201
I
LA CRITICA SENTIMENTAL DEL CAPITALISMO
 

p El rasgo distintivo de la �poca en que escrib�a Sismondi fue el r�pido desarrollo del cambio (de la econom�a monetaria, para emplear la terminolog�a moderna), que se evidenci� de manera particularmente aguda despu�s de la destrucci�n de los vestigios del feudalismo por la revoluci�n francesa. Sismondi condenaba francamente ese desarrollo y la intensificaci�n del cambio, atacaba “la competencia funesta” y exhortaba “al gobierno a defender a la poblaci�n contra los efectos de la competencia" (ch. VIII, 1. VII), etc. “Los cambios r�pidos echan a perder las buenas costumbres del pueblo. En la preocupaci�n constante por una venta conveniente no se puede evitar la tentativa de pedir precios exorbitantes y de enga�ar, y cuanto m�s dif�cil es la existencia para el que vive de cambios constantes, tanto m�s se halla expuesto a la tentaci�n de emplear el enga�o" (I, 169). ¡Hac�a falta tal ingenuidad para denunciar la econom�a monetaria como lo hacen nuestros populistas! “... La riqueza comercial es s�lo la segunda en importancia en el orden econ�mico; y la riqueza territorial [territor�ale], que provee los medios de subsistencia, debe ponerse primera en orden de importancia. Toda esta clase numerosa que vive del comercio debe percibir parte de los productos de la tierra s�lo en el caso en que �stos existan; ella [esta clase] debe desarrollarse s�lo en la medida, en que crezcan tambi�n dichos productos” 202 (I, 322-323). El se�or N.-on que llena con sus quejas p�ginas enteras porque el crecimiento del comercio y de la industria se adelanta con respecto al de la agricultura, ¿habr� dado siquiera un solo paso hacia adelante en relaci�n con este rom�ntico patriarcal? Estas quejas de un rom�ntico y de un populista son s�lo testimonio de su completa incomprensi�n de la econom�a capitalista. ¿Puede existir un capitalismo en el cual el desarrollo del comercio y de la industria no se adelante al de la agricultura? El crecimiento del capitalismo es el crecimiento de la econom�a mercantil, es decir, de la divisi�n social del trabajo, que una tras otra arranca de la agricultura las diversas formas de elaboraci�n de la materia prima, originariamente vinculada a su obtenci�n, elaboraci�n y consumo, dentro de una �nica econom�a natural. Por ello, en todas partes y siempre, el capitalismo significa un desarrollo m�s r�pido del comercio y de la industria en comparaci�n con la agricultura; un aumento m�s r�pido de la poblaci�n comercial e industrial, un peso y significaci�n mayores del comercio y de la industria dentro del r��imen general de la econom�a social   [202•* . No puede ser de otra manera. Y el se�or N.-on al repetir semejantes lamentaciones, prueba una vez m�s que sus concepciones econ�micas no han ido m�s all� de un romanticismo superficial y sentimental. "Ese esp�ritu irracional de empresa [esprit d’entreprise], ese exceso de toda clase de comercio que provoca una cantidad tan grande de bancarrotas en Estados Uni�os, debe su existencia, sin duda alguna, a la multiplicaci�n de los bancos y a la facilidad con que el cr�dito falaz est� ocupando el lugar de un haber efectivo" (fortune r�elle, II, 111), etc., etc. ¿Pero en nombre de qu� atacaba Sismondi la econom�a monetaria (y el capitalismo)? ¿Qu� le opon�a? La peque�a producci�n independiente, la econom�a natural de los campesinos en el campo, los oficios en las ciudades. He aqu� lo que dice de la primera, en el cap�tulo Sobre la econom�a patriarcal rural (ch. 111, 1. III. De l’exploitation patriarcale. El libro 3^ trata de la riqueza “territorial”):

p “Los primeros propietarios de tierra fueron ellos mismos 203 labradores, realizaban todos los trabajos del campo con la ayuda de sus hilos y de sus servidores dom�sticos. Organizaci�n social alguna   [203•*  garantiza una mavor dicha y virtud a la clase m�s numerosa de la poblaci�n, ni brinda m�s abundancia [opulence] para todos, ni m�s estabilidad al orden social [...] En los pa�ses donde el agricultor es propietario [oii Je fermier est propri�taire] y donde los productos pertenecen por entero \?ans partage] a las mismas personas que han realizado todo el trabajo, es decir, en los pa�ses cuya econom�a agr�cola designamos con el nombre de patriarcal, vemos a cpda paso signos del amor del agricultor a la casa que habita, a la tierra que cuida [...] El trabajo mismo constituye pira �l un placer [. ..] En aquellos felices pa�ses donde la agricultura es patriarcal, se estudia la naturaleza particular de cada campo, y esos conocimientos se trasmitan de padres a hijos [...] Las grandes granjas, explotadas por los hombres m�s ricos, podr�n elevarse seguramente, por encima de los prejuicios y de la rutina, pero los conocimientos [Tint�lligence, es decir, los conocimientos de agricultura] no llegar�n hasta aquellos que trabajan solos, y ser�n mal aplicados [... ] La econom�a patriarcal mejora las costurrbres y el car�cter* de este sector tan numeroso de la naci�n, sobrp el rual recaen todos los trabajos del campo. La propiedad crea h�bitos de orden y de ahorro, la satisfacci�n diaria refrena la inclinaci�n hacia la gula [gonrmandise] y la ebriedad [... ] Como casi no realiza intercambios m�s que con la naturaleza, �l [el agricultor] tiene menos ocasi�n que ning�n otro obrero industrial de tener que fiarse de la gente y de esgrimir contra ella el arma de la mala fe" (I, 165-170). “Los primeros granjeros fueron antes simples labradores; realizaban con sus propias manos la 204 mayor parte de los trabajos agr�colas; sus iniciativas estaban siempre en relaci�n con las fuerzas de su familia [... ] Pero no dejaron de ser campesinos: ellos mismos conducen el arado [tiennent eux-m�mes les comes de leur charru�]; ellos mismos cuidan el ganado en el campo y en el establo, viven al aire libre, habitu�ndose a las fatigas diarias y a la alimentaci�n sobria que forman ciudadanos fuertes y soldados bravos   [204•* . Casi nunca emplean para trabajar con ellos a obreros jornaleros, sino s�lo a servidores dom�sticos [des domestiques], elegidos siempre entre sus iguales, a los que tratan como iguales, comen en la misma mesa, beben del mismo vino y visten la misma ropa. De esa manera los agricultores con sus servidores no forman m�s que una clase de campesinos, animados de los mismos sentimientos, compartiendo los mismos placeres, expuestos a las mismas influencias y ligados a la patria por los mismos lazos" (I, 221).

_p ¡He aqu� la famosa “producci�n popular"! Y que no se diga que Sismondi desconoce la necesidad de unir a los productores; dice directamente (v�ase m�s adelante) que “desea como ellos [como Fourier, Owen, Thompson y Muiron] las asociaciones" (II, 365). Que no se diga que �l aboga precisamente por la propiedad; al contrario, el centro de gravedad, para �l, est� en la peque�a hacienda agr�cola (II, 355), y no en la peque�a propiedad. Se comprende que esta idealizaci�n de la peque�a hacienda campesina, revista una forma diferente en otras condiciones hist�ricas y en otro medio. Pero no cabe la menor duda que el romanticismo y el populismo exaltan precisamente la peque�a hacienda campesina.

p Sismondi idealiza del mismo modo los oficios primitivos y las corporaciones.

“El zapatero rural, que es al mismo tiempo comerciante, fabricante y trabajador, no confeccionar� ni un solo par de zapatos sin haber recibido el correspondiente encargo" (II, 262), mientras que la manufactura capitalista, por no conocer la demanda, puede

205 sufrir un descalabro. “Es indudable tanto desde el punto de vista te�rico como del pr�ctico, que el establecimiento de las corporaciones [corps de m�tier] imped�a, y ten�a que impedir, la formaci�n de una superpoblaci�n. Es indudable tambi�n que esta superpoblaci�n existe actualmente, y que es la resultante necesaria del r�gimen actual" (I, 431). Podr�amos multiplicar semejantes citas, pero dejamos para m�s tarde el an�lisis de las recetas pr�cticas de Sismondi. Por ahora, para penetrar en su punto de vista, nos limitaremos a lo citado. Los razonamientos que hemos reproducido pueden ser resumidos de la manera siguiente: 1) la econom�a monetaria es condenada porque destruye la prosperidad de los peque�os productores v su acercamiento mutuo (sea el del artesano al consumidor o el del agricultor a otros agricultores iguales a �l), 2) se ensalza la peque�a producci�n porque asegura la independencia del productor y elimina las contradicciones del capitalismo.

p Se�alemos que estas dos ideas integran el patrimonio esencial del populismo   [205•*  y tratemos de penetrar en su contenido.

p La cr�tica de la econom�a monetaria por los rom�nticos y por los populistas se reduce a comprobar que engendra el individualismo   [205•**  y el antagonismo (competencia), as� como la falta de seguridad del productor y la inestabilidad de la econom�a social   [205•*** . Empecemos por el “individualismo”. Com�nmente se contrapone la uni�n de los campesinos de una misma comunidad, o de artesanos (o kustares) de un mismo oficio, al capitalismo, que destruye esa uni�n y la remplaza por la competencia. Este razonnmier.to repite un error t�pico del romanticismo, que partiendo de las contradicciones del capitalismo niega que representa tina fcn’ma superior de organizaci�n social. ¿Acaso el capitalismo, que destruye los lazos propios de la comunidad campesina, de las 206 corporaciones, de los arteles, etc., no los remplaza por otros? ¿Acaso la eronom�a mercantil no es ya un v�nculo entre los productores, establecido por el mercado"?  [206•*  El car�cter antag�nico, pleno de oscilaciones y contradicciones, de este v�nculo, no otorga derecho a negar su existencia. Y sabemos que, precisamente, el desarrollo de las contradicciones es el que pone def manifiesto, con vigor creciente, la solidez de ese v�nculo, obliga a los diferentes elementos y clases de la sociedad a buscar la uni�n, no ya en los l�mites estrechos de una comunidad o de un distrito, sino la uni�n de todos los representantes de una misma clase en toda la naci�n y hasta en diferentes Estados. S�lo un rom�ntico puede, desde su punto de vista reaccionario, negar la existencia de estos v�nculos y su profunda significaci�n, que se basa en la comunidad del papel desempe�ado en la econom�a nacional y no en intereses territoriales, profesionales, religiosos, etc. Y si semejante razonamiento le ha valido el calificativo de rom�ntico a Sismondi, quien escrib�a en una �poca en que la existencia de estos nuevos v�nculos engendrados por el capitalismo se hallaba a�n en estado embrionario, nuestros populistas merecen con m�s raz�n tal calificativo, puesto que en la actualidad, s�lo personas completamente ciegas pueden negar la enorme importancia de tales v�nculos.

En cuanto a la inseguridad e inestabilidad, etc., no es m�s que la antigua cantilena de la que ya hemos hablado con motivo del mercado exterior. En ataques de este g�nero se revela tambi�n el rom�ntico que condena, temeroso, precisamente aquello que m�s aprecia en el capitalismo la teor�a cient�fica: su tendencia, que le es inherente, el desarrollo; su incontenible tendencia a progresar, la imposibilidad de detenerse o de reproducir los procesos econ�micos en las mismas proporciones que antes. S�lo un utopista que forja planes fant�sticos para hacer extensivas a toda la sociedad las

207 uniones medievales (como la comunidad rural) puede ignorar que “la inestabilidad" del capitalismo es precisamente un inmenso factor de progreso que acelera el desarrollo social, pues atrae a masas de la poblaci�n, cada vez m�s considerables, al torbellino de la vida social, las lleva a reflexionar sobre el r�gimen que gobierna esa vida, las obliga a ser ellas mismas “las forjadoras de su propia felicidad".

_p Las frases del se�or N.-on sobre “la inestabilidad" de la econom�a capitalista, sobre la falta de proporci�n en el desarrollo del cambio, sobre la ruptura del equilibrio entre la industria y la agricultura, entre la producci�n y el consumo, sobre la anomal�a de las crisis, etc., atestiguan de manera total que a�n comparte �ntegramente el punto de vista del romanticismo. Y por ello la cr�tica del romanticismo europeo corresponde igualmente a su teor�a, palabra por palabra. He aqu� la prueba:

p “Escuchemos al viejo Boisguillebert:

p “El precio de las mercanc�as—dice—debe ser siempre proporcionado, porque s�lo este acuerdo mutuo les da la posibilidad en cada momento de ser nuevamente reproducidas [...] Como la riqueza no es otra cosa que ese intercambio continuo entre hombre y hombre, entre empresa y empresa, ser�a un terrible error buscar las causas de la miseria en otra cosa que no fuera la interrupci�n de este intercambio, a la que se llega por desviaciones de los precios proporcionados".

p Escuchemos tambi�n a un economista moderno   [207•* :

p “Una gran ley que se debe aplicar a la producci�n es la de la proporcionalidad [the law of proportion], que, sola, est� en condiciones de preservar la continuidad del valor [... ] El equivalente debe ser garantizado [... ] Todas las naciones han intentado en diversas �pocas, mediante numerosas reglamentaciones y restricciones comerciales, llevar a la pr�ctica esta ley de la proporcionalidad, siquiera en cierto grado. Mas el ego�smo inherente a la naturaleza humana llev� las cosas a tal punto, que todo ese sistema de regulaci�n fue trastornado. Una producci�n proporcional [ proportionale production] es la realizaci�n de la verdadera ciencia econ�mico-social. (W. Atkinson, Principies of political economy, London, 1840, p�gs. 170 y 195)   [207•** .

208

p ¡Fut� Troja!  [208•*  Esta justa proporci�n entre la oferta y la demanda, que vuelve a ser objeto de tantos buenos deseos, ha dejado de existir hace mucho. Se ha convertido en una antigualla. S�lo fue posible en la �poca en que eran limitados los medios de producci�n, y el cambio ten�a lugar dentro de l�mites muy restringidos. Con el nacimiento de la gran industria esta justa proporci�n deb�a [musste] desaparecer, y la producci�n ten�a que pasar fatalmente, en una sucesi�n perpetua, por las vicisitudes de prosperidad, depresi�n, crisis, estancamiento, nueva prosperidad y as� sucesivamente.

p Los que, como Sismondi, desean retornar a la justa proporcionalidad de la producci�n y, al mismo tiempo, conservar las bases actuales de la sociedad, son reaccionarios, puesto que para ser consecuentes deber�an aspirar tambi�n al (restablecimiento de las otras condiciones de la industria de tiempos pasados.

p ¿Qu� es lo que manten�a la producci�n en proporciones justas, o casi justas? La demanda, que reg�a la oferta y la preced�a. La producci�n segu�a paso a paso al consumo. La gran industria, forzada por el propio car�cter; de los instrumentos de que dispone, a producir en una escala cada vez m�s amplia, no puede aguardar la demanda. La producci�n precede al consumo, la oferta fuerza la demanda.

_p “En la sociedad actual, en la industria basada en el cambio individual, la anarqu�a de la producci�n, fuente de tanta miseria, es al mismo tiempo la causa del progreso.

p “Por eso, una de dos:

po ustedes quieren las justas proporciones de siglos pasados con los medios de producci�n de nuestra �poca, lo cual significa ser a la vez reaccionario y utopista;

p “o quieren el progreso sin anarqu�a: en ese caso, para conservar las fuerzas productivas, es preciso renunciar al cambio individual.” (Das Elena der Philosophie, S. 46-48.)

p Las �ltimas palabras se refieren a Proudhon, contra el cual polemiza el autor, y expresan en consecuencia, la diferencia que separa sus puntos de vista, tanto de los de Sismondi como de los de Proudhon. Por cierto que el se�or N.-on no ha llegado en todas sus concepciones ni al uno ni al otro   [208•** . Pero pen�trese en 209 el contenido de esta cita. ¿En qu� consiste la tesis fundamental del autor citado, la idea fundamental que lo ubica en contradicci�n inconciliable con sus predecesores? Indiscutiblemente, en que coloca la inestabilidad del capitalismo (comprobada por estos tres escritores) sobre una base hist�rica y reconoce esta inestabilidad como factor de progreso. En otras palabras: al decir que el car�cter mismo de los medios de producci�n (las m�quinas) provoca la tendencia ilimitada a la ampliaci�n de la producci�n y a la constante anticipaci�n de la oferta a la demanda, reconoce, en primer lugar, que el desarrollo capitalista actual, que se efect�a a trav�s de las desproporciones, crisis, etc., es un desarrollo necesario. En segundo lugar, ve en ese desarrollo elementos de progreso, consistentes en el desarrollo de las fuerzas productivas, en la socializaci�n del trabajo en toda la sociedad, en el aumento de la movilidad y de la conciencia de la poblaci�n, etc. Con estos dos puntos queda agotada la diferencia que separa al autor de Sismondi y de Proudhon, quienes coinciden con �l en se�alar “la inestabilidad" y las contradicciones que �sta engendra, y en el sincero deseo de eliminar dichas contradicciones. La incomprensi�n de que esa “inestabilidad” es un rasgo necesario de todo capitalismo y de la econom�a mercantil en general, los lleva a la utop�a. La incomprensi�n de los elementos de progreso inherentes a esa inestabilidad, torna reaccionarias sus teor�as   [209•* .

p Y ahora proponemos a los se�ores populistas que nos contesten la siguiente pregunta: ¿comparte el se�or N.-on la opini�n de la¡ teor�a cient�fica en lo que se refiere a los dos puntos se�alados? ¿Reconoce la inestabilidad como una propiedad del r�gimen y del desarrollo actuales? ¿Reconoce los elementos de progreso en esa inestabilidad? Todos saben que no; que el se�or N.-on, por el contrario, declara que esa “inestabilidad” del 210 capitalismo es una simple anormalidad, una desviaci�n, etc.; la considera una decadencia, una regresi�n (ver m�s arriba: “destruye la estabilidad”); inclusive idealiza el estancamiento econ�mico (recu�rdese: “los pilares seculares”, “los principios santificados por los siglos”, etc.), cuya destrucci�n es precisamente el m�rito hist�rico del capitalismo “inestable”. Por ello, es claro que ten�amos toda la raz�n cuando ubicamos a N.-on entre los rom�nticos, y que ninguna “cita” ni “referencia” de su parte modifica ese car�cter de sus propios razonamientos.

p M�s abajo nos detendremos una vez m�s en esa “ inestabilidad" (a prop�sito de la actitud hostil del romanticismo y del populismo con respecto a la disminuci�n de la poblaci�n rural en beneficio de la industria); por el momento citaremos un pasaje de Cr�tica de algunas tesis de la econom�a pol�tica, dedicado al an�lisis de los ataques sentimentales contra la econom�a monetaria.

p “Estos caracteres sociales determinados [el del vendedor y el del comprador] no emanan del individuo en general, sino de las relaciones de cambio entre los hombres que fabrican sus mercanc�as. Dichas relaciones no son individuales por cuanto el comprador y el vendedor entran en relaci�n porque su trabajo no es individual y s�lo porque �ste como trabajo individual se trasforma en dinero. Y por ello, es tambi�n absurdo considerar estos caracteres econ�micos burgueses de vendedor y comprador como formas sociales eternas de la individualidad humana, ya que ser�a incorrecto deplorarlas como causa de la destrucci�n de esa individualidad.

“El siguiente extracto del libro de Isaac Pereire: Legons sur l’tndustrie et les finances, Par�s, 1832   [210•* , muestra c�mo, inclusive la forma m�s superficial del antagonismo, que se manifiesta en la compra y en la venta, lastima a las almas nobles. La circunstancia de que el mismo Isaac, en su calidad de inventor y dictador del Cr�dit mobilier  [210•** , haya adquirido la triste fama de lobo de la Bolsa de Par�s, es una muestra del contenido del libro citado, adem�s de la cr�tica sentimental de la econom�a. El se�or Pereire, en ese tiempo ap�stol de Saint-Simon, dice: ‘Debido a que los

211 individuos se hallan aislarlos, separados los unos de los otros, tanto en la producci�n romo en el consumo, existe entre ellos el intercambio de los productos que fabrican. De la n^cesid"d del cambio se deriva la do determinar el valor relativo de los objetos. De esta manera, las ideas del valor y del cambio se hallan vinculadas esrrer>ham’>r>te entre s�, y en su forma actual las dos expresan el individualismo y el antagonismo [...] Es posible determinar el valor de los productos s�lo porque existe venta v compra, o, en otr^s palabras: antagonismo entre diferentes miembros de la soci^dad. Corresponde preocuparse del precio, del valor, s�^ donde existe romnra y venta; en una palabra: doride todo individuo tiene eme liirhfir para obtener los obietos que son necesarios para el sostenimiento de su existencia” (obra citada, p�g. 68).

p Se preguntar�: ¿en ou� consiste, en este caco, el sentimentalismo de Pereire? �ste habla s�lo del individualismo, del antagonismo, de la lucha, que son inherentes al capitalismo; dice lo mismo oue en los m�s diversos tonos dicen nuestros populistas y parecer�a que dijeran la verdad, poroue "el individualismo, el antafonsimo y la lucha" son en verdad atributos inevitables del cambio, de la econom�a, mercantil. El sentimentalismo consiste en oue este partidario de Saint-Simon, llevado por su cn’tica de las rontr�’dicciones del capitalismo, no ve detr�s de dichas ron- fw7»VYv’0n<?s el hecho de que el cambio tambi�n expresa una forma especial de la econom�a, social v que, en consecuencia, no s�lo severa (esto es cierto s�lo en relaci�n con las asociaciones medievales que el capitalismo destruye), sino que tambi�n une a los hombres, oblig�ndolos a entrar en relaciones mutuas a trav�s del mercado   [211•* . Precisamente esta comprensi�n superficial, provocada por el entusiasmo en “demoler” el capitalismo (desde el punto de vista ut�pico), es la que ha dado motivo al autor citado para calificar de sentimental la cr�tica de Pereire.

p ¿Mas qu� nos importa Pereire, ap�stol desde hace mucho olvidado del no hace menos tiempo olvidado saintsimonismo? ¿No ser�a mejor que nos refiri�ramos al moderno “ap�stol” del populismo?

212

p “La producci�n [...] ha perdido su car�cter popular y adquiri� un car�cter individual, capitalista" (el se�or N.-on, Rese�as, p�gs. 321-322).

p Obs�rvese c�mo razona este rom�ntico disfrazado: “la producci�n popular adquiri� un car�cter individual”. Y como por " producci�n popular" el autor entiende la comunidad rural   [212•* , se tratar�a de la decadencia del car�cter social de la producci�n, de una limitaci�n de la forma social de la producci�n.

¿Es esto exacto? La “comunidad” organizaba (si es que lo hac�a; por lo dem�s estamos dispuestos a hacer toda clase de concesiones al autor) la producci�n en el marco de cada comunidad �nicamente, la cual estaba aislada de todas las dem�s. El car�cter social de la producci�n abarcaba s�lo a los miembros de una comunidad  [212•** . El capitalismo, en cambio, va confiriendo car�cter social a la producci�n en todo el Estado. “El individualismo" es la destrucci�n de los v�nculos sociales; pero el que las destruye es el mercado, que crea en su lugar v�nculos entre masas de individuos no ligados por la comunidad, ni por el estamento, ni por la profesi�n, ni por el estrecho distrito en que se ejerce el oficio, etc. Los v�nculos creados por el capitalismo se manifiestan en forma de contradicciones y antagonismos; por esta raz�n nuestro rom�ntico no quiere verlos (aun cuando la comunidad, como organizaci�n de producci�n, jam�s existi� sin otras formas de contradicciones y antagonismos, inherentes a los viejos modos de producci�n). Su punto de vista ut�pico hace que su cr�tica del capitalismo sea una cr�tica sentimental.

* * *
 

Notes

[202•*]   Siempre y en todas partes, en las condiciones del desarrollo capitalista, la agricultura queda rezagada respecto del comercio y de la industria; se halla siempre subordinada a los mismos y es explotada por ellos; s�lo m�s tarde es atra�da por ellos a la v�a de la producci�n capitalista.

[203•*]   N�tese que Sismondi—exactamente igual que nuestros populistas—trasforma de golpe la econom�a independiente de los campesinos en una "organizaci�n social”. Es un evidente truco. ¿Qu� vincula a esas campesinos de diferentes localidades? Precisamente la divisi�n del trabajo social y la econom�a mercantil, que han remplazado los v�nculos feudales. Se ve en seguida que se convierte en utop�a uno de los elementos del r�gimen de la econom�a mercantil, y que no se comprenden los dem�s. Comp�rese con lo escrito por el se�or N.-on, p�g. 322: "La forma de industria basada en ia posesi�n de los instrumentos de producci�n por los campesinos”. Que la posesi�n de los instrumentos de producci�n por los campesinos constituye, tanto hist�rica como l�gicamente, el punto de partida de la producci�n capitalista, ¡el se�or N.-on ni siquiera lo sospecha!

[204•*]   Compare el lector estos empalagosos cuentos de abuela con lo que dice el publicista “de avanzada" de fines del siglo xrx, que el se�or Struve cita en sus Natas cr�ticas, p�g. 17. (Lenin denomina as�, ir�nicamente, al populista liberal S. luzhakov, un pasaje de cuyo art�culo “Problemas de la hegemon�a a fines del siglo xrx”, que se public� en el n�m. 3-4 de R�sskaia Misl, de 1885, citaba S. Struve. Ed.)

[205•*]   Tambi�n en lo que ata�e a esta cuesti�n el se�or N.-on ha acumulado una cantidad tan grande de contradicciones, que se pueden seleccionar todas las tesis Que se quiera, sin v�nculo alguno entre s�. Sin embargo, no caben dudas sobre la idealizaci�n de la econom�a campesina, a trav�s del t�rmino nebuloso de “producci�n popular”. La nebulosidad es la atm�sfera m�s c�moda para todos los disfraces.

[205•**]   Comp�rese con N.-on, p�g. 321 in f. y otras.

[205•***]   Ib�d., p�g. 335. P�gina 184: el capitalismo "priva de estabilidad”, etc., etc.

[206•*]   “En realidad, sociedad, asociaci�n, son denominaciones que pueden darse a todas las sociedades, lo mismo a la feudal que a la burguesa, que es la asociaci�n fundada en la competencia. ¿C�mo puede haber, pues, escritores que piensen que solamente con la palabra asociaci�n pueden impugnar la competencia?” (Marx, Dos Elena der Philosoph�e [Nferx, Miseria de la filosof�a. Ed.]). El autor critica con rigor la condena sentimental de la competencia, y destaca directamente su aspecto progresista, su fuerza motriz que empuja hacia adelante “el progreso t�cnico y el progreso social”. Debido a la censura, Lenin remplaza aqu� la palabra “socialistas” por escritores. Ed.)

[207•*]   Escrito en 1847.

[207•**]   W. Atkinson: Principios de econom�a pol�tica, Londres, 1840, p�gs. 170 y 195. (Ed.)

[208•*]   ¡Aqu� ardi� Troyal (Ed.)

[208•**]   Aunque subsiste una pregunta: por qu� no lleg�? ¿No ser� porque estos escritores planteaban los problemas de manera m�s amplia, considerando en su conjunto el r�gimen econ�mico existente, su lugar y su papel en el desarrollo de toda la humanidad, sin limitar su horizonte a un solo pa�s, como si fuera posible crear para �l una teor�a especial?

[209•*]   Este t�rmino se usa en el sentido hist�rico-filos�fico; caracteriza s�lo el error de los te�ricos que toman los modelos de sus sistemas en reg�menes que han caducado. No se aplica a las cualidades personales de dichos te�ricos, ni a sus programas. Todos saben que, en el sentido corriente de la palabra, ni Sismondi ni Froudhon eran reaccionarios. Explicamos estas verdades elementales porque los se�ores populistas, como veremos m�s adelante, no las han comprendido basta ahora.

[210•*]   Lecciones sobre la industria y las finanzas. Par�s, 1832. (Ed.)

[210•**]   Cr�dito mobiliario. Banco que concede pr�stamos con garant�as de propiedades muebles. (Ed.)

[211•*]   Al remplazar las uniones locales y de estamento, por la unidad basada en la situaci�n social y los intereses sociales dentro de todo un Estado y hasta, de todo el mundo.

[212•*]   V�ase V. I. Lenta, �b. ctt., tomo I, nota 3. (Ed.)

[212•**]   Seg�n los datos estad�sticos del zemstvo (Recopilaci�n general de Blagovi�schenski), la extensi�n media de una comunidad, en 123 distritos de 22 provincias, era de 53 familias con 323 personas de ambos sexos.