_p Escrito en el destierro a fines de 1897.
Publicado por primera vez en 1898, en Ginebra, como folleto.
Se publica de acuerdo con el texto del folleto editado en 1902, cotejado con el manuscrito y el texto de la recopilaci�n: V. Il�n, En doce a�os, de 1907, 320 321 IPOOETAPIH BC�Xfc CTPAH-B, COHIAJn>;CEMOKPAra<IECKAfl: PABOIAfl H. JIEHHHX. Cb DPWtCJIOBlBMlI ABTOPA H n.B.AKCE/lbPOAA. Ib/umle 3arpan. fl»r» Pycot KEHEBA. Jim, Boate C»roline, 27. 1902 r.Tapu de la 2&adot; edici�n del folleto de V. I. Lenin Tareas de los soc�aldem�cratas rusos. 1902,
322 323p Han pasado exactamente cinco a�os desde la fecha en que escrib� el presente folleto, cuya segunda edici�n se publica ahora por exigencias de la agitaci�n. Durante este breve plazo nuestro joven movimiento obrero avanz� tanto, la situaci�n y las fuerzas de la socialdemocracia rusa experimentaron cambios tan profundos, que la simple redici�n de un folleto ya anticuado podr�a parecer sorprendente. ¿Acaso no cambiaron en absoluto las Tareas de los socialdem�cratas rusos en 1902 en relaci�n a 1897? ¿Acaso no evolucionaron para nada los conceptos que al respecto sustentaba el autor, quien, por ese entonces, apenas recog�a las conclusiones de la “primera experiencia" de su actividad partidaria?
p No cabe duda de que los lectores se plantear�n tales preguntas (y otras semejantes), y para responderles tendremos que remitirnos al folleto ¿Qu� hacer?, y agregar algunos conceptos a los que all� expusimos. Y decimos remitirnos al folleto mencionado, para destacar las opiniones desarrolladas en el mismo por su autor sobre las tareas actuales de la socialdemocracia; y al manifestar que lo completaremos (v�anse las p�gs. 31-32, 121, 138) [323•* , nos referimos a las condiciones en que fue escrito el trabajo que hoy reditamos, y su relaci�n con el “per�odo” singular por el que atraviesa el desarrollo de la socialdemocracia rusa. En el trabajo citado (¿Qu� hacer?) describo, en l�neas generales, cuatro per�odos peculiares, en el �ltimo de los cuales me refiero “al dominio del presente y, en parte, del futuro”. El tercer per�odo, que abarca 1897-1898, lo caracterizamos como el de dominaci�n (o, por lo menos, de amplia difusi�n) del “economismo”^^35^^; el segundo y primero trascurren en 1894-1898 y 1884-1894, respectivamente. A 324 diferencia del tercer per�odo, en el segundo no observamos divergencias entre los propios socialdem�cratas. Por ese entonces la socialdemocracia estaba ideol�gicamente cohesionada, y se hab�an hecho tentativas para lograr la misma unidad tambi�n e u el terreno pr�ctico y organizativo (la formaci�n del Partido Obrero Socialdem�crata de Rusia) ^^36^^. En esa etapa los socialdem�cratas no centraban fundamentalmente su atenci�n en esclarecer y dar soluci�n a determinados problemas internos del partido (como en el tercer per�odo), sino en la lucha ideol�gica contra los adversarios por un lado, y, por el otro, en la tarea de impulsar la labor pr�ctica del partido.
p Entre la teor�a y la pr�ctica de los socialdem�cratas no exist�a en esa etapa, el antagonismo que apareci� en la �poca del “ economismo".
p El presente folleto refleja las particularidades de la situaci�n de entonces y las correspondientes “tareas” de la socialdemocracia; exhorta a profundizar y extender la labor pr�ctica, sin advertir que la no aclaraci�n; de determinados conceptos generales, principios y teor�as constituye un “impedimento” para ello; sin advertir las dificultades (inexistentes en ese momento) que se presentan para conjugar la lucha pol�tica con la econ�mica. En este trabajo se exponen los principios socialdem�cratas a los adversarios, a los partidarios de “Nar�dnaia Volia”, y de “Nar�dnoie Pravo" [324•* , y se trata de disipar los malentendidos y prevenciones que los impulsan a alejarse y apartarse del nuevo movimiento.
p Y he aqu� que ahora, cuando evidentemente el per�odo del “economismo” llega a su fin, los socialdem�cratas vuelven a la misma posici�n que ten�an hace cinco a�os. Como es natural, las tareas que en la actualidad encaramos son much�simo m�s complejas—de acuerdo con el gigantesco crecimiento operado en el movimiento durante este tiempo—; pero, por las caracter�sticas esenciales del momento actual, se repiten Jas peculiaridades del “segundo” per�odo, esta vez sobre una base m�s amplia y con m�s profundidad. A medida que desaparece el economismo se van diluyendo las diferencias entre nuestra teor�a, programa, objetivos t�cticos y labor pr�ctica. Una vez¡ m�s podemos y debemos exhortar audazmente a trabajar m�s; en profundidad y extensi�n, porque 325 las premisas te�ricas de nuestra labor han sido ya notablemente depuradas. Una vez m�s tenemos que concentrarnos en especial en las tendencias no socialdem�cratas ilegales de Rusia, en tanto que enfrentamos las mismas corrientes de la primera mitad de la d�cada del 90 del siglo pasado, id�nticas en esencia, aunque hoy bastante m�s evolucionadas, m�s formadas y “m�s maduras".
p En el proceso de liberaci�n: de sus viejos vicios los partidarios de “Nar�dnaia Volia" llegaron a trasformarse en “socialistas revolucionarios" ^^37^^, demostrando ya con esa denominaci�n que se detuvieron a mitad de camino: est�n rezagados con respecto al viejo socialismo “(ruso”), pero no se acercan al nuevo (la socialdemocracia). Bas�ndose en la cr�tica burguesa (¡qu� “socialistas”!) y oportunista (¡vaya “revolucionarios”!), archivan el marxismo, la �nica teor�a del socialismo revolucionario que conoce la humanidad de nuestros d�as. La falta de una base ideol�gica y de principios los lleva, en la pr�ctica, hacia el “aventurerismo revolucionario”, que se manifiesta en sus aspiraciones de colocar en un mismo plano capas y clases sociales como los intelectuales, el proletariado y los campesinos; en su ruidosa pr�dica del terror “sistem�tico”, en el magn�fico programa agrario m�nimo que formulan (socializaci�n de la tierra, cooperaci�n, sujeci�n al nadiel. V�ase al respecto Isfcra^^38^^, n�ms. 23 y 24 [325•* ), en la posici�n que adoptan respecto de los liberales (v�ase el n�m. 9 de Revoliutsi�nnaia Ross�a^^39^^, y el comentario del se�or Zhitlovski sobre Osvobozhdenie *°, en el n�m. 9 de Sozialistische Monatshefte^^41^^), y en muchos otros hechos a los que con seguridad volveremos a referirnos. En Rusia existen todav�a muchos elementos y condiciones sociales que estimulan la inestabilidad de los intelectuales, avivan la ambici�n de conjugar todo lo viejo y caduco con lo que est� de moda pero no tiene vitalidad en las personas predispuestas a las reformas radicales y que, por la caracter�stica mencionada no pueden adherir a la lucha de clase que libra el proletariado. Por consiguiente, y hasta que la evoluci�n capitalista y la agudizaci�n de las contradicciones de clase no cambien radicalmente sus puntos de vista, la socialdemocracia rusa debe tener en cuenta la orientaci�n o las orientaciones afines al “socialismo revolucionario".
p Con motivo de esas mismas condiciones desaparecieron del escenario pol�tico con gran rapidez los partidarios de “Nar�dnoie 326 Pravo”, que en 1897 se distingu�an por una inestabilidad no menor que los socialistas revolucionarios de hoy (v�ase m�s adelante, p�gs. 20-22) [326•* . Pero la “sensata” idea que expon�an—separar tajantemente las reivindicaciones de libertad pol�tica del socialismo—no se ha extinguido ni pod�a desaparecer, porque en Rusia las corrientes liberales y democr�ticas son muy fuertes y siguen adquiriendo vigor entre las! m�s diversas capas de la grande y peque�a burgues�a. Por consiguiente, la liberal Osvobozhdenie, que deseaba agrupar en su derredor a los representantes de la oposici�n burguesa en Rusia, se convirti� en heredera leg�tima de los adeptos de “Nar�dnoie Pravo”, en continuadora fiel, consecuente y madura de ese grupo. Y en la medida en que es inevitable que caduque y muera la vieja Rusia anterior a la Reforma, que desaparezca el campesino patriarcal, el antiguo tipo de intelectual que se apasiona igualmente con la comunidad rural, con las cooperativas agr�colas y con el “inasible” terrorismo, es igualmente inevitable que crezcan y maduren la burgues�a y la peque�a burgues�a. Estas clases ricas de la Rusia capitalista, que sustentan un liberalismo sensato, que comienzan a tomar conciencia de que no conviene a sus intereses—que necesitan de las formas europeas de lucha de clase y de dominaci�n de clase—apoyar a un gobierno absolutista, torpe, b�rbaro, oneroso para ellos mismos, y que para nada los defiende del socialismo, esas clases tienen una ambici�n innata (en la �poca en que el proletariado despierta y crece): encubrir sus intereses burgueses, de clase, negando toda lucha de clase en general.
p Por consiguiente, tenemos sobradas razones para estar agradecidos a los se�ores terratenientes liberales que pugnan por fundar el “partido constitucionalista de los zemstvos"^^42^^. En primer t�rmino—y comenzamos por lo menos importante—, les expresaremos nuestra gratitud por haber liberado a la socialdemocracia rusa del se�or Struve, por convertirlo definitivamente de semimarxista en liberal, por ayudarnos a demostrar a todos, con el ejemplo vivo, la aut�ntica importancia del bernsteinismo en general y del bernsteinismo ruso en particular. En segundo lugar, en su af�n de imbuir de concepciones liberales a diversas capas de la burgues�a rusa, Osvobozhdenie nos ayudar� a acelerar el proceso en que un n�mero cada vez mayor de obreros se convierta en socialistas 327 concientes. En nuestro medio hubo y hay tanta confusi�n, tantos semisocialistas liberales, populistas, que, en comparaci�n con ellos cualquier corriente liberal nueva que aparezca ser� un paso hacia adelante. A los obreros les resultar� f�cil ahora poner en evidencia a la burgues�a’ rusa liberal y democr�tica, explicar la necesidad de formar un partido obrero pol�tico independiente, que se integre a la socialdemocracia internacional. Tambi�n se simplificar� la tarea de exhortar a los intelectuales a que definan resueltamente su posici�n: liberalismo o socialdemocracia. Y de la misma manera y con igual rapidez ser�n demolidas las teor�as y corrientes vacilantes entre las afiladas ruedas de esos “ant�podas”, que crecen y se vuelven m�s fuertes d�a a d�a. En tercer t�rmino—y esto es lo m�s importante, por cierto—, agradeceremos a los liberales s�, con su oposici�n, minan la alianza existente entre la autocracia v algunas capas de la burgues�a y los intelectuales. Y decimos “si” porque al coquetear con la autocracia, al exaltar la pac�fica labor cultural, con la guerra que librnn contra los revolucionarios “tendenciosos”, etc., los liberales debilitan m�s la lucha contra la autocracia que a la autocracia misma. Denunciaremos firme y consecuentemente toda indecisi�n de los liberales, toda tentativa de entrar en componendas con el gobierno, y de esa manera quebrantaremos ese aspecto traidor de la actividad pol�tica de los se�ores burgueses liberales, paralizaremos su mano izquierda y aseguraremos los mejores resultados del trabajo con sui mano derecha.
p Vemos, pues, que tanto los adeptos de “Nar�dnaia Volia" como los de “Nar�dnoie Pravo”, han avanzado notablemente en cuanto a evoluci�n, definici�n y formaci�n de sus verdaderas aspiraciones v aut�ntica naturaleza. La lucha que de 1895 a 1890 se desarroll� entre peque�os grupos de la juventud revolucionaria, se reanuda ahora como lucha en�rgica de orientaciones pol�ticas maduras y aut�nticos partidos pol�ticos.
p Por todo ello la redici�n de las Tareas no dejar� de ser �til, ya que recordar� a los j�venes miembros del partido su reciente pasado, les mostrar� c�mo resurge la posici�n de los socialdem�cratas entre otras corrientes, que esta posici�n, reci�n ahora enteramente definida, nos ayudar� a comprender con m�s claridad y precisi�n las “tareas” del momento actual, id�nticas en el fondo, pero mucho m�s complejas.
_p A la socialdemocracia se le plantea hoy con m�s fuerza que nunca la tarea de terminar con la confusi�n y las vacilaciones en 328 su medio, de organizarse y cohesionarse estrechamente bajo la bandera del marxismo revolucionario; de orientar todos sus esfuerzos en la tarea de agrupar a todos los socialdem�cratas que realizan una labor pr�ctica, a fin de profundizar y extender su actividad, y, al mismo tiempo, dedicarse seriamente a la tarea de esclarecer a una amplia masa de intelectuales y obreros sobre la verdadera significaci�n de las dos corrientes mencionadas, que los socialdem�cratas se ven precisados a tomar en cuenta desde hace tiempo.
_p N. Lenin
p Agosto de 1902.
_p Publicado en diciembre de 1902, en el folleto editado en Ginebra por la “Liga de la socialdemocracia revolucionaria rusa en el extranjero”.
S� publica de acuerdo con el texto del folleto.