p La segunda mitad de la d�cada del 90 se caracteriza por una notable reanimaci�n en el planteamiento y soluci�n de los problemas revolucionarios en Rusia. La aparici�n de un nuevo partido revolucionario, el “Nar�dnoie Pravo”, la creciente influencia y los �xitos de los socialdem�cratas, la evoluci�n interna del grupo “Nar�dnaia Volia”, todo ello ha provocado una viva discusi�n de las cuestiones program�ticas, tanto en los c�rculos socialistas—intelectuales y obreros—, como en las publicaciones ilegales. Son de mencionar, en lo que a esto �ltimo se refiere, Un problema candente y Manifiesto (1894) del partido “Nar�dnoie Pravo”, Volante del grupo “Nar�dnaia Volia”, Rab�tnik, editado en el extranjero por la “Uni�n de Socialdem�cratas Rusos" ^^46^^, la creciente actividad en la edici�n de folletos revolucionarios en Rusia, principalmente para los obreros; la labor de agitaci�n realizada por la “Uni�n de lucha por la emancipaci�n de la clase obrera”, agrupaci�n socialdem�crata de Petersburgo, con motivo de las memorables huelgas de 1896 en esa ciudad, etc.
p En el momento actual (fines de 1897), el asunto m�s palpitante es, desde nuestro punto de vista, el de la actividad pr�ctica de los socialdem�cratas. Subrayamos el aspecto pr�ctico de la socialdemocracia, pues en el aspecto te�rico parece que ya hemos dejado atr�s, por un lado, el per�odo m�s grave de la obstinada incomprensi�n de los adversarios, las marcadas intenciones de aplastar en cuanto apareci� la nueva corriente, y por el otro, la vehemente defensa de los fundamentos del socialdemocratismo. En la actualidad, las concepciones te�ricas de los socialdem�cratas est�n suficientemente puestas en claro en stis rasgos principales y b�sicos. No puede decirse lo mismo del aspecto pr�ctico de la socialdemocracia, de su programa pol�tico, de sus m�todos de actividad, de su t�ctica. En este terreno dominan, m�s que nada, a nuestro parecer, los equ�vocos y la incomprensi�n mutua, que impiden que se acerquen plenamente al socialdemocratismo los 332 revolucionarios que, en la teor�a, se han apartado completamente de “Nar�dnaia Volia" y que, en la pr�ctica, o pasan, por la fuerza misma de las cosas, a la propaganda y a la agitaci�n entre los obreros, y aun m�s, llegan a basar su actuaci�n entre los obreros en la bicha de clase-, o tratan de hacer de las tareas democr�ticas la base de todo el programa y la actividad revolucionaria. Si no nos equivocamos, esta �ltima caracter�stica corresponde a los dos grupos revolucionarios que act�an en el momento presente en Rusia al lado de los socialdem�cratas, esto es, a los partidarios de “ Nar�dnaia Volia" y a los de “Nar�dnoie Pravo".
p Por esto nos parece particularmente oportuno el intento de aclarar las tareas pr�cticas de los socialdem�cratas, exponer las razones que nos hace considerar su programa como el m�s racional de los tres que tenemos a la vista y creer que las objeciones que se le han opuesto se fundan, en gran parte, en malentendidos.
p La actividad pr�ctica de los socialdem�cratas se propone, como se sabe, dirigir la lucha de clase del proletariado y organizar esa lucha en sus dos manifestaciones: socialista (lucha contra la clase de los capitalistas, que trata de destruir el r�gimen de clases y organizar la sociedad socialista [332•* ) y democr�tica (lucha contra el absolutismo, para conquistar la libertad pol�tica y democratizar el r�gimen pol�tico y social de Rusia). Decimos como se sabe, porque en efecto, desde el momento en que aparecieron como tendencia socialrevolucionaria particular, los socialdem�cratas rusos formularon siempre, con toda precisi�n, este aspecto de su actividad, subrayaron siempre la doble manifestaci�n y el doble contenido de la lucha de clase del proletariado, insistieron siempre en la indisoluble uni�n de sus tareas socialistas y democr�ticas, uni�n expresada claramente en el nombre por ellos adoptados. A pesar de esto, se encuentra a�n hoy, a menudo, socialistas que tienen las ideas m�s equivocadas sobre los socialdem�cratas, que los acusan de desconocer la lucha, pol�tica, etc. Deteng�monos, pues, un momento, para caracterizar ambos aspectos de la actividad pr�ctica de la socialdemocracia rusa.
333p Comencemos por la actividad socialista. Desde el momento en que la organizaci�n socialderr�crata “Uni�n de lucha por la emancipaci�n de la r�ase obrera" de San Petersburgo, comenz� su actividad entre los obreros de esa ciudad parecer�a que el car�cter de la misma deb�a ser, en este aspecto, bien clara. La labor socialista de los socialdem�crat^s rusos consiste en hacer propafffinda de las doctrinas del socialismo cient�fico, difundir entre los obreros un concepto justo sobre el actual r�gimen econ�mico-social, sobre sus fundamentos y su desarrollo, sobre las diferentes clases de la sociedad rusa, sobre sus relaciones mutuas, sobre la lucha de estas clases entre s�, sobre el papel de la clase obrera en esta lucha, su actitud ante las clases que est�n en declinaci�n y ante las que est�n en desarrollo, su actitud ante el pasado y el futuro del capitalismo, sobre la tarea hist�rica de la socialdemocracia internacional y de la clase obrera rusa. Tiene indisoluble ligaz�n con la propaganda la agitaci�n entre los obreros, oue pasa naturalmente, a primer plano, dadas las condiciones pol�ticas actuales de Rusia y el nivel de desarrollo de las masas obreras. La agitaci�n entre los obreros ronsiste en que los socialdem�cratas participan en todas las manifestaciones espont�neas de la lurha de la clase obrera, en todos los conflictos entre los obreros y los capitalistas motivados por la iornada de trabajo, el salario, las condiciones de trabajo, etc., etc. Nuestra tarea consiste en fusionar nuestra actividad con los problemas pr�cticos, cotidianos de la vida obrera, en avudar a los obreros a orientarse en estos problemas, en dirigir su atenci�n hacia los abusos m�s importantes de que son obieto, en ayudarlos a formular m�s exacta, y pr�cticamente sus reivindicaciones, en desarrollar en ellos la conciencia de su solidaridad, la conciencia de la comunidad de intereses y de causa de todos los obreros rusos como cla<=e obrera t’inica, que ronstituve una parte del ej�rcito mundial del nroletnriado. La organizaci�n de c�rculos entre los obreros, el establecimiento de v�nculos regulares v consnirativos entre los m^mos v el grupo central de los socialderr>�Tatas, la edici�n y difusi�n de literatura obrera, la organizaci�n del env�o de correspondencia desde todos los centros del movimiento obrero, la publicaci�n de volantes v prorl^m^s de agitaci�n, v su difusi�n; la preparaci�n de un contingente de acf’tidor°s experimentados: tales son, en rasgos generales, las manifestaciones de la actividad socialista de la socialdemocracia rusa.
p Nuestra labor, ante todo y sobre todo, est� dirigida hacia los 334 obreros de las f�bricas urbanas. La socialdemocracia rusa no debe desperdigar sus fuerzas, debe concentrar su actividad entre el proletariado industrial, el m�s susceptible de asimilar las ideas socialdem�cratas, el m�s desarrollada intelectual y pol�ticamente, el m�s importante por su n�mero y por su concentraci�n en los grandes centros pol�ticos del pa�s. Po� eso, la creaci�n de una s�lida organizaci�n revolucionaria entre los obreros fabriles, de la ciudad, constituye la tarea primera y esencial de la socialdemocracia, y ser�a el colmo de la insensatez desviarse ahora del cumplimiento de este objetivo. Pero aunque reconocemos la necesidad de concentrar nuestras fuerzas entre los obreros fabriles, aunque condenamos la dispersi�n de fuerzas, no queremos decir con ello, ni mucho menos, que lai socialdemocracia rusa haga caso omiso de las dem�s capas del proletariado y de la clase obrera rusa. Nada de eso. El obrero fabril ruso, por las condiciones mismas de su vida, tiene que establecer continuamente las m�s estrechas relaciones con kustares, con ese proletariado industrial diseminado fuera de las f�bricas, en las ciudades y aldeas, y cuyas condiciones de vida son mucho peores. Tambi�n mantiene contacto directo con la poblaci�n rural (muchas veces el obrero fabril tiene familia en el campo ) y, por consiguiente, no puede dejar de acercarse al proletariado agr�cola, a la, masa! de millones de peones y jornaleros profesionales, as� como a los campesinos arruinados, que, aferrados a su miserable parcela de tierra, recurren corrientemente al sistema de “pago en trabajo”, o tratan de ganar alg�n “jornal” cuando se presenta una oportunidad, esto es, realizan tambi�n trabajo asalariado. Los socialdem�cratas rusos consideran inoportuno orientar su labor hacia los kustares y obreros agr�colas, pero en modo alguno se proponen dejarlos de lado, tratar�n asimismo de poner a los obreros de vanguardia al corriente de los problemas que ata�en a ambos, para que �stos, al ponerse en contacto con capas m�s atrasadas del proletariado, les inculquen tambi�n las ideas de la lucha de clases, del socialismo y de los objetivos pol�ticos de la democracia rusa en general y del proletariado ruso en particular. No es pr�ctico enviar agitadores a los kustares y obreros agr�colas, mientras quede por realizar tal cantidad de trabajo entre los obreros fabriles de la ciudad, pero en numerosos casos, independientemente de su voluntad, el obrero socialista se pone en contacto con esos medios y debe saber utilizar esa oportunidad y comprender las tareas generales de la socialdemocracia en Rusia. Por eso se equivocan 335 profundamente quienes acusan a la socialdemocracia rusa de estrechez, de subestimar a la masa de la poblaci�n trabajadora por atender s�lo a los obreros fabriles. Por el contrario, la agitaci�n entre las capas avanzadas del proletariado es el camino m�s seguro, el �nico para conseguir tambi�n el despertar (a medida que "se vaya extendiendo el movimiento) de todo el proletariado ruso. La difusi�n del socialismo y de las ideas de la lucha de clases entre los obreros de la ciudad, har� desbordar indefectiblemente estas ideas por canales m�s peque�os, m�s diversos; para ello es necesario que estas ideas echen ra�ces m�s profundas en el medio m�s preparado e impregnen a esta vanguardia del movimiento obrero ruso y de la revoluci�n rusa. Al dirigir todas sus fuerzas a la actuaci�n entre los obreros fabriles, la socialdemocracia rusa est� dispuesta a apoyar a los revolucionarios rusos que, a trav�s de la pr�ctica, llegan a organizar una labor socialista basada en la lucha de clases del proletariado, sin ocultar por ello, en lo m�s m�nimo, que no son las alianzas pr�cticas con los otros grupos de revolucionarios que pueden o deben conducirla a contraer compromisos o hacer concesiones con respecto a< la teor�a, al programa, a la bandera. Persuadidos de que s�lo la doctrina del socialismo cient�fico y de la lucha de clases puede ser, en el presente, la teor�a revolucionaria que sirva de bandera al movimiento revolucionario, los socialdem�cratas rusos la propagar�n con toda energ�a, la defender�n de las falsas interpretaciones, se alzar�n contra cualquier intento de atar el movimiento obrero de Rusia, todav�a joven, a doctrinas menos definidas. Las consideraciones te�ricas demuestran, y la actividad pr�ctica de los socialdem�cratas lo confirma, que todos los socialistas en Rusia deben convertirse en socialdem�cratas.
p Pasemos a las tareas democr�ticas y a la labor democr�tica de los socialdem�cratas. Repetimos una vez m�s que esta labor est� indisolublemente ligada con la socialista. Al hacer propaganda entre los obreros, los socialdem�cratas no pueden dejar a un lado los aspectos pol�ticos, y considerar�an un profundo error y una desviaci�n de los principios fundamentales del socialdemocratismo mundial cualquier intento de dejar a un lado o aplazar los problemas pol�ticos. Al lado de la propaganda del socialismo cient�fico, los socialdem�cratas rusosi se plantean como tarea propia propagar entre las masas obreras las ideas democr�ticas, tratan de difundir el concepto de absolutismo en todas las manifestaciones de su 336 actividad, su contenido de clase, la necesidad de su derrocamiento, la imposibilidad de luchar con �xito por la causa obrera si no se conquista la libertad pol�tica y no se democratiza el r�gimen pol�tico y social de Rusia. Al hacer agitaci�n entre los obreros basada en las reivindicaciones econ�micas inmediatas, los socialdem�cratas relacionan tambi�n estrechamente con �stas la agitaci�n basada en las necesidades pol�ticas inmediatas, la miseria y las reivindicaciones de la clase obrera: agitaci�n contra el yugo polic�aco que se manifiesta en cada huelga, en cada conflicto de los obreros con los capitalistas; agitaci�n contra la restricci�n de derechos de los obreros como ciudadanos rusos, en general, y como la clase m�s oprimida y falta de derechos, en particular; agitaci�n contra cada representante destacado y cada lacayo del absolutismo que se ponga en contacto directo con los obreros y muestre palpablemente a la clase obrera la esclavitud pol�tica a que est� sujeta. Si no hay problema de la vida obrera, en el terreno econ�mico, que no pueda ser utilizado con fines de agitaci�n econ�mica, tampoco hay en el campo pol�tico problema que no deba ser objeto de agitaci�n pol�tica. Estas dos formas de agitaci�n se encuentran tan indisolublemente ligadas en la actividad de los socialdem�cratas como lo est�n entre s� las dos caras de una medalla. Tanto la agitaci�n pol�tica como la econ�mica son igualmente indispensables para el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado; tanto la agitaci�n pol�tica como la econ�mica son igualmente indispensables como orientaci�n de la lucha de clase de los obreros rusos, pues toda lucha de clase es lucha pol�tica. Uno y otro tipo de agitaci�n, al despertar la conciencia de los obreros, al organizarlos, disciplinarlos y educarlos para la actividad solidaria y para la lucha por los ideales socialdem�cratas, les permitir�n probar sus fuerzas en los problemas y necesidades inmediatos, lograr concesiones parciales del enemigo, mejorar su situaci�n econ�mica, obligar�n a los capitalistas a tener en cuenta la fuerza de los obreros organizados y al gobierno a ampliar los derechos de los obreros, a atender sus reivindicaciones, manteniendo a ambos en constante temor anta la hostilidad de las masas obreras dirigidas por una s�lida organizaci�n socialdem�crata.
p Ya hemos se�alado la indivisible afinidad de la propaganda y la agitaci�n socialista y democr�tica, el completo paralelismo del trabajo revolucionario en una y otra esfera. Pero hay tambi�n una gran diferencia entre ambos aspectos de la actividad y de la 337 lucha. Esta diferencia consiste en que, en la lucha econ�mica, el proletariado se encuentra completamente solo, y tiene en su contra tanto a la nobleza terrateniente como a la burgues�a, cuenta (y eso no siempre, ni mucho menos) cuando mucho con la ayuda de los elementos de la peque�a burgues�a que se sienten impulsados hacia el proletariado. En cambio, en la lucha democr�tica, pol�tica, la clase obrera rusa no est� sola; a su lado se colocan todas las capas de la poblaci�n y clases pertenecientes a la oposici�n pol�tica, por cuanto son hostiles al absolutismo y luchan contra �l en tales o cuales formas. Al lado del proletariado se encuentran en esta lucha; elementos opositores de la burgues�a, de las clases instruidas, de la peque�a burgues�a o de las nacionalidades, religiones y sectas, etc., etc., perseguidos por el absolutismo. Cabe, naturalmente, la pregunta: ¿qu� relaciones debe mantener la clase obrera con estos elementos?, y adem�s, ¿no tiene que unirse a los mismos para la lucha com�n contra el absolutismo? Dado que todos los socialdem�cratas reconocen que la revoluci�n pol�tica en Rusia debe preceder a la revoluci�n socialista, ¿no corresponder�a unir a todos los elementos pol�ticos opositores para la lucha contra el absolutismo y aplazar por ahora el socialismo, y no ser� esto imprescindible para intensificar la lucha contra el absolutismo? Analicemos estos dos interrogantes.
p Por lo que se refiere a las relaciones de la clase obrera, como combatiente contra el absolutismo, con las dem�s clases y grupos sociales pol�ticamente opositores, estas relaciones han sido definidas con toda precisi�n por los principios fundamentales del socialdemocratismo, expuestos en el c�lebre Manifiesto Comunista [337•* . Los socialdem�cratas apoyan a las clases sociales progresistas contra las reaccionarias, a la burgues�a contra los representantes del estamento privilegiado de los grandes terratenientes y contra la burocracia, a la gran burgues�a contra la codicia reaccionaria de la peque�a burgues�a. Este apoyo no presupone ni exige compromiso alguno con programas y principios no socialdem�cratas: es un apoyo a un aliado contra un enemigo determinado. Adem�s, los socialdem�cratas prestan este apoyo para acelerar la ca�da del enemigo com�n, pero no esperan nada para s� de estos aliados temporales ni les hacen concesi�n alguna. Los socialdem�cratas apoyan todo movimiento revolucionario contra el r�gimen social 338 actual, apoyan a toda nacionalidad oprimida, a toda religi�n perseguida, a cualquier estamento humillado, etc., en su lucha por la igualdad de derechos.
p El apoyo a todos los elementos pol�ticos opositores se expresar� en la propaganda de los socialdem�cratas en que, al demostrar la hostilidad del absolutismo hacia la causa obrera, los socialdem�cratas han de se�alar tambi�n esa hostilidad hacia estos u otros grupos sociales, han de se�alar la solidaridad de la clase obrera con otros grupos en tales o cuales problemas, en �stas o las otras tareas, etc. En la agitaci�n, este apoyo se expresar� en que los socialdem�cratas utilizar�n toda manifestaci�n del yugo polic�aco del absolutismo y se�alar�n a los obreros c�mo pesa ese yugo sobre todos los ciudadanos en general, y en particular sobre los representantes de los estamentos, nacionalidades, religiones, sectas, etc., m�s oprimidas, y c�mo repercute sobre todo en la clase obrera. Por �ltimo, en la pr�ctica, este apoyo se expresa en que los socialdem�cratas rusos est�n dispuestos a establecer alianzas con revolucionarios de otras tendencias para lograr unos u otros objetivos parciales, y esta disposici�n ya ha sido probada m�s de una vez en los hechos.
p Aqu� abordamos ya el segundo problema. Al referirse a la solidaridad de unos y otros grupos opositores con los obreros, los socialdem�cratas siempre se�alar�n en especial a estos �ltimos, les explicar�n siempre el car�cter temporal y condicional de esa solidaridad, subrayar�n siempre la independencia de clase del proletariado, que ma�ana: puede ir contra sus aliados de hoy. Se nos dir�: "Esta indicaci�n debilitar� a todos los que luchan por la libertad pol�tica en el momento actual”. Nosotros respondemos: esta indicaci�n fortalecer� a todos los que luchan por la libertad pol�tica. S�lo son fuertes quienes se apoyan en intereses reales claramente comprendidos de determinadas clases, y todo factor que oculte estos intereses de clase, que desempe�an ya un papel dominante en la sociedad actual, no puede sino debilitar la lucha. Esto en primer lugar. En segundo t�rmino, en la lucha contra el absolutismo la clase obrera debe destacarse, en primer t�rmino, porque s�lo ella es consecuente hasta el fin y enemiga incondicional del absolutismo, s�lo entre la misma y el absolutismo son imposibles los compromisos, s�lo en la clase obrera la democracia puede encontrar un partidario sin reservas, sin indecisiones, que no mire para atr�s. En todas las dem�s clases, grupos, capas de 339 la poblaci�n, la hostilidad al absolutismo no es incondicional, su democracia mira siempre hacia atr�s. La burgues�a no puede dejar de reconocer que el absolutismo retarda el desarrollo industrial y social, pero teme la democratizaci�n completa del r�gimen pol�tico y social, y siempre puede concertar una alianza con el absolutismo, contra el proletariado. La peque�a burgues�a tiene, por su propia naturaleza, una doble posici�n: por un lado se siente atra�da hacia el proletariado y la democracia, y por el otro hacia las clases reaccionarias; trata de detener la historia, es capaz de dejarse arrastrar por los experimentos y coqueteos del absolutismo (como en el caso de la "pol�tica popular" de Alejandro III 4T), es capaz de concertar una alianza con las clases dominantes contra el proletariado, en aras del fortalecimiento de su posici�n de peque�os propietarios. La gente instruida, "la intelectualidad" en general, tiene que rebelarse contra el salvaje yugo polic�aco del absolutismo, que persigue el pensamiento y el saber, pero sus intereses materiales la ligan al absolutismo, a la burgues�a, la obligan a ser inconsecuente, a transigir, a vender su apasionamiento opositor y revolucionario por los sueldos estatales o por la participaci�n en ganancias o dividendos. En cuanto a los elementos democr�ticos de las nacionalidades oprimidas y de confesiones religiosas perseguidas, todo el mundo sabe y ve que en el seno de estas capas de la poblaci�n las contradicciones de clase son mucho m�s profundas y fuertes que la solidaridad de todas las clases de semejante capa contra el absolutismo y en favor de las instituciones democr�ticas. S�lo el proletariado puede ser—y, por su posici�n de clase no puede dejar de serlo^- dem�crata consecuente hasta el fin, enemigo decidido del absolutismo, incapaz de hacer concesi�n alguna, de contraer compromiso alguno. S�lo el proletariado puede ser el luchador de vanguardia por la libertad pol�tica y por las instituciones democr�ticas, porque, en primer lugar, la opresi�n pol�tica cae sobre �l con la m�xima dureza, y en la situaci�n de esta clase nada hay que la aten�e, pues no tiene acceso al poder supremo, ni aun a la burocracia, ni ejerce influencia sobre la opini�n p�blica. Y en segundo t�rmino, s�lo el proletariado es capaz de llevar hasta el fin la democratizaci�n del r�gimen pol�tico y social, pues tal democratizaci�n pondr�a este r�gimen en manos de los obreros. He aqu� por qu� la fusi�n de la actividad democr�tica de la clase obrera con el democratismo de las dem�s clases y grupos debilitar�a la fuerza del movimiento democr�tico, debilitar�a la lucha 340 pol�tica, la har�a menos decidida, menos consecuente, m�s c?paz de aceptar compromisos. Por el contrario, deftacar a la clase obrera como luchador de vanguardia por las instituciones democr�ticas fortalecer� el movimiento democr�tico, fortalecer� la lucha por la libertad pol�tica, pues la clase obrera emnujar� a todos los dem�s sectores democr�ticos y de oposici�n pol�tica, empujar� a los liberales hacia los pol�ticos radicales, empujar� a los radicales a la ruptura irrevocable con todo el r�gimen pol�tico v social de nuestros d�as. Hemos dicho antes que en Rusia todos los socialistas deben convertirse en socialdem�cratas. Ahora agregamos: todos los dem�cratas aut�nticos y consecuentes de Rusia deben convertirse en focialdem�cratas.
p Aclaremos nuestro pensamiento con un ejemplo: tomemos esa instituci�n que es el cuerpo de los funcionarios, la burocracia, categor�a particular de personas especializadas en la administraci�n y colocada en una situaci�n, privilegiada con respecto al pueblo. Comenzando por la Rusia absolutista, semiasi�tica, y terminando por la culta, libre y civilizada Inglaterra, vemos dondeauiera esta instituci�n, que constituye un organismo imprescindible de la sociedad burguesa. Al atraso de Rusia y a su absolutismo corresponde la ausencia completa de derechos del pueblo frente a la burocracia, la total ausencia de control sobre esa burocracia privilegiada. En Inglaterra el pueblo ejerce un eficaz control sobre la administraci�n, pero aun all� est� leios de ser completo; aun all� la burocracia conserva no pocos privilegios y es a menudo la due�a y no la servidora del pueblo. Tambi�n en Inglaterra podemos ver aue fuertes grupos sociales mantienen todav�a la situaci�n privilegiada de la burocracia, entorpecen su completa democratizaci�n. ¿Por qu� sucede esto? Porque su completa democratizaci�n coincide solamente con los intereses del proletariado: las capas m�s avanzadas de la burgues�a defienden ciertas prerrogativas de la burocracia, se rebelan contra la elegibilidad de todos los empleados p�blicos, contra la completa anulaci�n del censo, contra la responsabilidad directa de los empleados p�blicos a"te el pueblo, etc., pues presienten que semejante democratiz^ci�n definitiva ser�a empleada por el proletariado contra la burgues�a. Lo mismo sucede en Rusia. Contra la todopoderosa, irresponsable, venal, b�rbara, ignorante y parasitaria burocracia rusa, se han rebelado’ la?i capas m�s diversas y numerosas del pueblo ruso. Pero, a excepci�n del proletariado, ninguna de esas 341 capas aceptar�a la plena democratizaci�n de la burocracia, porque todos ellos (burgues�a, peque�a burgues�a, “intelectualidad” en general) tienen lazos que los ligan a la burocracia, poraue todos ellos tienen un parentesco con la burocracia rusa. ¿Qui�n ignora la facilidad con que, en la Santa Rusia, el intelectual radical, el intelectual socialista se convierte en funcionario del gobierno imperial, en un funcionario que se consuela con el “bien” que hace dentro del marco de la rutina oficinesca, que justifica con ese “bien” su indiferencia pol�tica, su servilismo ante el gobierno del l�tigo v el garrote? S�lo el proletariado es incondicionalmente hostil al absolutismo y a la burocracia rusos, s�lo el proletariado est� libre de hilos que lo aten a esos organismos de la sociedad de la nobleza y la burgues�a, s�lo �l es capaz de una hostilidad irreconciliable y de una lucha decidida contra los mismos.
p Cuando demostramos que el proletariado, dirigido por la socialdemocracia en sus luchas de clase, es el luchador de vanguardia de la democracia rusa, nos encontramos con una opini�n muy extendida y en extremo peregrina, de que la socialdemocracia rusa relega a segundo plano l^s tareas pol�ticas y la lucha pol�tica. Como vemos, esta opini�n es diametralmente opuesta a la verdad. ¿Pero c�mo explicar tan asombrosa incomprensi�n de los principios de la socialdemocracia, expuestos repetidas veces, inclusive en las primeras publicaciones de la socialdemocracia rusa: en los folletos y libros del grupo “Emancipaci�n del Trabaio" [341•* , publicados en el extranjero? Nos parece que la explicaci�n de este sorprendente hecho reside en las tres circunstancias siguientes:
p En primer lugar, en una incomprensi�n general de los principios del socialdemocratismo por los representantes de las viejas teor�as revolucionarias, acostumbrados a hacer programas y planes de acci�n bas�ndose en ideas abstractas y sin tener en cuenta las clases reales que act�an en el pa�s, ubicadas por la historia en relaciones rec�procas determinadas. S�lo por no considerar de este modo realista los intereses que sostienen a la democracia rusa, pudo surgir la opini�n de que la socialdemocracia rusa deja en segundo plano las tareas democr�ticas de los revolucionarios rusos.
p En segundo lugar, en la incomprensi�n de qua la combinaci�n en un todo de lo? problemas pol�ticos y econ�micos de la actividad 342 socialista y democr�tica, en una misma lucha de clase del proletartado, lejos de debilitar, fortalece el movimiento democr�tico y la lucha pol�tica, aproxim�ndose a los intereses reales de las masas populares, saca los problemas pol�ticos de los “estrechos gabinetes de los intelectuales" para ponerlos en la calle, entre los obreros y las clases trabajadoras, sustituyendo las ideas abstractas de la opresi�n pol�tica por las manifestaciones reales, que las sufre m�s que nadie el proletariado, y sobre cuya base realiza su trabajo de agitaci�n la socialdemocracia. El radical ruso tiene a menudo la impresi�n de que afirmando la necesidad de desarrollar el movimiento obrero, de organizar la lucha de clase del proletariado, en vez de apelar abierta y directamente a los obreros de vanguardia para la lucha pol�tica, el socialdem�crata retrocede en su convicci�n democr�tica, relega a segundo plano la lucha pol�tica. Pero si aqu� hay retroceso s�lo puede ser aqu�l del que habla el proverbio franc�s: II faut reculer pour mieux sauter! “(se debe retroceder para saltar mejor”).
_p En tercer lugar, la confusi�n se debe a que el mismo concepto de “lucha pol�tica" tiene distinto significado para un partidario de “Nar�dnaia Volia" y un miembro de “Nar�dnoie Pravo”, por un lado, y para un socialdem�crata, por el otro. Los socialdem�cratas entienden la lucha pol�tica de otro modo, la entienden de modo mucho mas amplio que los representantes de las viejas teor�as revolucionarias. Una ilustraci�n palmaria de esta tesis, que puede parecer parad�jica, nos la ofrece el Volante (del grupo “Nar�dnaia Volia”), n�m. 4, del 9 de diciembre de 1895. Saludamos de todo coraz�n a esta publicaci�n, que evidencia el profundo y fruct�fero proceso intelectual que se desarrolla entre los partidos contempor�neos de “Nar�dnaia Volia”, y no podemos dejar de se�alar el art�culo de P. Lavrov Sobre cuestiones program�ticas (p�gs. 1922), que demuestra bien claramente que los partidarios de “ Nar�dnaia Volia" de la vieja usanza comprenden de modo distinto la lucha pol�tica [342•* . “...Aqu�—escribe Lavrov hablando de la relaci�n 343 entre el programa de “Nar�dnaia Volia" y el socialdem�crata—, es esencial una sola cosa y s�lo una: ¿es posible organizar bajo el absolutismo, un fuerte partido obrero sin crear, adem�s, un partido revolucionario dirigido contra el absolutismo?" (p�g. 21, col. 2); y lo mismo un poco m�s arriba (col. 1): “...organizar un partido obrero ruso bajo la dominaci�n del absolutismo sin organizar, al mismo tiempo, un� partido revolucionario contra este absolutismo. ..” Para nosotros es completamente incomprensible esta diferencia, tan cardinal para Lavrov. ¿C�mo es esto? ¿¿“Un partido obrero adem�s de un partido revolucionario dirigido contra el absolutismo"?? ¿Pero acaso el mismo partido obrero no es un partido revolucionario? ¿Acaso no est� dirigido contra el absolutismo? La explicaci�n de esta extravagancia la da el siguiente p�rrafo del art�culo de Lavrov: "Forzoso es proceder a la organizaci�n del partido obrero ruso aunque exista el absolutismo con todas sus delicias. Si los socialdem�cratas lograran hacerlo, sin organizar al mismo tiempo una conspiraci�n [343•* pol�tica contra el absolutismo, con todas las condiciones de semejante conspiraci�n, entonces, naturalmente, su programa pol�tico ser�a adecuado para los socialistas rusos, ya que la emancipaci�n de los obreros se realizar�a con las fuerzas de los obreros mismos. Pero esto es bastante dudoso, si no imposible” (p�g. 21, col. 1). ¡He aqu� el quid de la cuesti�n! ¡Para un partidario de “Nar�dnaia Volia" el concepto de lucha pol�tica equivale al de conspiraci�n pol�tica! Es necesario confesar que con estas palabras Lavrov ha logrado expresar con plena claridad la diferencia fundamental que existe en la t�ctica de la lucha pol�tica entre los partidarios de “Nar�dnaia Volia" y los socialdem�cratas. Las tradiciones del blanquismo ^^49^^, de la conspiraci�n, est�n tan arraigadas entre los partidarios de “Nar�dnaia Volia”, que no pueden concebir la lucha pol�tica sino como conspiraci�n pol�tica. En cambio, los socialdem�cratas no pecan de semejante estrechez de criterio; no creen en la conspiraci�n, piensan que la �poca de las conspiraciones ha quedado atr�s ’hace tiempo, que reducir la lucha pol�tica a la conspiraci�n significa, por un lado, hacerla muy estrecha, y por el otro, elegir los m�todos de lucha menos acertados. Cualquiera puede comprender que cuando Lavrov dice que “la acci�n de Occidente sirve de modelo indiscutible para los socialdem�cratas�rusos" (p�g. 21, col. 1) no es m�s que un 344 recurso pol�mico; que en realidad los socialdem�cratas rusos nunca perdieron de vista nuestras condiciones pol�ticas, jam�s so�aron en la posibilidad de crear en Rusia un partido obrero legal; que nunca han separado la lucha, por el socialismo de la lucha por la libertad pol�tica. Por el contrario, siempre creyeron y contin�an creyendo, que esta lucha debe ser realizada no por conspiradores, sino por un partido revolucionario que se apoye en el movimiento obrero. Opinan que la lucha contra el absolutismo no debe consistir en organizar conspiraciones, sino en educar, disciplinar y organizar al proletariado, en ’hacer entre los obreros una agitaci�n pol�tica que estigmatice al absolutismo, que ponga en la picota a todos esos caballeros andantes del gobierno polic�aco y obligar a este gobierno a hacer concesiones. ¿Acaso no es �sta precisamente la actividad de la “Uni�n de lucha por la emancipaci�n de la clase obrera" de San Petersburgo? ¿Acaso esta organizaci�n no constituye el germen de un partido revolucionario, que se apoya en el movimiento obrero y dirige la lucha de clase del proletariado, la lucha contra el capital y contra el gobierno absolutista, sin organizar conjuras de ninguna clase y sacando sus fuerzas precisamente de la fusi�n de la lucha socialista y democr�tica en una indivisible lucha de clases del proletariado-de Petersburgo? ¿Acaso la actividad de la “Uni�n”, a pesar de ser tan reciente, no ha demostrado ya que el proletariado, dirigido por la socialdemocracia, representa una gran fuerza pol�tica, que el gobierno se ve obligado a tener en cuenta, y a la cual se apresura a hacer concesiones? La ley del 2 de junio de 1897 [344•* , por el apuro en promulgarla y por su contenido, demuestra claramente la importancia que tiene como concesi�n arrancada por el proletariado, como posici�n conquistada al enemigo del pueblo ruso. La concesi�n es harto peque�a, la posici�n muy insignificante, pero la organizaci�n de la clase obrera que ha logrado arrancar esta concesi�n, tampoco se distingue por su amplitud, ni por la solidez, ni por la antig�edad, ni por la riqueza de experiencia o de medios: la “Uni�n de lucha" no se fund�, como es sabido, hasta el a�o 1895-1896, y sus llamamientos a los obreros se han reducido a volantes impresos en hect�grafo o litografiados. ¿Es posible negar que una organizaci�n an�loga, que abarcara por lo menos los principales centros del movimiento 345 obrero de Rusia (la regi�n de Petersburgo, de Mosc�-Vlad�mir, del Sur y las m�s importantes ciudades, como Odesa, K�ev, Sar�tov, etc.), que dispusiera de un �rgano revolucionario y gozase entre los obreros rusos de la autoridad de que goza la “Uni�n de lucha" entre los obreros de Petersburgo, que una organizaci�n an�loga ser�a un factor pol�tico important�simo en la Rusia actual, un factor al cual el gobierno no podr�a defar de tener en cuenta en toda su pol�tica, tanto interna como exterior? Al dirigir la lucha de clase del proletariado, desarrollar la organizaci�n y la disciplina entre los obreros, ayudarlos a luchar por sus necesidades econ�micas inmediatas y a arrebatar al capital una posici�n tras otra, educar pol�ticamente a los obreros y acosar de modo sistem�tico y consecuente al absolutismo, hostigando a cada uno de los hashih’i’Zuks zaristas, que hacen sentir al obrero la pesada garra del goIvemo polic�aco, semejante organizaci�n ser�a, al mismo tiemno, una organizaci�n del partido obrero adaptada a nuestras condiriofps v un poderoso partido revolucionario dirigido contra el absolutismo. Pero discurrir de antemano sobre el medio a eme recurrir� esta organizaci�n para asestar un golpe decisivo al absolutismo, ?obre si preferir�, por ejemplo, la insurrecci�n o la huelga pol�tica de masas u otra forma de ataque, y decidir en el momento actual este problema, ser�a vano doctrinarismo. Se parecer�a al caso de generales que se reunieran en consejo militar antes de reclutar las tropas, de movilizarlas y de ponerlas en marcha contra el adversario. Y cuando el ej�rcito del proletariado luche inflexiblemente y bajo la direcci�n de una fuerte organizaci�n socialdem�crata, por su emancipaci�n econ�mica y pol�tica, entonces, ese mismo ei�rcito se�alar� a los generales los m�todos y medios de acci�n. Entonces, s�lo entonces, se podr� resolver el problema de asestar el golpe definitivo al absolutismo, pues ello depende precisamente del estado del movimiento obrero, de su amplitud, de los m�todos de lucha por �l elaborados, de las cualidades de la organizaci�n revolucionaria que dirija el movimiento, de la actitud de otros elementos sociales respecto del proletariado y el absolutismo, de l«s condiciones de la pol�tica exterior e interna. En una palabra, de mil condiciones que es imposible e in�til tratar de adivinar.
p Por eso, es tambi�n muy infusto el siguiente juicio de Lavrov:
p “Pero si ellos [los fooialdem�cratas] no s�lo tienen que agrupar, de uno u otro modo, a las fuerzas obreras para la lucha contra el capital, sino que tienen que reunir a personas y grupos 346 revolucionarios para la lucha contra el absolutismo, entonces los socialdem�cratas rusos, o como quiera que se llamen, adoptar�n en la pr�ctica el programa de sus adversarios, los partidarios de ’Nar�dnaia Volia’, o como quiera que se llamen. Las diferencias de opini�n sobre la comunidad campesina, sobre los destinos del capitalismo en Rusia, sobre el materialismo econ�mico, son aspectos particulares, de muy poca importancia para el problema en s�, y que facilitan o entorpecen la soluci�n de tareas parciales, la adopci�n de m�todos apropiados para la preparaci�n de los puntos fundamentales; pero nada m�sf’ (p�g. 21, col. 1).
p ¡Hasta resulta extra�o discutir esta �ltima afirmaci�n se.g�n la cual la diferencia de opiniones sobre la manera de concebir los problemas fundamentales de la realidad rusa y del desarrollo de la sociedad rusa, sobre los problemas fundamentales de la interpretaci�n de la historia, pudieran considerarse s�lo “aspectos particulares"! Hace mucho que se ha dicho que sin teor�a revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario, y no’ creo eme en el momento actual sea necesario probar semejante verdad. Calificar de “particulares” a estos grandes problemas revolucionarios —teor�a de la lucha de clase, concepci�n materialista de la historia rusa, y apreciaci�n materialista de la actual situaci�n econ�mica y pol�tica de Rusia, reconocimiento de la necesidad de reducir la lucha revolucionaria a determinados intereses de una clase determinada, analizando sus relaciones con las otras clases—es hasta tal punto colosalmente falso e inesperado en un veterano de la tema revolucionaria, que casi nos inclinamos a considerar este pasaje sencillamente como un lapsus. Y con respecto a la primera mitad del p�rrafo que hemos citado, su sinraz�n es aun m�s asombrosa. Declarar en letras de molde que los socialdem�cratas rusos s�lo agrupan a las fuerzas obreras para la lucha contra el capital (jes decir, s�lo para la lucha econ�mica!), sin reunir a personas y grupos revolucionarios para la lucha contra el absolutismo, significa ignorar o querer ignorar hechos de todos conocidos acerca de la actividad de los socialdem�cratas rusos. |¿O tal vez Lavrov no considera a quienes realizan una actividad pr�ctica en las filas socialdem�cratas como "personas revolucionarias" o "grupos revolucionarios’?! ¿O es que �l entiende (y esto quiz� sea lo m�s acertado) como “lucha” contra el absolutismo solamente las conjuraciones contra el absolutismo? (En la p�gina 21, col. 2, dice: ".. .se trata de,,. organizar una conspiraci�n revolucionaria”, La cursiva es 347 nuestra). ¿Tal vez, seg�n P. L. Lavrov, quien no organice conspiraciones pol�ticas tampoco desarrolla una lucha pol�tica? Repetimos una vez m�s que tal punto de vista corresponde por entero a las tradiciones de los viejos partidarios de "Nar�dnaia Volia”, pero que no corresponde en absoluto a las concepciones actuales de la lucha pol�tica, ni a la realidad de hoy.
Tenemos que decir aun algunas palabras sobre los partidarios de “Nar�dnoie Pravo”. Lavrov tiene completa raz�n, a nuestro entender, cuando dice que los socialdem�cratas “recomiendan a los partidarios de ‘Nar�dnoie Pravo’ como m�s sinceros, y est�n dispuestos a apoyarlos, pero sim llegar a la fusi�n con ellos" (p�g. 19, col. 2). S�lo ser�a necesario agregar: como m�s sinceros dem�cratas, y siempre que los partidarios de “Nar�dnoie Pravo" act�en como dem�cratas consecuentes. Es de lamentar que esta condici�n sea m�s un futuro deseable que un presente real. Los partidarios de “Nar�dnoie Pravo" expresaron el deseo de emancipar del populismo a los objetivos dem�cratas y de emanciparlos en general, de todo lazo con las formas envejecidas del “socialismo ruso”, pero ellos mismos est�n muy lejos de haberse liberado de los viejos prejuicios, muy lejos de ser consecuentes, cuando dan a su partido, que s�lo es de trasformaciones pol�ticas, el nombre de partido “ social (??!) revolucionario" (v�ase su Manifiesto, fechado el 19 de febrero de 1894) y declaran en ese “manifiesto” que “en el concepto de derecho del pueblo contra la organizaci�n de la producci�n popular" (nos vemos precisados a citar de memoria), con lo cual introducen de contrabando los mismos prejuicios del populismo. Por eso, Lavrov tal vez no carece de raz�n, cuando los llama “pol�ticos de mascarada" (p�g. 20, col. 2). Pero quiz� ser�a m�s justo considerar la corriente de “Nar�dnoie Pravo" como una doctrina, de transici�n, a la que no se puede dejar de reconocer el m�rito de haberse avergonzado de la peculiaridad de las doctrinas populistas y de haber entrado en franca controversia con los m�s detestables reaccionarios del populismo, que se permiten decir, ante la faz, del absolutismo polic�aco de clase, que son de desear tras�ormaciones econ�micas y no pol�ticas (v�ase Un problema candente, publicaci�n del partido “Nar�dnoie Pravo”). Si en este partido no hay realmente m�s que ex socialistas, que ocultan su bandera socialista con fines t�cticos, que s�lo se colocan la m�scara de pol�ticos no socialistas (como supone Lavrov, p�g. 20, col. 2), entonces, por cierto, ese partido no tiene, porvenir alguno. Pero si en ese partido 348 hay pol�ticos no socialistas, dem�cratas no socialistas, verdaderos, y no de mascarada, entonces puede aportar no poco beneficio si trata de acercarse a los elementos pol�ticos opositores de nuestra burgues�a, de despertar la conciencia pol�tica de clase de nuestra peque�a burgues�a, de los peque�os comerciantes, peque�os artesanos, etc., de esta clase que en toda Europa occidental ha desempe�ado su papel en el movimiento democr�tico y que en Rusia ha ’hecho progresos particularmente r�pidos en el sentido cultural y en otros sentidos, durante la �poca posterior a la reforma, y que no puede dejar de sentir la opresi�n del gobierno polic�aco, que presta un c�nico apoyo a los grandes fabricantes, a los magnates monopolistas financieros e industriales. Para ello s�lo es necesario que los partidarios de "Nar�dnoie Pravo" se planteen como tarea el acercamiento a las diferentes capas de la poblaci�n y que no se limiten s�lo a esos mismos “intelectuales”, cuya impotencia, dado su divorcio de los intereses reales de las masas, reconoce inclusive Un problema candente. Para esto es necesario que los partidarios de "Nar�dnoie Pravo" abandonen toda pretensi�n de fusionar a los m�s heterog�neos elementos sociales y de apartar al socialismo de las tareas pol�ticas, que abandonen la falsa verg�enza que les impide acercarse a las capas burguesas del pueblo, es decir, que no solamente hablen de un programa de pol�ticos no socialistas, sino que act�en de acuerdo con semejante programa, despertando y desarrollando la conciencia de clase de los grupos y clases sociales para los cuales el socialismo no es necesario en absoluto, pero que, cuanto m�s avanza el tiempo, sienten con mayor intensidad la opresi�n del absolutismo y la necesidad de la libertad pol�tica.
p La socialdemocracia rusa es a�n muy joven. Apenas empieza a salir del estado embrionario en donde los problemas te�ricos ocupan el lugar predominante; apenas comienza a desarrollar su actividad pr�ctica. En lugar de criticar las teor�as y los programas socialdem�cratas, los revolucionarios de otras fracciones necesariamente se ven obligados a criticar la actividad pr�ctica de los socialdem�cratas rusos. Y hay que reconocer que esta �ltima cr�tica se distingue en forma tajante de la cr�tica te�rica, se distingue hasta el punto de que ha sido posible lanzar rumores tan c�micos como el de que la “Uni�n de lucha" de Petersburgo no es una organizaci�n socialdem�crata. La posibilidad misma de semejante rumor demuestra cuan injusta es la acusaci�n que se ha divulgado contra los 349 socialdem�cratas en cuanto a que se desentienden de la lucha pol�tica. La posibilidad misma de tal rumor es ya una prueba de que muchos revolucionarios, a los que no ha podido convencer la teor�a de los socialdem�cratas, comienzan a convencerse por la actividad pr�ctica de �stos.
p La sociaiuemocracia tiene aun ante s� un enorme campo de acci�n apenas abordado. El despertar de la clase obrera rusa, su aspiraci�n espont�nea ’hacia el saber, hacia la unidad, hacia el socialismo, hacia la lucha contra sus explotadores y opresores, adquiere d�a a, d�a formas m�s claras y amplias. Los avances prodigiosos realizados por el capitalismo ruso en los �ltimos tiempos constituyen la garant�a de que el movimiento obrero no cesar� de crecer en n�mero y en fuerza. En el momento actual atravesamos evidentemente un per�odo del ciclo capitalista en el que la industria “prospera” y el comercio es muy activo, las f�bricas trabajan a pleno rendimiento y aparecen, como hongos despu�s de la lluvia, en n�mero incontable, nuevas f�bricas, nuevas empresas, sociedades an�nimas, la construcci�n de ferrocarriles, etc., etc. No hay que ser profeta para predecir la bancarrota inevitable (m�s o menos violenta) que debe seguir a esta “prosperidad” de la industria. Tal bancarrota arruinar� a gran cantidad de peque�os patronos, convertir� en desocupados a gran n�mero de obreros y plantear� de este modo, agudamente, a toda la masa obrera los problemas del socialismo y de la democracia, que hace ya mucho est�n planteados para cada obrero conciente, para todo obrero que piensa. Los socialdem�cratas rusos deben cuidar de que esta bancarrota encuentre al proletariado de Rusia m�s conciente, m�s unido, con una comprensi�n de las tareas de la clase obrera rusa, con capacidad de oponerse a la clase capitalista—que amasa hoy ganancias fabulosas y trata siempre de cargar las p�rdidas sobre los hombros de los obreros—, con capacidad para ponerse al frente de la democracia rusa, en una decidida lucha contra el absolutismo polic�aco, que ata de pies y manos a los obreros rusos, a todo el pueblo ruso.
¡Por lo tanto camaradas, manos a la obra! ¡No perdamos un tiempo tan precioso! ¡Los socialdem�cratas rusos tienen ante s� un trabajo inmensa para atender las necesidades del proletariado que despierta, organizar el movimiento obrero, fortalecer a los grupos revolucionarios y su uni�n rec�proca, procurar a los obreros literatura de propaganda y agitaci�n, unir los c�rculos obreros y los grupos socialdem�cratas diseminados por todos los confines de Rusia en un partido obrero socialdem�crata �nico!
Notes
[332•*] En el manuscrito en lugar de las palabras “de la sociedad" hab�a una abreviatura que pod�a leerse como “de la producci�n" o “del gobierno”, y ns� con esta segunda interpretaci�n, se public� en la primera edici�n. En la se. gunda (1905) publicada por Lenin, este error evidente fue corregido, tal como se da en esta edici�n y en la recopilaci�n En doce a�os (1907). (Ed.)
[337•*] V�ase C. Mane y F. Engels, ob. cft., p�gs. 9-35. (Ed.)
[341•*] V�ase V. I. Lenin, ob. cit., tomo I, nota 22. (Ed.)
[342•*] El art�culo de P. Lavrov, publicado en el n�m. 4, es s�lo un “ fragmento" de una larga carta de Lavrov destinada a Materiales^^48^^. Hemos o�do decir que este verano (1897), apareci� tambi�n en el extranjero el texto completo de esta carta y la contestaci�n de Plej�nov; pero no pudimos ver una ni otra. Tampoco sabemos si sali� el n�m. 5, en el que la Redacci�n hab�a prometido publicar un art�culo editorial a prop�sito de la carta de Lavrov, V�ase n�m. 4, p�g. 22, col. 1, nota.
[343•*] La cursiva es nuestra.
[344•*] La ley del 2 de jimio de 1897 reduc�a la jomada de trabaja a 11 horas y media y establec�a un d�a obligatorio de descanso, el domingo. (Ed.)