p Para terminar, echemos una ojeada de conjunto sobre las reglamentaciones ministeriales. Recordemos aquellas que la nueva ley dejaba establecer a los se�ores ministros. Eran de tres categor�as: 1) los reglamentos aclaratorios de la ley; 2) los reglamentos que aumentan o disminuyen las exigencias que la ley impone a los fabricantes; 3) las disposiciones referentes a las industrias especialmente nocivas para la salud de los obreros. ¿C�mo ejercieron los ministros el derecho que les confer�a la ley?
p En la primera se limitaron a lo m�s indispensable, a lo m�nimo, a lo que no se pod�a dejar de lado en modo alguno. Autorizaron las horas extras de manera muy generosa y el�stica—120 horas anuales—: adem�s han legalizado en las “instrucciones” tal cantidad de excepciones, que anulan toda la importancia de los reglamentos. Procuraron reducir los intervalos en el trabajo y dejaron como antes, si no peor, los turnos y todos los abusos propios de los mismos.
p En la segunda, los ministros hicieron todo lo necesario para disminuir las obligaciones que la nueva ley impone a los fabricantes, es decir, hicieron todo lo necesario para los fabricantes y absolutamente nada para los obreros: la reglamentaci�n no agrega absolutamente nada a lo que la ley exige de los fabricantes en favor de los obreros.
p En la tercera categor�a (es decir, en beneficio de los obreros que trabajan en las industrias m�s insalubres), los ministros no hicieron absolutamente nada, no dijeron una sola palabra. ¡S�lo en las instrucciones se recuerda que los inspectores de trabajo pueden informar al Departamento acerca de las industrias especialmente insalubres! ¡Pero los inspectores de trabajo pod�an “ informar" tambi�n antes cuanto les viniera en gana! Lo que ocurre es que, por causas incomprensibles, esos inspectores como buenos gendarmes se han dedicado hasta ahora a “informar” sobre las huelgas obreras, sobre los m�todos para reprimir a los obreros, pero no para defender a quienes trabajan en industrias especialmente insalubres.
Los propios obreros pueden deducir de esto lo que les cabe esperar de los funcionarios del gobierno polic�aco. Para conseguir la jornada de ocho horas y la prohibici�n absoluta de las horas extras los obreros rusos tendr�n que sostener todav�a una tenaz y prolongada lucha.
Notes