A EXPENSAS DE LA AGR�COLA
p Retornemos ahora a Sismondi. Al lado de la idealizaci�n de la peque�a burgues�a, de la incomprensi�n rom�ntica de c�mo el “campesinado” va trasform�ndose en peque�a burgues�a, en las condiciones del actual r�gimen social de econom�a, sostiene una opini�n muy caracter�stica sobre la disminuci�n de la poblaci�n agr�cola en provecho de la industrial. Se sabe que este fen�meno, una de las manifestaciones de mayor relieve del desarrollo capitalista de un pa�s, se observa en todos los pa�ses civilizados, y por consiguiente tambi�n en Rusia [218•** .
_p Como eminente economista de su tiempo, Sismondi, por supuesto, no pod�a dejar de ver este hecho. Lo comprueba abiertamente, pero no comprende en absoluto su ligaz�n necesaria con el desarrollo del capitalismo (aun lo m�s general: con la divisi�n del trabajo social v con su consecuencia, el crecimiento de la econom�a mercantil), condena sin m�s ni m�s ese fen�meno, al que s�lo considera un defecto del “sistema”.
p Luego de se�alar los inmensos progresos de la agricultura inglesa, Sismondi dice:
p “Despu�s de haber admirado esos campos tan cuidados, hay 219 que analizar la poblaci�n que los labra; es menos de la mitad de la que habr�a en Francia sobre territorio igual. A los ojos de algunos economistas esto es un beneficio; a los m�os es una p�rdida" (I, 239).
p Se comprende por qu� los ide�logos burgueses consideraban un beneficio dicho fen�meno ( veremos inmediatamente que la cr�tica cient�fica del capitalismo tiene la misma opini�n ) : de esa manera formulaban ellos el aumento de la riqueza burguesa, del comercio y de la industria. Al apresurarse a condenar el hecho, Sismondi olvida pensar en sus causas.
p “En Francia y en Italia—dice—, donde, seg�n los c�lculos, las cuatro quintas partes de la poblaci�n pertenecen a la clase agr�cola, esas cuatro quintas partes del pueblo se alimentar�n del cereal nacional, sea cual fuere el precio del cereal extranjero" (I, 264). Fuit Troja!, podr�a decirse al respecto. En la actualidad ya no existen pa�ses ( aun los m�a agr�colas ) que no se encuentren en completa dependencia de los precios del cereal, es decir, de la producci�n capitalista mundial de cereales.
p “Si una naci�n no puede aumentar su poblaci�n comercial sin exigir de cada uno mayor cantidad de trabajo por el mismo salario, tiene que temer el crecimiento de su poblaci�n industrial" (I, 322). El lector puede ver que no son m�s que consejos bienintencionados, que carecen de todo sentido y significado, puesto que aqu� el concepto de “naci�n” hace abstracci�n artificial de las contradicciones entre las clases que forman dicha “naci�n”. Como siempre, Sismondi trata sencillamente de eludir estas contradicciones, para lo cual expresa; el inocente deseo ... de que tales contradicciones no existan.
p “En Inglaterra, la agricultura ocupa s�lo a 770.199 familias; el comercio y la industria, a 959.632; y las dem�s capas de la sociedad, a 413.316. Una parte tan grande de la poblaci�n nutrida por la riqueza comercial, sobre un total de 2.143.147 familias � 10.150.615 personas, es verdaderamente horrorosa [effrayant�]. Afortunadamente, Francia est� a�n muy lejos de tener una cantidad tan enorme de obreros cuya subsistencia dependa de los �xitos en mercados distantes" (I, 434). Aqu� Sismondi hasta parece haberse olvidado de que esa “felicidad” depende s�lo del atraso del desarrollo capitalista de Francia.
p Al describir los cambios “deseables”, en el r�gimen actual 220 (sobre ellos hablaremos m�s abajo), Sismondi se�ala que el resultado de las reformas al gusto rom�ntico ser�a, sin duda, que m�s de un pa�s que vive s�lo de la industria ver�a cerrar muchos talleres, uno tras otro, y que la poblaci�n de las ciudades, que hab�a crecido en forma desmedida, disminuir�a r�pidamente, mientras que las poblaciones rurales volver�an a crecer" (II, 367).
p ¡En este ejemplo se pone de manifiesto con relieve particular la debilidad de la cr�tica, sentimental del capitalismo y el despecho impotente del peque�oburgu�s! Sismondi se queja [220•* simplemente de que los asuntos marchan de �sta y no de otra manera. Su pesar con motivo de la destrucci�n del ed�n de la estupidez y del embrutecimiento patriarcal de la poblaci�n rural es tan grande, que nuestro economista ni siquiera analiza las causas del fen�meno. Pierde por eso de vista que el aumento de la poblaci�n industrial se halla necesaria e indisolublemente ligado con la econom�a mercantil y el capitalismo. La econom�a mercantil va desarroll�ndose en la medida en que se desarrolla la divisi�n social del trabajo. Y esta divisi�n del trabajo consiste precisamente en que una rama de la industria tras otra, una manera de elaboraci�n de la materia prima tras otra, se desprende de la agricultura y se tornan independientes, formando, por ende, la poblaci�n industrial. Por ello, razonar sobre la econom�a mercantil y el capitalismo, sin tomar en consideraci�n la ley del crecimiento relativo de la poblaci�n industrial significa no tener la menor idea de las propiedades esenciales del r�gimen existente de econom�a social.
p “Es propio del modo capitalista de producci�n que la poblaci�n agr�cola disminuya constantemente en relaci�n con la no agr�cola, porque en la industria (en el sentido estricto) el crecimiento del capital constante con respecto al variable va unido al aumento absoluto de este �ltimo, no obstante su disminuci�n relativa [220•** . Mientras tanto en la agricultura disminuye en t�rminos 221 absolutos el capital variable necesario para la explotaci�n de determinada porci�n de tierra; en consecuencia, dicho capital puede aumentar a medida que se pongan en explotaci�n nuevas tierras [221•* , lo cual presupone, a su vez, un crecimiento mayor a�n de la poblaci�n no agr�cola" (III, 2, 177) [221•** .
p Tambi�n en este sentido el punto de vista de la teor�a moderna diverge diametralmente del romanticismo y sus quejas sentimentales. Al comprenderse la necesidad de un fen�meno, se produce, como es natural, una actitud en todo sentido distinta y se lo puede apreciar en sus diferentes aspectos. El fen�meno que nos ocupa es precisamente una de las contradicciones m�s profundas y generales del r�gimen capitalista. La separaci�n de la ciudad y el campo, su antagonismo y la explotaci�n del campo por la ciudad, que en todas partes son los acompa�antes del capitalismo cuando se desarrolla, constituyen un producto inevitable del predominio de “la riqueza comercial" (para usar la expresi�n de Sismondi) sobre “la riqueza territorial" (agr�cola). Debido a ello, el predominio de la ciudad sobre el campo (en el sentido econ�mico, pol�tico, intelectual y cualquier otro) es un fen�meno general e inevitable en todos los pa�ses con producci�n mercantil y capitalista, incluida Rusia y s�lo pueden deplorarlo los rom�nticos sentimentales. La teor�a cient�fica, por el contrario, se�ala el lado progremta que el gran capital industrial aporta a esta contradicci�n. “Junto con la preponderancia siempre creciente de la poblaci�n urbana, que aglutina la producci�n capitalista en los grandes centros, [.. .J acumula la fuerza hist�rica motriz que hace avanzar la sociedad" [221•*** (�ie gescluchtlicbe Bewegungskraft der 222 Gessettschaff) [222•* . Si el predominio de la ciudad es necesario, s�lo el aflujo de la poblaci�n hacia ella puede paralizar (y est� paralizando, en efecto, tomo lo prueba la historia) el car�cter unilateral de dicho predominio. Si la ciudad se coloca inevitablemente en situaci�n privilegiada, dejando al campo en estado de subordinaci�n, de aplastamiento, sin desarrollo e inerme, s�lo la afluencia de la poblaci�n rural hacia las ciudades, s�lo la mezcla y la fusi�n de las poblaciones agr�cola y no agr�cola, puede sacar a la poblaci�n rural de su impotencia. Por ello, en respuesta a las quejas y lamentaciones reaccionarias de los rom�nticos, la teor�a moderna se�ala c�mo precisamente esta aproximaci�n de las condiciones de vida de las poblaciones agr�cola y no agr�cola va creando las condiciones para la eliminaci�n del antagonismo entre la ciudad y el campo.
Se preguntar� ahora: ¿cu�l es el punto de vista de nuestros economistas-populistas en esta cuesti�n? Sin duda alguna, el sentimental-rom�ntico. No s�lo no comprenden la necesidad del crecimiento de la poblaci�n industrial en el r�gimen actual de econom�a social, sino que hasta procuran no ver el fen�meno mismo, imitando a ciertas aves que ante el peligro ocultan la cabeza debajo del ala. Como era de esperar, quedaron sin r�plica las observaciones de P. Struve, que se�alaban que en los razonamientos del se�or N.-on sobre el capitalismo la afirmaci�n de que el capital variable disminuye de manera absoluta (Notas cr�ticas, p�g. 225) es un grueso error; y que es absurdo oponer Rusia a Occidente, invocando el menor porcentaje de la poblaci�n industrial, sin tomar en cuenta el aumento de esa proporci�n debido al desarrollo del capitalismo [222•** . (Sozialpolitisches CentralWatt, 1893, 223 n�m. 1 [223•* ). Los economistas-populistas que hablan constantemente de las particularidades de Rusia, ni siquiera supieron plante^r la mecti�n de las particularidades reales de la formaci�n de una poblaci�n industrial en Rusia [223•** , que hemos se�alado brevemente m�s arriba. Tal es la posici�n te�rica de los populistas en esta cuesti�n. Sin embargo, en los hechos, al referirse a la situaci�n de los campesinos despu�s de la Reforma, �stos, a quienes no les molestan las dudas de car�cter te�rico, reconocen la emigraci�n de los campesinos desalojados de la agricultura hacia las ciudades v centros fabriles, limit�ndose s�lo a deplorar el hecho, como lo deplor� Sismondi [223•*** . El profundo proceso de trasformaci�n de las condiciones de vida de la masa de la poblaci�n, que se produjo en Rusia despu�s de la Reforma—proceso que asest� los primeros golpes al car�cter sedentario del campesinado y a su arraigamiento en el lugar, haciendo posible que se desplazara y 224 acercando a los trabajadores agr�colas a los no agr�colas, a los trabajadores rurales a los urbanos [224•* —, qued� totalmente inadvertido por los populistas, tanto en su significaci�n econ�mica, como (y esto es quiz� m�s importante) en su significaci�n moral y educativa; no fue m�s que vm pretexto para suspiros sentimentales v rom�nticos.
Notes
[218•**] El porcentaje de la nnTiJ�iri�n nrbflna en Ru«ia europea fue creciendo en la �poca posterior a la Reforma. Tenemos que limitarnos aqu� a la indica n’�n de este s�ntoma, el m�s conocido, aunque est� lejos d^ exnrp<¡ar plenamente el fen�men" que se trata, pues no abarca importantes particularidades de Rusia en comparaci�n con la Europa occidental. No es �ste el lugar para analizar esas particularidades (ausencia de libertad de desplazamiento para los campesinos, existencia de aldeas industriales y fabriles, colonizaci�n interna del pa�s, etc.).
[220•*] “En su ulterior desarrollo, esta tendencia [precisamente la de la cr�tica peque�oburguesa, encabezada por Sismondi] se convirti� en cobardes quejas sobre la situaci�n actual. (V�ase C. Marx y F. Engels, ob. cit., p�g. 30. Ed.)
[220•**] El lector puede juzgar por esto la agudeza de ingenio del se�or N.-on, quien en sus Rese�as, sin reparo alguno, trasforma la disminuci�n relativa del capital variable y del n�mero de obreros, en absoluta, y extrae en consecuencia una multitud de las m�s absurdas deducciones sobre la “reducci�n” del mercado interior, etc.
[221•*] Es precisamente esta condici�n la que hemos tenido presente cuando decimos que la colonizaci�n interior de Rusia hace m�s compleja la ley que se manifiesta en un crecimiento mayor de la poblaci�n industrial. Baste recordar la diferencia que existe entre el centro de Rusia, poblado desde hace mucho, donde el crecimiento de la poblaci�n industrial aumenta menos a expensas de las ciudades que de las aldeas y villorrios fabriles, y Novorross�a, pur ejemplo, poblada despu�s de la Reforma, y donde el crecimiento de las ciudades es comparable, en cuanto a la rapidez, al que se observa en Norteam�rica. Esperamos analizar esta cuesti�n con m�s detalles en otra oportunidad.
[221•**] V�ase C. Marx, ob. cit., t. III, p�gs. 550-551. (Ed.)
[221•***] V�ase C. Marx, ob. cit., t. I, p�g. 400. (Ed.)
[222•*] En Die Lage der arbeitenden Klasse in England [La situaci�n de la clase obrera en Inglaterra. En espa�ol, ed. cit. Ed.], 1845, se da asimismo una caracterizaci�n particularmente elocuente del papel progresista que desempe�an los centros industriales en el desarrollo intelectual de la poblaci�n. El reconocimiento de este papel no ha impedido al autor de La situaci�n de la clase obrera en Inglaterra comprender profundamente la contradicci�n que se manifiesta en la separaci�n de la ciudad y el campo, como lo prueba su obra pol�mica contra D�hring.
[222•**] Recuerde el lector que �ismondi comet�a precisamente este error cuando hablaba de la “felicidad” de Francia con su 80 por ciento de poblaci�n agr�cola, como si ello fuese la particularidad de qui�n sabe qu� “ pro.cci�n popular”, etc., y no la expresi�n de su retraso en el desarrollo del capitalismo.
[223•*] Sozialpolistischen Centralblatt “(Peri�dico central pol�tico-social”), �rgano del ala derecha de la socialdemocracia alemana, publicado por primera vez en 1892. (Ed.)
[223•**] Comp�rese con Volguin: La -fundamentaci�n del populismo en las obras del se�or Vorontsov, S. Petersburgo, 1896, p�gs. 215-216.
[223•***] Es de estricta justicia decir, por otra parte, que Sismondi, que observa el crecimiento de la poblaci�n industrial en algunos pa�ses y reconoce el car�cter general de este fen�meno, comprende en algunos casos, que esto no es s�lo una “anomal�a”, etc., sino un profundo cambio de las condiciones de vida de la poblaci�n, cambio en el que hay eme reconocer tambi�n algo de bueno. Al menos, su siguiente juicio sobre el da�o de la divisi�n del trabajo revela rmntis de vista mucho m�s profundos que. por ejemplo, los del se�or Mijailovski, quien ha inventado una "f�rmula general del progreso" en lugar de analizar las formas determinadas que va tornando la divisi�n del trabajo en las diversas formaciones de la econom�a social y en las diversas �pocas de desarrollo.
“Aun cuando la monoton�a de las operaciones a que se reduce toda la actividad de los obreros en una f�brica debe, evidentemente, perjudicar su desarrollo mental [intelligence], sin embargo es justo decir que, de acuerdo con las observaciones de los mejores jueces [juges, conocedores!, los obreros manufactureros en Inglaterra tienen un nivel m�s elevado de desarrollo, en cuanto a instrucci�n moral que los obreros agr�colas [ouvriers den chamns]" (I, 397). Y Sismondi se�ala por qu�: Vivant sans cesse ensemble, mtfns �mi’s�s par la fntisue, et pouvant se livrer davnntae,e � la conversaron, les idees ont circul� plus rapidement entre eux (Como viven siempre juntos, est�n menos agotados por la fatiga y tienen mayores posibilidades de conversar, las ideas han circulado m�s r�pidamente entre ellos. Ed.). Pero observa melanc�licamente, aucun attachement a I’orare �tabli (ning�n apego al orden establecido. Ed.).
[224•*] Tambi�n este proceso adquiere formas diferentes en la zona central de Rusia europea y en las regiones perif�ricas. A la periferia se dirigen, principalmente, los obreros agr�colas de las provincias centrales de tierra negra y tambi�n, en parte, los no agr�colas de las provincias industriales, que aportan sus conocimientos de “oficios” e “implantan” la industria entre la poblaci�n puramente agr�cola. Desde la zona industrial parten los obreros no agr�colas a todos los confines de Rusia, pero con preferencia hacia las capitales y los grandes centros Industriales; esta corriente industrial, si es que se la puede llamar as�, es tan intensa, que origina una escasez de obreros aer�colas, los cuales tambi�n se dirigen hacia las provincias industriales (las de Mosc�, de laroslavl y otras), desde las zonas centrales de tierra negra V�ase la obra de S. Korolenko El trabajo y la libre contrataci�n, etc.