y en bien del pueblo”. El venerable científico confirmó estas palabras con hechos. Dirigióse a V. I. Lenin, proponiendo organizar cursos de perfeccionamiento de practicantes para el Ejército Rojo, fundó el Instituto Siquiátrico, una de las primeras instituciones científicas soviéticas, y elaboró el proyecto de Instituto de Estudio del Cerebro.
p En la prensa periódica de aquel tiempo aparecían con creciente frecuencia artículos en los que por diversos intelectuales se intentaba definir su actitud hacia el Poder soviético, que no dejaba de robustecerse. A este propósito es interesante un documento publicado el 3 de marzo de 1920 en el periódico Noticias del CEC de toda Rusiabajo el título Declaración de los intelectuales trabajadores. En notas de la redacción del periódico se indicaba que procedía de un grupo que preparaba la formación de la Unión de Intelectuales Trabajadores, en el que había personalidades muy prestigiosas entre los intelectuales.
p El primer artículo del proyecto de Estatutos de la Unión de Intelectuales Trabajadores, citado en las notas de la redacción, se planteaba como objetivo de esta asociación "coadyuvar por todos los medios a la más conveniente utilización de las fuerzas intelectuales de Rusia al objeto de hacer resurgir su vida cultural y económica" y a "la distribución de las fuerzas intelectuales por sus especialidades".
133p Los autores de la declaración se dirigían a los "círculos sociales dirigentes de Europa y América y a nuestros compatriotas en el extranjero”, exhortándoles a:
p 1) cesar el apoyo a la intervención armada en los asuntos exclusivamente internos de Rusia;
p 2) reanudar con la mayor rapidez posible las relaciones culturales y económicas con Rusia, independientemente del régimen que existe en ella;
p 3) prestar amplio y múltiple concurso al pueblo ruso en la esfera del restablecimiento de sus fuerzas culturales, productivas y económicas".
p A la par, los autores de la declaración explicaban a los emigrantes blancos que "debían revisar muchos de sus puntos de vista y convicciones, por no corresponder ya a las necesidades actuales del país ni al estado de ánimo y modo de pensar’de las grandes masas populares, como tampoco de numerosos grupos de la intelectualidad, que han evolucionado considerablemente durante este tiempo...
p Por qué vías seguirá avanzando el proceso revolucionario ruso, qué ideas rectoras triunfarán definitivamente en él y en que’ se expresará el cambio sicológico que se opera en las masas, no es posible predecirlo ahora, y más difícil aún es influir sobre él con medidas violentas de presión".
p Es fácil observar que en esta declaración, aunque en formulaciones bastante veladas y cautelosas, resuenan algunas de las tesis de la recopilación Smiena vej“( Cambio de ¡alones”) aparecida al año siguiente, 1921, y que dio nombre a la tendencia llamada smienovejista.
p En forma más precisa, en numerosas declaraciones del catedrático de derecho N. Gredeskul se habló de la posibilidad e incluso de la necesidad del "cambio de jalones" para los intelectuales. Gredeskul, que figuró entre los dirigentes del Partido Demócrata Constitucionalista, intervino en 1920 con una serie de conferencias y artículos que fueron publicados en la prensa soviética, en particular en el periódico Noticias del CEC de toda Rusia. La redacción de este periódico acompañó los artículos de N. Gredeskul con la siguiente nota: "La redacción publica los artículos del camarada N. Gredeskul por ser un reflejo característico del proceso que tiene lugar ahora en los círculos intelectuales".
p ¿Qué planteaba a la intelectualidad este antiguo miembro del CC del partido de los democonstitucionalistas? El tema principal de las intervenciones de N. Gredeskul era la definición de la actitud que debían mantener los intelectuales respecto al sistema político y económico del Estado soviético. Fue en la 134 serie de artículos La intelectualidad en el viraje donde aparecía más netamente trazada su línea política. Gredeskul escribió: "Cada día es más evidente que no nos hallamos ante un atolladero de la historia ni ante un episodio fortuito de ella, sino ante un camino ancho, asendereado y luminoso por el que el proceso histórico, orientado también esta vez por los esfuerzos conscientes de personalidades perspicaces, nos conduce a un grandioso viraje en toda la historia humana.
p Hacia este lado debe inclinarse el observador, por cuanto tiene en cuenta lo que sucede. Mas nosotros no somos observadores; somos participantes directos de lo que ocurre en Rusia. E incluso si quedamos al margen de los acontecimientos, ellos se deslizarán, de todos modos, a través de nosotros y determinarán nuestro destino personal y el destino de nuestro país. No podemos limitarnos a sopesar las probabilidades, debemos salvarnos de calamidades de todo género y sacar a Rusia del desbarajuste económico en que se ve metida. Por eso, todos nuestros razonamientos y conclusiones debemos trasladarlos del dominio de la razón al de la voluntad, debemos tomar una decisión. Hemos de decir sí o no: ¿Con la Rusia Soviética o contra ella? La situación de personas “ajenas” en nuestro propio país no nos conviene y es indigna. Además, es simplemente mortificante y cada día se hace más penosa.
p Nuestra intelectualidad militar rusa, los oficiales rusos, con el general Brusílov a la cabeza, han acabado con la vaguedad, han determinado cual es su voluntad y han tomado una decisión... Nosotros debemos decir asimismo: si estamos aquí con la Rusia Soviética o nos enfrentamos a ella.
p Creo que a favor de la respuesta afirmativa en esta cuestión tenemos aquí, en Rusia, otra consideración que disipará definitivamente todas las dudas y vacilaciones. Ustedes dudan de que triunfe la revolución, vacilan en que se pueda pagar por ella el precio que cuesta. Mas no olvidemos que en Rusia ya ha sido hecho todo: la revolución se ha realizado y ya se ha pagado el precio por ella... El capitalismo ha sido destruido, el país está de lleno ante la tarea de la restructuración socialista.
p ¿Significa esto, pues, que se debe seguir afirmando que la historia ha marchado por un camino que no es el nuestro y que es preciso hacerla volver atrás? ¿Pero cómo hacerlo sin contrarrevolución, sin una nueva guerra civil? Por consiguiente, ¿otra vez sangre, otra vez ruina, otra vez la dictadura, pero entonces burguesa, y no proletaria? ¿O acaso alguien piensa que se puede hacer retornar el paraíso anterior a través de los propios bolcheviques? Esto sería demasiado ingenuo. Sin hablar de todo lo demás, la historia no está tan sujeta en las manos de 135 los hombres eximo para poder hacerla girar arbitrariamente a un lado o a otro. No, nuestra suerte está echada, hemos pasado nuestro Rubicón. ya estamos en la otra orilla, y además con el pueblo entero, y debemos acomodarnos aquí o ahogarnos entre el disturbio y el pánico al pasar de vuelta al otro lado" [135•47 .
p Debe decirse que los discursos de N. Gredeskul en los mítines de intelectuales congregaban grandes auditorios y eran acogidos, según las reseñas de Noticias del CEC de toda Rusia. con aplausos y la aprobación de resoluciones en apoyo de las iniciativas del Poder soviético.
p La Declaración de los intelectuales trabajadores y las intervenciones de V. Béjterev, N. Gredeskul y otros fueron una especie de signo de los tiempos, una prueba de que una gran parte de intelectuales que no reconocía antes el Poder soviético o que lo reconocía por necesidad, hacía público que lo aceptaba.
p No importa que los objetivos finales de estos intelectuales y del Poder soviético no coincidieran en todo. Mas, como resultado de su actitud, el Estado soviético obtenía la posibilidad de aprovechar los conocimientos y la experiencia de la intelectualidad burguesa. Y esto, en unas condiciones de acuciante falta de especialistas altamente cualificados, encerraba extraordinaria importancia para la joven República de los Soviets. Las declaraciones análogas a las reproducidas más arriba constituían un testimonio de la creciente acentuación del proceso de diferenciación de la intelectualidad de la época zarista y de desprendimiento de ella de grupos considerables que se mostraban leales al Poder soviético.
p Pero, al mismo tiempo, de la intelectualidad se perfilaron elementos netamente contrarrevolucionarios, que luchaban porfiadamente contra el poder de los obreros y campesinos. En los momentos en que la inmensa mayoría de los llamados “especialistas” trabajaban ya en las empresas e instituciones soviéticas, muchos “jefes” de la intelectualidad seguían atrincherados en sus posiciones antisoviéticas. Esto lo advirtió atinadamente el poeta S. Gorodetski: "Todos los especialistas llevan ya mucho tiempo trabajando, mientras que los pensadores y creadores oran ante los iconos cubiertos de hollín”. La participación de intelectuales en conspiraciones y sublevaciones eran fenómenos muy extendidos.
p Tal era el estado de cosas respecto a la intelectualidad que se hallaba en el territorio de la República Soviética, principalmente en el centro del país. Mas un número considerable de intelectuales quedó durante la guerra civil en las zonas 136 invadidas por los guardias blancos y los intervencionistas o huyó a ellas desde las regiones soviéticas. Muchos de ellos no participaron directamente en los eventos políticos; otros colaboraron con el centro propagandístico de Denikin, dedicado a la agitación contrarrevolucionaria, sirvieron en las tropas de guardias blancos, organizaron pogromos y fusilaron a personas civiles y a prisioneros de guerra.
p Otra parte de la intelectualidad se apresuró a abandonar la patria en el curso de la guerra civil. Se trataba de altos funcionarios, políticos, abogados, periodistas, etc. Emigraron también muchas personalidades de la cultura rusa, como los escritores A. Kuprín e I. Bunin, los compositores S. Rajmáninov, N. Méther y A. Grechanínov, algunos científicos, artistas y pintores destacados. Los motivos que impulsaron a estos hombres a marchar al extranjero fueron muy diversos. Unos huyeron de Rusia por "desconformidad ideológica" con el poder de los obreros y campesinos. A otros les asustaron las dificultades de la vida en el país arruinado y pobre. Hubo quienes creían que Rusia había perecido en general, desapareciendo con ella la cultura rusa. Los demás confiaban en soslayar tranquilamente los años tempestuosos, a la espera de mejores tiempos.
p Así, por ejemplo, en la emigración se vio el conocido escritor Alexéi Tolstói. En sus obras, escritas en la primavera y el verano de 1917 saludó el nacimiento de "la nueva Rusia" y habló de la revolución como símbolo de la verdad y la justicia. Sin embargo, la realidad que siguió a la Revolución de Octubre resultó más complicada para el escritor que sus esquemas ético-sociales. Los horrores de la guerra civil, las crueldades de una y otra parte, el hambre y los sufrimientos de millones de seres hicieron creer a A. Tolstói que el país perecería. Y en 1919 marchó de Rusia [136•48 .
p Muchos emigrantes prosiguieron en el extranjero la lucha "contra los Soviets”. Desataron una rabiosa propaganda antisoviética, denigrando en todos los tonos el poder de los obreros y campesinos, acusándole de haber acabado con la civilización y el patrimonio cultural e instigando a la cruzada contra el Estado soviético. El conocido escritor L. Andréiev dijo: "Lo mismo que el telegrafista de un buque que se va a pique lanza en la noche, cuando todo son tinieblas, su último mensaje: "¡Ayuda! ¡Cuanto antes! ¡Nos hundimos! ¡Salvadnos!”, también yo, movido por la fe en la bondad del hombre, lanzo al espacio y las tinieblas mi súplica por los hombres que se 137 ahogan. La noche es tenebrosa... ¡Y el mar es terrible! Pero el telegrafista tiene fe y llama obstinado, llama hasta el último instante, mientras no se apaga la última luz y no calla para siempre su telégrafo sin hilos" [137•49 .
p Los primeros años de la revolución fueron para la intelectualidad rusa un período de "gran reconsideración de valores”. Para muchos intelectuales fue la etapa del camino que les llevaría a la aceptación consciente de las ideas socialistas y a la participación activa en la construcción del socialismo. Para otros, en cambio, este período se significó por la sucesiva profundización de su ruptura con el pueblo y el paso definitivo al campo de sus enemigos, al rancho de la emigración blanca.
p La línea política de V. I. Lenin y del Partido Comunista con respecto a la intelectualidad burguesa —cortarla acción de los elementos contrarrevolucionarios y utilizar a los leales—ayudó enormemente a la consolidación del Estado soviético. En los rigurosos años de guerra civil, intervención y desbarajuste económico, el Partido Comunista y el Gobierno soviético lograron la colaboración de gran número de intelectuales, que ayudaron a la clase obrera a defender el país contra la intervención extranjera y la contrarrevolución interna, a mantener la economía nacional y a dar los primeros pasos en la esfera del desarrollo de la ciencia y de la cultura. Esta colaboración fue asegurada, en primer lugar, mediante el continuo reforzamiento de la dictadura del proletariado; en segundo lugar, merced a la tesonera lucha de los trabajadores por la libertad y la independencia nacional, y, por último, gracias a la acertada política leninista del Partido Comunista con relación a la intelectualidad burguesa.
El que la masa fundamental de la intelectualidad de la época zarista se pusiera al servicio del Poder soviético no quería decir que ya hubiese hecho suya plenamente la ideología socialista y fuera defensora ideológica de la construcción de la nueva sociedad. Entre los intelectuales burgueses eran muchos los que no creían en el "experimento bolchevique" y sólo trabajaban inducidos por su patriotismo, amor a la profesión o motivos económicos. No obstante, el propio hecho del viraje de la intelectualidad de cara al Poder soviético fue una gran victoria del Partido Comunista. Significaba que, una vez dados los primeros pasos, los más difíciles, para separar de la burguesía a la intelectualidad, se habían puesto firmes cimientos a la colaboración creadora entre los hombres de la ciencia, la técnica y la cultura y la clase obrera.
Notes
[119•33] K. Bálmont. Soy revolucionaría o no. Moscú. 1918, pág. 3.
[119•34] Z. Guíppius. Ultimas poesías. Retrogrado, 1918. págs. 39. 48.
[119•35] Tomado de Krásiuiya no\-, 1924, N° 3 pág. 253.
[120•36] Carta de Stanislavski, aparecida en Véstnik teatra, 1920, N° 48, pág. 12.
[120•37] Alexandr Blok. Obras, en dos tomos, t. 2. Moscú, 1955, págs. 227-228.
[121•38] K. Fedin. El escritor, el arte y el tiempo. Moscú. 1961. pág. 62.
[123•39] Nóvaya zhizn. 10 (23) de noviembre de 1917.
[123•40] Nóvaya zhizn, 26 de mayo de 1918.
[124•41] Noticias del CEC de toda Rusia, 10 de septiembre de 1918.
[126•42] Véstnik literatury, N° 4, pág. 10.
[128•43] Rússkayu kniga. Berlín, 1921, N° 1, pág. 3.
[130•44] Anna Ajmáhna. l.ti (iirn-rd del rieinpn. Leningiado. IWó. pag. 195.
[130•45] Después de la Revolución de Octubre, por disposición de V. I. Lenin si dio al museo e! nombre de su fundador. Rn la actualidad el museo cuenta con medio millón aproximadamente de objetos y es la mayor colección del mundo dedicada a la historia del teatro ruso y del multinacional teatro soviético.
[130•46] Alexandr Blok. Obras Escogidas en dos tomos, t 2. Moscú. 1955, pág. 291.
[135•47] Nuticitis del CEC de toda Rusia, 29 de julio de 1920.
[136•48] A. Tolstói (1882-1945) se repatrió en 1923 y participó activamente en la construcción de la cultura socialista. Fue elegido diputado del Soviet Supremo de la URSS.
[137•49] L. Andréiev. ¡Salvadnos! (SOS). París. 1918. pág. 14.