p El apartado II del art�culo referente a Las bases de la reforma de la ense�anza secundaria, es titulado por el se�or luzhakov de esta manera: Tareas de la escuela secundaria. Los intereses de clase y la escuela de clase (ver Sumario). El tema, como se ve, es de un inter�s subyugante, y promete esclarecer uno de los m�s importantes problemas no s�lo de la instrucci�n, sino de toda la vida social en general y adem�s el problema que suscita lina de las principales discrepancias entre los populistas y los “disc�pulos” [466•* .
p Veamos, pues, qu� idea tiene el colaborador de R�sskoie Bogatstvo sobre “los intereses de clase y la escuela de clase".
p El autor dice, con toda raz�n, que la f�rmula “la escuela debe preparar al hombre para la vida" carece completamente de contenido, que el problema radica en qu� es lo necesario para la vida y “a qui�n le es necesario" (6). “¿Qui�n tiene necesidad de la ense�anza secundaria, quiere decir: en inter�s de qui�n, por el bien y el provecho de qui�n se imparte la instrucci�n a los educandos de la escuela secundaria?" (7). Excelente planteo del problema, y felicitar�amos! de alma al autor si... si todos estos preludios no resultaran en su exposici�n posterior s�lo frases vac�as: “Esto puede ser para bien y provecho del Estado, de la naci�n, de esta o aquella clase social, del propio individuo que se instruye”. Y aqu� comienza la confusi�n: ¡Parece entonces que una sociedad dividida en clases es compatible con un Estado sin clases, con una naci�n sin clases, con individuos ubicados fuera de las clases! En seguida veremos que todo esto no es, en modo alguno, un lapsus del se�or luzhakov, sino precisamente la absurda opini�n que �l sostiene. “Si al elaborar el programa escolar se tienen en cuenta los intereses de clase, no puede, por consiguiente, hablarse siquiera de un tipo �nico de escuela secundaria p�blica. En ese caso, los establecimientos de ense�anza tienen necesariamente 467 car�cter estamental y adem�s, no s�lo imparten instrucci�n, sino tambi�n educaci�n, por cuanto deben dar, no s�lo una instrucci�n acorde ron los internes y tareas particulares del estamento, sino adem�s los h�bitos estamentales v el esp�ritu corporativo del estamento” (7). La primera conclusi�n aue surge de esta parrafada es que el se�or luzn^kov no comprende la diferencia entre estamento v clase, v por ello confunde ron el mayor descaro estos conceptos en todo sentirlo diferentes. En otros pasajes de su art�fulo (v�ase por ejemplo, p�?r. 8) se revela id�ntica incomprensi�n; v esto es tanto m�s sorprendente, cuanto oue el se�or Tnzhakov estuvo a punto de llesrar, en ese mismo art�culo, a la diferencia esencial oue existe entre estos conceptos. “Hay que tener presente —sentencia en la p�g. 11—aue a menudo f a�neme no necesariamente) las organizaciones de car�cter nol�tico, econ�mico y religioso constituven, unas veces un privilegio jur�dico, v otras un derecho real de grupos especiales de la poblaci�n. En el primer caso son los estamentos; en el segundo, las clases.” Aqu� se se�ala con todo acierto una de las diferencias entre clase y estamento, a saber: que las clases se diferencian unas de otras, no debido a privilegios jur�dicos, sino a condiciones existentes en la realidad, y que, por consiguiente, las clases de la sociedad contempor�nea presuponen una igualdad jur�dica. Y, al parecer, el se�or luzhakov tampoco ignora la otra diferencia entre estamento v clase. “... [...] renunciamos entonces [es decir, despu�s de la abolici�n del r�gimen de servidumbre...] al r�gimen feudal v estamental en la vida nacional, incluido tambi�n el sistema de la escuela cerrada, estamental. En la actualidad, el desarrollo del capitalisrro divide a la naci�n rusa, no tanto en estamentos como en clases econ�micas [...]” (8). Aqu� se se�ala acertadamente tambi�n el otro rasgo que diferencia a los estamentos de las clases en la historia de Europa y de Rusia, o sea. que los primeros pertenecen a la sociedad feudal, y las segundas, a la sociedad capitalista [467•* . Si el se�or luzhakov hubiera meditado, aunque fuera un poco, sobre estas diferencias y no se hubiera dejado arrastrar con hanta ligereza por el poder de su briosa pluma y de su coraz�n de Kleinb�rger, no habr�a escrito las mencionadas parrafadas, ni 468 otras tonter�as, tales como la de que los programas de clase de las escuelas deben dividirse en programas para ricos y para pobres; que en Europa occidental los programas de clase no tienen �xito; que la escuela de clase presupone un cerrado esp�ritu de clase, etc. Todo esto muestra claramente que, pese al t�tulo muy prometedor y a sus ampulosas frases, el se�or luzhakov no ha comprendido, en absoluto, cu�l es la esencia de la escuela de clase. Esa esencia, respetabil�simo se�or populista, consiste en que la instrucci�n est� organizada de la misma manera y es accesible por igual a todos los pudientes. S�lo en esta �ltima palabra reside la esencia de clase de la escuela y su diferencia con la escuela estamental. Por eso, no deja de ser un simple absurdo lo que el se�or luzhakov sostiene, de que en una escuela con intereses de clase “no puede hablarse de un tipo �nico de escuela secundaria p�blica”. Al rev�s: la escuela de clase, si es llevada en forma consecuente, o sea, si se halla libre de todos y de toda clase de supervivencias de estamento, presupone necesariamente un solo tipo de escuela. La esencia de una sociedad de clase (y de una ense�anza de clase, por consiguiente) reside en la plena igualdad jur�dica, en la absoluta igualdad de derechos de todos los ciudadanos, en el derecho igual, para todos los pudientes, de acceso a la instrucci�n. La escuela estamental requiere que el alumno pertenezca a determinado estamento. La de clase desconoce los estamentos y s�lo reconoce a los ciudadanos. Exige de todos y de cualquier tipo de alumnos una, sola cosa: que paguen sus estudios. No necesita, en absoluto, diferenciar sus programas en programas para ricos y programas para pobres, por cuanto al que carece de recursos para pagar los estudios, para hacer frente a los gastos en manuales y para el mantenimiento del alumno durante el per�odo colectivo, la escuela de clase simplemente no lo admite en la ense�anza secundaria. La escuela de clase no presupone de modo alguno un cerrado car�cter de clase: todo lo contrario, en oposici�n a los estamentos, las clases dejan siempre completamente libre el paso de algunos individuos de una clase a otra. La escuela de clase no se cierra para nadie que disponga de recursos para estudiar. En cuanto a la afirmaci�n de que en Europa occidental “no tienen �xito esos peligrosos programas de instrucci�n incompleta que, por razones de clase, establecen una discriminaci�n moral e intelectual entre las diversas capas_de la poblaci�n" (9), es tergiversar totalmente la realidad, ya que todo el mundo sabe que tanto 469 en Occidente como en Rusia la escuela secundaria es esencialmente una escuela de clase, y s�lo sirve los intereses de una parte muy, pero muy peque�a, de la poblaci�n. Ante este incre�ble enredo de conceptos de que hace gala el se�or luzhikov tampoco consideramos superfluo formular esta aclaraci�n complementaria: en la sociedad contempor�nea, inclusive la escuela secundaria gratuita, no deja de ser, en modo alguno, una escuela de clase, por cuanto los gastos de mantenimiento del alumno durante 7 u 8 a�os son much�simo mayores que el costo de los estudios, y s�lo resultan accesibles para una insignificante minor�a. Si el se�or luzhakov desea ser un consejero pr�ctico de los actuales reformadores de la escuela secundaria, si quiere plantear el problema en el terreno de la realidad actual (y an, precisamente lo plantea), s�lo deber�a hablar de la sustituci�n de la escuela estamental por la de rl^se y �nicamente de esto, o de lo contrario, guardar silencio total acerca de este delicado problema “de los intereses de clase y de la escuela de clase”. Huelga decir que es muy poca la relaci�n aue tienen estos problemas de principio con la sustituci�n de las lenguas antiguas por las modernas, que el se�or luzhakov recomienda en su art�culo. Si se hubiera limitado a esta recomendaci�n, no nos hubi�semos puesto a hacer las objeciones, y estar�amos inclusive dispuestos a perdonarle su desbordante elocuencia. Pero una vez que �l mismo plantea el problema de “los intereses de clase y de la escuela de clase”, que cargue pues con la responsabilidad por todas sus absurdas frases.
p Las frases del se�or luzhakov sobre este tema no se circunscriben, sin embargo, ni mucho menos, a lo antes citado. Fiel a las ideas b�sicas del “m�todo subjetivo en la sociolog�a" el se�or luzhakov, al tocar el problema de las clases, se eleva a “un amplio punto de vista" (12, l�nea 15), tan amplio, que le ofrece la posibilidad de desconocer ol�mpicamente las diferencias de clase; tan amplio que le permite hablar, no de las clases aisladas (¡uf, qu� estrechez!), sino, en general, de toda la naci�n. Se logra esta magn�fica “ amplitud" de puntos de vista, mediante el desgastado procedimiento de todos los moralistas y moralizantes, sobre todo de los moralistas Kleinb�rger. El se�or luzhakov condena con dureza esta divisi�n de la sociedad en clases (y su repercusi�n sobre la ense�anza) y habla con insuperable grandilocuencia y �nfasis incomparable acerca de la “peligrosidad” (9) de este fen�meno; acerca de que "el sistema de clase de la ense�anza, en todas las formas y tipos 470 contradice en esencia, los intereses del Estado, de la naci�n v de las personas que se instruyen" [470•* (8); acerca de "la inutilidad v el peligro, tanto desde el punto de vista estatal como nacional" (9), de los nrogramas de clase en la escuela; acerca de que los ejemplos de la historia s�lo muestran "el desarrollo exr epcionalmente antinacional del r�gimen de clase v de los intereses de clase de que habl�bamos antes, y que habimos reconocido ya como peligroso para el bien de la naci�n y del propio Estado" (11): acerca de oue "en todas partes la estructura pdministrativa de clase ha sido, de una u otra manera, abolida" (11); aceren r�e aue e^t^ “peligroso” desmembramiento en clases provoca "el antagonismo entre los diversos grupos de la poblaci�n" v desarraiga, en forma paulatina "el sentimiento de solidaridad nacional v de patriotismo en relaci�n con el Estado en su coniunto" (12); acerca de que "los intereses de la naci�n como un todo �ntegro del Estado y de los diferentes ciud^dsnos, en trenoral, enfocados desde un punto de vista amplio, correcto v rlarividente, no deben estar en contradicci�n unos con otros (por lo menos, en el Estado contempor�neo 1" (15). v etc., etc. Todo esto es una falsedad completa, son frases hueras que pretenden disimular la esencia misma de la realidad contempor�nea �TSS los “deseos”, que carecen de todo sentido, de un Kleinbiirser, deseos que imperceptiblemente se trasforman en caracterizaci�n de lo aue cxicte. Para encontrar una analog�a con una concepci�n riel mundo de la que surgen tales frases, tenemos oue remitirnos a los representantes de aauella escuela “�tica” [470•** de Occidente, que fue la expresi�n natural e inevitable de la pusilanimidad te�rica y del desconcierto pol�tico de la burgues�a de esos pa�ses.
p Nos limitaremos a comparar esta magn�fica elocuencia v esta elevaci�n espiritual, esta notable perspicacia y amplitud de visi�n, 471 con el siguiente peque�o hecho; el se�or luzhakov ha tocado el problema de la escuela estamental y la escuela de clase Sobre el primero podemos citar datos estad�sticos precisos, por lo menos con respecto a las escuelas secundar�as y secundarias preparatorias para varones y los colegios secundarios reales [471•* . He aqu� los datos que hemos copiado de la publicaci�n del ministerio de Finanzas titulada Las fuerzas producimos de Rusia (San Petersburgo 1896, Sec. XIX, Instrucci�n P�blica, p�g. 31):
“La distribuci�n de los estudiantes por estamentos (en porcentaje con relaci�n a su n�mero total) se ve en el siguiente cuadro:
Hijos En liceos y escuelas preparatorias para varones, dependientes del ministerio de Instrucci�n P�blica En colegios reales de la nobleza hereditaria, de t�tulo y funcionarios...... del clero ........ de los estamentos urbanos ......... de los estamentos rurales (incluidos los no rusos y funcionarios subalternos) de extranjeros .... de otros estamentos 1880 1884 1892 1880 1884 1892 47,6 5,1 49,2 5,0 56,2 3,9 31,3 44,0 2,6 40,7 1,8 38,0 0,9 33,3 35,9 37,0 41,8 43,0 8,0 7,9 5,9 2,0 2,0 1,9 2,0 c|los anterior. 10,4 10,9 12,7 3,0 4,8 5,4 3,0 c|los anterior. 100 100 100 100 100 100"Este cuadro nos muestra palpablemente con cu�nta ligereza se expresa el se�or luzhakov, cuando afirma que "hemos renunciado a la escuela estamental" en forma total y categ�rica (??). Todo lo contrario; tambi�n ahora predomina el car�cter estamental de nuestras escuelas secundarias p�blicas, dado que aun en ellas (sin hablar ya de los establecimientos privilegiados de la nobleza, etc.) el 56 por ciento de los alumnos son hijos de nobles y de funcionarios. Su �nico competidor serio son los estamentos urbanos, 472 que tienen preponderancia en los colegios reales. En cambio, la participaci�n de los estamentos rurales, sobre todo si se considera su inmenso predominio num�rico sobre los restantes, es completamente insignificante. Este cuadro muestra con toda claridad, por lo tanto, que el que quiere hablar del car�cter de nuestra actual escuela secundaria, deber� comprender firmemente que aqu� s�lo puede tratarse de una escuela de estamento o de clase, y que, por cuanto “nosotros” renunciamos efectivamente a la primera, lo hacemos de modo exclusivo en favor de la segunda. Bien entendido que con esto no queremos decir, en absoluto, que la sustituci�n de la primera por la segunda, y del mejoramiento de esta �ltima, no sea importante, o resulte indiferente para las clases que no utilizan, ni pueden utilizar la escuela secundaria; muy por el contrario: tampoco para ellos es este un problema indiferente, puesto que el r�gimen de estamentos, tanto en la vida como en la escuela, pesa sobre ellos de un modo particularmente gravoso, y el remplazo de la escuela de estamento por otra de clase s�lo es uno de los eslabones en el proceso de europeizaci�n general de Rusia. S�lo queremos mostrar c�mo el se�or luzhakov ha deformado este asunto y c�mo su punto de vista, supuestamente “amplio” est� inclusive muy por debajo del concepto burgu�s en lo que respecta a este problema. A prop�sito del car�cter burgu�s. Vemos que el se�or Manuilov no puede comprender de ning�n modo por qu� P. Struve, quien con tanta precisi�n caracteriz� la unilateralidad de Schulze-Gaevernitz “propaga sin embargo, sus ideas burguesas" (R�sskoie Bogatstvo, n�m. 11, p�g. 93). Esta incomprensi�n del se�or Manuilov se debe �ntegra y exclusivamente a que no comprende los conceptos fundamentales, no s�lo de los “disc�pulos” rusos, sino tambi�n de todos los “disc�pulos” de Europa occidental, y no s�lo de los disc�pulos, sino tambi�n del maestro. ¿O tal vez el se�or Manuilov querr� negar que a los conceptos fundamentales del “maestro”—que se destacan n�tidamente en toda su actividad te�rica, literaria y pr�ctica—les es propia una irrevocable hostilidad hacia los aficionados a los “amplios puntos de vista" que tratan de disimular, mediante algunas frases almibaradas, la divisi�n en clases de la sociedad contempor�nea? ¿Que entre sus conceptos fundamentales se cuenta el reconocimiento decidido del car�cter progresista y de las “ideas burguesas" francas y consecuentes, y la preferencia de �stas, antes que las de los Kleinb�rger que ansian frenar y detener el desarrollo del capitalismo? Si para el se�or 473 Manuilov esto no resulta claro, que medite, aunque m�s no sea, sobre las obras de su compa�ero de revista, el. se�or luzhakov. Procure figurarse que, en el problema que nos interesa en este momento, vemos junto al se�or luzhakov a un franco y consecuente representante de “las ideas burguesas" que defiende precisamente el car�cter de clase de la escuela contempor�nea, demostrando que constituye lo mejor que uno puede imaginar y que aspira a desplazar totalmente la escuela estamental y a ampliar las posibilidades de acceso (en el significado antes se�alado de esta posibilidad). En verdad, tales ideas ser�an incomparablemente superiores a las del se�or luzhakov; en ese caso la atenci�n se fijar�a en las necesidades reales de la escuela contempor�nea o sea, en la eliminaci�n de su cerrado car�cter de estamento y no en el difuso “amplio pnnto de vista" de un Kleirib�rger. Una abierta explicaci�n y defensa del car�cter unilateral de la escuela contempor�nea servir�an para definir en forma correcta la realidad existente, y esa misma unilateralidad ayudar�a ya a adquirir conciencia del otro aspecto [473•* . Y la “amplia” perorata del se�or luzhakov, por el contrario, no hace sino deformar la conciencia social. Finalmente, por lo que hace al aspecto pr�ctico del problema... el mismo se�or luzhakov no rebasa ni un �pice los l�mites de la escuela de clase, no s�lo en e�te art�culo, sino tampoco en su “utop�a”, a la que pasamos ahora.
Notes
[466•*] Disc�pulos, partidarios de Marx y Engels. Este t�rmino se empleaba en la d�cada del 90 del siglo xix para designar con un nombre “legal” a los marxistas. (Ed.)
[467•*] Los estamentos presuponen la divisi�n de la sociedad en clases, y son una de las formas que toman las diferencias de clase. Cuando hablamos simplemente de clases, entendemos siempre las clases no estamentales de la sociedad capitalista.
[470•*] Una de dos, respetabil�simo se�or Kleinb�rger: o habla sobre una sociedad dividida en clases o sobre una sociedad no dividida en clases. En P! primer caso, tampoco puede haber una ense�anza que no sea de clase. En el segundo, no puede haber Estado de clase, ni naci�n de clase, ni individuos que no pertenezcan a una de las clases. En ambos casos, la frase carece de sentido y s�lo es la expresi�n del candido deseo de un Kleinb-�rfer que cierra cobardemente los ojos ante los rasgos m�s salientes de la realidad contempor�nea.
[470•**] En este pasaje Lenin se refiere a la escuela hist�rica-�tica de econom�a pol�tica surgida en Alemania en la d�cada del 70 y que asignaba gran importancia a los principios �ticos (morales) en la vida econ�mica. Sus representantes eran Schmoller, Brentano y otros socialistas de c�tedra. (Ed.)
[471•*] Colegio real: escuela secundaria donde no se ense�aba ni lat�n ni griego, y en cambio se estudiaban fundamentalmente las matem�ticas y las ciencias naturales. (Ed.)
[473•*] Tenemos perfecta noci�n de que a los colaboradores de R�sskoie Bogatstvo les resulta muy, pero muy dif�cil, comprender un argumento de este car�cter. Una vez m�s, ello depende de su falta de capacidad para comprender no s�lo a los “disc�pulos”, sino tambi�n al “maestro”.
He aqu�, por ejemplo, c�mo uno de los “maestros”, todav�a en 1845, demostraba el provecho que reportaba a los obreros ingleses la abolici�n de las leyes sobre los cereales. Esta abolici�n—escrib�a—convertir� a los farmers en "liberales, es decir, en burgueses concientes”, y este aumento del grado de conciencia en un lado lleva necesariamente aparejado igual aumento del prado de conciencia en el otro. (V�ase F. Engels, La situaci�n de la clase obrera en Inglaterra, ed. cit., p�g. 255. Ed.) ¿Por qu�, pues, se�ores colaboradores de R�sskoie Bogatstvo, s�lo se deshacen en reverencias ante los " maestros" y no los denuncian por "propagar ideas burguesas"?
| < | > | ||
| << | I | III | >> |
| <<< |
EL CENSO DE KUSTARES DE 1894--1895
EN LA PROVINCIA DE PERM Y LOS PROBLEMAS GENERALES DE LA INDUSTRIA ``KUSTAR'' |
¿A QU� HERENCIA RENUNCIAMOS? | >>> |